Escrito por: Adriana S.
Fecha: 3 de octubre del 2003.
Disclaimer: SHAMAN KING, le pertenece a Takei-sensei.
Nota: Es un punto de vista en primera persona, narrado por Horokeu Usui, alias Horo Horo.
Pairing: HoroxTamao.
Notas de la autora:: Nuevo oneshot, misma línea de tiempo. No es exactamente romántico, comprendan que es difícil que Tamao se enamore de Horo así como así, pero si deja una amplia probabilidad, jeje. Nos vemos en el próximo one-shot.


Quizá

Historia dos, parte de la saga Una Serie de Probabilidades


Te observé en la mañana, te habías levantado muy temprano para preparar el desayuno. Es algo que se ha vuelto tu rutina: despertar con una sonrisa y bajar a cocinar con tu típico entusiasmo, procurando hacer tu mayor esfuerzo. Y también se ha vuelto la mía: despertarme aún más temprano que tú para poder verte bajar las escaleras. Luego espero a que estés en la cocina para entrar con un bostezo fingido, para que no te des cuenta que te estuve esperando, y saludarte.

No sé cuanto tiempo he demorado mi partida de casa de Yoh... Quizá sea porque tengo comida gratis y baños de agua termales. Quizá porque disfruto del relajo que armamos entre todos los amigos o de la diversión que me causa el molestar a Ren Tao. O, quizá, sea porque tu estás aquí... quizá sea porque quiero verte. Mi hermana comienza a quejarse, dice que estamos aprovechando la hospitalidad de Yoh y de Anna... Ajá, la hospitalidad de Anna. Él único aquí que nos trata como huéspedes es Yoh, mientras que ella nos ordena de una lado para el otro, bueno al menos no es tan dura como antes. Pobre Yoh.

Yoh... Ah, Tamao, ¿por qué tuviste que enamorarte justamente de él?

Entro, como es costumbre, en tu sagrado recinto... la cocina. Estas un poco sorprendida porque he procurado no hacer mucho ruido. Tus mejillas están levemente rosa y tu respiración es un poco agitada, pero no mucho. Tu suave perfume llega a mí nariz lentamente y es totalmente exquisito porque es como estar en un campo de flores.

"Oh, es usted joven Horo Horo... me ha asustado un poco," dices avergonzada, el sonrojo de vuelta a todo lo que da. "¿Qué hace despierto tan temprano?"

Pregunta tonta, diría mi hermana. Creo que pasamos por esto todas las mañanas. Me siento en una de las sillas para observarte detenidamente y te respondo de la misma forma y con la misma pregunta, que ya también, digo todas las mañanas. "Hola Tamao. ¿Te ayudo en algo?"

A lo cual sonríes plácidamente. No, no creo que llegué a aburrirme de esta rutina. Es cierto que intento ayudarte cada vez que me lo permites, pero debo admitir que soy un desastre en la cocina.

Niegas levemente con la cabeza. "No, ya casi termino, solo siéntese y enseguida le sirvo su desayuno".

"Esta bien, pero sólo si tú me acompañas." Y siempre lo haces. Espero unos segundos. "¿Estás segura?"

Asientes alegremente y me sirves un plato con una porción generosa de arroz y un poco de pescado. Te miro y me encuentro con un sonriente ángel observándome. Te recargas sobre tus codos y tu manos sostienen tu cara. Me miras con cierta ansiedad, esperando a que empiece a comer.

"Desayuna conmigo..."

No es un pregunta sino una petición.

"Joven Horo... yo... no puedo," has bajado tus brazos y ahora tus manos descansan sobre tus piernas, miras hacia abajo y puedo notar que tu sonrisa ha disminuido considerablemente. "...además... el joven Yoh... yo quisiera..."

Es cierto, siempre lo esperas para desayunar, para que te de su aprobación, para que, quizá, se de cuenta que estas ahí... Pero yo...

