Me encanta mi trabajo. Si es que esto puedo considerarse un trabajo, claro. Me paso todo el año preparándome para este momento y me gusta que salga perfecto. Pero lo que de verdad me encanta es verles. Ordenaditos en la fila, algunos cohibidos, otros envalentonados, con esas túnicas que les quedan grandes a la mayoría, las corbatas con el nudo mal hecho y esa mirada entre soñadora y asustada. A ninguna otra edad les brillan tanto los ojos.

Después van pasando por aquí. Uno a uno. Me ponen en su cabeza, pero siempre les quedo grande y les tapo los ojos. Quizá cuando me hicieron tomaron las medidas de un adulto. De un adulto cabezón. Supongo que fueron las de Godric. En fin. Esas cabecitas son impresionantes. Está todo ahí: pasado, futuro, sueños, habilidades... y puedo verlo solo con tocarlas. Debo confesar que algunas me han asustado -no suelo quedarme mucho en esas cabezas-, otras me han divertido, emocionado, entristecido o llenado de orgullo. Me acuerdo de todas y cada una de ellas.

Sombrero Seleccionador, me llaman. Si supiesen que son ellos los que realmente se seleccionan... Pero bueno, basta ya de cháchara, aquí estamos un año más y ya he oído el primer nombre: Adams, Roselind, una rubita un poco tímida. Veamos donde te pongo...

Si, señor, ahí se va: ¡toda una Hufflepuf!. Después vienen Arrowsmith, Roger; Backwell, Bruce y Barnes, Caroline. Y entonces lo oigo: Benthan, Jeremy R., un muchachito de pelo castaño cortado a cepillo y mirada resuelta que corre a subirse al taburete. Sé quien es antes de estar en su cabeza.

"Umm", le digo en cuanto mi ala cae sobre su frente, "complicado. Estuve en la cabeza de tu madre hace casi veinticinco años, chico. ¿Todo un Granger, eh?: mente brillante, buena memoria, ganas de aprender..., un cierto talento natural... serias un buen Ravenclaw, claro. ¿Qué me dices?"

Silencio.

"Tendrás que ayudarme, chico. Hay algo..." de pronto caigo en la cuenta, "¿De donde viene esa R.?"

Su vocecita se deja oír en el espacio cónico de mi interior: "Mi segundo nombre, señor, mi madre insistió en que lo llevara: Ronald"

Está claro. "¿Si?. Entonces ya no tengo dudas contigo..."

La vieja voz del Sombrero Seleccionador resonó en todo el Gran Comedor cuando dijo la casa del nuevo alumno: "¡GRYFFINDOR!".

FIN.