"Ad Astra."

Por B.B. Asmodeus.


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Parejas principales: Kou Seiya (Sailor Star Fighter)/Usagi Tsukino (Sailor Moon).

Parejas secundarias: Kou Yaten (Sailor Star Healer)/Haruka Tenoh (Sailor Uranus). Mamoru Chiba (Tuxedo Mask)/Usagi Tsukino (Sailor Moon).

Rating de este capítulo: Adult por escena Lemon.

Categorías/Advertencias: Saltos en el tiempo. Realidad Alterna de Temporada Sailor Stars. Humor. Romance. Drama. Temas de ansiedad y ataques de pánico. Lenguaje fuerte. Embarazo adolescente. Embarazo no planeado. Temas de sexo sin protección entre dos menores de edad (aunque depende del criterio de cada país). Infidelidad.

Notas especiales:

(a) AQUÍ SE RESPETAN A LAS SPICE GIRLS. ES MI FANON QUE NUNCA SE SEPARARON.

(b) El personaje de la Subteniente Mortimer es un ligero homenaje a Misato Katsuragi de Neon Genesis Evangelion, quien comparte voz de doblaje japonés con Usagi Tsukino/Sailor Moon. Aparte de ser otro de los personajes de anime que aprecio un chingo, me pareció muy lindo tenerlo de guiño. Además, lo considero un humilde homenaje a la recién fallecida actriz de doblaje Toni Rodríguez, quien le dio vida a Misato en la versión latina. DEP.

(c) Siento que debo ser muy clara con los puntos de vistas de Usagi y Seiya. Cada una tiene su propia versión de lo que su "encuentro especial" significó, más no quiere decir que tengan razón. Seiya está asumiendo muchas cosas por hecho, sin la consideración de Usagi y viceversa. Hasta que ambas no se sienten a hablar de manera clara, esos mensajes y malentendidos persistirán. Por favor, recuérdenlo al leer la escena de apertura. Además, no le guarden rencor a Seiya por sus aventurillas amorosas. Usagi le rompió el corazón al final de Stars y tenía derecho a manejar eso de la manera que le viniera en gana. Nunca pensó que volvería a ver a la mujer que ama.

(d) Este es el capítulo donde Usagi tendrá su crisis bi (sexual). Traigan las palomitas. Será divertido.

Sinopsis: Post-Stars. Usagi Tsukino deberá superar una batalla más mortal que la encarnada contra el Caos: crecer. Al menos tendrá compañía.


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4.

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"«La última vez que tuvimos esta conversación

Decidí que deberíamos ser amigos

Pero ahora estamos dando vueltas en círculos

Dime, ¿este déjà vu nunca terminará?»"

-Spice Girls (Say you'll be there).

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Antes.

A.K.A.

Los cinco minutos más largos de la vida de Kou Seiya.

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"Tienen cinco minutos."

El ultimátum hizo eco por la habitación con la misma finalidad con la que Seiya sentía había perdido su corazón.

Estaba al descubierto, pulsando con fracaso, fidelidad, humildad—

La puerta se cerró. Quedaron a solas.

—resignación.

"Bombón, las cosas que te dije ayer." Seiya supuso que entre más rápido sacara las palabras, más fácil sería para ambos tener esta despedida. "Eran en serio."

Usagi Tsukino se presentó frente él con una expresión difícil de interpretar. La chica echó un vistazo rápido a la puerta y jaló de la manga de su suéter rosado. "Seiya, yo quiero…"

Seiya estuvo por avanzar, y parpadeó al súbitamente tener a Odango más cerca que antes. Sus miradas se conectaron; energía tronó. El ambiente se volvió pesado, una expectativa no muy bien definitiva cargando los hombros del cantante.

"Por favor, no te sientas mal—"

"Lo que me pediste." Usagi le interrumpió. Alzó su rostro hacia él con valentía. "Sobre reemplazar a Mamo-chan."

Seiya apretó sus puños al escuchar la mención. ¿Por qué seguía viva la adoración, a pesar del sufrimiento al que ese tipo la estaba sometiendo? "No puedo soportar verte así de triste por su culpa, Usagi."

"¿Por qué?" Ímpetu brotó de esos ojos añiles, y profundos. "No lo comprendo. Seiya, todo lo que te causo son problemas."

"No digas eso." Seiya quiso tocarla. Borrar su tristeza. No hizo ningún movimiento, sin embargo, no queriendo asustarla. "Me gustas mucho, Odango. Poder darte algo de consuelo, es todo lo que pudiera desear en estos momentos."

Ahí estaba. La verdad.

La admisión llenó de rubor el rostro de la chica. Para Seiya lució todavía más atractiva. Hilos rubios salían del peinado de Odango, puesto que su estilo no se encontraba tan impecable como lo era normalmente. Seiya quiso engañarse a sí mismo, pensar que él era la causa del duelo de emociones dentro de Usagi.

Un perfume ligero a vainilla le acarició, invitándolo a resumir la distancia aún más.

Usagi se levantó de puntillas.

El abrazo fue un gesto inesperado. Aun así, lo conmovió. Fue la primera vez que Usagi inició un gesto así, sin que la vida de alguno de los dos estuviera en peligro. Seiya rodeó la cintura de la chica con cariño, resoplando ante el fuerte apretón.

Sintió a Odango estremecer, respirar hondo. "Seiya."

Seiya recurrió a su arma primordial, bromear. "No desesperes, Odango, no voy a ninguna parte… Puedo permanecer contigo el tiempo que quieras."

"Mentiroso." Los dedos de Usagi se encajaron en los cabellos de su nuca. La sensación casi lo tumbó de rodillas. "Es lo que menos tenemos ahora mismo—¿Por qué? ¿Por qué es tan horrible que no tengamos tiempo?"

Escuchar el sollozo tratando de frenarse de la garganta de Usagi, Seiya apretó sus párpados, queriendo negar la realidad. Sus labios descendieron, idiotizados por la esencia. "Tranquila… Cuando acabe el concierto, te secuestraré, y nadie nos encontrará."

El primer beso fue un error. Sus labios presionaron la muestra de ternura en la piel del cuello de Usagi de forma fugaz, apenas haciéndose sentir.

Lava calentó su sangre con el contacto piel a piel. La estrella de inmenso resplandor lunar consumió la de Seiya en un instante, cegándolo—cegándolos.

Las manos de Odango levantaron su rostro.

THUMP-THUMP.

Descubrió la mirada de Usagi oscurecida, sus labios entreabiertos.

"Sólo quiero que comprendas, que sin darme… Me enamoré de ti, como no tienes idea." La confesión rompió normas, hasta las mismas reglas que Seiya había decidido aplicar por las últimas veinticuatro horas. No había planeado compartirla, nunca. Pero Odango había tenido que sorprenderlo de nueva cuenta, apareciéndose a minutos antes del concierto.

De repente, Seiya sólo quiso desahogarse.

De todo.

Usagi rozó el pómulo del cantante con la delicadeza de su pulgar, observándolo con intensa inspección. Su silencio fue sofocante.

Así que, Seiya continuó. "¿Qué más puedo perder al decírtelo? Dentro de poco dejaré de ser el cantante Seiya Kou, y mis sentimientos perderán importancia." Ante el silencio, un sonido de frustración brotó de su garganta. "Bombón, ¿podrías decir algo—"

El beso le paró el alma.

Aun ni en sus sueños, Seiya pudo haber creído esto posible.

Sus manos se amarraron a la cintura de Odango, guiadas por instinto. Su boca presionó en fuerza reciproca, y con un suave gemido, los labios de la chica cedieron acceso. Astros. Seiya curveó su rostro, sus cuerpos se buscaron, queriendo sincronizar.

Una de las manos de Odango jaló de su cuello, presionándolo hacia ella con pleno arrebate. Hipnotizado, Seiya obedeció. Estrechó la cintura contra su cuerpo, la fricción despertando ansias, un lado de su naturaleza que sólo había utilizado para sostener manipulación sobre otros.

"Podemos tener…" Usagi jadeó contra su mejilla, la punta de su nariz, su labio superior. "Podemos tener este momento, Seiya."

-Shimatta. Seiya los encaminó hacia atrás, lógica huyendo del camerino. No descansó hasta tener a Usagi arrinconada sobre la pared. Una risa incrédula fue devorada por la otra boca impaciente. Teniendo dos sillones totalmente a su disposición, y hasta una maldita mesa, la pared fue su elección—Usagi onduló su cadera, y la mente de Seiya emblanqueció.

Era una unión sin compromiso, lo que Usagi le brindaba.

Una piedad, seguramente nacida de un corazón que era demasiado grande. Seiya había ofrecido consuelo, y Odango lo estaba aceptando. Ser usado fue una patada en el estómago, sí, pero rehusarse fue impensable.

La química que siempre los rodeó, por fin encontraba punto de ebullición. Los besos fueron agridulces, así como de alcance limitado. Seiya nunca divagó de los labios rosáceos. Sus manos temblorosas, por otro lado, actuaron en urgencia, levantando a Usagi del suelo.

Seiya había filmado escenas románticas en su carrera profesional lo suficiente, para percatarse de lo que seguiría.

Y si hubo un milisegundo de duda, Usagi lo descartó, al dirigir una de sus manos al cinturón del joven. Maldiciones fueron tragadas de regreso de parte de Seiya, en delirio total por la señal. No queriendo rebajar a Odango a ese nivel, Seiya se encargó de la tarea, sus dedos temblorosos. Eventualmente sus bocas se sellaron de nuevo, y los brazos de Usagi se colgaron de su cuello con recelo.

A pesar de lo ilícito del acto, Seiya no dejó de ser un caballero. Cubrió a Usagi con las solapas de su saco abierto, consciente de que, si alguien entraba de improvisto, al menos de esta forma, la vista de su cuerpo sería protegida.

La falda de la chica fue empujada hacia su cintura con destreza. Seiya sólo pudo observar. Usagi se encargó de manipular su ropa interior, haciéndole de lado, y con un mohín estremecedor, uniendo sus cuerpos.

