Capítulo 24

Queridos Mamá y Papá:

No sé si recibirán esta carta, pero quería avisarles que estoy abandonando temporalmente la Tierra con los miembros de mi escuadrón con destino al planeta de los Maestros de la Robotecnia, para buscar refuerzos de la Fuerza Expedicionaria para derrotar a los Invid. Volveré pronto, mientras tanto, Mamá, cuida de Papá con su enfermedad.

Con amor.

Su hijo Angie.

Carta de Angelo Dante a sus padres (no recibida) durante la invasión Invid a la Tierra en 2031 DC.

Angelo Dante, un hombre de 41 años, fornido de 1,81 metros de altura, cabellos y ojos marrones con nariz aguileña y descendencia italiana, se despertó lentamente y dolorido por la caída sufrida desde la superficie boscosa del planeta al que había arribado el SDF-3 en el "Nuevo Espacio". Miró hacia arriba buscando el agujero por el que había caído, pero fue inútil. Allí no había nada, solo roca sólida en las alturas. Recordaba haber pasado por una luminiscencia blanca que le pareció un campo de energía. Tal vez era eso lo que tapaba el agujero por donde había caído.
De pronto recordó que no había caído solo. La Cabo Nadia Bello lo acompañaba y había caído con él.
Rápidamente se levantó del suelo en la caverna que se encontraba, y un tirón de dolor recorrió su espalda, pero eso no lo detuvo de reincorporarse.
Varios metros alejada de él se encontraba la Cabo Bello inconsciente y cerca de ella su Cyclone. Angelo Dante se acercó a la Cabo Nadia Bello y verificó que estuviese con vida. Le quitó el casco, luego comenzó a zamarrearla para despertarla. La Cabo Bello respondió lentamente a los intentos del Sargento por despertarla. Finalmente abrió lentamente sus ojos y reconoció al Sargento Dante.
Dolorida por la caída le preguntó débilmente.

- ¿Qué sucedió, Sargento?

- ¿No lo recuerda, Cabo Bello? ¿Se encuentra bien?

Preguntó Angelo Dante a la joven muchacha de 19 años, de grandes ojos celestes, cabello rubio atado en una trenza y 1,68 metros de altura, aun confundida.

- Creo que el piso se hundío bajo nosotros, y luego caímos. No sé de que altura. ¿Caímos aquí?

Angelo se quito el casco de su Armadura Corporal y le respondió.

- No lo sé, Cabo. Miré hacia el techo de esta caverna y no hay agujeros. Todo parece sólido. ¿No recuerda haber atravesado una luz blanca, como energía?

La Cabo Bello se incorporó y miró el techo de roca, sin salida, que le señalaba el Sargento Dante. Todo el lugar era una caverna enorme, aparentemente sin salidas. La Cabo Bello le respondió al Sargento Dante.

- Ahora que lo menciona, creo recordar atravesar una luz blanca. Pero aquí no hay nada de eso, ni agujero de entrada, ni luz blanca. ¿Alguién nos habrá movido?

- No lo creo. Esto está desertico. Y no hay mas huellas que las nuestras.

Respondió Angelo Dante, luego extendió su brazo a la Cabo Bello para ayudarla a reincorporarse. Ella lo tomó y se puso de pie, al tiempo que decía

- Gracias, Sargento.

La Cabo Bello se encontraba bién, ningún hueso se había roto en la caída, aunque al igual que el Sargento Dante se encontraba con su cuerpo dolorido.

- Revisemos el estado de los Cyclones y tratemos de comunicarnos con el pelotón en la superficie.

Ordenó el Sargento Dante.
Levantaron los polvorientos Cyclones del suelo, y comenzaron a hacer una extensa revisión visual. Todo parecía estar bien. Angelo Dante se puso el casco de la armadura, levantó el visor que cubría su rostro y trató de comunicarse con sus compañeros en la superficie.

- Aquí Rojo-Dos a Rojo-Cuatro. ¿Me escucha?

No tuvo respuesta e intentó comunicarse con el Almirante Hunter.

- Aquí Rojo-Dos a Líder Rojo-Uno. ¿Me recibe, Almirante?

