LAS COSAS DEL QUERER

Cuando las palabras fallan…High School AU. [Esta historia participa en la actividad "Retazos de San Valentín" del foro El feliz grupo de hambrientos].

Descargo de responsabilidad:

Esta historia participa en la actividad "Retazos de San Valentín" del foro El feliz grupo de hambrientos.

Concepto: Tomarse de la mano

...

Yona fija su mirada en el cielo bañado de los colores del atardecer otoñal, y hay algo allí, algo que le pide ser valiente, dejar de dar de vueltas, que le pide dar ese salto, pequeñito pero definitivo. Sus pasos se detienen y su mirada está fija ahora en la espalda de Hak que se aleja, no, él no se aleja, se corrige, ella se ha detenido. Quiere encontrar las palabras para expresar lo que siente, quiere ser valiente como lo fue Hak hace dos semanas atrás, cuando enojado había gritado a los cuatro vientos que estaba enamorado, de ella, solo de ella, pero a ella le faltan las palabras y no es que esté buscando las palabras más románticas del mundo, porque ella no es así, Hak no es así, solo quiere encontrar esa línea sencilla para decirle que ella corresponde la totalidad de sus sentimientos, pero no sale nada, absolutamente nada. Esta situación la estaba enloqueciendo.

—¿Estás bien, princesa? —pregunta Hak volteando a verla al percatarse que ha dejado de caminar a su lado y luego, viendo su concentración, agrega—. Si sigues pensando con tanta fuerza se te van a quemar las pocas neuronas que te quedan vivas.

—¡Olvídalo! —grita finalmente frustrada Yona, no con Hak, mas con la horrible situación en la que ella misma se había metido, ¿por qué no había respondido nada en ese momento a la declaración de Hak?, ah sí, ella estaba totalmente convencida que él estaba enamorado de Ayame, tremenda idiota (aunque Lily insistiera en que eso solo había pasado por lo densa que era, no por idiota) y como haciendo honor a la broma que Hak tantas veces le hacía, sus neuronas literalmente habían dejado de funcionar… Solo recordarlo le provocaba darse de cabezazos contra la pared, o la mesa, o cualquier superficie dura que le garantizara un bien merecido matracazo a la estupidez.

Su mirada viaja a Hak por un breve instante y otro reclamo se apresura a hacer presencia en su atribulada mente.

¿Cómo?, ¿cómo por todos los dioses podía Hak actuar tan normal alrededor de ella como si nada hubiese pasado?

Yona respira profundo tratando de calmarse, Hak no tenía por qué pagar los platos rotos por el colapso mental que estaba teniendo en este preciso momento, aunque él fuera parcialmente responsable.

—Lo siento, Hak —dice finalmente—, no fue mi intención gritarte, estoy tratando de resolver algo.

—¿Sabes, princesa? —dice chocando juguetonamente su hombro contra el suyo—, dicen que dos cabezas piensan mejor que una.

—¿Será? —dice con una media sonrisa.

—¿Por qué no me pruebas? —dice con una de esas sonrisas que hacen que el corazón de Yona quiera salir desbocado de su pecho y su mirada se dirige al pavimento, para que Hak no pueda ver el rubor que empieza a hacer presencia en sus mejillas.

—Gracias, pero creo que esto necesito resolverlo yo sola.

—De acuerdo, pero recuerda estoy aquí, para lo que necesites.

—Lo sé —dice reanudando la caminata a su lado, la brisa sopla gentil y Yona se ajusta el abrigo, las brisas veraneras ahora reemplazas por las frías que anuncian la pronta llegada del invierno, y su cuerpo orbita cada vez más cerca de Hak, a esa calidez de él, que la atrae como una mota a la luz.

Y es durante esa cercanía, que sus manos se rozan y Yona tiene que hacer un esfuerzo monumental para no dejar escapar el gritito de sorpresa al sentir el eléctrico cosquilleo, ahí, donde sus manos se han rozado y es esa misma electricidad la que parece encender algo dentro de Yona, y sus manos cobran vida propia dispuestas a decir lo que tan difícil es poner en palabras. Hoy será valiente, respira profundo y su mano encuentra la de Hak de inmediato y sus dedos se entrelazan con naturalidad, como si su mano siempre hubiese estado ahí esperando por la de ella, y Yona no se atreve a mirarlo, no por un largo segundo, hasta que los dedos de él entrelazados en los suyos aprietan su mano con suavidad, con dulzura. Y ella levanta la mirada, sabiendo bien que su rostro arrebolado probablemente iguale el color de su cabello y se pierde, se pierde en el brillo de sus ojos, en su sonrisa…

Y caminan, juntos de la mano, abrazados en la calidez del otro.

Mañana quizás, mañana quizás sí le salgan las palabras, y volviendo a mirar a Hak, y dando un suave apretón a través de sus manos unidas, decide que tal vez ya no hagan falta.