Bueno pues aquí esta el capitulo final, advertir que es extralargo, así que con paciencia jejeje. Ya siento que sea así, pero es que no podía cortarlo, tenia que ser así.

PauHardy: Ya seeeeeee… he tardado jejej, pero espero que te guste.

Por si hay algún interesado he colgado algunos dibujitos de la historia en: riny-san (punto) deviantart (punto) com

No hay mucho aún, pero iré colgando poco a poco.

Os dejo leer^^


Capitulo 29

Había pasado una semana desde que todo aquello terminó, las cosas en el jardín volvían, poco a poco, a la normalidad. Squall se puso al día en el trabajo y los demás retomaron sus clases y misiones. Había mucho trabajo que hacer.

Laguna había vuelto a Esthar junto con Elleone y desde allí mantenía al jardín al tanto de los avances en la búsqueda de Seifer. Quistis seguía con el ánimo por los suelos, poco a poco perdía la esperanza de volver a ver a Seifer y de nuevo sus sentimiento iban y venían, había días en los que solo podía pensar en él, en cambio otros no entendía como era posible el haberse enamorado de esa persona.

Rinoa, por su parte, había comenzado con el duro entrenamiento para controlar aquel poder que poseía. Edea estaba a su cargo y al perecer las cosas iban mejor de lo que hubiera imaginado. La joven, a pesar de su estatura y complexión, era fuerte y su estado anímico y mental era el idóneo para tal entrenamiento, así que de momento no había de que preocuparse.

Durante esa semana Kramer también había estado trabajando duro y junto con Edea, habían decidido redactar un informe con todo tipo de detalles sobre lo ocurrido en estos últimos meses. El jardín entero debía saber la verdad de lo ocurrido y por supuesto se llevaría a cabo una ceremonia especial en honor a los siete muchachos.


Squall abrió los ojos lentamente, y con la mente aun aturdida por el sueño intentó incorporarse en la cama, pero un peso en su pecho se lo impidió. Levantó un poco la cabeza y fue entonces cuando vio a Rinoa dormida sobre el. La chica se encontraba totalmente recostada sobre su torso, impidiendo que pudiese moverse sin llegar a despertarla. El muchacho volvió a recostarse sobre la almohada y estiró sus brazos hacia atrás.

Squall podía notar como la chica respiraba de manera pausada y de vez en cuando dejaba escapar una especie de sonido, parecido al ronroneo de un gato, el chico dejó escapar una risa suave al oír aquello y comprobar que estaba demasiado a gusto para que despertarse por si sola. Intentó moverse de nuevo, pero el agarre de la chica se hizo más fuerte, pasando uno de sus brazos bajo su espalda. Estaba claro que Rinoa lo estaba utilizando de almohada. Tras unos minutos Squall comenzó a susurrar su nombre, hasta que la joven empezó a salir de su ensoñación.

- Squall: Rin… Rinoa –susurró mientras colocaba algunos mechones de su pelo tras la oreja de la muchacha-.

Rinoa se removió un poco pero no se separó de él, sino que se acomodó aun mas, llevando su cabeza hasta el cuello del chico. Squall comenzó a acariciar su rostro de manera suave hasta que por fin vio como abrió los ojos de manera pesada.

Cuando la muchacha consiguió despertar del todo, comprobó que tenía al joven acorralado, sus brazos enroscados alrededor del torso y una de sus piernas alrededor de la cintura.

- Squall: No me voy a escapar ¿sabes? –bromeó captando la mirada de ella-.

- Rinoa: Por si acaso –dijo con voz pesada-.

Rinoa sonrió y besó una de sus mejillas. Después levantó la camiseta del joven y dirigió su mirada hasta la herida del vientre. Con sumo cuidado, despegó el pequeño vendaje, que aun cubría la herida y observó que estaba casi cerrada, pronto los puntos que habían tenido que darle, se caerían solos.

- Rinoa: ¿Te duele? –preguntó dirigiendo su mirada, de nuevo, hasta el chico-.

Squall negó con la cabeza y notó como su camiseta era colocada en su sitio y tras otro beso en la mejilla, Rinoa se dispuso a abandonar la cama.

- Squall: ¿Dónde crees que vas tan rápido? –preguntó mientras la zafaba del brazo y la recostaba de nuevo en la cama-.

- Rinoa: ¿Qué haces? –preguntó divertida-.

- Squall: Es Sábado, no hay clases, es el día de nuestra gran ceremonia… -enumeró de forma desinteresada, a la vez que repartía sus besos por el cuello de ella-.

