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Dic 10, 2011 : Formato arreglado

Texto – Pensamientos / Sueños

Texto - Recuerdos

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He aquí el primer capítulo traducido de mi historia. No se preocupen, esto ES un A/M, solo que la autora tiene derecho a divertirse un poco, ¿ne? ¿Que sería el fanfic sin tortura?

Pasa más dentro de la cabeza de Aoshi de lo que nos podemos imaginar (ya verán a que me refiero en futuros capítulos)

¡Disfrútenlo!

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Capítulo 1

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*Tac, tac, tac, tac*

El rítmico sonido de sus sandalias de madera la calmaba al mismo tiempo que la sacaba de sus casillas. Si alguna vez Misao se enteraba de quien fue la graciosa personita a la que se le ocurrió dejar TODA su ropa fuera en medio de la lluvia... Por el momento, tendría que conformarse con un viejo kimono y las antes mencionadas sandalias de madera. Y ya que ella NO era conformista, ni estaba feliz con el estado actual de las cosas, decidió salir a comprar ropa occidental. No sería la primera vez que la usaría, después de todo.

"Aunque quizás probare un estilo más conservador esta vez" Misao murmuró para sí misma, al recordar la reacción de Sano al corto y rosado vestido que uso en aquella primera ocasión.

Pero ya no era la misma Misao de ese entonces. Algunos centímetros más alta, casi tan alta como Kaoru (de acuerdo, eso no es la gran cosa, pero igual), con el rostro más definido y el cuerpo (para su gran satisfacción personal) desarrollado de una forma bastante agradable. Pero claro, después de todo, ya tenía 18 años.

Misao se mordió el labio inferior al pensar aquello.

"Soy casi una solterona, maldita sea" Por supuesto, hay algunas cosas que jamás cambian. Genio y figura...

La gente estaba comenzando a mirar abiertamente a la linda pero enojada señorita, algunos alejándose deliberadamente de su camino. A Misao podía importarle menos lo que pensaran, dijeran o hicieran. Sus pensamientos estaban centrados en la misma persona en que lo habían estado el último par de años.

*TAC, TAC,TAC,TAC*

Oh si, su adorado Aoshi-sama. No se podría decir que aún era tan frío con ella como alguna vez lo fue. Por supuesto, no se había convertido en un parlanchín, pero por lo menos había comenzado a hacerse cargo de la administración del Aoiya, en lugar de seguir jugando a la estatua en el templo. De hecho, actuaba bastante normal.

"Bueno, tan normal como es posible para el" Misao suspiró, deteniéndose. A veces era difícil recordar todo lo que Aoshi había mejorado a ese respecto desde su 'etapa-piedra'. Él se estaba acostumbrando. Ella también. Misao aún lo amaba, quizás mucho más ahora que ya no era una memoria lejana, sino un sueño tangible. Sacudiendo la cabeza, Misao trató de deshacerse de esos pensamientos que la plagaban una y otra vez. No le había hecho bien antes y no lo haría ahora. Un sueño es un sueño. Los sueños no siempre se vuelven realidad.

Acercándose a la tienda de ropa, Misao decidió que quizás comprar no era una buena idea. Claro, influenció mucho en su decisión de huir lo más rápido posible el hecho de ver a Sae mirando a través de la vitrina. Porque realmente no estaba lo suficientemente demente como para arriesgase a repetir la escena causada por la 'operación: señorita' de Sae, no de nuevo, no gracias. No es que no apreciase los esfuerzos de su querida amiga... es solo que... comoteexplico...la mujer podía a veces ser un poquito... vehemente en sus ideas. Si claro... esa era la razón.

En fin! Adiós a la ropa nueva. Un paseo por la ciudad no le vendría mal. Evadiendo a Sae, por supuesto.

"Misao-chan!"

...o quizas no.

Podria jurar que tiene un 7mo sentido para meterme en situaciones embarazosas

Mejor no hacerse falsas esperanzas querida. Sae no está dispuesta a dejar que te escapes, no cuando se ha pasado días planeando la estrategia perfecta para convertirte en una 'correcta señorita' (lo que sea que eso significase).

Luego de una sonrisa increíblemente feliz, seguida de otra increíblemente fingida, Sae arrastró a Misao dentro de la misma tienda a la que la joven se estaba dirigiendo antes.

"...y este también... ah! Mira éste!... quizás en rojo... aunque el azul es bonito... en fin! Pruébate ambos!"

