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NOTA DEL AUTOR:

A partir de este capítulo (el último) cambié el Rating a "R", ya que este capítulo contiene algunas escenas y comentarios para un público más adulto.
Es mi responsabilidad como Autor dar aviso al lector, ya que si este no cuenta con una edad apropiada, le pediré de buena gana que, por favor, no lea este capítulo.
Si tienes suficiente edad (o si eres un inadaptado social que le importa un cacahuate lo que yo diga) pues entonces adelante. Yo ya avisé, gracias.

UPDATE - 3/9/2004
Corregí un par de líneas cruciales del texto y agregué itálicas.

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Capítulo 4
Sólo recuerda que debes olvidar

La sala común de Slytherin, en las profundidades de las mazmorras, solía ser un lugar frío y húmedo. Eso era sólo una apariencia, ya que los alumnos contaban con todas las comodidades de las demás casas. Quizá la única gran diferencia con la casa Gryffindor era la vista a través de las ventanas. Más que nada por una considerable diferencia de alturas.

Draco Malfoy no podía dormir. Era el único que permanecía despierto, sentado en su cama entre los bramidos que sus guardaespaldas Crabbe y Goyle se atrevían a llamar ronquidos. Draco jugueteaba con su varita entre sus dedos, aunque su mente no le prestaba atención. Su mirada estaba perdida en la penumbra de la habitación, aún más evidente dentro del espacio confinado por las cortinas de su cama.

Pensaba en Weasley y Granger. Pensaba en todo aquel odio hacia los quebrantadores de reglas que siempre eran favorecidos por ese loco chiflado de Dumbledore. Maldito amante de pobres y magos impuros.

¿Así que la señorita Granger y el imbécil de Weasley planeaban una noche solos, juntitos, dándose abracitos? Ah, la sola idea hacía que Draco temblara de ira. No iba a permitirlo. Quería hacerles daño, y actualmente se encontraba meditando al respecto.

¿Qué sería bueno hacer?

La primera opción era ir corriendo a contarle a los profesores. Sí, McGonagall, Snape, quizá el propio chiflado de Dumbledore. Sí... los llevaría directamente hacia la feliz e inmunda pareja y vería sus caras de horror mientras intentaban dejar de abrazarse. Los expulsarían. Ni siquiera Dumbledore podría objetar en contra de aquella decisión. Dos Prefectos de Hogwarts en plena rotura de normas.

Draco dejó de sonreír.

No. Eso no. No los delataría. No era castigo suficiente. Esos dos merecían algo peor. ¡Cómo añoraba a la profesora Umbridge! Si ella hubiese estado en el castillo Draco no hubiera dudado ni un segundo en ir a chismosearle todo cuanto había escuchado.

Filch. Sí, el celador Filch. Se lo diría a él. Él tomaría acción. Él no tendría perdón. Él odiaba a todos los alumnos y...

Pero no los odiaba a ellos tanto como lo hacía Draco.

Y fue entonces que Draco comprendió que no podía decirle a nadie, porque abrir la boca y hacer que los expulsen no llegaba ni a las rodillas de lo que esos dos infractores merecían. Al fin y al cabo, los motivos por los que Draco hacía aquello no se limitaban a las reglas escolares.

Es verdad, pensó él. Esos malditos amigos de Potter creen que van a salirse con la suya, pero no deben temer que yo cuente a alguien de las porquerías que piensan hacer. ¡Sólo deben preocuparse de mí! Padre, voy a vengarte por tus penurias, así sea sólo en parte. Sí... así es... esto no es un asunto de Hogwarts...

... esto es personal.

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Harry notaba que estaba repentinamente solo. No se había dado cuenta sino hasta aquellos días que tanto Ron como Hermione ya no pasaban tanto tiempo junto a él. Ambos se excusaban diciendo que sus deberes de Prefecto se habían vuelto más intensos, pero Harry comenzaba a sospechar. Luego recordaba las actitudes de Ojoloco Moody y se reía de su propia desconfianza hacia sus amigos.

Ron y Hermione tenían planes propios. Planes muy íntimos que no deseaban compartir con nadie. No debían compartir con nadie. Planificaban el gran golpe con precisión quirúrgica; Hermione tenía esa capacidad. Usaban sus rondas y patrullas y también cada momento posible. Aquello que intentaban hacer debía ser meticulosamente planificado.

Así, mientras Harry practicaba la Legeremancia, Ron y Hermione se susurraban ideas.

-¿Qué tal el próximo Viernes? -murmuró Ron por la comisura de los labios. Harry volvía a apuntar su varita hacia Neville.

-¿Te parece? -susurró ella.

-Sí, sería lo mejor. Viernes o Sábado. Con tal de que al día siguiente podamos... -miró a su alrededor, como si decirlo le costase demasiado-... podamos dormir hasta tarde.

Hermione se ruborizó, pero aceptó.

-Sí -dijo-, el Viernes estaría bien.

-¡Legeremens! -gritó Harry-. Ya sé, estás pensando... en... en... ¿Una tostada?

-¡Sí! -sonrió Neville-. Es lo que desayuné. ¡Pensaba en eso, Harry!

-Bueno, hasta que por fin consigo un avance -sonrió éste-. ¿Qué les parece, Ron, Hermione?

Los mencionados volvieron su atención hacia Harry y comprendieron que se habían perdido los últimos cinco minutos de práctica.

-¿Qué?

-¿Cómo?

Harry arqueó levemente las cejas.

-¿Estaban mirando? Porque acabo de ver una tostada en la mente de Neville.

-Ja, ja, muy bueno, Harry -sonrió el aludido.

Ron y Hermione se ruborizaron. Se movieron inquietamente en el sillón. Si Harry tenía dudas antes, ahora eran mayores.

-Le estaba diciendo a Ron sobre la ronda del próximo Viernes -arriesgó la chica-. Tal vez regresemos tarde...

-Muy tarde -agregó Ron.

-Sí, es que... Bueno, nos pidieron vigilar más.

Harry no apartaba la mirada de sus amigos. Decidió no presionar. Se había vuelto mucho más juicioso desde que Sirius...

