Los personajes y localizaciones son propiedad de Disney, Dreamworks o de quien quiera que tenga los derechos. La historia en sí se publica bajo una licencia Creative Commons de tipo BY-NC-SA.
Esta historia es una secuela de "Luna de miel a la vikinga", de eglomer.

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Astrid vio a su marido apoyado en la barandilla del barco con la mirada perdida en el infinito.

—¿Alguien está necesitando un abrazo? —dijo ella sobresaltándole. —Sí… Puede que un abrazo de Patapez me viniese bien… —contestó él tras volver a la calma con una sonrisa pícara cruzando su cara.
—Justo lo que imaginaba. Pero, para serte sincera, no tengo ánimos para hacer tres semanas de viaje de vuelta sólo por un abrazo, así que vas a tener que conformarte con el de la jefa vikinga más fuerte de todos los tiempos. ¿Qué opinas?
—Está bien, si no tengo elección... —dijo Hipo fingiendo decepción.

Astrid le regaló un codazo en las costillas y, sin darle tiempo para recuperar el aliento, le abrazó con toda su ternura.

—No te preocupes, seguro que está bien. Es una mujer fuerte, inteligente y experimentada. Está ahí fuera en algún lado y nosotros vamos a encontrarla.
—Lo sé, lo sé —dijo Hipo dejándose llevar por el abrazo. —Es sólo que… hace ya tres meses que desapareció y no tenemos ninguna pista de a dónde o por qué se ha ido —el chico suspiró desalentado. —Si tan sólo hubiese alguna forma de saber que se encuentra bien…

Astrid se puso a acariciar su castaño cabello delicadamente y a juguetear con aquellas pequeñas trencitas que tanto adoraba mientras la aurora comenzaba a iluminar el cielo nocturno. Aquella imagen realmente hermosa le hizo recordar momentos pasados: emocionantes, divertidos y aterradores momentos pasados. Y entonces ocurrió: como si de un regalo de la aurora se tratase, la mejor idea de su vida llegó su mente.

—¡Quizás la haya! —dijo llena de una repentina motivación.
—¿El qué? —contestó él sin entender a qué se debía el entusiasmo.
—¡Creo que podemos averiguar cómo encontrarla!
—¿En serio? —exclamó él dejando arrastrar su ánimo antes incluso de saber de qué hablaba. —¿Cómo?

Ella sonrió de oreja a oreja y le dedicó una única palabra.

— Ah-to-ha-llan. —¡Oh, Thor! ¡Por supuesto! ¡¿Cómo es posible que no se nos haya ocurrido antes?!

Hipo deshizo el abrazo y la sujetó enérgicamente por los hombros.

—¡Eres maravillosa, ¿lo sabías?!

Entonces, le dio un pequeño y enérgico beso en la frente y echó a correr en dirección al timón para cambiar el rumbo de su knarr al grito de "¡Ahtohallan, allá vamos!"

—Por fin sonríe… —dijo Astrid para sí misma sintiendo un profundo alivio. —Aguanta, Valka —susurró mirando de nuevo al confín del océano, —allá vamos.