Misao intentó desesperadamente balancearse bajo el peso de los cuarenta y tantos vestidos que Sae había elegido. El lucir como una condenada pila de ropa con patas no había estado entre sus planes, en serio. Buscando ayuda, sus ojos encontraron a la vendedora. Y sus esperanzas fueron vilmente masacradas por la imagen de la viejita cargando otra pila enorme de vestidos para mostrarle a Sae.

"¿Es que acaso no hay un Dios...?"

Y así, Misao quedo a la merced de Sae, la compradora compulsiva.

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Aoshi caminaba alrededor del Aoiya. Esa mañana, un grito lo suficientemente fuerte como para servir de despertador a todo Kyoto y a varias de sus ciudades vecinas estuvo a punto de hacerle atragantarse con su desayuno. Por supuesto Aoshi, siendo Aoshi, simplemente pestañeo y miro a Okina en busca de respuestas.

"Me pregunto qué..."

Aoshi pestañeo de nuevo cuando una expresión incrédula cruzo las facciones de Okina.

"Mi linda Misao-chan! Deja que tu Jiya vea qué tan preciosa te ves en un kimono!"

Dicho esto, Okina salió corriendo de la habitación. Aoshi pudo oír el sonido de desastre y prefirió ni imaginarse el tipo de castigo al cual Okina estaba siendo sometido. Kimono? No teniendo nada más que hacer, Aoshi decidió ir a ver el espectáculo. Además, su oficina quedaba en esa dirección.

"..." Con su calma habitual, Aoshi se retiró del camino de la figura voladora de Okina. Para él, no había duda de que el viejo se lo había buscado. Para variar.

"Dije que voy a comprarme otra cosa, y lo voy a hacer AHORA MISMO!" Una Misao completamente enfurecida se debatía entre Okon y Omasu, tratando de liberarse de ellas. El decir que Aoshi estaba sorprendido es poco. De hecho, estaba mesmerizado. Misao se encontraba, como Okina había dicho, vestida en con un kimono. Pero nada podría haberlo preparado para la visión frente a él en ese momento. El kimono era de color lavanda, con hiedras pintadas cerca del borde. El obi era de un color algo más oscuro, y hacia que sus atributos femeninos fuesen más notorios. Definitivamente, Misao había crecido.

"Ohayo Aoshi-sama. Regreso más tarde" Misao masculló, bamboleándose en sus sandalias geta luego de liberarse de sus captoras. Era un signo de su mal humor el hecho de que ni siquiera hubiese mirado en su dirección al hablarle. Por alguna razón, eso lo molestó.

Y ahora Aoshi estaba en camino de regreso del templo al Aoiya, y Misao aún no había regresado. Oh, él aún iba allí a orar, meditar y alejar su mente de pequeñas cosillas. Y la pequeña Misao aún no regresaba. Aoshi sabía muy bien que su actual Okashira era más que capaz de cuidarse a sí misma, pero si algo llegara a pasarle... Alto, no lo pienses siquiera. Sin importar cuánto se hubiese acostumbrado a este nuevo tipo de vida, aún había muchos territorios peligrosos aún inexplorados. Y ése era el más peligroso de todos. Aoshi conocía los sentimientos de Misao, TAN ciego no era. Había que admitir que estaba sorprendido de que dichos sentimientos aún existiesen, pero pensándolo bien, Misao era famosa por su terquedad. Ese detalle había despertado sentimientos encontrados dentro de él e inmediatamente, Aoshi había decidido que era territorio desconocido, por lo tanto, era mejor no pensar en él. Debió haber previsto que Misao no lo dejaría hacerlo. Y a alguna parte de él no le importaba ese hecho en lo más mínimo.

Cerrando la puerta detrás de él, Aoshi se disponía a dirigirse a su estudio cuando el sonido de dicha puerta abriéndose nuevamente lo detuvo. Aún en proceso de ordenar sus pensamientos, Aoshi se dio vuelta para encontrar el origen del sonido. Y el mundo se detuvo.

Misao se detuvo frente a la puerta del Aoiya y arrugó el ceño. Habría una escena debido a su apariencia y Misao podía vivir sin todos los clientes del restaurante como espectadores del pandemonio que era seguro de desataría. Luego de deshacerse de la imagen mental de ella misma sufriendo por liberarse de uno de los abrazos de oso de Okina (unos escalofríos recorrieron su cuerpo a la sola idea) y de todos los clientes haciéndole barra a uno u otro cuando se desatara la batalla con el viejo, Misao finalmente decidió usar la puerta trasera. Por lo menos Sae no estaba con ella. La joven empresaria había argumentado mucho trabajo pendiente y por ende, había abandonado a su amiga comadreja para que lidie sola con el viejo pervertido.

