—¡Tranquila, Asia! ¡Aika está bien!

En el palco, una Asia con ojos llorosos tembló. Quería salir corriendo a donde sea que estuviese Aika para ayudarla.

—I-Issei-san… —dijo, su voz temblando—. ¿N-no lo viste? ¡A-Aika estaba…!

—Tranquilizate, Asia —dijo Eve. Su voz no era especialmente suave, pero tenía una cierta firmeza que hasta cierto punto resultaba reconfortante. Para Asia, en específico, que ella hablase en sí mismo era bastante tranquilizador—. Es cierto que las heridas de Aika son bastantes graves; pero en estos Rating Games nadie puede morir. Ahora mismo debe encontrarse en una enfermería siendo atendida.

—Eso es cierto, jovencita —agregó Zeoticus—. No tendría sentido reencarnar personas si los hacemos participar en juegos donde morirán. El creador de los Rating Games, que resulta también ser el creador de las Evil Pieces , diseñó un sistema lo suficientemente sofisticado como para teletransportar a cualquier Demonio cuando se encuentre en un punto donde su cuerpo ya no pueda dar más. Esa chica amiga tuya ahora mismo debe encontrarse siendo atendida por los mejores médicos del Inframundo.

—Si te hace sentir mejor, Argento-san, dentro de esos médicos deben encontrarse miembros de mi clan —comentó Sona. Era bien sabido que dentro de los Pilares Demoniacos que seguían con vida, Sitri era uno de los que mejores conocimientos de anatomía y medicina tenían. No por nada los cuerpos humanoides estaban en su mayor parte compuestos de agua.

Oyéndolos a todos, Asia suspiró y dio una sonrisa temblorosa.

—Entiendo —les dijo. Todavía quería ver a su amiga, pero en honor a ella aguantaría hasta que el Rating Game terminase.

Y hablando de ello, al ver su llanto terminado todos tornaron expresiones contemplativas.

—Armando plan tras plan solo para diseñar un esquema en el que encierra a su oponente haciéndole creer que él es el que marca el ritmo del combate… —Seekvaira cerró los ojos brevemente y se ajustó los lentes, impresionada.

—Es impresionante. Ya veo a que se refería, Lady Ravena —opinó Latía.

Ravena le dio una tenue sonrisa.

—Aunque no podemos quitarle crédito a la Peón de la joven Gremory —dijo Rudiger, haciendo alusión a lo que él creía era la razón de que la sonrisa de Ravena fuese tan tenue—. Esos Ojos Místicos suyos sin duda son toda una maravilla. Para cortar incluso a través de la mente maestra de la joven Phenex… Creo que cuando mínimo merecen el rango Arcoíris.

—Es el rango más alto de clasificación de los Ojos Místicos en las asociaciones mágicas —explicó Eve en un susurro a Asia y Issei, notando sus miradas confundidas—. Debajo de ellos están Joya, Plata y Piedra, con Piedra siendo el rango más bajo. Para dar un ejemplo, los Ojos Místicos de Medusa y el Dios Fomore Balor se clasifican de manera respectiva con el valor de arcoíris.

—Mis propios Ojos Místicos solo están en el rango más bajo de Joya, casi llegando a Plata —mencionó Elmenhilde, haciendo referencia a su Ojos Místicos de Influencia.

—Me pregunto cómo será pelear contra esa chica —dijo Sairoarg.

—Caray —Kuisha lo miró con leve molestia, aunque sonreía—. Sin duda que usted no cambia, Sairoarg-sama. ¿Alguna vez pensará en algo que no sea pelear?

Sairoarg le dio una sonrisa.

—La vida de un hombre son sus emociones, Kuisha —respondió—. Mientras este cuerpo mío siga en pie yo nunca dejaré de soñar con mover estos puños.

—¡Así se dice, Sairoarg-sama! —alabó Regulus.

—¿Por qué no me sorprende que lo apoyes? Tú y él son igual de cabezas huecas —Kuisha hizo un puchero, sintiéndose extrañamente insatisfecha—. Hombres tenían que ser. ¿No crees, Tiffania?

—¿A-ah? —Sacada de foco al ser repentinamente incluida en la conversación, TIffania sudó—. B-bueno, yo…

Guardó silencio, pensando que Kuisha se molestaría si le decía que encontraba admirable la determinación de Sairoarg y Regulus.

De todas maneras adivinando lo que pensaba, Kuisha suspiró.

Por su parte, Roldan también suspiró.

—La nobleza de tu hija sigue sorprendiéndome —le comentó a Zeoticus.

—¿Oh? —El mencionado miró su aire melancólico con sorpresa—. ¿Qué pasa? Ya no te veo tan animado como antes.

—Gane quien gane, no puedo negar el hecho de que la nobleza de tu hija ha puesto en jaque a la de mi hijo —respondió Roldan—. Raiser lleva algunos años en Rating Games, tiene casi el triple de siervos que tu hija, y sin embargo este partido está tambaleándose de una manera completamente impredecible. Lo que hizo esa Peón me ha abierto los ojos. Cualquier cosa podría pasar a este punto.

—Tienes razón, querido —dijo Venelana, ocultando las ganas que tenia de fruncir el ceño. Se sentía orgullosa por su hija. Había pensado que tendría jugar más cartas para atrasar el matrimonio entre Raiser y Rías, o en su defecto lograr que su matrimonio no fuese un infierno; pero se sentía orgullosa de saber que su hija y sus Siervos estaban sobrepasando sus expectativas. Sin embargo, no podía cantar victoria. Como dijo Roldan, a este ritmo cualquier cosa podía pasar, y todavía quedaban dos murallas terribles para ganar el Rating Game.

—«El Rey y la Reina —pensó ella —. Una muralla y una artillera especializada en acabar de un golpe con su poder explosivo. Un dúo mortal si se juega bien. A eso hay que sumársele una muralla estratégica como puede serlo Ravel Phenex, y que las dos Torres de mi hija están en la última. La inmortalidad de Phenex es un factor que podría resultar ser un obstáculo capaz de vencer los números»

Dando una mirada a la pantalla, Venelana, así como el resto de los espectadores, centró su atención sobre la penúltima batalla del Rating Game.

El duelo de Yubelluna y Akeno, pese a haber empezado ante que otras batallas, estaba lejos de terminar o siquiera de llegar a una conclusión.

Esto era por los poderes de ambas combatientes.

Ambas eran atacantes a larga distancia. Tenían un poder absurdo en sus movimientos, pero sus ataques eran algo imprecisos. No eran tan fáciles de atacar, y ambas Reinas eran más de lo que parecían. Cuando Yubelluna mandaba un destello mágico que explotaba a los pocos segundos contra Akeno, esta esquivaba y conjuraba un rayo mediante un Círculo Mágico. Entonces Yubelluna esquivaba el ataque, y repetía su accionar, poniéndose a ella misma y a Akeno en un bucle que parecía no querer acabar.

Era algo, realmente, intencional. Ambas Reinas sabían que, aparte del Rey, ellas eran las que gozaban de mayor poder destructivo base y durabilidad en sus respectivas Noblezas. Karlamine e Izabella tenían trucos excelentes contra los que quizás Yubelluna no podría defenderse adecuadamente; pero eran cartas de triunfo, y Yubelluna sabía que movimientos así podían usarse limitadamente y con cuidado. Tenían un riesgo altísimo de uso contra Akeno.

Lo misma pasaba con los Gremory, solo que en este caso las habilidades mostradas por Kiba y Koneko era unas con las que Akeno y ni siquiera los propios Kiba y Koneko contaban. Estaba al tanto de la existencia del Shinhana ; pero su posición suicida lo hacía inútil a los ojos de Akeno, y ella pensaba que sería un desperdicio que Mil-tan se abriese paso a golpes hacia Yubelluna, ya que eso la cansaría y tal vez Mil-tan podría ser de vital importancia para romper el espíritu de Raiser.

Por ello, la decisión de ambas Reinas fue simple: ganar tiempo y ver lo que pasaba.

El resultado fue un poco agridulce para ambas.

[El Caballero de Rías Gremory-san y el Caballero de Raiser Phenex-sama han sido retirados]

[Una Torre y dos Peones de Raiser-sama se retiran]

[El Peón de Rías Gremory-sama y un Alfil de Raiser-sama se retiran]

—«Yuuto, Aika… »—Akeno apretó los labios, guardando un leve luto para sus compañeros caídos. Al mismo tiempo, les agradeció por el esfuerzo que hicieron: por haberse llevado a un oponente consigo.

Mientras tanto, Yubelluna trató de ocultar su consternación. Había una diferencia muy grande en su pensamiento y el de Akeno, y era uno que venía de un detalle: el que ella y los demás miembros de la Nobleza de Raiser tenían experiencia en verdaderos Rating Games. Era como una bofetada en la cara que un par de novatos lograran llegar a esos resultados.

Lo que es más: Yubelluna sabía lo fuerte que eran sus compañeras. Y también sabía que Ravel las había enviado con la predicción de que serían contadores perfectos —o al menos los mejores tomando en cuenta de lo que disponían— contra sus oponentes. Yubelluna también tenía una confianza altísima en la mente de Ravel, así que ver un resultado como ese era todavía más impactante.

Karlamine, Izabella, Ni, Li, y Mihae…. Al menos Ravel seguía en pie, aunque no era un consuelo tan grande tomando en cuenta su enfermedad. Solo había tres miembros de su Nobleza en pie, y uno de esos era su propio Rey. Mientras tanto, Rías Gremory contaba con cuatro miembros, incluida ella misma. Cierto que, tomando en cuenta el poder de Izabella, sus Torres debían estar extremadamente cansadas, pero aun así era una ventaja que no podía ser pasada por alto.

Por eso, Yubelluna apretó los labios, mirando a Akeno con una determinación extraordinaria.

—Los tuyos me han sorprendido, Sacerdotisa del Rayo —admitió. Tenía el orgullo suficiente como para halagar a quien lo merecía—. Ya veo que fue un error dejarlos escapar. Debí hacerlos volar cuando tuve la oportunidad.

Un aura bastante notable de Poder Mágico rodeó a Yubelluna.

—Se acabaron los juegos preliminares. ¡Te haré explotar tan rápido como pueda y luego iré a por tus compañeros!

Y rápidamente, Yubelluna chasqueó los dedos, y múltiples esferas de energía surgieron a su alrededor.

—¡! —Akeno miró eso con ligera sorpresa. Hasta los momentos, Yubelluna solo había usado destellos explosivos de energía mágica en su contra —. Esto es un poco más difícil de esquivar»—observó, saliendo de la sorpresa rápidamente, estando calmada. Al fin y al cabo, al igual que Yubelluna ella no había estado dando ni siquiera su 50%.

Y como prueba de eso, fue el hecho de que ella repitió el acto de Yubelluna: chasqueó sus dedos para realizar múltiples ataques, solo que en lugar de esferas ella creó muchos Círculos Mágicos desde los cuales emitió rayos.

—¡ Ikazuchi ! —enunció, los rayos saliendo expedidos contras las esferas de energías, que explotaron de inmediato. Luego los Círculos Mágicos se movieron hasta rodear a Yubelluna en un ángulo de 360 grados y dispararle rayos por todos lados.

BOOM.

—«Golpe directo»—pensó Akeno, sintiéndose extrañamente decepcionada y manteniendo la guardia en alto por lo mismo. Que la aclamada Reina Explosiva fuese derrotada tan fácilmente le resultaba algo anticlimático.

Y tuvo razón en pensarlo, porque, aprovechando que una cortina de humo se había levantado, la Reina Explosiva había abierto un agujero en el campo de batalla con Magia de Tierra, escondiéndose en él para luego salir por uno que estaba justamente debajo de Akeno.

—«Como usa Magia, debe ser vulnerable a corta distancia »—pensó Yubelluna. Ella misma era un poco endeble si no marcaba cierta distancia, así que pensaba que sería el mismo caso con Akeno.

Lo que hizo fue simple: conjuró una esfera de energía entre sus manos y, aprovechando que estaba cerca, la lanzó hacia Akeno desde abajo para luego alejarse rápidamente. Lo malo de sus esferas era que explotaban al contacto, así que oponentes a larga distancia podían hacerlas explotar con proyectiles.

