¡¡Hola!! Este fic trata sobre una chica traviesa que habla con los gemelos en el Callejón Diagón, se hacen amigos y.... y no sé que más, porque la voy invitando sobre la marcha. ¡¡Me encanta como me quedó este capítulo!!

Por favor, al acabar, dejen revier con su sincera opinión.... ¡Graciaaaaas! ;)

1º Cap. De todo por una fiesta.

-Michelle, me la suda, me dijeron que no te separaras de mí, y eso harás. –le decía su hermana en medio del callejón Diagón.

-¡Dios, joder, que tengo 15 años! –le decía abriendo mucho los ojos como si fuese de lo más elemental del mundo.

Penélope puso los ojos en blanco y apartó la melena rubia que le cubría sus ojos azules con un gesto de impaciencia, aprovechando también para que el grupo de chicos que pasaban tras ella se fijaran.

Unos silbidos la indicaron que lo había conseguido, y sonriendo con orgullo por el gesto, miró a su hermana con algo de superioridad.

-Guapa, que con siete años te escapaste de la tienda de animales para el callejón Knortkum (N/A: ni idea de como se escribe ese callejón). A los diez, quemaste la escoba de papá, a los ocho....

-¡No la quemé! ¡Sabes que fue un accidente, nunca haría eso! –le gritó con una mano en el pecho, resignada.

Penélope la miró con más superioridad aún.

-Sí, lo sé, y por eso no quiero dejarte sola, haber si esta vez quemas una tienda entera....

Michelle bufó. Por una vez que la dejaban salir, aunque fuera para comprar las cosas del colegio, (estaba castigada por darle café al hámster, que en unos segundos se había vuelto hiperactivo y se había escapado. Ahora, las noticias que recibían del hámster eran cosas roídas como ropa y muebles) tendría que aguantar a su hermana.

Bueno, quedaba una semana para Hogwarts, ¿no? Si se escapaba de Penélope, tendría una semana de castigo porque en cuanto volviera de Hogwarts ya se habrían olvidado ¿no? Pues perfecto, sólo tenía que discurrir alguna manera para darle esquinazo... y sólo le bastaron tres segundos para idearlo.

-Pene –le dijo distraídamente haciendo rechinar los dientes de su hermana mayor por el diminutivo, cosa que animó a Michelle. –Esos cinco que están frente a la heladería están buenísimos, y te aseguro que casi babean por verte.

-¿A, si? –dijo Penélope animada mirando donde deberían estar los supuestos chicos. Se lo había creído, ¿Y cómo no iba a hacerlo casi siempre que salían de casa, alguien se fijaba en ella embobado?

-No. –replicó Michelle antes de esconderse entre la multitud.

Funcionó. Había demasiada gente en el callejón Diagón como para que pudiera encontrarla con facilidad, dado que casi todos los magos y brujas compraban las cosas en el último momento. Se felicitó a si misma y se alejó de allí para poder caminar con mayor tranquilidad.

-Una rosecita. –le dijo un brujo de dientes amarillos y con un cierto aire de murciélago tendiéndole un ramo para que escogiera. – Tres snikels.

-¿Y qué hacen en realidad? –preguntó con interés inclinándose sobre el ramo.

-Pues como no sea echar raíces y la fotosíntesis....

-Déjelo, no quiero, gracias.

Compró tranquilamente varios caprichitos, y luego se deslizó al callejón "Akren", un callejón donde las cosas que se vendían, no importaban la edad del consumidor. Michelle se hizo con unas cuantas botellas para su amiga Alicia, que se las había pedido a cambio de una par de fotos de Max Taylor casi en pelotas.

Pidió al vendedor que las hiciese pequeñas para poder guardarlas hasta devolverles su tamaño en Hogwarts donde les permitían hacer magia.

Volvió al callejón Diagón satisfecha de sí misma.

-¡La de rojo! ¡Qué te la cojo! –le dijo uno que pasó por su lado. -¡Valla culo moza! ¿Qué le das de comer? –le preguntó guiñándole un ojo mientras le daba una nalgada en el trasero.

-¡Serás gilipollas! –le gritó dándole una patada que, si no fuera por los reflejos del chico, habría dado en un lado muy doloroso.

Antes de que pudiera volver a intentar algo contra él, ya se marchaba riendo con sus amigos.

Michelle bufó con mal humor. Ya está, su buen humor de por la mañana había desaparecido, y todo por ese imbécil, metemano, arrogante, chulo, engreído... Si hubiese sido su hermana, le habría dado un cachete y se iría con una sonrisa por haber conseguido llamar la atención del chico, aunque no lo hubiera hecho su carácter, sino su culo.

Pero Penélope y Michelle, tenían unos puntos completamente diferentes.

-Bueno, -pensó Michelle mirando a su alrededor. –Me he escapado de mi hermana durante cuatro horas... mejor será que la busque, porque seguro que ella no habrá podido poner mucho empeño; ¡¡este callejón está hoy lleno de tíos!!

En efecto, Penélope tenía en una mano varias flores que debieron de regalarle más de uno, comprándoselas al de los dientes amarillos.

-PEEEEEEENEEEEEEEEEEE –gritó con una enorme sonrisa mientras Penélope coqueteaba con uno a la puerta de la tienda de quidditch.

