El tesoro de Thranduil.


Capítulo 2do: Padre e hijo.


"¡Arriba, arriba, arriba!"

Le despertó Aldanis con entusiasmo en la voz, como era costumbre en ella. El pequeño Legolas replicó quejándose con un gemido y acurrucándose más bajo sus mantas, cubriéndose hasta la cabeza.

"¡Vamos dormilón! ¡Es hora de levantarse! ¡Tu padre vendrá hoy pronto a buscarte!"

Diciendo esto, Aldanis tomó las mantas del niño y, tironeando de ellas, descubrió al hijo pequeño de Thranduil, un niño de una equivalencia a entre cuatro y seis años para nosotros, de abundante pelo dorado y ojos azules como su padre el Rey Elfo. Habiendo crecido físicamente, también había crecido en semejanza a Undómeärel, pues según decían las doncellas de la corte Legolas poseía el espíritu de su difunta madre.

"Sueño..."

Pero antes que Legolas pudiera decir más, Aldanis comenzó a lavarle la cara con agua fría, demasiada fría para el gusto del pequeño príncipe, por lo que se puso a chillar.

"¡Sssss! ¡Calla!" - le dijo Aldanis - "Vamos a vestirte, rápido."

"¿Podré ir a ver a Elen?" - dijo Legolas, su carita escondida en la toalla que Aldanis usaba para secársela.

"Luego podrás, pero ahora tienes que ir con tu padre. Mira que guapo te vas a poner hoy." - dijo ella, mostrándole un trajecito de color verde limón y brillante, de cuello alto y con un cinturón a juego donde había una hoja de plata. Legolas puso cara de asco.

"¡No! ¡No! ¡Ese no!"

"Pues te lo vas a poner, quieras o no." - respondió ella autoritariamente, y diciendo ésto se dispuso a desnudar al niño para vestirle, quien no se lo ponía fácil, porque pataleaba y gritaba.

Finalmente, Aldanis hechó un suspiro de rendición. "¡Está bien! ¡Está bien!" - dijo tratando de calmar al niño. - "¿Por qué no te gusta? ¡Si es un traje muy bonito! Parecerás una hojita verde con ésto, estarás muy guapo y todas las niñas de la corte te querrán dar un besito." - le sonrió largamente, tratando de convencerle con un viejo truco que su madre usaba con ella de pequeña.

"¡No!" - gritó Legolas, sacudiendo la cabeza testarudamente. - "¡No me gusta el verde, quiero azul! ¡Y una 'riposa!"

Aldanis gimió exasperante; a Legolas le encantaban las mariposas, y también le gustaba vestir de azul, algo peculiar ya que los Elfos de los Bosques visten siempre de verde, marrón, o castaño (y para colmo el azul era un color caro). Mas conociendo la testarudez del niño (que por cierto, la había heredado de su padre el rey, sin duda alguna) decidió hacer lo que éste le pedía. De un momento a otro llegaría Thranduil, y la mujer no quería hacerle esperar (después de todo, un rey es un rey, aunque se trate de un amigo cercano.)

"De acuerdo. ¿Me esperarás aquí como un buen chico?"

Legolas dijo sí con la cabeza, poniendo carita inocente y con unos ojitos encantadores que parecían caramelos.

"Bien." - le sonrió ella - "Péinate mientras no esté, ¿vale?" - y diciendo esto Aldanis se fue, musitando algo sobre lo mimado que tenía Thranduil a su hijo y sobre el maldito truco de los ojos de cachorrito. Cuando Legolas dejó de oír los pasos firmes de su cuidadora que se alejaba, una sonrisa traviesa y malcriada apareció en su rostro. Si Aldanis le hubiera visto ahora, seguramente sus ojos ya no le hubieran parecido tan encantadores e irresistibles como antes.

Sigilosamente el pequeño Legolas se levantó de la cama, se escabulló por la puerta y cruzó rápidamente el pasillo sin que nadie le viera.



Aldanis apretó los dientes y musitó algo inteligible cuando de repente se encontró al Rey Elfo de frente, ya arreglado y vestido y en camino de ir a buscar a su hijo. Thranduil la miró un instante y frunció el ceño al ver el traje verde que la Elfa llevaba en sus manos.