No obtuvo respuesta de ninguna de las dos comunicaciones, y por las dudas de que su radio se encontrase averiada, le pidió a la Cabo Bello que intentase comunicarse ella.
La Cabo Bello intentó comunicarse con Rojo-Cuatro y con el Almirante Hunter, pero obtuvo el mismo resultado, no pudiendo comunicarse con la superficie.

- Es inútil.

Concluyó el Sargento Dante y agregó.

- Comencemos a explorar esta enorme caverna a ver si encontramos una salida.

- De acuerdo, Sargento.

Le respondió la Cabo Bello.

Ambos montaron sus Cyclones y pulsaron el botón de encendido y los motores alimentados por Protocultura rugieron en la silenciosa caverna. Encendieron las luces de los Cyclones aunque había una tenue luz natural que iluminaba el lugar, y eligieron una dirección al azar a donde dirigirse en la espaciosa caverna.
En la superficie, la caravana de Cyclones y Veritechs Alphas en modalidad Guardián avanzaban lentamente sobre la superficie del planeta. Luego de un momento de avanzar, la marcha se detuvo sin saber la razón.
Un Cyclone de la vanguardia se comunicó con el Almirante Rick Hunter al vehículo Veritech todo terreno VM-9L Silverback que conducía el almirante en la retaguardia.

- Aquí Rojo-Cuatro a Líder Rojo-Uno. ¿Me copia Líder Rojo-Uno?

- Aquí Líder Rojo-Uno. Lo copio Rojo-Cuatro, adelante.

Respondió Rick Hunter.

- Aquí el Cabo Thompson, Señor. Quería informarle que perdimos contacto de comunicación y visual con el Sargento Dante y la Cabo Bello, quienes se adelantaron al pelotón para hacer un reconocimiento.

- ¿Cómo dice, Cabo Thompson? ¿Qué desaparecieron?

Preguntó Rick Hunter. El Cabo Thompson respondió

- Así parece, Señor. Acabamos de pasar por donde se los vio por última vez y no los encontramos más adelante.

El Almirante Rick Hunter frunció su ceño y con firmeza preguntó.

- ¿Alguien vio alguna de esas malditas esferas doradas en las cercanías, Cabo Thompson?

- Nadie reportó haber visto ninguna de esas esferas doradas, Señor.

Finalmente Rick Hunter ordenó al Cabo Thompson.

- Organice una partida de reconocimiento y rastree los alrededores del área de los desaparecidos.

- Si, Señor. De inmediato. Rojo-Cuatro fuera.

Dijo el Cabo Thompson y cortó la comunicación.
El Almirante Rick Hunter, obviando la cadena de mando con el Capitán Max Sterling, cambió a la frecuencia utilizada por los escuadrones de caza Veritech que los escoltaba lentamente en modalidad Guardián y les dijo.

- Aquí el Almirante Hunter. Hemos perdido contacto con dos elementos del pelotón de Cyclones. El Sargento Dante y la Cabo Bello. Se les considera desaparecidos. Necesito un escuadrón de cazas Veritech que haga reconocimiento en la zona en búsqueda de ellos.

Inmediatamente el Almirante Hunter obtuvo respuesta.

- Aquí la Teniente Marie Crystal, líder del escuadrón Black Lions. Nos ofrecemos de voluntarios para realizar la búsqueda. El Sargento Dante es uno de los nuestros, Señor.

El Almirante Hunter respondió.

- La asignación es suya, Teniente Crystal. Buena suerte.

- Gracias, Señor.

Respondió Marie Crystal. Inmediatamente los Veritechs del escuadrón Black Lions despegaron verticalmente en modalidad Guardián y cambiaron su configuración a caza para realizar un reconocimiento aéreo de los alrededores. Los demás escuadrones de Veritechs continuaron en modalidad Guardián volando pegados al suelo dando apoyo a los Cyclones.
El Almirante Hunter ordenó al Cabo Martino que lo comunique con el SDF-3, lo cual hizo a la brevedad.
En la Fortaleza Espacial, el Teniente Hakawa pasó la comunicación a su Capitán, la Almirante Lisa Hayes-Hunter.

- ¡Lisa, soy Rick. ¿Me escuchas?

- Si, Rick. Te escucho, adelante.

Respondió la Almirante Hayes y Rick continuó hablando.

- Hemos perdido dos personas más en el reconocimiento del planeta, el Sargento Dante y la Cabo Bello. Esta vez no hubo esferas doradas aparentemente.