En este caso, sin embargo, esa estrategia era contraproducente. Si Akeno era capaz de reaccionar al ataque y lo hacía explotar, quedaría atrapada en la explosión de todas maneras. Y aunque conjurase un Círculo Mágico defensivo para protegerse, seguramente recibiría cierto nivel de daño.

—«Y si no lo hace, veamos cómo reacciona a esto»—pensó Yubelluna con una sonrisa depredadora, repitiendo el movimiento que Akeno hizo hace unos instantes: llenar el campo de Círculos Mágicos, que brillaron en forma de destello y luego simplemente explotaron

—Vaya, la Reina Explosiva y la Sacerdotisa del Rayo sin duda están a la altura de sus títulos —comentó Seekvaira.

—Fuerza, habilidad y durabilidad —Rudiger asintió en aprobación—. Son jóvenes, pero sin duda están llenas de talento. Sobre todo esa chica de pelo purpura. El tipo de magia que usa es bastante difícil de controlar y pese a eso la lleva de maravilla.

—¿Hmn? —Latía miró a Rudiger con curiosidad—. Rudiger-sama, ¿a qué se refiere exactamente?

—La Magia de la Reina Explosiva es uno que hace juego con su nombre: la Magia Explosiva —explicó Rudiger—, una combinación de Magia de Tierra y Magia de Fuego que permite crear una reacción química para hacer explosiones en su grado más puro.

—Es lo primero vez que oigo hablar de eso —comentó Issei a lo lejos, frunciendo levemente el ceño.

—Eso es porque es una magia única, Issei-sama —respondió Eve—. Solo hay una mujer en el Inframundo que es capaz de manejarla: su creadora, Yolande Stolas.

—La madre de Yubelluna

—¡!

Ante las palabras de Ravena, todos menos los adultos se sorprendieron.

—¿Y-Yolande Stolas? —repitió Sona, incrédula—. ¿La Emperatriz Flameante de los Terremotos y Explosiones Purpuras? ¿La líder del clan Stolas que asesinó al Demonio Ancestral Stolas sin ayuda de nadie? ¡¿Esa Yolande?!

Ravena asintió.

—Sí, esa misma.

—Pero… —Frunciendo el ceño con confusión, Kuisha no pudo evitar inmiscuirse. No había que olvidarse que en la Sociedad Demoniaca ella tenía cierta importancia, incluso aunque no fuera muy grande—. Tomando en cuenta la edad del actual heredero del clan, Yulius Stolas, ¿no debería ser Yubelluna la heredera primogénita del clan Stolas?

—Yubelluna es la hija primogénita de Yolande y su ya difunto marido, Yuruis Stolas —explicó ahora Roldan, asintiendo ante la pregunta, solo para hacer una mueca—. Pero en cuanto a ser la heredera, pues….

La repentina desaparición del destello de luz causada por las explosiones de Yubelluna lo interrumpió, ya que de inmediato todos centraron sus sentidos sobre la pantalla.

—«Ufufufu»—Protegida por un Círculo Mágico, Yubelluna casi cantó victoria. Ella misma solo había salido ilesa de su ataque porque había tomado la distancia necesaria. Su corazón no era tan arrogante como para no creer que Akeno no pudiese haber resistido su ataque, pero pensaba que seguramente la habría agotado y herido bastante. Fuera como fuera, era una victoria para ella, no importaba cuan minúscula fuera.

Vió la cortina de humo generada por su ataque. Luego usó Magia de Viento. No era muy experta en ella, pero no era como si serlo fuera necesario. Simplemente la usaba en momentos como ese: para disipar humo.

Lo que se le mostró, sin embargo, fue algo que la aturdió.

—«¡¿Qué?!»

¡Era Akeno! ¡Y estaba ilesa!

—¿Sorprendida, Reina Explosiva?

Yubelluna la miró sin palabras. Si su poder defensivo era tan alto como para quedar ilesa, ¡¿por qué en primer lugar había estado haciendo explotar sus esferas?!

Frunció el ceño.

—¡¿Me estabas subestimando, Sacerdotisa del Rayo?!

Akeno negó con una sonrisa elegante.

—Pensaba que podía reservarme ciertos movimientos —explicó. El porqué lo hacía en primer lugar fue algo que le dio mala espina a Yubelluna.

Y ella entendió la razón de ese mal presentimiento en cuanto vio como una capa fina de rayos rodeaba el cuerpo de su contrincante.

—¡¡¿?!!

—Contempla, Reina Explosiva —Akeno abrió sus brazos de manera jactanciosa—: ¡la Ikazuchi no Yoroi (Armadura del Trueno) !

Y antes de que Yubelluna pudiese reaccionar, Akeno apareció ante ella.

—¿ Ikazuchi no Yoroi ? —Issei alzó una ceja, mirando a Eve con suspicacia—. ¿Por qué siento que esto lo vi antes en algún lado?

Eve sonrió de manera divertida.

—Sus animes tienen ideas interesantes, Issei-sama.

El resto pensaba otra cosa.

—¡Pero que veloz! —silbó Sairoarg—. ¿Es que acaso toda la Nobleza de Rías se ha versado en velocidad? ¡Pareces un caracol a su lado, Kuisha!

Kuisha frunció el ceño.

—Sabe que mi estilo de pelea no se versa en la velocidad, Sairoarg-sama.

Dicho eso, Kuisha se prometió internamente cambiar ese detalle.

—Digno de la Reina de Rías —dijo Sirzechs por su parte con una sonrisa. Él, al igual que Issei, había captado cual era la inspiración de aquella técnica—. Veamos que puede hacer esta « Ikazuchi no Yoroi»

—¡ Ikazuchi-ken ( Puño Trueno)!

Y alzando su puño imbuido en rayos en contra de Yubelluna, Akeno dio un golpe directo contra la Reina enemiga.

Al ser golpeada, Yubelluna sonrió. Un mal presentimiento embargó a Akeno al ver eso, presentimiento que se volvió realidad cuando vió como el cuerpo de Yubelluna perdía colores y develaba estar hecho de arcilla.

Supo lo que iba a pasar antes de que pasara.

BOOOOOOOOM.

Lejos de ella, la verdadera Yubelluna dio una mirada seria.

—«Eso estuvo cerca»

Su sustito explosivo, uno de sus Bombdolls (Muñecos Bombas) , le había salvado de ser derrotada. Se alegraba de que el tren de pensamiento de Akeno fuese tan obvio. Jactarse de su armadura en lugar de simplemente atacarla y ya era una forma de causarle estrés psicológico. No negaría que lo había logrado, pero también le dio tiempo suficiente para crear un Bombdoll e intercambiarse por él.

Sin embargo, sabía que eso no volvería a funcionar.

—«¡Pero no me voy a rendir!»—dijo determinada. Su Rey contaba con ella. Todas las demás habían caído. Ese… ese era su momento de brillar. ¡Ese era su momento de complacerlo! ¡De hacerlo tan feliz como él la haba hecho!

—«Ufufufu»

De repente, Yubelluna sintió como un escalofrió atravesaba su columna. Creyó escuchar a una mujer reírse, lo que hizo ponerse en guardia de inmediato y conjurar un Bombdoll con forma de ave gigantesca. Se montó entonces sobre él sin guardar sus alas. Creía que si le inyectaba poder mágico y aprovechaba su interior explosivo podría imitar los principios de los vehículos humanos para ganar velocidad. Por eso le dio un tubo de escape al ave en lo que vendría a ser su trasero. Era un poco indecoroso, pero Yubelluna pensaba que era algo estúpido preocuparse por la apariencia en un momento como ese.

Alzó las manos, y creo a múltiples Bombdolls con su forma. También les dio sus propias aves gigantes y les dio la orden de volar mientras fingían atacar. Serian señuelos excelentes, en la opinión de Yubelluna.

Así, Yubelluna se alzó a los cielos rodeada de Bombdolls con su imagen. Y sin piedad alguna, llenó el campo de batalla de Círculos Mágicos y los hizo explotar.

No vió a Akeno, así que se decidió por literalmente atacar por todos lados.

Akeno, que había esquivado la explosión del Bombdoll con forma de Yubelluna, miró la escena con ojos fríos.

Y en un destello, apareció en el cielo, esquivando así los Círculos Mágicos explosivos de Yubelluna.

Fue entonces cuando todas las aves en las que estaban las múltiples Yubellunas graznaron y liberaron esferas de energías.

… O eso fue lo que parecía. Akeno pudo ver como las esferas de energía se formaban con un tiempo de diferencia extraño. Eso quería decir que los clones de Yubelluna no podían emitir ataques, y que era la propia Yubelluna las que las conjuraba por separado.

Pensando en eso, esquivó el ataque sin ningún problema, para molestia de Yubelluna, quien la mandó más esferas. Haciendo eso, Akeno pensó brevemente en lo que debería hacer.

Fácilmente podía atacar a todas las Yubellunas, pero eso sería bastante peligroso. Había visto que un solo Bombdoll podía generar una buena explosión. Si hacia explotar a todas las Yubellunas, la explosión resultante sería una de la que no estaba segura ser capaz de esquivar.

—«Afortunadamente, tengo esto»—se dijo con una sonrisa sádica.

Alzó sus manos, haciendo que la electricidad en su cuerpo destellase en sus manos. Y sin más, mandó una onda eléctrica a todo su alrededor.

Yubelluna sonrió ante eso. Estaba preparada para someter a Akeno en una gigantesca explosión incluso si salía lastimada.

Pero para su desconcierto, la onda eléctrica lanzada por Akeno no hizo nada contra sus Bombdolls . De hecho, pareció que ni la sintieron.

Sin embargo, cuando llegó a ella, Yubelluna sí que la sintió.

—Ku —gruñó sin poder evitarlo en voz baja. Fue como si miles de agujas la perforasen al mismo tiempo. Sintió una sensación de entumecimiento brutal en cada uno de sus miembros. Solo su experiencia en Rating Games e instinto forjado por los mismos le permitió soltar Poder Mágico en forma de aura, resistiendo así la onda de choque. A pesar de eso, pudo sentir como la movilidad en su cuerpo era mucho más limitada que hace unos minutos.

Viendo su reacción, Akeno se relamió los labios con un sadismo brutal.

—¡Te encontré, Reina Explosiva!

Y sin piedad alguna, canalizó electricidad entre sus manos y le disparó un rayo.

—¡ Ikazuchi ! —gritó.

Yubelluna vio ir el ataque hacia ella con pánico. Rápidamente, trató de esquivar; pero su cuerpo, extremadamente entumecido, no reaccionó a la velocidad que quería. Y antes de darse cuenta, se encontró cayendo hacia abajo mientras el Bombdoll que montaba explotaba.

BOOOOM.

—«¡Ku! —se quejó Yubelluna, sintiendo la explosión quemar su cuerpo mientras seguía cayendo —«.Y-yo… ¡NO VOY A HACER LA UNICA QUE SUFRE DAÑO AQUÍ!»

Con un comando mental, desestabilizó a los Bombdolls con su forma que estaban en el aire. El resultado fue el más natural: la energía contenida en cada uno de ellos se desató en una gigantesca explosión que hizo temblar los cielos.

BOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOM.

Mientras tanto, Yubelluna aterrizó en el piso con un estruendo, notando sus heridas con molestia.

—«En parte fue por mi Bombdoll ; pero la mayor parte se debió a su rayo —Respiró agitadamente, frunciendo el ceño —. Su poder ofensivo es demasiado y su velocidad también. Y-yo… Estoy en desventaja aquí»

Yubelluna apretó sus puños con fuerza. ¿Cómo podía ser?, se preguntaba. Había entrenado tanto, y, sin embargo, ¿no era nada contra una novata?

—«¡NO! ¡No puede ser! —se dijo en el fondo de su mente. Si la respuesta fuera afirmativa, entonces, ¿qué pensaría su Rey de ella? —. Ella debe haber salido herida. ¡N-no pudo haber esquivado por completo mi ataque!»

