Así que, creo que lo primero para explicar es que clase de Au es este. Básicamente estoy alterando un poco la línea de la historia básica. Iré explicando como funciona todo esto entre la historia, anotaciones, etc.


Cuando le hablaron por primera vez de la forma tan desinteresada en la que su reino ayudaba al pueblo de Berk, se sintió orgullosa de haber nacido en tal posición social y en el lugar indicado, ayudar a quienes lo necesitaban, ese era el principio básico de su pueblo. Ellos, el reino de Noruega, impedían la destrucción de un clan, la perdida de su cultura y la desgracia de sus habitantes. Era Noruega, el reino poderoso que se habían ganado cada uno de sus títulos, el reino poderoso que no dudaban ante la idea de ayudar a quien lo necesitase. Sin embargo, por mucho que al inicio estuviese orgullosa, pronto empezó a tener miedo. ¿Vikingos? ¿Un joven desconocido mayor que ella por cuatro primaveras? ¿Bestias infernales que parecían no temer al acero? ¿Acaso ella acabaría viviendo rodeada de todo eso una vez se casará?

Era lo que tenía que hacer, de eso no tenía duda alguna, pero cuando cumplió la edad de once años y los aplazamientos dejaron de tener sentido, pues ahora que los berkianos ya no peleaban con los dragones no podía usar su miedo a la guerra como excusa, significaba que ella tendría que visitarle por primera vez. Llegó en un precioso y enorme barco hasta la pequeña isla que cumplía el papel de hogar de aquellos vikingos. Debía admitir que la nueva paz de dragones y vikingos la aliviaba un poco, se sentía más segura al saber que no llegaría a un pueblo en medio de una guerra. Pero los vikingos seguían siendo personas temibles, hombres enormes que podían talar árboles con sus manos desnudas, mujeres que, rompiendo las normas de su reino, peleaban junto a los hombres, manteniendo viva la cultura y llevando con ellas la fortuna familiar. Cuando le dijeron que era un vikingo el hombre que desposaría una vez viese veintiuna primaveras, su cuerpo entero se retorció en escalofríos, preguntándose como sería un hombre de esa índole, causando que todo su viaje estuviese manchado por el terror y los nervios.

Sin embargo, a pesar de que esperaba a un adolescente de anchos hombros, fuertes brazos y horribles modales, lo que se encontró fue un pequeño y escuálido muchacho que, a pesar de ser cortés, no podía evitar soltar uno que otro comentario sarcástico. Se negaba a dejar de tutearla y a penas de inclinaba como debía ante ella o ante sus padres, no disimulaba sus sentimientos, no retenía sus ideales, tampoco callaba ante una orden, no, él peleaba.

Tumbada en el pasto verde, le dijo: –No respetáis nada –él dejo de mirar las nubes para colocar sus verdes iris sobre los de ella. Hizo una mueca molesta.

–¿Ahora que he hecho? –musitó frunciendo el ceño, confundido e indignado–. ¿Algún día haré algo que no te moleste?

–¡No! –suspiró alzándose un poco–. No es que me moleste –alejó su mirada, espantada por la intensidad del vikingo–, es admirable –murmuró, aún sin verlo.

Escuchó una risilla amarga, lo que llevo a sus ojos de nuevo a él, siempre a él. –¿Admirable? –su sonrisa era torcida, poca atractiva para los estándares de su propio pueblo y para el pueblo de él–, creía que te volvía loca.

Sus blancas mejillas se llenaron de colores cálidos.

–Lo hace –confesó, acercándose a él, fijándose ahora en sus delgados y desgatados labios, él, sin embargo, se alejó de un brinco, como si de pronto ella desprendiese el fuego de la guerra. Ella también se sentó más delicadamente, intentando buscar nuevamente aquella cercanía rota. Él suspiró agotado por su comportamiento, se levantó, luego sujeto los brazos de ella para alzarla, dándole a entender que el lindo momento había encontrado su fin.

–No –dijo firmemente, rompiéndole el corazón–. Todavía eres una niña –explicó, empezando a caminar, asegurándose de no dejarla atrás.