Disclaimer: Yo soy JK Rowling? Y nunca me dijeron nada? Donde esta todo mi dinero?

Un anciano de barba larga y plateada, se hallaba caminando a altas horas de aquella noche, por un oscuro y lúgubre pasaje de Silent Hill y se detuvo ante el cerco desvencijado de la última casa, la número nueve. Dejando escapar un largo suspiro, y mirando anhelantemente hacia la misma, atravesó el cerco se dirigió finalmente a la puerta. Tomó el llamador con forma de serpiente, y tocó suavemente dos veces. Unos segundos después, escuchó pasos acercándose a la puerta la cual se entreabrió, dejando ver el rostro de un joven de piel cetrina, nariz corva y pelo negro azabache que le llegaba a los hombros. El joven miró al anciano y un gesto de reconocimiento y leve sorpresa apareció en su cara.

"Dumbledore" - masculló - "qué está haciendo aquí?"

"Severus" - respondió Dumbledore - "espero no sea este un momento inadecuado" - añadió levantando una ceja.

Severus entendió a lo que se refería, y respondió:
"No se preocupe, mi padre no se encuentra. Pase por favor".

Se hizo a un lado para que el otro pudiera pasar y lo guió por la oscura casa, hasta una pequeña sala, sólo iluminada por la luz de una modesta chimenea. Le ofreció asiento, en un sillón grande e incómodo que se encontraba frente a ella. Luego se sentó él mismo en el sillón contrario.

"Bien, Severus, supongo que estarás enterado de los últimos importantes sucesos" - inició Dumbledore la conversación.

"Sí. De hecho lo estoy y me preguntaba si todos esos rumores sobre los Potter son ciertos" - dijo con su fría voz habitual.

"Lo son, Severus" - respondió Dumbledore.

Severus parecía no saber con cual de su gran cantidad de preguntas comenzar a interrogar al anciano.

"Pero cómo pudo sólo un niño.."

"No sabría responderte, aunque así lo quisiera" - lo interrumpió Dumbledore. - "Verás..." - continuó, mientras se acomodaba en el sillón. - "Te preguntabas qué estoy haciendo aquí, no?"

"No puedo negar que su visita me es inesperada, señor"

Albus Dumbledore nunca había estado en la casa del joven Severus Snape, a pesar de los años que llevaban de conocerse. Por eso éste, sospechó en seguida al abrirle la puerta, que las noticias que traía no serían nada usuales e interiormente, a pesar de su apariencia indiferente y reposada, se estaba preparando para lo que Dumbledore tuviese que decirle. Aunque jamás se le hubiera ocurrido lo que finalmente dijo.

"Tengo que pedirte algo, Severus, por eso estoy aquí"- Acto seguido se dispuso a extraer de su bolsillo un paquete con confites. "Grageas, Severus?"

"Eh, no señor, muchas gracias. Volviendo a lo nuestro creo que ya he demostrado en repetidas ocasiones que usted puede contar conmigo para lo que sea."-dijo el joven, como si se tratara de algo obvio, mirando inquisidoramente al anciano.

"Lo se, Severus, sin embargo no puedes imaginarte lo difícil que es para mi pedirte esto especialmente, considerando el duro sacrificio que será para ti llevarlo a cabo"

Severus Snape no toleraba que le repitiesen algo cuando el ya lo había respondido. Contestó con tono un tanto cortante.

"Señor, si jamás lo he decepcionado con las cosas que usted me ha pedido, ¿por que no habría de poder ahora?"

Dumbledore consideró que si el joven Snape estaba tan impaciente por escuchar lo que el le tuviese que pedir, podía escucharlo sin preparación dijo: "Bien, Severus, necesito que te hagas cargo del hijo de James y Lily Potter"

El primer pensamiento de Severus Snape fue que había escuchado mal y se quedo callado esperando a que Dumbledore le explicara bien la broma. Al ver que este no decía nada, sino que lo miraba fijamente como si esperase que el respondiera algo, solo atinó a decir: "Perdón?"

"Lo que oíste, Severus" Dijo Dumbledore apaciblemente, con expresión un tanto compasiva en su rostro.

Severus Snape comenzó a sacudir la cabeza, incrementado la vehemencia en cada sacudida. Finalmente, pareció recuperarse del estupor, porque habló, y dijo:

"Lo siento ,señor. Me temo que no puedo ayudarlo. Pensé que me iba a pedir algo mas de acuerdo a mis"- aclarándose la voz, agregó -"capacidades..."