Una pelea donde caía al mermar la fuerza de la Reina enemiga era al menos algo en la mente de Yubelluna; pero lastimosamente incluso esa esperanza fue destrozada en pedazos cuando Akeno descendió en un destello, ilesa.

—¿Sorprendida? —dijo con arrogancia.

—N-no… N-no puede ser—susurró Yubelluna—. ¡NO PUEDES SER TAN SUPERIOR A MÍ!

Al gritar eso último, Yubelluna se fue a la carga sin piedad. Conjuró cientos de esferas explosivas y las lanzó contra Akeno; pero esta las esquivó con movimientos que la hacían ver como un destello mientras las hacia detonar con su magia. Sin rendirse, Yubelluna también empezó a trasladarse por el campo de batalla al alzar vuelo, mandando destello tras destello en contra de los lugares en los que veía Akeno; pero esta era tan rápida que Yubelluna simplemente no podía darle. Continuó así con desespero, guiada por el deseo de demostrar que no era débil; pero antes de darse cuenta, se encontró cayendo al piso al recibir otro rayo.

—¡No puedes vencerme, Reina Explosiva! —dijo Akeno, mirándola desde el cielo con ojos fríos.

—Callate —escupió Yubelluna, conjurando un Circulo Mágico del cual sacó un líquido que roció sobre sí misma, curando todas sus heridas.

—¿ Lagrimas de Phenex? —preguntó Akeno, sorprendida.

—Dije…

Yubelluna lanzó otra esfera de energía contra Akeno

—… ¡QUE TE CALLES!

Sin embargo, Akeno esquivó la esfera con facilidad y la hizo explotar a cierta importancia.

—No importa lo que hagas. ¡No puedes vencerme!

Y con un destello, apareció ante Yubelluna y le asestó un Ikazuchi-ken a quemarropa.

Sintiendo su cuerpo volar, Yubelluna no pudo dejar que su mente también lo hiciese

—«Es igual que ese día»—pensó.

Ese día, en el que Yubelluna lo perdió todo

«Yubelluna-sama», «Ojou-sama», «Lady Yubelluna».

Nacida en la casa de Stolas, esos eran nombres que Yubelluna se había acostumbrado a escuchar. Toda su vida se lo habían dicho: que ella era la hija de la Emperatriz, la quería Princesa [de] Stolas. Era la niña de los ojos del clan. Era el prodigio destinado a superar a su prodigiosa madre y a renovar el nombre del clan.

—«Era demasiado. Simplemente yo no podía soportarlo»

«Yubelluna-sama», «Yubelluna-sama». En el respeto de sus sirvientes siempre lo recordaba: debía ser la mejor. Para complacerlos a todos y no fallar, debía ser la mejor.

—«Si no lo fuera, tal vez ya nadie me quisiera»

Debía ser la mejor.

—«Tengo que hacerlo para complacer a todos»

No podía fallar.

—«Si lo hacía entonces me dejarían de querer»

Solo hubo una persona que le dijo que todos sus miedos eran eso: miedos.

—Mi pequeña Yub, no hay nada que temer. Otou-sama siempre estará para ti.

—«Pero cuando crezca Otou-sama tal vez deje de quererme»—pensó con tan solo ocho años.

Su madre, su padre, su tío… Todos sus familiares que decían amarla tanto… ¿podrían quererla si su fuerza no llegaba a ser suficiente?

—«No me puedo confiar»

No se podía permitir chocar contra esa posibilidad.

Por eso, lo hizo…

«Mi pequeña Yube, ¿ves ese lugar? Es el Underheart (Corazón Subterráneo) que nuestro clan guarda. La Llama Purpura del Averno está ahí, latiendo por debajo de todo el Inframundo. Algún día, cuando crezcas, tu madre te acompañará ahí para que domines esa flama tal como ella lo hace. ¿No es maravilloso?»

—«No lo era. SI no podía dominarla entonces madre no me querría»

Tenía que dominarla, así que…

Hacia ese lugar prohibido, el lugar por debajo del Inframundo ella se aventuró.

Y luego, entonces…

Una explosión.

Otou-san ya no estaba.

Y…

—Por tu culpa.

Su madre…

—¡POR TU CULPA EL YA NO ESTA AQUÍ!

Su madre ya no la quería

—«N-no —sintiendo una lagrima resbalar por su mejilla, la Yubelluna en el aire se agitó —. ¡N-no quiero recordar! ¡Ese día nunca se repetirá! A-Ahora estoy con Raiser-sama. Él no abandonó nuestro compromiso incluso cuando dejé de ser la heredera del clan. ¡Él me quiere! ¡Él no me abandonará!»

¡Tenía que complacerlo! ¡Tenía que complacerlo!

Para que la historia con su madre, padre y clan no se repitiese, ¡algo como no dar la talla no podía pasar!

—«Tengo que complacerlo»

—«Ufufufu. Si, tienes que complacerlo»

—«No puedo fallar. ¡Tengo que complacerlo!

—«Ufufufu. No puedes fallar. ¡Tienes que complacerlo!»

—«Yo…»

Sintiendo su cabeza doler, Yubelluna se agarró el estómago, sitio que Akeno había golpeado. Se sentía tan extraña. ¿Eran cosas suyas, o había un eco en algún lado?

—«Eso no es relevante —oyó a su propia mente hablarle —. ¿No lo notas? Tu deseo es grande, tanto que quieres consumirlo todo. Pero, ante ti hay a un obstáculo. Siempre lo hay. Esas molestas niñas que distraen la atención de Raiser-sama. Esa maldita pelirroja que llama tanto la atención de los hombres. Y ahora, ante ti, su Reina. Ellos no te dejan complacerlo. Ellos te quieren hacer menos. ¿Vas a permitirlo?»

—«Yo…»

Yubelluna tembló.

La afamada heredera prodigio del Clan Stolas —esa era la posición de la cual ya no gozaba. Hace mucho tiempo, Raiser la conoció de esa manera. Hace mucho tiempo, Raiser la quiso de esa manera. Pero, ahora… ¿Qué era exactamente ella? No era la heredera. No era un prodigio. Ni siquiera era una Stolas. ¿Qué podía darle a su amado que las demás miembros de su Nobleza no pudieran dar?

—«"Desde hace un tiempo, mientras las demás brillan, yo me he quedado detrás de los reflectores" —La voz en su mente le repitió sus inseguridades —. "Siempre me dices que me amas; pero desde hace un tiempo siento que te has olvidado de mí". ¿No estas cansada de que sea de esa manera? ¿De qué todo lo que quieres te sea arrebatado?

—«Yo… »

—«Solo tienes que dejarlo ir y explotar —Un susurro demoniacamente placentero hizo que todo su cuerpo se estremeciese de gusto —. Todo; dámelo todo. Tus gustos, tus miedos y enojos: desde tus deseos buenos hasta tus deseos malos, ¡todos serán complacidos! Querida, solo tienes que explotar. Querida, solo tienes que…»

Sintiendo como su cuerpo se revitalizaba, Yubelluna parpadeó. Se reincorporó en el aire, aterrizando de pie en el suelo y miró a la Akeno en el cielo con enojo.

—«¡DEJAR QUE TE COMPLAZCA!»

Sintiendo su aura crecer mientras una extraña sensación de gusto la invadía, Yubelluna sonrió. Levantó su mano derecha, apuntando a Akeno en el cielo con su dedo índice y pulgar en un gesto similar al de una pistola, y fingió disparar.

—Boom —dijo.

Y antes de que Akeno lo comprendiese, se encontró sometida en una gigantesca explosión.

En el palco, todos fruncieron el ceño.

—El aura de Yubelluna —Ravena afiló la mirada—, ¿acaba de crecer?

—Ufufufu —Runeas rio. Había algo en sus ojos que no concordaba con su figura de niña pequeña—. Presiento que está a punto de suceder algo… MA-RA-Vi-LLO-SO.

El instinto de Akeno fue lo único que le salvó la partida.

Había pasado alrededor de dos semanas simplemente siendo golpeada por Elmenhilde cuando menos se lo esperaba. Podría decirse que su cuerpo ya estaba acostumbrado a tratar de escapar en cuanto sentía el peligro. En cuanto sintió el calor de la explosión originándose a su alrededor, se movió casi en automático, haciendo el máximo uso de su Ikazuchi no Yoroi . Logró así esquivar por los pelos la explosión.

—Boom —volvió a decir Yubelluna, disparándole con el dedo.

Esta vez Akeno esperaba que hiciera algo como eso, así que pudo esquivar con mayor facilidad mientras analizaba el ataque.

Había estudiado a Yubelluna para su batalla. Sabía que su magia consistía en causar reacciones químicas. Por eso, junto a Eve había estudiado las múltiples maneras en que esa magia podía aplicarse. Estas eran:

Numero uno: Lanzar destellos de energía explosiva.

Numero: Lanzar esferas de energía explosiva.

Número tres: Crear estructuras solidas que podían liberar energía explosiva.

Número cuatro: Crear la reacción química de manera directa con líquidos o partículas.

De las cuatro, Yubelluna había demostrado tres. La última, por alguna razón, no la había mostrado. Pero lo que Akeno acababa de ver era lo que más se acercaba.

—«Envió partículas explosivas de tierra hacia mí y las detonó a distancia»—razonó mientras esquivaba otra explosión.

Por supuesto, era un método ridículo. A mayor energía, mayor era el combustible. Y mientras mayor fuera la detonación, más inestable seria. Enviar una bala o algo de un tamaño inferior y crear una explosión con eso solo podría ser posible si…

Akeno frunció el ceño.

—«¿Está usando el poder mágico del ambiente como combustible?»

Otra explosión le impidió seguir con su análisis.

—¿Qué pasa, Sacerdotisa del Rayo? —Un destello sádico cruzo por los ojos de la Yubelluna en el piso—. ¿Estás sorprendida?

Akeno le respondió con una sonrisa.

—Más bien estoy complacida, Reina Explosiva —Le dio una sonrisa sádica, una que mostraba todo su carácter vengativo y cruel. Una sonrisa que despreciaba a Yubelluna con toda el alma—. Si no fueras capaz siquiera de esto, ¡esta batalla simplemente no sería divertida!

Un rayo salió disparado en contra de Yubelluna luego de que esas palabras fueran pronunciadas. La Reina Explosiva respondió como era de esperarse: con una explosión. El pilar de energía eléctrica no logró herirla gracias a su rápida respuesta, pero hizo un ruido ensordecedor que combinado con su explosión hizo que terminase agarrándose los oídos, adolorida.

—¿No lo has oído? —Con un destello, Akeno apareció detrás de Yubelluna, susurrándole al oído de forma perversa—. Cuando el trueno resuena es porque el rayo ya ha cruzado.

Y sin miramientos, golpeó a Yubelluna a quemarropa con otro Ikazuchi-ken , haciendo volar a la mencionada una vez más.

—«¡Todavía es demasiado rápida! —se quejó Yubelluna, escupiendo sangre —. ¡Necesito más poder de fuego si quiero vencerla! ¡NECESITO MAS PODER DE FUEGO SI QUIERO COMPLACER A RAISER!»

—«Ufufufu. Tranquila. Solo dejalo en mis manos»

—De nuevo el aura de Yubelluna acaba de crecer —notó esta vez Roldan.

—¡Hakhakhak! Esta niña me trae recuerdos —Zekram rió, haciendo que los Phenex sintieran el mal presentimiento en sus espaldas crecer.

BOOM. BOOM. BOOM.

Explosión, explosión y explosión.

Sintiendo su aura crecer, la primera acción de Yubelluna fue simple: desatar su poder en modo Magia Explosiva. El resultado fue simplemente que todo a su alrededor sufrió una reacción química explosiva atroz.

No fue lo más fuerte que Yubelluna había hecho, pero tuvo un alcance monstruoso. Akeno, que estaba tan cerca, no pudo salir por completo ilesa incluso con la ventaja de la Ikazuchi no Yoroi . Parte de la explosión logró rozar su pierna izquierda, produciéndole una leve quemadura en el muslo.

Lo extraño, sin embargo, era que no dolía. Era extrañamente… placentero. Y aunque Akeno admitía tener una tendencia sadomasoquista, le parecía simplemente extraño. Así no era como debía sentirse una quemadura.

