Hola a todos. Les mando un caluroso saludo a ustedes que se toman la molestia de leer mis fics, me siento muy contenta que dejen reviews. Ranma ½. Los personajes son propiedad de Rumiko Takahashi.

El guardavías. Cuento, propiedad de Charles Dickens.

Esta obra es una adaptación del cuento arriba mencionado.


LA GUARDAVÍAS.

Capítulo 1. La primera noche.

-Hola, la de ahí abajo.

Cuando la mujer escuchó una voz que la llamaba, teniendo en cuenta la naturaleza del terreno, no podía dudar de dónde procedía el grito, pero en lugar de voltear hacia arriba, donde estaba yo, miró hacia la vía del tren. Su figura, situada abajo, en una profunda zanja, parecía lejana y ensombrecida. Volví a gritar:

Hola, ahí abajo!

Ella seguía mirando la vía, después levantó la vista y me vio arriba.

-¿Hay algún camino por el que pueda bajar para hablar con usted?- expresé en voz muy alta.

Me miraba algo aterrada sin responderme. En ese momento pasó un tren y me eché hacia atrás para no caer. Me asomé nuevamente y la vi enrollando una bandera roja, después señaló con ella hacia un punto que se encontraba relativamente cerca de donde yo estaba.

Muy bien, comprendo!- grité, mientras caminaba hacia donde apuntaba con su bandera.

Encontré un primitivo camino en el que había una especie de escalones y bajé por ellos, hasta una zanja muy profunda y ladeada. La escalera se volvía más y más húmeda conforme bajaba y por fin llegué hasta las vías del tren.

La mujer me esperaba como si hubiera estado aguardando a que yo llegara desde hacía mucho tiempo; se veía tan rara y exaltada, que me detuve antes de llegar a ella.

Me acerqué más y vi que era demasiado blanca, en contraste con el pelo tan negro y largo con reflejos azulados atado con un listón rojo que cubría su cabeza; y sus cejas eran muy delgadas, sus ojos sin brillo mostraban inocencia y miedo a la vez, tenía un lindo y delgado cuerpo, pero parecía una chica abandonada por la sociedad. Le calcule unos 22 años, casi de mi edad.

Tenía un trabajo difícil, por lo alejada, solitaria y triste que se encontraba. Su puesto de vigilancia estaba situado a ambos lados de un gran muro de piedra oscura, apenas y se notaba un pedazo de cielo; por una parte se veía la prolongación curva de aquel calabozo de roca, en la otra dirección era lo mismo, pero la vista terminaba en una sombría luz roja.

La arquitectura maciza de aquel lugar creaba una atmósfera bestial, dura y deprimente. Había un insoportable olor a tierra y corría un frío viento sin parar. Era tan espantoso que por un momento creí haber abandonado el mundo de los hombres.

Me acerqué hasta ella, lo suficientemente cerca como para tocarla, dio un paso atrás y levantó una mano para protegerse.

Le dije que debía estar bastante sola en aquel lugar, que por eso había bajado para saludarla, que no tuviera cuidado, que yo era un amigo. Ella me miraba fijamente sin moverse, había algo que me estremecía de aquella joven.

Dirigió una extraña mirada hacia la luz roja cerca de la boca del túnel, la observó por un largo rato y después volteó para verme. Le pregunté si esa luz era parte de su trabajo.

-¿Es que no lo sabe?- su voz no sonó angelical, cosa que me imagine desde un principio.

Observando su rostro melancólico, pasó por mi mente el pensamiento monstruoso de que se trataba de un espíritu y no de una bella chica. Retrocedí asustado, pero vi que en su mirada había un miedo latente hacía mí y con esa mirada desapareció mi pensamiento fantasmal.

-Usted me ve como si me tuviese miedo- le dije.

-Es que no sé si ya lo había visto antes- contestó rápidamente.

-¿Dónde?

Señaló la luz roja que miraba con tanta ansiedad.

-Caramba, le puedo jurar que nunca he estado en ese lugar, ¿qué podría estar haciendo yo ahí?