El chico miró primero a Michelle, y luego a Penélope, y riéndose se alejó. Michelle, cuando estuvo más cerca, y viéndole el culo, se dio cuenta de que era Oliver Wood.

-¡Qué guapa! ¿Te parece bonito? –le reprendió Penélope

-Depende

-¿Qué?

-Si te refieres a tu nombre, que le vamos a hacer chica, es horrible, pero si te refieres a Oliver Wood.... o lo tengo yo de cuñado, o lo tienes tú, con eso te lo digo todo. –le dijo con una sonrisa pícara.

Penélope gruñó. Empezó a juguetear con un mechón de pelo haciendo caso omiso al hombre que se fijaba en su escote descaradamente. Hizo una pompa con el chicle, sin dejar de mirar a su hermana. Cuando se fijó en las bolsas, se las arrancó (literalmente) de la mano y miró su interior.

-Me refería a lo de irte así porque sí, berzotas. –le dijo cambiando el peso de un pie a otro, lo que provocó que tres chicos que estaban detrás de ella se fijaran en su culo.

-¿Y a ti venir con estas pintas?

-¿Qué pintas? –preguntó su hermana mayor mirando su ropa.

Levaba unas especie de botas muy raras que estaban ahora de moda, con unos piratas que le dejaban un trasero de babear, y una camiseta de tirantes con mucho escote. El pelo suelto y alisado, los labios y los ojos pintados, también tenía varios pircing.

-Los de puta, guapa.

-Perdóname, monjita. –le dijo con desespero en la voz.

-Vale. –Michelle se fue a dar la vuelta, pero chocó contra el pecho de alguien. La persona la esquivó y se dirigió a su hermana seguido de otro.

-¡Fred, George! –canturreó Penélope. -¿Cómo estáis chicos?

-¡Hola Pen! –le dijo contento George abrazándola tras que lo hiciera su gemelo.

-Sobreviviendo. –le dijo Fred con cara herido mientras ponía claramente una mejilla cerca de los labios de la chica. -¿Una pomadita?

Penélope se rió y les propuso ir a la heladería. Se Sentaron, pero justo cuando iban a pedir algo, Oliver pasó por allí sin verlos, y Penélope, mirándolo preocupada por si lo perdía de vista, les rogó a los gemelos sin dejar de mirarlo, que cuidaran de Michelle un rato, que tuvieran cuidado, que era mortal.

Michelle miró aburrida como se iba su hermana. Los gemelos quedaron visiblemente decepcionados. Ellos y Michelle eran del mismo curso.

-¿Penélope es tu hermana? –preguntó atónito Fred.

Michelle gruñó por toda respuesta.

-Ya.... está buenísima. –observó George.

-sí, no os parecéis en nada.

Eso no era cierto del todo; Penélope tenía los ojos azules y el pelo rubio, pero Michelle tenía los ojos color miel y el pelo entre rubio oscuro y castaño claro. Sus ojos eran más grandes que los de su hermana, y el color de piel muy clara pero de un blanco dorado, haciéndole la piel preciosa.

Penélope ligaba porque estaba más desarrollada y por que siempre estaba muy arreglada; el pelo parecía que había ido a la peluquería (sabía peinárselo muy bien), se maquillaba, y para colmo, era muy sociable. Toda una mina de ligoteo.

-¡Ja! –bufó visiblemente cabreada Michelle por llamarla de tal forma.

-Vaya, que poco tacto el mío, cielo... –dijo Fred poniéndole un pucherito encantador. –Quiero decir que sois de físico muy diferentes, no que estés mal....

-Ya, seguro.... –dijo Michelle algo molesta por el comentario del gemelo.

-¿Y por qué tenemos que vigilarte? –preguntó George apoyando la cabeza en las muñecas, con los codos apoyados en la mesa mirando fijamente a Michelle pestañeando continuamente. -¿Has sido una niña mala?

-No, -suspiró Michelle fastidiada por las trastadas de ella misma. –sólo una incomprendida.

-¡Cuenta, cuenta! –dijo Fred con un chillido a lo nenaza imitando a postura de su hermano.

Michelle se rió al verlos. Asintió con la cabeza y relató como su hámster había lamido café cuando se le derramó gran parte en la jaula.

-Lo saqué para poder limpiar la jaula... pero estaba tan hiperactivo que salió como una pastilla de jabón de las manos, y ahora no lo encontramos, deja restos de cosas que roe por la casa; muebles, ropa....

-¡Eso no es nada! –dijo George fastidiado que por tan poca cosa se castigase a una persona inocente. –Nosotros metimos la dentadura del abuelo en el baso de ácido para la crema depilatoria de mamá. ¿Lo recuerdas, Fred?

-Sí, cuando se la puso, aun no habían acabado los efectos.... desde entonces, cada vez que ve una dentadura, grita y le entra un tic en el ojo. –George y Fred comenzaron a reír a carcajadas.

Michelle se rió con ellos, y luego relató como a los nueve años, en navidad, cuando la chimenea empezó a apagarse y estaba sola, tiró los libros de su hermana de primer año al fuego. Eso le sirvió de todo un año castigada.