—«No hay tiempo para eso»—pensó.

Y con rapidez, guiada por sus instintos, esquivó otro ataque de Yubelluna, esta vez siendo el envite de unos extraños Golems de piedra alados.

—¡!—De repente, sintiendo como su instinto le gritaba al máximo, influenciado por la aceleración eléctrica neuronal de su Ikazuchi no Yoroi , Akeno alzó vuelo de manera inmediata. Así, evitó el impacto de un extraño ojo de piedra con alas. Sin embargo, para su desgracia la andanada de monstruos de piedra no terminó ahí: muchos más ojos de piedra y Golems se fueron en su contra.

Akeno no podía permitirse dejar que ninguno de ellos la tocara. Su durabilidad física tal vez no fuera la gran cosa; pero su capacidad explosiva era mortal. El mínimo contacto físico que implicase la ruptura de sus formas sería mucho más terrible para Akeno que para los monstruos de piedra.

Sin embargo, incluso con su velocidad, había un límite para lo que podía esquivar. Los Golems eran muy lentos, pero su tamaño les permitía abarcar una buena porción de terreno. Los ojos, mientras tanto, eran pequeños pero muy numerosos y agiles, cambiando de posición de una manera que si Akeno era descuidada podía hacer que terminase con ella chocando con un explosivo.

Sintiéndose frustrada, se mordió el labio.

—«Estoy dejando que marque el ritmo»—notó con desagrado. Y es que, teniendo un estilo de pelea semejante al de Yubelluna, sabía que el mayor error que se podía cometer contra alguien como ella era dejar que se fuese de lleno. Después de todo, con un poder destructivo tan grande, la que acertase primero sería la que se llevara la victoria.

—Ufufufufu. Me gusta esa cara, Sacerdotisa del Rayo —Lejos de ella, Yubelluna sonrió mientras enviaba más Bombdolls en su contra—. Marca lo obvio: ¡el hecho de que tu derrota es cuestión de segundos!

—«Maldita»—insultó Akeno. De nueva cuenta, maniobró en el aire tan rápido como pudo; pero esta vez, los números de los Bombdolls fueron demasiado para ella. Terminó chocando con un ojo alado al tratar de esquivar el golpe de un Golem, y como resultado se encontró sumida en una gigantesca explosión en cadena. Fue lo suficiente rápida como para salir del epicentro de la explosión tan rápido como pudo, pero…

—«Ku»—se quejó Akeno. Parte de su muslo derecho y costado habían terminado ligeramente chamuscados. Lo peor del caso es que, de nuevo, no dolían. La sensación que Akeno recibía era una demasiada… placentera. Pero no por eso quería decir que fuera buena. Le recordó a una vez que fue sacarse un diente y le pusieron anestesia: hasta cierto punto, resultaba agradable; pero también la hacía sentir como una débil muñeca de plástico, con su propio cuerpo siéndole ajeno. La acción de moverse le resultaba incluso más difícil que si su cuerpo gritase por el dolor.

—«Esto no tiene sentido —se comentó a sí misma, mirando su cuerpo con preocupación —. La Magia Explosiva solo genera explosiones mediante reacciones químicas. Algo como entumecer mis sentidos de esta manera no es algo que pueda… »

—¡No hay tiempo para descansar!

Una esfera fue dirigida en su contra, interrumpiendo su tren mental. Su primera reacción fue una que había estado haciendo durante toda la batalla: esquivar. Pero esta vez, se encontró conque que su cuerpo no se movía a la misma velocidad de hace unos momentos. Sin alternativa, envió un rayo hacia la esfera mientras retrocedía tan rápido como podía y creaba un Circulo Mágico defensivo para protegerse de lo que alcanzaba a rozarla.

—Ufufufu —Yubelluna se relamió los labios, igual que un ave de presa que acorralaba a su futura ingesta—. Parece ser que alguien se la ha acabado la chispa.

Y sin compasión, llenó su alrededor de cientos y cientos de esferas.

Sudando frio, Akeno se mordió los labios, sintiéndose ligeramente acorralada.

—Esto… es un cambio brutal —comentó Sona, altamente sorprendida.

—Akeno-san y Yubelluna-san son increíblemente fuertes —observo Tsubaki, sintiéndose algo extraña. Como Reina, sus capacidades no eran del Tipo Poder sino del Tipo Técnica, así que no podía compararse con ambas Reinas en el mismo sentido; pero, de alguna manera… Se sentía extrañamente pequeña. Y era algo tan extraño. Hace unas semanas, la diferencia no parecía ser tan grande. Por lo menos con Akeno no parecía serlo.

—Aunque parece que les falta algo de… variabilidad —notó Kuisha sin ánimos de humillar. Ella misma sentía que su poder ofensivo no era realmente la gran cosa, y eso era incluso dentro de su propia Nobleza; pero la cuestión era que, ¿cómo decirlo? Su poder, Agujero, era el contador innato de los atacantes a larga distancia. Que Akeno pudiese defenderse a combate cercano era algo tomar en cuenta, pero no estaba en un nivel como para que Kuisha la tomase en consideración. No era rival para ella en lo absoluto.

Dicho eso, Kuisha no podía evitar notar que todos los demás habían notado.

—El ritmo de la Reina de Phenex parece ser cada vez más grande —observó Rudiger con curiosidad—. ¿Es algún tipo de capacidad innata o simplemente estaba escondiendo toda esa fuerza?

—Eso… —Roldan parpadeó, sin saber que responder. Mientras que algunos miembros de la Nobleza de Raiser como Karlamine o Izabella tenían cartas de triunfo del tipo «incremento de poder» o «habilidad secreta», Yubelluna no tenía nada como eso. Ella era la más simple dentro de los miembros más fuertes de la Nobleza de Raiser. No había más que poder de fuego abrumador proveniente de un gran talento y Poder Mágico.

Y la vida no era como en un manga. Las personas como Yubelluna no podían incrementar su poder de la nada en base a sus emociones. Los usuarios de Sacred Gear eran un caso, pero el poder mágico no subía simplemente por las emociones —a menos que hubiese una transformación involucrada, obviamente. En base a eso, lo que pasaba era simplemente…

—«Extraño»

Y Roldan no era el único que lo pensaba. En el ceño de su esposa, de su hijo Ruval y todos los demás adultos de la habitación (menos los Demonios Ancestrales y Chysis, que estaba ocupada controlando a Runeas) lo notó: todos pensaban lo mismo que él.

Había algo extraño en Yubelluna.

—«Sin contar que contaba con Lágrimas de Phenex»—observó, frunciendo el ceño. Las Lágrimas de Phenex no habían sido prohibidas en el Rating Game; pero al mismo tiempo, no venían en ellas. Era un Demonio, pero su posición como noble le daba un orgullo que a veces hacia que tuviera que ver las cosas desde una posición un poco… honesta. Dicho de otra manera, que Yubelluna (por ende Raiser) abusase de la posición de los Phenex para obtener un objeto curativo no hablaba precisamente bien de su confianza en su propia fuerza. Mas tomando en cuenta que peleaba contra una novata.

—«Los demás nobles deben estar llenándose las bocas —pensó con una mirada desagradable, mirando a las demás mesas lejos de la suya. Podría ser que su mesa tuviese la mayor influencia, pero eso no quería decir que las malas lenguas dejasen de ser las malas lenguas —. Tendré que hablar con Raiser después»

Por ahora, como su padre y jefe de clan, debía reivindicar su orgullo.

—No cantaré victoria, pero parece que esta pelea habla mucho por sí misma.

Zeoticus no respondió. Nadie lo hizo. Todos estaban demasiado concentrados viendo a Akeno esquivar las esferas de Yubelluna mientras el aura de esta surgía de su cuerpo de manera.

—«Hay algo extraño en el aura de esa chiquilla»—notó Eve, no siendo la única pero si la primera en pensarlo.

BOOM, BOOM y BOOM.

—«¿Cómo he llegado a esto?»—se preguntó Akeno. Era ella era más rápida, contaba con un poder destructivo mayor a Yubelluna, y, sin embargo, ¿por qué era ella la que estaba siendo acorralada?

La Akeno inexperta de hace unas semanas habría sucumbido a la presión y se habría dejado llevar por el deseo de ganar; pero a la Akeno actual Eve y Elmenhilde le habían taladrado en la mente una lección vital: nunca debía dejar de analizar la situación. Eso era lo único que podía cambiar el curso de una batalla aparentemente igualada: el análisis.

Era más rápida, cierta. Sin embargo, no tenía margen de maniobra. Yubelluna seguía generando Bombdolls a velocidades absurdas, reduciendo no solo el espacio aéreo sino la oportunidad de Akeno de golpearla.

En pocas palabras, ese era el problema: el poder de Akeno era demasiado directo mientras que el de Yubelluna podía ser más maniobrado gracias a los Bombdolls . Si Akeno se equivocaba podría terminar hiriéndose a sí misma por accidente al generar una explosión.

¿Cómo podía salir de ese problema, entonces?

«He ahí el problema»—pensó.

Existían tres tipos de usuario de Magia: Tipo Poder, Tipo Técnica y Tipo Mixto. De hecho esa era la clasificación general que en los Rating Game se usaban para los poderes de las personas, y con razón. Los Tipo Poder eran aquellos que gozaban de un poder destructivo, pero un bajo ratio de maniobra. Los Tipo Técnica eran aquellos que tenían capacidades no exactamente destructivas, pero que podían resultar fatales y el Tipo Mixto era una combinación de ambas. Akeno y Yubelluna eran de Tipo Poder: golpes limitados que podían llevarse un edificio sin cuidado, mientras que Ravel y Mihae serian de Tipo Técnica. En cuanto al Tipo Mixto, pues… Eve que podía hacer absolutamente de todo era un buen ejemplo, aunque ella simplemente no podía ser escala para nada.

La cuestión era que un Tipo Técnica era más útil que el Tipo Poder. Porque si, poder destruir todo a paso era bueno; pero en el mundo sobrenatural a veces podías enfrentarte a oponentes con habilidades tan absurdas como reflejar los ataques, poniendo a los Tipo Poder en jaque. Akeno sabía que la Reina de Sairoarg, Kuisha Abaddon, podía esa clase de capacidad gracias a su pode r Agujero. Y sin irse tan lejos, Shinra Tsubaki con el Mirror Alice también podía hacer lo mismo.

La Técnica podía vencer al Poder siempre que estuviese lo suficientemente afilada. La situación actual de Akeno era un buen ejemplo.

—« Afortunadamente —se dijo, cerrando los ojos mientras centraba Poder Mágico—, ¡ yo no soy solamente un pony de un solo truco

Y entonces, hizo algo muy sencillo: aplaudió. Concentró energía mágica del tipo eléctrica en sus palmas, y luego las golpeó entre sí. Para los espectadores fue una accionar simplemente extraño y sin sentido; pero para Yubelluna fue mortal.

—¡GAH! —gritó sin poder evitarlo, agarrándose los oídos con dolor.

¿Qué había pasado? Muy sencillo: el nuevo hechizo de Akeno, Ranburu (Estruendo) .

¿Qué era exactamente un trueno? Era una lección que alguien en el nivel de secundaria podría dar de manera sencilla: «el sonido que hace el relámpago». Este sonido se producía por el choque de partículas eléctricas con el aire, los cuales generaban una mezcla de aire frio y aire caliente, los cuales se expandían y contraían a gran velocidad, causando ondas sónicas de choques. Estruendo de Akeno usaba ese principio para generar un ataque que no golpeaba, sino que causaba un sonido atronador capaz de romper los tímpanos de todo aquel que lo escuchara.

De hecho, la propia Akeno no estaba exenta del ataque; pero ya estaba… acostumbrada, por decirlo así. Era un ser sobrenatural, así que a diferencia de un humano lo que no la mataba la hacía literalmente más fuerte. Sus tímpanos eran más resistentes que los de la común mayoría.