"Buenos días Aldanis. ¿Legolas aun duerme?"

Aldanis tragó saliva. "¡Oh, no, mi Señor! Al príncipe no le... agrada el atuendo de hoy, así que he decidido ir a buscarle algo más a su gusto... con su permiso, por supuesto."

Thranduil abrió mucho los ojos. "¿Has dejado a Legolas solo?" - preguntó, sabiendo lo que muy posiblemente podía ocurrir si nadie le echaba un ojo encima al pequeño príncipe. No estaba preocupado por Legolas, sino por quien pudiera cruzarse en su camino.

"Sí... pero me ha prometido portarse bien..."

"Está bien, ve a buscarle algo para ponerse," - dijo él, alejándose rápidamente hacia el dormitorio de su hijo - "Mientras tanto yo le vigilaré. Si aun sigue en su dormitorio..." - ésto último se lo dijo a sí mismo, en voz baja, y aceleró el paso.

Por más que Thranduil hubiera hecho el record del mundo en velocidad, ya habría sido demasiado tarde. Cuando entró en la blanca habitación, lo primero que vio fue un bulto bajo las sábanas, algo que le dibujó una sonrisa en los labios. Probablemente el pequeño se había vuelto a quedar dormido. No debería dudar tanto de él, pensó, pero esos pensamientos desaparecieron cuando descubrió que el bulto bajo las sábanas no se trataba de su hijo, sino del cojín.

Thranduil no perdió un minuto y salió rápidamente en busca de Legolas. Comenzó a recapacitar y pensar en los lugares donde el niño podía estar. Lo más probable era que estuviera camino a casa de Elenmenel y Saëra para ir a buscar a su amiga Elenshael. También podía estar en la cocina tocando todo sin permiso. Tal vez estaba con Lîr el pintor en los jardines, y si era así (y Thranduil suplicó a los Valar que no lo fuera), encontraría a Legolas lleno de pintura por las manos, la cara y la ropa. Pintura al óleo. Muy difícil de lavar.

Estaba pensando en más posibilidades cuando se cruzó con uno de sus consejeros, "¡Mi Señor!" - le llamó éste - "Si tiene unos minutos podría-"

"¡No tengo tiempo ahora!" - respondió él, pasando rápidamente a su lado, sin mirarle - "He perdido a mi hijo."

"¿Otra vez, mi Señor Thranduil?"

Thranduil se detuvo de repente y volvió atrás hasta plantarse frente al consejero. "No le pierdo tan a menudo." - dijo cortamente.

"Yo no he dicho eso, mi Señor."

"Pero lo estabas pensado. Lo sé." - replicó Thranduil, levantando un dedo.

"Debo confesar que tiene usted razón..."

"¡Ajá! ¡Lo sabía!" - dijo Thranduil sonriendo triunfalmente.

"Mi Rey, ¿no dijo que no tenía usted tiempo?"

"¡Por supuesto! ¡Debo irme!"

Thranduil salió corriendo y el consejero sonrió para sí mismo, siguiéndole con la mirada hasta perderlo de vista. Podía ser un gran rey, pero todavía había algo del joven príncipe Thranduil en su interior; y en esos momentos en que su juventud reaparecía se le veía feliz, como en aquellos tiempos en los que su padre el Rey Oropher le castigaba severamente por saltarse las clases de tiro con arco (y al fin y al cabo no llegó a ser arquero, sino espadachín). Thranduil no había sido un hijo fácil de educar. Igual pasaba con Legolas, pero Thranduil era paciente y quería mucho a su hijo.

Sacudiendo ligeramente la cabeza y riendo suavemente el consejero se dio la vuelta y se marchó. Ver al Rey Elfo feliz otra vez le había hecho pensar que los asuntos a discutir con él podían esperar. En aquellos momentos Thranduil por fin había encontrado lo que buscaba. Primero vio a un niño de cabellos dorados despeinados que sólo vestía calzones. Tardó unos segundos en reconocerlo, y cuando se dio cuenta que el niño que se paseaba casi en cueros por el palacio era su hijo, se quedó de piedra.

