¡Hola a todos! Bienvenidos a mi primer fanfic después de muchos años. Espero que la historia os guste. Trataré de hacer actualizaciones semanales. Ya tengo varios capítulos escritos. Por el momento son muy cortitos pero espero que, a medida que avance la trama, se vayan alargando un poco. ¡Un besazo y gracias por leer!

Esta historia está dedicada a mi querida N de Nata

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Hermione estaba extasiada de empezar el nuevo curso escolar. Con los TIMO acabados, su sexto año se vislumbraba como una odisea de conocimientos y de preparación para sus exámenes finales del siguiente curso. Los nervios ya la comenzaban a carcomer por dentro, pero se repetía a sí misma constantemente que podía con ello. Tan solo si estudiaba duramente, como siempre hacía, podría lograr acabar sus estudios de forma impoluta y sin ninguna falta ni comentario negativo en su expediente académico.

O al menos, eso es lo que pensaba.

Hermione estaba corriendo a través de los pasillos de Hogwarts. Llegaba tarde a una reunión de prefectos convocada extraordinariamente por McGonagall. Era raro que la profesora citara a los prefectos en una reunión y ella, sin poder creérselo, se había distraído mientras estaba en la biblioteca. Nunca antes había llegado tarde a una reunión. No quería ni imaginar el rostro severo de McGonagall ni las sonrisas burlonas de sus compañeros y mucho menos pensar en que pudiera costar acta de su retraso en su expediente ni en el informe de la reunión.

Miró la hora en su reloj de pulsera. Eran más de las seis. El salón de reuniones estaba a la vuelta de la esquina. Cuando llegó Hermione se tomó unos segundos para recuperar el aliento y, con nerviosismo, giró el picaporte de la puerta. Como bien anticipó fue recibida por los ojos severos de McGonagall y miradas de sorpresa y burla de los demás prefectos.

—Llega tarde, señorita Granger—la voz de la profesora resonó por todo el salón. Muerta de vergüenza, Hermione solo pudo mirar al suelo y sostener con fuerza la tira de su mochila.—Tome asiento, por favor.

Avergonzada, Hermione se sentó al lado de su mejor amigo, Ron. La profesora retomó la palabra tras la breve interrupción.

—Como iba diciendo, los profesores hemos notado que últimamente hay... tensión entre los alumnos. No son tiempos fáciles para nadie—dijo. Todos los prefectos se miraron entre sí. El comienzo de una nueva guerra mágica había sorprendido a la mayoría.—Vemos que está creciendo la intolerancia hacia las personas nacidas de muggle. En Hogwarts no se toleran estas actitudes. Siempre hemos tratado de enseñar que todos somos iguales, sin importar de dónde vengan nuestras raíces. Por eso, a la profesora Burbage se le ha ocurrido una forma de acercar a todos los estudiantes sin importar de dónde provengan. Para ello, hemos decidido crear un club de cine.

—¿Un club de qué?—preguntó Ernie McMillan.

—Un club de cine, para proyectar películas muggle. Una película es un conjunto de imágenes que se mueven y tienen sonido—explicó McGonagall al ver la cara de confusión en algunos estudiantes.

—¿Es como una fotografía mágica?—preguntó Ron.

—Parecido, señor Weasley, solo que las películas tienen sonido, una larga duración y no están siempre en el mismo plano—algunos prefectos parecían aún más confusos, en especial los de Slytherin.—En el mundo muggle el cine es mundialmente conocido. Es considerado el séptimo arte y han hecho millones de películas de todo tipo. Los profesores pensamos que sería una buena idea para tratar de destruir los prejuicios hacia los muggles y nacidos de muggles. En el club habrán aparatos muggles encantados personalmente por el profesor Flitwick para que puedan usarse sin importar las medidas mágicas de la escuela. Este club será usado principalmente para sesiones nocturnas los sábados. Cambiaremos algunas rondas para que varios de ustedes puedan patrullar el lugar donde se organizará el club.