Seiya la besó con todas sus fuerzas.

Sólo sus jadeos fueron distinguibles, por un largo tiempo.

Seiya guardó lo que pudo para sí: los sonidos, la sensación de ser rodeado por la mujer que amaba de afuera hacia adentro, los movimientos de sus cuerpos—todo sucedió muy rápido. El mundo giró y giró, y Seiya sólo se pudo sostener de Usagi, sus caderas llevando un ritmo inexperto.

-Sólo habrá este momento. Seiya se recordó, su rostro escondido en el cuello de la terrícola. -Sólo tendrás este momento. Hazlo contar.

Las piernas de Usagi se apretaron alrededor de la cintura del artista, avisando del próximo clímax; su estrella le cubrió con su efervescencia, arrastrando a Seiya consigo—

—Un suave gemido, capturado entre sus bocas húmedas.

El momento acabó, Kou Seiya eclipsándose, al unísono.


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Actualidad.

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"¡Este es el vagón del entretenimiento! ¡Incluye el restaurante-bar y la cafetería! ¡También se le llama Saloon!"

"Sugoi."

"Este es el vagón para relajarse y disfrutar de la vista. A los pasajeros les gusta venir aquí a leer."

"Sugoi."

"Ahora estamos en el vagón número cuatro. A partir de aquí al ocho, encontrarás las habitaciones de la clase ejecutiva y de lujo. ¡Con capacidad para sesenta pasajeros! ¡En el siguiente vagón se estarán hospedando Yaten y Tenoh-san, y es donde comienza la clase de lujo… ¡Usagi, no te sientes todavía, esta no es nuestra cabina!"

"Aw—¡Digo, sugoi!"

Tres vagones después…

"Seiya, tengo que ir al baño." Vino el susurro culposo. "El maní cree que mi vejiga es un trampolín."

Minutos después, al ser dirigida a uno de los baños, Seiya pudo escucharlo.

"¡SUGOI!"

Al llegar, finalmente al ultimo vagón, Seiya se colocó frente a Odango para bloquear su camino, queriendo hacer de la primera impresión d Odango algo más especial. "Alto ahí, espera. Cierra los ojos."

Odango, malhumorada por haber recorrido ocho vagones sin recibir algún bocadillo, rodó sus ojos. "¿Qué? ¿Para qué?"

"Es una sorpresa." Seiya jaló de su bufanda en amenaza. "¿O me obligarás a vendarte la cara?"

"Uy, que misteriosa." Usagi cubrió sus ojos con sus dos guantes rosados. "¿Pero apresúrate, quieres? Tengo hambre."

"Usagi. Siempre tienes hambre." Seiya se posó detrás del cuerpo de la chica para comenzar a guiarla. "Sigue adelante, estamos en el pasillo divisor. Dos pasos más y abre la puerta—¡Aquí! ¡Así es, muy bien! Sigue adelante…"

Guio a la rubia por el pasillo del ultimo vagón, pasando de lado las puertas a sus camerinos. Era la última parte del tren lo que le interesaba, lo que Seiya quería que Usagi descubriera. El punto de atracción que hasta Yaten había ansiado para sí, la muy egoísta.

"Listo." Seiya ayudó a deslizar la última puertilla, empujando a Usagi levemente para incitarla a entrar a la última cabina. "Abre los ojos."

Estaban saliendo de la Capital, dirigiéndose hacia el norte, donde la lluvia eventualmente se congelaría, convirtiéndose en pesada nieve. La niebla del mar fue espesa desde la vista espectacular de los múltiples ventanales. El Palacio se alzaba majestuosamente desde el valle Kefalia, las reconstrucciones visiblemente en proceso de manera notable.

No le robó de su belleza, sin embargo.

Usagi indicó sabe apreciar la vista justo Seiya había sospechado, su mentón colgando y su cabecita alzándose hacia el techo, hecho de doble cristal transparente, conforme sus botines se introdujeron al corazón de la cabina.

"Oh, Seiya."

Estaban por avanzar en las áreas montañosas, y los primeros riscos eran visibles alrededor de las vías.

Seiya se posó detrás de la chica, sus manos sostenidas detrás de su espada. Se barbilla palpó el hombro de Usagi al acercarse a susurrarle.

"Sólo imagina esta vista de noche, llena de estrellas."

"Wow, eso sería…" Asombro se tejió en el susurro reciproco. "Realmente espectacular." El perfil de Usagi se ladeó hacia el suyo. "Como tener una ventana directa al universo."

"Ninguna estrella se compararía a la tuya, aun así." Oh, mierda. ¿En serio lo había dicho en voz alta? Entrando en pánico, Seiya trató de pensar rápidamente en una manera de aligerar sus palabras.

"Así que no era sólo una faceta de ser un chico." Usagi sonó satisfecha. "En verdad eres una romántica de corazón."

Seiya relamió sus labios. "Bueno, nuestras canciones no se escribieron por sí solas."

"¿Ves? Usagi le desafió, mirándola de reojo debido a su posición juntas. "No hay diferencia."

Seiya achicó su mirada. Con que la chica no se daría por vencida.

"No es lo mismo."

"¿Por qué no? ¿Acaso no cantabas antes de ir a la Tierra?"

"Odango."

"Sólo quiero conocerte mejor."

Seiya redireccionó su mirada al paisaje. "Siempre fui honesta con la manera que me expresaba contigo, incluso antes de que supieras quién era en realidad. Traté de decirte la verdad, ¿sabes? Más de una ocasión, quise contarte de dónde provenía y el motivo de nuestra misión en tu planeta… Pero, por los astros, cada vez que abría la boca, siempre hubo una maldita interrupción. Un pastel contra mi cara, un ataque del enemigo. Como si…" Seiya resopló por sus narices. "Como si el mismo universo se opusiera. Era totalmente frustrante."

Hubo un momento donde Usagi pareció procesar la confesión y ver sucesos pasados con nuevos ojos. "Nunca me contaste esa parte."

"¿Cuándo hubiera podido hacerlo?" Seiya suspiró. "¿Antes de que Taiki y Yaten se opusieran a que mantuviéramos contacto, o después de que Haruka-baka se volviera tu sombra?"

"Hubo momentos de tregua entre nosotras. ¿Qué hay del día del festival escolar? Pudimos haber hablado."

"¿Con el hoyo negro en el medio?"

"Ach. Ya sabes a lo que me refiero." Usagi reprochó. "¡Me hubiera encantado saber sobre tu mamá, por ejemplo! ¡O de que tu familia vive en las montañas! Cosas así."

"Nuestra misión tenía más alta prioridad." Seiya agregó con disculpa. Usagi suavizó su expresión con simpatía.

"Gomen, lo comprendo. No es mi intención despreciar lo que sí llegaste a compartirme, Seiya." Usagi se separó de su enlace, caminando al ventanal frontal. "Por mucho tiempo, lo único que he podido tener han sido suposiciones. Después de que se marcharon, las extrañamos. Yo te extrañé. Las chicas también, pero no pasó mucho tiempo para que ellas lograran asimilar su partida mejor que yo. A veces me ponía a pensar en lo poco que en verdad sabía de tu vida en Kinmoku, sintiéndome algo infantil por ser tan sentimental." La chica rotó sobre su eje para darle la cara, su espalda al paisaje espectacular. "¿Pero sabes? Para mi sorpresa, desde que llegué aquí, has sido la misma Seiya que conocí."

"Soy hija única."

Usagi pestañeó.

Seiya caminó hacia ella, pecho inflado y manos en sus caderas. "Soy hija de la Condesa, lo cual me dio una vida de mucho privilegio desde pequeña. Me gusta vivir bien." Seiya picoteó la barriga de la rubia. "Odio perder. Crecí acostumbrada a obtener lo que quería." -Y aprendí mi lección. "Me aburro con facilidad. Mis colores favoritos son el rojo y el azul. ¿Qué más? Oh, por tus estándares terrícolas, soy Leo."

Usagi sonrió.

"No me gusta la ropa de mujer." Seiya hizo una mueca, ganándose una sonrisa victoriosa de Odango.

"¡Recuerdo esa parte!"

"¿Ves? Sí te decía cosas." Seiya creó un puchero. "¿Qué tal tú?"

"¿Yo?"

"Es tu turno." Seiya tomó la mano de la joven para guiarla al largo diván perpendicular que partía la cabina a la mitad. "El Maní y yo queremos saber. Vamos, dime algo que en verdad me sorprenda. ¡Nada que tenga que ver con comida!"

"¿Algo que te sorprenda? A ver…" Usagi se concentró, sobando su mentón. "¡Lo tengo! ¿Sabías que tenía catorce años cuando me convertí en Sailor Moon la primera vez?"

La forma en la que Usagi lo anunció fue injustamente linda. Seiya trató de imaginarlo, una Usagi aun más joven cargando con las responsabilidades de guerrera. "¡Que gracioso! Es la edad que tenía cuando me convertí en Sailor Star Fighter."

"¿Oh, sí?"

"Hm-mm. Tenemos otra cosa en común, ¿ne? ¿Cómo sucedió?"

"Mm, verás. Luna fue la que me encontró, o bueno, la rescaté una mañana camino a la escuela mientras un grupo de niños la molestaban. Después, me siguió a mi casa y me otorgó mi broche de transformación." Usagi talló su nuca. "Era una niña mucho más llorona y cobarde en ese entonces, hehe."

De esa forma, fue como Seiya se enteró de manera más detalladas sobre los inicios de Sailor Moon en un pequeño distrito Azabuu Juuban. Se enteró de cómo al inicio, Sailor Moon había estado sola contra sus enemigos hasta encontrarse con Sailor Mercury y con Sailor Mars. Seiya fue succionaba en la fascinante serie de anécdotas del trío, y las grandes diferencias con la creación de las Sailor Starlights.

Seiya, Taiki y Yaten siempre habían estado juntas, desde el primer llamado al deber.