-Yo a los seis años empecé a llorar en mitad de una calle muggle gritando que mis padres no me querían comprar una escoba para jugar al quidditch porque el ministerio de magia prohibía esos juegos mágicos. –dijo George.

Michelle casi lloraba de la risa. Era increíble ¿Cómo podía ser que empezase ya el quinto año con ellos en la misma casa y curso, y aún no se hubieran hablado? Michelle les parecía demasiado tímida como para hablarles, y después de tener un par de conversaciones con ella, y darse cuenta de que era demasiado introvertida, no volvieron a hablar. Pero ahora parecía tener menos timidez.

Después de un buen rato charlando, Penélope apareció con los labios muy rojos por haberse besado un buen rato con alguien.

Venía bastante sonriente, y después de sonreír a los gemelos, antes de que pudieran abrir la boca para decir algo, se llevó a Michelle corriendo tras mirar la hora.

-¡Qué! ¿Se ve que te lo has pasado bien, eh capuya? Dejándome sola con esos dos.

-Te dejé en buenas manos, ¿qué más quieres?

-que no le digas a mamá y a papá que me escapé, y no les diré que has intercambiado babas con Wood.

Penélope la miró sorprendida. ¿Cómo se había enterado? Vale, salió tras él, pero eso no implica que supusiese lo que hizo; el Callejón Diagón no es exactamente el mejor sitio, ya que ahí todo el mundo conoce a todos.

Michelle, captando la mirada de asombro de su hermana, continuó con una sonrisa soñadora.

-Aaaaaaaaaaaayyyyyy. –suspiró. –Penélope Wood. Maravilloso, ¿cierto?

-Maravillosamente cursi. –le reprochó su hermana mientras entraban en una tienda, pagaron unos knuts, cogieron algo de polvos flu y volvieron a casa.

-Vale, Penélope, sabemos que Michelle ha hecho una de las suyas pero aunque estés bajo una poción, maldición, chantaje, amenaza de muerte, paliza o algo parecido, puedes decirnos que ha hecho. –dijo la madre nada más verlas entrar en la cocina.

Michelle puso cara de asco ¡¡agg!! Ahora su madre jugaba a hacerse la exagerada. ¡Pues vale! ¡Qué te den por culo mami!

Sonrió exageradamente mientras afirmaba con la cabeza.

-Sí, mami, se ha portado. –contestó Penélope mientras le daba un eso e la mejilla a su madre.

-Bueno.... –dijo mirándola con desconfianza.

-¡Oh! Pobre de mí! –aulló llevándose una mano a la frente con cursilería y haciendo teatro. –soy una incomprendida, ¿cómo entonces podré decir a mi familia que estoy embarazada?

Su madre ahogó un grito rompiendo un plato.

-Esto es increíble.... –bufó cabreada. -¡te lo has creído! ¿Es que me ves capaz de hacer eso?

-Conociéndote...

-¡¡No confías para nada en mí!! ¿Qué tal si intentas a hacerlo y darme una oportunidad? ¡A lo mejor hasta soy una buena niña y todo!

-Vamos, dejadlo.... –dijo Penélope intentando arrastrar a su hermana fuera de la cocina.

-No Pen, quiero que me diga por qué no confía mí.

-¿Y Porqué no intentas parecerte un poco más a tu hermana? ¡Ella, por ejemplo, no me da esos sustos de muerte para ver si confío en ella o no!

-PENE LA PERFECTA, LO SIENTO MAMA, SIENTO NO SER UN CLON DE TU HIJA PREFERIDA, LO SIENTO MUCHO, PERO YO SOY COMO SOY Y NO ME APETECE PLAGIAR LA PERSONALIDAD DE NADIE, GRACIAS.

Y cerró con un portazo.

La voz de su madre sonaba amortiguada, pero Michelle no se detuvo a escuchar y al segundo estaba cerrando con otro portazo la puerta de su habitación.

Michelle tenía mal genio, pero ya poco le importaba lo que confiara su madre en ella, así que esperó pacientemente a que acabase la semana.

Una semana más tarde, Penélope y Michelle estaban frente a la estación King Cross. La actitud de Michelle con su madre había mejorado bastante, pero ahora estaba empezando a empeorar.

-Y mándame una lechuza si te enteras de los puntos que restan a la casa por su culpa, y también de los castigos, riñas, exámenes, -se paró para respirar y pensar un momento. –eeee..... Pen... ¿Crees que me puedo enterar de cuantas notas se escribe con las compañeras?

-Mamá, no te vuelvas paranoica. –gruñó Penélope molesta porque su madre la hablara en un andén lleno de chicos. –Chao, ya te diré de lo que me entere.

Y sin más, arrastró a su hermana pequeña al interior del vagón. Se despidió de ella cuando encontraron a Alicia, Clara, y a Rachel.

Se sentaron teatralmente en los asientos, con los ojos achinados y desconfianza. Alicia, con Rachel y clara a sus lados, sacó una carpeta sin dejar de mirarla.

-¿Lo has traído, Kiner? –preguntó con voz autoritaria.

Michelle, sin dejar de mostrarse desconfiada y vigilando los movimientos de las otras tres, asintió cogiendo una bolsita de su baúl.

Alicia, con sumo cuidado, sacó una foto de un chico muy atractivo que miraba seductoramente. Alicia tapaba la parte más importante .

