DÍA BLANCO


Disclaimer: El mundo de «Boku no Hero Academia» pertenece a Kōhei Horikoshi. La siguiente historia no tiene ánimo de lucro, ni nada parecido. Sólo es una historia creada por divertimento.


Notas de la autora:

Es increíble que al final me haya tenido que forzar a terminar esta historia por plazos de tiempo. Y lo digo porque lo empecé hace casi dos años y eso que es un chorrific. Se me ocurrió por aquella época en la que se me fue la cabeza por estar tanto tiempo escribiendo un fic de puros y castos sentimientos u_uº. Y aparte de escribir fics de otras parejas y fandoms, también se me ocurrieron un par para la pareja que provocó esa situación ^_^º

Así que esperaba daros una sorpresa publicando un lemon de esta pareja en un fandom en el que escasean mucho T_T. Pero se me quedó paralizado y, como de todas formas faltaba un montón para marzo, pensé: «ya lo escribiré».

Sin embargo, se me pasó del todo y, cuando lo recordé, había retomado «El resultado del examen» y, encima, se me había metido de mala manera otra historia de por medio »_«. Así que me dije otra vez: «lo termino y aunque no sea su fecha, lo subo». Pero ¿lo hice? No, para qué ¬_¬º.

Así que hace dos semanas y viendo que el capítulo siguiente de «El resultado del examen» me tiene muy atascada, decidí terminarlo sí o sí y, al menos, poder subiros algo, que hace bastante que no os subo nada »_«.

Y bueno, éste es mi otro granito de arena para esta pareja *o*


Notas del fic:

Esta historia es un MA, es decir, para adultos. Contiene sexo explícito, así que si no os gusta esa temática y no habéis leído mi otro fic de la pareja, ya estáis tardando, que aquél es todo tierno y meloso, y todo lo que queráis XD.

La historia se ambienta en el último curso y están a punto de graduarse. Es la mínima edad en la que mi cabeza no se siente corrompiendo a menores T_T

Es un capítulo único lemon, así que tampoco hay una trama elaborada para decir. No esperéis mucho porque sólo sirve para poner el contexto y poco más ^_^º. Pero eso sí, es posible que no sea lo que esperáis para un one-shot lemon, aunque hay notas al final al respecto.

Y una última cosa, no esperéis sus personalidades muy apegadas a lo que estamos acostumbrados. A fin de cuentas, aquí son pareja y están solos, así que no son tan estirados como cuando están en público ^o^

Espero que os guste el fic ;-D


DÍA BLANCO

Estaba muy nervioso, y eso que aún se podía echar atrás. Shoto miró a Yaoyorozu dos filas por delante mientras ésta atendía a la explicación de clase.

No se habían sentado juntos desde el primer curso, pero sabía que aquel periodo había sentado las bases para lo que surgió después: una amistad que se había convertido en algo más.

Eso había ocurrido en el San Valentín del año anterior, cuando Yaoyorozu le dio unos chocolates de los cuáles él había tardado tres días en entender su verdadero significado. Pero, en realidad, no se lo había esperado. Yaoyorozu era la chica perfecta… o al menos, lo era para él.

Y, para su desgracia, esa chica perfecta quería algo más. Lo presentía desde hacía un tiempo, pero lo había confirmado durante el San Valentín del mes anterior. A diferencia del primero en el que sonrojada le había dado una caja de chocolate muy caro con la excusa de no saber cocinar ella, en el del mes anterior, además, mientras estaban juntos había intentado sutilmente meter su mano por debajo de su camiseta.

Había hecho como que no lo había notado, a pesar de que le había puesto cardiaco. Pero aquello era algo que le agobiaba mucho y, para rematar, el tiempo se les echaba encima: en menos de dos semanas se iban a graduar y no tenía muy claro qué iba a pasar con ellos.

Yaoyorozu se giró como si lo presintiera y le miró. Sonrió cuando le descubrió observándola y él sintió que le daba un vuelco al corazón.

Miró a la pizarra, que eso era algo muy distinto a prestarle atención.

Tenía por novia a la chica más bella del mundo. Quizás no estaba siendo objetivo, pero no podía evitar sentirlo así. Y como si eso no fuese suficiente, también era muy lista y amable. Le gustaba todo de ella: su voz, su calidez, su semblante serio, el risueño… Le tenía totalmente perdido por ella y, sin embargo, ni siquiera sabían qué demonios iba a pasar en dos semanas. Por eso quería hablar con ella; era algo que tenían que hacer y no se podían permitir postergarlo más.

La sirena del final de la última clase sonó y Shoto se acercó a Yaoyorozu para quedar con ella. Estaba en el comité de graduación, por lo que hacía varias semanas que por las tardes se quedaba en el instituto.

—Momo, querría quedar luego contigo —le pidió.

—Si es para darme algo, todavía tengo un rato —comentó divertida.

Shoto la observó por unos segundos, considerando que ella debía haberse pasado el día esperando su regalo por el Día blanco. Pero de momento, eso no iba a ocurrir.

—No es eso. En realidad, quería hablar contigo —corrigió.

Yaoyorozu frunció algo el ceño, desconcertada.

—¿Ha pasado algo? Porque eso ha sonado un poco serio.

Lo cierto era que siempre sonaba serio, de modo que no debería extrañarla. Pero luego consideró que le había dicho a su novia que no le iba a dar nada y, en cambio, quería hablar con ella y rectificó su actitud.

Le agarró la mano y esbozó una ligera sonrisa.

—Quería hablar contigo sobre lo que vamos a hacer cuando termine el curso —le adelantó.

Ella le devolvió el apretón mientras se relajaba.

—Ah… claro. Sería importante acordar algo, sí —murmuró aliviada—. Aunque has elegido un día raro para hacerlo —añadió con una sonrisa.

—En realidad, no —replicó incómodo—. En función de eso, tengo pensado regalarte algo.

—¿En función de eso? —preguntó extrañada.

—¿Puedo pasarme por tu habitación esta noche? —cuestionó él, en cambio. No quería dar más detalles. Sólo le había comentado el tema porque la había visto inquietarse.

—Por supuesto. Cuando nos retiremos todos, puedes venir.

Shoto asintió y se despidió de Yaoyorozu para volver a la residencia y que ella pudiera atender a las actividades del comité. Intentó despejar la mente para relajarse, pero eso no surtió mucho efecto.

Seguía bastante nervioso, y con cada minuto de la tarde que iba pasando, se ponía peor. Por eso sintió que estaba al borde de la arritmia cuando llamó a su puerta pasadas las once de la noche.

Yaoyorozu le abrió enseguida.

—¡Todoroki! —le saludó.

Miró a ambos lados del pasillo y le dejó entrar. No era como si nadie supiese de su relación, pero sí tenían cuidado de no quedar en las habitaciones para no despertar rumores indeseados.