Seiya aprendió que Sailor Jupiter había sido la cuarta Senshi, y Sailor Venus la quinta, siendo la Sol Senshi con más experiencia de todas, al haber sido despertada por Artemis años previos a Sailor Moon. Había sido por esa razón, que en un inicio se le había denominado la líder del equipo.

"Creo que me emocioné mucho con la historia." Usagi bostezó, ante el primer descanso en su narración. "Gomen, Seiya. Creo que me robé tu turno un par de ocasiones."

"No te preocupes. He aprendido mucho." Con sus brazos cruzados detrás de su cabeza, Seiya se estiró a su gusto sobre el diván, observando el cielo nublado. "Has pasado por muchas cosas, Odango. Te admiro. Cuando nosotras fuimos llamadas como Sailor Starlights, Taiki, Yaten y yo, principalmente nos convertimos en guardaespaldas de Kakyuu-Hime por la mayoría del tiempo. Siempre creímos que fue un error el no haber estado mejor entrenadas para darle cara al ataque de Sailor Galaxia. Así que, nos rehusamos a confiarnos una segunda vez, al volver a nuestro planeta. Las reconstrucciones conllevaron mucho liderazgo… de las tres por igual." Una nube en especial, le pareció tener la figura de dos odangos muy conocidos. Seiya sonrió para sí. "Cuando Galaxia liberó a los miles de semillas estelares a través del universo, muchas de ellas revivieron con el potencial para ser Sailor Starlights y Kakyuu-hime las convirtió en parte del equipo. Fue grandioso descubrirlo, ¿sabes?... Por un largo tiempo, sólo fuimos nosotras tres."

"Nunca lo había pensado de esa forma." Usagi acomodó su cabeza sobre el soporte del diván. "Debiste haberte sentido bajo mucha presión, todo el tiempo."

Seiya frunció su ceño. Era la primera vez que alguien le daba voz a los sentimientos de la etapa más oscura, hasta ahora, en su vida. En efecto, Seiya había sentido presión en cada momento, tanto como Star Senshi y su misión, como Kou Seiya y sus responsabilidades de artista para establecer su éxito por el país, convencidos que entre más famosos fueran, más fácil sería para Kakyuu el recibir su mensaje especial. Su relación con Taiki y Yaten había sido puesto a prueba, una y otra vez, en resultado.

Sus sentimientos por Odango habían sido la única variable en la que sus amigas no la habían logrado convencer de descartar.

En ningún momento.

Odango continuó. "No puedo imaginar lo difícil que haya sido para ustedes. El ser de las pocas sobrevivientes de la aniquilación de tu gente, y aun así tener que adaptarte a otra cultura, conocer gente nueva, buscar a tu Princesa… ¿Y al mismo tiempo ser estrella famosa? ¡Wow, no puedo creer que tuvieras tiempo para atormentarme en tu tiempo libre!"

"Ya sabes." Seiya anunció, engreída a más no poder, apuntando a la barriga de la chica con una ceja levantada. "Para todo puedes tener la oportunidad, si sabes compartimentar tu tiempo."

Usagi rio con escándalo. "¡Seiya! ¡Que descarada eres!"

"Ay, sí. No te hagas la inocente." Seiya huyó de los manotazos con una carcajada.

"¡Hentai!" Luego, la chica quiso levantarse del diván por su cuenta, imitando a una tortuga boca arriba a la perfección. Seiya sólo se rio con más efusión. "¡Uy, que desconsiderada eres! ¡Deja de reírte! ¡Tengo que ir al baño otra vez!"

No sólo al baño; el estómago de la chica fue exigente en ser alimentado por igual, una vez que Odango estuvo de pie. Seiya la guio al que sería su camerino para darle la oportunidad de remover sus botas y su abrigo. Seiya pidió al camarero que su comida fuera traída a su vagón, sabiendo que Usagi caería dormida en cuanto saciara su hambre. Estaba comenzando a reconocer las señales.

"¡Por Kami-sama, es como vivir dentro de una lujosa película!"

Al volver al camerino, Seiya encontró a Usagi buceando el mini ropero de su suite, asombrada de que sus cosas ya hubieran desempacadas y colgadas.

"¡Seiya, mira! ¡Mis abrigos ya están aquí! ¡Hasta mis pijamas de rollos de sushi!"

"Sexy." Seiya apuntó hacía la puerta divisora que la separaría de la recámara de la rubia. La distancia era ridículamente corta. Aun así, Seiya quiso dejar claro que Usagi tendría su propia privacidad. "La comida está en camino, iré a cambiarme en algo más cómodo también, ahora que tenemos la calefacción encendida. Si necesitas algo—"

"¡Hai, hai! Te gritaré."

Seiya resopló para sí con humor. "Iba a decir, para eso está el camarero, pero siéntete libre."

"Gomen." Usagi se tornó hacia ella con ojos engrandecidos. "Se me olvida que estás ocupada y este viaje no es de vacaciones. ¡No te preocupes, no te molestaré!"

Por más que Seiya quisiera ceder a la tentación de no trabajar y dedicarse a ser guía de turistas para la terrícola, la realidad era otra. Había reportes que revisar, videollamadas que realizar, y preparaciones todavía pendientes antes de arribar a Kin-Norte. "¿Qué tal si hacemos un trato? Comemos juntas, si quieres tomas una siesta, y después te acompaño al vagón de Haruka-baka para que no te aburras. Así adelanto algo de mi trabajo."

"Seguro, seguro." Una sonrisa apenada floreció. "Sólo dímelo, y guardaré silencio, si ocupas concentrarte. Traje conmigo mi Walkman." La chica extrajo de su mochila el objeto con un mohín de victoria. "¡Tengo Spice Girls para rato!"

"¿Spice… Girls?"

"¡Sí, son geniales! ¡Minako y yo las AMAMOS! Puedo prestarte sus discos si las quieres escuchar también."

Seiya sintió curiosidad. "Huh. No sería mala idea actualizarme en las últimas tendencias de música pop de la tierra."

Una hora después, Odango vestía su camiseta del grupo que tanto mencionaba, compartiendo los nombres de cada una de ellas mientras les apuntaba sobre su propio torso—Mel B "Scary Spice", Mel C "Sporty Spice", Emma Bunton "Baby Spice", Geri Halliwell "Ginger Spice", y Victoria Adams "Posh Spice."

Salsa del espagueti que comían manchó el rostro de Scary Spice, pero Odango sólo lució aliviada que la mancha no hubiera caído en su Spice Girl favorita—la apuesta y divertida Sporty Spice.

"Cuidado, Odango. Me voy a poner celosa." Seiya alzó su ceja al hojear el cuadernillo de uno de los discos musicales que la terrícola había traído consigo. En toda sinceridad, las cinco vocalistas eran increíblemente lindas a su propia manera, y la canción que Usagi le insistió en escuchar con su Walkman resultó respetable. Mel B y Mel C definitivamente tenían las mejores voces. "Que extraño, no recuerdo haberlas escuchado en ese entonces y su primer álbum salió hace tiempo."

"¡Apenas se hicieron famosas por todo el mundo!" Usagi lamió salsa de su pulgar. "Aw, Minako pudo asistir a una de sus presentaciones en el Reino Unido. Tiene un amigo en Londres que pudo conseguirle dos entradas. ¿Puedes creer que la traidora prefirió llevar a Ami?" Un puchero llenó el labio inferior de la mujer. "No tengo pasaporte internacional y Ami sí, y mis padres no podían pagarme el boleto de avión."

"No te preocupes. Cuando vengan a Japón, conseguiré entradas para ti, yo y el Maní."

Usagi miró su vientre con acusación. "Conociendo a este diablillo, lo más probable es que pasaría más tiempo en los baños que en el verdadero concierto."

"Hablaré con él. Ya verás, se comportará." Seiya dictaminó con seriedad. Luego, se estiró con todas sus fuerzas, estómago lleno y corazón contento. "¡Tabemono o arigato!"

Usagi rio al reconocer la etiqueta de su país y le imitó.

Seiya llamó por el camarero para retirar los platos vacíos. Le sorprendió volver al camarote y ver a Odango colocándose su abrigo de regreso.

"¿No tomarás una siesta?"

"Iré a visitar a Haruka. La pobre de Yaten debe estar jalándose los pelos."

"Seguro, déjame sólo—"

"¡No te preocupes, Seiya! Ya me enseñaste el camino a su vagón, ya no soy una niñita, podré encontrarla por mi cuenta."

"¿Segura?"

"¡Sip!"

Para Seiya le resultó nueva la intranquilidad por tener al Maní fuera de su vista. Estrellas, si así se sentía desde ahora, ¿qué pasaría cuando el bebé llegara en verdad? Seiya los acompañó hasta el final de su vagón, observando a Usagi viajar al nivel siete sin ninguna ocurrencia fuera de lo normal. Seiya hizo una nota mental por apresurarse con su trabajo para alcanzarla, así como a Yaten, para la hora de la cena.

A solas, Seiya tomó asiento en el pequeño escritorio de su camerino. Miró de reojo la pila de reportes que ella misma había acomodado a lado de su computadora portátil.

La pila de reportes le devolvió la mirada, acusante.

Seiya suspiró.

"Después de que se marcharon, las extrañamos. Yo te extrañé."

"Detente. No te hagas falsas esperanzas." Seiya le gruñó a la computadora portátil, presionando el botón de encendido con fuerza innecesaria. "¿En verdad quieres revivir ese camino que llevará a nada?"

-Es diferente. Su propia mente le replicó. -Todo es diferente esta ocasión. Podríamos tener todo lo que hemos querido.

Seiya dejó caer su frente sobre el teclado.

-Podrías tener más que un sólo momento.

Seiya recordó la advertencia de Taiki, sin embargo. Supo tener el sano juicio de apegarse a lo acordado. No había otra opción, ¿cierto?

De aquel culminante momento que había obtenido de Odango, Seiya tendría la oportunidad de tener un hijo. Tener tal privilegio—ese tesoro—en su alcance, debía ser suficiente.