Squall se acomodó algo más sobre ella, sin la posibilidad de escapatoria. El chico la miró a los ojos de manera algo felina y tras besar sus labios suavemente comenzó a bajar para levantar la camiseta de ella y así depositar algunos besos sobre su vientre.

- Rinoa: ¿Si?, y tu tenías que ir a la enfermería, después hemos quedado con los demás en la cafetería, tenías que ir a hablar con Kramer –enumeró esta vez ella rebatiendo las palabras del joven, mientras enredaba una de sus manos en el cabello del chico-.

Squall emitió un sonido a modo de afirmación, ignorando las palabras de ella y sin dejar de deleitarse con la suave piel de la chica.

- Rinoa: Mira que hora es –le dijo desviando la vista hasta el reloj de la mesilla intentando convencer al joven de que parase -.

Squall levantó la mirada hasta ella y subió de nuevo hasta su cara, para quedar a escasos milímetros de su boca.

- Squall: Tenemos tiempo… -contestó ignorando totalmente la hora del reloj-.

- Rinoa: ¡Oh! Ahora si tienes tiempo ¿no? -dijo con sorna-.

El muchacho, que captó al instante aquel tono irónico, dejó lo que estaba haciendo y se apoyó sobre sus antebrazos para tener mejor visibilidad de la joven.

- Rinoa: Creo recordar… - dijo de manera pensativa-, que hace unos tres días el "Señor Comandante" no estaba en condiciones de complacer a su novia –prosiguió con tono entretenido-. Y argumentó que no podía hacer "movimientos bruscos" –terminó de hablar divertida, observando como el ceño del chico adoptaba aquella forma tan típica en el-.

Squall sonrió de medio lado, recordando aquel momento en el que la muchacha se había puesto demasiado cariñosa pero a el le seguía doliendo cada hueso que componía su cuerpo.

- Squall: Bueno, pues el comandante te puede asegurar que esta mañana se encuentra en unas condiciones físicas inmejorables y que está preparado para hacer "movimientos bruscos" o "muy bruscos" –dijo acompañando sus últimas palabras con una sonrisa algo pícara-.

La muchacha rió y permanecieron unos segundos en silencio, observándose mutuamente.

- Rinoa: ¿De verdad no te duele? –preguntó rozando la herida del labio, que por ser la mas insignificante, era la que mas le estaba tardando en curar-.

El joven negó con la cabeza y con delicadeza capturó los labios de ella entre los suyos propios. Aquel beso, que había comenzado de manera suave y pausada, terminó siendo un beso lleno de pasión, en el cual Rinoa pudo notar como la lengua del joven se enredaba una y otra vez, con la suya propia. Cuando el muchacho se separó de ella, Rinoa se mantuvo con los ojos cerrados durante unos segundos, hacia tiempo que el muchacho no la besaba de aquella forma por culpa de su labio herido, por lo que la chica intentó retener aquella sensación todo lo que pudo.

- Rinoa: Pues si, parece que ya no te duele –afirmó sonriendo, sintiendo aun el tacto de los labios de Squall-.

- Squall: Ya te lo he dicho, el "Comandante" se encuentra en perfecto estado –dijo con voz sensual-.

Squall no dejó que la muchacha dijese nada más y simplemente juntó sus labios, de nuevo, con los de ella. Cuando la joven bruja quiso darse cuenta, el chico con una habilidad pasmosa, la había despojado de su ropa. Así que ya era demasiado tarde para parar aquello, simplemente se dejó hacer y disfrutó de aquel momento.


Quistis caminaba despacio en dirección a la cafetería donde había quedado con los demás. Caminaba despistada mientras ojeaba, sin demasiado interés, las hojas que tenía en la mano. Sus pensamientos estaban inmersos en la cantidad de preguntas que llevaba respondiendo durante toda la semana, sobre lo que había ocurrido.

Cuando sus pies pisaron la entrada de la cafetería fue entonces cuando se dignó a levantar la vista de las hojas, simplemente para cerciorarse de que había alguien en la mesa de siempre. Y estaba en lo cierto, Irvine, Selphie y Zell estaban allí.

La muchacha, tras pedir algo de desayunar, se sentó junto a los demás, pegando su mirada a la comida que tenía frente a ella. Los demás la miraron expectantes, esperando a que dijese o comentase algo, pero no fue así. Simplemente se limitó a comer y seguir ojeando aquellas hojas.

- Zell: ¿Qué tal… esta tu pierna? –preguntó rompiendo el silencio incomodo que se había creado-.

La muchacha levantó la vista de pronto, y dirigiéndose al artista marcial asintió mientras una delicada sonrisa aparecía en su rostro, dando a entender que estaba mejor.

