Escrito por: Adriana S.
Fecha: 25 de julio del 2003 (1:00 AM).
Disclaimer: SHAMAN KING, le pertenece a Takei-sensei.
Nota: Es un punto de vista en primera persona, narrado por Anna Kyouyama.
Pairing: YohxAnna fic. .
N/A: Hola, hace tanto tiempo... :P Esta es una de las historias individuales que formarán parte de la saga "Una Serie de Probabilidades". Los fics son one-shots en un mismo timeline. Dejen reviews si les gusta!


Tal Vez

Historia uno, parte de la saga Una Serie de Probabilidades


Te adoro, te quiero, te añoro, te sueño.

Te amo.

Y me cuesta tanto decirte lo que siento, que me duele. Me duele no poder despegarme de este sentimiento. Un sentimiento que no logró comprender, que nació dentro de mí, de repente, que pasó desapercibido; y ahora que lo conozco y me doy cuenta de que esta aquí, clavado en mi corazón y tatuado en mi mente, lo desprecio, lo desprecio mil veces. Este sentimiento no es bienvenido... y cada día lo repudio más... con todo mi corazón, porque me vuelve débil ante ti, y yo, ante todo, odio la debilidad.

Cada mañana me levanto con el propósito de no rendirme y ganar la batalla silenciosa que levante en tu contra desde hace ya mucho tiempo. Cada mañana me preparo para soportar tu cálida mirada y tu sonrisa distraída. Así que pongo la mejor máscara que tengo sobre rostro, pidiendo que esta no se rompa como había sucedido el día anterior y el anterior a este. Lo hago suplicando que no te des cuenta de que estoy en tus manos, que con tan sólo dirigirme la palabra, estoy rendida ante tus pies, que estoy a tu merced. No puedo permitirlo. No cuando he soportado cosas mucho peores. Tal vez simplemente no me doy cuenta de la fuerza tan grande que representas como oponente en este juego.

Pero aún así, al salir de mi cuarto, me topo contigo en el pasillo y me saludas como cada mañana. Y al bajar las escaleras, me sonríes tan sinceramente, que no puedo evitar responder de la misma forma. Me doy cuenta que la mirada fría que tenía preparada para ti desaparece y que mis ojos son más cálidos y suaves. Una pequeña sonrisa se forma en mis labios. Últimamente sonrió más frecuente que antes... por ti y para ti.

Después, durante el resto del día, lo único que hago es observarte, de vez en cuando soltando un áspero comentario sobre tu actitud despreocupada. Y tu asientes y te ríes con naturalidad. Así como hace un momento. Y ahora mientras te tengo a mi lado y vemos a los peces nadando en el río bajo del puente, te observo de cerca. Te miro con incredulidad... y envidia. Porque si algo que admiro de ti es la tranquilidad con la que tomas las cosas.

Y así, con tus ojos cerrados y tu respiración calmada, él perfil de tu rostro es más hermoso que nunca. Con tus suaves cabellos castaños cayendo despreocupadamente sobre tu rostro, tocando delicadamente tus mejillas, te recargas sobre el viejo barandal de madera del puente. Suspiras y sonríes para ti mismo. Comienzas a murmurar la canción que escuchas una y otra vez con tus audífonos. Te vez muy contento, incluso si ha sido un día de escuela muy largo. Te miro y me asombras cada vez más, cada instante.

Finalmente abres tu ojos, pero yo sigo observándote. La verdad me pega de golpe, porque a pesar de que he intentado con todas mis fuerzas que esto pase, me estoy enamorando más y más de ti. Tal vez, siempre lo he estado, tal vez desde antes de conocerte, antes de vivir contigo, antes de volverte parte de mi vida y de mi rutina. Y también, me doy cuenta de que muero por decirte... Me volteas a ver, confundido. Siento un calor que recorre mis mejillas pálidas y estas toman un inexplicable tono rosa. Me miras primero curioso, luego preocupado. Bajo mi cabeza hacia mis manos y mi cabellera dorada cae sobre mis ojos. Hablas despacio, por lo bajo, como intentando no molestarme. Qué tonto eres...

"¿Estás bien?" dices.

¿Qué si estoy bien? ¿Cómo voy a estarlo si con tan sólo verte así de cerca mi cuerpo se paraliza? ¿Si con escuchar tu voz, me quedo sin palabras?

"No tengo nada", digo algo sobresaltada por tu pregunta repentina, apenas y alcanzó a decir algo coherente. Levanto mi cabeza pero no te miro, sino que busco un punto alejado de ti, y me apresuro en dirección a casa. "Debemos volver", explico, tratando de alejarme lo más posible, "Es tarde".

Te detienes un momento a ver el cielo, lo sé porque te veo nerviosamente de reojo. Al parecer te das cuenta porque enseguida me respondes. ¿Qué acaso a ti no se te pasa nada? Ah, es cierto, eres tú de quien estoy hablando.

"Tienes razón, esta oscureciendo".

Corres para alcanzarme. Camino más rápidamente pero ya estas a mi lado. Has mejorado impresionantemente, creo que después de todo no perdías el tiempo en mis entrenamientos. De la nada, tomas mi mano y la sostienes fuertemente contra la tuya mientras que tu otra mano ocupada con nuestras mochilas. Te habías ofrecido a cargar la mía desde que salimos del salón a la hora salida en el instituto, ganándonos los murmullos de parte de nuestros compañeros... estúpidos. Te miro sorprendida, pero de igual forma aprieto suavemente tu mano con el más sincero deseo de no volver a soltarla, nunca más. Caminamos hacia casa sin hablar, aún tomados de la mano, hasta que interrumpes el silencio.

"Además", dices sonriendo y volteo mi cabeza en tu dirección, para que sepas que te estoy poniendo atención, "hoy prometiste cocinarme algo muy rico para cenar. Y muero de hambre".

Asiento con mi cabeza, era cierto... dirijo mi mirada de nuevo hacia el camino ahora iluminado por la luz de los faroles. Tal vez algún día...

"Oye, Annita, ¿cargas piedras en tu bolso?" dices divertido y comienzas a reír. De alguna manera, te logras librar de mi mano que había comenzado a torcer la tuya cruelmente.

"¡¡¡YOH ASAKURA!!!" grito frenéticamente mientras te persigo con todas las ganas del mundo de golpearte, y duro, en esa cabeza hueca tuya.

"¡Ahh!"

Tal vez algún día pueda decirte lo que siento.

Owari