Eran alrededor de las cinco de la tarde; el sol comenzaba a ocultarse detrás de los edificios de la gran ciudad. En medio del tumulto de gente que caminaba rápidamente por la avenida, se divisaba una chica de unos quince o dieciséis años, caminando lentamente, con la mirada perdida en algún punto frente a ella. Tenía el cabello negro y lacio, medianamente largo; los ojos negros y achinados y vestía una blusa de manga larga, una enagua corta, medias largas, botas y una boina, todos negros. Todo el mundo intentaba pasar lo más lejos de ella como les fuera posible. Eran tiempos extraños, y había mucha gente extraña... Y una chica con esa apariencia no podía ser otra cosa que una de esas aberraciones de la naturaleza. Por primera vez, apartó su mirada del lugar en que tan insistentemente la había fijado y miró a la gente a su alrededor... Aquella mujer que caminaba a su izquierda la miraba con una expresión de miedo y apresuró el paso cuando notó que había puesto sus ojos en ella. Al poco tiempo, la mujer cambió de rumbo y atravesó la calle, intentando evitar un nuevo contacto con ella, como si fuera a asaltarla o a asesinarla.

-Alto ahí, anciana- dijo en voz muy baja, con una ligera sonrisa, después de volver a fijar su mirada en el mismo punto desconocido. –Esto es un asalto. Si dice una sola palabra para llamar la atención, le volaré los sesos de una vez.

Segundos más tarde, mientras la mujer caminaba por una angosta callejuela, apareció junto a ella un joven de aspecto elegante. La mujer pareció sentirse aliviada por su compañía, hasta que él sacó una pistola de la bolsa de su saco, le apuntó a la cabeza con ella y le dijo:

-Alto ahí, anciana. Esto es un asalto. Si dice una sola palabra para llamar la atención, le volaré los sesos de una vez.

-Por fin en casa- exclamó la chica, dejándose caer en uno de los sofás del salón que se encontraba a la entrada de aquella casa. –No habría soportado un segundo más en esa jungla. -¿Problemas de nuevo, Faith?- preguntó una mujer que ya se encontraba ahí. Compartía sus mismas características, pero era mayor que ella y vestía un traje ejecutivo color chocolate. -¡Ay, hija!- exclamó con un gesto de desaprobación. –Te he dicho mil veces que no salgas así a la calle. ¿Quieres que la gente te tema aunque no sepa que puedes...?- guardó silencio. -Me gusta el negro- dijo Faith a manera de respuesta. –No es mi culpa que aquí todo el mundo mire a todo el mundo como si fuera un fenómeno- se levantó y comenzó a subir por la escalera que se encontraba hacia la izquierda de la habitación. –Además, yo no soy la única persona en esta casa que puede hacer cosas extrañas, ¿verdad?- llegó al segundo piso. –Y no te preocupes por la cena. Papá nos llevará a comer afuera; al fin y al cabo, es día de pago.

Su madre se quedó un tanto extrañada de ese comentario. Hacía unos minutos había comenzado a preparar la cena y ahora Faith le salía diciendo que cenarían fuera. ¿Cómo podía ser...? Pero no terminó su pregunta; recibió su respuesta inmediatamente: su delicioso pastel de papa yacía carbonizado dentro de la cocina. Así, volvió a cumplirse lo que Faith había predicho, su padre las llevó a comer sushi a un restaurante japonés en las afueras de la ciudad. Sin embargo, la cena no fue la tranquila velada que se había imaginado... Pasó toda la noche con un extraño presentimiento que la angustiaba sobremanera. No se trataba esta vez de una premonición (o, por lo menos, eso creía ella) ya que no veía las vívidas imágenes de lo que iba a pasar (como normalmente lo hacía), pero ciertamente iba a pasar algo, y algo no muy bueno. Eso la angustiaba aún más, ¿por qué no tenía esos rápidos flashes de imágenes y sonidos que acostumbraba recibir tan frecuentemente cuando algo malo iba a pasar? No podía entenderlo.

-Cariño, ¿qué sucede?- le preguntó su padre cuando iban de regreso a la casa. -Pasaste toda la cena como en otro mundo. Estás sumamente nerviosa, además. -No es na...- se detuvo cuando su padre la miró con aquel gesto de desaprobación que calaba hasta lo más profundo de su ser. Sabía que era imposible mentirle: no había algo de lo que él no se enterara con sólo una mirada en los ojos de cualquier persona. -Ya lo sabes, ¿no? -Así es, pero me gustaría que seas tú quien me lo diga. Faith se acostó en el asiento de atrás del auto y alzó los ojos hacia la ventana para poder ver las estrellas. -No lo entiendo- dijo, después de un prolongado silencio. –Tengo un mal presentimiento. Algo malo va a suceder cuando lleguemos a casa. -¿Qué va a suceder, Faith?- le preguntó su madre, volviéndose alarmada hacia ella. -No lo sé. Eso es lo que me preocupa; no he recibido una sola visión de que algo vaya a suceder y, sin embargo, no puedo soportar el miedo que...- se levantó precipitadamente. -¡No vayamos a casa! Sólo por esta noche... para evitar cualquier cosa que pueda dañarnos. Por favor, sólo por esta noche. -¡Ya basta, Faith!- la reprendió su madre, después de un rato de estarla escuchando. –No quiero tener que repetírtelo una vez más. -Pero...- empezó a decir Faith, pero fue muy tarde para objetar: ya habían llegado a la casa y tuvo que resignarse. Sin embargo, aquella angustia que sentía se acrecentó al bajar del auto. –No voy a entrar ahí- dijo cuando sus padres la llamaron desde el umbral de la puerta. –No hasta que me cerciore de que es seguro.

