Por supuesto, Harry Potter pertenece a Rowling.

Spoiler alert. Si no has leído el quinto libro, no leas esta historia.

El símbolo

Cornelius Fudge, Ministro de Magia, estaba sentado tranquilamente en su despacho, donde se suponía que trabajaba sobre la montaña de cartas y escritos que se amontonaban en su mesa. Pero, en realidad, no dejaba de pensar en Ya-Saben-Quién , Dumbledore y, sobre todo, ese molesto adolescente, Harry Potter. En eso estaba, cuando algo muy extraño sucedió. Un búho, ignorando los canales oficiales, introduciéndose en el Ministerio de la Magia y sorprendiendo a todo aquél que lo veía, entró en su despacho y dejó caer un pergamino, para acto seguido desaparecer por donde había venido.

-¡Creía que aquí sólo se utilizaban aviones de papel! - gritó Fudge, lo bastante alto como para que las personas del otro lado de la puerta lo escucharan- ¡Os ordené que...!

Enmudeció de golpe. Había reconocido el sello del pergamino. Lo había visto antes... pero en unos documentos de hacía siglos, no era posible que... Abrió el pergamino. Por supuesto, estaba dirigido a él, Cornelius Fudge, Ministro de Magia, Ministerio de la Magia. Lo que leyó le dejó tan impresionado que tuvo que releerlo varias veces y asegurarse de que no estaba soñando para empezar a darse cuenta de las implicaciones de la situación. Lo primero que sintió fue miedo, pero después, alegría.

-Bueno, esto lo cambia todo. Pero ¿cómo? ¿Por qué? ¿Por qué... después de todo este tiempo?

Una sospecha cruzó su mente.

-Potter. -murmuró. Y llamó a sus subordinados. Era hora de introducir cierto cambio en la legislación...

Mientras tanto, el verano se había presentado igual de difícil (o más, si cabe) para Harry. Sus tíos seguían tan "cariñosos" como de costumbre, por no hablar de su primo. Pero había sobrevivido, y ahora faltaban pocos días para volver al colegio. Era irónico, para la mayoría de estudiantes, eso era irónico. Para él era una liberación, sobre todo después de haber superado con nota más que aceptable todas los exámenes del año pasado.

-¡Búhos!-Chilló Tío Hermon.-¡Los odio!

El búho voló hasta donde estaba Harry Potter. Era de Hermione, su amiga.

Era una nota escueta: "Hola Harry. Dice Abuelo que la costa está despejada, que podremos amarrar sin problemas, y que ya es hora de replegar las velas. El resto de la tripulación espera. "

"Hermione se pasa con el lenguaje en clave. Bien, Abuelo será Dumbledore, la costa está despejada es lógico y lo último, querrá decir que como ya es hora de volver a Hogwarts, me esperan en la parada. Agadezco que la falta de actividad de Voldemort pueda reducir al mínimo la necesidad de una escolta... por ahora. Habré de estar atento."

-¿Te marchas, Harry?

El evidente placer que mostraban las caras de su familia desmentía el tono de pesar de estas palabras.

-Sí, me marcho.

Todo ocurrió como en años pasados. El tren se puso en marcha. Harry, Hermione, Ron y Ginny se juntaron (los gemelos Weasley hacía tiempo que habían huído a establecerse como vendedores de artefactos mágicos para bromas, pesadas, claro). Entonces apareció alguien por el vagón. Era un hombre o, si se fijaban bien, no debían pasar de 17 o 18 años. No era muy alto. Nada traslucía en especial, excepto unos ojos azules que parecían mirar en todas direcciones. Con una intensidad capaz de traspasarlo todo.

-¿Y ese quién es?-preguntó Ron. -No lo sé. No parece un estudiante. Ni lleva varita, o al menos, la lleva oculta. -respondió Hermione cuchicheando.

-Mejor sería que hablarais más bajo. Lo oigo todo. Es demasiado fácil, y quisiera entrenar mi oído. -dijo el desconocido mientras se alejaba.

Aquellas palabras dejaron descolocado al grupo. Pero Harry no podía prestar atención. Su cicatriz, que había estado casi sin dolerle durante mucho tiempo, empezó a doler. Muchísimo.

-¿Qué pasa, Harry?- preguntó Ginny que se había fijado en lo que le había pasado.

-Él. Está furioso y ¿Asustado? No, eso no es posible. Creo que hace décadas que no conoce el miedo.

-En todo caso.... -Empezó a decir Ron.

Siguieron hablando un rato. Hermione sentía una desazón. El desconocido había levantado levemente la mano. ¿Y qué? Se preguntó a sí misma. No hay nada de raro en eso... pero había algo familiar, algo conocido que no llegaba a entender. Algo que debería sorprenderla, pero no llegaba a determinar qué era.