—Has tardado en venir. Pensé que ya no lo harías —dijo ella al tiempo que le abrazaba.

—Perdona, me he entretenido con otras cosas —mintió.

Porque no le había surgido nada. De hecho, llevaba toda la tarde en una inactividad inquietante con la única tarea de comerse la cabeza. Que no se hubiera presentado antes se debía a su indecisión.

Estaba agobiado por el resultado de lo que hablaran. Por supuesto, el peor sería que acordaran dejarlo; de ahí que lo hubiera estado postergando. Porque ambos habían conseguido un contrato de trabajo con el inconveniente de que iban a hacerlo a seis horas de distancia el uno del otro. Él entraría a trabajar en la agencia de su padre en Tokio, pero ella había conseguido hacerlo en una importante agencia de Kioto.

Literalmente, iban a dejar de verse. Pasarían de estar juntos todos los días a hacerlo los que sus trabajos les permitieran. Y no era como si para él fuese un gran inconveniente; podía amoldarse a tener que hablar con ella por videoconferencia. A fin de cuentas, la amaba lo suficiente como para soportar cualquier distancia. Tenía a Yaoyorozu tan arraigada en él que sabía que sus sentimientos por ella no cambiarían aunque viviese en otro país.

Pero eso era él; no podía asegurar lo mismo de ella.

No dudaba de que Yaoyorozu le quisiera… pero eso era ahora. Era consciente de la problemática de las relaciones a distancia y sabía que había parejas que lo sobrellevaban, pero había otras muchas que no. Y aunque él estuviese seguro en lo que a él respectaba, quizás la distancia enfriara los sentimientos de ella o quizás lo hiciese el roce con alguien que conociese allí.

—¿Y bien? ¿Qué me has traído? —le preguntó impaciente.

Yaoyorozu tenía una actitud relajada y juguetona cuando empezó a revisarle de arriba abajo, pero Shoto no pudo evitar tensarse al ir tan directa al grano con un regalo que ni siquiera tenía claro que le fuese a dar y que, de hacerlo, de por sí le ponía muy nervioso. Sin embargo, no podía culparla de que tuviera curiosidad por un regalo que había retrasado hasta casi el final del día.

La separó de él.

—Primero deberíamos hablar —contestó.

—De eso nada. Me has dejado el resto de la tarde expectante con lo que me has dicho —replicó risueña mientras miraba sus manos vacías—. ¿Lo tienes guardado?

Casi antes de que pudiera darse cuenta, Yaoyorozu se le acercó y metió las manos en sus bolsillos para registrarlos.

—¡Espera, espera…! —se alarmó, cogiendo su muñeca izquierda para que no lo descubriera.

Pero eso sólo le dio más resolución al saber que en realidad sí había algo para ella y la notó hurgar hasta el final.

Supo que entendió lo que allí había cuando, en un solo instante, su semblante pasó de uno divertido a uno sorprendido. Le miró y Shoto notó que toda la sangre de su cuerpo subía a su rostro.

Yaoyorozu sacó con suavidad la prueba incriminatoria de sus intenciones y la vio quedarse pálida.

—Yo… No es lo que piensas —se defendió al darse cuenta de que se había quedado de piedra. ¿Acaso se había equivocado con lo que ella quería? Estaba pasmada viendo el preservativo en su mano—. Sólo lo llevo por precaución. No es que vaya a pasar ahora, o que…

—Todoroki, tranquilo… —le interrumpió al fin—. No tienes que excusarte por tenerlo.

—Ya… Es que… parece que te ha impactado —siguió con su justificación él.

—No me malinterpretes —le dijo con suavidad, y le dio la vuelta al envoltorio como si estuviese comprobando la caducidad—. Lo que me sorprende no es que lo lleves. Si lo hubiéramos hablado antes, sabrías que llevo cuatro meses tomando la píldora.

—¿Qué? —alucinó, poniéndose mucho más rojo.

—Bueno… Esperaba que pasara algo por Navidad. Después creí que sería por Año Nuevo, y luego… por San Valentín o nuestro aniversario —se defendió.

«¡Joder!», maldijo. Que llevara tanto tiempo esperándolo no ayudaba en nada a su ansiedad. Notó que se le aceleraba mucho el corazón y, a la vez, que un sudor frío le recorría las manos.

—Lo que en verdad me preocupa —continuó ella y, esta vez, le miró— es por qué esto depende de lo que hablemos.

Shoto le quitó el envoltorio, con las manos temblando por el nerviosismo. No había planeado que esto ocurriera así. Deberían haber hablado primero y, dependiendo de lo que acordaran, enterarse de sus intenciones. Pero no así, cuando quizás saliese con las mismas por la puerta sin que pasara nada.

—¿Vas a terminar conmigo? —le preguntó con un titubeo en la voz—. ¿Es algo así como la despedida?

—No, claro que no —respondió en el acto.

—Porque si es así, lo puedo entender —siguió ella sin hacerle mucho caso—. Habrá mucha distancia entre nosotros.

—No quiero que lo nuestro se acabe —sentenció—. Sabes que te quiero.

—Lo sé —dijo con convicción. Porque no podía ser de otra manera. Era imposible que no lo percibiese cuando ella era todo su maldito mundo—. Pero esta situación no deja de hacerlo difícil —terminó por concluir.

—Yo… —Se trabó cuando ese nudo opresivo del pecho le impidió hablar—. A mí no me importa la distancia. No quiero que esto sea una despedida.

—Yo tampoco. —Yaoyorozu se abrazó a él y acarició su cara con la suya. Supo al momento que necesitaba el contacto piel con piel para tranquilizarse—. Quiero que siempre estemos juntos.

—Y yo —confirmó.

—Entonces, no vuelvas a comportarte como si fueses a dejarme —protestó—. Pensaba que vendrías para acordar cómo nos coordinaríamos cuando me mudase y me sales con algo así…

—Lo siento —se disculpó, al tiempo que la agarraba más fuerte contra él y dejaba de lado el hecho de que el susto se lo había llevado por mirar dónde no debía e interpretar lo que le había dado la gana.

—No es como si viviéramos hace cincuenta años —comenzó a argumentar ella—. Existen las videollamadas.

—Sí.

—Y ya no se tarda tanto en ir de un lugar a otro —siguió—. En avión no son ni dos horas.

—Cierto.

—Además, toda mi familia y amigos están aquí. Cuando sea reconocida, quiero entrar en una gran agencia de aquí y poder estar contigo.

—Deseo que eso ocurra cuanto antes —suspiró con alivio.

Saber que una de sus metas era escalar en la profesión de héroes para volver le tranquilizaba mucho. A pesar de las complicaciones que esto les generaba en su relación, él no le había propuesto la posibilidad de interceder con su padre para entrar directamente en la mejor agencia del país. Y no lo había hecho porque ella no aceptaría un trato de favor por ser su novia. Yaoyorozu era una mujer que buscaba ganarse las cosas con su esfuerzo.