Bien, aquí voy... La puerta trasera del Aoiya se deslizó suavemente por el riel, y al atravesarla Misao estuvo a punto de chocar con algo... ¿alguien? ¿El pecho de alguien? Levantando la mirada, Misao se encontró con un par de profundos ojos azules. Y el tiempo se detuvo en la habitación.

Una eternidad pasó. Azul se encontró con azul y, un segundo después, el contacto se rompió. Misao se sonrojó, sintiéndose de pronto bastante insegura de sí misma. Vamos... ¡reacciona! Es sólo Aoshi-sama... Por supuesto que ayudaría bastante si es que no me estuviera mirando así... Bien, decidí que las cosas iban a cambiar, y no seguir con esperanzas. Ya estoy harta de darme contra la pared.

Por otro lado, Aoshi no pensaba igual. De hecho, no había ningún tipo de pensamiento en su cabeza.

Misao estaba en un vestido occidental celeste, la parte superior ajustada a su pequeño cuerpo. Las faldas llegaban al piso y la parte delantera se abría para revelar seda de color azul oscuro, en forma de reloj de arena. La mitad de su cabello estaba suelto, la otra mitad amarrada algo descuidadamente, todo un cambio con respecto a su usual trenza. Era todo un ángel.

Al parecer el cerebro de Aoshi había decidido tomar una siesta, por más que el pobre hombre tratase de despertarlo. ¡Vamos! ¡Concéntrate! Respira, respira... así, eso es. Momento de probar que todo ese entrenamiento Zen sirvió para algo

Mientras tanto, Misao se cansó de esperar alguna reacción. Sonriendo un poco, se dio la vuelta, mostrando el vestido. "¿Y bien? ¡No solo te quedes mirando! Que piensas Aoshi-sama?"

Después de todo, fue el sonido de su voz lo que lo hizo volver a la realidad. No había palabras que pudiesen describirla ahora. Aunque él nunca había sido bueno para las palabras en primer lugar.

"La ropa occidental realmente te va bien Misao" La joven pestañeó varias veces. Como máximo, ella había esperado un movimiento de cabeza, demonios, quizás ni eso, pero escucharlo hablar...

"A...arigato, Aoshi-sama" Las mejillas de Misao comenzaron a sentirse cálidas y un pensamiento la asaltó. Yo quería cambiar las cosas, y PARECE que él está dispuesto a cooperar... ¡Oh por Dios! ¿A quién quiero engañar? Tranquila niña, que caer de la nube duele. De repente, Misao recordó la broma de Sae.

"Vaya, vaya Misao-chan! ¿Viste la forma en que ese chico te miró? ¡Tenemos que tener cuidado, o sino tu miai estará demasiado lleno! ¡Aunque si todos son tan lindos como ése, no creo que haya muchas quejas!"

Un miai. Un evento tradicional para que una chica conozca a posibles prospectos de esposo. Sae la había estado fastidiando para organizar uno, diciendo que era lo más lógico, y además, la juventud no le iba a durar por siempre.

Misao usualmente rehusaba, y educadamente le decía a Sae que quizás algún día (cuando el infierno se congelase y ella fuese capaz de derrotar a Himura) aceptase. Sin embargo, después de su decisión de cambiar las cosas, la idea no parecía tan mala.

Misao suspiró. Realmente ERA lo más lógico, y ya que el cubo de hielo allí presente no le daba muchas opciones que digamos...

"Sae me ayudó a escogerlo. Ella dice que tengo que aprender a ser más femenina, ya la conoces. Algo acerca de buenas impresiones en el miai o algo así... y bueno, tenía que comprar ropa de todas formas"

Miai? ¿Qué demonios...? Aoshi pestañeó al oír eso. Aoshi sabía hace mucho de las intenciones de Sae (bueno, medio mundo sabía de ellas. Eran algo así como un secreto a gritos) pero siempre había estado seguro de que Misao jamás aceptaría. Bien, ella no había aceptado aún (o por lo menos Aoshi no lo creía), pero no se estaba quejando tampoco.

Y... ¿eso es malo? preguntó una vocecita dentro de su cabeza, y Aoshi quedó bajo la impresión de que era Okina, burlándose de él. Aoshi no sabía que pensar. Estaban hablando de Misao! La nieta del antiguo Okashira y la actual Okashira de los Oniwabanshu! ¡Ella no podía relacionarse con cualquiera! Quién sabe qué clase de personas asistirían a ese miai! Podrían todos ser hombres peligrosos buscando el poder de los Oniwabanshu!

