Bueno, éste fic se lo vuelvo a dedicar a Yussi, porque le encanta ésta pareja.

No es que sea mi preferida, para ser sinceros, apenas leo fics de ellos, pero escuchaba una canción y se me ocurrió. Tal vez sea una idiotez, pero no sé. Me salió de repente y está hecho en media hora ¿qué más queréis?.

Ah¡¡ Una cosita, no sé por qué la gente que no está registrada NO me pueden dejar reviews, me gustaría saber cómo puedo solucionar el problema, así que si alguien me ayuda.... os estaría eternamente agradecida¡¡¡¡

Sin más, aquí mi minific. Si queréis que escriba sobre otra pareja me avisáis y me dais ideas. Se aceptan propuestas siempre que no sea de Cho Chang y Harry.

Mis fics suelen ser cortitos, porque es lo que mejor se me da. Ahora hago uno largo pero no lo publicaré. De todos modos, espero que os guste. Dejas vuestras opiniones¡¡¡

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Todo

Creo que te quiero. No sé decirte bien el por qué, pero es así. Te quiero.

Cuando comenzamos a vernos fue más por despecho que por otra cosa. Te cruzaste en mi camino y pensé ¿por qué no?. Tal vez así se me quite el dolor que me invade al verlo con otra.

En el baño de Myrtle fue nuestro primer encuentro. Ni siquiera recuerdo cómo acabamos allí, besándonos desesperadamente, mientras tú subías mi falda y yo te quitaba la camisa. Ahora me parece todo tan lejano que sonrío al recordarlo.

- Esto no ha pasado nunca ¿entendido? - me dijiste después de
aquello.

Ambos nos miramos, y en ese momento supe que no sería ni la primera, ni la última vez que te viera conmigo en los lavabos.

Pasó una semana y tú seguías como siempre. Paseándote con tus aires de grandeza, burlándote de todos. Burlándote de mí.

Esa noche regresaba a mi sala común cuando un brazo de la nada me agarró. Me puso tras una cortina, tapándome la boca para que no gritara. Eras tú.

Quitaste tu mano de mis labios y te observé de arriba abajo. Te besé y tu correspondiste con la misma pasión que la primera vez. Pasaste tus manos por mis caderas, apretándolas y empujándome hacia la pared de piedra. Me estremecí. Nunca supe si fue por tus besos o por el frío de la piedra. Susurraste mi nombre como nunca antes lo había escuchado y aquello hizo que te deseara más aún. Y sin darme cuenta comencé a quererte y a darte todo.

Los encuentros a escondidas al morir el día pronto se convirtieron en una costumbre y lo que comenzó como un simple juego se fue haciendo un mundo aparte para nosotros.

Cada noche tardaba en llegar una eternidad y el alba pronto aparecía en el horizonte.

Sentía tu cuerpo temblar al roce de mis caricias. El sudor haciendo que mis manos resbalaran por tu espalda hasta la cintura y tus ojos fijos en los míos. Esos ojos que nunca apartabas hasta el último momento, esos ojos que recorrieron mi cuerpo haciendo que se estremeciera con cada mirada, con cada contacto tuyo. Unos ojos que trazaban un mapa de deseo en mi piel. Unos ojos astutos. Unos ojos que acabé adorando.

Hielo. Hielo que se derretía cada vez que estabas conmigo a escondidas, que me abrazabas y me besabas. Hielo que era agua cuando me tenías a tu lado. Cuando me tienes a tu lado.

Poquito a poco fui viendo tu verdadero rostro. Con cada sonrisa dejabas en mí un sentimiento profundo ¿amor? Mejor no pensarlo. Te veía en los pasillos. Recordaba entonces la noche anterior y no veía la hora para verte y sentir como tus dedos quemaban mi piel y se perdían más debajo de mi cintura.

Un día en la biblioteca apareciste de repente, como siempre haces. Estaba vacía, pues había visita a Hogsmeade y era Sábado por la mañana. Me cogiste por sorpresa y me empujaste hacia las estanterías. Me besaste, pero no en los labios. Sino en los párpados, la frente, el pelo, las mejillas... y por último, un beso que me pareció un instante, pero que ya me encargaría yo de alargar aquélla noche.

Cuando te separaste de mi y vi tu sonrisa, tus ojos grises en los míos y las mejillas sonrosadas. Comprendí que ya formabas parte de mi vida como yo lo formaba de la tuya. Y que te quería. Que me querías.

Todo. Esa es la parte que ocupas en mi ser. Un todo que me da miedo admitir que te pertenezca. Un todo que significa darme a ti sin condiciones. Un todo que me condena a vivir nuestra historia furtivamente, deseando con ansias la salida de la Luna en el cielo y verte aparecer por cualquier rincón del colegio. Verte pasar tus manos por mis pechos y tener tu rostro frente a mí. Recorrer tu rostro con mis dedos. Cerrar los ojos y más que verte sentirte.

No es humano lo que me ocurre al estar a tu lado. Es placer y dolor. Placer de un instante y dolor de horas que no desaparece hasta tocarte.

- Te Quiero, Ginny - me dirás sonriendo, con aspecto cansado
y mirada tierna. Y yo te creeré como lo he hecho éstos último
años. Como la haré siempre que me lo vuelvas a decir. Como lo
seguiré haciendo el resto de mi vida.

- Yo también te quiero, Draco - responderé besándote
suavemente. Entonces nos vestiremos y saldremos de nuestro
escondite.

Y volveremos a ser los de siempre. Yo una Weasley, que en apariencia a todos sueña con que Harry Potter sea su príncipe y tú un Malfoy, riéndote fríamente de cada persona que se cruza en tu camino y con tu mirada de hielo fulminando a cualquiera.

Pero lo que nadie sabrá nunca, es que yo ya encontré a mi príncipe, y tu ya encontraste el calor que derrita tu hielo y endulce tu mirada.