Por eso había decidido marcharse a Kioto. Llegaría antes a la cima si entraba en una reconocida agencia aunque fuese a kilómetros de allí, que si se hubiera quedado en una pequeña de Tokio, que era lo que les había sucedido a la mayoría de sus compañeros que habían conseguido un contrato de trabajo.

Le dolía que esto los pudiera tener separados, pero no podía evitar quererla también por ello.

Yaoyorozu rio y por fin sintió que el ambiente se relajaba. Ella se separó y le miró con una débil sonrisa.

—Entonces, ¿esto significa que me he quedado sin regalo? —preguntó.

—¿Qué?

—Si ya no es una despedida, entiendo que ya no lo vamos a usar, ¿no? —inquirió haciendo referencia al preservativo que había descubierto por impaciente.

Shoto se puso rojo de nuevo cuando la siguiente parte de esa alternativa se tendría que poner en marcha.

—Ah… Creo que, esta vez, eres tú la que lo ha malinterpretado —dijo con nerviosismo—. Si fuese una despedida, no tenía pensamiento de usarlo.

Yaoyorozu le miró por unos segundos desconcertada para después ponerse colorada cuando caló en ella la implicación de esas palabras.

—¿Y eso? —cuestionó extrañada.

No pensaba decirle, por nada del mundo, que no quería permanecer en su recuerdo como una decepción. Tenía entendido que las chicas se hacían grandes expectativas sobre su primera vez. Se lo había oído decir a sus compañeros cuando habían hablado del tema. Pero también por ellos sabía que no solía ser «tan bonito» como esperaban.

Así que no quería que la primera vez —y única con él— quedase en su memoria como un desastre. Si no tenía después otras oportunidades para redimirse, prefería no hacerlo, aunque más adelante le reconcomiera el hecho de no haber experimentado lo que habría sido acostarse con ella. Pero se consolaría sabiendo que para Yaoyorozu sería por siempre un buen primer amor. Eso habría sido suficiente.

—Creo que habría sido mejor que tu primera vez fuese con alguien que esperases conservar.

Yaoyorozu le miró sorprendida, después sonrió y luego le besó. No fue un beso casto, pero sí lo fue tranquilo. Le buscó hasta encontrarse con él en su boca y suspiró cuando lo hizo.

Su novia había resultado ser una persona muy física. Bajo esos modales tan educados, había una chica ansiosa de contacto. Le gustaba tocarle; le gustaba besarle… y, por supuesto, él no tenía objeciones en dejarla. En el momento en que se quedaban a solas, Yaoyorozu le buscaba antes de que él pudiera hacerlo. Por eso también sabía que ella había estado preparada para este paso antes que él.

Yaoyorozu se separó y le miró con los ojos brillantes.

—Y yo que pensaba que a los chicos no les importaban esas cosas con tal de acostarse con una chica —dijo risueña—. Al final, me has salido más romántico de lo que esperaba.

«De eso nada», se contestó él con absoluta sinceridad. Era todo orquestado por sus miedos, pero dejaría que pensase algo tan positivo de él.

Yaoyorozu le agarró de las manos y tiró de él hacia su cama.

—Entonces, ¿quieres que sigamos? —preguntó Shoto mientras se dejaba arrastrar por la habitación.

Ella asintió con una sonrisa maliciosa.

—Oh, sí… Quiero mi regalo —contestó.

Ambos se sentaron en la cama y Yaoyorozu no perdió el tiempo en besarle. Lo hizo con intensidad, invadiendo su boca como si ya se hubiera mudado y ese fuese su primer reencuentro después de meses. Le impresionó un poco, pero aquello sólo era otra muestra más de lo expectante que estaba ella por el sexo.

La agarró de la cintura y la afianzó más hacia él, con la intención de igualar su ritmo. Sintió su mano moverse con cuidado por su cuello y cómo la metió por debajo de su camiseta para alcanzar su espalda.

Pero esas ligeras caricias pronto se convirtieron en una desconcertante comprobación. Yaoyorozu se separó de él y le miró confundida. Le agarró de los hombros y después hizo lo mismo con su brazo.

—Estás muy tenso —mencionó, y abrió más los ojos cuando llegó al final—. Y tienes la mano helada. Tú nunca tienes las manos frías.

—No me he dado cuenta —dijo mientras le ponía remedio.

Uno de los beneficios de sus dos singularidades era que las diferencias térmicas no suponían ningún problema para él. Su cuerpo se termorregulaba de forma automática por lo que era raro que el cuerpo se le quedara frío.

Y Yaoyorozu le conocía lo suficiente como para saberlo.

—¿Estás bien? —se preocupó.

—Por supuesto. ¿Por qué no iba a estarlo?

Yaoyorozu no mostró ningún cambio en su semblante, a pesar de que él mismo notó que su voz no había salido con la firmeza pretendida. Sólo se limitó a acariciarle la mano traidora que había recuperado ya una temperatura normal, mientras sondeaba sus miedos a través de sus ojos.

—¿Me equivoco o estás más nervioso tú que yo? —preguntó con cuidado.

—Te equivocas —respondió, a lo que le siguió una mano alzada de Yaoyorozu a la altura de sus ojos.

—Tu mano —exigió.

Supo lo que intentaba al instante: pretendía comparar su pulso. Y aunque ella mostraba una mano con un ligero temblor, él era muy consciente de que perdería.

—Vale, estoy algo nervioso, sí —confesó a medias él.

Yaoyorozu retiró la mano y le miró preocupada por unos segundos.

—Pero quieres hacer esto, ¿no?

—Sí, claro… —Aunque ella le observó no muy convencida y él lo notó—. Lo digo de verdad. Es sólo… que me preocupa un poco no cumplir con tus expectativas.

Yaoyorozu abrió la boca como si fuese a decir algo, aunque sólo le miró desconcertada… por un buen rato. Y eso le inquietó.

—¿Mis… expectativas? —dijo al fin.

—Bueno, sé que las chicas quieren que su primera vez sea romántica, y bonita, y… —Shoto tragó saliva cuando ya no supo cómo seguir—. Y sé que, a veces, no es así —terminó en un susurro.

Yaoyorozu cogió aire y lo soltó tras unos segundos de silencio perturbador.

—Yo más bien diría que es más que «a veces» —dijo en tono neutro. Le tocó el cuello y se lo acarició con cuidado antes de seguir—: Shoto, ¿puedo preguntarte algo? —Él la miró a los ojos. No solía llamarle por su nombre—. ¿Puedo saber cuáles son las tuyas?

—¿Las mías?

—Sí, las tuyas —confirmó—. ¿Puedo saber qué expectativas tienes de lo que estamos haciendo?