Volvió a golpearse la mejilla derecha.

-Por última vez, Harry, deja de hacer eso -dijo Hermione, recuperando su seriedad habitual y aprovechando la situación para que Harry desviase el tema.

-Bien, bien... Lo que digas -murmuró él. Se volvió hacia Neville y exclamó:- ¡Legeremens! ¿Pensabas en jugo de calabaza?

-No. Jugo de naranja.

Harry maldijo en voz baja. Trató de vaciar sus pensamientos y volvió a probar.

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Había algo inquietante en la manera en que Draco Malfoy observaba a Ron y Hermione durante las rondas. A veces, cuando no se delimitaban jurisdicciones, los Prefectos de diferentes casas se encontraban en los pasillos de Hogwarts. Esto no molestaba a nadie, porque a todos les gustaba intercambiar un par de palabras con un compañero. Esto era, evidentemente, diferente cuando aquel compañero era un Slytherin.

A Draco no le molestaba. Prefería estar solo. Era mejor estar solo para seguir de cerca de la feliz pareja. Malfoy aún no había averiguado cuándo se realizaría la demostración de amor.

Malfoy no era tonto. Sabía; o mejor, sospechaba; dónde sería el evento: aquella sala especial del séptimo piso, la misma a la que fuese el año anterior con el selecto grupo formado por Umbridge, la Brigada Inquisidora. Estaba seguro del lugar, pero aún necesitaba una fecha. La hora era obvia: durante las rondas de Prefectos, cuando el castillo se encontraba sumido en sueños.

Así que siguió de cerca de los tórtolos, sabiendo que, si pensaban estar a solas, los muy idiotas comenzarían a parlotear. Sólo debía seguirlos... Seguirlos y esperar.

Bingo.

-Entonces está decidido -susurró Hermione, temblando ligeramente. Tenía un tono de emoción contenida-. Será el Viernes... Lo haremos el Viernes.

Ron asintió. También temblaba ante la emoción que comenzaba a invadirle todo el cuerpo. Dos días, pensó; dos días más y viviría la experiencia más intensa de su vida.

Pensó rápidamente en otras experiencias intensas del pasado, y decidió que ni siquiera ser atacado en el Ministerio de la Magia por un grupo de mortífagos deseosos de darle muerte podía compararse con lo que pasaría el Viernes.

Malfoy tampoco se lo perdería. Escondido detrás de una estatua que representaba a un mago elegante y con un gran bastón como varita, Draco sonreía con malicia al terminar de recibir el dato que necesitaba.

El Viernes. El próximo Viernes. Era hora de planear la venganza.

Aquella noche tampoco pudo dormir. También estaba emocionado, pero más que nada por la perfección habida en su plan. No sólo humillaría a la feliz pareja; no sólo les haría pagar... también iba a usar eso a su favor. Chantaje, esa era la palabra. Amenazaría a Granger y Weasley con contar lo que había visto. Les sonreiría en los pasillos con esa mueca de maldad tan propia de él. Les haría sufrir tormentos a nivel mental hasta que no lo soporten más, y entonces rompería su palabra y largaría toda la información.

¡Y de qué manera! Si hubiera una forma de publicarlo en los periódicos mágicos... Ya podía imaginarse el titular en letras gigantes: HIJO DE EMPLEADO DEL MINISTERIO Y PREFECTO DE HOGWARTS ES HALLADO EN SITUACI"N EMBARAZOSA DENTRO DE LOS LÍMITES DEL COLEGIO: "Gracias a la intervención de Draco Malfoy, Prefecto de Slytherin, Ron Weasley y Hermione Granger, ex alumnos y ex Prefectos de Gryffindor, en Hogwarts, fueron atrapados mientras realizaban acciones pecaminosas bajo las propias narices de Albus -idiota- Dumbledore. Y si se agregaba una foto comprometedora, el paquete estaba completo.

Y eso sería el principio. Apenas el principio. Se encargaría de que cada día de sus miserables vidas a partir de ese momento fuese un tormento de recuerdos. Él se encargaría de recordarles lo que hicieron.

Pero primero, y antes de la divulgación, Malfoy se había propuesto humillarlos con las manos en la masa. Quería hacerles pagar, no importaba cómo.

Pensó con fuerza. ¿Cómo molestar de la peor forma? No quería limitarse a bromas pesadas; quería hacer daño. Deseaba ver a Granger llorar de impotencia. Eso era lo que quería.

Sonrió. Una idea macabra había surgido del rincón más negro de su mente. ¿Así que la señorita Granger quería una noche intensa? Entonces él podría darle lo buscaba. Sólo debía toparse con el bobo de Weasley y aplicarle el maleficio Imperius. Sí, era así de sencillo. Le ordenaría actuar con normalidad, y cuando estuviese a solas con la horrible sangresucia le obligaría a llegar muy lejos en sus abracitos.

Y hubiera sido lo que Malfoy hubiese hecho, salvo por el detalle de que no sabía invocar el Imperius.

Maldijo a los que prohibieron enseñarlo. Maldijo a Potter, ya que gracias a él su padre fue encerrado. Lucius había prometido enseñarle los Imperdonables el siguiente verano, cuando ya fuese mayor como para usar la varita fuera del colegio. Maldito Potter. Maldito Weasley.

Maldita, mil veces maldita, Hermione Granger.

Jugueteó un poco más con su varita. Adquirió el hábito de hacer eso cada vez que pensaba. Se lamentó por no poder usar el encantamiento Imperius. Otra cosa debería ser...

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Llegó el Viernes.

Siempre solía existir un ambiente de excitación al llegar los Viernes. El fin de semana estaba a horas de distancia, y eso entusiasmaba a todo aquel alumno que pasara los últimos cinco días encerrado en salones de clase. Eran muy pocos los que no se encontraban en un estado de animosidad manifiesta tan notoria.

Y había sólo dos que se mostraban demasiado emocionados.

-¿Estás seguro que estás bien? -preguntó Harry a Ron durante una nueva práctica de Legeremancia-. Ron, creo que estás nervioso por algo.

-No, no, sólo estoy un poco agotado -dijo él-. La ronda de esta noche es muy importante, y... -bostezó y se desperezó sobre el sillón de la sala común-... y tengo sueño.