No era una habilidad que pudiera usarse con aliados cerca, pero tenía sus utilidades. Por ejemplo, Akeno acababa de aturdir a su rival sin hacer explotar a los Bombdolls. Y aunque estos seguían acosándola, demostrando que tenían cierto grado de independencia de su creadora, el hecho de que su número se mantuviese estable en lugar de crecer le permitió lidiar con ellos mientras desataba otro hechizo no ofensivo.

—¡ Shinkei Suitchi (Interruptor Nervioso)! —dijo, alzando sus mano y haciendo que electricidad surgiese en su cuerpo y destellase luego en sus manos. Y así, sin más, mandó una onda eléctrica a todo su alrededor.

De haber estado un poco más compuesta, Yubelluna habría encontrado escena familiar y habría ideado métodos para defenderse. Lastimosamente, Yubelluna en toda su vida jamás había sufrido un ataque sónico y estaba demasiado aturdida como para siquiera entender lo que pasaba a su alrededor. La onda de electricidad la golpeó a quemarropa.

—¡Aaah! —gritó, todavía más adolorida.

Con sadismo, Akeno se relamió al oírla.

Shinkei Suitchi era un hechizo enseñado por Eve. Al emitir electricidad, podía poner en sobrecargo el sistema nervioso de todos los objetivos que golpeara. No era infalible, porque todos aquellos que gozaran de una buena cantidad de Poder Mágico podían defenderse expulsándolo; pero si no lograban reaccionar a tiempo el hechizo o los paralizaba o reducía su capacidad de movimiento. Según Eve, era «el nivel más bajo de Magia de Rayos»; pero Akeno pensaba que estaba bastante bien.

Y esa batalla lo había demostrado. La descarga eléctrica no haría nada contra los Bombdolls , pero a Yubelluna simplemente la dejaría frita. Combinada con la explosión sónica del Ranburu , le permitió a Akeno volver a recuperar el curso de la batalla.

¡Ikazuchi-ken! —gritó. Agitó sus alas demoniacas (de murciélago) y maniobró hasta salir disparada en contra de Yubelluna. Los Bombdolls , casi en pánico, trataron de oponérsele; pero Akeno fue más rápida. Esquivó a cada uno que tratara de sorprenderla con movimientos aéreos que había entrenado a consciencia, y llegó ante Yubelluna, golpeándola una vez más en el estómago hasta hacerla volar.

Pero no se permitió ser piadosa (aunque no era como si quisiera serlo), y apareció al otro lado de la Yubelluna en el aire, dándole una feroz patada eléctrica.

—¡ Ikazuchi-keri! (Patada Trueno)

Y para culminar, chasqueó sus dedos y cargo tanto Poder Mágico como pudo reunir en un instante mientras veía a los Bombdolls apresurarse a defender a su dueña, y lanzó un poderoso rayo contra Yubelluna, generando una inmensa explosión en cadena.

—Esto es, simplemente…

Seekvaira estaba sin palabras. Latía, a su lado igual.

No eran las únicas

—Cuanto poder —comentó Sona, sintiendo una gota de sudor resbalar por su cuello.

—N-no creo que pueda usar bien mi Mirror Alice contra ella —susurró Tsubaki, sintiéndose extrañamente presionada. Su Mirror Alice podría defenderla contra un Ikazuchi de Akeno, pero… La verdad es que su capacidad para usarlo de manera rápida no era muy buena. Y no creía poder seguir la velocidad de Akeno en combate cuerpo a cuerpo.

De Sairoarg las palabras casi sobraban. Su reacción podía resumirse como:

—Que increíble. Me pregunto cómo será pelear contra ella.

—«¡¿Es lo único que sabe decir?!»—pensó Kuisha con una frustración casi cómica. Sobre todo al ver como Regulus apoyaba a su Rey con algo parecido al fanatismo.

—«I-Increíble… —Oculta detrás de Regulus y con parte de su rostro oculto, Tiffania miró a Akeno con asombro a través de la pantalla, las luz de sus rayos reflejándose en sus ojos azules —. E-ella es tan fuerte, valiente y… decida. Si tan solo yo… pudiera ser como ella…»

—¡Eso es, Akeno! —Issei, por su parte, celebraba sin importarle nada—. ¡Esa es nuestra Fuka-Bouchou!

—¿P-pero por que Akeno-sempai pone esa cara tan rara cuando ataca a su oponente? —preguntó Asia con un extraño temor ante la cara tan pervertida que ponía Akeno ante los gritos de dolor de Yubelluna.

—Ja. Pobre cosita inocente —Elmenhilde miró a Asia con diversión

—Hay insectos con particularidades simplemente anormales, Asia —dijo Eve sin ningún tipo de respeto o tapujo—, enfermos mentales que se excitan con el dolor ajeno y la sangre. Como la sanguijuela a mi lado.

—¡¿Qué dijiste?! —Elmenhilde miró a Eve con rabia, sobre todo al ver como Runeas reía y decía: «¡Una jugada MA-RA-VI-LLO-SA!»

—«Aunque, Eve-sensei, no es como si usted no disfrutase tampoco con el dolor ajeno»—pensó Issei en su interior, pues Eve era tan o más sádica que Elmenhilde en sus métodos de entrenamiento. Y de pelea ni se diga. Claro que Issei no era tan suicida como para comentar eso en voz alta…

—Oigan, miren —dijo tratando de evitar que su sensei y Elmenhilde se pelearan. ¡No quería que destruyesen algo importante y lo volviesen enemigo número uno del Inframundo!—, ¡la cortina de humo se está disipando!

Al disiparse la cortina de humo, se pudo observar un gigantesco cráter donde Yubelluna estaba tirada mientras su cuerpo echaba humo.

Todo había salido mal. El Ikazuchi no solo la golpeó, sino que detono a sus Bombdolls , magnificando el efecto explosivo. Como resultado, terminó herida por su propio ataque.

Akeno, mientras tanto…

—Ha llegado el final para ti y tu Nobleza, Reina Explosiva —dijo, volando imponentemente en el aire sin ninguna herida más allá de las que tenía anteriormente. Había logrado esquivar fácilmente la explosión residual—. Estas acabada. ¡Hasta aquí llegas!

Akeno levantó sus manos, concentrado todo su Poder Mágico, decidida a acabar la pelea de una vez por toda, cuando sucedió…

BOOOOOOM.

—«¿Eh? —Akeno hizo una expresión confundida brevemente —. ¿Ese sonido es…?»

Miró al horizonte, y entonces notó que el ruido no provenía de su batalla. A lo lejos, lo que parecía ser una masa de fuego embestía directo contra un edificio con el que Akeno estaba muy familiarizada.

—¡Bouchou! —gritó, preocupada.

—¿Así que Raiser ha sido el primero en perder los estribos? —comentó Sona. No parecía especialmente feliz por ese hecho.

—Con toda su Nobleza casi derrotada, probablemente ya no le vió sentido a confiar en los números —Seekvaira suspiró—. Lo más probable es que prefiriese confiar en su propia fuerza y ser el mismo quien decidiese el destino del duelo.

—Aunque eso, por supuesto, podría interpretarse como una cierta falta de confianza en Yubelluna —opinó Latía.

Y lastimosamente, no fue la única en pensarlo.

—«¿Eh?»

Tirada en el piso, con sus oídos sangrando y su cuerpo sufriendo convulsiones eléctricas, Yubelluna miró al lejano edificio en llamas con los ojos nublados por el dolor.

—«Raiser, tú, ¿qué estás…? —Tosió, escupiendo sangre, totalmente confusa —. ¿Q-qué estás haciendo? ¿Por qué te apresuraste tan pronto? ¿Qué pasa con el plan de Ravel? ¿Qué pasa con mi pelea?»

¿Qué pasa conmigo?: era lo que pensaba Yubelluna.

—«Acaso… —Un estremecimiento de pavor recorrió a Yubelluna de los pies a la cabeza —. ¿E-estás dando mi pelea por perdida? ¿C-crees tú...? ¡¿C-crees que es imposible que gane?!»

¡No, no! Eso no podía ser.

¡No, no! Eso no podía tener lugar.

¡No, no!

—«¡NO PUEDO DEJAR QUE ME DESECHES!»

Inyectando Poder Mágico en su cuerpo, Yubelluna forzó a sus miembros a responderle. El dolor en sus oídos y cuerpo fue, a pura fuerza de voluntad, puesto en el fondo de su mente. Incluso mientras se sentía como una muñeca de vidrio quebrado, Yubelluna hizo todo el esfuerzo del mundo para continuar. Para mantenerse en pie.

—«¡Para que Raiser no me deseche!

—Ufufufu

Concentró Poder Mágico en sus palmas. Con Magia de Tierra, generó partículas químicas altamente inflamables. Con su Magia de Fuego, les inyectó energía a esas partículas y generó una reacción endotérmica. Generó, así, una esfera de energía, la cual lanzó contra Akeno con la esperanza de dañarla.

Pero esa esperanza fue truncada cuando Akeno desvió la explosión con un rayo.

—Ahora más que nunca tengo que acabar rápido con esto —dijo Akeno, mas hablando consigo misma que con Yubelluna—. ¡Tengo que ayudar a Bouchou en su batalla!

—«No» Yubelluna vio a Akeno con la mirada ensombrecida—. ¡NO TE LO PERMITIRE!

BOOOM.

Una explosión, un rayo. Una explosión, un rayo. ¡Una explosión, un rayo! ¡UNA EXPLOSION, UN RAYO!

Comenzó una escena desesperada. Ya no había estrategia. Ya no había muestra alguna de igualdad. Solo hubo desespero. Solo hubo deseo de lograr el objetivo. Ese objetivo: ese deseo de Yubelluna de complacer a Raiser (no perder su amor). Para ello, casi como una máquina, lanzó explosión y explosión sin consideración alguna.

Y sin lograr nada.

—Esto… ¡esto no puede ser! —gritó Yubelluna, su voz llena de sentimientos. Llena de rabia, desesperación y miedo—. ¡ESTE RESULTADO NO PUEDE TENER LUGAR!

—La mente de Yubelluna parece haberse roto —comentó Ruval con un deje de preocupación.

—Así que ese miedo sigue en ella, ¿eh? —susurró Ravena con tristeza.

—¿Sabe lo que le pasa, Lady Ravena? —inquirió Rudiger con curiosidad.

En otras circunstancias, Ravena lo habría regañado por no decirle madre; pero la preocupación le impidió centrarse en tales deseos tontos.

—Como muchos habrán adivinado, antes Yubelluna fue la heredera del clan Stolas —La mirada de Ravena en ningún momento se apartó de la desesperada Yubelluna que mostraba la pantalla que tenía en frente—. Ella era la niña de los ojos del clan. Su madre era Yolande Stolas, un prodigio entre prodigios que había devuelto la gloria al clan creando una magia única y derrotando al Demonio Ancestral Stolas. Para un clan moribundo, Yubelluna lo significaba todo.

—¿Clan moribundo? —inquirió Issei, confundido—. ¿No es Stolas uno de los 36 Pilares Demoniacos que aún sigue en pie? ¿A qué se refiere con «Pilar Moribundo»?

—Querido, nosotros los Demonios no estamos en una situación tan maravillosa como lo puedas imaginar —Venelana suspiró con algo de pesar—. Cuando la Gran Guerra terminó y los Siete Maous originales perecieron junto al Pilar Madre y los 72 Reyes Demonios, hubo un conflicto de intereses y un cambio de políticas de gobierno que llevaron, entre muchas otras cosas, a que la mayoría de los Demonios Ancestrales fueran asesinados o sellados, que la posición de los Maous se redujera a cuatro que fueron heredados por los Demonios más aptos y que los Pilares Demoniacos se redujeran a la mitad.

—Pero ese es solo el punto de vista general —Sirzechs, que durante mucho tiempo había estado callado, abrió la boca—. Si, en ese entonces eran 36 clanes activos. Pero no debes confundir «activo» con «prospero». Nosotros los Demonios tenemos una fertilidad muy baja, al punto en que en mil años tener tan solo un hijo es de por si asombroso. Cuando el Pilar Madre y los Pilares Demonios sucumbieron, perdimos los rituales que les permitían aumentar nuestros números usando fuentes de vida ajenas. Como si fuera poco, luego tuvimos que deshacernos de los Demonios Ancestrales que originaron nuestros clanes, y nuestras líneas de sangre casi sucumbieron.

