. crownless .
A boat on the river confessing the sins
The Riddler revealing the deep hidden things
by Edward Wong H.P.
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chapter II- Del otro lado del río.

El carruaje redujo su marcha y pudo ver del otro lado del camino, entre los brumos de la niebla matutina y bañado por los primeros rayos lechosos del sol el largo cause del río. Pacífico y oscuro, como un largo camino de piedra helada sobre el que tendría que caminar.

El suave murmullo del agua entró por sus oídos y se encogió sobre el mullido asiento del coche, los ojos cerrados contra el viento frío que se colaba por la ventana y golpeaba bruscamente su rostro delgado. Bajando la cabeza y abriendo lentamente sus cansados ojos grises, pudo ver nuevamente los adorables grilletes que pendían de cada una de sus muñecas, sin cadena alguna que arrastrar pero sellados por un par de extrañas runas en las que el viejo hechicero real había estado trabajando toda la noche.

-No podrás ir por ningún camino que no te guíe a tu destino mientras lleves esto, y lo llevarás hasta que tu tarea esté terminada.

Y ahí iba él, sin dormir ni comer, escuchando los cascos de los caballos y el sonido cada vez más cercano del agua entre las rocas.

Entonces se detuvo. El crepitar de las ruedas de madera cesó bajo sus pies y el aire frío entró suavemente por la ventana agitando sus cabellos negros. Afuera se escucharon pasos y pies golpeando pesadamente el suelo y el débil bufido de un caballo. El agua del río se sacudió con el sonido de una voz:

-¡Capitán Malfoy, buenos días tenga usted!- exclamó alguien, y Sirius pudo escuchar pasos acercándose.

Afuera, Lucius Malfoy se irguió, orgulloso, y dedicó una sonrisa despectiva al joven frente a él.

-¿Está listo todo?

-Oh, sí señor; tengo listas provisiones para medio mes y del otro lado se encuentran esperando los caballos.

¿Los caballos?

-Bien.- lanzó una mirada crítica al río y luego se dio la media vuelta, con el sonido pesado de su espada agitándose a su costado. Sus pasos se acercaron al carruaje y de pronto la puerta de éste se abrió, mostrando a un sorprendido Sirius dentro que miraba por la ventana.

El chico de pie cerca de ellos le dedicó una mirada de temor antes de alejarse de ellos hasta la orilla del río. Era delgado, alto y de cabello lacio.

-Así es como te perdonaremos la vida, Black.- exclamó Malfoy, mirando a Sirius como a la suciedad que se le ha pegado en la bota. -La reina ha sido muy considerada contigo y espero, sinceramente, que sepas agradecerlo...- tiró de su brazo y Sirius cayó de rodillas sobre el pasto que rodeaba la rivera, pesadamente. Un amago de sonrisa se formó en sus labios antes de caminar hacia el muchacho en el otro extremo.

Sirius lo siguió de mala gana, sintiendo un escozor en sus muñecas.

-Éste es Longbottom.- señaló el caballero, señalando al chico que acababa de echarse una línea de cuerda sobre los hombros. -Te acompañará hasta el borde del bosque. El resto será cosa tuya.- sus ojos grises se toparon con los de Sirius y entonces finalmente sonrió. -Si en un mes no has regresado, supongo que tendremos que comenzar a buscar a alguien más...- le dio un empujón a Sirius y luego se dio la media vuelta. -¡¡Vámonos!!- montó a su caballo de un salto y sujetó fuertemente las riendas. El carruaje ya se había puesto en marcha delante de él. Dedicó una última mirada a Sirius antes de ir detrás de él al galope.

Black se quedó de pie al final del camino, observando estupefacto cómo los caballos se alejaban colina abajo, hacia las puertas de la ciudad que alcanzaban a distinguirse a la distancia. Entonces bajó la mirada y se encontró, sorprendido, conque llevaba una pesada espada entre las manos.

¿Malfoy..?

La empuñó con la mano derecha y la agitó contra el vacío, partiendo abruptamente la niebla con un zumbido.

No pudo evitar sonreír, satisfecho. Siempre había deseado una... Ahora sería fácil hacer que ese tal Longbottom le sacase de ahí, cortarle el cuello cuando ya no le necesitara y después...

Sus muñecas empezaron a arder; una sensación escalofriante envió descargas por toda su espalda y se estremeció violentamente con un gemido de dolor. Cayó de rodillas al suelo, respirando agitadamente, y la espada cayó junto a él.

Con los ojos fuertemente abiertos y temblando todavía por la sensación que comenzaba a desvanecerse poco a poco, olvidados ya sus anteriores pensamientos. Se abrazó los hombros, aterrado.

¿Qué demonios..?