-Entonces ve a dormir -dijo su amigo-. Hermione lleva casi dos horas de siesta, también -hizo una pausa para mirar su varita y luego comentó:- ella también actúa extraño.

El cerebro de Ron estaba, efectivamente, agotado. Los nervios lo estaban acabando, pero consiguió sacar a flote una mentira que tenía rasgos de verdad.

-Es porque somos Prefectos. No te imaginas lo difícil que es. Quiero decir... quiero decir... El año pasado no había sido tan malo, pero ahora nos exigen más responsabilidades.

-Oh, y por eso van a hacer patrullas más extensas durante las noches.

Ron reparó en el tono utilizado por Harry. Había una pizca de sarcasmo en la receta.

-¿Sí?

-Ah, bien... Porque estuve hablando con Ernie, el Prefecto de Hufflepuff, y no sabía nada de rondas más extensas.

Las orejas de Ron tomaron un color y calor intenso.

-Ah, bueno, es que... nos... pidieron... sólo a Hermione y a mí que... que hiciéramos esas nuevas rondas.

Harry frunció el seño.

-Bien, como digas... -murmuró, y le dio la espalda a Ron mientras intentaba usar la Legeremancia en Neville, quien esperaba a varios metros de distancia.

Ron sintió que se había salvado por un pelo. Un pelo extremadamente delgado. Suspiró con fuerza se relajó sobre el sillón. Tendría que haberse ido a dormir un poco, porque estaba cansado y tal vez no duraría hasta la noche. Quería descansar un poco. Cerró los ojos y procuró calmarse.

Se estaba muy cómodo en el sillón. Tan cómodo que pronto bostezó con ganas y, antes de que se diese cuenta, se durmió.

Allí estaba ella, de pie junto a una cama. Hermione le sonreía mientras estrechaba sus manos y lo guiaba con lentitud a una cama. En la cabecera de madera estaban talladas las iniciales H R.

Ron tragó saliva. Hermione parecía flotar hacia allí, arrastrándolo consigo. Se detuvo junto a la cama y Ron la imitó. Sus manos estaban cálidas y suaves... igual que su sonrisa... igual que su mirada.

La figura de Harry apareció en al campo de visión de Ron. El muchacho se asustó, miró rápidamente hacia la derecha y descubrió que no había nadie.

Una mano suave como la seda, acostumbrada a los libros, se posó en su mejilla derecha y lo obligó, con gentileza, a mirarla. Hermione seguía sonriendo. Ron, olvidándose de Harry, también sonrió.

Se abrazaron con suavidad, sin esfuerzo. Rozaron sus narices. Sus cuerpos se pegaron uno al otro. Hermione cerró sus ojos y entreabrió su pequeña boca, invitándolo a pasar. Ron acercó la suya para besarla con pasión.

Ron miró rápidamente a la izquierda. Había jurado que Harry estaba allí hacía apenas una milésima de segundo, pero no había nadie. Con un poco de paranoia, los ojos de Ron se movían de izquierda a derecha, de arriba abajo, buscando...

Escuchó el gentil susurro de la tela al moverse. Cuando regresó su mirada a Hermione, la chica ya no tenía la túnica. Un vistazo a sí mismo comprobó que él estaba en igual situación. Se sonrojó un poco, pero Hermione no le dio tiempo para más. Tomó su cabeza entre sus manos, presionando con delicadeza en sus mejillas, y la acercó a sus labios en forma de O.

Se besaron.

Ron abrió los ojos. Detrás de Hermione, apenas a la vista, estaba Harry. Lo miraba a los ojos.

-¡Ahh!

Ron despertó y cayó del sillón. Neville y Harry se aprontaron a ayudarle a ponerse de pie.

-¡Ron! ¿Qué pasó? ¿Fue una pesadilla? -preguntó Neville.

-Fue... fue... -tartamudeó Ron. Vio que Harry lo miraba con preocupación y pensó rápido una mentira-. Fue un sueño, sí. Soñé que el Innombrable venía y... y... ¡No me mires así!

Harry se encogió de hombros.

-¡Fue lo que soñé! -declaró Ron. Se soltó de los brazos de sus compañeros de un modo un tanto brusco-. Me voy a dormir. Tengo que estar bien despierto para la ronda de esta noche.

Y sin decir más, se marchó.

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Los Prefectos de Hogwarts comenzaban sus rondas. Ron y Hermione habían pasado más de diez minutos en completo silencio. Ella arriesgó una mirada de reojo y vio que su compañero tenía los ojos bien abiertos.

-¿Ron? -preguntó, tímida-. ¿Ocurre algo malo?

Ron pensó un momento antes de responder.

-¿Te preguntó Harry sobre la ronda?

-No. ¿Por qué, a ti sí?

-Sí. Creo que sospecha de nosotros.

Caminaron a lo largo de un pasillo con estatuas de magos famosos.

-No lo culpo -dijo ella al fin-. Mira, le hemos ocultado esto por más de un año. Ya sufrió mucho con... con todo lo que le pasó. Creo que debimos decirle lo nuestro, no importa cómo reaccionase.

Ron asintió en silencio.

-Te entiendo. Mañana se lo diremos -decidió.

-¿Estás seguro? -vaciló ella.

-Muy seguro. Ya sospecha de nosotros. Será mejor decirle la verdad de una buena vez.

-Sí... Tienes razón -pasaron frente a las puertas de algunas aulas-. Mañana se lo diremos.

Continuaron la ronda con normalidad, o al menos toda la normalidad disponible en un par de amantes que esperan el momento oportuno para besarse y mucho más; momento oportuno del que Ron y Hermione esperaban valerse.

-¿Crees que ahora...? -dijeron los dos al mismo tiempo. Se miraron y sonrieron.

-Creo que ambos estamos impacientes -calificó ella.

-Y nerviosos.

-Y expectantes.

-Y... y... ¿acalorados?

Hermione se sonrojó. -Ahora que lo dices... Sí. Creo que sí.

Sintió que Ron le estrechaba la mano en un gesto amoroso.

