Los personajes utilizados aquí no son de mi propiedad, así que antes de meterme a la cárcel piensen eso, además, Yo no gano nada por medio de esto, simplemente criticas.
Gracias. Ahora si, lean, por favor!

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Capitulo 11: Buscando a Saga de Géminis.

Saga estaba recostado en su cama, renuente a levantarse de ahí, y no era precisamente porque tuviese sueño. De hecho, no había podido conciliar el sueño en toda la noche anterior. Pasó horas debatiéndose entre si debía o no regresar al Templo de Tauro a exigir explicaciones a Aldebarán. Finalmente desistió a la idea, pero solo por la posibilidad de encontrarse de nuevo con el santo de Aries. ¡Maldición, todo estaba mal! Quiso olvidarse de Mu, mas no pudo… consideró la posibilidad de sentir algo por él, y se encontró con que éste se acostaba con medio Santuario… Trató de dañarle, y terminó besándole con ternura… también agregando que en menos de diez minutos se peleó con dos caballeros dorados… y ahora tenía un dolor de cabeza insoportable. ¿A que dios había hecho enojar para recibir un castigo tan desesperante?
Se frotó las sienes, tratando de aminorar esa espantosa jaqueca que parecía nunca terminaría. Quizás había estado mal haberle hablado a Mu de manera tan insultante… después de todo se trataba de su vida, y Saga no tenía derecho alguno para pedirle cuentas. ¡Pero…! Pero nada… Dioses, que horrible es no saber que hacer o hacia donde dirigirte.

"Saga, vengo a hablar contigo." Se escuchó decir la voz de Aldebarán al otro lado de la puerta.

'¡Mira esto! Ahora hasta te van a reclamar lo que hiciste.'

"En cierta manera, él posee argumentos para hacerlo." Gruñó Saga. "Yo no tenía razón o derecho de reprocharle nada."

'¿Desde cuando necesitamos motivos para hacer las cosas?' inquirió la voz. '¿Saori te dio motivos para tratar de matarla al nacer? ¿El patriarca te hizo algo para que decidieras asesinarlo? ¡Es una insolencia que venga a recriminarte lo que hiciste! ¡Mátalo!'

"Yo ya no soy así." Replicó Saga, comenzando a enfadarse. Si algo no le gustaba era que le recordaran sus errores del pasado.

"¿Saga?" al santo de Tauro le pareció escuchar hablar a su compañero. ¿Acaso alguien estaba acompañándolo?

El caballero de Géminis se levantó de la cama, y fue hacia la puerta. Lo mejor era que ya ese asunto con Aldebarán se concluyera de una buena vez. No estando muy seguro de que iba a ocurrir, abrió la puerta. El guardián del Segundo Templo pasó la vista por la habitación, pero no encontró a ninguna otra persona.

"Bien, te escucho." Dijo Saga, cerrando la puerta detrás suyo.

Aldebarán dudó por un momento sobre que decir. La actitud fría y serena de su compañero lo desconcertaba un poco, y además le miraba como si quien debiera dar disculpas fuese él.

"Explícame que ocurrió ayer." Comenzó Aldebarán, intentando mantener la fuerte mirada de su compañero. "No tenías por qué entrar así a mi Templo."

"Es cierto, lo sé." Aceptó Saga, sin mostrar aflicción alguna. "También sé que fue un error golpearte."

Una vez más el caballero de Tauro quedó sin habla un momento. Saga ya había reconocido sus faltas, pero de una manera muy extraña. Hasta cierto punto él había esperado una disculpa, o por lo menos verlo un poco apenado, pero parecía bastante conforme con lo que había hecho.

"¿Algo más, Aldebarán?" dijo el caballero de Géminis, apartando la vista de su compañero.

"Pues sí, si hay algo más." Respondió, algo molesto. "Ya admitiste que estuvo mal todo cuanto hiciste, pero lo que yo quiero es una explicación. ¿Qué me asegura no llegarás mañana de nuevo a la Casa de Tauro dando golpes y patadas?"

"La única explicación que puedo darte es que me tomé libertades que no debía… tu y Mu pueden hacer lo que se les venga en gana, no es mi problema." La voz de Saga mostraba lo incomodo que se sentía diciendo aquello. "Te aseguro que no volveré a interferir."

"¿Qué tiene que ver Mu en todo esto?" dijo Aldebarán, sin comprender. "¿Y a que te refieres con 'interferir'?"