Claro, Aoshi convenientemente se olvidó del hecho de que Sae sería quien elegiría a los hombres, y que Okina sería quien los aprobaría luego de una cuidadosa investigación. Aoshi pensó y repensó en todas las razones por las cuales un miai sería una mala idea, aun con la extraña impresión de escuchar una risita-Okina en su cabeza.

"MISAO-CHAN"

Oh, hablando del diablo... Aoshi observó a la pobre Misao recibir un abrazo del viejo que casi la desinfla y de pronto todo el mundo comenzó a hablar al mismo tiempo. En esa forma tan particular que los habitantes del Aoiya parecían poseer. Así que sin pensarlo mucho, tomó una taza de té y se sentó a disfrutar del espectáculo. Hace no mucho tiempo, Aoshi se hubiera alejado de todo el barullo, pero al parecer, últimamente había desarrollado cierta... afición a las peleas amistosas de este particular grupo de personas.

Aoshi no podía sino sorprenderse de sí mismo. Y pensar que había cambiado tanto en tan sólo dos años... Oh, aún era el gélido Aoshi de una u otra forma, pero el divertirse a costa de otros no tenía nada que ver con mantener su reputación ¿o sí?

La gran bola de polvo se movía de un lado para otro, brazos y piernas visibles de vez en cuando. De pronto, una Misao bastante mareada salió volando ella y aterrizó en el suelo, con los ojos en espiral grandes como platos. En fin, la diversión no podía durar para siempre, ¿verdad?

Okon y Omasu comenzaron a chillar (no señores, eso no era hablar, de ninguna manera. Es más, era posiblemente la razón por la cual ya no quedaban objetos de vidrio en la cocina), deteniendo a Misao justo cuando ésta comenzaba a escabullirse.

"Misao! ¡Por fin despertaste a la realidad!"

"¡Esto es genial! ¡Tengo taaaaaaaaanta ropa que me gustaría que te pruebes!"

"¡No te olvides del maquillaje Okon-chan, y del cabello!"

Misao parecía encogerse con cada palabra, lo cual no parecía interferir con la felicidad de las dos mujeres en lo más mínimo.

Como odiaba a quienquiera que haya dejado que su ropa se mojara, como odiaba a Sae por meterla en ese vestido, como odiaba a Okina por meterle la idea del miai en la cabeza a Sae (ah sí, la idea fue suya, aún si Sae era perfectamente capaz de pensarla ella misma. Maldito viejo y sus bromas), como odiaba a Okon y a Omasu por verla como una muñeca kokeshi con la cual podían jugar a la casita, como odiaba a Shiro y a Kuro por quedarse allí paradotes tratando de tragarse la risa y fallando... y como odiaba a Aoshi también, por... bueno, por todo. Misao estaba más que segura que, aún si Aoshi no tuvo parte en crear el desastre en el que estaba metida ahora, el hombre era culpable de algún terrible pecado en contra de ella. Principalmente el de ser un grandísimo y ciego idiota.

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Misao exhaló un suspiro. Luego de que todo el pandemonio terminase, Okon desapareció, probablemente para planear alguna nueva tortura en su contra mientras que Omasu prácticamente la había arrastrado a su cuarto, diciendo más de una incoherencia entre las cuales 'atraer la atención de un hombre' parecía ser una constante. Y fue así como Misao terminó en su actual situación, escuchando el sermón de Omasu acerca de los hombres.

"¡Es increíble como esos vestido occidentales muestran todo lo necesario! ¡Los hombres van a caer alrededor tuyo como moscas! Vas a tener esposo antes de lo que te imaginas. Oh! ¡La boda! ¡Necesitamos pensar en el kimono de boda, y en los arreglos! Se realizará aquí en el Aoiya, por supuesto. ¡Ay Dios! ¡Okon y yo vamos a necesitar nuevos kimonos también! Quizás kimonos que se complementen, ¿qué piensas? Kaoru-san nos podría ayudar con las decoraciones y..."

Suspiro. Otra vez. Ya no había forma de devolver a Omasu al mundo real. ¿Se puede saber por qué de pronto todo el mundo estaba tan interesado en su vida? ¡Sólo se había comprado un vestido! La próxima vez se iba a conseguir una sábana y asunto arreglado.

Para el momento en que el sermón de Omasu había avanzado al tema de vida marital, familia e hijos, Misao ya sentía los comienzos de un dolor de cabeza y hasta podría jurar que pequeñas Omasus cargando bebitos estaban bailando alrededor de ella. Oh si, ya estaba delirando. Tenía que salir de ahí YA.

Tomada la decisión, Misao recogió las faldas de su vestido y dio algunos pasitos hacia la puerta, lo más silenciosamente posible. Omasu aún estaba en otro mundo, y aún si Misao se hubiera parado frente a ella, no era muy seguro que la onimitsu lo hubiese notado.