-Es hora -dijo con voz ahogada.

Hermione tragó y suspiró. -Es hora -dijo a su vez, sellando el pacto.

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Dos figuras se paseaban por un corredor del séptimo piso. Una de ellas daba vueltas de aquí para allá, pensando con fuerza.

Una puerta surgió en la pared junto a ellos. Las figuras se acercaron.

Se miraron. Asintieron. Hermione abrió la puerta y observó el interior. Se sonrojó.

-Ron... Es... Nunca pensé que...

-Yo no pienso así -sonrió él-. Sólo pedí lo que necesitaba, y la sala Multipropósitos hizo el resto.

Se abrazaron brevemente. Luego ella dijo:

-Vamos, mi amor. Entremos.

Ron sonrió como nunca. En todo aquel tiempo, Hermione nunca le había dicho "mi amor".

Se disponían a entrar, cuando un estruendo provino del final del pasillo. Ron y Hermione se asustaron, ella incluso lanzó un gritito, y corrieron a ver qué había sido aquello.

Alguien había empujado algunas de las armaduras que se apostaban en los pasillos, las cuales habían caído con un estrépito metálico muy audible a esas horas de la noche.

-Mira, hay rastros de tinta por todos lados... ¡Y pegamento! -dijo Hermione.

Ron examinó las paredes.

-Alguien ha echado sopa en todas partes -dijo, y luego se dio cuenta-. Creo que Peeves ha estado por aquí. ¿Puedes arreglar esto?

Hermione asintió e hizo unos pases con su varita. Las armaduras regresaron a su lugar y las manchas de tinta desaparecieron. La sopa regada por el suelo y paredes se vaporizó.

-¿Dónde estará Filch? -dijo Ron, mirando a ambos lados del corredor.

-Debe estar muy abajo -dedujo Hermione-. Todo este ruido debería haberlo alertado.

Ron se olvidó de Peeves. -Entonces estamos a solas -sonrió a Hermione. Ella le regresó la sonrisa.

-Maldito Peeves -dijo-. En eso le doy la razón a Filch. Casi nos arruina nuestro momento.

Ron extendió su mano. -¿Vamos, mi cielo?

Ella se ruborizó, pero aceptó la invitación. -Vamos...

Caminaron hasta la puerta, la abrieron y entraron.

Hermione se preguntaba quién habría diseñado aquella habitación, especialmente porque contenía todas las comodidades que una feliz pareja pudiese necesitar para hacer todo lo que las felices parejas suelen hacer.

Por ejemplo, en aquella ocasión gran parte de la habitación estaba ocupada por una enorme cama con forma de corazón, con el colchón más suave y confortable que uno pudiera desear y con pétalos de rosa esparcidos sobre el mismo. El resto de la habitación contenía almohadas; cientos de almohadas, de todos los tamaños, colores y formatos.

Era una habitación para estar cómodo, no había duda.

-¡Fermaportus! -susurró Hermione a la puerta en un tono nervioso. Se volvió hacia Ron-. Mi amor... por fin... -lo abrazó-, por fin...

-Sí -murmuró él. Le regresó el abrazo y susurró:- Te amo...

Hermione permaneció en silencio. No creyó que un par de palabras pudiesen afectarle tanto. Soltó el abrazo y dio un paso atrás. Miró a Ron directo a los ojos.

-¿Qué?

Ron comprendió aquella reacción, pero no iba a echarse atrás ahora. Se acercó y volvió a abrazarla.

-Lo que oíste -dijo, y la besó-. Te amo -otro beso más-. Te amo, Hermione Granger.

-Ron... -susurró ella con voz ahogada-. Ron, yo... Oh, Ron...

Ella lanzó sus brazos alrededor de su cintura, apretando con fuerza. Le dio un beso casi épico. Cerraron los ojos y disfrutaron de sus lenguas explorando sus bocas. Aquello era perfecto. Era su momento. Su momento privado.

Sus manos ya empezaban a inquietarse. Tanto las de él como las de ella se deslizaban por la espalda de su compañero. Pero no querías dejar el beso... Aquello era incluso mejor que la otra opción. A sus edades, un beso apasionado como ese podía llegar a ser mucho pero mucho mejor.

Así que lo mantuvieron. No supieron cuánto tiempo duró, pero así hubieran pasado sus bocas horas pegadas la una a la otra el tiempo fue demasiado corto para ellos; y ningún beso volvería a ser tan fuerte como aquel. Lo peor de los besos no es dejar de besar, sino pensar que el beso pasó a ser un recuerdo.

Ella sintió sus manos bajando por su espalda y detenerse justo sobre su trasero. No le molestó, pues sus propias manos ya habían hecho lo mismo con el de él.

Al diablo con las reglas, pensó Hermione. Él me ama, yo le amo, queremos hacerlo y ya nos prometimos no pasarnos de los límites; bueno, no mucho. Hermione, estás junto a hombre que amas en la habitación más privada de Hogwarts. No te apenes por lo que sientes... Sólo hazlo.

Así que lo hizo: dejó de besarle y se miraron a los ojos. Ella sonrió.

-Ron... ¿Quieres...? Quiero decir...

-Sí -dijo él-, pero sólo si tú quieres.

Hermione volvió a besarlo. Cerraron los ojos y disfrutaron del nuevo beso. Segundos más tarde, y mientras aún se besaban, sus túnicas se deslizaron hasta el suelo.

Al otro lado de la habitación, algo ocurría debajo de una pequeña montaña de almohadones grandes y acolchonados. Una mano acababa de apartar una almohada rosa con forma de corazón, y ahora podía observar la escena.

Deseó no haberlo hecho, pero no podía evitarlo. Allí estaban, besándose y comenzando a quitarse las ropas. Sólo un poco más. Su mano acariciaba el artefacto en su poder. Sólo un poco más. Los vio recostarse en la gran cama, todavía abrazados y besándose. Sólo un poco más. Las túnicas estaban en el suelo, entre algunos almohadones pequeños. Las varitas sobresalían de los bolsillos.

Sólo un poco más, Draco... Sólo un poco más, y los tendrás en tu poder. La venganza. La sublime venganza. Weasley y Granger pagarían por todo. Él se encargaría de que pagasen.