No sabía qué decirle. Era un chico que iba a acostarse con su novia, la cual seguro que participaba en las fantasías de más de un alumno de la UA. Estaba en una posición envidiada por muchos, pues iba a disfrutar del sexo con una de las chicas más codiciadas del instituto. ¿Acaso había alguna expectativa más?

—Ni siquiera lo has pensado… —Yaoyorozu acercó su frente a la suya y cerró los ojos con un suspiro—. Me parece genial que te preocupes por mí, pero no soy la única que está ante su primera vez.

—Ya, pero las chicas… —Yaoyorozu le puso dos dedos en sus labios para callarle.

—Sólo tengo una expectativa de mi primera vez —expuso con sus ojos fijos en los suyos—: que sea contigo. —Se separó un poco de él mientras Shoto contenía la respiración por la emoción de esas tres palabras—. Si hace un momento hubieses cortado conmigo y me hubieras propuesto acostarnos como despedida, lo habría aceptado. Al parecer, no soy tan buena como tú —añadió con una sonrisa incómoda—. Pero al menos, habría querido quedarme con eso de ti.

Shoto soltó conmovido el aire de sus pulmones y le acarició la mejilla. Tenía un sentimiento abrumador en el pecho. La amaba muchísimo. Sabía que ella también estaba nerviosa, pero aun así era capaz de preocuparse de su estado.

—Ésa es mi única expectativa, así que no te preocupes —le dijo mientras le atraía hacia su pecho—. Que salga como tenga que salir. —Shoto asintió, con su cara enterrada en esos pechos tan provocadores—. Además, si la primera vez es mala, cuanto antes la pasemos, antes llegaremos a las buenas, ¿no crees?

Sonrió por el comentario y se incorporó para mirarla. Estaba sonrojada pero también parecía divertida por su sugerencia. Así que asintió de nuevo y la besó. Yaoyorozu le pasó sus brazos por el cuello cuando profundizaron el beso y notó cómo sus manos volvían a vagar por su espalda. Sus labios se deslizaron hasta su cuello y el roce de sus dientes con su piel le envió escalofríos por todo el cuerpo.

—Si quieres, también puedo probar a relajarte un poco —le susurró al oído.

Shoto se separó de ella unos centímetros para mirarla a los ojos. El ligero sonrojo anterior había dado paso a uno más furioso.

—¿Relajarme? —preguntó desconcertado.

—Sí, puedo… jugar un poco contigo —respondió cohibida.

No necesitó una descripción gráfica para entender a qué se estaba refiriendo con «jugar». Le habría dejado de piedra que Yaoyorozu le saliera con a saber qué tipo de juego preliminar si no fuese porque la escena le resultaba tan sensual que sintió un ramalazo de electricidad concentrarse en su entrepierna.

—¿Jugar?

En realidad, aunque él sí esperaba disfrutar de esa primera experiencia, no lo esperaba tanto en ese aspecto. Para empezar, no sabía muy bien qué hacer aparte de besarla y acariciarla. Y para continuar, ni él tenía idea de qué le gustaba a Yaoyorozu, ni ella podía tenerla de él. De hecho, ni él mismo sabía qué le podía gustar que le hiciera ella, pues hasta el momento, el único contacto sexual que había tenido era con él mismo y ese desahogue era más rutinario que otra cosa.

—Bueno, me he documentado bastante…

—Espera, ¿qué? —dijo atónito.

—Llevo varios meses leyendo y viendo muchas cosas para tener una idea de qué hacer.

—Que has estado… ¿qué? —inquirió, aunque, esta vez, casi lo gritó de lo perplejo que estaba.

—Es que quería saber lo que se hace para poder poner alguna cosa en práctica y no quedarnos sin saber qué hacer —se defendió, y luego añadió algo más bajo—: Aunque también por eso ahora tengo la cabeza llena de opciones.

Y eso podría explicar en gran parte por qué una chica tan modosa como su novia llevaba una temporada queriendo sexo.

En el fondo, no debería sorprenderle algo así. «Documentarse» era típico de ella, aunque ahora tuviese la mente incendiada por su causa. Pero el hecho de imaginarla delante del ordenador buscando información sobre posturas sexuales o leyendo libros de temática erótica, al que sí que le fundía la cabeza era a él… y, por supuesto, a algo medio metro más abajo que eso.

—Dime que no has visto películas porno —cuestionó con cierta esperanza de no tener a su inocente novia corrompida por completo.

Pero tras su escueto «no» con la boca pequeña, supo que lo había hecho. Shoto gimió ante una escena tan excitante como imaginarse a Yaoyorozu viendo una película pornográfica con una hipotética masturbación posterior.

Su miembro no tuvo nada que hacer contra eso.

—De verdad que no he visto nada. Sólo texto y más texto —intentó defenderse ella cuando le vio inclinarse un poco hacia delante por una «molesta» erección.

Shoto le cogió la mano y se la aferró para que dejara de hablar.

—¿Tienes idea de lo que me pone imaginarte viéndolas?

—¿Ah, sí? —dijo con cuidado. Shoto asintió—. Pues he visto unas cuantas. —Él rio ante esa rápida confesión de sus delitos—. Pero no creas que pueda hacer algo parecido —se disculpó cohibida.

—¡Y más me vale! Porque no aguantaría ni medio minuto.

Ambos se echaron a reír y Yaoyorozu le abrazó complacida. Él volvió a agarrarla de la cintura para acercarla a él, sólo que esta vez metió su mano por debajo de su camiseta. Tenía una piel muy suave… y unas curvas voluptuosas que hacían arder sus fantasías, pensó cuando deslizó su mano hacia arriba.

—¿Y bien? ¿Qué tienes pensado hacer para relajarme? —la instó divertido.

Yaoyorozu le miró con sospecha, aunque, al final, sonrió. Había perdido la tensión inicial casi por completo y ella parecía consciente de ello. No sabía qué tenía pensado hacerle, pero estaba seguro de que nada podía ser tan efectivo como la actitud de ella. Verla despreocupada y juguetona era su mayor bálsamo.

Y Yaoyorozu, puesto que lo había sugerido, decidió continuarlo. Le miró al pecho como si lo que tuviera encima entorpeciera… y seguramente lo hiciese. La vio coger el dobladillo de su camiseta y hacer el intento de subírsela.

—¿Puedo quitártela?

—Puedes quitarme lo que quieras sin necesidad de preguntarme.

—Así que tengo vía libre…

—Tienes vía libre —confirmó.

No se lo pensó y se la quitó sin perder más tiempo. Suspiró y le estudió el torso como si estuviera apreciando las vistas de un mirador. Shoto se sentía complacido de resultarle atractivo a Yaoyorozu. Igual que él no tenía problemas en decirle que era la chica más bella del instituto, ella también solía vanagloriarse mencionándole cosas similares.