- ¿Qué quieres que haga, Rick? Nuestros sensores no son tan precisos como para rastrear una persona.

Respondió.

- Lo sé, Lisa. Quiero que te comuniques con el Crusader Dos, en el hemisferio norte del planeta y le ordenes que se reúna con nosotros. Quiero toda la ayuda posible en la búsqueda. Tengo la impresión de que si desaparecieron dos personas aquí, también haya rastro de los 126 desaparecidos, los Generadores de Transposición y la Matriz de Protocultura.

- De acuerdo, Rick. Diré al Capitán del Crusader Dos que se reúna contigo a la brevedad. Espero que tengas suerte con la búsqueda y no haya más desaparecidos.

Respondió la Almirante Lisa Hayes-Hunter.

- Gracias, Lisa. Líder Rojo-Uno fuera.

Dijo el Almirante Hunter y cortó la comunicación.
En el interior de la extensa caverna subterránea., el Sargento Angelo Dante y la Cabo Nadia Bello avanzaban con sus Cyclones a velocidad de crucero por el yermo paisaje.
La Cabo Bello se dirigió a su oficial superior.

- No quiero desanimarlo, Sargento. Pero llevamos casi dos horas siguiendo la misma dirección, y no hubo cambio en el paisaje, que es bastante monótono, la verdad. Ni tampoco hemos encontrado una salida.

- No sea tan pesimista, Cabo Bello. Supongo que habrá alguien por quien regresar a la superficie, ¿padres?, ¿una pareja? ¿amigo o camarada?

Le respondió Angelo Dante.

- Mis padres están en Tirol. No tengo novio y mis amigos o camaradas son unos idiotas. ¿Y usted, Sargento?

Remató la Cabo Bello.

- Mis padres, si están vivos, están en la Tierra. La mayoría de mis amigos están en el servicio. ¡Y mi novia va a matarme si no salimos de este agujero!

Respondió sinceramente el Sargento Angelo Dante.
Mas adelante la Cabo Bello divisó algo extraño a un centenar de metros al costado derecho de su posición.

- ¿Qué es eso, Sargento?

Preguntó la Cabo Bello al Sargento Dante, que conducía su Cyclone paralelo a la Cabo Bello por su izquierda.

- No lo sé. Acerquémonos a averiguarlo.

El Sargento Dante y la Cabo Bello viraron a la derecha y recorrieron un centenar de metros hasta lo avistado por la Cabo Bello.
Al llegar al lugar, el Sargento Angelo Dante se sorprendió por lo que veían. Aproximadamente una docena de animales parecidos a un perro Poodle pequeño con gran cantidad de pelaje cubriendo su cuerpo, grandes orejas y cola. Boca grande con colmillos asomando. Sus ojos casi no se veían cubiertos por mechones de pelo, saltando y gritando agudamente.
La Cabo Bello sorprendida exclamó.

- ¡No puedo creerlo! ¡Son las primeras muestras de fauna que encontramos en este planeta!

El Sargento Dante no estaba contento con el descubrimiento.

- ¡He visto una de esas cosas antes! ¡Mi Comandante en la Tierra solía tener uno de esos extraños especímenes. Lo llamaba Polly. Nunca supimos de donde salió.

Lo que no sabía el Sargento Dante era que esas criaturas, llamadas Cha Cha, eran los polinizadores de la Flor de la Vida.

- ¿Llevamos uno como muestra, Sargento? ¡Son tan adorables!

Preguntó la Cabo Bello. Angelo, con su desconfianza natural respondió.

- No. No me gustan estas cosas. No me gustan las casualidades.

La Cabo Bello iba a replicar, pero vio la cara seria del Sargento Dante y decidió no hacerlo.
El Sargento Dante y la Cabo Bello emprendieron nuevamente su viaje dejando atrás los pequeños animales alienígenas.
Más adelante, siguiendo su camino por la enorme caverna divisaron un elemento lumínico en su camino. Primero el Sargento y la Cabo pensaron que se trataría de una salida de la caverna subterránea, pero al acercarse más al lugar vieron que se trataba de un domo semiesférico que reflejaba la luz en haces multicolores.
¡Habían encontrado una enorme Colmena Invid!