—No hay que alargarlo mucho —dijo Venelana con un suspiro—; pero hubo gente bendecida y gente que no. Los Demonios hombres con la suficiente fuerza generaron harenes llenos de mujeres y trataron de tener tantos hijos como pudieron. Las mujeres fuertes se dedicaron un marido y le dieron tantos hijos como se pudo. Pero hubo clanes que no fueron tan bendecidos, cuyos números no solo decayeron sino que sus nuevos hijos no heredaron los poderes de sus padres.

—Stolas es uno de esos clanes —continuó Ravena—. Era de los más numerosos juntos con su clan hermano, nosotros, los Phenex. Pero varias ramas murieron en la Guerra Civil apoyando a su Demonio Ancestral. La propia Yolande tuvo que asesinar a sus malvados hermanos en el conflicto. Como era tan fuerte y era la hija del anterior líder del clan, fue puesta como matriarca y se casó con Yuruis, de una rama algo lejana a la suya para mantener la pureza del clan.

»Para que te hagas una idea de que tan mal estaban —Ravena suspiró—, solo imaginate que la Stolas original y su hijo eran inmortales.

Issei contuvo una mueca de asombro.

—No todos los poderes del Rey Demonio fueron pasados al Demonio Ancestral, y lo mismo se repitió con el Demonio Ancestral y sus descendientes. Algo que pasó con bastante clanes —Ravena siguió explicando—. Por eso es que los ancianos de nuestros clanes están tan empeñados con los matrimonios arreglados. Temen que algún día uno de nuestros hijos nazca sin ningún don y nuestra gloria muera.

—Y a cambio, presionan sin cesar a las nuevas generaciones, ¿no es así? —dijo Issei comprendiendo a donde iba la conversación. Comprendiendo al recordar la mirada de Rías, ver la mirada actual de Sona, notar la rigidez en el rostro de Seekvaira y ver la melancolía en el rostro de Sairoarg.

—La vida de un heredero es una que carga con un propósito desde antes de su nacimiento —Ruval habló suavemente con un tono sombrío—. La gloria del pasado y la gloria del futuro: nacemos con el deber de luchar por ellas a como dé lugar. No hay espacio para nuestras propias consideraciones. Somos herramientas destinadas a cumplir a perpetuar los intereses de nuestros antepasados. No somos más que títeres.

»O al menos así es como lo ven las antiguas generaciones —Ruval cerró los ojos brevemente, antes de mirar a Issei sin sentimiento alguno—. Un humano como tú no puede comprenderlo; pero nuestra sociedad persiste de esa manera. El destino que se nos impone es uno que solo se puede combatir con la supremacía.

«Quiero ser una mujer sin igual que sea reconocida por todos sin necesidad de que se mencione su apellido o su historial familiar»

¿Qué significado tenían esas palabras realmente? Para Rías, probablemente fuesen más de lo que Issei pensaba. En la sociedad de su mundo, ella no era nada más que un títere: alguien que de no lograr nada solo sería un vientre en alquiler. Querer ser «el top uno»… ¿No era acaso simplemente brillar más allá de su destino impuesto?

—«Me pregunto… » Issei miró a Sona brevemente, notando como «algo» en su mirada era diferente.

—Pero bueno —Ante su silencio, Ruval simplemente resopló—, nacemos con ese lema, así que estamos acostumbrados. Podemos lidiar con eso.

—Pero hay quienes no pueden —La expresión de Ravena se llenó de tristeza y amargura—. Yubelluna no pudo

Fue ese día, cuando todo llegó a su fin.

La Magia de Tierra era el orgullo de su clan. La Magia de Fuego era lo esperado de su clan. Por tanto, el deber de su Demonio Ancestral se les fue pasado. El terreno donde vivían gozaba de la entrada al Underheart, el núcleo del Inframundo mismo. Ahí latía: el «corazón» de la dimensión. La energía desechada durante milenios que recorría bajo sus pies, la Llama Purpura del Averno. Una Maldición densa que durante años había sido usada por el Demonio Ancestral para oprimir a sus descendientes, hasta que su madre, la Emperatriz de los Terremotos y las Explosiones Purpuras, la puso bajo su dominio.

Una Maldición que pesaba sobre ella con un destino: algún día también tener que ser su maestra.

Si fallaba, ¿qué pasaría?

Si esa flama no era dominada por sus manos, ¿dónde ella quedaría?

Por eso, ella lo hizo. La tierra prohibida —ese lugar que nunca jamás debía visitar sola—; contra su propio bienestar, ella se dirigió a ese lugar.

¿Cuál fue el resultado?

—«No puedo recordarlo»

O más bien:

—«No quiero recordarlo»

Solo había algo claro en su memoria: un gran «boom». Y luego, esa persona ya no estaba.

Su padre ya no estaba.

¿De quién fue la culpa? Para ella fue obvio: suya. Ni más ni menos que suya.

Por eso, cuando su clan la miró con ojos de espanto, ella no se enojó.

Y por eso, cuando su madre la miró con odio ella no se enojó.

… ¿Pero para que mentir? El corazón de esa pequeña se rompió en pedazos ese día.

—Así fue como Yubelluna se volvió la Reina de Raiser —dijo Ravena ante la mirada atónita de todos los jóvenes Demonios—. Por aventurarse al lugar prohibido, el Underheart, su padre terminó muriendo para salvarla, y fue repudiada por su madre y expulsada de su clan. Lo perdió todo… con excepción de una cosa

—«Raiser-sama»

Yubelluna todavía podía recordarlo.

La joven señorita debía tener un marido. Alguien que le ayudara a restablecer la raza. ¿Quién mejor, entonces, que el tercer hijo de su clan hermano? Raiser Phenex: así era como se llamaba.

Era un poco mayor que ella, pero la diferencia no era tan grande. Un niño arrogante que le hacía perder los estribos de vez en cuando a su infantil yo.

Por lo tanto, la única persona a la que la joven señorita no sentía que debía rendirle cuentas. Alguien con quien podía ser «ella».

Esa persona…

—«Fue el único que no me abandonó»

Yubelluna Stolas era la heredera del clan Stolas; pero, ¿quién era Yubelluna (sin apellido)? ¿A quién —cual clan— le interesaría una señorita tan lamentable como esa, que ni siquiera tenía un poder único que pudiera trasmitirle a sus descendientes?

Sin duda alguna, nadie la querría. Estaría sola por siempre.

—«Pero Raiser-sama me quiso»

Yubelluna todavía podía recordarlo. Sin Stolas, sin matrimonios, sin que nadie se lo pidiese…

Ese joven estuvo dispuesto a luchar por ella.

La pieza en su pecho, la Reina, fue solo para eso. Yubelluna, la Reina de Raiser Phenex. Para la niña que no tenía nada, ¿no era eso más que posición suficiente? La Reina Explosiva: una joven promesa entre las Reinas de los Rating Game.

Y lo más importante:

—«Para Raiser-sama, parecía ser que yo era alguien importante»

Para «su amado», ella parecía ser «su amada».

Pero luego vino el Tiempo, y todo empezó a cambiar. La joven descendiente de Karl de Grober, la hija adoptiva del clan Li, las gemelas Hanyo y la segunda hija de los Isonokami… De pronto, simplemente ya no eran ellos dos.

—«De pronto, ya no tenías ojos solo para mi»

Y eso estaba bien, se dijo ella. Pero en realidad no lo estaba.

Porque…

—«Si no soy suficiente, entonces no seré nada. Si no estoy a la altura de lo que tú quieres, quizás algún día te canses de mí y me olvides. Si eso pasa, entonces, yo… El significado de mi vida… Todo eso será absolutamente nada»

A la final, era tan sencillo como eso. Aquella niña de los Stolas no quería fallar. Y esta señorita Reina Explosiva tampoco quería hacerlo.

—«Solamente por eso fue que acepté confiar en ese desagradable tipo»

«Esa persona» que le dio «eso» a Raiser y ella para ganar la batalla.

Y por eso, ella…

—¡NO VOY A CAEEEEEEEER!

Fue el punto de ruptura. El momento donde Yubelluna «explotó».

—¡! —La mirada indiferente de Akeno destelló en sorpresa.

Pero no tuvo tiempo de tomar acciones. Antes de darse cuenta, el aura de su rival explotó. Era la palabra que más se aproximaba a lo sucedido. El Poder Mágico de Yubelluna salió de su cuerpo a una velocidad envidiable, expandiéndose a su alrededor en una corriente de aura que no parecía tener fin y que agitaba todo, invocando un fuerte viento que incluso hizo retroceder a Akeno. Era una fuerza simplemente absurda que hacía temblar todo a su paso.

Una fuerza descomunal que fue lanzada en su contra con una explosión que le dio a quemarropa.

—¡! ¡AKENO!

Sin poder evitarlo, Issei gritó mientras se agarraba el pecho con preocupación. Nadie le dijo nada, demasiado concentrados.

¿Qué era ese mal presentimiento que de repente los invadía?, algunos se preguntaban.

Akeno se sentía como en sueño.

Todo era tan pesado, pero al mismo tiempo tan ligero. Como agua que pasaba por un rio, sentía que todo pasaba a su alrededor sin que pudiera hacer nada. Sus pensamientos eran tenues. Era calmante, y, sin embargo, ¿por qué se sentía preocupada?

¿Por qué sus ojos le pesaban tanto?

¿Y que era esa extraña sensación de caída?

—… ¡AKENO!

—«Que raro. Alguien parece estar llamándome»

Trató de abrir los ojos, todavía sintiéndose caer. Y al abrirlos, un rostro muy similar al suyo le devolvió la mirada.

—Por fin despiertas —le dijo, dando un suspiro—. Llevo como veinte minutos gritándote. Ven, vamos a bañarte.

—Sí, Okaa-sama —dijo, asintiendo. Tomando la mano de su madre, se dirigió entonces hacia el baño.

Parpadeo un momento, y antes de darse cuenta se encontró metida en la bañera. No estaba segura del porqué, pero le parecía extrañamente lejano y a la vez familiar.

—Akeno —dijo su madre sin mirarla—, sé que debe ser difícil; pero no fue tu culpa.

—¿?

—Me refiero a lo que pasó con tu abuelo —Ella le dio una sonrisa extrañamente misteriosa—. Nada de eso es tu culpa, ¿sabes? Okaa-sama te ama tanto pero tanto, que una vida sin ti no le parece vida. Oji-sama quería que Okaa-sama te abandonara, así que Okaa-sama renunció a ser una Himejima por ti. No es culpa tuya. Es culpa de Oji-sama.

—¿?

—Tampoco es la culpa de tu padre —Ella siguió sonriendo misteriosa pero tranquilizadoramente—. Akeno, lo sabes, ¿no? Otou-sama te ama tanto como lo hace Okaa-sama. Pero para Otou-sama estar con nosotras todo el tiempo es algo complicado. Por el bien de nosotras, Otou-sama se la pasa lejos; pero aun así te quiere. Por favor, no le culpes por lo que pasó.

—¿? —Akeno solo podía parpadear con confusión. ¿Por qué su madre le dedicaba esas palabras?

—Akeno, mi querida niña —Ella siguió sonriendo, pero algo parecido a lagrimas se asomaba por la comisura de tus ojos—. No dejes que el dolor y el rencor te ciegue. Okaa-sama siempre estará contigo; pero, hija mía, te lo suplico. Por favor, despierta.

—¡¿?!

—Okaa-sama lo sabe —Ella ató y acarició su pelo y lo secó con una toalla, solo para amarrarle con una cinta. La cinta que tanto atesoraba—. Su pequeña ha encontrado alguien que le ha hecho olvidar el dolor. Su pequeña ahora tiene la familia que Oji-sama no le permitió tener. Okaa-sama también lo sabe, esa duda de su pequeña: «¿será que deshonro a Okaa-sama usando los poderes de ese hombre y el arte de esa familia?»

—¡¡¿?!!

—Akeno, lo sabes

Shuri Himejima —o aquello que se parecía tanto a ella — sonrió una vez más.

