1.- La carta

            Habían pasado dos semanas desde que se acabó el cuarto año de Harry y el chico había estado deprimido desde el momento en el que había visto a su tío frunciendo el ceño en la estación del tren, sabiendo que sus vacaciones de verano no serían nada agradables. Aquello resultó ser una subestimación. Su tío y su tía lo habían vuelto a encerrar en su cuarto, demasiado asustados como para volverlo a encerrar en la alacena pero lo suficientemente enfadados como para mantenerlo fuera del resto de la casa. Solo le permitían salir de la habitación dos veces al día para que pudiera usar el baño, pero eso era todo.

            Después de la primera semana de su encarcelamiento forzado, los recuerdos del Torneo de los Tres Magos lo había dejado en una profunda depresión. Las pesadillas sobre la muerte de Cedric, en las que el muchacho lo culpaba, lo estaban empujado despacio pero inexorablemente hacía el borde y no podía parlarlas, continuaban frecuentándolo. Después de unos días, ya no le importaba. Dejó de comer, aunque aquello no era una gran diferencia ya que tía Petunia apenas le daba nada. También había comenzado a ignorar las cartas que recibía de sus amigos regularmente. Al final de la segunda semana, no solo estaba increíblemente delgado, pero también bastante mal.

            Una parte de Harry sabía que si las cosas continuaban así, no volvería ver Hogwarts otra vez; estaría o muerto por desnutrición, o por su propia mano. Había perdido el apoyo que recibía de otras personas y ahora se encontraba perdido en su propio mundo de pesadillas. Nadie estaba allí para ayudarlo, nadie estaba allí para cuidarlo, nadie estaría allí para verlo morir.

            Fue durante uno de esos momentos de comprensión en el que supo que Voldemort no tendría el placer de matarlo, por lo que Harry decidió escribir una carta. Sabía que si las cosas continuaban de esa forma habría muchas personas que lo pasarían mal. Le habían dicho muchas veces que se preocupaban por él, pero eso no le importaba en aquellos momentos. No lo veían de la misma forma, no comprenderían que sería mejor de esta forma, que él solo traía tristeza y dolor. Tenía que decirles que era lo que quería, hacerles entender que era la única solución. También tendría que agradecerles por aguantarlo durante tantos años. 

            Recogiendo los últimos trozos de pergaminos que quedaban en su habitación, se sentó en su escritorio con su pequeño y cansado cuerpo que temblaba por el esfuerzo de moverse. Despacio, comenzó a escribir, mientras intentaba impedir que su pequeña mano temblara demasiado. Apenas había acabado la mitad cuando comprendió lo inútil de la carta. ¿Por qué le importaría a nadie lo que pensase? Y aún cuando hubiera alguien, serían demasiado tercos como para comprenderlo, no lo aceptarían. No iba a cambiar nada. Además, estaba sintiéndose muy cansado, quizá debería olvidarse de todo e intentar dormir un poco más, esperando no tener ninguna pesadilla que interrumpiese su muy necesitado descanso. Llegando a esa decisión, se dirigió despacio hacía la cama y dejó que su cuerpo exhausto cayera en ella, sin incluso molestarse en arroparse con las mantas. Igualmente sabía que no lo mantendrían caliente ya que su fiebre había comenzado a subir en las últimas horas. Suspirando, se adentró en el sueño, sin darse cuenta de los ojos dorados que habían estado siguiendo cada uno de sus movimientos.

            Hedwig había estado mirando a su amo de forma silenciosa en su jaula. Había estado muy angustiada por el muchacho, pero no había conseguido que escribiera alguna cosa. Ahora que por fin había apuntado algo, no iba a permitir pasar la ocasión. La lechuza salió de su jaula y aterrizó al lado del trozo de pergamino que Harry  había dejado sobre la mesa. Lo recogió con cuidado y consideró donde debía llevarlo. Por fin, se decidió por el hombre que siempre podía ayudar a su joven amo y, en menos de un segundo, salió volando por la ventana en dirección a donde su instinto le dijo que estaría Albus Dumbledore.