Por eso, verla fascinada observando su torso desnudo le subió el ego bastante. Yaoyorozu era una chica impresionante y tenía sus ojos sólo para él.

Se subió encima de su regazo y comenzó acariciándole los hombros, aunque pronto pasó a su torso y sus abdominales. La oyó suspirar y sonrió.

—Dan ganas de comerte… —murmuró.

Él se calló lo que le daban ganas de hacerle a ella. Le excitaba mucho tenerla subida sobre él, sentada casi encima de su erección. Yaoyorozu comenzó a besarle por el cuello mientras acariciaba sus hombros y su espalda, y él tampoco perdió mucho tiempo en meter sus manos por su camiseta.

También quería quitársela. Aunque estaba acostumbrado a verla con poca ropa, aquello no tenía nada que ver con otras situaciones. El ambiente sexual cambiaba la perspectiva de cualquier toque que podría pasar por inocuo en otros momentos. Y saber que en breve podría verla desnuda, no lo atenuaba, precisamente.

Subió más sus manos hasta que tocó el sujetador, sin embargo, le dio reparo hacer algo más.

Sintió un ligero mordisco en el cuello que atrajo su atención y luego le susurró al oído:

—Tú también tienes vía libre, ¿sabes?

De forma racional lo sabía, pero imaginaba que le pasaba lo mismo que a ella cuando le preguntó si podía quitarle la ropa. Dado lo que estaban haciendo era una pregunta absurda. Pero al no haber hecho esto antes, se sentía condicionado por poder hacer algo que a ella le pareciera inadecuado. Aún no tenían establecido ese tipo de confianza en ese terreno. Y aunque al final asintió, fue ella la que se incorporó un poco y se quitó la camiseta.

Se le secó la boca en cuanto lo hizo y se le entrecortó la respiración. Alguna vez ya la había visto en circunstancias parecidas cuando su ropa perdía integridad tras usar su singularidad. Pero en esos momentos, la sola idea de que esa prenda que le quedaba desapareciera le hizo palpitar.

Miró a Yaoyorozu, la cual hacía lo mismo con él, enrojecida por la atención que le estaba prestando.

Era muy excitante, pero no estaba seguro de que aquello fuese algo bueno para decirle. Siempre había sido comedido con sus halagos porque su novia provenía de una familia de cuidados modales. Pero en realidad, le llenaba la cabeza de pensamientos bastante turbios.

Le puso las manos en sus caderas y las fue subiendo poco a poco por su cintura hasta llegar a la molesta prenda. Pero puesto que no estaba acostumbrado a enfrentarse a esos cierres, la impaciencia por no poder desabrocharlo casi le hizo querer quemarlo. Por suerte, al final se aflojó y contuvo el aliento mientras se la quitaba y la lanzaba al suelo.

Yaoyorozu respiraba muy rápido y estaba muy sonrojada; pero él no podía estar mucho mejor que ella. Era la primera vez que tenía a una mujer prácticamente desnuda delante de él y por eso no podía apartar los ojos de ella.

Supo que a Yaoyorozu le estaba incomodando la situación porque al final optó por abrazarle y esconderse en el proceso, pero no le duró mucho porque la elevó y la giró para ponerla bocarriba en la cama.

Le miró desconcertada, con el cabello desparramado por la colcha, y la confusión de su rostro fue creciendo a medida que se dedicaba sólo a contemplarla.

—¿Qué haces?

—Mirarte —contestó.

—Ya me he fijado —repuso nerviosa.

No le replicó a eso. No quería perder su momento de observación cuando no sabía el tiempo que transcurriría hasta volver a tenerla así. Quería quedarse con esa imagen para rememorarla durante su estadía en Kioto.

Pero Yaoyorozu no parecía pensar lo mismo porque le puso una mano en los ojos para interponerse.

—No puedes mirarme de esa manera. Aunque la gente diga que no tengo vergüenza, sí la tengo —alegó cohibida.

Shoto quitó la mano que ocultaba sus ojos y la miró con una sonrisa. Por supuesto que sabía que ella también tenía vergüenza, del mismo modo que estaba al tanto de que algunos compañeros suyos creían lo contrario debido a que, tras el fragor de una batalla, Yaoyorozu podía acabar con su ropa destrozada y no preocuparle en exceso.

—Quiero poder recordarte así —le dijo. Ella gimió por lo bajo.

—Entonces, no se te ocurra quejarte cuando yo haga lo mismo —replicó.

Shoto posó su mano en su cintura y deslizó sus dedos con cuidado por su vientre. Yaoyorozu se tensó y después rio.

—Me haces cosquillas.

—Tienes una piel muy suave —comentó. Pareció ignorarla, pero en realidad puso su mano abierta para evitar que el contacto fuese tan sensible.

Yaoyorozu le acarició el brazo que poco a poco desplazaba hacia arriba. Tuvo un involuntario momento de duda cuando se aproximó a su pecho, pero se sobrepuso a ese reparo concienciándose de que para eso estaban ahí y ella no le detendría.

Y no lo hizo. No lo hizo cuando la tocó suavemente por el lateral del pecho y menos lo hizo cuando lo abarcó entero. La oyó suspirar. Los dedos de Yaoyorozu le presionaron su brazo con más intensidad cuando pasó su pulgar por el pezón enhiesto. Le generó cierta fascinación comprobar la diferencia que había entre ellos dos. Su pecho llenaba su mano, sus aureolas eran más marcadas que las suyas y sus pezones más prominentes que los de él. Podía entender por qué esas diferencias atraían a los hombres.

Llevó su boca al otro pecho y, esta vez, la oyó jadear cuando succionó. Una de sus manos se deslizó hasta su cabeza y ensortijó sus dedos en su pelo.

—¿No se supone que iba a relajarte yo? —le preguntó con tono risueño.

Shoto la mordió suavemente antes de levantar la cabeza para mirarla.

—Es sólo porque esto es lo fácil —repuso él—. Además, se supone que es el Día blanco y éste es mi regalo hacia a ti.

Yaoyorozu sonrió.

—Me gusta la idea…

Shoto retomó su tarea y chupó y apretó con suavidad sus pechos. Era adictivo tocarlos, aunque esperaba que fuese más por la novedad que por convertirse en un lascivo. Pero tenía la gran suerte de tener por novia una chica que volvía locos los sentidos, así que se consolaba pensando que no tenía mucha culpa por ser corrompido por ella.

Yaoyorozu suspiró cuando succionó fuerte y decidió vagar con su otra mano por su vientre y sobrepasar el límite de sus pantalones. Su mano se deslizó por debajo de la tela y tocó los rizos que guardaban la entrada a su cuerpo. Notó que movía un poco las piernas para darle más acceso, y eso literalmente voló su cabeza. Era una imagen desquiciante para su paz mental, más cuando sus dedos tocaron su entrada húmeda.