Refunfuñando algo en élfico que es mejor no escribir aquí, Thranduil se apresuró a alcanzar al niño.

"¡Ay! ¡Ay!" - exclamó Legolas tan pronto como sintió dos fuertes brazos rodearle el pecho y levantarle del suelo. Quiso volver a gritar, pero Thranduil le tapó la boca con una mano y sólo le salió un "¡mmm!"

"¡Sssh! Estate quieto, Legolas. Tenemos que vestirte de inmediato. Hoy tenemos una visita, y tu tienes que salir conmigo y saludarles amablemente."

Como Legolas dejó de patalear, Thranduil volvió a dejarle en el suelo. Eso sí, sin soltarle la mano. El Rey Elfo miró a su hijo, quien estaba enfurruñado y trataba de librarse de la mano de su padre, frunciendo el ceño. Legolas podía ser un niño travieso y podía causarle muchos problemas, pero simplemente cuando le miraba no podía sino ver la criatura más hermosa y adorable del mundo. Thranduil se agachó y con una sonrisa en la cara abrazó al pequeño y le besó la mejilla, mientras Legolas hacía un ruido de disgusto y trataba de apartarse del abrazo de su cariñoso padre.

"¡Ada!"

Thranduil tan sólo se rió ante las quejas del niño y le abrazó más fuerte y acercó su rostro para besarle otra vez, pero entonces sonó el cuerno que anunciaba las llegadas. Thranduil se incorporó de repente, algo alarmado. ¡Había esperado que llegaran al menos dentro de dos horas! ¡Por los Valar, aun no estaban listos para recibirles!

"Rápido, Legolas, ve a vesti... ¿Legolas?"

Su hijo no estaba ahí. Le había soltado la mano y había huido. Thranduil gimió casi desesperado. "¡¡Legolas!! ¡¡¡Ven aquí AHORA!!!" - Los ecos de sus gritos resonaron por todos los pasadizos de sus cuevas. Thranduil respiró hondo - "De acuerdo, Thranduil." - se dijo en voz alta - "No pierdas la calma. Ahora vé a recibirles como un rey normal y corriente... y como si no tuvieras hijo."

Irguiéndose de forma arrogante y con una mirada orgullosa se puso en camino. Gandalf, Radagast y Saruman le estaban esperando en su estudio. Los Istari Gris y Pardo le recibieron con alegría, el Istari Blanco se inclinó respetuosamente.

Thranduil y Saruman no solían tener muchos tratos juntos, mas debían reunirse ése día porque tenían algo muy importante y alarmante que discutir: el creciente número de orcos patrullando en el sur del Gran Bosque. Fuera de sus dominios, pero en su mismo bosque.

Thranduil no había formado una amistad con Saruman como la que le unía a Radagast y a Gandalf, pero el Rey Elfo sentía gran respeto y admiración por el Mago Blanco. Era el hombre más sabio que había conocido, y sus poderes mágicos eran grandiosos.

Saruman el Blanco sentía mucho interés por los Anillos de Poder, y la mayor parte del tiempo se dedicaba a estudiarlos, por lo que no viajaba a menudo, en excepción de por las Tierras de Gondor y el Bosque de Fangorn. Por otro lado, Gandalf viajaba más que nunca, de un lado a otro, por lo que no se podía saber donde encontrarle; en estos tiempos viajaba muy lejos, hasta la Comarca, tierra de los Perian, porque al parecer se había aficionado a su hierba para fumar en pipa. Radagast se había instalado en Rosghobel, en las fronteras del Reino de Thranduil, y al parecer el mago Saruman también encontraría su hogar permanente: pues Thranduil había oído decir que Curunír se había interesado por Isengard, la gran fortaleza de Gondor que se encuentra al final de las Montañas Nubladas, en el sur, en los afluentes del Río Isen.

Thranduil se inclinó respetuosamente ante Saruman y se disculpó por su tardanza.

"Ah, no importa, viejo amigo." - le dijo Gandalf - "En realidad no hemos esperado mucho, y a demás la culpa es nuestra por venir con paso demasiado rápido, por lo que veo." - dijo con una larga y apacible risa y guiñándole un ojo. Thranduil se sonrojó de vergüenza al entender lo que el Peregrino Gris había querido decir con aquello: con las carreras que había hecho para atrapar a Legolas se le había movido la corona de su sitio y llevaba la capa torcida, cubriéndole un solo hombro.