- Quistis: ¿Sabéis donde esta Squall? –preguntó cambiando de tema-.

Los tres jóvenes negaron con la cabeza mientras se encogían de hombros.

- Selphie: Deberían estar ya aquí –comentó la muchacha mientras se recostaba contra el respaldo de su silla-.

Minutos mas tarde aparecían por la puerta de la cafetería la pareja. Rinoa caminaba tras el comandante, zarandeándole una y otra vez de los hombros, posiblemente intentando convencerle para hacer alguna de las suyas. Squall con su paciencia y calma habitual, simplemente se limitaba a caminar resignado. Cuando la joven intuyó que aquello no era suficiente, anduvo unos pasos mas rápido hasta conseguir colocarse frente a él, haciéndole parar en seco. Éste la miró con incertidumbre y analizó aquella sonrisa que solía brindarle a menudo, después Rinoa le dijo algo al oído y en el rostro del muchacho pudo dibujarse una hermosa pero fugaz sonrisa. Sin decir nada mas, Squall la cogió de la cintura y la obligó a avanzar hasta la mesa donde se encontraban los demás. La joven bruja se sentó en la silla de manera enérgica y Squall, tras dejar su chaqueta en el respaldo de la silla, tomó asiento al lado de la joven, recostándose de manera informal.

- Rinoa: ¡Buenos días! –dijo con voz cantarina-.

- Zell: Vaya Rinoa, estas radiante –observó el muchacho-.

- Irvine: Si, ¿y tu Squall? ¿A que se debe ese gesto tan relajado? –vaciló señalando el entrecejo del joven-.

Squall apartó la mano del vaquero y bajó la mirada. Rinoa no pudo evitar una risa tímida al comprobar que era cierto que Squall se encontraba mas relajado de lo normal.

- Selphie: Creo que estos dos, han estado recuperando el tiempo perdido ¿Me equivoco? –bromeó alternando su mirada entre la joven bruja y el comandante-.

Squall carraspeó nervioso y sin levantar la vista de la mesa se levantó rápidamente y fue a pedir algo de desayunar, encontrando la excusa perfecta para no tener que enfrentarse a las insinuaciones de sus compañeros.

Rinoa lo siguió con la mirada sin darse cuenta que mientras lo observaba, inconscientemente, mordía su labio inferior con cierto aire de deseo. Cuando volvió la vista a la mesa, se dio cuenta que los cuatro la miraban de manera inquisitiva. Quistis había dejado de prestar atención a sus papeles para mirarla por encima de sus gafas con una ceja levantada de manera interrogante, la pareja había juntado sus caras y la miraban con una sonrisa de oreja a oreja, mientras que el artista marcial la analizaba con ojos entrecerrados.

- Rinoa: ¿¡Que!? –preguntó sin entender esa actitud-.

- Irvine: ¿Se puede saber que clase de cosas te ha hecho ese tipo para que tengas esa cara? –preguntó realmente curioso mientras señalaba a Squall que seguía en la cola-.

Rinoa carraspeó como anteriormente había hecho Squall y bajó la mirada. Cada vez que recordaba lo de esta mañana un calor sofocante se agolpaba en su cara haciéndola enrojecer. Jamás había visto a Squall de aquella manera. Tenía fama de ser callado, discreto, serio, sensato y responsable, además de poseer una paciencia de hierro. Pero aquel muchacho, en la intimidad era más que todo eso, el chico que parecía no poseer sentimientos era más apasionado de lo que cualquier otro hombre pudiera serlo y su paciencia de hierro se convertía en urgencia contenida. Era como si todo lo ocurrido hubiese cambiado el carácter de Squall hacia ella. Era más atento y comprensivo y ese carácter cerrado y desinteresado había dejado de existir en cuanto a ella se refería, de cara a los demás seguía siendo el mismo Squall de siempre.

Selphie soltó un suspiro de envidia al ver el gesto que tenía su amiga y la mirada de Irvine se clavó en ella.

- Irvine: ¿Pasa algo? –le preguntó con una ceja levantada-.

Selphie lo miró con una sonrisa tranquilizadora.

- Selphie: ¡Oh! No te preocupes, tú a tu ritmo –dijo dándole una palmadita en la espalda-.

Los demás rieron sin poder evitarlo, la cara de Irvine se transformó en una de confusión total, sin entender realmente lo que estaba pasando.

En ese momento llegó Squall con una bandeja llena de comida variada. Antes de que pudiese tomar asiento la voz de Quistis resonó impaciente en la mesa.

