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Notas del Autor:

La siguiente historia está inspirada en un dibujo que realicé para Halloween, en el cual se observa a Phoebe mostrando una mano de naipes junto a una sonrisa mas bien tétrica.
Quiero agradecer especialmente a Terry Pratchett por ser tan genialmente bueno con su saga Mundodisco (Discworld) que incluso llegó a inspirarme para imitar su hilarante estilo.
Nada más. Disfruten la historia, que comienza... así:


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La Reina Manda

Por:

Megawacky Max

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- Capítulo 1 -
El Retorno del Rey

(Tolkien, muérete de envidia...)



Vacaciones de verano, las siempre-esperadas vacaciones de verano. Tan pronto como los adolescentes de 16 años corrieron fuera del último día de clases los planes comenzaron a realizarse.

"¡Voy a surfear sobre las olas todo el día!", Sid gritó su felicidad. Stinky apoyó el sentimiento.

"¡Bien, yo voy a quedarme en el sofá todo el día!", Harold felizmente exclamó. "Sólo yo, la TV y una bolsa bien grande de papitas."

"¿Qué? Harold, pensé que habías dicho que me acompañarías de compras el próximo Lunes," Patty Smith le recordó.

"Oooohhhh... ¿Tenemos que ir?", el niño rosa se quejó.

"-y podrás subirte al carrusel," Patty continuó, agregando un guiño de ojo cómplice.

Sid y Stinky rieron por lo bajo ante aquello. Harold levantó un puño amenazantemente cerrado. "¡Cállense!", demandó, fallando en la iniciativa.

"¡Harold en el carrusel!", Sid explotó en carcajadas.

"¡Vas a hacer que se detenga con todo ese peso extra!", dijo Stinky mientras se aferraba a sus costillas.

"¡Ya está! ¡Los voy a aplastar!", Harold exclamó.

El resto de los allí presentes observó a Harold dando caza a sus risueños burladores.

"Eso fue tan poco elegante...", Rhonda declaró en su estado Snob. "Qué bueno que estaré muy lejos en Sudamérica. Dicen que Bariloche está lleno de nieve, este mes."

"¿Bariloche?", preguntó Helga. Ella incluso debió torcer los labios para pronunciar la palabra. "¿Qué es eso y con qué se come?"

"No, Helga," Phoebe explicó: "Bariloche es una ciudad turística de Argentina. Se ubica junto a la Cordillera de los Andes. En esta época del año es un centro invernal de vacaciones genial."

"¿Estás diciéndome que vas a perderte toda la diversión del verano por culpa de un montón de nieve fría?", Helga frunció el ceño hacia la niña rica.

"¡Pero por supuesto! Este calor sólo me hará sudar barros. Por el otro lado, no puedo esperar a ver mis mejillas frescas y rosadas justo después de deslizarme montaña abajo en mis nuevos esquís..."

"Rodando montaña abajo, quieres decir...", Helga murmuró. "Ah, pero yo ya sé lo que haré: ¡estar todo el tiempo con Arnold! ¿No es verdad, mi cielito?", le parpadeó a Arnold de tal forma que todos alrededor pudieron escuchar el *click*. Ella actuaba así desde que empezaron a salir juntos.

"Ah, Helga... eh... No," el cabeza de balón se sonrojó.

"¿Qué?"

Arnold pensó muy bien las palabras antes de siquiera intentar decirlas. La reciente reacción de Helga había sido tan simpática como la que una persona promedio usualmente tiene luego de darse cuenta que se había sentado en un hormiguero con salsa de barbacoa en los pantalones.

"Recibí una carta de mi primo Arnie. Me preguntó si quisiera *cof*visitarlo*cof*."

"¿¿Te vas??", Gerald y Helga preguntaron.

"Bueno, sí... Él es raro, lo acepto... pero también es mi familia."

"Bueno, Phoebs, eso nos deja todo el tiempo para nosotros," Gerald sonrió. Phoebe también sonrió. Helga dio una rápida mirada a ambos, y Gerald se apresuró a agregar: "... Y Helga, por supuesto... Es tu mejor amiga."

Salvado por la campana, Gerald y Phoebe caminaron juntos, tomados de la mano, mientras Arnold y Helga tomaron su propio camino, tratando de disfrutar de sus últimas horas juntos.

Llegaron a casa de Phoebe. Allí se apretaron las manos.