"¿Y dónde está el pequeño príncipe?" - preguntó Radagast. El Mago Pardo ardía en deseos de ver al pequeño a quien bautizó con un hermoso nombre.

A Thranduil se le pasaron por la cabeza mil y una mentidas piadosas para excusar la ausencia de su hijo, y ninguna de ellas le convencía lo suficiente. Por suerte (o por mala suerte, como bien veréis) alguien llamó a la puerta y entró. Era uno de los sirvientes del rey. El hombre parecía algo aturdido.

"Mi Señor Thranduil, mi rey. El... príncipe Legolas reclama su presencia en... los aposentos de usted."

Los cuatro presentes intercambiaron miradas. Ay, Elbereth, sálvame, pensó Thranduil. "Os ruego que me disculpéis. Iré a buscar a mi hijo y volveré en seguida." - les dijo a los Istari, que tenían un rostro confuso, y se retiró.

Ahora bien, ¿por qué el sirviente se veía aturdido? Pues yo os lo explicaré. Resulta que el buen sirviente había ido a los aposentos del Rey Elfo para limpiarlos y ordenarlos, como bien era su deber aquella mañana. Lo que no esperó era que al entrar encontró el pequeño Legolas vestido con las ropas reales mas lujosas del rey (que de tan grandes que le quedaban las arrastraba por el suelo y tropezaba con ellas) y con una corona de hojas y bayas que le caía sobre los ojos. Fue una visión muy cómica, y el sirviente se quedó en silencio un momento, viendo como el niño tomaba la espada de su padre y se la ceñía en la cintura.

"Príncipe Legolas... ¿Qué-"

"¡Silencio sirviente!" - le había dicho éste, mirándole de forma arrogante (y de una forma muy familiar) - "¡Ahora soy el Rey Legolas! ¡Debes llamarme como tal! ¡Vé y llama a mi padre, porque debe saber quien manda ahora!"

"Pero Prínci- su majestad..."

"¡Vé! ¡Es una orden!"

Así que el pobre y buen sirviente se había marchado, aturdido, en busca de su señor Thranduil. Cuando el rey entró en sus aposentos, tampoco esperaba ver aquello, y se quedó con la boca abierta cuando vio a su hijo vestido con sus ropas (¡y las más caras! observó Thranduil enfadado), su corona, y con su amada espada que le regaló su padre Oropher ceñida en la cintura.

"¡Legolas!" - le riñó el rey, ahora algo enfadado. Legolas sólo se dio la vuelta para mirarle seriamente.

"He decidido que ya tengo edad suficiente para gobernar. ¡Ahora yo soy el rey! ¡Te relevo del trono y quedas desterrado del reino!"

Thranduil se quedó pasmado, mirándole. No podía creérselo. Su hijo... ¿acababa de hecharle del trono? Unas risas estallaron en la puerta. Thranduil se volvió todo sonrojado para encontrarse con los tres magos y con Aldanis, que en sus manos llevaba la túnica azul celeste y el broche en forma de mariposa que había ido a buscar para Legolas. Gandalf y Radagast reían a carcajadas, y Aldanis se cubría la boca para disimular su risita, pero sus ojos brillantes la traicionaban. Saruman miraba con los ojos muy abiertos.

"¡Mithrandir! ¡Radagast!" - gritó Legolas, y corrió hacia los Istari y se abrazó a ellos y les besó, mientras éstos seguían riendo y le devolvían el cariñoso gesto.

"¡Legolas! ¡Quítate eso ahora mismo!" - le ordenó Thranduil, recuperando su compostura.

"¡No! ¡Ahora yo soy el rey! ¡No puedes darme órdenes!" - respondió éste, y le sacó la lengua, algo que tomó a Thranduil por sorpresa. ¿Desde cuando su hijo era tan maleducado?

"Vamos, Legolas, cielo. Si te quitas las ropas de papá y te pones esto te haré una tarta." - dijo Aldanis, aun escondiendo su risa.