Se sobresaltó un poco. Habían dejado de besarse y Hermione había gemido. Draco se aseguró de odiar ese sonido proveniente de labios impuros. Ron le besaba el cuello a su amada, desde la mandíbula hasta la base. Draco no quería mirar... pero no podía evitarlo.

Debía estar atento. Tenía que hacer su gran entrada en el momento justo. Debía prepararse; volvió a acariciar aquello en sus manos. Pronto, Draco, pronto los tendrás en tu poder.

Volvió a mirar. Hizo un gesto de asco. Los amantes estaban en ropa interior.

Ron se levantó un poco y observó detenidamente a Hermione. Ella estaba recostada en la suave superficie del colchón. Observó su cuerpo, de pies a cabeza. A pesar de su belleza de mujer, Ron se fijó mucho más en el rostro.

Era extraño. Ron creía fijarse en lo superficial... y de hecho, así era. Consideró que aquel cuerpo femenino, aquel que se enfrentara a tantas penurias en el pasado, era bello. Su cintura tenía la medida correcta; no ostentaba a ser de avispa y no era más gruesa de lo deseable. Sus piernas eran graciosas, tal vez por eso de andar cargando libros todo el tiempo. Su busto (y aquí Ron se vio obligado a sonrojarse) no era nada del otro mundo, y sin embargo a él le parecía algo a lo que debía guardar profundo respeto.

Y su rostro...

... Ron no podía definirlo.

No podía hacerlo. Lo observaba allí, mirándolo a él y sonriéndole. Sus cabellos, siempre enmarañados, ahora estaban expandidos en todas direcciones sobre el colchón. Aquello era mejor que todo lo demás, pero no menospreciaba al resto. Hermione no era bella de rostro, ni de busto, ni de cintura, ni de piernas.

Hermione era bella en todo al mismo tiempo, y todo hacía juego en el equilibrio de esa belleza.

Sé por qué me parece tan bella, pensó Ron. Es porque la amo. Es porque de verdad la amo.

Hermione pensaba igual. Miraba hacia arriba desde su posición; miraba a Ron. Lo veía arrodillado frente a ella, mirándola a su vez.

También le dedicó una mirada de arriba abajo. Desde aquellos cabellos pelirrojos hasta las rodillas apoyadas sobre la cama. Ron había crecido, pero algunas cosas todavía eran de un niño. Su rostro y pecho eran lampiños y sus pectorales estaban levemente pálidos y algo trabajados. Ser Guardián de Quidditch otorgaba ejercicio físico y trabajo muscular, y aunque no debía manejar un bate para parar Bludgers, necesitaba fuerza en los brazos para evitar caerse de la escoba.

Y aunque Ron no lo aparentaba, tenía músculos. Pocos, pero tenía. Sus brazos lo disimulaban muy bien. En esos palillos de madera se escondían tendones de metal.

Y su rostro...

... Hermione tampoco pudo definirlo con acierto.

Aquellas pecas y esa sonrisa ingenua le daban ese aspecto de niño ya mencionado. A pesar de sus dieciséis años, Ron parecía mucho menor. Era un rostro que incluía orejas enrojecidas, mitad de vergüenza y mitad de impaciencia; y un par de ojitos como soñadores.

Sé por qué me parece tan bello, pensó Hermione. Es porque lo amo. Es porque de verdad lo amo.

-Hermione...

Ron puso una mano en su estómago, dándole un cálido masaje.

-Ronald...

Ella levantó una mano hacia su hombro, el cuál acarició.

Ron sonrió, pero ella lo hizo con más fuerza. Tomó la mano en su estómago con una de las suyas, y le depositó gentilmente sobre su pecho, manteniéndola firme allí. Le divirtió ver lo colorado que se ponía Ron.

-Ah... eh... Vaya, parece que... ya no te importan las... las.. las normas -tartamudeó el pelirrojo.

-Aquí no me importan -susurró ella-. Veo que a ti tampoco -añadió al momento en que él apretaba un poco su mano.

-Bueno, si a ti no te importan... ¿por qué iban a importarme a mí? -sonrió él.

-Tienes razón... ¿Por qué habrían de importar las reglas, cuando se trata de amar?

A Ron no le agradó la manera en que Hermione dijo aquello. Su voz tenía miel, y se estaba pegoteando a su oído.

Hermione se incorporó hasta quedar sentada en la cama. Luego se arrodilló frente a Ron. Puso sus manos en su cintura y le dio un suave masaje mientras decía:

-Ron... quiero que sientas mi piel junto a la tuya. Quiero que me hagas el honor de... de hacer lo que no pudiste en el baño de los Prefectos.

Ron parpadeó, giró la vista a la izquierda, volvió la mirada hacia Hermione y dijo:

-¿¿¿Yo???

Ella rió. Una risa suave y jocosa.

-¡Eres tan dulce, cuando te lo propones! Sí, Ron... Tú -le dio un beso-. Tú, tú, tú, y solamente tú -dijo, agregando un beso a cada "T".

Ron sonrió con ese nerviosismo previo a algo importante. Estar a solas con Hermione era bastante importante. Que ella le pidiese que le quitase el sostén era todavía mucho más importante. Así que no era extraño que sus manos temblasen como gelatina (y no ante los efectos de cierto hechizo protector) cuando éstas buscaron a tientas la liga del sostén a espaldas de Hermione.

Ella le dio ánimos con un par de besos extra, y sus labios también temblaban. Hermione tenía nervios, aunque los demostraba tanto como Ron sus músculos. Ella se sentía preparada, y ya no quería esperar.

Las manos de él encontraron la liga. Era increíble cómo tocar un pedazo de tela pudiera hacer que el corazón de uno se preparase para saltar fuera del cuerpo. Hizo un esfuerzo y mantuvo su cerebro dentro del cráneo mientras recordaba cómo era que funcionaban los dedos, hizo unos pases por los ganchos de la liga y...

... y eso fue todo. Hermione sintió la libertad de esa leve presión y Ron vio cómo caía la pieza de ropa interior. Cuando levantó la mirada del colchón, su vista se cruzó obligatoriamente por aquel cuerpo celestial y desnudo que le sonreía.