"Bien, ¿qué haremos mañana, entonces?", preguntó ella.

"Hay mucha vacación, así que no te voy a dar toda la diversión el primer día," bromeó él. "Primero, para mañana por la mañana, un picnic en el parque de la ciudad. En la tarde, una película que acaba de estrenarse: '¡Oye, Albert! - La Película'."

"¡Oh! ¡Dicen que es una gran película! Lástima que las compañías publicitarias no trabajaran mejor en su difusión," Phoebe comentó, una sombra de lástima en su rostro.

"Sí, lo sé. Estúpido canal Mikeylodeon, siempre en contra de los mejores programas. De todas formas, eso sólo será la mañana y la tarde, porque después viene la noche, ¡y con la noche viene una romántica cena para dos!"

"¡Oh, grandioso! ¿Y qué habrá?"

"Salchichas y latas de gaseosa...", Gerald dijo. La sonrisa de Phoebe se esfumó con lentitud, hasta que él agregó: "... mientras miramos a la luna, junto a una mesa con velas, en la azotea de mi casa."

"¿De verdad?", la sonrisa de Phoebe volvió. Con refuerzos.

"¡De verdad!", asintió él. "Mi hermano mayor está forzado a llevar a Timberly a un parque de diversiones, así que la casa estará libre de familiares. Mamá y papá irán al cine."

"Gerald, eso suena muy bien...", ella le abrazó el brazo. "Eres tan atento."

"Hago lo que puedo, cielito..."

Ambos se dieron un gracioso beso esquimal. Phoebe dio una risita ante eso, como siempre lo hacía cuando ellos comenzaron a besarse como esquimales (frotándose las narices), dos años atrás durante su primera cita formal.

Gerald retrocedió. "Así que, mi dama, vendrá por ti mañana. Estáte lista para las nueve de la mañana, ¿bien?"

"¡Sí, seguro!"

Phoebe entró a su casa con una sonrisa de oreja a oreja. Gerald musitó un '¡Sí!' de alegría y comenzó su camino de vuelta a casa.

Caminaba él junto a un callejón cercado cuando...

"¿Qué tienes?", dijo una voz. Gerald se detuvo.

"Cinco Montones de Oro y un Tío Molesto," una segunda voz habló.

Los oídos de Gerald recibieron las palabras 'Tío Molesto' como una llave decodificadora. Una parte de su cerebro que él creía haber enterrado estaba de repente de regreso desde las profundidades. Cartas, símbolos, dados, reglas... todo eso apareció en sus pensamientos.

"Es... el Juego...", jadeó. Su espalda contra la cerca. El podía incluso escuchar la tétrica música de órgano haciendo eco en su cabeza.

"¿Qué arriesgarás?", preguntó la primera voz al otro lado de la cerca.

"Uhmmm...", la segunda voz dudó.

No arriesgues tus Montones de Oro, no arriesgues tus Montones de Oro, se repetía Gerald en su cabeza, una y otra vez.

"Arriesgo cuatro Montones de Oro," dejo la segunda voz.

"¡No...!", Gerald envió una mano a su frente.

"Lástima," la primera voz rió, "porque yo tengo dos castas de Cobradores. Me quedo con tu oro."

Gerald saltó y asomó su cabeza sobre la cerca. "¡¿Cómo, en el nombre del Reino, te atreviste a arriesgar cuatro Montones de Oro?!", bramó, rindiéndose ante el personaje.

Al otro lado de la cerca, dos adolescentes habían girado sus sorprendidos ojos hacia él.

* * *


Gerald regresó a casa. Su madre lo escuchó entrar.

"¿Gerald, dónde has estado? ¡Es casi hora de cenar!"

"Ah... ¿Lo es? Ah, lo siendo, mamá... Me retrasé con un par de amigos que necesitaban instrucciones," él se disculpó.

"Está bien. Me doy cuenta que son las Vacaciones de Verano, así que no tienes que mentirme. Seguramente querías tomar ventaja de todo el tiempo que pudieras," ella sonrió mientras recibía a su hijo.

"Ah... oh, eres lista, mamá... No puedo esconder nada...", se sonrojó.

Gerald subió a su habitación y buscó en lo más profundo del olvidado bajo mundo del armario. De debajo de una pila de viejas ropas que por aquel entonces podrían hablar Alemán, extrajo una caja de zapatos atada con una cinta y la abrió.