- Quistis: ¿Has estado con Kramer? –preguntó olvidando la conversación anterior-.

Squall la miró y antes de contestar tomó asiento. Tras colocar su bandeja, el joven asintió.

- Squall: Me ha comentado que el profesor Odín, esta analizando todos los datos de la investigación y cree que puede construir una nueva maquina, aunque no sé todos los detalles con exactitud. Seguro que el puede resolverlo –intentó animarla el muchacho-.

-Zell: ¡Vaya! eso son buenas noticias ¿no? –comentó apoyando su mano sobre el hombro de la instructora-.

Quistis asintió y sonrió agradecida, la verdad es que eso no la tranquilizaba demasiado, pero que el Profesor Odín estuviese al tanto, ya era bastante.

- Squall: ¡Ah! Y otra cosa, no es mucho pero han descubierto que el tiempo allí no transcurre igual –explicó arrugando una servilleta de papel-.

Quistis frunció el ceño y esperó a que el joven siguiese hablando.

- Squall: Parece ser que el no lleva allí una semana, sino que tan solo lleva horas, tal vez un día, como mucho. Así que de momento no tenemos que preocuparnos por el tiempo que ha pasado ¿no? –explicó optimista-.

Quistis suspiró de manera sonora y se dejó caer contra el respaldo de su silla, dejando los papeles de manera desordenada sobre la mesa.

- Rinoa: ¡Oye! seguro que esta bien –dijo en tono tranquilizador-. Es fuerte y aunque no lo parezca sabe lo que hace –continuó captando la mirada de la instructora-.

Quistis asintió de nuevo pero no dijo nada simplemente recogió los papeles y se dispuso a abandonar la mesa. Cuando se despidió de todos, notó como una mano fuerte la agarraba de la muñeca y la detenía.

- Squall: Irás al baile ¿verdad? –preguntó sincero-.

Quistis recorrió con la mirada a sus amigos y vio en ellos cierta preocupación por su estado.

- Rinoa: Tenemos que estar todos –afirmó-.

- Quistis: Ya pero el no estará y si…

- Irvine: No te preocupes, nadie se quedará sin saber que el nos ayudó hasta el final –interrumpió el vaquero-.

- Quistis: Allí estaré –dijo tras una pausa-.

La joven instructora sonrió agradecida y colocando sus gafas se despidió de todos hasta la noche.


Eran las nueve de la noche cuando todos los alumno del jardín empezaban a llegar al gran salón donde se llevaría a cabo la ceremonia en honor a los siete héroes que una vez más, habían evitado un desastre a gran escala.

Squall se encontraba en la puerta del salón junto con Zell, ambos ataviados elegantemente con sus trajes de Seeds, les daban un aspecto más formal y varonil. El joven rubio se movía en pequeños círculos de manera nerviosa, bajo la atenta mirada de Squall.

- Zell: ¿Como puedes estar siempre tan tranquilo, tío? –preguntó parando en seco frente a el-.

El comandante simplemente se encogió de hombros, el tampoco entendía como ese muchacho podía estar siempre tan nervioso.

Poco a poco la sala iba llenándose de alumnos, Seeds, familiares e invitados diversos. Una voz tras ambos jóvenes llamó su atención.

- Laguna: Buenas noches chicos -saludó jovial-.

Elleone caminaba al lado de aquel hombre y no tardó demasiado en acercarse a Squall para saludarlo. Después se dirigió hasta Zell y pronto entablaron una agradable conversación que ayudó a amenizar la espera. Squall, que se encontraba de espaldas hablando con Laguna, notó como el hombre abría sus ojos al máximo y apoyaba una mano en su hombro, obligándolo a girarse.

- Laguna: Me dirás que no está encantadora –pronunció el hombre-.

Cuando Squall vio de quien se trataba una sonrisa apareció en su rostro. Rinoa se acercaba por el fondo del pasillo luciendo con desparpajo un hermoso vestido blanco de corte imperio. La tela era de gasa de seda y caía hasta la altura de las rodillas. Un bonito escote drapeado se ceñía a la perfección en su pecho y justo bajo éste, se anudaba un hermoso lazo de color negro, realzando su delgadez y dotándola de un aspecto aun más delicado. En sus pies llevaba unos zapatos con un tacón algo más alto de lo normal atados al tobillo con un par de tiras adornadas en sus laterales por tres piedrecitas brillantes. Caminaba de manera elegante sobre esos tacones contoneando sus caderas a cada paso.

Cuando la joven llegó hasta ellos, ambos se quedaron sin palabras.

- Rinoa: ¿Se os ha comido la lengua el gato? –comentó de forma dicharachera-.