-Y... -dudó ella, bajando la mirada y sonrojándose-... ¿qué opinas?

Ron consiguió hacer parar a su nuez y, luego de una impresionante batalla mental lanzó la mejor respuesta que un hombre podía dar.

-Ggg... -dijo.

Ella rió con alegría y lo apretó contra sí en un tremendo abrazo. Ron salió de su ensimismamiento y sintió aquel calor en su piel. Se abrazaron, se acariciaron... y volvieron a hundirse, allí, arrodillados uno frente al otro, en un largo y apasionado beso de amor puro.

Draco Malfoy estaba mirando. Le daba asco. Era horrible. Tan sólo pensar en tocarle el hombro a una horrible sangresucia le daba retorcijones en todo el cuerpo. Imaginarse aquello era una desgracia... pero ser testigo le tría nauseas.

Ya está, pensó. Es el momento que esperaba.

Ambas manos se aferraron al artefacto. Una de ellas se desglosó y bajó lentamente al bolsillo de su túnica. Extrajo su varita. Luego apartó un almohadón con forma de osito de felpa gigante y colocó el artefacto en posición. Apuntaba directo a los amantes.

Draco sonrió. Ya no pudo contenerse.

-¡SONRÍAN!

Hermione gritó; Ron también. Se separaron de forma abrupta justo cuando un destello de luz blanca los cegaba. Se cubrieron los ojos, pero ya era tarde. Alguien reía.

Ron metió la mano en el bolsillo de su túnica, pero entonces recordó que tanto Hermione como él se había despojado de la ropa. Apenas llevaban puesto lo mínimo para cubrir aquellas partes que aún no estaban dispuestos a mostrar. Así que gateó hasta el pie de la cama y acercó la mano a su túnica.

-¡Accio! -rió aquella voz fría. Las varitas de Ron y Hermione volaron de los bolsillos y fueron atrapadas por la mano de Draco Malfoy.

-¡Tú! -bramó Ron, enrojecido en vergüenza e ira-. ¡¡Tú, maldito...!!

-¡Quieto! -advirtió Malfoy, apuntando su propia varita directo hacia él. Ron se detuvo a mitad de salto y obedeció-. Así está mejor, Weasley... -sonrió-. Bueno, bueno, bueno... ¿qué tenemos aquí? A mí me parecen dos Prefectos en una situación por demás de ilegal. ¿Cómo estás, Granger? Ponte algo de ropa, ¿quieres? No tolero verte así.

Ron arriesgó una mirada hacia atrás. Hermione, aterrada, se había agazapado contra la cabecera de la cama y se cubría el pecho con una almohada sonriente.

-¿Qué haces aquí? -preguntó Ron, regresando toda su atención a Malfoy-. ¿Cómo entraste? ¿Cómo sabías...? ¿¿Qué demonios estás haciendo aquí??

-Mi deber como Prefecto, por supuesto. ¿Cómo supe, dices? Tú y la sangresucia tienen bocas muy grandes. No deberían hablar de sus asuntitos privados mientras patrullan. ¿Cómo entré? Bastó un par de hechizos y ustedes pensaron que ese poltergeist bueno para nada estaba cerca. Aproveché la distracción para colarme aquí dentro y esconderme bajo esa montaña de almohadones.

Ron pasaba los ojos de la horrible carota de satisfacción de Malfoy a la punta de su varita. Luego miraba hacia atrás y veía a Hermione cubriéndose con la sábana. Seguía muy asustada, y Ron podía jurar que murmuraba "Me van a expulsar... Me van a expulsar... Todo esto es culpa mía...".

Volvió la vista a Malfoy, a su varita... a su otra mano.

-Oh, rayos...

-¡Ah! ¿Te refieres a esto, pobretón? -rió Malfoy, levantando la otra mano y mostrando una cámara fotográfica-. Sí, es una cámara de mago, y en su interior se encuentra una foto de ustedes dos, juntitos y rompiendo las reglas de manera descomunal.

-¿Por qué haces esto? -habló Hermione con voz entrecortada, desde atrás.

-¿Por qué? Granger, Granger, hay tantas razones... A ver, a ver, tenemos, por ejemplo, que eres una sangresucia. Eso sería suficiente, pero hay más: eres sangresucia y amiga de Potter.

Malfoy sonrió casi como un demente. Estaba disfrutando de la situación a montones.

-¡Eso no es motivo! -Hermione se echó a llorar.

-Claro que lo es... Tu estúpido amigo Potter fue el causante de que encerrasen a mi padre. Ustedes le ayudaron. Ustedes están en mi lista de venganza, la cual pretendo llevar a cabo ahora mismo. Aquí hay una foto que me muero por mostrar a todos en la escuela.

Tanto Ron como Hermione sintieron que se le helaba el corazón.

-¡No lo harás! -gritó Ron. Se dispuso a saltar hacia él, pero un rayo de luz roja le rozó la oreja derecha. Hermione chilló, pero Ron decidió retroceder, caer de espaldas y arrastrarse hasta ella, abrazándola y consolándola.

-Ten cuidado, Weasley -susurró Malfoy, dejando de sonreír-. Agredir a un Prefecto es una falta muy grave.

Hermione lloró con más fuerza y hundió su cabeza en el regazo de Ron. Él la abrazó sin pensar en lo que hacía. Su atención estaba en Malfoy.

-¿Cuánto pides? -susurró.

-¿Cómo dices? -preguntó Draco, sonriendo de nuevo.

-¡No te hagas el tonto! Quieres chantajearnos, eso es lo que pretendes...

-Muy cierto.

-... así que dinos el maldito precio.

Malfoy hizo como que pensaba, y era obvio que no necesitaba hacerlo. Al cabo de un rato murmuró:

-No hay precio.

-¡¿Qué?!

-Dije que no hay precio. ¿Qué pueden darme ustedes que yo pudiera desear? ¿Dinero? ¡Ja! ¡Tú eres pobre y ella no conseguiría suficiente para satisfacerme! Además, ya soy rico -sonrió-. No vine a buscar dinero ni pertenencias, Weasley... Vine a vengarme.