-Max Taylor. Capitán de quidditch de la casa Ravenclaw, prefecto, 17 años, segundo puesto en las listas de "el tío más bueno de Hogwarts" y hasta hace poco.... primero. –Michelle tragó saliva cuando Max le guiñó un ojo. –y eso no es todo. El papel de la foto está hecho de la mejor calidad, protegido contra maldiciones y rasguños de animales tanto mágicos como muggles por un forro de piel de dragón invisible e imposible localizar por el tacto. Ha sido hecha con una cámara "web-mast", y su firma ha sido aparecida por un hechizo al pie de la foto para que parezca dedicada.... y te aseguro que éste es su cuerpo, y no de ningún otro chico.

Rachel y Clara estallaron en carcajadas. ¡Era increíble la estupidez que estaban haciendo! Alicia lo exageraba todo con mucha elegancia, haciendo parecer que en vez de intercambiar una foto por alcohol, intercambiaban dinero por droga.

-Ahora tú. –ordenó sin hacer caso a las risitas de Rachel y de Clara.

Michelle sacó unas botellas diminutas que había comprado en el callejón Akren. Las colocó con delicadeza sobre la mesa, y por el silencio que reinaba se oyó como el culo de las botellas chocaba contra la mesa. Los ojos de Alicia dejaron escapar un tono cariñoso al mirar las botellas.

-El vidrio de la botella ha sido enviado desde el Sahara... –Alicia bufó despectivamente como si eso fuera lo mismo que la tienda de en frente. -... de las cámaras mágicas del brujo Shala Magu. –Alicia torció el gesto con respeto. Michelle se tragó la carcajada y prosiguió. –El pergamino donde se determina el nombre de la bebida está exportado desde Egipto, robado de una pirámide. Y el contenido..... –se hizo la misteriosa, miró a los lados en busca de oídos inoportunos, se acercó hacia ellas para hablar más bajo. –Está primero en la lista de "bebidas no permitidas" del mundo.... y créeme, sólo existen dos de éstas.

Estallaron en carcajadas.

-No, venga, en serio. –dijo Rachel limpiándose las lágrimas.

Michelle y Alicia se cambiaron las cosas riéndose. (N/A: Hay que ver que pijadas me invento.... son preocupantes :P)

-Venga, dime, ¿Hay algo de lo que dijiste que fuera verdad? –preguntó Michelle.

-Sí, antes de que suspiraras como una gi.... –se calló con el puntapié de su amiga.

-Todo eso ya lo sé. Me refiero a lo de que es su cuerpo y que no lo cambiaron al de otro que lo tuviera mejor.

-¡Si joer! –dijo quitándole importancia con un gesto de la mano. -¿Y tú con las botellas?

Michelle, Clara y Rachel la miraron sorprendidas antes de echarse a reír.

-¿Tú escuchaste algo de lo que dije? ¿Crees que algo de eso puede ser cierto?

Alicia enrojeció visiblemente mientras guardaba sus queridas botellas y negaba con la cabeza.

-Hola Michelle. ¿Has visto al bueno de Ronnie? –una cabeza pelirroja apareció en la puerta del compartimiento, con unos ojos de un azul intenso que buscó por todo el compartimiento a alguien. Sus ojos se detuvieron al ver las botellas. -¡¡¡¡¡Fred es wisky de hielo!!!!!

Ambos gemelos, que habían visto una botella al caerse, aunque estaba bastante pequeña, la conocían demasiado bien.

Alicia la cogió con rapidez.

Fred miró a Michelle interrogándola con la mirada.

-¿Otra de tus trastadas? –preguntó con una sonrisa.

-N-no, es de Alicia, no mía.... –se excusó.

Ambos se sentaron a los lados de Alicia.

-Necesitamos esas botellas.

-Te las pagaremos, en Hogsmeade se han quedado sin ellas.

-¡Eh! –gritó Michelle. -¿Para qué diantres queréis unas botellas de alcohol? ¡No me digáis que bebéis!

Los gemelos se miraron un momento.

-¿Podéis dejarnos solos un momento? –indicó George a Rachel, Alicia y Clara.

Las tres miraron a Michelle, y ésta les suplicó con la mirada que lo hicieran. Acabó empujándolas hacia el pasillo para tener intimidad con los gemelos.

-No, pero nosotros traficamos con ellas. Las compramos en Hogsmeade... sabemos algunos secretitos para llegar asta ahí, y las vendemos a gente mayor que le gusta hacer fiestecitas en la sala común. Nuestros mejores clientes son los Slytherins. – le dijo Fred con seriedad (algo raro en ellos) lo que hizo que Michelle pusiera más atención a lo que decían.

-Sí, pero nos hemos quedado sin reservas y nos acaban de avisar para este sábado, así que sólo tenemos tres días para encontrarlas..... la cosa es que el chico de 23 años que nos compra las bebidas (nosotros no aparentamos 21 ni de coña) está en San Mungo, así que....

-¿Y qué saco yo con ayudaros?

-¿Qué tal una invitación para la fiesta? Es para gente de sexto y séptimo, claro, pero nosotros somos una excepción... y si no hay alcohol, no hay fiesta, y ¡¡Nosotros queremos fiesta!!

-Michelle lo meditó unos instantes.