Squall no sabía que decir, nunca la había visto así, ni siquiera cuando la conoció hacia ya seis meses atrás en la ceremonia de graduación.

- Squall: Vaya… estás… -el muchacho que la miraba de arriba abajo se había quedado sin palabras-.

El muchacho clavó sus ojos en los de ella, los cuales, había delineado con sombra negra. Aquella sombra, que contrastaba a la perfección con sus ojos castaños, enmarcaba su mirada y la dotaba de profundidad.

- Laguna: Pareces un ángel, jovencita –interrumpió el hombre haciéndole una reverencia a la chica mientras besaba su mano-.

- Rinoa: Vaya, gracias –dijo correspondiendo la reverencia-.

En ese momento apareció Quistis tras ellos, especialmente radiante a pesar de su estado anímico. Vestía un largo vestido de color negro con la espalda descubierta por completo. Era de una tela muy delicada que definía perfectamente las curvas de la instructora. Aquel color oscuro realzaba el azul casi cristalino de sus ojos.

Los chicos tampoco fueron capaces de decir mucho al ver a la instructora de aquella manera. Parecía una mujer completamente distinta.

Al llegar notó las miradas de todos, clavarse en ella y con una sonrisa tímida habló.

- Quistis: Podemos ir pasando, Selphie e Irvine llegaran ahora –dijo bajo la penetrante mirada de los chicos-.

- Elleone: Bien pues entremos entonces ¿no? –dijo sacando del trance a mas de uno-.

Todos se encaminaron al interior del salón que estaba adornado de una manera muy sutil, dotando a aquella fiesta de un tono mas serio.

Rinoa se agarró al brazo de Squall y caminó con cuidado junto a él.

- Squall: ¡Vaya! Ya no eres tan bajita –bromeó el muchacho observando que encima de aquellos tacones tan solo le sacaba media cabeza-.

Rinoa le propinó un golpe a la altura del abdomen para después sacarle la lengua. El joven se quejó exageradamente y siguieron caminando.

Minutos más tarde todos se encontraban reunidos para recibir a los jóvenes que habían llevado a cabo tales hazañas.

No fue mucho el tiempo que transcurrió para que aquella fiesta se convirtiese en una excusa para beber y divertirse, olvidando completamente el objetivo de ella.

Squall se encontraba apoyado en una de las grandes columnas que adornaban aquel salón, con una copa media llena en su mano derecha. Observaba en silencio como aquella multitud se divertía, todos conversaban y bailaban animadamente. A el, como siempre, esas cosas no le iban, era mas de observar desde fuera. Paseó su mirada por el gran salón en busca de aquella mujer que hacia unas horas le había dejado perplejo.

Desde que la ceremonia había empezado no había tenido tiempo de estar con ella. Después del discurso de Kramer y las aclaraciones de lo ocurrido, los alumnos y familiares no habían dejado de pararles cada dos por tres para agradecerles y felicitarles por aquellas hazañas. Así que Squall había decidido refugiarse en su columna favorita e intentar pasar desapercibido. Observó como Irvine parecía desenvolverse a la perfección entre aquella multitud que le pedía sin para que contase de nuevo la historia. Selphie, por su parte, se había cansado de que el vaquero no la hiciese ni caso y había decidido tomar asiento al lado de Quistis que hablaba animadamente con Elleone. Kramer tuvo que ser salvado en más de una ocasión por Zell, ya que apenas podía dar un paso sin ser acorralado por familiares curiosos.

Cuando sus ojos toparon con aquella mujer que llevaba unos minutos buscando, una voz a sus espaldas lo sacó de su entretenimiento.

- Laguna: ¿Escapando de la multitud? –preguntó curioso-.

Squall asintió sin apartar la vista de Rinoa que hablaba con Edea.

- Laguna: ¿Sabes? Tienes suerte de tenerla a tu lado –comentó mirando a la misma joven que miraba Squall-.

- Squall: Lo sé… -dijo mirándolo por primera vez con media sonrisa en su cara-.

- Laguna: Pues no la dejes marchar… -aconsejó mientras se retiraba-.

- Squall: Y, ¿qué tal va lo de Seifer? –preguntó girándose para no dejar escapar al hombre-.

- Laguna: No hemos avanzado mucho, la verdad –contestó clavando de nuevo su mirada en el tumulto-.

- Squall: Pero ¿hay alguna posibilidad? –preguntó preocupado-.

Laguna asintió no muy convencido.

- Laguna: Odín esta en ello –aclaró-.