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            En aquellos momentos, el director se encontraba sentado tranquilamente en la oficina de su casa de verano. No usaba mucho esa residencia ya que prefería quedarse en Hogwarts durante las vacaciones, pero ese año había sido imposible. Los Aurors estaban en aquellos momentos en el castillo, actualizando los viejos hechizos protectores. Aún cuando Fudge no creía que Voldemort había vuelto, había recibido bastante presión del Ministro como para permitir más protección alrededor de la escuela. Dumbledore había estado bastante sorprendido, pero lo había permitido. Unos cuantos Aurors serían mucho más eficaces que un grupo de maestros. Así que, su personal y él se habían visto obligados a estar fuera de la escuela hasta que comenzara el curso.

            Suspirando, Dumbledore guardó unos papeles. Estaba intentando organizar la resistencia contra Voldemort, pero era difícil sin la ayuda directa del Ministerio. Fue sacado de sus pensamientos de golpe, cuando una lechuza entró por su ventana. Una lechuza blanca aterrizó delante de él, haciéndole fruncir el ceño. Podría reconocer la lechuza de Harry Potter en cualquier sitio. Dándole unos golpes suaves al pájaro, recogió la carta que le había puesto en la mesa, preguntándose si Harry habría tenido cualquier otra pesadilla sobre Voldemort. Mirando el pergamino, frunció el ceño,  apenas podía entender lo que había escrito. Parecía que la mano del muchacho había estado temblando bastante cuando lo escribió.

            Agachándose sobre el pergamino, estrechó los ojos y comenzó a descifrar lo que decía la carta.

            "Querido Dumbledore, no estoy seguro de por qué estoy escribiendo esto. Supongo que simplemente quería agradecerle todo el esfuerzo que ha hecho por mantenerme seguro. Apenas he comprendido que nunca le había agradecido todo lo que ha hecho por mí y puesto que probablemente no lo volveré a ver, solo pensaba"

            La carta acabó bruscamente, dejando a Dumbledore muy angustiado. Se giró a la lechuza y la acarició suavemente.

- ¿Harry te dijo que me trajeras esto?

            Hedwig lo miró durante un momento antes de negar con su cabeza espacio. Dumbledore le dio otra vez unos golpecitos en la cabeza y suspiró. Claro que no. Harry nunca habría enviado una carta como esa. Eso era lo que más le preocupaba a su director, que hubiera llegado a escribir eso. Harry no era aficionado a mostrarse, era muy cerrado con respecto a sus emociones y tomaba mucho esfuerzo hacer que el muchacho dijera como se sentía. Algo iba muy mal. 

Sentado en su silla, decidió si debía enviar a Remus y Sirius a que vigilaran al muchacho. Realmente tenía un mal presentimiento sobre todo eso, pero comprendió pronto que no era posible ya que ambos hombres estaban en Irlanda en una misión para él. No regresarían  en una semanas y no quería esperar tanto. Mirando a la lechuza blanca otra vez, suspiró de nuevo y se puso en pie; iría a verificar al muchacho él mismo. Hedwig se quedó en la oficina mientras salía. Una vez que había pasado los hechizos anti-aparición, se concentró en quitar los hechizos de Privet Drive y se apareció inmediatamente, esperando no sobresaltar a Harry. 

Nota Traductora: Hola a todos!!! Aquí vuelvo otra vez a la carga... ahora con la traducción de la precuela del fic Peligros en el pasado o Dangers in the past. Ya aviso que no sé cada cuanto tiempo podré ir traduciendo, después de todo se acerca septiembre y con ello exámenes y inicio de un nuevo curso... y si se tiene en cuenta que este año me quedaré en la ciudad donde estudio, hará las cosas un poco más difíciles... ya que no podré tener mucho acceso a un ordenador... pero lo intentaré... y lo mismo va con el resto de mis fics... me estoy esforzando mucho en seguirlos... pero lo siento, es que tengo un pequeño bloqueo y no sé como hacerlo...

Hasta pronto,

Khari