-¿De qué casa es? No me gustaría encontrarme con mi hermana.

-Ravenclaw.

-Accedo... si llevo a mi amigas.

Los gemelos se miraron y luego miraron hacia la puerta que comunicaba al pasillo donde estaban las pobres amigas de Michelle.

-Volveremos dentro de un cacho, tenemos que consultarlo con los organizadores de la fiesta.

-Vale, y yo mientras tanto intentaré que Alicia me las devuelva.

-Te quierooooooooo. –chilló Clara tirándose al cuello de Michelle. –Gracias, gracias, gracias. ¡¡¡Iremos a una fiesta!!!

Los gemelos habían vuelto con buenas noticias, y en el compartimiento habían estallado las risas nerviosas y los gritos.

El único inconveniente que habían puesto era el de quitarles la memoria en el momento en el que recorrieran el camino a la sala común de Ravenclaw, pero eso no importaba porque ¡Irían a la fiesta! ¡Una fiesta en la que verían y hablarían con Max Taylor!

-Hay un problema. –dijo con pesadez George. –Michelle.... ¿Cuántas botellas compraste?

-Diez.

Michelle lo comprendió en seguida. ¡Diez botellas! ¡Diez! Eso era un aperitivo en una fiesta ¡Diez! No daba ni siquiera para una cada persona. Bueno.... podría.... podría..... sí, no era mala idea, podrían hacerse con la poción multijugos, como, no lo sabía, lo discurriría más tarde, ir a Hogsmeade con la ayuda de los gemelos (sin contarles su plan o quedarían fuera de la fiesta) coger un pelo del primero que encontrase con la edad adecuada, y compraría todas las botellas que le hicieran falta.

-Buen plan, Michelle.... –pensó con desgana. –Sólo que un poco a lo "misión imposible", ¿no?

-Con eso no tenemos ni para empezar ¡lo siento! –dijo George encogiéndose de hombros y dirigiéndose a Fred. –Vamos Fred, tenemos que encontrar el modo de conseguir las botellas, quizás enviándole una lechuza a Charley...

-¡No! Esperad.... creo poder conseguir todas las botellas que queráis. ¿pero quién las pagarán?

-Entre todos los Ravenclaw, claro.

-Bueno, pues uno de vosotros que me lleve a Hogsmeade la mañana del sábado y...

-¡Pero si no hay excursión. –dijo Fred con cara de niño bueno.

Michelle puso los ojos en blanco con impaciencia y los obligó a los gemelos a llevarla a Hogsmeade. Después de que ellos aceptaran, explicó su plan a sus amigas.

-Bueno.... yo quería enseñarte un libro de pociones que me trajeron mis tíos de la India. Apenas es conocido porque sólo se vende allí y la gente no tiene dinero para comprarlo por lo caro que es... –dijo Clara entregándole un libro.

Tenía la tapa negra y sin ningún dibujo ni título. Los pergaminos estaban despegados y había que tratarlo con cuidado. Lo extraño era que la tinta se conservaba muy bien, aún muy calcada.

A Michelle le encantaba esa materia. ¡Era increíble! (Según ella, claro) Abrió el libro con esperanzas de encontrar algo para ayudarla. Después de echarle una corta ojeada, preguntó directamente a Clara.

-¿Es que tiene algo para ayudarnos con la poción multijugos? ¿Para hacerla en un día o algo así?

-Sí. –dijo con una sonrisa. –Una poción de belleza (que también te vendría muy bien a ti) ¡¡Es broma, es broma!!. –dijo esquivando Clara la colleja. –Se la podríamos dar a Angony Pots, es hija del dependiente de la tienda de pociones del Callejón Diagón. ¡A la fuerza tienen la poción multijugos en cualquier estante!

Rachel la miró con enfado mientras Alicia se reía.

-¡No es tan fea!

La mirada de Clara lo dijo todo, y Rachel, con un suspiro y poniendo los ojos en blanco, se sumergió en la revista "Teens".

Michelle frunció el ceño pensativa. ¿Angony Pots, esa chica que daba miedo por su cara y personalidad aislada y reservada, se atrevería a hacer eso? No sabía si se lo tomaría muy bien la propuesta de Clara ¡Era como llamarla fea a la cara! Aunque todo el mundo sabía que Angony se pasaba todo su tiempo libre en la biblioteca en busca de un hechizo o poción que la ayudase con ese problema.

-¿Crees que Angony aceptará?

-Voy a preguntárselo.... –dijo Clara levantándose. La mano de Michelle la obligó a sentarse de nuevo.

-No... creo que mejor será que digamos a los gemelos que se busquen otra fuente de alcohol para la fiesta.... tenemos que hacer demasiadas cosas en poco tiempo, no.... no vamos a ser capaces....

-¿¿Queeeee??

Sus amigas se levantaron sin saber como reaccionar, por supuesto, necesitaban a Michelle; era ella la que conocía a los gemelos (ellas también, pero sólo hablaban con ellos para felicitarlos por sus bromas, no parecían interesados en chicas, y Michelle parecía su amiga) y gracias a ella irían a una fiesta.

Rachel se tiró sobre el banco tapándose la cara con desespero. Clara buscaba frenética en el libro indio de pociones alguna poción para hacerle "entrar en razón", como ella misma había dicho. Alicia se levantó de golpe y la cogió por los hombros.