- Squall: Sonará extraño pero… –habló desviando la mirada hacia el techo del gran salón-, tenéis que traerle de vuelta –acabó diciendo clavando sus ojos en los de Laguna-.

El hombre sonrió y posó una mano sobre el hombro del chico.

- Laguna: Si, suena extraño y mas viniendo de ti –bromeó-.

- Squall: El nos ayudó, ayudó a Rinoa y fue de gran ayuda en aquel sitio –comentó con semblante serio-. Creo que podría trabajar con el –bromeó esta vez el joven-.

- Laguna: No te preocupes, estamos haciendo todo lo que podemos –dijo dispuesto a marcharse-. Creo que alguien viene a buscarte –dijo por último señalando a una jovencita que se acercaba hasta ellos-.

Laguna se despidió del joven dándole una palmadita en la espalda y Squall observó como Rinoa se acercaba con paso ligero y se plantaba frente a el con una de esas sonrisas suyas.

- Rinoa: ¿No piensas sacarme a bailar? –preguntó divertida-.

Squall sonrió de medio lado y no dijo nada.

- Rinoa: No me digas que voy a tener que hipnotizarte de nuevo –bromeó recostando su peso sobre el joven-.

- Squall: Que sepas que aquello no te sirvió de nada –contestó sin inmutarse mientras daba un sorbo a su copa-.

- Rinoa: Pero al final bailaste ¿no? –lo interrogó-.

- Squall: Mas bien, me arrastraste a la pista de baile –corrigió el joven-.

Rinoa se recostó aun más en él reclamando al chico más atención por parte de sus manos. Viendo que aquello no surtía efecto, capturó su labio inferior entre los suyos propios, mordiéndolo ligeramente con intención de provocarlo.

- Squall: Estas llamando la atención… -dijo contra los labios de ella pero sin llegar a tocar a la joven con sus manos-.

- Rinoa: Me da igual –dijo ella sonriendo-. Me debes una, por lo de esta mañana –comentó con voz sensual a escasos milímetros de la boca del joven-.

- Squall: Nos están mirando –comentó ignorando las palabras de la joven-.

- Rinoa: Yo no quería y tú me has obligado –declaró con voz falsamente apenada-.

Squall echó la cabeza hacia atrás y sonrió incrédulo, reconociendo el falso victimismo en la voz de la joven. Por primera vez posó su mano libre sobre la cintura de la muchacha. Notó la delgadez de ella a través de la sueva tela de aquel vestido y deslizó sutilmente su mano hasta posarla en la cadera de ella, notando la fina tira de su ropa interior. Squall se estremeció al contacto con aquella prenda y tras besar su cuello se acercó hasta el oído de la joven.

- Squall: Pues a juzgar por los arañazos en mí espalda diría que lo de esta mañana no te ha desagradado en absoluto –dijo mientras dejaba su copa sobre una de las bandejas con las que pasó una camarera-.

Rinoa sonrió entretenida, sonrojándose de nuevo, ni siquiera recordaba haber arañado su espalda pero era muy probable que tal cosa hubiese ocurrido. Pasó sus brazos por el cuello del joven y éste la rodeo al instante, escondiendo su cara en el cuello de ella.

- Rinoa: Vamos a bailar… - suplicó al muchacho-.

- Squall: No, mejor salgamos de aquí –dijo levantando la vista y viendo que la gente empezaba a reparar en ellos-.

El joven se deshizo de los brazos de ella y la arrastró fuera de aquella sala. Rinoa lo siguió sin rechistar y corrió hasta ponerse a su altura.

- Rinoa: ¿Dónde me llevas? –preguntó curiosa-.

- Squall: Ya lo verás… -contestó cogiéndola de la muñeca y acelerando de nuevo el paso-.


Quistis decidió abandonar todo aquel barullo, estaba claro que tenían mucho que celebrar pero ella no tenía ninguna gana, le daba la sensación de que era la única infeliz de aquella sala. Además cuando empezó a ver que las parejas se ponían más cariñosas de lo normal es cuando no tuvo ninguna duda de que quería escapar de allí como fuese.

La muchacha se escabulló entre la gente y anduvo por los pasillos hasta que decidió salir al patio, necesitaba tomar el aire y despejarse. Se recogió con delicadeza la tela de aquel vestido para no pisárselo y bajó los peldaños de los escalones hasta llegar a un frondoso árbol, el en cual solía protegerse del sofocante sol del verano. La muchacha se recostó en el y se descalzó, aquellos tacones la estaban matando. Durante un tiempo disfrutó de la suave brisa de la noche, perdiéndose en la inmensidad del cielo nocturno. De pronto, una voz a sus espaldas la hizo sobresaltarse. Creyó reconocer aquel tono grave al instante, pero sin creérselo, sus músculos se quedaron paralizados. Con sus ojos abiertos al máximo, empezó a girarse muy lentamente, como temiendo que aquello solo hubiese sido una ilusión.