La empuñadura de su nueva espada interrumpió el recorrido visual de sus ojos hacia el frente y sintió cómo aquella sensación caliente y electrizante volvía a desprenderse de sus muñecas, a través de sus brazos, esta vez mucho más débilmente.

-¿S..se encuentra bien..?- una vocecita le despertó de golpe, haciéndole caer de bruces sobre el pasto mojado. Longbottom todavía le observaba con sus ojos oscuros bien abiertos.

Permaneció algunos segundos echado en el suelo, observando el sol que comenzaba a levantarse por encima de los árboles que rodeaban el bosquecillo cercano, y sintiendo cómo aquella sensación le adormecía lentamente los miembros, alejando el dolor poco a poco.

-Estoy bien....-murmuró, con una extraña voz gutural, antes de incorporarse lentamente sobre sus rodillas. Longbottom le miraba con curiosidad. -No es nada.- finalmente se puso de pie, temblando ligeramente, y dedicó una mirada dubitativa a la espada aún en el suelo.

Debía cogerla nuevamente, pero... El dolor apareció en sus recuerdos y se estremeció. Agitó su cabeza de cabello negro, incómodo, antes de susurrarse un bastante audible Idiota, y se inclinó para tomarla.

El mango envió nuevamente una débil descarga eléctrica a través de sus brazos pero pudo soportarla, y tras olvidarse de lo que había pensado momentos antes, se la enganchó en el cinturón vacío que llevaba a la cintura. Luego se volvió y contempló el ancho río que se abría frente a sus ojos.

-¿Ahora qué?- exclamó, frotándose la muñeca derecha con su mano izquierda y tratando de ignorar el tintineo de los grilletes chocando.

Longbottom, que llevaba un remo en una de sus manos se inclinó levemente, visiblemente temeroso / cosa que produjo una agradable y cálida satisfacción en Sirius /, y señaló un bote atado cerca de ellos.

-El señor Malfoy me ha ordenado guiarle hasta el Bosque. Está a menos de dos días siguiendo el cauce del río. Una vez ahí le entregaré un caballo, algunas provisiones y le conduciré hasta la entrada. Luego... bueno...

-Te pagarán.- asintió Black, caminando hacia él.

Longbottom se encogió de hombros.

-Está bien.- y con una mirada despectiva al muchacho junto a él y un último vistazo al pueblo que habían dejado atrás, Sirius puso un pie dentro del pequeño bote de remos. -Entonces larguémonos de una buena vez.

-¡Sí, señor!- Longbottom fue detrás de él a pasos apresurados, sin darle importancia al fango que se embarraba en sus pantalones a cada paso. Saltó sobre el bote y éste se agitó pesadamente debajo de ellos.

El lazo alrededor del poste en la orilla del río se deshizo y con un tambaleo el bote se adentró en el río, silenciosamente.

Apretados los extremos entre sus manos, los remos se hundieron en el agua fría.
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-Hace un par de años tuvimos un rey... Era todavía muy joven y no sabía gobernar, pero había sido nombrado rey por encima de sus hermanos porque contaba con maravillosas habilidades que nadie más en su familia había demostrado poseer.

La luz del sol sobre su cabeza le hizo removerse sobre sí mismo y su brazo se interpuso entre los rayos y sus ojos lastimados. El bote se sacudió ligeramente debajo de su cuerpo y pudo escuchar cómo Longbottom jadeaba de cansancio.

Habían navegado apenas algunas horas, en silencio, y observar el movimiento del agua debajo de ellos había dejado de ser entretenido cuando descubrió que le enfermaba.

Se incorporó pesadamente y recargó la espalda contra un costado del bote, ligeramente mareado; sus ojos cerrados debajo de varios mechones de su cabello negro y la piel del rostro enrojecida por el sol.

Silencio.

Uno, dos, tres minutos. Sirius bostezó descaradamente, observando vagamente las runas grabadas en sus grilletes y preguntándose si habrían tenido algo que ver con lo que había sucedido durante la mañana.

Sus ojos giraron ligeramente y se topó con la mirada de Longbottom, quien inclinó la cabeza de golpe, asustado.

Sonrió, sádicamente satisfecho ante el temor que provocaba en aquel muchacho, y volvió a cerrar los ojos, con la cabeza reclinada sobre el pecho.

-Venga, dime algo...- susurró, en voz baja, y vio de reojo como el chico se estremecía. -¿Vas a decirme que te doy miedo?

No hubo respuesta. Los remos volvieron a hundirse en el agua y varias gotas saltaron por encima de su cabeza. Sirius las observó con atención, sumido en sus pensamientos y sin otro entretenimiento que seguir su trayecto de regreso al río. Inclinó la cabeza y echó atrás su pelo negro y sucio. No se había duchado los últimos dos días.