-¡¡Responde cerebro, respondeeee!! –gritó dándole unos "suaves" toquecitos en la cabeza a su amiga.

-¡Ay! ¡Para Alicia!

-Haber, nenina.... ¡En la fiesta estará Max Taylor, va a ser la primera vez que tengamos oportunidad de coger fama en el colegio, y estoy segura que será la primera fiesta....! ¡Seguro que estaremos invitadas a las que sigan! –dijo esperanzada. -¡Al menos vamos a intentarlo! Si no lo quieres hacer por ti, hazlo por nosotras. –acto seguido puso un puchero.

-bueno, vale, pero me ayudaréis.

-¡Claro! –dijo Clara copiando en un pergamino la poción de belleza. –Ahora mismo hago el trato con la Agy Prootss...

-Angony Pots

-...Sí, eso, Angony.

Clara salió casi corriendo del compartimiento. Quedaba poco para llegar a Hogwarts cuando el tren se detuvo.... y se apagaron las luces.

-¿Qué ha pasado? –murmuró Rachel. -¡AH! ¡ALGO ME HA COGIDO!

-Soy yo!! –chilló aterrorizada la voz de Alicia cerca de su brazo.

-¡Ah! Olvidaba que tenías miedo a la oscuridad. –dijo Rachel sin preocupación.

-A-ALGO SE MUEVE AHÍ. –chilló de nuevo Alicia señalando temblorosa hacia la ventana.

Michelle se acercó a la ventana.

-Es gente encapuchada, pero está muy lejos como para preocuparse, está en la otra esquina del tren.

-Ups... –murmuró Alicia abrazada a Rachel. –C-lara aún no ha vuelto, ¿verdad?

Las chicas se miraron y salieron fuera del compartimiento en busca de su amiga, con una temblorosa e indecisa Alicia, que estuvo a punto de dar media vuelta al ver la intensa oscuridad que sufría el pasillo.

-¡Lumus! –susurró Rachel. De la punta de su varita salió un resplandor que iluminó débilmente el pasillo, dejando ver claramente la cara de las demás y como la gente miraba a través de los cristales de los compartimentos.

-Gracias Rachel. –suspiró Alicia.

Alicia rebuscó en sus bolsillos para coger su varita, y cuando abrió la boca para decirlo, la luz volvió al tren y también la movilidad.

Volvieron confusas a su compartimento.

-Vamos. –dijo con histeria Michelle mirando la ventana. -¡Hogwarts ya se empieza a ver y no nos hemos cambiado aún! ¡Ya nos enteraremos qué ha pasado más tarde!

Con cansancio se sentaron en los largos bancos del Gran Comedor de Gryffindor. Todos comentaban lo que había pasado en el expreso, y se enteraron vagamente que los dementores habían intentado revisar el tren por si Sirius Black estaba, pero el nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras no se lo había permitido. Clara se les acercó con cansancio.

-Bueno, asunto arreglado, creo. Michelle, tendrás que hacer la poción de belleza esta noche para que se la de mañana a Angony. Ha dicho que no va a hacer nada hasta no tenerlo en las manos, acto seguido enviará una carta a su padre pidiéndole con urgencia la poción y nos amenaza con echarnos un veneno en la sopa como la engañemos con la poción de belleza.

-¿Es permanente la poción? ¿O tiene tiempo limitado? –preguntó Rachel cogiendo un generoso trozo de pollo y metiéndolo todo a la vez en la boca.

-Un día. Pero igualmente, Angony ha aceptado.... no me extraña. –miró a la mesa de Slytherin donde Angony Pots reía estrepitosamente tapándose la nariz para que no se le escaparan los mocos (cosa que le ocurría a menudo) –Yo si tuviera su aspecto, ya me habría suicidado.

-Pero que zorra eres... –murmuró Rachel negando con la cabeza mientras cogía otro trozo de pollo y Michelle y Alicia reían con ganas.

La selección transcurrió sin ningún interés.

Cuando llegaron a la sala común, Michelle y sus amigas miraron la receta de la poción... era complicada, pero al menos se hacía en unas horas. ¡tenían el tiempo muy justo!

-Mañana no va haber quién me levante. –murmuró pesimista mirando Michelle la hora cuando estaban ya en medio de la preparación de la poción.

-Para lo que haces levantada.... –murmuró Alicia. –comer, beber gruñir y caga... ¡Ay!

-¡Exagerada! ¡Sólo era una bola de pergamino! –dijo Michelle mirando enfadada a sus amigas por como se reían del comentario.

Cuando la poción acabó, lo metieron en un frasquito, la poción tenía un aspecto rosado. Cuando Clara fue a coger un frasco para ella, sus amigas la miraron mal.

-¡Qué! –dijo molesta. –No me vendría mal para la fiesta.

-Eso, cielo, es hacer trampa. –dijo Rachel desapareciendo el contenido del caldero con un movimiento de varita. –Y a ti no te gusta hacer trampas... ¿verdad? –preguntó riendo.

Sólo obtuvo un gruñido por parte de Clara mientras se cruzaba de brazos enfurruñada.

-No

-¡Vamos Clara!