"Y por supuesto, tienes que aprender a complacer a tu esposo en la cama..." Misao, color rojo neón hasta las orejas, cerró la puerta justo en el medio de esa frase. Ni que decir de la felicidad que sintió cuando las palabras se convirtieron en murmullos casi inexistentes. Las puertas eran una de las mejores cosas en existencia, definitivo.

"Agua" Si, un buen vaso de agua sería genial para calmar sus nervios. Quizás un poco de té... Té. Eso la hizo recordar a cierto adicto al té. ¡Argh! Misao cerró sus ojos, en un intento por calmar su respiración. Por supuesto, eso significa que no vio las escaleras frente a ella, razón por la cual de pronto se encontró perdiendo el balance. Pero, ¿que son unas escaleras para una ninja de su calibre? Ella era la Okashira! ¡Unas escaleras no significaban nada para ella!

Error. Una ninja de su calibre jamás sería derrotada por unas simples escaleras, pero una falda LARGA es otro asunto completamente diferente.

"Genial" Y con eso, cayó.

...O debería haber caído. En lugar de golpear madera, su cuerpo rebotó contra carne humana. Levantando los ojos, Misao se encontró con el mismísimo Ex-Okashira de los Oniwabanshu y adicto al té en persona. Sus fuertes manos la sostenían ligeramente por los hombros. Las manos de Misao estaban entre ambos, contra su pecho. Su cuerpo demasiado cerca. Misao podía sentir el calor corporal de Aoshi alrededor de ella, su olor distintivo llenando sus sentidos. Un olor masculino, que recordaba un poco a té e incienso.

Misao se obligó a sí misma a recuperar sus funciones motoras (el cómo permanecerá en el misterio), no queriendo dejarse llevar por la sensación de estar cerca de él.

"Gomen nasai, Aoshi-sama" Dicho eso, Misao hizo una retirada estratégica, tratando de poner en orden sus pensamientos e intentando derrotar el sonrojo que amenazaba con formarse en sus mejillas.

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Aoshi pestañeó de nuevo. Primero casi había rodado por las escaleras gracias a Misao la bala humana (claro que nadie se dio cuenta de eso, y lo que no sabían no les haría daño. Tenía una reputación que proteger, tu sabes) y ahora la joven prácticamente había huido como si hubiese visto al demonio en persona. ¿Quizás debió haberse hecho a un lado cuando la vio caer?

...Nah, olvidemos eso. De hecho, Aoshi no había estado en el camino de la trayectoria de Misao, sino que se había movido para estarlo. ¿Por qué? Bueno, no podía dejar que la Okashira se partiera el cuello, ¿o sí? Además que Okina hubiera demandado SU propia cabeza en una bandeja si es que algo le hubiera pasado a la pequeña comadreja. Y a Aoshi le gustaba su cabeza donde estaba, muchas gracias. Y aparte de todo eso, no era ninguna novedad el hecho de que el comportamiento de Misao había estado algo extraño últimamente (es decir, los dos últimos años. O quizás desde que entró a la adolescencia, quien sabe) así que Aoshi decidió que era mejor no pensar mucho en el asunto.

Y también decidió no hacerle mucho caso a la vocecita okinesca en su cabeza preguntando por qué ver a Misao alejarse tan de pronto parecía dolerle tanto.

Misao por fin detuvo su huida al llegar al jardín. Aún respirando agitadamente, intentó calmar los latidos de su corazón, que parecía estar imitando a un tambor. ¡Soy una tonta! Misao no baka! ¿Porque salí corriendo así? ¡Si ya no me importa...! De acuerdo, SI me importa, pero estoy trabajando en eso. Encontraré a otra persona y...

Misao se detuvo en seco.

Y... ¿luego qué? Misao dudaba que uno se pudiera 'desenamorar' (si es que tal cosa existía en primer lugar) en menos de un par de meses. Estas cosas toman tiempo... ¿Cuánto? Quién sabe. Quizás no fuese fácil, pero definitivamente no era imposible, aún viviendo con él. Aún si nunca llegaba a olvidar a Aoshi, eso no significaba que jamás llegaría a ser feliz con alguien más. O feliz sin él y punto.

No olvidarlo no significa que voy a amarlo toda la vida

Con eso decidido, Misao se dirigió a la cocina en busca de su vaso de agua. Quizás al mantenerse ocupada en otras cosas podría detener la sensación de incomodidad acerca de su decisión.

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Fin del capítulo 1

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¿Y bien? ¡Díganme lo que piensan!

Verito-chan