Del interior produjo un polvoriento mazo de cartas junto con un par de dados.

"No puedo esconder nada... ni siquiera una adicción del pasado...", susurró. Si la voz pudiera tener una forma, la suya sería líquida... y chorreando esperanza.

* * *


El reloj anunciaba las nueve y quince de la mañana. Phoebe estaba caminando en círculos en la cocina de su casa, coincidentemente alrededor de una silla con una canasta de picnic sobre ella. Cuando uno se levanta tres horas antes sólo para preparar una canasta de picnic, quince minutos de espera pueden tranquilamente volverse Tiempo Tortuga (que es lento, pequeño, y usualmente difícil de ser paciente para con él).

"Tal vez el reloj esté mal ajustado...", ella dijo al volver a chequear la hora de nuevo. Incluso tuvo la extraña idea de que el reloj había avanzado hacia atrás la última vez que miró. Fue en ese momento que el timbre sonó.

Este es un buen momento para remarcar el cambio de ánimo. De una Phoebe Impaciente vino de repente una Phoebe Animosa, literalmente patinando en el piso de la cocina mientras navegaba en línea directa hacia la entrada principal. O al menos tan directa como las paredes lo permitiesen. El cambio fue tan repentino como una reacción nuclear... Posiblemente igual de poderoso, también.

Pero cuando Phoebe abrió la puerta, se encontró con Helga.

"¡Hola, Phoebs! ¿Lista para el primer día de las vacaciones? Ah, veo que ya tienes la canasta de picnic lista; ¡buen tiempo!"

"¿Helga? Oooh... Esperaba a Gerald," ella se entristeció.

"¿Gerald? ¿Cómo es eso? Él estaba jugando con otros chicos en el parque. Yo misma lo vi," comentó Helga.

"¿Es verdad? ¿Cómo pudo olvidar nuestra cita?" La canasta en su mano golpeó el piso al caer.

"Puedes preguntarle. Apuesto a que todavía está en el parque, jugando ese tonto juego de cartas."

La mente de Phoebe se congeló. Bueno, no precisamente. No se congeló en el sentido del cerebro quedando tan frío como para que sus células estornuden y vayan por medicinas; se congeló en el sentido de detener el tiempo alrededor de él, dejando tiempo para la secuencia interna de jadear, preguntarse y asombrarse. No necesariamente en ese orden específico.

Que en realidad no DETUVO el tiempo, de hecho. La gente no puede hacer eso (nadie que Phoebe conozca, al menos). Es sólo una expresión metafórica que intenta expresar (porque, adivinen qué, las expresiones tienden a hacer esas cosas) que la mente de Phoebe se llenó de pensamientos rápidos.

Lo cual ahora me hace preguntar cómo pudo congelarse su mente si estaba, en realidad, pensando más rápido.

De todas formas... Ella recordó que Gerald le había contado sobre una adicción que él había tenido con un juego de cartas intercambiables. ¿Tal vez había vuelto a eso?

"Creo que necesito hablar con él... Helga, ¿recuerdas dónde estaba?"

"Seguro, te llevaré allá. Eeeh... Trae la cesta de picnic, ¿quieres? Tengo la extraña idea de que tu y yo comeremos solas."

* * *


Fueron al parque de la ciudad. Siendo el primer día de las vacaciones de verano, el lugar estaba bastante lleno. Uno podía arrojar una piedra en cualquier dirección deseada y escuchar las maldiciones sin posible error. Helga guió a su amiga hacia el lugar dónde había visto a Gerald. Observaron tras unos arbustos.

"Rayos... ¿Cuándo hizo esa corona?"

"Déjame ver," Phoebe pidió. También espió, y jadeó. Gerald estaba a la cabeza de un pequeño círculo de muchachos disfrazados. Todos los disfraces eran tipo-medieval, como si el Tiempo hubiese decidido jugar una broma en esa específica área del parque y hacerla viajar varios siglos hacia tras. Gerald, por ejemplo, llevaba puesta una corona de oro (cartón amarillo) y una capa.

"¡Gana usted de nuevo, su Alteza!", una de las personas dijo.

"Como siempre...", Gerald se dio aires en un todo Snob que Phoebe ignoraba que tuviese.

"¿Gerald?", la chica dijo mientras pasaba por el arbusto.