-No

-¡Tendremos la oportunidad de conocer a Max Taylor! ¡Max Taylor!

-No

-¡Si no lo haces por ti, hazlo por nosotras!

-¡No!

-Egoísta....

-Cállate.

-Cobarde....

-Y tú también.

-Traidora....

-¡Está bien! ¡Está bien! –gritó Clara haciendo aspavamientos con los brazos haciendo que sus amigas se apartaran dando saltitos, riendo y gritando por la respuesta de Clara. -¡Pero si la bruta de Angony me mata cuando le dé la poción, será por vuestra culpa! –sus amigas asintieron. -¡Y aún no sé por qué tengo que ser yo la que se la dé!

-Vamos Clara, ¡no exageres! –dijo Rachel con una sonrisa. –Angony no te va a matar por que cumplas el sueño de su vida.

Clara la miró fría y seriamente.

-Rachel.... que conocemos a Angony.

Rachel bajó la cabeza intentando no reirse.

Clara, con poción en mano, se acercó a la torre humana que iba por el pasillo. Alicia, sonriendo maliciosamente, sacó un pañuelo blanco y lo agitó como despidiéndose. Clara le hizo un corte de manga.

Angony y Clara intercambiaron unas miradas tensas, y mientras Angony miraba a todos lados buscando miradas inoportunas y tendía la mano, Clara le dio el frasco. Angony miró el frasquito detenidamente, y finalmente lo guardó con infinito cuidado en el bolso de la túnica. Sacó de su mochila un buen trozo de pergamino y una pluma, y apoyándose en el marco de la ventana, escribió una carta que luego dejó leer a Clara. Cuando ésta dio su lado bueno, (la carta era para el padre de Angony) llamó a su lechuza por un hechizo y enviaron la carta.

-¡¡Michelle!!

Michelle apartó la vista de los deberes para ver a una Alicia con una sonrisa de oreja a oreja que agitaba un frasquito de color asqueroso.

-¡La poción Multijugos! –dijo emocionada Michelle arrebatándole el frasco de la mano.

-Clara la acaba de recibir, nos encontramos con Angony por el pasillo.... bueno, más bien la fuimos a buscar.

Habían estado tres días esperando con la poca paciencia que tenían, y ahora que era sábado por la mañana y tenían el frasco en sus manos, lo tenían entre algodones. ¡Era una oportunidad que tenían que aprovechar! Ese era su comienzo para las fiestas, poco a poco las empezarían a invitar, sólo tenían que hacer buenas migas con un par de importantes Ravenclaw, y así ya tendrían las fiestas de Ravenclaw aseguradas para estar como invitadas.

-Avisemos a los gemelos. –le dijo Rachel con una sonrisa. –Ahí están....

Después de quedar para irse después de desayunar a Hogsmeade con uno de los gemelos, bajaron al Gran Comedor. Cuando acabaron de comer, y con una seña de uno de los gemelos, (no sabía si de George o Fred) se despidió de sus amigas y salió al vestíbulo.

A los cinco minutos salió el Weasley guiñándole un ojo.

-¿Eres Fred o George? –preguntó insegura.

-El más guapo de los dos. –dijo con una mueca como si fuera lo más elemental.

-Y el más modesto. –apuntó Michelle con una sonrisa. El gemelo sonrió y caminó por el pasillo seguida de Michelle.

-No me has contestado. –le dijo Michelle alcanzándolo.

-Si. –dijo abriendo mucho los ojos. –¡¡Te dije que el más guapo!!

-Y el más guapo de los gemelos Weasley es..... –preguntó Michelle con la clara intención de que completara la frase.

-Fred. –dijo Fred con una sonrisa.

-¡Oh! Pues a mí me parece más bien al revés.... –dijo aparentando estar completamente confusa. Fred se rió.

-No digas bobadas ¡Somos iguales en todos los detalles! –dijo riendo.

-¿Pero no decías que eras más guapo tú? –por toda respuesta, Fred le sacó la lengua.

Fred se detuvo ante una estatua y dijo un hechizo. Un hueco se abrió e invitó a entrar primero a Michelle.

Durante un rato estuvieron caminando sin hablar, pero fue un rato corto. A Fred le encantaba hablar, no le gustaban los silencios, le parecían incómodos, así que pronto ya estaba haciendo gracias.

Callaron cuando llegaron hasta una trampilla. Fred la abrió un poco y cuando vio que no había "moros en la costa", salió del pasadizo y entró en el almacén de la tienda de dulces. Michelle miró con interés las grandes cajas llenas de ranas de chocolate.... adoraba el chocolate.... alargó la mano y cogió una, la miró con nostalgia (estaba "a dieta", o como se llame cuando no quieres comer chocolate para que no te salgan granos) y la dejó de nuevo en la caja con un suspiro.

-A mi también me entran ganas de coger alguna rana cada vez que vengo.. pero me contengo. Casi siempre.

Fred la tomó por la mano y la llevó hasta la puerta para entrar en la tienda. Abrió un poco, y cuando pudo, salió y caminó hacia el exterior de la tienda.

-¡Eh! ¡Vosotros! –dijo el dependiente. –Vaciar los bolsillos, no os vi entrar.