"No hay nada que puedas hacer por mi que sea mas necesario en este preciso momento"- dijo Dumbledore, mirando fijamente a Severus, quien se puso violentamente de pie, y alzó su voz:

"¿Como espera usted que yo me haga cargo de un niño pequeño?"- Dijo Severus Snape colmado de indignación. "¿Que voy a hacer yo con un niño?"continuó, el volumen de su voz alzándose cada vez mas. "¿El hijo de los Potter? ¿Tiene alguna idea de la incoherencia de su pedido? Evidentemente no, señor"

"Severus, se que es difícil para ti, pero realmente lo necesito"

Albus Dumbledore tenía toda su esperanza localizada en ese joven mago con túnica raída, mirada furiosa, que se paseaba incesantemente de un lado al otro de la habitación, evitando mirarlo a los ojos, en cuyo rostro se le adivinaba la inquietud mediante su ceño fruncido. Sabía que lo que le pedía era imposible de aceptar fácilmente. Esperó que el otro dijese lo que pensaba.

"¿Pero por que yo? Estoy seguro que usted debe tener mucha mas gente a la cual confiarle esto" - Dijo Severus tras pasearse algunas veces mas, aún sin mirar a Dumbledore.

"Toda mi gente de confianza esta ocupada en otras cosas ahora, y ya no puedo contar con la gente que esperaba se hiciera cargo de el niño"

Severus no contestó nada. Estaba vuelto hacia la pared, mirando por la ventana, obviamente absorto en sus propios pensamientos. Dumbledore continuó:

"No está en mis planes que sea tu responsabilidad para siempre, pero ocurre en este momento como supondrás, que tengo cosas muy urgentes e importantes que atender. Es mi intención conseguir una familia para este chico. Sólo te pido un tiempo, unos meses hasta que consiga reacomodar mis asuntos."

Nada. Severus seguía vuelto hacia la ventana, sin moverse. Dumbledore intentó una vez mas:
"Pero, sería preciso que te alejaras de esta casa y de la gente que frecuentas"

Dio resultado. Severus volteó a mirar a Dumbledore. Su rostro mostraba curiosidad. Abrió la boca para decir algo, pero lo pensó mejor, y dejó que el otro continuara.

"Como supondrás, todo el mundo mágico esta buscando al niño ahora. Tanto el Ministerio, como los seguidores de Voldemort."

Severus se estremeció visiblemente al oír ese nombre, pero no dijo nada.

"Es importante que este apartado por un tiempo, por lo menos hasta que las cosas se calmen un poco, puesto que sería peligroso que se sepa donde esta. Por eso es necesario la absoluta discreción también"

"Sólo unos meses, entonces?" - dijo Snape, considerándolo.

"Sólo unos meses" - repitió, Dumbledore sonriendo levemente - "Y después" - agregó - "Me gustaría que medites la posibilidad de trabajar como profesor en Hogwarts".

El rostro de Severus se iluminó ligeramente.

"De acuerdo. Sólo por poco tiempo. Pero le advierto que no tengo la más remota idea del cuidado de niños"

Dumbledore se incorporó frotándose las manos, ahora con una gran sonrisa en su rostro. - "No te preocupes por eso, ya lo arreglaremos. Ve por tus cosas".

Severus Snape quedó atónito ante la última orden de Dumbledore.

"Cómo ha dicho?"

"Sí, sí. Date prisa. Minerva no debe tardar en llegar. Te esperaré aquí afuera" - y diciendo esto, se retiró.

Severus, después de unos segundos de estupefacción en los cuales trató de entender qué había pasado, dio media vuelta, se dirigió a su la cual se encontraba en el piso superior. Rápidamente extrajo de debajo de la cama su viejo baúl del colegio. Luego, arrojo en el unas pocas túnicas. Tomó cuidadosamente los libros de la biblioteca y los acomodó dentro del baúl, tras de lo cual, lo cerró. Con una última mirada a su pequeño cuarto, cuyas paredes estaban pintadas con verde y en una de las cuales había un solitario póster de su equipo de Quidditch, el Falmouth Falcons, para ver si se le olvidaba algo de importancia, sacó su varita y señalando al baúl musitó: "Wingardium Leviosa" . Al instante éste se elevó en el aire delante de él. Desde la puerta, volteó para ver una última vez su cuarto y se encontró a sí mismo sonriendo. Finalmente dejaba aquella casa.

Se dirigió hacia la puerta de la casa para reunirse con Dumbledore. Su primer pensamiento al atravesarla fue que había dejado su escoba, pero fue interrumpido por Dumbledore, quien se encontraba mirando extraño reloj con doce planetas.

"Qué rápido lo has hecho. Cada vez que tengo que empacar me toma al menos media hora enrollar mis medias. Debería hacerse un hechizo que sirva para eso, no crees?" - dijo Dumbledore alegremente, mirando su reloj de tanto en tanto.