Ya en Hogwarts, y después del tradicional ritual de decisión de la casa de cada nuevo alumno, se olvidaron del desconocido.

-¿Habéis visto? Alguien ha traído una reliquia muy antigua.-dijo Hermione al día siguiente, a la hora del desayuno.

-¿El qué?-preguntó Ron, con la boca llena.

-Fijaos.

Señaló hacia un bastón, que no parecía tener más marca que una curiosa disposición de unos puntos Parecían estrellas, con la forma de Orión.

-Es un bastón mágico, muy antiguo y poderoso. Se suponía que había desaparecido.

-Alguien lo habrá traído. -Repuso Ron

-Pues debe de ser Dumbledore. Porque sólo un mago digno de moverla puede llevarla de un lado para otro.-recordó Hermione.

Esto también pasó al olvido. Hasta que en lo que debería ser una aburrida clase de Historia de la Magia, el profesor se aclaró la garganta (figuradamente, puesto que llevaba siglos muerto).

--Bien, jóvenes. El Ministro Fudge ha introducido unos cambios. A partir de ahora, se me permite hablaros de una extinta rama de los magos. Ha sido un tema prohibido durante casi todo el tiempo que llevo muerto, así que debería de alegraros...

Pero pulverizó el poco interés que había despertado, con estas palabras:

-Aunque nos atendremos al plan de estudios. Por hoy hablaremos de la guerra de...

Harry, Ron y Hermione se preguntaron a sí mismos exactamente lo mismo, al mismo tiempo. ¿Tendría relación con el bastón?

Pero los chicos lo olvidaron. Sólo Hermione seguía sintiendo un insistente escozor en el fondo de su mente. Algo que pugnaba por salir por alguna grieta de sus recuerdos, pero no lo conseguía.

-Pociones. Sólo nos hacían falta las pociones. -fue lo que dijo Ron. Pero, extrañamente, Hermione no respondió. De hecho, se había mantenido muy distraída. --Tengo que consultar algo en la biblioteca. Puede ser importante. Después quisiera hablar con Dumbledore sobre los nuevos planes de estudio de Historia de la Magia. ¿Me acompañais?-dijo Ambos aceptaron, Ron, menos entusiasmado que Harry.

-Primero a la biblioteca.

Después de dar mil vueltas por la biblioteca, Hermione se dio por vencida. -Estaba aquí....

-¿Qué, la chica lista no encuentra lo que busca?- preguntó Ron.

-(Harry tratando de cortar una posible discusión,) ¿qué es lo que no está?

-Un libro sobre mitos de la magia. Pero, si no está aquí, vamos a hablar con Dumbledore.

Delante de la entrada del despacho del director de Hogwarts, se encontraron con una sorpresa. El desconocido estaba ahí.

-Os estaba esperando. Venid. Vamos a hablar con Albus.

-Necesitamos la contraseña.- repuso Harry.

Ron optó por la forma más obvia.

-¿La sabe usted?

-No nos hace falta.

Con lo que pareció una reverencia, la Gárgola se apartó y apareció la escalera de caracol.

El desconocido esperaba a los tres, al pie de la misma.

-¿Vienen? Albus nos espera.

Ya arriba, se encontraron con algo muy extraño. Todos los antiguos Directores y Directoras parecían mirar hacia ellos, y apartaron la mirada cuando el desconocido se enfrentó a la misma.

-Bienvenidos, jóvenes Potter, Granger y Weasley. Bienvenido a ti también, inesperado aliado.

Los tres se quedaron tan sorprendidos que sólo acertaron a decir "Hola". ¿Inesperado Aliado? ¿Qué demonios pasaba?

-Salud y larga vida.- Respondió el joven.

-Sentaos, ¿De qué quieren hablarme?

-Quieren hablarle de los cambios educativos que ha introducido Fudge. Y querían encontrar... este libro.

Sacó el libro de debajo de su brazo. En ese momento, Hermione se dio cuenta de que era el que había estado buscando.

-¿Y buscaba esto, verdad señorita Granger? Abrió el libro en una página. Al mismo tiempo, se quitó el anillo que Hermione había visto la otra vez. Y lo puso sobre las páginas.

-Ignoro cómo pudo este libro sobrevivir a la limpieza de la que fue objeto la biblioteca. O quizá, estaba decidido de antemano que así fuera...

Tanto en la página del libro como en el anillo aparecía el mismo símbolo.

Era un dragón blanco abrazando una estrella de cinco puntas negra y un dragón negro abrazando una estrella idéntica pero blanca, debajo de ellos, una espada.

-Éste es el símbolo de la Antigua Orden de las Dragones Gemelos. Orden a la que pertenezco.