-¡¿Qué?! –chilló Fred haciéndose el paranoico. -¿Cómo? ¡Será posible! –dijo dejando sus pertenencias en el mostrador junto con las de Michelle. -¡esto es intolerable! ¡No voy a volver a esta tienda! –dijo cuando acabó de registrarlos.

-Yo.... lo siento... es que aquí ya nos han robado más de una vez y...

Fred hizo un sonido de resignación y se cogió al brazo de Michelle mientras

levantaba la cabeza.

-¡UF! ¡Y pensar que casi cojo unas grageas en el almacén...! –dijo fuera de la tienda muy sorprendido. –Es la primera vez que me pasa. –aseguró.

Michelle asintió con la cabeza mientras se reía. Llegaron a la entrada de la tienda de bebidas alcohólicas y Fred la miró con interés, como esperando que sacase a un amigo mayor de edad del bolsillo.

-¿Y bien? –preguntó después de un cacho en el que Michelle sólo rebuscaba en los bolsillos de su túnica.

-Bueno, ahora debes irte.

-¿Por? ¿Es algo para mayores de edad? –preguntó con interés.

-Es que.... no quiero que veas mi plan, no quiero que luego recurráis a él cuando tengáis una urgencia como esta vez, porque entonces me quedaré fuera de la fiesta. –murmuró un poco roja.

-¡No pensarás que...! -dijo algo ofendido. -¡No Michelle, yo nunca haría eso!

-¿Lo prometes?

-Lo juro.

-Está bien, voy a usar la poción multijugos con el pelo de alguien mayor y luego comprar las botellas.

Fred abrió la boca y acto seguido la cerró.

-Es un buen plan, se le ocurrió a George, pero... ¿Cómo conseguisteis la poción? ¡Se que eres buena en pociones, pero se necesita un mes para hacerla!

-Bueno, hicimos un trato con Angony Pots y ella convenció a su padre para que le enviara a Hogwarts un frasco. Costó bastante, pero....

-¿Conseguiste hablar con esa... cosa, sin que te arrancara la cabeza? –preguntó con mucho interés y admiración.

-Bueno, no lo hice yo, lo hizo Clara.... pero ya te contaré como lo hice, quiero acabar con esto ya. Traerías el dinero, ¿no?

-Si, no te preocupes por eso. Vámonos a la peluquería, ahí hay pelos de sobra.

La guió hacia una calle donde se resaltaba una tienda. Se acercaron y entraron en la peluquería. Estaba llena de bustos con pelucas con diferentes peinados.

-¿En qué puedo ayudarles?

Fred se adelantó para preguntarle los precios empujando levemente a Michelle. Cuando la dependienta se fue a una estantería para un folleto, Fred señaló un montículo de pelos bajo el asiento de una señora de unos 40 años.

-No voy a tragarme ninguna poción con un pelo del suelo. –refunfuñó. Fred puso los ojos en blanco y se puso a hablar con la dependienta mientras miraba con fingido interés el folleto.

Michelle se acercó a los sillones como dando un paseo mirando los bustos con los peinados y las marcas de los productos que había en las mesas cercanas los sillones de los clientes. Vio a un chico que destacaba bastante tener la edad adecuada y cuando paso a su espalda murmuró:

-¡Diffindo! –un corte limpio, y un mechón cayó sobre las "inocentes" manos de Michelle... en la cabeza del chico ahora se notaba bastante una calva donde antes había estado el mechón que acababa de cortar la chica.

Casi corriendo, cogió el brazo del gemelo y lo arrastró hacia la puerta.

-¡¡ME CAGO EN LA......!! ¡¡¡¡¡PELUQUERA, QUE CORTE ES ESTE!!!!!

Michelle apretó el paso y se perdió entre las calles con Fred, que parecía entender lo que había pasado porque cuando pararon se empezó a reír.

-¡No.. me.... digas que.... fuiste tu!!!! –logró decir entre carcajadas. Michelle se empezó a poner roja y asintió con la cabeza.

Como Fred no parecía tener muchas ganas de dejar de reír, le pidió alzando la voz para que la escuchase que vigilara si alguien miraba porque iba a usar la poción.

Fred asintió. Michelle se quitó la túnica y le pidió a Fred la suya (no creía que quedara muy bien transformada en chico con túnica de tia) acto seguido, se tomó la poción. Fue muy rápido, pero en tan sólo treinta segundos, después de casi gritar y mirara asombrada como su cuerpo se transformaba en otro casi desconocido, se preparó ya, con su nuevo cuerpo, para entrar en la tienda. Así que con el dinero en el bolsillo y la lista de bebidas, entró con cautela en el bar "ZEUS".

Una pena que dentro de ese mismo bar estaba el enemigo del chico al que le había cortado el mechón, y cuando le vio la cara no pareció muy contento..... con la varita en una mano, la porra en otra y con toda una mesa de amigos.

¡¡Holaaaaaaa!! ¡Al fin acabé este capítulo! (doce páginas) no es el primero que hago, pero si para esta página.¡¡¡Por favor, les haya gustado o no, dejen revier, pliiiiiis!! Les prometo que este fic va a empezar a mejorar desde el segundo capítulo. ¡pero déjenme revier con su opinión! ¡caridad con esta pobre autora :p!

Cuando pueda estará el segundo capítulo. ¡¡Gracias!!