El momento había existido y se había ido, sin poder regresar. Pero al maravilloso resultado, oh si, a eso Seiya sí se podía aferrar con todo su corazón. Su hijo había comenzado a cambiar todo desde que Seiya había sostenido ese ultrasonido en su mano, haciendo de su mundo un lugar más brillante y emocionante—haciendo de los tenebrosos recuerdos de la Guerra con el Caos, una pesadilla del ayer; totalmente superable.

Seiya nunca había experimentado algo igual.

Este tipo de amor.

Seiya no lo dejaría ir. No desperdiciaría esta oportunidad.

-El pasado está atrás. Ahora sólo queda mirar al frente. Y pensar en lo que vendrá.

Esta vez, las voces traicioneras se abstuvieron de llevarle la contraria.


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"Yaten, acaban de dejar la capital."

"¡Estoy aburrida!"

"Estoy preparándome para una junta importante. No puedo ser tu fuente de entretenimiento."

"¿Qué no me echas de menos?"

"Como regla general, debo dejar de tener contacto con alguien por 42 horas para sentir nostalgia de ese tipo."

"Ach. No puedo creer que prefieras tu trabajo aburrido a platicar—Espera, no. Sí lo creo."

"Hablando del tema. ¿Cuándo enviarás tus reportes firmados de los patrullajes de los últimos siete días?

"¡Ups! ¡La señal ha comenzado a fallar! ¡Lo siento, Taiki, no te puedo escuchar!" Yaten colgó la llamada por el intercomunicador de muñeca. Suspiró con mal humor. "Traidora."

Un golpeteo llegó de la puerta de su cabina, entonces. Yaten dio un rápido vistazo al espejo. Nop, nada de pelusas sobre su vestido. El broche de perlas no se había movido de su lugar, adornando su mechón arriba de su oreja derecha. Aclaró su garganta y fingió estar muy "ocupada" con su computadora portátil.

"¿Sí, quién es?"

"¡Yaten, wuju!"

"Oh. Eres tú." Yaten rodó sus ojos. "Usagi-chan, adelante. Está abierto."

Justo cuando su cuerpo giró hacia la puerta deslizante de su camerino, la identidad de su visitante se hizo calcar. Lo que Yaten no esperó fue encontrarse directamente con la casa de ogra de Tenou-san, y no con la de Usagi Tsukino.

Yaten produjo un sonido de sorpresa (terror). Tenoh-baka lució igual de sorprendida, sus ojos viajando por la silueta de la Star Senshi.

"¡Yaten, vamos! ¡Vayamos a tomar un refresco a la cafetería! Haruka nos acompañará también. No te quedes encerrada aquí tu sola." La cabeza de Tsukino se asomó en último minuto, su estómago apenas cabiendo en la entrada. "¡Oh, sugoi! Yaten, que hermoso vestido. ¿De donde sacas atuendos tan geniales?"

"De mi buen gusto." Sonrojada, Yaten se puso de pie, buscando por sus zapatillas. "Además, soy una Teniente, tengo que impresionar a las masas sin importar las circunstancias."

"Pues ciertamente cumples el cometido." Usagi dijo pícaramente. "¿No lo crees así, Haruka? ¿Verdad que Yaten se ve muy bonita?"

Tenoh-san se dio la media vuelta y se apartó de la puerta.

-Punto para mí. Victoriosa con la reacción evasiva, Yaten descolgó su abrigo de nuevo, agregándolo a su look, por si la calefacción no era buena en el primer nivel. Salió del camerino con la nariz alzada a los cielos, ignorando completamente el trabajo atrasado sobre su escritorio. "¿Y Seiya?"

"Está trabajando. Prometió unirse a la hora de la cena."

Vaya, Taiki estaría orgullosa. "De acuerdo. Sé que esa tonta te dio el tour, pero apuesto a que no te ha compartido cómo nosotros nos divertimos en Kinmoku."

Usagi lució hechizada, estrellas saliendo sus ojos. "¡No, para nada!"

Haruka esperó a que ambas mujeres avanzaran por el pasillo hacia el nivel anterior, para entonces estacionarse detrás. "Koneko, no te emociones demasiado."

Usagi le sacó la lengua a su compañera. "Aburriiiidaaaaa."

Yaten escondió su sonrisa. "No te apures, Tenoh-cachorra, cero alcohol se involucra en este tipo de diversión."

El camino al vagón de la cafetería fue llenado con las múltiples expresiones de emoción de Tsukino. Definitivamente, la chica necesitada salir más seguido. Su excitación atrajo miradas extrañadas. Otros cuantos corrieron a esconderse despavoridos, al encontrarse como blancos de la mirada amenazadora de la Outer.

Al llegar, ya había varios grupos de invitados inmersos en conversación, risas, y bebidas. Buena música en vivo endulzaba la atmósfera, y Yaten reconoció la melodía actual—un clásico del norte. Yaten tomó la mano de Usagi para llevarlas a una de las mesas más amplias, llamando al camarero con su mano libre.

"Teniente."

"Sujiro, ya sabes lo que me gusta." Yaten le pestañeó un ojo al joven. "Tráeme un juego de cartas y tres malteadas de lalila, por favor." Sujiro se apresuró para complacer, y Yaten se dirigió a Usagi, al tomar asiento frente a ella. "Ahora, Usagi-chan, presta atención. Es tradición en nuestro planeta de disfrutar un momento de diversión y convivencia durante cualquier viaje que estés realizando, antes de la hora de la cena. Lo llamamos Asir luve. ¿Puedes ver a la gente a nuestro alrededor divirtiéndose ya?"

"Ajá. Sí, lo puedo ver."

"Debes ingerir malteada de lalila, te ayuda entrar en calor con este frio endemoniado—No pongas esa cara, Astros. No te voy a envenenar, ni a Seiya Jr. ¡Es perfectamente seguro para mujeres embarazadas!"

"¡Muy bien!" Usagi aplaudió con entusiasmo.

Sujiro regresó en ese momento. Para la curiosidad de la terrícola, el mesero colocó una botella en el medio de la mesa, vacía, y un juego de cartas en la punta, revueltas previamente para quedar intencionalmente desordenadas. Usagi pareció notar que en otras mesas ya habían empezado el juego entre ellos, causando la primera ola de risas entre los hospedados.

"¡Debes soplar!" Yaten presentó con una sonrisa. "Justo sobre las cartas para derribarlas. Pero sólo puedes tumbar una o dos cartas, no más. Sino pierdes y debes comenzar de nuevo." Luego, fue cuando Yaten implementó su plan malévolo. "Pero debes pensarlo muy bien antes de aceptar el reto, Usagi-chan. Porque los perdedores deben contestar una pregunta hecha por la que haya comenzado el juego. Sin trampas."

Haruka Tenoh enfocó su mirada láser en Yaten. "Que sutil."

"¿Qué? ¡Es tradición!" Yaten se encogió de hombros. "Claro. No te voy a obligar, Usagi-chan."

"¡No, suena muy divertido!" Usagi remangó su abrigo con determinación. "¡Oooh, como me gustaría que Rei estuviera aquí! ¡Por fin averiguaría si está teniendo ese romance con Yuuichirou!"

El camarero regresó con sus bebidas. Usagi se inhaló un primer sorbo, deteniéndose sólo porque Yaten la obligó a tomar más despacio. Tenoh-san, por su parte miró la bebida, la botella, las cartas, a Yaten, y al universo entero con sospecha y paranoia.

Yaten rodó sus ojos. "No sabía que aparte de tacaña, fueras una gallina."

"Y-Yaten." Usagi siseó con pánico, al oírla. "Uh, Haruka… ¡Es sólo un juego para divertirnos! Prometemos no preguntarte cosas muy personales, ¿ne, Yaten?"

Haruka achicó su mirada.

Yaten encumbró una ceja.

Usagi sudó.

"Como sea. Pero yo empezaré."

Fue el turno de Yaten sentir pánico. "Oi, espera—"

"¿Por qué? ¿Hay alguna regla tonta que no me lo permita?" Haruka ya estaba haciendo de lado su bebida para acercarse al juego de cartas. "Somos las invitadas especiales, después de todo. Sería increíblemente grosero el no dejarnos escoger nuestros turnos."

"Como quieras." Yaten ladró al final. "Anda, entonces. Sopla."

La maldita mujer lo hizo.

Una carta cayó a la mesa, con impecable precisión.

-Maldita. Yaten rodó sus ojos con la expresión presumida de la Outer. "Usagi, ¿quieres seguir tú, o pasas?"

Usagi pareció darse cuenta de la precaria posición en la que se pondría si llegara a perder, porque la chica le cedió el siguiente turno a Yaten.

Yaten sopló.

Las dos cartas de arriba tiritaron.

Yaten volvió a soplar. Una carta se movió—

El tren se detuvo.

—dos cartas se deslizaron hacia la mesa.

"¿Qué pasa?" Usagi preguntó con alarma.

Yaten, aliviada de haber tumbado más de dos cartas, batió una mano. "Nos detuvimos en la Estación de Comando Real de este perímetro. Suelen subirse tropas de la Guardia en este punto de la trayectoria para viajar a Kin-Norte. Nos comenzaremos a mover en unos momentos. No te asustes." De alguna forma, Yaten sintió que debería prestar más atención a este hecho. ¿No había Taiki mencionado algo relacionado a esta precisa estación de Comando? Mn.

Usagi aspiró de manera exagerada, su vientre hinchado golpeando contra la mesa con el enorme esfuerzo. Su resoplido fue cómico, mandando a volar todas las cartas por todas partes. Su chillido de decepción llevó a Yaten a una ola de carcajadas.

Hasta Tenoh-san pareció sonreír con el espectáculo. Fue de las primeras en comenzar a reunir las cartas de nuevo.

"Te facilitaré las cosas, Koneko." Haruka acomodó un brazo a lo largo de la silla de su Princesa, haciéndola tragar saliva de manera notable. "Ya sabes que no hay otra cosa que quiera saber más."

"Awwwww." Usagi lamentó con dramatismo. Su rostro se puso rojo. Yaten estuvo de inmediato, intrigada. "¡Haruka, es privado! ¡Ya te lo he dicho!"