Saga dudó un momento a causa de la pregunta. Sería humillante decirle que… dioses, tan difícil era aceptarlo… decirle que sentía algo por Mu, y que al enterarse lo que estaba ocurriendo entre ellos se había dejado llevar por los celos.

"Ya te dije todo lo que puedo." El caballero de Géminis lo miró con impaciencia.

Aldebarán supo que no debía continuar insistiendo, o podría colmar la tolerancia de Saga. Lo importante era que le dejó claro que no volvería a montar una escena como la del día anterior. En cierta manera, las cosas ya habían quedado resueltas. Se dispuso a irse.

"Oye…" dijo Saga, atrayendo la atención del caballero de Tauro. "¿Podrías decirle a Mu que…" Por un momento pareció debatirse consigo mismo sobre como terminar la frase. "…que me disculpe por todo? No volveré a molestarlo."

Aldebarán asintió, sin comprender el significado del mensaje. Saga se adelantó al caballero de Tauro, saliendo del Templo de Géminis. Necesitaba pensar… ¿y qué mejor lugar para pensar que ese antiguo bosque más allá del Templo de Virgo?

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Los ojos del caballero de Leo se abrieron pesadamente, y lo primero que vio fue el rostro de Kanon, durmiendo muy cerca a él. Apartó algunos mechones sobre la frente de su compañero, y le observó dulcemente. Se veía tan inocente mientras dormía… resultaba difícil creer que era la misma persona que le jugó tan malas pasadas hace apenas unos cuantos días. Miró alrededor, y encontró la habitación un poco desordenada. Sus ropas habían sido lanzadas sin consideración alguna por todos lados. Normalmente esto le habría molestado, pero no fue así. Encontró la habitación, así como estaba, extrañamente linda… Cielos, vaya noche habían pasado… No pudo eludir preguntarse cuanto tiempo pensaba quedarse Kanon ahí. La verdad era que, entre más tiempo, mejor. A su mente vino la pregunta que había hecho la noche anterior a su compañero de Géminis: ¿Por qué hacia aquello?. Kanon había respondido que porque le gustaba hacerlo, y hasta cierto punto, eso era válido, pero… una parte de Aiolia esperó que respondiera otra cosa. Kanon se removió en la cama. Estaba despertándose.

"Buenos días." Saludó Aiolia, sonriendo. Kanon por un momento pareció sorprendido, y el santo de Leo lo notó. "¿Qué pasa?"

"Oh, no, no pasa nada." Dijo, sonriendo finalmente. Pero si pasaba algo. El hecho de que Aiolia estuviera a su lado al despertar lo había tomado desprevenido. Normalmente, después de pasar la noche con alguien, él se encontraba con la otra mitad de la cama vacía. "Buenos días."

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Mu se levantó de la cama, y no vio a Aldebarán por ningún lado. Probablemente había ido al Templo de Géminis para hablar con Saga… ojalá regresase pronto. Deseaba preguntarle que explicaciones había obtenido. La verdad él también quería ir a aclarar las cosas, pero… algo, no estaba seguro de que, se lo impedía. Las insultantes palabras del santo de Géminis continuaban rondando su mente, igual que recordaba su mirada herida. ¿Por qué se pudo molestar tanto? ¿Qué hizo él para que Saga le diera un calificativo tan espantoso? Oh, no… quizás Kanon le había dicho lo que ocurrió aquella noche, y seguramente modificando gran parte de la información. Esa era la única explicación que encontraba… pero ¿qué papel tenía en todo eso Aldebarán? No había razón para que se molestara con él… ellos no estaban haciendo nada malo cuando él apareció, simplemente… ¡Dioses! Ahora que lo veía todo desde fuera, Saga los había encontrado en una posición muy comprometedora… ¿acaso él pensó que ellos dos…? ¡Por Atena, que aberración!
Pero poniendo las cosas en perspectiva… si Saga se había molestado tanto al pensar que algo pasaba entre él y Aldebarán, es porque no le era indiferente, sino todo lo contrario… y ahora, sumándole el beso que le dio… Necesitaba hablar con Saga urgentemente. Al estar en la salida, se encontró con que el santo de Tauro estaba regresando.

"¡Mu!" exclamó, al verlo. "¿Qué haces levantado? Aún no estás totalmente recuperado…"

"Aldebarán ¿qué te dijo Saga?" preguntó Mu, ansiosamente.

"No mucho… pero creo que las cosas quedaron bastante claras… Ah, y me dio un mensaje para ti."