—Despierta.

Abrir sus ojos tuvo en su cuerpo el mismo impacto de ser golpeada por un rayo.

—«Ese sueño… »—Akeno contuvo una lagrima. Pero también su confusión. ¿Qué se suponía que significaba? ¿Era su inconsciente hablándole impulsado por imágenes? O, ¿acaso era algo más?

Quizás no importaba.

La respuesta siempre la había tenido.

Cerró sus ojos

La pequeña Himejima Akeno, con su madre muerta y su padre —ese hombre— ausente, sufrió una historia que la actual Akeno sabía de memoria. Por las calles, como una pordiosera; para poder vivir, el poder que tanto odiaba, el Onmyōdō , tuvo que usarlo como un truco circense. Fue hasta que encontró a la familia Gremory y a su futuro Rey que esa historia tuvo un cierre.

Sin embargo, la pequeña Akeno vivía haciéndole una pregunta a la Akeno actual:

«¿Merezco estar aquí?»

Ese día, su madre, se sacrificó por ella. De eso no había dudas. Por ella se había sacrificado. Por ella, que era la responsable de su sufrimiento, había entregado su vida.

¿Era digna de eso?

Racionalizar esa pregunta era muy difícil.

Pero la actual Akeno sentía que podía ponerle una explicación.

—«Para ella, yo era todo. Por eso, por mi ella dio todo»

Incluso al final, ella le dio una lección a su hija. Una lección que muy tarde había aprendido:

«Si amas algo, tienes que darlo todo por ello».

Por eso, abrió los ojos. Vio la situación. Hizo un análisis rápido y noto: estaba cayendo. Su cuerpo estaba rodeado de quemaduras y no le respondía. Estaba a punto de estrellarse con el suelo. Su final era cosa de instantes.

—«¡¿Pero cómo puede pasar eso, si todavía tengo algo que dar?!»—rugió en su mente.

Su cuerpo era un títere el cual su cerebro parecía no poder manejar. Pero si los hilos estaban rotos, entonces solo tenía que crear unos nuevos y más relampagueantes.

Y eso fue lo que hizo. Concentró su Poder Mágico, doblegó su energía con su voluntad, y rodeó su cuerpo de la Ikazuchi no Yoroi . Imbuida en rayos, entonces procedió enviar electricidad hacia sus nervios, haciendo a sus músculos temblar y las venas de su cuerpo brotar. Haciéndola sentir un dolor brutal.

Pero también haciéndola levantarse en el aire.

Al fin parece haberse decidido comentó Elmenhilde con un deje de satisfacción.

Issei, mientras tanto, no estaba tan feliz.

—Eve-sensei —dijo mirando a su otra sensei—, esto es que Akeno está haciendo, ¿es lo que creo es?

—Sí —Eve asintió—, es la técnica prohibida derivada del Shinkei Suitchi . Ha sobresaturado su cuerpo con electricidad para obligarlo a reaccionar más allá de sus capacidades, incrementando notablemente su poder a costa de recalentar sus nervios.

—Eso quiere decir una cosa—Issei se mordió el labio—: que en cualquier momento Akeno quedará paralizada, ¿no es así?

—Así es —La belleza de pelo negro dio una mirada fría—. Ese es el costo de la técnica prohibida del rayo, cuyo nombre es…

—¡ Shinkei Inparusu! (Impulso Nervioso).

Viendo a Akeno reincorporarse en el aire, Yubelluna se mordió los labios y le dio una mirada llena de odio.

—¡¿Por qué no caes?! —gritó, furiosa, poder mágico concentrando rápidamente en sus manos para formar una gigantesca esfera—. ¡¿Quién diablos te crees?! ¡CAE DE UNA VEZ!

Rugiendo, así, lanzo la esfera en contra de Akeno.

Solo que para su sorpresa, la esfera fue desviada con un rayo, detonando peligrosamente cerca de Akeno.

—¿Quién diablos me creo? —Energía eléctrica era despedida el cuerpo de Akeno, tan intensa como la que una vería en una tormenta. Latía en su interior, trayéndole un dolor brutal solo comparable a ser quemada viva por dentro. Pese a eso, no flanqueó. Pese a eso, se levantó. Pese a ese, miró a Yubelluna con un brillo que ni a su 100% había mostrado—. Buena pregunta.

ZAP.

—¡!

—¡Soy la hija de Himejima Shuri y un hombre de nombre Barakiel! —gritó, una de sus alas develando su ascendencia de Ángel Caído. Y más importante: energía mágica del tipo luz siendo emitida por sus manos—. ¡Soy la Reina de Rías Gremory, a quien considero como mi hermana del alma! Por eso, por ese rol, ¡por mi querida hermana…!

Electricidad se fundió con la luz, y algo que hizo que Yubelluna temblase de pies a cabeza, guiada por sus instintos, tuvo lugar.

—¡NO PIENSO PERDER! ¡IKAZUCHI!

Y con ese grito, un «rayo de luz» salió disparado en contra de Yubelluna.

Dicho eso, definirlo como un rayo habría sido un error absoluto. Un rayo era un pilar de energía. Por más que las personas hablasen de la velocidad del rayo, una de aproximadamente doscientos mil kilómetros por hora, esta simplemente tenía lugar en línea semirrecta. En pocas palabras, un rayo solo podía desplazarse en una dirección, y continuar por ella de manera infinita hasta perder forma. Lo Akeno lanzaba normalmente no tenía esa velocidad, y al mismo tiempo tenía su demerito de movimiento.

Lo que Akeno lanzó, sin embargo fue diferente. Doscientos mil kilómetros por hora… Tal velocidad todavía era un poco lejana, pero un cálculo actual podía estimarse en la mitad: mil kilómetros por hora. Poco menos de la velocidad del sonido en condiciones ideales.

No solo eso. Esto que lanzó no podía llamarse un pilar, sino más bien algo parecido a los «brillos de energía» que Yubelluna lanzaba. Dada esa estructura, entonces su comportamiento era notablemente distinto. Era una especie de onda de luz que parecía ignorar varias leyes de la física al moverse hacia adelante incluso mientras se expandía a los lados.

Con el atributo «luz» en su núcleo, era la perdición de Yubelluna.

Solo que esta no estaba dispuesta a perder de ningún modo.

¿Velocidad cercana al sonido? ¿Método de dispersión anormal que podía golpear en cualquier dirección? ¿Poder de luz asesina-demonios?

¡¿Qué diablos importaba todo eso?!

Esa señorita de los Stolas solo pensaba en una cosa:

—«¡NO VOY A PERDER!

Y «algo» dentro de ella respaldó esa declaración.

Y así, aunque fue imposible, reaccionó. Antes de que incluso Akeno disparase su ataque, Yubelluna ya había lanzado el suyo. La que atacó primero fue la que golpeó al último, pero su cometido fue cumplido: no perder terreno. Con todo, con poder de luz y velocidad abrumadora, Yubelluna —que no debería poder hacerlo— había frenado el golpe de aquella chica con la sangre del hombre que en la Gran Guerra asesinaba Demonios desde el momento en que los veía.

Sin embargo, un solo golpe no era logro que determinase nada.

¡IKAZUCHI! —volvió a rugir Akeno.

Y Yubelluna, casi leyéndolo los labios, respondió con una explosión casi en automático.

Comenzó así una escena parecida a la que habían tenido durante el Rating Game. Explosión versus rayo: un choque de Reinas en donde ninguna estaba dispuesta a ceder terreno.

La diferencia era que esta vez la magnitud de los ataques era astronómicamente, y no podía mantenerse por mucho tiempo.

Por eso, ambas decidieron terminar con un golpe.

La primera, por supuesto fue Yubelluna.

—«Por Raiser… Por mi amor… ¡Por complacerlo…!»

Yubelluna concentró todo el poder mágico que no sabía de donde estaba sacando. Con Magia de Tierra, conjuró entonces lo primero que le vino a la mente: un ave extraña que era como un águila y un búho de color azabache.

Akeno no se quedó atrás.

—«Por Rías… Por la hermana que me apoyo en todo… ¡Por mis compañeros que dieron todo por ella…!

Al igual que su rival, Akeno concentró todo su poder mágico. Y también conjuró lo primero que le vino a la mente. Recordando a su madre, sin saber muy bien porque invocó a un ave extraña que recordaba a un águila o halcón parecido a lo que uno imaginaba de un fénix, pero en color amarillo dorado.

Con sus ataques en mano, ambas Reinas compartieron entonces una mirada.

Y gritaron:

—¡NO VOY A PERDER ! ¡STOLO MAXI-BOMBDOLLl/SAKUREZU NO RAICHO!

Y sucedió: el máximo choque frontal entre ambas Reinas. Una gigantesca ave oscura con un aura que ponía los pelos de punta a Akeno y una ave amarrilla de rayos y luz que hacían estremecer a Yubelluna chocaron.

Ni Akeno ni Yubelluna tenía el nivel adecuado para comprender la potencia de sus máximos ataques, pero las que las veían si podían hacerlo. El ave amarilla fue mucho más rápida que el ave oscura, y sin piedad dio un picotazo frontal en contra de su rival, destruyéndola de un golpe. Sin embargo, el cuerpo del ave oscura solo era un buque para un medio. Destruida por el ave amarilla, generó una inmensa explosión que hizo temblar no solo el sitio donde estaban Yubelluna y Akeno, sino toda la Dimension de bolsillo del tamaño de la academia Kuou. La onda de choque resultante, fue catastrófica. Mandando a volar a ambas Reinas como títeres con hilos rotos y chocar contra el suelo, generando dos gigantescos cráteres, uno para cada impacto.

Ninguno de los ataques había golpeado a la otra de manera directa, pero la potencia de las ondas de choque había sido brutal. Sumado a las heridas que habían sufrido cada una, el resultado era simplemente la derrota mutua.

… o así debería ser. Pero la voluntad de una de ellas gritaba en negación a ese destino.

—«Rías… »

A la mente de Akeno, vino el recuerdo de sí misma sufriendo pesadillas por la muerte de su madre y siendo abrazada por su Rey. También, el recuerdo de escuchar llorar a Rías sin poder hacer nada para consolarla la aturdió.

Y entonces, contra todo pronóstico, ella se levantó.

—¡Increíble! —Rudiger jadeó—. ¡Cuánta voluntad! ¡Está forzando al máximo su cuerpo con el Shinkei Inparusu para evitar desmayarse y ser tele-transportada! ¡Es simplemente inaudito para una joven de sus capacidades! ¡¿Qué es exactamente lo que busca lograr?!

—Es obvio —Venelana miró a Akeno con una mirada tan orgullosa. Se le veía tan decida, carente de las dudas que en algún punto la habrían abrumado—. Planea dar un último golpe de apoyo a su Rey antes de caer.

Sin embargo, la mirada de todos se desvió de Akeno a Yubelluna al sentir algo simplemente extraño.

—«Yo… ¿p-perdí?»

No podía comprenderlo.

—«Yo… ¿fallé?»

No quería comprenderlo.

—«Yo… de nuevo, ¿yo…?»

SIMPLEMENTE ERA INCAPAZ DE PROCESARLO.

—«Fallé. Fallé. Fallé. Fallé. Fallé. Fallé. Fallé. Fallé. Fallé. Fallé. Fallé. Fallé. Fallé. Fallé. Fallé. Fallé. Fallé. Fallé. ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡Fallé! ¡FALLE!»

¡SIMPLEMENTE NO IBA A ACEPTAR ESE RESULTADO!

—«Ufufufu. ¡SI, así es! ¡DAMELO TODO!

Ante los ojos de Akeno, Yubelluna se paró.

Sangre se derramaba por su frente y costados. Solo ella sabría cuánto huesos se le habían roto al salir volando, y solo ella sabría lo difícil que le resultaba moverse luego de recibir dos Shinkei Suitchis. Solo ella sabía lo que pasaba por su mente.

—Imperdonable

Un susurro lleno de intenciones oscuras se oyó en el callado campo.

—¡IMPERDONABLE! —gritó Yubelluna, todo su poder mágico condesándose en su cuerpo y dando la apariencia del ave oscura que enviado contra Akeno.