"Es lo que sigues diciendo. Sólo confirma lo que ya sospecho. Fue antes de que se fueran, ¿cierto? ¡Ese tonto te convenció de despedirlo con sus ideas perversas!"

"Haruka, por favor." Usagi juntó sus palmas en súplica. "Pregunta cualquier otra cosa. Te juro que lo responderé con honestidad. No me hagas romper con la privacidad de Seiya para satisfacer tu deseo de venganza."

"Jum." Ofendida, Tenoh-san se reincorporó sobre su asiento. "¿Por qué demonios te importa tanto lo que esa tonta piense?" Entonces, la mujer se percató de lo que había hecho. "¡Oh, no, esa no fue mi pregunta!"

"Sonó como una." Yaten se metió de árbitro, para el monumental alivio de la rubia lunar. "Dispara, Usagi."

"Um." El tren comenzó a moverse de nuevo. Usagi miró entre ambas con más sudor frio corriendo por su frente. "¿Cuál era la pregunta?"

-Buen intento. "Vamos. ¿Dinos por qué demonios te importa tanto lo que la tonta de Kou Seiya piense?"

"Porque la tonta de Kou Seiya es mi amiga." Usagi exclamó con ofensa. "Y por si no lo habían notado, será la futura co-madre de mi bebé. A partir de ahora, mi vida estará vinculada a la suya por siempre—¡No la quiero enojada conmigo por tanto tiempo!" Lo último fue añadido con un tono infantil. "¿Han visto a Fighter enojada? Da miedo."

"Excusas." Tenoh descalificó con un gruñido. "Lo averiguaré, tarde o temprano."

Yaten dio un sorbo de su lalila. "Para el récord, apuesto 1500 yenes a que fue cerca del día de su soso festival escolar."

"NANI." Usagi se convirtió en un tomate, de nueva cuenta. "¿POR QUÉ CREES ESO?"

"¿Cómo no pensarlo? Recuerdo esa noche lluviosa. ¡Seiya estaba haciendo pedazos la batería de nuestro departamento! ¡Estaba insoportable, salió huyendo como si estuviera a punto de volverse un demonio! No me sorprendería que el cabeza caliente haya corrido directo a tu casa, Usagi. A cometer más tonterías, de seguro."

Usagi tosió parte de su licuado por las narices. "No fue—Quiero decir, sí fue a verme pero, ¡no sucedió lo que creen! ¡Me visitó sólo para conversar, lo juro! ¡Ni siquiera entró a mi casa!"

Yaten intercaló una mirada con Tenoh-san. Cálculos fueron compartidos. Estaban cerca.

"¡Bueno, es tu turno de nuevo, Haruka!" Usagi apuntó a la botella con desesperación.

Más afectada que en su primera ronda, al soplar, Haruka se llevó cinco cartas consigo. Con los roles inversos, Usagi se fue por cosas triviales, preguntando sobre qué prefería Tenoh-san más, correr en su motocicleta, o tocar el piano.

"Ninguna actividad. Me gusta correr en maratones, más que todo lo demás. Aunque ya no lo practico como en la secundaria."

"Oh, que interesante." Usagi le sonrió.

Yaten sopló de nuevo. Ganó.

Usagi, en esta ronda, no aplicó tanto alboroto y logró tumbar una carta. Tenoh, más recuperada, volvió a ser perfecta con su puntería. Yaten comenzó a aburrirse, y para agregar algo de diversión otra vez, movió la mesa adrede en el siguiente turno de Usagi. Por más que la chica quiso acusarla de tramposa, no se escapó de recibir otra pregunta.

Y Yaten ya estaba bien lista. "Dime, Usagi. ¿Alguna vez has tenido celos de Kakyuu-Hime?"

Los ojos de Usagi amenazaron con salirse de sus cuencas. Miró a Yaten con traición, adivinando que la pregunta provenía de la última conversación que habían tenido a solas.

"Eeto." Usagi miró a Haruka de reojo. Mordió su labio inferior. "Hai. Un poco."

Yaten le sonrió. "Si te sirve de consuelo, también ella."

"Um." Usagi lució incómoda, así como incrédula. "Hehe. ¿Kakyuu-Hime, celosa de mí? ¡Lo dudo mucho, sólo mírenla! Es hermosa, educada y elegante. ¡Todo lo contrario a mí!"

"¿Estás bromeando?" Yaten jugó con la sombrilla adornando su bebida. "Eres Sailor Moon. La salvadora de la Vía Láctea. Cuando antes no teníamos ni idea de tu existencia, ahora tu nombre circula por este planeta con tanta frecuencia como el nombre de su Soberana. Si eso no es competencia de alto rango, no sé cómo llamarla."

"No busco competir con nadie." Usagi murmuró. "Sólo deseo pasar desapercibida."

"¿Por qué? Pasar desapercibido es aburrido." Oh, cómo Yaten había deseado ser una mosca en la pared de la alcoba de Taiki, cuando la mujer le había informado a Kakyuu-Hime de los hechos recientes. ¡Claro, ew! ¡Las moscas eran asquerosas, pero por el chisme, Yaten lo hubiera soportado! "¡Sólo espera a que las fanáticas de esa tonta se enteren de que estás cargando al bebé de Sailor Star Fighter! Se convulsionarán de la envidia."

"¡Ssssh!" Usagi colocó un dedo en su boca para enfatizar la solicitud. "Baja la voz, Yaten, por favor."

Yaten rodó sus ojos. "¡No pueden entendernos!"

"¡Por favor, Yaten, cambiemos de tema!"

"¡Sólo intentaba ayudar!"

Tenoh-baka liberó un gigantesco bostezo. "No quiero seguir con este estúpido juego."

Yaten suspiró. "Todas las terrícolas son unas aguafiestas."

La mujer se tornó a Usagi. "¿Bailamos?"

Fue entonces que Yaten recordó la música en vivo, ahora adoptando un ritmo más sereno que se prestaba para bailar despacio y sin respeto del espacio personal.

"Gomen, Haruka. Con esta panza, sería algo difícil." Sonrojada, Usagi indicó adherirse a su silla con uñas y dientes. "¿Pero, por qué no invitas a Yaten? No es justo que no desquite su hermoso atuendo."

-Oh, con que así quieres jugar. Yaten se recordó de que la venganza era mejor servida fría, así que no explotó coléricamente como en la ultima ocasión. Decidió divertirse.

"¿Qué más da? Tal vez sea hora de que el infierno se congele por un rato."

Yaten se levantó de la cabina sin esperar por un rezongo, dirigiéndose al mínimo espacio donde tres parejas se ondulaban con la música. A sus espaldas, escuchó una batalla épica de susurros y gruñidos. Luego, todo culminó en Haruka Tenoh siendo empujada a la pista y Usagi dándole un entusiasta pulgar arriba.

Las espaldas de Yaten fueron empujadas con torpeza por el torso -tieso como tabla- de la Outer. "Nos tenemos que tocar, asumo."

"A menos que quieras jugar a los mimos. Por las estrellas, no voy a morder." Yaten tomó el mando, disfrutando a una Outer tan dislocada. "Yo debería temer de que me contagies algo."

"¿Qué dijiste?"

"Tú guiarás, yo te seguiré. ¿Suena bien? Bien." La mano de Yaten se entrelazó con la de Tenoh-san, y su mano izquierda se sostuvo ligeramente del hombro de la mujer. El brazo restante de Tenoh flotó en el aire, indeciso. "Anda, la gente está mirándonos raro. No quiero pasar vergüenzas."

Con un resoplido, la terrícola obedeció, vinculando su brazo alrededor de la cintura ofrecida.

-Whoa. Tal vez no pensé bien en lo que me metía. Estar a tan casi inexistente distancia de la terrícola parecía algo irreal—una alucinación, para ser específicos. Los senos de Yaten rozaron con el otro torso, descubriendo que, en ese departamento, Tenoh no había sido muy bien dotada. -Pobre. Con razón siempre está tan de mal humor.

"Así que, Tenoh-san. ¿Cuándo crees que Usagi se romperá ante la presión?"

"Con Haruka basta."

Yaten se dejó guiar por los lentos meneos del cuerpo de su pareja.

"Y sé que pronto."

"Ya en serio, ¿en verdad quisieras saber cuándo esos dos se acostaron? No va a ayudar con tu presión arterial. ¿Además? Ew."

"Eso no es lo que—" Frustrada, la mujer desvió la mirada a las otras parejas que bailaban. Yaten le pisó un zapato para atraer su atención. "¡Oi! ¿Qué te pasa?"

"No me gusta ser ignorada. Y te hice una pregunta."

"Grr." La Outer finalmente la miró directo a la cara, agachando su cabeza para asimilar la diferencia de alturas. "Quiero saber el momento exacto, para atravesar las Puertas del Tiempo, viajar al pasado, y detener esta locura desde el segundo en que a Koneko se le ocurrió seguirle la corriente a esa idiota."

La carcajada ayudó a calmar sus previos nervios. Yaten hasta golpeteó el hombro de Ten—Haruka con falso consuelo. "Buena broma."

Una pausa.

Yaten analizó la seriedad en la expresión de la terrícola.

"Era una broma, ¿cierto?"

Haruka escogió entonces hacerla girar en una pirueta. Los instintos de bailarina que Yaten había cultivado en la Tierra se encendieron en automático, dejando la música fluir por su cuerpo.

"Supongo que nunca lo sabrás por seguro."


[+]+[+]


Usagi observó a sus amigas bailar con una sonrisa risueña.

Aw, lucían lindas juntas. Si tan sólo Haruka no fuera tan dura de roer.

Tal vez fue observar a Haruka y a Yaten pelear y bailar, la música, la atmósfera, o la suma de todos los factores a su alrededor que llenaron el pecho de Usagi de nostalgia. ¿Hacia cuánto tiempo no había estado en los brazos de alguien, disfrutando de algo tan romántico como bailar?

La soledad había sido omnipresente por los últimos cinco meses, pero no caló tan hondo como este momento.

