A dónde lo llevarán.

Esta listo para irse. Aun con las súplicas de su madre y de su maestro, esta listo para dejarse ir, morir y volverse un cisne real, volar a la Antártica en un suspiro de hielo frío y no tener que ver más muertes de aquellos a los que quiere. Tener catorce años y que lo único que te motiva es tratar de no morir podía llegar a ser bastante triste, y más que nada, descorazonador.

Adiós, Seiya, Shiryu, Ikki, Saori... Shun. Shun con sus grandes ojos verdes y sonrisas compartidas y risas en noches de frío, y ofrecimientos de caramelos y chocolate caliente.

Aun con esa nostalgia de algo... algo posiblemente maravilloso, está dispuesto a cerrar los ojos y morir, aun contra su promesa a Athena.

Pero no esperaba una cadena sosteniéndolo.

- ¡No te dejaré morir, Hyoga! -

No... no son cadenas... no son como las cadenas que trataron de sostenerlo en el templo de Géminis, es algo más suave... pero las llamará cadenas mientras se enredan en sus brazos, en sus piernas, en su torso, como si fueran brazos, y se congela. No literalmente como antes, pero deja de pensar en avanzar a la muerte.

Un cosmo explota a su alrededor, cálido, suave... no recuerda haber sentido algo tan tibio antes. No así.

Entonces sabe, dentro de él, que no puede rendirse. No aún. Más adelante se convertirá en cisne y cruzará por la aurora boreal, pero tiene que seguir las cadenas que lo sostienen por lo pronto, ver de donde vienen, que significan... y más aún, a dónde lo llevarán.