- Desconocido: Estas preciosa esta noche –dijo aquella voz en un tono algo ronco-.

Quistis se giró por completo y sus sospechas se corroboraron al instante. Sus ojos se empañaron de pronto sin poder contener la emoción de ver a aquel joven.

- Quistis: Seifer… -susurró en mitad de la noche-.

Anduvo unos pasos hacia delante sin saber muy bien que estaba ocurriendo pero cuando fue consciente de la realidad, corrió hasta el chico y se colgó de su cuello. Al momento, notó como los brazos de él la rodeaban con fuerza a la vez que escondía su cara en el cuello de ella. Lo oyó suspirar y sintió como ese gran cuerpo se relajaba en el abrazo. De pronto, miles de sensaciones se agolparon en la mente de Quistis y separándose del chico bruscamente, le propinó un fuerte tortazo en su mejilla izquierda. La bofetada resonó en el patio desierto y la respiración de Quistis se volvió inestable y acelerada.

- Quistis: ¡Donde demonios has estado…! –gritó furiosa-.

- Seifer: Ouch… -se quejó el joven masajeando su mandíbula y mejilla, ahora enrojecida-. Esperaba otro tipo de recibimiento –objetó mirándola de arriba abajo con deseo-.

La joven instructora se quedó mirándolo fijamente y con la respiración agitada dejó escapar las primeras lágrimas sin poder remediarlo. Estaba furiosa con aquel muchacho, pero a la vez no podía describir lo bien que se sentía al tenerlo delante.

- Quistis: Me abandonaste, me obligaste a dejarte allí… ¡solo! –dijo enfurecida y con la voz algo entrecortada por las lagrimas-.

Seifer se acercó a ella, no podía verla así, por su culpa había estado sufriendo y el ni siquiera se había parado a pensar en ello. Cuando quiso abrazarla, la joven se lo impidió. Sus brazos comenzaron a agitarse rápidamente, evitando que la abrazase y una multitud de golpes desordenados fueron a parar al pecho de Seifer. Éste intentó pararla y cuando consiguió atrapar sus brazos la atrajo hacia el, pegando su cuerpo contra el de ella. La rodeó al instante con sus brazos y simplemente dejó que se desahogase contra el.

Quistis se calmó al momento y recostando su cabeza en ese pecho, dejó que las lágrimas saliesen sin control. El muchacho notó como los brazos de ella se aferraban con fuerza a su espalda, agarrándose una y otra vez a su camiseta.

- Seifer: Lo siento, tenía que quedarme, debía acabar con ella –confesó apoyando su barbilla sobre la cabeza de la chica-. Por mi culpa ha ocurrido todo esto, ellos me utilizaron, debía terminarlo yo –acabó de hablar intentando buscar la mirada de Quistis-.

- Quistis: Podía haberte ayudado –dijo enfrentando su mirada-.

- Seifer: ¿Y correr el riesgo de perderte allí? –el joven negó con la cabeza-. Todo ha terminado, conseguí acabar con ella y con su muerte todo volvió a la normalidad, aquel sitio simplemente desapareció - explicó el muchacho-. Ya no hay ningún peligro, nadie volverá a hacer daño a Rinoa –dijo limpiando las lágrimas de la chica-.

- Quistis: ¿Y tu pecho? –preguntó posando su mano sobre éste-.

Seifer negó con la cabeza mientras media sonrisa aparecía en su rostro.

- Seifer: También ha desaparecido

- Quistis: Se van a alegrar de verte –comentó la muchacha ahora más calmada-.

Seifer hizo un gesto de sorpresa sin llegar a creerse del todo aquellas palabras.

- Seifer: ¿Zell también? –bromeó-.

- Quistis: Me temo que si.

Seifer sonrió dolorido, a pesar de que todo había acabado, la pelea había sido dura y su cuerpo estaba destrozado, tardaría varias semanas en recuperarse del todo. Quistis le aconsejó que fuese a la enfermería y que esperase allí. Ella se encargaría de avisar a los demás y a Kadowaki. Kramer y Laguna debían ser los primeros en saberlo, la investigación podía suspenderse ya no iba a ser necesaria la creación de una maquina que lo trajese de vuelta, porque el ya estaba en casa.