Usagi dirigió su atención a la ventanilla del Saloon. Ya era de noche y la lluvia rugía feroz. Los vientos fuertes silbaban con su poderío. Todo lo que Usagi distinguió fue gotas golpear el vidrio y siluetas borrosas de la flora boscosa de afuera. El clima definitivamente no ayudó para levantarle el ánimo.

O aliviar la presión de su vejiga.

"Pinattsu, ¿de nuevo? Debes tener más compasión de mí." Usagi lamentó para la privacidad de su vientre. Con un suspiro se deslizó de su asiento, escondiéndose detrás de las otras parejas para no distraer a la sobreprotectora de Haruka. ¡Merecía tener un poco de diversión!

Saludó al camarero con una sonrisa, y el empleado le abrió la puerta para salir del Saloon.

En el pasillo, Usagi rascó su nuca. "Uy, a ver… Recuerda, recuerda. ¿A dónde me llevó Seiya cuando quise ir al baño?" Había puertas por todo el pasillo, empeorando el dilema. ¿Cómo hacerle saber al camarero lo que ocupaba? ¿Cómo se decía retrete en idioma de Kinmoku? ¡Oh, Kami-sama!

Usagi, con el incentivo de que su vejiga no aguantaría mucho la espera, comenzó a espiar las puertas, tratando de encontrar algún letrero que se pareciera al de un baño. Tocó en una de ellas, recibiendo un grito del otro lado. Asustada, Usagi aceleró el paso a la siguiente.

"¿Por qué siempre me meto en estos aprietos? ¡Sólo quiero ir al baño!"

La última puerta tenía un letrero con un dibujo muy similar a un retrete. Aliviada, la rubia tomó de la palanca de la puerta y la deslizó con éxito.

Dio su primer paso, precipitada.

Su cara, de inmediato, fue aplastada contra un par de pechos de épicas proporciones.

"¡EEIII!" Todo el calor que le faltaba al clima actual se concentró en Usagi, hirviéndola con vergüenza de los pies a la cabeza. "¡GOMEN-NASAI!" Brincó de regreso al pasillo, sosteniéndose de la pared. "¡No sabía que el baño estaba ocupado! ¡Por favor, discúlpenme! ¡Debí tocar! ¡Oh, sí, debí hacerlo! ¡Le juro que no fue a propósito!" Cubrió su rostro con sus manos, sofocada.

Risas se filtraron por el pasillo, seguidos de murmullos de idioma foráneo, empeorando las circunstancias.

"Usualmente tienen que comprarme una bebida para conocer a Krysta y a Diana tan de cerca."

La voz resonó con acento forzado. Pero a pesar de ello, Usagi reconoció el japonés imperfecto. Destapó su rostro con la agradable sorpresa.

"¿Así de directos son todos los conejos de Vienna?" El amplio pecho en el que Usagi había incursionado estaba forrado en rojo—en un uniforme muy familiar. La insignia de la fuerza militar de Kinmoku resplandecía de la solapa del abrigo, parecido al atuendo de Seiya. Un vestido corto, negro, se asomaba debajo del abrigo abierto, dejando ver que los atributos bien definidos de la pasajera se aplicaban también a sus largas piernas.

La mujer batió mechones de su cabello púrpura de regreso a su espalda. Ojos almendras barrieron a Usagi de arriba y abajo.

Salió del baño con un guiño, despejando el camino al paraíso. "¡Todo tuyo, linda!"

"Arigatou." Invadida por el alivio, Usagi emprendió huida, cerrando la puerta tras de sí. "Nunca saldré de este baño por el resto de vida."

El Maní obviamente, tenía otros planes. Con la hora de la cena aproximándose, sus tripas exigieron ser escuchadas. Vencida a ser humillada de nuevo, después de hacer sus necesidades y lavarse las manos—así como echarse agua fría en su rostro—la chica deslizó la puerta lentamente, asomándose con curiosidad.

Mm. La costa parecía estar libre.

Usagi salió de puntitas.

"¡Vienna! ¡Ahí estás!"

Usagi fue confrontada con la mujer que había atacado sin querer. Dio la impresión de haberla estado esperando, su abrigo ahora colgando sobre su hombro.

"¿Eh?" Usagi emitió.

La mujer carcajeó de manera escandalosa. "¡Ha! Te lo dije. Para compensar a las mellizas, debes invitarnos un buen trago. ¡Y que sea algo caliente, por los Astros! ¡No puedo sentir mi maldita nariz!"

"Um." Usagi balbuceó, totalmente fuera de su elemento. "¿Comprarte un trago, dices?" Cielos. ¿Su dinero valía algo en este planeta? ¿O tal vez Yaten podría prestarle dinero?

"Asustadiza como conejo de madriguera." La mujer no tuvo timidez en acercársele para enredar su brazo con uno de los de Usagi. "¡Guarda tus chilettes, entonces, es la compañía lo que importa! ¡No puedes coquetear así y dejarme colgando!"

Usagi jaló del cuello de su abrigo con un deseo infinito de desaparecer con la pelusa. Este tipo de vergüenza total excedió lo verbal. Por más que Usagi trató de disculparse de nuevo, la fulana se carcajeó con sus tartamudeos.

Al volver a la Cafetería, la cena estaba siendo servida.

Yaten, de vuelta en su asiento, tosió una hoja de lechuga de su ensalada de regreso a su plato. Sus ojos engrandecidos se conectaron con la terrícola, y Usagi suplicó por ayuda, incapaz de desvincular su brazo preso del agarre de la mujer desconocida.

Fue llevaba a la barra que constituía el bar del Saloon. La mujer sacó un banco para que la rubia tomara asiento primero. Algo titubeante, Usagi se resignó a su destino, acomodándose despacio entre la barra y su barriga.

"¡Lebysky!" La mujer ladró una orden en idioma natal al bartender. Lo saludó con bastante familiaridad, sus manos entrando en contacto en un fuerte apretón, antes de que el joven se apresurara a servir, lo que fuera que se le había sido ordenado.

"Eh, no te molestes por mí. ¡No puedo tomar, en serio!" Usagi sacudió su cabeza con énfasis cuando el bartender volvió con dos copas. La copa más ancha, lució un líquido rojo, muy parecido a vino. La copa más pequeña y dirigida hacia Usagi, estaba rellenado de una sustancia gelatinosa y rosada.

"¡Dulce, Vienna!" La mujer metió un dedo en el contenido de la copa ofrecida a la rubia, lamiendo la punta con un sonido de delicia. "¡Es dulce, no licor! ¡Pruébalo, te gustará!"

-¿Por qué esta loca mujer sigue llamándome de esa forma? Usagi olfateó la copa con miedo. "¡Oye, mi nombre es Usagi, no Vienna! Usagi Tsukino." Se rehusó a aventurarse con la copa. ¿Qué tal si el Maní terminaba envenenado por su culpa? "Ya te dije que siento mucho haberte—ejem, tocado de esa manera. ¡Fue un accidente! ¡No estaba coqueteando contigo!"

"¿No soy tu tipo? Uch. Krysta puede ofenderse." La mujer en cuestión apretó su pecho derecho con énfasis, haciendo ver que el apéndice era considerado un ser con vida propia. "Tan fría."

-No mires a Krysta, no mires a Krysta, no mires Krysta.

Por supuesto que los ojos de Usagi se enfocaron en Krysta. El vestido ceñido hacía excelente trabajo de acentuar la buena proporción de los pechos que Usagi había aplastado con su cara.

Usagi formó un puchero de envidia. Aun con el embarazo, seguía sin estar súper dotada en ese departamento.

"¿Acaso todas las mujeres de este país tienen que lucir salidas de portadas de revistas?" Usagi murmuró para sí. "No es justo."

Olvidó que podía ser comprendida. La carcajada de su compañera de barra atestó a ello.

"Usagi Tsukino." La castaña repitió, evaluando cada sílaba. "Eres oficialmente graciosa."

"¿Tú crees? No se siente como un cumplido."

"Lo es. La guerra se ha llevado el sentido del humor de este pueblo y es hora de que no regresa. Así que aprecio tu facilidad para hacerme reír esta noche." La mujer golpeteó delicadamente su copa con la de Usagi. "¡Hasta al fondo!"

Y hasta el fondo, se fue todo.

Obviamente, la bebida de la mujer contenía alcohol. Las mejillas enrojecidas de la mujer fueron buenos indicadores, así como su sonido de satisfacción tras vaciar la copa. "¡AGH! ¡Asir luve a todos!"

"¡Asir luve!" Respondieron pasajeros cerca de ellas, levantando sus propios vasos, o copas, en saludo gemelo. Usagi parpadeó con curiosidad ante el gesto. En serio deseaba aprender más sobre las múltiples costumbres de Kinmoku-sei.

"¿Cuál es tu tipo, conejita?" La mujer regresó su copa al bartender, guiñando su ojo. "¿Altos y bonitos como Lebysky? ¿O acaso chicas misteriosas con mala actitud cómo yo?"

Usagi tragó saliva. En la punta de su lengua estuvo negar interés por otras mujeres en general, pero fue entonces que el recuerdo de Sailor Star Fighter la hizo dudar. ¿Qué Usagi no acababa de admitir a sí misma justo esta mañana, lo atractiva que encontraba a Seiya, sin importar su género? ¿Justo en cuál momento, se habían vuelto difusas las líneas entre Seiya-el-cantante, y Sailor Fighter, en su corazón?

-Lo sabes. Usagi apretó sus manos juntas, recordando el calor de las palmas de Seiya. -Sabes muy bien a partir de cuándo.

El día del concierto final de los Three Lights brotó por su mente—por su ser completo. La confusión de sus sentimientos, con la confesión de Seiya. La soledad causada por Mamoru. La tristeza de una inminente separación que Usagi no había podido controlar, entre los Three Lights y sus amigas.

Y más allá de todo, la desesperación.