"¿Para… mi?" repitió Mu, sorprendido. "¿Qué dijo?"

"Déjame decirte sus palabras con exactitud…" se detuvo un momento, tratando de recordar. "¡Ah, si! Que lo disculpes por todo, y que no volverá a molestarte. Estaba bastante raro… también dijo algo sobre que no tu y yo podíamos hacer lo que nos viniera en gana, pues no pensaba continuar interfiriendo… no tengo idea sobre a que se refería."

"¡Ay, no!" exclamó Mu, turbado por el gran error en que se encontraba Saga. "¡Tengo que ir a verlo!"

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Saga dejó atrás los Templos necesarios para ir a su solitario bosque. No hubo ninguna novedad, ni siquiera al pasar cerca de la Casa de Libra. Quizás Dohko todavía estaba demasiado mal como para levantarse. Esbozó una leve sonrisa pensando en como lo dejó el día anterior. El tipo se lo merecía.
Esa pequeña alegría no le duró mucho tiempo. Ahora que lo recordaba, su vida estaba hecha un desorden, y las cosas se le habían salido de control. Apenas unos cuantos minutos antes aseguró al caballero de Tauro no interferiría en la vida de Mu, mandándole a éste un mensaje que no tenía otro propósito que comunicarle que renunciaba a él… bueno, en realidad nunca intentó estar a su lado de manera concreta… Demonios, los sentimientos eran una basura inservible que solo tenían como función atormentarte la existencia. La ultima esperanza restante al caballero de Géminis era que con algo de tiempo lograría volver a su actitud dura e indiferente, de la cual nunca debió haberse alejado, y finalmente perder el interés en la vida sentimental que sus compañeros podían llevar. Quizás también le ayudaría ausentarse un temporada, como había intentado hace poco tiempo. Tal vez, tal vez… ahora lo que mas deseaba era sentarse a pensar.

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Para entonces, Aiolia ya se había levantado a darse una ducha. Un poco de agua caliente le ayudaría a relajar los músculos después de tremenda noche de actividad física. Incluso pensó que durante la estadía de Kanon en su Templo no tendría por que ir a los entrenamientos de cada mañana. Encontró la ropa de su huésped en el cuarto de baño.

"Que desordenado eres…" dijo, levantando las prendas. Una idea pasó por su mente. Las cosas que llevas contigo suelen decir mucho de tu persona ¿cierto? ¿Por qué no sacar un poco de información sobre su nuevo amante? "Pues… ¿por qué no? ¿Qué es lo peor que puedo encontrar?"

Y se dio a la tarea de investigar. No había mucho realmente… quizás se sorprendió un poco al ver que llevaba una suma de dinero bastante considerable… era lógico, ya que tenía planeado en irse del Santuario una buena temporada… pero ¿de dónde lo habría sacado? Lo mejor era no tratar de adivinarlo… siguió buscando, y dio con algo más. Lo sacó de uno de los bolsillos de su pantalón. Era un lazo para el cabello. Algo bastante raro… siempre se veía a Kanon con el cabello suelo… ¿qué tenía de especial ese pedazo de tela para que Kanon lo llevara consigo a su viaje? Se lo preguntaría más tarde.

Por su parte, Kanon también se levantó. Vagaba por el lugar sin mucho interés. Aiolia se estaba bañando, y mientras tanto, él se quedaba con todo el Templo de Leo para sí, lo cual era muy poco divertido. Se puso a pensar que, como no podía salir de ahí, cuando Aiolia no estuviera presente él se aburriría mucho, justo como en ese momento. Kanon siempre fue una persona muy inquieta, y el encierro era lo que más odiaba en la vida entera.
Se recargó en una de las paredes del lugar, tratando de encontrar algo divertido que hacer o con que distraerse. Mientras buscaba, sus ojos dieron con la salida del Templo. Un deseo incontrolable de salir lo invadió. Se mordió el labio inferior, pensando en si era o no una buena idea.

"Es muy temprano, no creo que haya nadie cerca…" dijo, como tratando de convencerse a sí mismo. "Además, no saldré de aquí, simplemente voy a asomarme un poco…"

Fue hacia la puerta, y con mucha precaución, miró hacia fuera. ¡Maldición, sí que era un bonito día! Lástima que solo pudiera observar… El sonido de alguien acercándose lo alertó. Nadie podía saber que él estaba ahí por su bien, y por el de la reputación de Aiolia… Se hizo a un lado de inmediato, esperando a que los pasos se alejaran un poco, entonces, volvió a mirar hacia fuera, para ver de quien se trataba.