"¡Ack! ¡Un invasor de otro Reino!", uno de los sosos ahogó el grito. Los demás se preocuparon.

"¡Gente! ¡Gente! ¡Cálmense! Ella es... eh... una amiga mía. Ahora, quédense aquí mientras yo hablo con ella," Gerald ordenó.

Se puso de pie y corrió hasta los arbustos. Tomó a Phoebe del brazo al pasar y la arrastró junto a él.

"¿Qué estás haciendo aquí?", preguntó.

"¿Yo? ¡Qué estás haciendo aquí, dirás!", ella se quejó. "¡Se suponía que estaríamos aquí a las nueve, juntos!"

Gerald se veía nervioso. "Eh...Yo... Lo siento. Sólo tuve una pequeña regresión a cierto juego. ¡Pero eso no significa que no cumpliré nuestras otras dos citas de hoy!", se apresuró al decir, porque vio que Phoebe se entristecía.

"Te perdono. Quiero decir, debió ser un error tuyo. ¿Puedo confiar en que pasarás a buscarme para la película?"

"Seguro...", él le dio un beso esquimal. Se sintió frío, aquella vez. "Esta tarde a las tres en punto. Estate lista."

"Tú también...", ella sonrió.

Salieron de los arbustos: Gerald a su grupo y Phoebe hacia Helga. Le dio a su amiga una curiosa sonrisa y luego la acompañó al área de picnic. Phoebe la pasó bien con Helga... pero hubiera sido mejor con Gerald también. Esperaba ver esa película juntos.

Pero quedó esperando. Gerald nunca pasó a buscarla. Ella intentó telefonear a su casa, pero su familia dijo que él se había ido a algún torneo, o algo así. Phoebe estuvo en lo cierto al pensar que tal vez era mejor olvidarse de aquella cena juntos.

* * *


Y las cosas empeoraron, día tras día. Phoebe intentó localizar a su amado en cada momento posible, pero él raramente estaba en casa. Las pocas veces que consiguió hablar con él fue durante llamadas de disculpa ("¡Estaré ahí, lo prometo!") y encontrones casuales en la calle ("¡Estoy apurado! ¡Te veo luego!").

Después de algunos días, Phoebe se hundió en un ánimo triste. Helga no pudo evitar notarlo, y se preocupó por ella. Phoebe le explicó a su amiga todo lo que estaba sufriendo, así que Helga estaba lista para un veredicto.

"Hombres... Todos ellos apestan," Helga murmuró.

"¿Incluso Arnold?", su amiga preguntó.

"Desde el segundo en que fue a ver a su primo hasta el día que regrese... , incluso él."

"¿Qué voy a hacer?", Phoebe se preguntó, y sonaba desesperada. "Gerald no me presta atención. No puedo convencerlo de dejar ese estúpido juego."

"Sabes...", Helga sonrió," ... Arnold me contó una vez cómo se las arregló para traerlo de vuelta de ese mundo de fenómenos. Arnold desafió a Gerald a un juego y él tuvo que aceptar. Al llegar al final, Arnold arriesgó todo y dejó a Gerald en un conflicto moral. Tal vez tú podrías repetir ese movimiento."

"No creo que pueda ganarle. Él parece bueno. Bueno, él es... 'El Rey'," Phoebe lanzó ambos brazos al aire en exasperación.

Helga observó a su amiga con un curioso brillo en los ojos. En algún lugar dentro de esa cabeza llena de imágenes de Arnold y movimientos de lucha libre, dos o más cables comenzaban a echar chispas en conjunto.

"¿Cuáles son las posibilidades?", ella lenta, cuidadosamente habló.

"¿Qué?"

"¿Cuáles son las posibilidades de vencerlo? Quiero decir... Tú puedes vencer a otros jugadores en otros juegos de cartas. Te he visto hacerlo. ¿Qué tal si aprendes un nuevo juego, entonces?"

Phoebe desvió la mirada. Se hundió en sus pensamientos, y esperaba poder volver a emerger antes de quedarse sin aire. Helga le arrojó un salvavidas.

"Y podrás patearle su trasero," agregó.

Los pensamientos de Phoebe se aferraron al salvavidas. Volvió su cabeza hacia Helga, y la chica mandona se precavió de la sonrisa en la cara de Phoebe.

Podría haber hecho un hoyo en un bloque de acero.

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