"¿De manzana?" - preguntó Legolas, muy interesado. Cuando Aldanis asintió Legolas sonrió y permitió que ella le ayudara a quitarse la gran túnica del Rey Elfo. Justo entonces Legolas se percató de la presencia de Saruman, a quien no conocía aun, y al ver al alto anciano vestido de blanco, con mirada severa y rostro no muy amable, se acurrucó en los brazos de Aldanis y escondió su rostro en el pecho de ella, mirando de reojo al Mago Blanco.

"Ah, Legolas. Él es Curunír, de los Istari. Es el jefe de la orden de los Magos." - le dijo Thranduil, incitándo al pequeño príncipe para que se presentara. Así lo hizo. Legolas se inclinó y murmuró un -es un placer conocerle-, y de inmediato volvió a ocultarse en los brazos de Aldanis.

Thranduil, Gandalf y Radagast sonrieron. Al parecer el Mago Blanco le daba miedo.




Balrog of Altena: ¡Aiya! Siento haber tardado tanto en escribir un nuevo cap. En realidad iba a ser mucho más largo (y dramático), pero lo dejaré para el próximo capítulo.
¡Estoy impresionada! ¡Nunca había recibido tantos reviews! ¡Me habéis hecho una chica feliz! ¡¡Muchísimas gracias a todos por vuestros maravillosos reviews!!

* Lîr = canción.

* Perian = Medianos (Hobbits).

~Brazgirl: Aiya! It's wonderful that you can read Spanish! *grins* I love Thraduil fics, and I think you do as well, don't you? Well, Thranduil is one of my favourite Tolkien's characters. Anyway, you would like this fic much more if you read my other fic "Hojaverde y el Amigo de los Elfos": it takes place after RotK and has something to do with "El Tesoro de Thranduil". Thank you for your review!

~ Agus y Moony: Aiya! Me alegro que te gustara y espero que sigas leyendo ^_^ No soy de Barcelona, soy de Menorca; y la verdad no se quien es Christopher Jacques, aunque el nombre me resulta familiar. Gracias por tu review!

~ VaniaHepskins: Aiya! Estoy muy contenta porque has leído mi nuevo fic! :-) el regalo de Thranduil ya ha aparecido en Hojaverde y el Amigo de los Elfos; aquí pude escribir su origen ^_^
Gracias por tu review! Me alegra de veras saber que una buena escritora como tú lee mis historias :-D

~ CUMINA: Me alegro de haberte emocionado y hecho poner triste. De eso se trataba ^_^

~ GrisseyKey: ¡Muchas gracias! Siempre estoy muy contenta de que leas mis fics y de que me dés tu opinión. :-) Espero que la información que te mandó sobre los Magos Azules te haya servido de algo.

~Usagi-cha: ¡Aiya! Espero que éste cap también te haya gustado. Este ha sido más divertido, pero el próximo volverá a ser dramático (en él contaré lo que en "Hojaverde y el Amigo de los Elfos" Legolas dijo a Gimli después de la llegada del dragón Rukraf.) Ay, ya verás lo que tengo preparado para Legolas de mayor, muy triste y tierno; pero también tengo ganas de escribir sobre la adolescencia de Legolas... XD ¡me parto de risa con sólo pensarlo!
¡Muchas gracias por tu review!

~ Arashi: Ay, el Libro 4 no sé cuando lo actualizaré. Tengo varios fics porque los escribo según y como me viene la inspiración. En realidad ya tengo parte del capítulo escrito, y es muy oscuro y lo será más. Oh sí había pensado escribir algo del Retorno del Rey, como por ejemplo la batalla de Morannon y el Paso de los Muertos. Pero esperaré a que salga la Edición Extendida. Muchas gracias y cuídate también ^_^

~ Uialwen: hola wapa! esper que aquest cap també t'hagi agradat! feía molta estona que el volía penjar. A veure si tu també penjas colque capítul prest.

~ Choichi: ¡Aiya! Estoy totalmente de acuerdo contigo sobre la razón por la que no hay nominaciones al reparto. ¡hay que ver! ¬ ¬!
Bueno, esperemos que Legolas no vuelva a mearle encima a Gandalf...XD