"Si" - contestó Severus - "Las medias son un gran desafío para cualquiera".

Sin notar el sarcasmo de la frase, Dumbledore asintió y caminó hacia la acera y miró a sus costados, tratando de divisar a alguien. Severus por su parte, miró a su alrededor. Su vista se detuvo en los árboles que se encontraban en la entrada de su deslucida casa, cuyas ramas se retorcían tétricamente. En ese instante, se acordó que había algo que Dumbledore no le había aclarado.

"Señor" - lo llamó - "No me dijo en dónde voy a vivir este tiempo".

"Esperaba que me lo preguntases" - le contestó el viejo mago - "Les encontré una bonita casa en un pueblo llamado Brave Loch. Está bastante apartado y, Severus, es un pueblo muggle" - al ver que una expresión de desagrado aparecía en el rostro del joven, se apresuró en agregar - "es lo más seguro, para ustedes dos."

Antes de que pudiera comentar nada, Dumbledore musitó dichosamente:

"Oh, aquí llegan al fin".

Severus se acercó a Dumbledore y pudo ver una apurada profesora McGonagall que se dirigía hacia ellos, con un niño dormido en sus brazos y un gran bolso colgado de su hombro derecho. Al verla, Severus sintió un malestar en el estómago. Cuando finalmente los alcanzo, McGonagall comenzó a hablar apresuradamente

"Buenas noches. Albus, señor Snape."- Dijo con una inclinación de cabeza hacia cada uno- "Disculpen la demora, pero es que me detuvieron en el camino, esos inconscientes, tirando bengalas en medio de los muggles, se imaginaran que supieron que traía al niño y me detuvieron...."

"Minerva, quieres hacerme el favor de explicarle a Severus las cosas básicas para cuidar niños mientras detengo al autobús?"

La profesora McGonagall lo miró escandalizadamente, pero Dumbledore ya estaba sacando su varita, por lo cual no pudo verla. Suspiró, aunque ya estaba habituada a los pedidos extraños de Dumbledore. Miró a Snape a los ojos y le dijo :

"Bien, es un niño bastante tranquilo, hay una lista de comidas permitidas para el adentro del bolso. Siempre debes cortarle la comida en pequeños trozos y dársela en la boca. También hay pañales dentro del bolso, tendrás que cambiarlo cuando creas que lo necesita y darle un biberón tibio antes de dormir. Ah, y sobretodo, jamás lo pierdas de vista, y si llora, álzalo, y al bañarlo debes vigilar que no hunda la cabeza dentro del agua"

Severus Snape que no entendió ni la mitad de esto, debido a que McGonagall había dicho todo demasiado rápido, preguntó aterradamente:
"Me lo podría escribir?"

McGonagall le dirigió una mirada gélida , y antes de que pudiera decir algo, se escuchó un fuerte "BANG", y apareció junto a la acera un gran autobús rojo.

"No hay tiempo."Alcanzo a oír Severus que le decía mientras se quitaba el bolso y se lo alargaba para que lo tomara. Al verlo de cerca él vio que tenía pequeños osos vestidos de marinero, y se preguntó si estaba haciendo lo correcto. Pero no tuvo tiempo para seguir meditándolo, ya que se encontró con el niño en sus propios brazos antes de que pudiera evitarlo. Dumbledore y McGonagall lo acompañaron hasta la puerta del autobús mientras Dumbledore le decía:

"En cuanto pueda me comunicaré contigo, recuerda mantener la discreción y fingir que el niño es tu hijo. Sostenlo fuerte, ya sabes como es este autobús. Espero que les guste la casa, yo mismo elegí las cortinas" - Añadió con una sonrisa. McGonagall estaba demasiado emocionada para hablar, pero le ayudó a Snape a subir los escalones del autobús. Antes de que se cerrase la puerta, Severus consiguió mirar hacia atrás, y preguntarle rápidamente a Dumbledore:

"Me olvidaba" - Dijo rápidamente-"¿Cómo se llama?"

"Harry" Dijo Dumbledore, y en ese instante, las puertas del autobús se cerraron, y a través del vidrio pudo ver una última vez su aborrecida casa, y las figuras de Dumbledore y la profesora McGonagall que se hacían cada vez mas pequeñas con la distancia. Camino por el pasillo, tratando de no notar las miradas curiosas de los demás pasajeros. Encontró una cama vacía, en la cual se sentó dejando el ridículo bolso a su lado. Y miró por primera vez el rostro del niño que llevaba en brazos, el cual dormía plácidamente, ajeno a las violentas sacudidas que daba el micro. Severus alargó un dedo y lo paso suavemente por la roja cicatriz en la frente de Harry, y susurró "¿Así que tu eres Harry Potter....El Niño Que Vivió?"

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