Quiso terminar de desnudarla en ese momento. Quería verla mientras la tocaba y, más importante aún, quería ver lo que tocaba. Lo más cerca que había visto a una mujer desnuda era en una pantalla. Quería ver una real.

Se incorporó y se levantó de la cama. Le cogió el dobladillo del pantalón y la braga y tiró hacia abajo, con la confianza que le había faltado cuando había intentado quitarle la parte de arriba. Yaoyorozu le ayudó sin mediar palabra y, unos segundos después, estaba tirada en la cama completamente desnuda a su vista.

Le separó un poco las piernas con sus manos y después se subió a la cama para sentarse entre ellas. Le acarició las rodillas con cuidado y a eso le siguió un sutil movimiento por sus muslos hasta conseguir abrírselos más. Yaoyorozu jadeó y se llevó un brazo a los ojos, pero eso fue todo lo que hizo ante su flagrante exploración visual. Tampoco dijo nada cuando la tocó entre los pliegues húmedos, pero sí que gimió tras tocar el capuchón que coronaba su entrada.

Había encontrado el clítoris. Sonrió mientras volvía a tocarla con algo más de fuerza y eso la hizo vibrar en la cama.

—¿Te gusta? —le preguntó.

Ella asintió con énfasis, lo que le envalentonó y lo volvió más audaz. Se arrimó algo más a ella y metió un dedo en la entrada que cada vez se humedecía más. La presión que sintió a su alrededor le desconcertó. Él sabía el tamaño que adquiría cuando se excitaba y no tenía nada que ver con un dedo.

Era imposible que no le hiciera daño.

Se le entrecortó la respiración cuando ese miedo aferrado a él volvió con fuerza a su cabeza. Era la persona que más amaba y lo último que quería era hacerle daño. Sin embargo, aquello era como ver un tren a punto de descarrilar y no poder hacer nada para evitarlo. Lo único que podía hacer era intentar minimizar los daños.

Tenía que hacerle disfrutar el resto, aunque no tuviera muy claro qué hacer para conseguirlo.

Le presionó con el pulgar el botón de nervios descubierto y Yaoyorozu se estremeció. Pensó en toda la teoría que había visto y oído para centrarse en una actividad que tendía a ser destacada. Ni le atraía ni le disgustaba la idea del sexo oral, pero quizás por eso mismo no le importaba hacerlo si a ella le gustara.

Se incorporó y se bajó de la cama. La cogió de las piernas y la arrastró con suavidad hasta el borde. Yaoyorozu le miró por ese desconcertante cambio, aunque un instante después se llevó ambos brazos a la cara cuando le vio arrodillarse.

—Ésa era la idea que tenía yo para relajarte —le confesó un poco avergonzada.

—¿En serio? —Aunque no lo sabía con certeza, aquello era algo que había barajado cuando se lo dijo. Ella asintió—. Porque no me importaría que me relajases después.

Yaoyorozu rio y volvió a asentir.

Colocó sus piernas en sus hombros y miró con atención su entrada al tiempo que pasaba sus dedos por los pliegues. Estaba muy húmeda y su dedo entró en su interior con algo más de facilidad que antes. Tras eso, intentó que la lógica del acto se impusiera para calmarle y ahogar las alarmas que sonaban en su cabeza por la presión en su dedo. Sin embargo, esa ansiedad no empezó a amainar hasta que no consiguió meter un segundo dedo que provocó un gemido audible en ella.

Yaoyorozu jadeaba y se retorcía encima de la colcha por el movimiento de sus dedos en su interior. Y cuanto más tiempo lo hacía, más fácilmente resbalaban dentro de ella. Comprobar que su entrada se estiraba por la estimulación que estaba recibiendo le dio algo de paz.

Sacó sus dedos y los intercambió por su lengua. Yaoyorozu dejó de aferrar la colcha para llevarse las manos a la boca y ahogar un gemido. Lamió con más intensidad y tocó con sus dedos el botón sobresaliente. Todo su cuerpo se estremeció —empezando por las piernas que mantenía en sus hombros—, pero en cuanto vio por encima de su vientre que ella comenzó a tocarse los pechos por la necesidad, el que empezó a tener verdaderos problemas fue él.

Nunca había visto nada tan excitante. Y él no era un santo: había visto y leído material de adultos, igual que había confesado hacer ella. Pero sentir a Yaoyorozu temblar de placer con cada lamida, oír sus gemidos o su respiración agitada, escuchar su nombre susurrado entre la necesidad y el deseo, verla retorcerse por lo que le estaba haciendo… Todo ello componía un escenario que era mucho más de lo que estaba preparado para soportar. La presión que empezó a sentir en sus propios pantalones fue insistente y dolorosa, hasta el punto de hacérsele insoportable.

Liberó su miembro con la mano que tenía libre. La punta estaba muy mojada y usó esa humedad para acariciarse con suavidad. Le sorprendió en cierta forma ver que estaba tan excitado cuando en realidad ella ni le estaba tocando. Aparte de la excitación visual, siempre había necesitado una estimulación física sobre su miembro para culminar. Y, sin embargo, en esos momentos sentía que no necesitaría ni tocarse para conseguirlo. Sólo verla tendida sobre la cama perdida en su propio placer, le estaba alterando todo el cuerpo.

Quitó la mano de su miembro en cuanto supo que estaba cerca del punto sin retorno. Tenía que parar y rebajar su excitación o terminaría allí mismo: en el borde de la cama y dando una lamentable primera impresión.

Shoto le dio una última lamida al capuchón y probó a meter sus dos dedos de nuevo en ella. La facilidad con que lo hicieron incluso le impresionó en vista de lo experimentado al principio. Se le hizo evidente que Yaoyorozu estaba preparada para el último paso; ése que él habría querido demorar hasta que ella quedara completamente satisfecha.

—¿Te gusta? —le preguntó, con los ojos cerrados y dirigidos, además, hacia el suelo.

—¿Acaso lo dudas? —ronroneó mientras se contoneaba ante él.

Shoto tragó duro ante el tono sensual que empleó e inspiró profundo cuando incluso esa nimiedad estuvo a punto de empujarle barranco abajo.

En realidad, no lo dudaba. Ése era su problema: que sabía a la perfección que a ella le estaba gustando. De ahí que hubiera continuado con ello hasta que él fue el que no pudo más. Pero tenía que detenerse, y sería raro para ella que se quedara quieto y sin decir nada.

Se separó de ella, le acarició con suavidad ambas piernas y, después, las bajó de sus hombros con cierta desazón en el pecho.

—Estoy demasiado excitado —le confesó con un titubeo—. No puedo seguir sin terminar yo.

Yaoyorozu se incorporó y se sentó en el borde de la cama frente a él. Tenía las mejillas ruborizadas y la respiración agitada. Parecía más sorprendida que perturbada ante su poco aguante.