Agitó la cámara de fotos y exclamó:

-¡Mañana a esta hora, todo el colegio sabrá lo que hicieron! -y Hermione lloró con más fuerza al escuchar eso-. Yo me encargaré de que copias de esta foto aparezcan en cada rincón del castillo: en cada tablón de anuncios, en cada despacho de cada profesor y, por supuesto, en las manos de sus respectivos padres.

-¡Nooo! -chilló Hermione. Sus padres no sabían de todas sus peligrosas aventuras en Hogwarts, pero de ahí a pasarles semejante foto...-. ¡Malfoy, no lo hagas! ¡Haré lo que sea, pero no divulgues esa foto!

-No, Hermione... -Ron la abrazó.

-¡Ron, no podemos hacer nada! Tiene nuestras varitas, mira... No tenemos nada para hacerle daño, sólo unos feos almohadones que no le hará nada. Él tiene las cartas ganadoras... No podemos hacer nada.

-Ya lo creo que no -susurró Malfoy-. Y no quiero nada que venga de ustedes. Excepto, claro... ver sus rostros cuando los repriman por lo que han hecho, ustedes, niños malos -sonrió.

Malfoy retrocedió hasta la puerta sin dejar de apuntar con la varita a los jóvenes amantes, aunque no podían hacer nada para evitarlo. Ron miraba a Malfoy desde la cama con un odio incluso mayor que el que Malfoy le tenía a él. Se limitó a abrazar a Hermione, que volvía a estallar en llanto sobre su hombro.

Malfoy intentó abrir la puerta. Estaba cerrada.

-¡Ja! -rió Ron-. ¡Esperaba que hicieras eso! ¡Hermione selló la puerta, y sólo ella puede quitar el hechizo!

-¿Ah, sí? Oh, entonces resultaría inútil que yo hiciese algo así, ¿no?

Para horror de Ron, Draco apuntó a la puerta con su varita e hizo una floritura con la mano. Hubo un sonido como a destape.

-Adiós, tórtolos -sonrió Malfoy. Abrió la puerta y se detuvo-. ¿Qué rayos...?

Hermione volvió a gritar. Ron dio un saltito. Malfoy se tambaleó y retrocedió hasta caer sobre algunos almohadones. Cuando los amantes miraron a la puerta vieron a Harry refregándose los nudillos.

-¡Maldito seas, Potter! -bramó Malfoy mientras se sujetaba la quijada. Levantó la varita.

-¡Expeliarmus!

La varita de Malfoy voló de su mano, lo mismo que la cámara de fotos. Las varitas de Ron y Hermione también había caído. Harry apuntó con la suya hacia ellas.

-¡Accio! -dijo. Las varitas volaron a su mano, y de ahí fueron arrojadas a la cama-. ¡Tómenlas! -anunció Harry, quien no parecía demasiado sorprendido de ver a sus amigos en una situación semejante.

Draco aprovechó aquella distracción para empujar a Harry fuera de la habitación. Cerró la puerta y se volvió a tiempo para saltar hacia su varita.

-¡La cámara! ¡Hermione, la cámara! -gritó Ron-. ¡Diffindo!

El hechizo salió de su varita e impactó de lleno a la cámara de fotos, pero rebotó y le atinó a un almohadón, haciendo volar plumas de ganso por toda la habitación.

-¡Petrificus Totalis!

El hechizo de Malfoy dio de lleno a Ron, quien cayó de espaldas sobre el colchón. Hermione gritó, se puso de pie y apuntó a Malfoy. Él hizo lo mismo.

-Le echaste un embrujo a la cámara -susurró ella.

-Por supuesto. No soy idiota, Granger.

Harry regresó en ese momento. Apuntó a Malfoy.

-Dos contra uno -dijo Harry-. Mejor te rindes.

Draco rió. -No me importa rendirme. ¡No pueden destruir la evidencia! Y pueden acusarme con quien ustedes prefieran: ¡hasta el propio Dumbledore aceptaría que yo estaba cumpliendo con mi trabajo!

-¡No es verdad! -gritó Harry.

-H-Harry... Baja la varita, por favor.

Harry escuchó las palabras salir de la boca de Hermione, pero no entendía el significado. Miró hacia ella y se sorprendió de verla apuntar su varita hacia él.

-¿Qué haces?

Ella se mordió el labio inferior. -Tiene razón. Malfoy tiene razón. No podemos evitarlo, así que al menos cumpliré mi función de Prefecta lo mejor que pueda. Aún soy Prefecta de Hogwarts.

Harry no daba crédito a sus oídos. A pesar de estar vestida sólo por una sábana rosada y algunos pétalos de rosa, Hermione se veía amenazante.

-Harry, estabas paseando de noche. Eso no está bien.

-¿¿Estás loca?? ¡Hermione, tú...!

-¡No me hables! -chilló ella-. Fui cegada por instintos humanos muy básicos. Ahora recibo lo que merezco. Harry, no lo hagas más difícil. Mejor dejemos que esta mala noche sea olvidada.

-Nadie va a olvidarla, Granger -sonrió Malfoy-. Nadie va a olvidar esto.

-Yo creo -dijo Hermione lenta y deliberadamente- que es posible olvidar. Es tan sencillo como agitar la varita. Harry, no importa lo que pase, no intentes escapar. No lo intentes.

Y Harry comprendió. Hermione le estaba indicando algo que hacer. Tenía que distraer a Malfoy. Su pie se acomodó junto a un almohadón redondo que estaba cerca y asintió muy despacio.

-Sí... Es verdad... Yo estaba caminando de no-¡AHORA!

Draco estuvo a punto de lanzar un hechizo, pero un almohadón salido de quién sabe dónde pegó en su brazo y le dio a Harry tiempo suficiente como para echarse a un lado.

-De esta no te salvas, Potter...

-¡¿No?! ¡Ya veremos!

Hermione levantó la varita, tragó aire y bramó:

-¡¡Obliviate!!