Rinoa llevaba un buen rato preguntándose donde demonios la estaba conduciendo aquel muchacho castaño. Squall había cogido un coche del garaje y había conducido hasta Balamb para luego desviarse por un pequeño camino, el cual Rinoa, nunca había visto. Subieron por una cuesta bastante empinada y cuando ésta comenzó a descender, una hermosa vista del mar de Balamb se abrió frente a los ojos de la joven bruja. El chico vio como la mirada de Rinoa se iluminaban y una sonrisa de oreja a oreja se pintaba en su cara.

- Squall: Llevas todo el día diciéndome que esta noche querías hacer algo especial ¿no? –comentó desviando unos instantes su mirada de la carretera para ver a la muchacha-.

Rinoa asintió enérgicamente e inconscientemente se lanzó a besar su mejilla.

- Rinoa: Gracias… -pronunció sin apartar la vista del mar iluminado aun por la luna-.

Cuando aparcaron el coche, Squall sacó del maletero una manta, ya que aun hacia frío de madrugada. Guió a la joven hasta unas rocas algo más apartadas por las que fácilmente trepó el joven. Rinoa lo miró desde debajo de manera inquisitiva, preguntándose como demonios iba a subir por ahí. Squall, que la vio dudar, bajó un poco y le tendió la mano para ayudarla. Esta sonrió agradecida y dejando los zapatos a un lado cogió aquella mano.

El tortuoso camino entre piedras iba a dar a una gran roca que parecía haber sido erosionada por el mar simplemente, para que ojos humanos pudiesen observar su belleza. Desde allí, las vistas eran mucho más impresionantes, el mar que se abría frente a ellos parecía inmenso ante sus ojos.

Al parecer Squall había descubierto el lugar hacia unos dos años, le encantaba ir allí a pensar y como siempre a estar solo, el sonido del mar le relajaba y le ayudaba a aclarar sus ideas. Llevaba un tiempo pensando en llevar a Rinoa pero entre unas cosa y otras no había tenido tiempo, pero esa noche era perfecta para ello.

El muchacho se sentó sobre aquella piedra dejando que ella se acomodase entre sus piernas, mientras recostaba su espalda contra el pecho de él. El joven cogió la manta y colocándola sobre sus hombros, rodeó a Rinoa con sus brazos, quedando ésta totalmente tapada con la manta. La muchacha se acomodó aun mas al sentir la agradable tela sobre su piel que tan bien la protegía de la fría brisa marítima.

- Squall: Aún no te lo he dicho, pero estás preciosa esta noche –confesó perdiéndose en la lejanía del mar-.

Rinoa sonrió y girando un poco su cabeza la apoyó sobre el hombro del joven esperando el contacto con sus labios. Squall, entendiendo el gesto de ella, inclinó ligeramente su cabeza y rozó levemente aquellos labios rosados.

- Rinoa: Hagamos otra promesa –dijo sorprendiendo al joven-.

Squall la miró interrogante.

- Rinoa: Prométeme que no me vas a dejar nunca, que pase lo que pase no me vas a abandonar –dijo con urgencia-. Nunca nos separaremos –terminó con un brillo especial en la mirada-.

Squall quedó cautivo por aquello ojos y sin decir una palabra la besó con urgencia contenida. Saboreó de nuevo los labios de la muchacha una y otra vez mordiendo delicadamente su labio inferior.

- Squall: Te lo prometo, jamás nos separaremos –dijo tras abandonar sus labios-.

El sol comenzó a salir por el horizonte iluminando el mar de aquella manera tan especial. Rinoa quedó en silencio acurrucándose en el pecho del muchacho y simplemente observó perpleja la belleza de aquel amanecer, el único testigo de la nueva promesa entre los dos jóvenes. Una promesa que jamás se rompería.

FIN


Chapa final de la Autora XD

No me lo creo pero sip, lo he acabado.

Bueno antes que nada, dar las gracias a toda esa gente que me ha seguido hasta el final y la que me siguió en su momento. Agradezco de verdad todos lo reviews que habéis dejado no sabéis lo que anima a seguir adelante.

(Aunque este terminada yo encantada de que sigáis dejando comentarios ee?? XD)

Asi que MIL GRACIASSSSSSS.

Tengo que dar las gracias en especial a Rinoa Haatirii, que me ha estado apoyando durante todo este tiempo y fue ella la que me animó a seguir con ello, cuando lo dejé apartado.

Y gracias tb a PauHardy por sus últimos reviews, me alegro que te animaras a escribirme^^.

Bueno y después de esta gran chapa sabed, que pronto colgaré capitulo de la nueva historia.

Gracias de nuevo y hasta la próxima^^