—¿Tanto te ha gustado?

Teniendo en cuenta que era ella la que lo estaba recibiendo mientras que el que estaba por acabar era él, no le sorprendía que le soltara esa pregunta.

—Lo que me ha excitado es ver lo mucho que te gustaba a ti.

Yaoyorozu le miró a los ojos atónita, aunque segundos después exhaló el aire retenido de sus pulmones y sonrió.

—No sabes cuánto te quiero —dijo con emoción.

—Eso no ayuda —replicó, apoyando su cabeza contra el regazo de ella.

Yaoyorozu metió su mano por entre su pelo y le acarició con cuidado.

—¿Esto significa que no voy a poder tocarte? —le susurró.

Le habría gustado poder decir que no, pero la realidad era que él no estaba acostumbrado a retenerse. Cuando se masturbaba lo hacía con el objetivo de llegar al orgasmo, no lo hacía para aguantar. Por eso sabía de antemano que su mejor estrategia pasaba por centrarse en Yaoyorozu. Por mucho que al inicio hubieran dejado en claro que la primera vez no era perfecta, él seguía queriendo que lo fuese para ella. Sin embargo, veía que eso no iba a poder ser. Era bien consciente de que no iba a poder aguantar muchos juegos sobre él, pero no se había esperado sentirse así por ella.

—Lo siento… —se disculpó.

—¿Por tener un novio que se excita al darme placer? —replicó en tono divertido. Le pasó la mano hacia su mentón y le hizo mirarla—. Dudo que haya alguien que se sienta decepcionado por algo así.

Se acercó a él y le besó con una ternura que convirtió la presión desazonadora que sentía en su pecho en algo cálido y tranquilizador. Yaoyorozu le hizo levantarse y le ayudó a terminar de desnudarse. Después, se arrastró por la cama y le instó a subirse sobre ella, aunque él solo llegó a la primera parte.

—Creo que debería parar un poco —le propuso, habiendo dejado claro medio minuto antes su situación—. De lo contrario, no duraría mucho.

—Pues aunque no lo creas, eso me tranquiliza —contrarrestó ella para su desconcierto—. He leído de todo sobre la primera vez, así que, si resulto ser de las que le duele, me quedo más tranquila sabiendo que va a ser poco rato.

—Joder… —se lamentó. Ambos eran un recordatorio constante del desastre que todo aquello podía ser.

Yaoyorozu se incorporó un poco, lo justo para cogerle de la mano e instarle —esta vez de forma física—, a que se tumbara sobre ella.

—Además, aún quedan dos semanas hasta que me vaya —añadió de forma sugerente—. Tenemos tiempo de practicar…

Shoto la miró de hito en hito, aunque, finalmente, suspiró resignado al saber que ella tenía mucho mejor temple que él ante su primera vez. Era como si estuviese mentalizada a que aquello pudiera ser un horror, de tal manera que tenían que pasar ese «trámite» cuanto antes para llegar a los futuros encuentros que sí podrían considerarse éxito.

Se tumbó sobre ella y la besó con cuidado por el cuello mientras se acomodaba entre sus piernas y su humedad le mojaba. Le dejó pequeños besos y chupetones al tiempo que paseaba sus manos por su piel. Era una delicia tocarla.

Pero si por un momento había tenido la esperanza de que la estrafalaria conversación mantenida pudiera haberle enfriado, sólo necesitó de diez segundos para que esa esperanza muriera. El fuego interno crepitó rápido ante unos fogones que no habían perdido el calor y la constante que había tenido toda la noche sobre terminar rápido se solidificó como una piedra. No iba a durar, y a su amor propio no le servía de mucho que Yaoyorozu lo esperara.

Arrastró su mano hacia su entrada para al menos comprobar que podía seguir introduciendo dos de sus dedos sin resistencia. Y cuando vio que continuaba igual de receptiva que cuando estaba en el borde de la cama, se decidió a penetrarla.

—Si te hago daño, avísame y me detengo.

—Prefiero que empujes hasta el final y sin parar —le contradijo ella—. Igual que arrancar una tirita.

—Esto no es arrancar una tirita —protestó él.

—Shoto… por favor… —le pidió.

Y, por supuesto, él no pudo negarse a esa petición. Por mucho que Yaoyorozu estuviera más templada y resuelta que él, seguía siendo un momento tenso también para ella. Le abrió un poco más las piernas y utilizó el peso de su cuerpo para impulsarse en un lugar que oponía una resistencia natural a la intrusión.

Ni siquiera tuvo que decir nada para saber que le dolió, aunque no supiera con certeza cuánto. Su cuerpo de pronto respingó, pero acató su petición y no se detuvo hasta el final. Casi perdió el aliento al sentir su miembro rodeado por completo por ella y, aun así, se forzó a aparcar por un instante esa sensación y velar por el estado de ella.

—¿Estás bien? —se preocupó. Ella asintió—. Sé que te ha dolido.

—Ha sido más la impresión que otra cosa —le tranquilizó.

—¿Seguro?

Yaoyorozu le miró y le sonrió tras acariciarle la mejilla.

—Si esto me supusiera un problema, habría salido corriendo el primer día de clase.

Por mucho que entendiera la lógica de que en sus clases prácticas podían acabar molidos, este tema para él era muy diferente.

La mano de Yaoyorozu se deslizó hasta su nuca y le atrajo hacia ella para besarle. El movimiento al acercarle la hizo jadear al modificar su postura y a él le envió un cosquilleo desde su miembro a todo lo largo de su columna. Fue una sensación tan placentera que le recordó lo cerca que estaba del abismo.

Maldijo por ello.

—No voy a durar —le advirtió por enésima vez.

—No te preocupes… —Y añadió con picardía—: Cuando estés relajado e indefenso me entretendré tocándote todo lo que no me has dejado antes.

Shoto gimió con la imagen.

—Eso no ayuda —repitió.

—Eso espero… Quiero que lo disfrutes.

Su problema era que lo estaba disfrutando demasiado incluso estando quieto. Era una sensación tan diferente a cuando estaba solo que se sentía extasiado. Probó a retirarse un poco y volver a adentrarse, y la sensación hormigueante reverberó por su cuerpo con ello. Sentir su canal húmedo y caliente comprimir su miembro mientras se movía era una sensación increíble. Y por eso se lamentó por no poder recrearse más tiempo en ello, pero se consoló al pensar que lo repetirían.