"¡Vamos, Tamao!" exclamo exasperado. Dejo los palillos en la mesa, a un lado del plato de desayuno caliente. Entonces extiendo mis palmas y golpeo la mesa, recargándome para acercarme a ti. "Ambos sabemos que siguen durmiendo y no creo que se levanten en un buen tiempo. Yoh y Anna... los dos llegaron muy tarde anoche. Lo más seguro es que salieron juntos y se les pasó el tiempo volando."

Y era cierto, ayer en la noche, ellos habían llegado mucho más tarde que de costumbre. Si de por sí eso ya no era normal, por lo menos para los estándares de Anna, lo habían hecho haciendo un escándalo que bien pudo despertar al vecindario entero... Yoh corría frenético por todos lados, con mochilas en mano, intentando que la loca itako que tiene por prometida no lo golpease. Hasta ahí todo era normal, pero cuando todos nos dimos cuentas que ambos venían sonriendo... Tú, más que nadie en el resto de los huéspedes, te habías quedado estática, como si un balde de agua fría te hubiera caído encima.

Yo no pude hacer nada entonces. ¿Pero ahora esto? ¡¿Aún piensas en alguna posibilidad?! No puedo soportarlo y sigo exclamando, aún cuando sé que... "¡Tamao, deja de hacerte ilusiones, por el amor de Dios! ¡Yoh quiere a Anna y Anna quiere a Yoh! Sé que Anna no es la mujer más linda del mundo, ¡pero él esta enamorado de ella! ¡¿Qué no entiendes que él nunca tendrá ojos para ti?!"

La última frase la he dicho sin pensar. De inmediato me doy cuenta de mi error. He sido demasiado cruel, he hablado más de la cuenta, más que de costumbre.... En verdad, yo no quise... Tus hermosos ojos comienzan a llenarse de lágrimas, puedo verlas a través de los mechones rosas que cubren tu cara. Escuchó leves sollozos.

"Yo... lo lamento... no quise." Digo mientras caigo derrotado sobre mi silla, ni siquiera tengo el valor de confortarte, si he sido yo quien te hizo llorar.

Hay un largo silencio en el que escucho como intentas calmarte, pero a pesar de ello, no puedo verte a la cara.

"No... tienes razón Horo Horo." Levanto mi cabeza de golpe, primero asustado de no escucharte enojada, luego de que me estés hablando de tú. "Tienes razón, Horo Horo, en todo lo que has dicho. El joven Yoh solo tiene ojos para la señorita Anna... pero supongo que en verdad llegue a pensar que si me esforzaba lo suficiente... No tienes la culpa de nada, no te preocupes," repites mientras tallas tus ojos con tus palmas y te deshaces de las lágrimas, sonriendo levemente. Te das cuenta de que te miro asombrado. "Oh, lo siento, no debí tutearlo."

"¡No!" digo de golpe, "no, esta bien, puedes llamarme de tú. ¿Somos amigos no? En los amigos no hay diferencia, ¿verdad? Discúlpame tú, Tamao. Es sólo que no me gusta verte así, porque... bueno..."

Quizá solo debería callar mi bocota...

"Entiendo, gracias Horo, por preocuparte." Dices ofreciéndome una mano.

"¿Para qué son los amigos?" digo tomándola cuando un ruido procedente de mi estómago logra interrumpirnos y de paso, avergonzarme más que nunca. "Tamao, ¿podemos comer ya?"

Te ríes levemente, intentando no ofenderme, claro esta; porque si estuviera en tu naturaleza ,lo más seguro es que te estuvieras carcajeando tal como lo hace la extraña de mi hermana.

"Esta bien." Te sirves tu propia porción, mucho menor que la mía y te sientas a mi lado.

"¡Itadaikimasu!" grito con alegría, comiendo a la velocidad de la luz. Te miro de reojo, tú también comes tranquilamente. Sorprendentemente, siento que te encuentras como si te hubieran quitado una enorme carga de encima.

Quizá te puedas dar cuenta que siempre estoy a tu lado.

Owari