Hermione se alegró mucho al oír la noticia. El mundo mágico se había vuelto un lugar oscuro tras el regreso de Voldemort. Muchos magos, en especial los nacidos de muggle, se estaban escondiendo por miedo a lo que pudiera ocurrir. La sensación de inseguridad también se sentía en Hogwarts. Era un contraste curioso con el mundo muggle, donde todo seguía como siempre. Un club de cine no eliminaría de golpe los prejuicios que llevaban siglos entre los magos pero al menos ayudaría a entretener a la gente y olvidar por unas horas el miedo que se sentía en el ambiente. Quizá con suerte hasta pondrían alguna de sus películas favoritas.

—Les he convocado a todos ustedes porque quiero que hablen con sus compañeros de casa y les influencien para que se apunten al club. Necesitamos en estos tiempos tan oscuros que todos estemos unidos y tengamos un espacio donde poder estar juntos y pasarlo bien, olvidar lo que ocurre en el exterior—por unos segundos McGonagall calló, pasando su mirada por sus alumnos.—Los profesores queremos ayudaros no solo a olvidar vuestras diferencias, sino a que dejéis de recordar, aunque sea por unas horas, los acontecimientos que están ocurriendo fuera de Hogwarts—el silencio se sintió más pesado ante las palabras de la profesora. La realidad de que estaban viviendo una guerra volvió a asentarse en la mente de todos.—Para las rondas asignaremos a dos prefectos que vigilen el nuevo club y cambiaremos el horario y los lugares en donde patrullan varios de ustedes para poder hacer funcionar todo correctamente. ¿Alguna duda?¿No? Entonces fin de la reunión. Señorita Granger, usted quédese.—Hermione se heló al escuchar su nombre en boca de la profesora. Esperó sentada, creyendo que la profesora la castigaría por llegar tarde. McGonagall la miraba con su usual expresión severa pero se sorprendió cuando al hablar no se dirigió a ella.—Señorita Parkinson, por favor, venga aquí. Usted no, señor Weasley, puede irse. Cierre la puerta al salir.

Ron se quedó dubitativo. Hermione le sonrió, asegurándole que se verían más tarde en la cena. El pelirrojo asintió, marchándose del salón indeciso mientras Pansy Parkinson se situaba cerca de la profesora, aunque a bastante distancia de ella.

—¿Qué necesita, profesora?—Parkinson miró a McGonagall con indiferencia.

—Ustedes se encargarán de vigilar el club de cine—la Slytherin frunció el ceño, visiblemente molesta.—No me importa si le gusta la idea o no, señorita Parkinson. Creo que este puede ser un buen momento para que ustedes dos comiencen a llevarse bien. La señorita Granger podrá enseñarle muchas cosas sobre el mundo muggle, señorita Parkinson, lo cual estoy segura que la ayudará mucho con su actitud.

Hermione miró de reojo a su compañera, que aún mantenía su ceño fruncido.

—¿Y por qué yo y no Draco?—preguntó Parkinson.

—Porque ambas sabemos que él ni siquiera hará el amago de intentar hacer su trabajo. Por eso está siendo examinado, como bien sabrá usted— la Slytherin asintió, sin despegar su mirada de la profesora. Hermione se sorprendió al escuchar la revelación de que Malfoy estaba siendo investigado por su rendimiento como prefecto. Sería mejor ocultar esta información de Harry.—Estoy depositando mucha confianza en ustedes y no quiero que me decepcionen. Este club puede ayudar a abrir la mente de muchos alumnos y traer algo de felicidad a la escuela así que por favor, cumplan su trabajo.

Ambas brujas asintieron, sabiendo que aquello no saldría bien. Hermione salió del salón imaginando todas las noches que volvería a su cama enfadada por culpa de Parkinson y sus comentarios.

Mientras salía del salón sintió un empujón en su hombro izquierdo. Pansy Parkinson pasó a su lado y le dedicó una mirada asesina.

Aquello no iba a terminar bien.