Se recostó un poco más sobre ella y la besó por el cuello y el hombro. Yaoyorozu, en cambio, pasó sus manos suavemente por su espalda y las deslizó hasta el final de ésta, instándole con ellas a continuar un poco más rápido. Y lo hizo, aunque con eso llegó a la cima en una decena de segundos. La agarró de una de sus anchas caderas mientras empujaba más fuerte y la explosión del orgasmo le recorrió hasta dejarle sin fuerzas y desplomarse sobre Yaoyorozu. Ella le abrazó y le acarició la espalda mientras recuperaba el aliento. Por mucho que el placer del orgasmo fuese parecido a cuando estaba solo, la emoción que le embargaba por estar con ella lo tenía derretido por dentro. No se había sentido tan conectado a otra persona en su vida, aunque quizás en su caso tampoco fuese muy complicado teniendo en cuenta la infancia que había tenido.

—¿Te ha gustado? —le preguntó.

Shoto la abrazó más fuerte, conmocionado.

—No te vayas a Kioto —le pidió. Ella rio por lo bajo.

—Entenderé eso como un sí.

Shoto salió de ella y se tumbó a su lado. Yaoyorozu se acercó a él y recostó su cabeza en su pecho. La idea de que encontrara allí a alguien mejor y le dejara por él le generaba verdadera angustia.

—Lo digo en serio…

Yaoyorozu se incorporó y le miró con su sonrisa perdida.

—Sabes que no me voy a quedar.

—No soporto la idea de que allí conozcas a alguien y te quedes con él.

Yaoyorozu abrió los ojos un poco sorprendida, aunque, tras eso, recuperó su suave sonrisa.

—He conseguido atrapar al mejor… ya no me puedo conformar con menos.

—Siempre hay alguien mejor.

—No para mí. —Yaoyorozu le acarició la mejilla y juntó su frente a la suya—. Somos idiotas —rio—. Lo que más me echaba atrás de irme a Kioto era dejarte aquí y pensar que tu padre te pondría una preciosa compañera de la que te enamorarías y con la que me olvidarías.

—No creo que entiendas lo mucho que te quiero —repuso él ante su temor.

—Entonces, ya somos dos —sentenció.

Yaoyorozu le besó suavemente y él la acarició por la cintura sintiendo que le quemaban los dedos. Era una delicia para los oscuros deseos de cualquier hombre. Pero mientras ese fuego volvía a encenderse en su interior, ella se separó y le miró con seriedad.

—Te prometo que haré lo posible para volver cuanto antes.

—Y yo te prometo que esperaré con ansias a que lo hagas.

Yaoyorozu le besó, pero antes de que pudiera dejarse arrastrar por ello, un ligero «bip» sonó por la habitación. Ella se separó y miró con una sonrisa al reloj despertador que estaba en su mesilla y que marcaba las doce en punto.

—Vaya… Tu regalo ha llegado justo a tiempo —comentó con un tono pícaro—. ¿Me dejas compensarte por ello?

Shoto la miró con desconcierto. El que había salido compensado con creces por todo aquello había sido él. Además, ¿de verdad se encontraba con ánimo como para querer continuar?

—¿No te duele? —interrogó con sospecha.

—No —contestó al momento, y deslizó su mano por su pecho en dirección a sus abdominales—. Y ahora quiero tocarte yo también.

A pesar de acabar de pasar por un clímax, su cuerpo entero empezó a cobrar vida en cuanto sus dedos se deslizaron por su piel y bordearon de forma traviesa su entrepierna.

No se esperaba que Yaoyorozu estuviera con ánimo de continuar después de perder su virginidad. Pero lo cierto era que ella se había quedado a medias y, si al parecer no le había generado molestias, no era de extrañar que tuviera ganas de terminar ella también.

Lo cual le daba una segunda oportunidad para resarcirse del desastroso primer encuentro. Una segunda ronda siempre conllevaba más tiempo para poder culminar, lo que en esos momentos se traducía en más aguante para ella.

Shoto la besó fundiendo sus lenguas en un beso profundo que les hizo perder el aliento a los dos, pero no la separó hasta que sintió cómo los dedos de Yaoyorozu le acariciaban el miembro con un toque tentativo y cuidadoso.

Ella le miró, con unos ojos divertidos y llenos de una malicia que él no tenía ningún reparo de sufrir en sus carnes.

—Entonces, ¿me dejas compensarte? —susurró con voz provocadora.

Shoto gimió cuando su mano, esta vez, apretó la base de su miembro y el deseo corrió rápido por sus venas. De modo que se hizo la promesa de no salir de esa habitación sin dejarla satisfecha.

Le dio un ligero beso y después la miró con la intención absoluta de intercambiar el destinatario de esa pregunta.

Y respondió:

—Sí, por favor.


— * —


Fin de «Día blanco»

14 Marzo 2021


Notas finales:

Y aquí vengo a dejar mi pequeña aportación para los hombres olvidados. Lo cierto es que no suelo ser mala si estoy escribiendo un único lemon para una pareja. Tengo varias historias en las que la pareja sólo tienen un encuentro descrito y, en mayor o menor medida, me porto bien con ellos ^o^

Pero para las que me conocéis de más historias mías, sabéis que muchas veces escribo por rebotarme contra algo. Y bueno, llegó la gota que me desbordó el vaso por la inmensa cantidad de fics que, ante la primera vez de ambos personajes, sólo describen «el nerviosismo» de ella.

Entiendo que, en su mayoría, se debe a que lo escriben chicas. Y, por otro lado, porque existe la percepción de que los chicos quieren perder su virginidad cuanto antes y les da igual cómo y con quién. Pero no es menos cierto que para muchos chicos es una GRAN presión el dar la talla (a pesar de tener la misma nula experiencia que las chicas), y eso se eleva a la enésima potencia si encima quieren a la chica en cuestión y es también la primera vez de ella.

Pero en las historias son los eternos olvidados. Ellos siempre saben (a pesar de teóricamente no tener que saber) y tienen un aguante que ya quisieran muchos. Es raro que te escriban su inseguridad (no digamos ya que la historia gire en torno a ello) y, de esos pocos, aún no he visto alguno en el que él perciba que ha sido un fiasco (que no digo que no los haya, sólo que son tan escasos que yo no he llegado a leer uno). Porque, al final, esa inseguridad someramente mencionada se les pasa rápido según entran en faena y acaban por ser unos expertos.

Así que me reboté y Todoroki pagó los platos rotos XD. También es cierto que él tenía muchas papeletas porque al juntarle con Yaoyorozu podía explotar la faceta de añadirle presión por estar con una chica que se la puede considerar como la fantasía de otro montón de chicos XD. Pero así se le juntaba todo: estar con la novia que quiere —la cual para él es la mejor (por supuesto ^o^)—, ser la primera vez para ambos, el hecho de que además se van a separar… Es decir, compendio de todo XD

Y bueno, que me dio por hacer este fic. Espero que os haya gustado de todas formas ^_^º

¡Un saludo!

PD: Si dejáis reviews, que sepáis que los leo y los respondo si tenéis cuenta. Pero en caso de no tenerla, gracias por ellos *o*