Le dio a Draco justo en la cabeza. El muchacho cayó de costado y los almohadones amortiguaron el golpe. Hermione se acercó, caminando con torpeza entre tantas almohadas y con la poca ropa (si es que alguna) que llevaba encima. Entre ella y Harry ayudaron a Draco a ponerse de pie.

-Hechizo desmemorizante -jadeó ella-. Nunca lo había usado. Espero que esté bien.

-Yo espero que le hayas hecho daño -dijo Harry sin asco.

Draco abrió los ojos. No se enfocaron en nada.

-¿Qué pasó? ¿Dónde estoy? -preguntó.

-Malfoy, estás patrullando el corredor y acabas de acordarte que terminó tu ronda -dijo Hermione-. Estás cansado y sólo quieres dormir.

-Oh. Qué bueno.

-Cuando despiertes, recordarás todo esto como un sueño, y nunca más volverás a intentarlo.

-Ah. Bien.

-Ven, te llevaré a la puerta. Recuerda: no recuerdas nada.

-¿De qué?

-Así me gusta. Ahora vete.

-Mmm... Bueno.

Draco se marchó, desviándose lentamente hacia las paredes. Hermione se aseguró de que ya no volvía y volvió a encerrarse en la sala Multipropósitos.

Corrió a ayudar a Ron. Le aplicó el contramaleficio y Ron dio un salto.

-¡Harry!

Hermione pareció recordar que Harry estaba allí, y definitivamente recordó que no llevaba nada debajo de la sábana, porque se sonrojó y comenzó a vestirse mientras Ron acaparaba la atención de Harry.

-¡Harry! ¡Llegaste en el momento justo! -dijo Ron, y comprendió lo que había dicho-. ¡¿¿Qué haces aquí??!

Harry sonrió. -Te leí la mente.

-¿Qué? ¿A mí? ¿Cuándo?

-Dos veces. Hace un tiempo, cuando subías las escaleras para ir a dormir, y esta tarde, cuando te dormiste en el sillón. Eh, perdón, te vi con Hermione y... bueno, vi todos los planes para esta noche.

-¿Y por qué viniste?

-Malfoy -dijo Harry-. Esta mañana estaba muy jocoso en el Gran Comedor, y yo tenía curiosidad. Le leí la mente antes de regresar y vi los planes que estaba urdiendo.

Hubo un momento de silencio. Sólo se escuchaba el susurró de la túnica de Hermione al ser pasada por su cabeza.

-Bueno... eh... Muchas gracias -susurró Ron. Se sentía culpable.

-Harry -habló Hermione, ya más vestida-, perdón por no haberte dicho. Quiero decir, estabas tan... no sé... no queríamos...

Harry sonrió. -No importa, de verdad. Me alegra saberlo. De todas formas, ya comenzaba a sospechar. Y ahora... ¿puedo pedirles un favor?

-¿No volver a hacer nada de esto nunca jamás? -arriesgó Ron.

-No. Sólo quiero que me modifique la memoria a mí también.

-¿Por qué? -preguntó Hermione.

-Dos razones. Primero, quisiera olvidar que los he visto en la cama -Ron y Hermione se acaloraron-. Y segundo, creo que la noche todavía es joven.

-¿Eh?

-Quiero decir -dijo Harry, y les guiñó un ojo- que todavía es temprano para ir a la cama. A la de la torre, al menos.

Ron y Hermione era un par de tomates listos para recoger. Ron se acercó a su amigo.

-Caray, Harry... No sé qué decirte...

-Sólo di "obliviate", preferentemente con la varita en alto. Y si quieren decirme algo, mañana pueden contarme lo suyo. Hoy por hoy, sólo quiero olvidar.

Ron le dio un abrazo a su amigo. Luego Hermione lo abrazó.

-Gracias por todo, Harry. Y ahora... ve un poco atrás. Necesito espacio...

Harry asintió y obedeció. Hermione apuntó con su varita. Lo último que Harry supo fue que ella había gritado "¡Obliviate!" y que todo cuanto recordaba de aquella noche se iba de su mente como el agua de una bañera al quitarle el tapón.

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-¿De verdad? ¿Hermione y tú? Bueno, eh... ¡Bueno! ¡Felicidades! -sonrió Harry a la mañana siguiente, durante el desayuno. Ron y Hermione, curiosamente más felices de lo imaginable, estaban sentados juntos, abrazados, y acababan de informarle a su amigo el amor que se sentían.

-Ya me parecía extraño -sonrió Neville desde el otro lado de la mesa-. Bueno, ustedes siempre están juntos, ahora que son Prefectos. Sí, creo que son la pareja ideal.

Las felicitaciones siguieron a lo largo de la mesa. Minutos después todos volvían a sus desayunos. Ron y Hermione también.

-Bien. Lo dijimos y no se acabó el mundo -sonrió Ron-. Puedo disfrutar mi desayuno.

-Sí. Lo lamento un poco por Malfoy. Creo que me excedí cuando... No importa.

Miraron a la mesa de Slytherin. Crabbe y Goyle miraban a su jefe y se preguntaban por qué había bajado a desayunar con el piyama puesto. Los otros que también presenciaban el evento echaba risitas al confundido Slytherin.

-A propósito, ¿qué pasó con la cámara? -susurró Ron.

-La tomé y pensé que necesitaba un buen lugar para esconderla.

-¿Y?

Hermione sonrió. -La sala Multipropósitos me entendió, así que abrió un agujero al espacio exterior.

-¡No te creo!

-Es verdad.

Ron rió. Nadie preguntó por qué.

-Todo está bien. Nos amamos y... lo de anoche está a salvo. No hay fotos, y los que lo sabían fueron desmemorizados. Todo está bien -dijo Ron.

En ese momento, sin embargo, alcanzaron a escuchar la voz de Harry que le decía a Dean Thomas: -Creo que mañana practicaré la Legeremancia con Ron, o con Hermione. Creo que estoy volviéndome muy bueno en eso.

Ron y Hermione guardaron silencio e intercambiaron una mirada.

-¿Hermione, crees que puedas enseñarme Oclumancia en veinticuatro horas?

-Eso espero... ¡Vamos a la biblioteca!

Y se marcharon juntos. Nadie se preguntó por qué.


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FIN

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