Se puso más tranquila y su semblante cambió al comprender que no había nada que temer y comenzó a responder a mis preguntas con naturalidad. Me contó que tenía mucho trabajo allí, le pedían exactitud y vigilancia. Y desde que su padre murió era la encargada de arreglar las luces y girar la manivela de hierro de vez en cuando, así que se encontraba sola, ya que sus hermanas desde muy pequeñas se fueron con otros familiares cuando su madre murió y ella decidió quedarse para ayudar a su cansado padre.

Con relación a las largas y pesadas horas que yo consideraba que sufría aquella chica en esa terrible soledad, ella simplemente ya se había acostumbrado a estar en aquel canal húmedo y de cuando en cuando podía sortear las sombras inferiores y tomar un poco de sol, pero siempre atenta, pues en cualquier momento podían llamarla con la campana eléctrica.

Me llevó hasta su puesto de vigilancia. Tenía una chimenea, instrumentos oficiales, un cuaderno con una tabla para anotar los horarios de los trenes y la campana de la que me había hablado.

Me contó, mirándome un tiempo a mí y otro al fuego de la chimenea, que había fracasado en el mundo de la medicina, la cual había estudiado con mucho empeño, y hoy lo único que tenía era este trabajo. En varias ocasiones la interrumpió la campanilla, tuvo que leer mensajes y enviar respuestas, salir a mostrar su bandera a algún tren e intercambiar un par de palabras con algún maquinista.

Me produjo un sentimiento de seguridad, a pesar de ser tan bonita y casi una niña, consideré que estaba bien capacitada para su trabajo, a no ser porque, en dos ocasiones, mientras me hablaba, perdía de pronto el color del rostro, volteaba hacia la campanilla cuando ésta NO había sonado, abría la puerta de la cabaña y se quedaba mirando la luz roja en la entrada del túnel. Regresaba con una actitud incomprensible, como la que había tenido la primera vez que nos vimos.

-Casi pienso que por fin he encontrado a una chica feliz, - le dije mientras caminaba despidiéndome de ella.

-Solía serlo- me respondió.

-¿Por qué, cuál es el problema?- le pregunté interesado.

-Es largo de explicar, pero si vuelve mañana, prometo contárselo todo.

En su rostro ni en su tono de voz se apreciaba ninguna pizca de sensualidad o interés malsano.

-Muy bien, mañana estaré aquí a las once de la noche, si le parece bien.

-Está muy bien, nos vemos mañana, señor,- su cara no manifestó maravilla ni desconfianza y enseguida me dijo- lo iluminaré hasta la salida de ascenso. Sólo le pido una cosa: cuando la encuentre, ¡no me grite para avisarme! Y una vez que esté arriba, ¡no me llamé para despedirse! Y, por lo que más quiera, cuando venga mañana, por ningún motivo vuelva a hacer tanto alboroto. Permítame preguntarle algo: ¿por qué esta noche gritó: "¡Hola, ahí abajo!"?

-No sé, dije esas palabras sin ningún motivo en especial, sin duda fue porque la vi abajo- le respondí extrañado por la pregunta.

-¿Está seguro de que sólo es por eso?

-¿Podría haber otra razón?

-¿No tuvo la sensación de que algo sobrenatural le obligaba a decirlo?- preguntó un poco enloquecida.

-Claro que no.

Y sin decir más, me deseó buenas noches y caminé alumbrado por su linterna hasta encontrar el camino. Subí fácilmente y regresé a mi morada.

FIN DEL CAPITULO 1.


Espero que esta adaptación este siendo de su agrado. He omitido algunas cosas que ni al caso con los personajes que ustedes y yo conocemos, así como también he agregado otros diálogos para que la lectura y la historia sean entendibles. Pero esto no altera la idea original. A partir del segundo capítulo, comenzarán a leer directamente el fanfic y también terminarán leyendo sin comentarios, ya que estos se verán en la última parte. Creo que no se me olvida otra cosa por mencionar, y siendo así:

Nos vemos en el segundo capítulo...