"¿Mu?" murmuró Kanon, sorprendido de ver por ahí al santo de Aries.

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Después de hablar con Aldebarán, Mu salió del Templo de Tauro lo más rápido posible, a pesar de las quejas de su amigo, alegando que debía descansar. Pero él no podía quedarse ahí acostado como si nada mientras el hombre que amaba estaba pensando cosas que no eran ciertas. Tenían que hablar y aclarar todo ese horrible malentendido.
Llegó a la Casa de Géminis, y por más que buscó en su interior, el caballero guardián no estaba por ninguna parte. ¡Excelente momento para salir había elegido Saga! Necesitaba pensar… ¿adónde podía haber ido? Era un hecho que no hacia los primeros Templos… entonces, sería hacia el otro lado. Pero como Saga no tenía mucha amistad con los demás caballeros dorados, dudaba que fuera al Templo de alguno de ellos… ¿entonces?

'Bueno, solo vine para decirte que ya sé a donde va Saga en las tardes…' recordó que eso le había dicho Afrodita tiempo atrás. 'Al parecer le gusta ir a pasear a un bosque en dirección al Templo de Libra.'

"¡Ahí debe de estar!"

Dicho esto, se encaminó hacia aquel lugar. Era una suerte que el santo de Piscis le hubiera dado esa información, pues no se le ocurría algún otro lugar donde buscar a Saga. Géminis, Cáncer, Leo, Virgo… fácilmente dejó atrás estos Templos. La verdad es que comenzaba a cansarse un poco, y tuvo que reconocer el hecho de que Aldebarán tenía razón sobre que aún no se encontraba totalmente restablecido, pero le daba lo mismo. Ya tendría tiempo para descansar después de hablar con el santo de Géminis. Esto era de mayor importancia.
Se acercó a la Casa de Libra, y cuando estuvo a punto de pasar de largo, vio al caballero guardián del lugar recargado dificultosamente en la entrada. No se le veía nada bien. Parecía como si alguien le hubiese dado una buena paliza.

"¿Dohko, que te ocurrió?" preguntó el santo de Aries, acercándose preocupado. "¿Quién te hizo esto?"

El cuerpo del caballero de Libra se precipitó hacia delante, y Mu lo sostuvo para que no cayera al suelo. El hecho de que Dohko se encontrara en tan mal estado era algo increíble, dado que era considerado el más fuerte de los santos de Atena.
Manteniendo el cuerpo de Dohko contra el suyo, Mu lo llevó de regreso al interior de su Templo. Su asombro aumentó al ver severas manchas de sangre en el suelo, y al intentar llevarlo a su habitación, encontrar la puerta destrozada. Un encuentro bastante violento había ocurrido ahí… lamentablemente, en ese instante no podía quedarse a investigar los hechos o para atender a su compañero malherido. Hablaría con Saga, y después vendría lo más pronto posible a ayudarle.
Se inclinó en la cama, para colocar a Dohko en ella, pero al tratar de retroceder, se encontró con que no podía hacerlo, algo estaba impidiéndoselo. Se sorprendió al descubrir que se trataba de las manos del santo de Libra las que lo detenían.

"¿Quieres saber quien me hizo esto?" dijo, sonriendo divertido. Mu se mantuvo inmóvil. "Pues fue tu querido Saga…" se incorporó, y al parecer su fuerza había regresado, de hecho, nunca se había ido. Todo fue una farsa para atraer al santo de Aries al interior del Templo. Su mente era calculadora lo suficiente como para fraguar ese pequeño plan en cuanto vio al caballero de Aries acercarse. "Y ya que no puedo hacerle daño a él directamente…" lo asió por los hombros, haciéndole cambiar de posición con él. Uno de sus dedos recorrió el pecho de Mu, bajando con decisión hacia el borde del pantalón. "Lo haré a través de ti."

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NOTAS:

Ultimamente no estoy de muy buen humor… ¡mis ultimos días se han convertido en una rueda de monotonía insoportable!
Bueno, trataré de recobrar el ánimo! Ya encontraré algo divertido que hacer!
A fin de cuentas si subí el capitulo hoy! (nótese el gran sentido de cumplimiento que tengo para con uds. xD)
Además, fue horrible que me pasara eso en el ciber! maldito disquet del demonio! Cibercafé chafo!! Computadora tonta!!! Ojalá que explote!
Eh... sorry, de repe como que desvarío un poco U Gracias por leer!