Usagi recordó aquella estudiante tímida de la preparatoria que le había entregado una carta de amor para Yaten. ¡Que tonto de Usagi pensar que la carta de amor había sido para ella, en primer lugar! Nerviosa, su primera reacción había sido alentarla a enamorarse de un hombre, pero hasta Ami había pensado que una chica podría ser el tipo adecuado para su amiga. Usagi ahora se preguntó, ¿qué tanto de lo dicho había sido broma de parte de Ami?

¿En verdad, Usagi nunca había sentido curiosidad por otra chica? ¿Encontrar a Haruka apuesta al conocerla, contaba como verdadera atracción por una mujer?

¿Qué tal si los Three Lights hubieran sido mujeres todo el tiempo, disfrazándose de varones, como la misma Haruka lo había hecho en el inicio de su amistad?

¿Hubieran transpirado los mismos hechos de aquella noche, si Seiya hubiera permanecido como mujer durante toda su estancia en la Tierra?

La respuesta hizo que los interiores de la chica dieran un arrastre espectacular. Su hambre se esfumó. Y esta vez, Usagi no pudo inculpar al Maní.

"Lo que valoro es el corazón de la persona." Usagi admitió con epifanía alumbrando su voz. "Un buen amigo mío me enseñó que el resplandor de sus estrellas interiores debería contar más que lo físico."

"Que dulzura." Su acompañante le sonrió con más freno, contemplándola con su mentón en su mano. "Creo que tenemos más amigos en común de lo que pensaba."

"¿Eh?"

"¡Amo esta canción!" Mercurial, la peli-oscuro se levantó de la barra. "Vienna. Prometo que si bailas conmigo, consideraré perdonarte por tu previa agresión contra mis mellizas y no te molestaré más." La invitación fue manifestada con una mano extendida, terciopelo acariciando los oídos de Usagi.

Sonrojada, Usagi aceptó. Si bailar proporcionaría un borrón y cuenta nueva con esta pasajera, ¿qué tan malo podría ser?

Afortunadamente, la música no era acelerada. Las miradas de Yaten y Haruka les siguieron a la pista, una curiosa, y la otra más amenazadora. La pasajera las ignoró con caparazón de acero, atando su cabello suelto en una colilla alta. Dos franjas sueltas de cabello decoraron su rostro, y su mirada castaña resplandeció con las luces ambientales, divertida.

Usagi lo admitió, la mujer le recordó a Seiya tanto en el físico, como en su personalidad coqueta y extrovertida.

-Oh, no. ¿A eso se refería antes? ¿Tengo un tipo específico de personas que encuentro atractivas? Oi, ¿por qué no me había dado cuenta?

Usagi comenzó a menearse lentamente al ritmo de la música folclórica, por dentro inmersa en su crisis personal.

-¿Qué tal Mamoru? El hombre había sido completamente insoportable antes de haber recuperado sus recuerdos como el Príncipe Endymion. Su ego siempre había estado por los cielos, y el chico había salido con varias jóvenes atractivas antes de su relación con Usagi—¡Incluyendo a Rei! ¿Mamoru podría considerarse parte de su "tipo" también?

La mujer se deslizó hacia Usagi con sus propios vaivenes. "¡Ha! Estás dura como una tabla." Siseó con dientes blancos. "Relájate, Vienna." Los hombros de su acompañante subieron y bajaron para darle una lección. "¡Afloja esos huesos! ¡Sé que quieres divertirte!" Ciertamente, la mujer no tuvo problemas en descender su cuerpo de manera provocativa hasta el suelo, alzándose sin perder coordinación alguna, en segundos. Los otros pasajeros le aplaudieron por la hazaña.

"Sugoiii." El mentón de Usagi colgó en admiración. Una gota de sudor corrió por su cabeza de la impresión. "Tal vez si tuviera tres kilos menos, podría ser así de flexible."

La mujer cerró sus ojos al ritmo de la música, levantando sus brazos. Rodeó las espaldas de Usagi, presionando sus cuerpos juntos por un momento. Golpeó sus caderas contra las de la rubia, haciéndola reír.

El Maní dio una ligera patada, aprobando el ejercicio. Usagi procuró no realizar movimientos bruscos, suavizando la tensión de sus hombros. Poco a poco, su cuerpo obtuvo más soltura, sus párpados cayendo en momentos en apreciación de la bella música.

Su acompañante fue girada por otro de los bailarines, ambos riendo. Usagi sonrió, infectada por la atmósfera. Cuando la mujer regresó a su lado, tomó las manos de Usagi para inyectar más energía a sus movimientos. Hizo muecas graciosas y exageradas para hacerla reír—tuvo éxito. Usagi carcajeó de sus técnicas infantiles.

Había transcurrido mucho tiempo, desde que se había divertido de esta forma.

Su previa nostalgia se desvaneció. Usagi siguió extrañando a sus amigas—pero no al punto de dejarse abrumar.

"¡Mentí! ¡No estoy lista para dejarte ir de mi vista!" La pelinegra le anunció entre piruetas. "¡Sólo mírate, Vienna! ¡Podríamos seguir bailando así en mi camarote!" Un guiño prosiguió a la declaración.

Pasmada, Usagi soltó sus manos. "Hehe, n-no, no creo que sea buena idea."

Detrás de ellas, la puerta del Saloon se deslizó. Seiya Kou se metió de manera apresurada, jadeando de manera que indicó que había corrido por los últimos siete vagones a toda velocidad. Usagi levantó su mano para atraer su atención. Cuando los ojos engrandecidos de Seiya se conectaron con sus figuras, una expresión muy graciosa enmarcó su rostro.

Una extraña combinación de terror y furia, en su opinión.

"Ah, la Teniente nos ha encontrado." La Mujer Extraña torció su rostro en la dirección de la entrada. "¡Ha olfateado a su conejito!"

Los pelos de Usagi se pusieron de punta. "¡Shotto matte! ¡No soy la conejita de nadie!"

Seiya ya estaba entre medio de las dos. "Subteniente M. Mortimer. No te reportaste a mi vagón para avisar que ya estabas a bordo como los demás cadetes."

"Estaba entrando en calor en la hora de Asir luve, Teniente Fighter. Como puede ver."

Mortimer. Usagi repitió el nombre en su cabeza, aliviada de por fin tener un nombre para la desconocida.

"Asimismo estaba dándome la oportunidad de conocer más a fondo el cargamento especial descrito en los reportes de mi nueva asignación." Mortimer dejó de bailar, acomodando una mano en su cadera. Su mirada se fijó en Usagi. "Uno no tropieza directo contra una estrella así de deslumbrante y se rehúsa a no querer permanecer en su calidez el tiempo que se pueda."

Usagi odió sentirse como el centro de la broma, y no comprender exactamente la razón. Seiya tampoco lucía complacida.

"Suficiente de conocer por ahora, Subteniente. Usagi necesita un guardaespaldas, no alguien atosigándola."

"Seiya, no es para tanto." Usagi acarició el hombro de la mujer para ayudar a relajarla. "La Subteniente me ayudó en un momento de necesidad. Me dio mucho gusto conocer a alguien más que pudiera comprender nuestro idioma que cuando me invitó a convivir, por supuesto que acepté."

"¿Ves? ¡Todavía estoy en horas de trabajo!" Mortimer era tan alta como Seiya. Ambas mujeres se enfrentaron en silencio por un largo momento, mensajes secretos mandándose y siendo recibidos. Finalmente, Mortimer levantó su mano libre en despedida. "¡Ja ne, Vienna! ¡Reportaré directo a su vagón mañana temprano para coordinar el manejo de los turnos de seguridad de tu camerino!" Le aventó un guiño final. "¡Viste algo lindo por mí!"

Cinco minutos después, la Subteniente se había marchado, y Seiya seguía lanzando dagas a la salida.

"Ésa mujer." Usagi alcanzó a escuchar salir de su boca.

"Es… ciertamente extraña." Usagi quiso enmendar. "Aunque, divertida. En serio, Seiya, se comportó muy bien conmigo."

"No la defiendas. Su comportamiento ha sido completamente antiprofesional desde que puso un pie en el tren, si es que lo que Yaten me contó es de fiar."

¿Con que Yaten había ido de chismosa? Usagi suspiró. "Como sea, estoy exhausta. Iré a descansar."

"¿Comiste algo? Yaten dijo—"

"No aprecio ser espiaba por otras personas." Usagi interrumpió con incredulidad. Le trajo malos recuerdos, definitivamente. "Perdí mi apetito, prefiero ir a descansar."

"Odango—"

"Por mi cuenta." Usagi enfatizó, no sólo en la dirección de Seiya, sino incluyendo la advertencia a la entrometida de Yaten, y a la sobreprotectora de Haruka, quien ya había estado levantándose de su mesa para seguirla. Usagi volvió a suspirar, y más tranquila, se tornó a Seiya con una pequeña sonrisa. "Come tú, trabajaste toda la tarde. Estaré bien, ¿de acuerdo? Me tomaré una ducha y me iré a dormir, lo prometo."

Seiya lució como si comer su cena fuera de repente un horrible castigo. "H-hai, Usagi. Ten cuidado, por favor."

Mortimer cumplió su promesa, su ausencia siendo puntual durante el largo recorrido a su vagón.

Dejó a Usagi en paz.

Su cabeza giró con una marea de pensamientos diversos, la más reciente revelación sobre su persona dándole mucho que ponderar. El ducharse fue un proceso rápido, debido al reducido tamaño de la regadera. Aun así, el agua caliente fue esplendoroso contra su piel.

Al Maní le encantaban los baños de agua hirviendo.

Un tiempo indefinido después, la chica salió del baño de su suite envuelta en una esponjosa bata rosada, cepillando uno de sus largos mechones mientras tarareaba Never Give Up on the Good Times.

Sobre la cama, sus pijamas de rollos de sushi permanecían donde Usagi las había acomodado. Lo nuevo fue el plato sobre su mesita de descanso, cubierta con una tapadera plateada. Al destaparla, Usagi inhaló la deliciosa esencia de carne y queso, y así de fácil, su apetito fue renovado.