Flexionó su pierna izquierda y dejó que uno de sus brazos reposara sobre la rodilla apretada hacia él. Algunos minutos más de silencio prosiguieron después del último suspiro profundo que dejó escapar.

Finalmente Longbottom soltó los remos y los recogió dentro del bote, antes de hacerse un ovillo en la esquina contraria y dejar que la corriente les llevase. Sus ojos oscuros todavía fijamente puestos en Sirius, quien trataba de fingir no verlo.

Fue así durante un par de minutos más, mientras el sueño comenzaba a dominarle. Cada vez que abría los ojos, alarmado por el movimiento brusco del bote chocando contra algo, se encontraba con la mirada oscura que se movía de golpe, fingiendo haber pasado justo sobre él en aquél momento por simple casualidad.

Sirius entornó sus ojos y se frotó el pelo fuertemente, casi lastimándose al tirar de sus mechones ligeramente largos.

-Bueno, ¿Cómo te llamas?

El muchacho pareció dudar sobre si responder, ya que se encogió de hombros y miró fijamente la orilla como si fuese lo más interesante del mundo. Pero al cabo de algunos segundos abrió la boca, lentamente, y dejó escapar una vocecita tímida:

-Frank.- respondió, en un susurro. -Frank Longbottom.

El ladrón lo miró de reojo, mientras giraba su mano derecha frente a su rostro.

-Oh, ya veo. Yo soy Sirius Black, aunque probablemente ya sepas eso.- su voz se tornó irritada de pronto pero eso pasó cuando vio el gesto de pánico que se apoderó del rostro de su compañero. -¿Qué edad tienes, Frank?

-1...18..- respondió Frank, con un hilito de voz.

Sirius no respondió a esto. Permaneció observándolo con el rabillo de sus ojos por un instante hasta que regresó la vista al frente al notar cómo una parvada de patos levantaba el vuelo frente a ellos. Y Frank, motivado por la confianza que el recluso parecía estarle brindando, comenzó la conversación:

-He..- balbuceó, frotando nerviosamente los remos con sus manos. -He escuchado de usted.. señor Black...

Los ojos grises le miraron de golpe y se hizo para atrás, asustado.

-¿En serio?- inquirió la voz ronca. -¿Y qué has escuchado? Si se puede saber...- una sonrisa se torció en sus labios, pero Frank retomó el miedo a aquél extraño recluso con ese miserable gesto.

Se encogió de hombros e inclinó la cabeza, escudriñando con los ojos la figura frente a él.

-Es usted... o era... no lo sé...- tragó pesadamente y vio a Sirius arquear una ceja. -Lider de un grupo de bandidos que trabajaban a algunos dos días de Hogsmeade..- balbuceó, apretando sus manos. -¿En Godric's Hollow?

Sirius le observó fijamente durante unos segundos, antes de golpear la cubierta del pequeño bote con ambos pies y soltar una risa gutural. -Ah.- rió, levantando su mirada hacia la orilla del río y sonriendo a un par de chicos que jugaban cerca. -Ellos.- se echó un mechón de pelo hacia atrás y luego suspiró, profundamente. -Hace un tiempo que no sé nada de ellos.- declaró, sin dejar de sonreír. -Tendríamos que vernos la semana siguiente en Godric..- su sonrisa se desvaneció ligeramente, antes de volver a aparecer, esta vez más amplia y firme que la anterior. -Estoy seguro de que estarán alegres de volver a verme.

Frank simplemente lo miró.

-N..no es por nada...- sus ojos oscuros se posaron en el agua del río bajo ellos. -Pero... ¿Está seguro de que todo saldrá bien?

Escuchó una respiración pesada como única respuesta y cuando levantó la mirada se topó con el semblante completamente ausente de Black. Tal vez no había escuchado su pregunta o no tendría una respuesta... Pero agradecía a quien tuviese que agradecer por no ser él quien tuviese que marchar hacia ese lugar...

-Fue invencible en la batalla, ¿Sabe? Los ejércitos vecinos, cualquiera de ellos, le temían. Nunca perdió un encuentro y, lo que es más, se volvía más fuerte conforme más enemigos derrotaba...

La mirada gris de Sirius se perdió en los reflejos del sol sobre el agua, mientras la briza húmeda agitaba su cabello negro. Él iba a cumplir con lo acordado y luego se iría de ahí...

-...porque nuestro rey, mi esposo, se alimentaba de las almas de todos los caídos en batalla...

notas: ¬¬ después de mucho tiempo el capítulo dos... por el momento todo me gusta o-o.. pronto veremos a James :3 , jul 25, 2004.