Akeno quiso reaccionar. Pero esta vez, Yubelluna fue simplemente demasiado rápida.

No hubo conmemoraciones. No hubo estratagema. Ni siquiera hubo elegancia. Esto no fue el poder de un noble demonio, una señorita de clase alta con el título de «Reina Explosiva». Esto fue más parecido a un animal acorralado mostrando sus colmillos incluso cuando sabía que estaba a punto de ser cazado. Un ataque lleno de pura DESESPERACION que necesitaba de un logro, que necesitaba de algo que le diera el sentimiento de COMPLACIENCIA.

Solo hubo una gigantesca esfera de energía siendo lanzada contra el piso.

Y solo hubo un grito:

¡TIC TAC TICKETRY BOOOOOOOOOOOMB!

Y todo el campo de batalla se encontró sumido en una gigantesca explosión.

[La Reina de Raiser-sama y la Reina de Rías-sama se retiran].

—Bastante duro el capítulo de hoy, ¿eh, Seek-chan?

—Totalmente, Latía. Fue bastante explosivo.

—… estaba tratando de evitar caer en lo obvio al usar ese adjetivo… Pero no importa. Mejor hablemos de las revelaciones. ¿Yubelluna Stolas? ¿Quién lo habría imaginado?

—Probablemente nadie aparte del autor. Pero siendo sincera, me parece interesante. Normalmente, Yubelluna tiene una presencia casi nula en el fandom de DxD con la excepción de… cierto tipos de historias donde engaña a Raiser. Ver este trasfondo le da un poco más de impacto.

—Sin contar que es el pasado más difuso de todos. Es decir, hubo muchos nombres y pocas explicaciones. Yolande, Yulius, Yuruis, Underheart… Tantas preguntas y tan pocas respuestas.

—Y eso es sin hablar de «esa persona», Latía.

—Cierto, Seek-chan. «Esa persona» que se mencionó ligeramente antes del Rating Game… Me pregunto quién será. Y además quisiera saber que fue eso que le dio a Yubelluna, porque nadie me quita de la cabeza que sufrió power up tras power up durante este capítulo.

—Y nadie tratará de quitarlo de la cabeza. El autor fue muy… malo, en el sentido narrativo de esa idea, pero es bastante obvio. Si Yubelluna fuera protagonista, todos dirían que el poder del guion la ayudo a llegar a ese empate.

—Olvidate de ser protagonista. Fue poder de guion para la antagonista o rival.

—Pero bueno, creo que hay cosas más importantes en que pensar. Como el hecho de que ya casi es el final del Rating Game. Y además que Raiser al parecer se lanzó en contra de Rías como en el canon.

—Será interesante ver que hace Rías ahora que está solo. Probablemente sea la batalla más esperada dentro de este arco. O por lo menos en mi caso lo es. ¡Kya! No puedo evitar incluso gritar de la emoción. ¡Quiero que comience ya!

—Concuerdo. Pero antes de poder irnos y dejar al autor trabajar, hay unas cosas que decir, ¿recuerdas, Latías?

—Cierto, lo recuerdo.

—La primera es promocionar el nuevo fic que se publica junto a este capítulo, Harry Potter, el Rey de Espada. Un crossover de Harry Potter y Campione adoptado de un escritor de nombre Toaneo07 Ver2.0 donde Harry se vuelve el sexto Campione en lugar de Salvatore Doni.

—¡Suena interesante, Seek-chan! Pero no más que las historias que el primer fanfic del autor, Harry Potter y el Juego del Destino, donde Harry Potter con el jugador se une a Percy Jackson en una loca aventura. ¡Vayan a verlo si no lo han visto!

—Y además, es importante rescatar las historias originales publicadas bajo el nombre de RAGM-V2. Si son empáticos y les gusta este trabajo, vayan a verlas y comenten sus impresiones, ¿sí?

—Y hablando de comentar… ¡Estoy cansada de hablar sola, Seek-chan! Parece que tenemos muchos lectores, ¡pero pocos son los que comentan o dan un apoyo visible! Estoy simplemente aturdida. ¿Tan difícil es dar en la estrellita o decir un «está bueno, sigue así »?

—Supongo. No podemos ser tan quisquillosas. Aunque el autor si puede… Siempre puede borrar la historia si se siente particularmente molesta.

—¿Eso no implicaría nuestra muerte?... Mejor ni me responda. ¡Mejor vayámonos de una vez! ¡Cómo han sido tan malos al no dar apoyo en un largo tiempo, no daremos adelanto del próximo capítulo!

—Hasta la próxima. Bye.

Akeno

Ikazuchi : Akeno replica el choque de partículas eléctricas de las nubes, y envía un fenómeno eléctrico difícil de precisar contra el objetivo. Visualmente es un rayo, que choca emitiendo tanto un relámpago como un trueno; pero su uso demuestra ir más allá gracias al entrenamiento de Eve. El rayo es la descarga, obviamente, pero el trueno, que es la onda de choque, se ha vuelto más versátil. Ya no requiere de chocar o siquiera del rayo para generarse. Ahora Akeno puede generar ondas de choques eléctricas desde cualquier punto que desee. Esto no solo afecta las capacidades auditivas del objetivo, sino que también lidia con la debilidad de un rayo de ser un pilar que viaja en línea recta. En adición, esto también implica el uso de la Shinkei Suitchi .

A partir de que Akeno usa el Sacro-Relámpago, Ikazuchi se vuelve incluso más versátil mediante el uso del destello como arma.

Ikazuchi no Yoroi (Armadura de Trueno) : Es una técnica defensiva de Magia de Rayos ideada por Akeno con ayuda de Eve. Al envolver su cuerpo en una capa de mana eléctrico, se vuelve posible la ganancia de una velocidad tremenda y un poder físico monstruoso; esto debido a un estímulo en el sistema nervioso causante de una aceleración en la sinapsis neuronal, permitiendo reaccionar más rápidamente ante el peligro y empujar la destreza física al límite. También sirve como defensa, ya que la capa de mana disminuye el daño recibido de los ataques al mitigarlos.

Ikazuchi-ken (Puño Trueno): Movimiento ofensivo de combate cuerpo a cuerpo apoyado en la Ikazuchi no Yoroi . Después de que el usuario comienza a movilizarse, viaja a gran velocidad mientras concentra electricidad en su puño y golpea directamente al enemigo. Posee un gran poder ofensivo superior a la fuerza del propio usuario debido al impulso cinegético, pudiendo romper paredes y mandar a volar enemigos menores. Su velocidad lo hace muy difícil de esquivar.

Ikazuchi-keri (Patada Trueno): Movimiento ofensivo de combate cuerpo a cuerpo apoyado en la Ikazuchi no Yoroi . Es una variante del Ikazuchi-ken, variando únicamente en que lugar de usar un puñetazo se usa una patada como ataque.

Shinkei Suitchi (Interruptor Nerviosa): Es una técnica de Magia de Rayos enseñada por Eve a Akeno. Al emitir mana eléctrico de manera específica hacia el cuerpo del oponente, puede causar una reacción adversa en el sistema nervioso, impidiendo una sinapsis adecuada. Se puede luchar contra el efecto si se posee una gran cantidad de mana. Sus efectos van desde la parálisis completa hasta la simple reducción de la destreza enemiga.

Akeno todavía no está muy bien versada en el uso de la técnica.

Shinkei Inparusu : La «versión prohibida» del Shinkei Suitchi . Una sobresaturación en la sinapsis del propio usuario mediante electricidad para generar una «respuesta superior a la que se puede dar normalmente». Akeno la uso en esta ocasión para forzar a su cuerpo a moverse incluso cuando no le respondia, pero también podría usarse para triplicar su velocidad en condiciones normales. Tiene el inconveniente de paralizar al usuario por un lapso de entre horas y días.

Sacro-Relámpago: Es el poder del Cadre Barakiel, heredado por Akeno de parte de este. Una combinación de la Luz de los Ángeles y Ángeles Caídos combinada con Magia de Rayos. Considerada «la forma más veloz y poderosa de la Magia de Rayos», tiene un efecto extremadamente letal contra los Demonios y seres débiles a la Luz, Es, en adición, mucho más maleable y amorfo que la normal Magia de Rayos. Ya que es «un destello producido por una descarga eléctrica», viaja extremadamente rápido y tiene un área de abarcamiento mucho mayor. Mientras que un rayo es una especie de pilar semirrecto con una longitud máxima de un kilómetro, el Sacro-Relámpago toma la forma de una onda expansiva sin un límite aparentemente definido. Todavía es capaz de viajar en línea recta como un proyectil, y su efecto de área puede ser restringido si el usuario lo desea; pero por lo general es mucho más útil para usar contra varios enemigos que la simple Magia de Rayos o Luz.

El Sacro-Relámpago de Barakiel viaja a la velocidad de la luz, trescientos mil kilómetros por segundo (300 mil km/s). Dado que es tan rápido, ni el propio usuario puede comprender muy bien lo que ocurre con el ataque cuando es liberado a su máxima potencia. La inexperiencia de Akeno hace que su Sacro-Relámpago solo viaje a 1000 mil km/h.

Sakurezu no Raicho (Ave Trueno del Sacrosanto): Un ataque de Akeno con el Sacro-Relampago. Es un gigantesco fénix (Ave Bermellon) amarillo que ruge y choca con sus enemigos con una potencia increíble.

Magia Explosiva: Una forma de Magia ideada por Yolande Stolas. Partiendo desde la Magia de Tierra y la Magia de Fuego, se crea una reacción química que produce una descarga exotérmica de energía igual a la de una bomba humana, generando literalmente «una explosión» de la forma más pura y llana. Se ha demostrado por Yubelluna que es altamente versátil: puede generar la explosión de manera inmediata mediante destellos o Círculos Mágicos, generar esferas de energía que explotan al contacto, crear estructuras solidas de barro que explotan cuando ella lo desea y hasta hacer explotar elementos rocosos ajenos a los que manipula (como volver un edificio o hasta la misma tierra bajo sus pies en una bomba, aunque le toma tiempo sobrecargar las cosas con su mana). Se sabe que Yolande es mucho más diestra en el uso de esta magia que Yubelluna, aunque no se sabe exactamente cuál es la diferencia que existe entre ambas más allá de que aparentemente Yolande puede usarla para combatir cuerpo a cuerpo.

Bombdoll (Muñeco Bomba): Una técnica ofensiva/defensiva de la Magia Explosiva. Es la creación de figurillas tanto de arcilla como de rocas que explotan cuando Yubelluna lo desea. Los Bombdolls pueden tomar desde formas de animales hasta servir como señuelos al imitar a la propia Yubelluna, y son capaces de seguir ciertas órdenes que Yubelluna graba en su núcleo. No pueden hablar o pensar en un sentido estricto, pero algo como «perseguir a un rival» o «imitar los gestos de una personas» es ciertamente posible incluso si la propia Yubelluna no los controla como títeres. No hay un límite en cuanto al poder explosivo o a la cantidad de Bombdolls que puedan crearse, con la excepción de las propias capacidades de Yubelluna. Es importante destacar que los Bombdolls no pueden usar las habilidades mágicas de Yubelluna.

Stolo Maxi-Bombdoll : Una forma final de un Bombdoll . Es una gigantesca figurilla rocosa con forma de búho/fénix oscuro. Su nombre parece indicar algo…

Tic Tac Ticketry Bomb : Una técnica ofensiva de la Magia Explosiva. Al crear una esfera gigantesca de mana y sobresaturar una estructura, Yubelluna puede efectivamente convertir cualquier estructura rocosa en una «bomba de tiempo». Esto parte de cualquier objeto con la propiedad «tierra», incluidos los edificios que están hechos de materiales como el acero, el vidrio o hasta materiales mágicos rocosos de origen desconocidos. El propio suelo bajo los pies de Yubelluna no queda excepto, y, a riesgo de quedar atrapada en su propia explosión, ella puede efectivamente volver el campo de batalla en una bomba. Es un movimiento muy poderoso, pero su efecto explosivo varía en gran medida de las circunstancias. Un ataque casi suicida.