"Seiya." Usagi susurró, conmovida. "¿No te parece adorable lo mucho que se preocupa por nosotros, Pinattsu? ¡Oh, sabe a lasaña! ¡Que rico!" La rápida probadita la alentó a terminar de secarse antes de que su cena se enfriara. Con su cabello suelto, momentos después de vestirse, la chica caminó de puntitas a la puerta corrediza.

Tocó ligeramente sobre el pulido ocre.

"¿Hai?" Vino del otro lado.

Usagi deslizó la puerta un centímetro. "Gracias por la comida, Seiya."

La mujer apartó su rostro de su computadora para verla, la lámpara aluzando su expresión cansada. "Te conozco. Sé que después de las ganas de regañarme te vendría de regreso el hambre."

"No te regañé." Usagi se defendió con voz infantil. "Regañé a Yaten y a Haruka."

Seiya sonrió con humor. "Tienes razón."

"¿Estás ocupada todavía?"

"Nah, sólo revisaba de nuevo lo que debo memorizarme para mi reunión con Kakyuu- Hime mañana." Seiya estiró sus brazos a lo alto. Cerró la computadora.

"Oh, debes estar muy cansada." Usagi murmuró contra el largo y grueso mechón de cabello rubio acolchonando su hombro izquierdo.

Seiya miró a través de su timidez con facilidad, regalándole una sonrisa. "¿Quieres compañía?"

Usagi sonrió y asintió. ¿Por qué en este momento le resultó un desafío mirar a Seiya a los ojos? Sugoi. De repente acalorada, Usagi le brindó a Seiya el espacio para cruzar hacia su alcoba, también vistiendo su propia versión de ropa de dormir—un pantalón deportivo grueso, una blusa negra de tirantes, y encima cubriéndose con una bata satinada.

Al sentir a la mujer tomar pausa frente a ella, Usagi levantó su rostro en incógnita. "¿Qué pasa?"

"Tu cabello." Seiya apuntó hacia las interminables franjas rubias. "Nunca lo había visto suelto. Demonios, dejas a Rapunzel en vergüenza, Odango."

"¿Creías que dormía con mis colillas también? ¡No aguantaría el dolor de cabeza! ¡Pero mira!" Usagi estiró sus brazos en muestra y dio una vuelta. "¡Mis pijamas de sushi todavía me quedan!"

Seiya rio, caminando hacia la mesa de descanso de la habitación. "Algo me dice que pondremos la fortuna ahorrada por los Three Lights en buen uso cuando regresemos a la Tierra. ¡Además de comprarte mejor guardarropa, por lo que he investigado, necesitamos comprar muchas cosas para la llegada del bebé!"

Que Seiya estuviera investigando cosas para el Maní, le trajo una enorme sonrisa a Usagi. "¡Sí, lo sé! Las chicas me han obsequiado mucha ropa de recién nacido. Michiru y Hotaru me regalaron una cuna, pero todavía no tenía idea de donde acomodar todo. Por ahora, todo lo que me han regalado está guardado en la casa de Haruka."

Al sentarse frente a Seiya, Usagi no esperó un minuto más para atacar su plato. Seiya permaneció en silencio, contemplando el escenario de la ventanilla. Quizás haciendo cuentas en su cabeza. De reojo, Usagi tuvo dificultad de despegar su atención de aquel perfil, iluminado por el aura ámbar de las lámparas del camerino. La piel blanca de Seiya absorbió las tonalidades amieladas con gusto, reflejándolas de vuelta en sus profundos ojos azules.

Usagi carraspeó su garganta, analizando la mitad de la lasaña todavía con vida. -¿Cómo es posible amar a alguien, y encontrarla atractiva, hasta tiempo después? No lo comprendo. ¿Es normal?

Usagi nunca había dudado de amar a Seiya.

Más no quería decir que su relación con ella no fuera una de las más complejas que Usagi había tenido en su vida.

La falta de convivencia con Sailor Star Fighter podía ser razón para ello. Su relación con Eternal Sailor Moon, aunque cordial, siempre había sido distanciada la mayoría de la estancia de los Three Lights en Japón. No había sido hasta después de averiguar sus identidades como Senshis, que Fighter había mostrado preocupación genuina por Sailor Moon.

Por igual, después del asesinato de Kakyuu-Hime, Usagi había apenas comenzado a unir ambas identidades en una, preocupándose por Fighter y Seiya por igual. El terror por verla a las manos de Sailor Galaxia no había tenido discriminación para ella, el miedo de perder a Fighter le había consumido por igual.

¿Pero Fighter había sentido lo mismo que su contraparte? Seiya insistía tanto en marcar una diferencia entre ambas de sus identidades…

-Han transcurrido más de cinco meses para ellas desde la última vez que nos vimos. Usagi pensó, acongojada con el rumbo que estaba tomando su mente. -Seguramente, Seiya ya ha dejado de tener sentimientos por mí.

Ciertamente, Usagi esperaba que Seiya no hubiera estado sola todo este tiempo. Su amiga merecía encontrar felicidad de cualquier tipo, aunque fuera con alguien aparte de Usagi… Oh, por Kami, ¿qué tal si Seiya tenía a una persona especial, y Usagi lo había arruinado con su repentina visita?

No, Seiya seguramente lo hubiera mencionado desde un inicio, si fuera así, ¿verdad?

"Kinmoku a Usagi, cambio."

La rubia parpadeó, saliendo de su propia tortura mental. Al levantar su rostro, encontró a Seiya mirándola con curiosidad. "Oh, perdón. ¿Decías algo?"

"Es sólo que… Nunca te había visto tan concentrada, ni siquiera en nuestros exámenes de álgebra, Odango. ¿Te sientes bien?"

Usagi empujó su plato lejos y volvió a cubrirlo con la tapadera. Suspiró finalmente, satisfecha. Abrazó su estómago, aun pensativa.

¿Cómo compartirle a Seiya el remolino de emociones que le recorrían en estos momentos? Usagi quería asegurarse de sus sentimientos. Quería comprobar si su conexión con Seiya seguía siendo igual de fuerte, y no sólo sujeta a la existencia de su bebé…

Usagi siempre había sido mejor con acciones que con palabras, al final del día.

"Dime, Seiya. Si quisiera besarte en estos momentos, ¿me dejarías?"

Seiya le observó con intensidad del otro lado de la mesa. Usagi se sintió fulminaba con el peso de su mirada.

"Gomen… yo…" Usagi relamió sus labios con nerviosismo. -Tonta, ¿qué estás pensando? ¿Cómo se te ocurre preguntar algo así? "Yo…"

Seiya se levantó de la mesa. Usagi se rehusó a verla de manera directa.

"Descúbrelo."

El corazón de Usagi saltó a su garganta.

De pie en medio del limitado espacio de la cabina, la mujer presentó desafío con ojos suspicaces. El cuerpo de Seiya lució rígido en preparación, sus puños apretados a sus costados. Usagi intercaló sus miradas, sin embargo, y la calidez que encontró en sus gemas añiles—gemas que alguna vez la habían divisado hasta en lo remoto de una rueda de la fortuna—le dio el aliento a Usagi para levantarse ella misma.

Agarrando valor, Usagi se le acercó hasta que su estomago rozó con el torso de Seiya. La terrícola se sostuvo de los hombros de la mujer con rostro sonrojado, aunque emocionada. Respiró hondo con determinación. Al recargarse en la Star Senshi por soporte, las manos de Seiya le proveyeron estabilidad al sostener su cintura.

Cuando se besaron, el tiempo transcurrido perdió sustancia. Usagi encontró la misma dulzura. El mismo golpe de electricidad asaltó a Usagi de las hebras de su cabello, hasta las puntas de sus pies.

No hubo diferencia.

Seiya siguió siendo Seiya.

Usagi separó sus bocas, la distancia siendo mínima entre sus alientos. Miró las largas pestañas de la mujer, notando los ojos aun cerrados de la Star Senshi. Usagi enmarcó su rostro con cariño, embrujada con su belleza.

"Seiya…" La petición urgente se envolvió en una sola palabra. "¿Quisieras besarme de vuelta? Porque te dejaría hacerlo." -Siempre te dejaría, por Kami-sama. Incluso cuando no debí hacerlo.

Al escucharla, la otra mujer emitió un sonido quebradizo, reuniendo sus frentes y frotando sus narices en preludio.

Usagi fue presionada con ímpeto, su boca uniéndose a la de Seiya de nueva cuenta. De las cenizas de una vieja pasión, llamaradas se encendieron. Lentamente, Usagi fue encontrando sus respuestas, abriendo su boca para explorar a Seiya con gentileza y bastante interés. Sintió una mano hundirse en su cabello suelto, otorgando ternura, así como ricos escalofríos por la espalda de la rubia. Usagi aprobó de la sensación, y Seiya gimió en placer simultáneo.

De esta forma, Usagi encontró el camino de vuelta a aquella parte de su corazón que había cancelado y oprimido hasta la esquina más recóndita.

El momento de reconexión se extendió, tomando vuelo por sí solo.

Libre de limitaciones.


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Fin de Parte 4.

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NdA: Al contrario de lo que piensen, no había esperado que Seiya y Usagi se besaran tan rápido es este capítulo. Sí, ya sé, me gusta hacerlas sufrir xD.

Al final, Usagi tenía sentimientos que expresar ¡y en el nombre de la Luna, Sailor Moon luchará por su amor y la justicia que su relación con Seiya merece!

Una vez convencida que era el momento adecuado para que Usagi y Seiya avanzaran (así como la maldita trama), traté de enfatizar las diferencias y los paralelos entre el pasado y el presente. Espero les haya gustado.

FYI #1, mi Spice Girl favorita fue y siempre será Baby Spice / Emma. :) Solía vestirme de ella, aprenderme los pasos de sus coreografías y cantar con el clásico cepillo de peinar con mis amigas. ¿Qué puedo decir? Tengo debilidad por las rubias xD.

FYI #2, La Subteniente Mortimer no es ex de Seiya, pero su historia no dejará de morderle el trasero con el karma xD

¡No se les olvidé checar mi Board en Wattpad para ver la galería de imágenes que inspiran esta historia!