Ninguno de los tres logró entrar en la casa. Apenas la llave entró en contacto con la puerta, ésta se abrió automáticamente. Lo que siguió a esto sucedió demasiado rápido: el sonido de dos balazos que impactaron directamente en el pecho de su padre; el mismo sonido impactando contra su madre; mientras que Faith, al intentar moverse para evitar que hicieran lo mismo con ella, recibió un fuerte golpe en la parte posterior de la cabeza que la dejó aturdida en el suelo. Pudo escuchar como la pistola volvió a prepararse para pegarle un tiro, pero estaba tan triste y adolorida que no se movió. Sin embargo, nunca escuchó el balazo. Lo único que llegó a escuchar fue:

-No la mates. No es parte del plan- dijo aquella extraña voz. –Ya cumplimos con nuestra parte y el jefe cumplió con la suya: su sangre está marcada- percibió cómo aquella voz comenzó a alejarse. –Si quieres que sufra más, golpéala otro poco, pero NO la mates. Esas fueron las órdenes del jefe... la necesita con vida...-regresó junto al otro. –Y has que deje de moverse. Debemos llevarla con nosotros: no la quiero resistiéndose ni pegando gritos. Después de eso, todo volvió a quedar en silencio. Sin embargo, al poco tiempo, sintió el dolor de los terribles golpes que comenzaron a atormentarla... No pudo soportarlo por mucho tiempo... quedó inconsciente ahí, frente a la que fue su casa, indefensa ante el desconocido destino que la esperaba.

Despertó asustada. Aquel había sido un horrible sueño, pero... ¿había sido un sueño?

Abrió sus ojos lentamente. Ya no sentía el dolor que la había acompañado durante su sueño. Todo estaba bien ahora. ¿Bien? ¡Qué tan equivocada había estado! Miro a su alrededor: aquella no era su habitación. Era una habitación muy amplia, llena de luz, con otras dos camas aparte de la suya. Se levantó con dificultad. Su cuerpo estaba completamente entumecido y le costó un poco comenzar a caminar para alcanzar el espejo que se encontraba en el extremo opuesto de la habitación. Se miró fijamente: estaba muy golpeada, pero sus heridas ya estaban sanando. Ya no llevaba sus acostumbradas ropas negras sino una larga t- shirt blanca y un pantalón de licra negro y su cabello estaba recogido en una pequeña cola que dejaba un par de mechones libres. Se soltó el cabello y volvió a recogérselo, esta vez sin dejar ninguna mecha por fuera.

"¿En dónde estoy?" se preguntó. -Estás en mi casa- dijo la voz de un hombre detrás de ella. Faith se volvió sobresaltada. No había sentido a nadie acercarse, y tampoco recordaba haber hecho esa pregunta en voz alta... Algo no andaba nada bien y sabía perfectamente de qué se trataba... -¿Quién es usted? ¿Por qué me tiene aquí?- preguntó con un tono de visible miedo, al tiempo que retrocedía hasta chocar con la pared. -¡Exijo saber qué sucedió con mi familia! -Cálmate un poco; obtendrás las respuestas que buscas- le contestó el hombre. –Aunque supongo que Demian y Alana tuvieron que haberte mantenido al tanto de todo. -Usted... ¿conoce a mis padres?- preguntó con una mezcla de curiosidad y miedo. –Entonces, puede decirme qué pasó con ellos- dijo, con una ligera chispa de esperanza brillando en sus ojos. -No pudimos hacer nada por ellos... Murieron instantáneamente... Lo lamento- la chispa que anteriormente había brillado en los ojos de la chica se desvaneció por completo, pero esta se mantuvo en silencio, sin derramar una sola lágrima. –No sé si te sirva de consuelo, pero... conocí a tus padres, sí... Pero eso fue hace mucho tiempo- le dijo él. –Ambos fueron jóvenes excepcionales, muy inteligentes y con una sorprendente capacidad de aprendizaje y también para meterse en problemas... Especialmente Demian, que solía aprovecharse de su especial habilidad para detener el tiempo para obtener ciertas ventajas sobre los demás; nada muy grave, sólo "travesuras de adolescente": tener oportunidad para terminar y revisar cualquier cantidad de veces sus exámenes y trabajos sin la presión de que se los fueran a quitar; llegar a tiempo a clases y a sus citas, aún cuando saliera tarde; hacer cientos de cosas a la vez; espiar a una que otra chica que le gustara, sin la necesidad de que ella se diera cuenta... Además de sus comunes ayudas a ciertos equipos para ganar una que otra apuesta (cuyo dinero era obligado a devolver siempre que era descubierto).

Faith sonrió brevemente. Nunca había escuchado esa faceta de su padre... Para ella, él siempre había sido un hombre serio y que nunca había hecho algo parecido a eso.

-¿Quién es usted? -Mi nombre es Charles Xavier- le contestó él. Ella intentó presentarse, pero él la detuvo. –No es necesario que te presentes, Faith. Tus padres ya me habían hablado mucho de ti.

Ella se quedó pensando por un momento en dónde había escuchado ese nombre anteriormente (porque sabía que ya lo había escuchado alguna vez).

-Flash Back-

Acababa de cumplir los cinco años cuando recibió sus primeras visiones del futuro... y no era muy agradable el dolor de cabeza que venía con aquellas visiones; menos aún cuando estas se manifestaban mínimo una vez cada hora... Pero ya se sentía un poco mejor ("su cuerpo se está empezando a habituar al cambio" había escuchado decir a su padre), su última visión se había dado hacía unos cuantos minutos y por fin se había podido levantar de su cama y salir de su habitación. Escuchó leves murmullos abajo. Bajó las escaleras y buscó de dónde venían aquellas voces. Se detuvo al pie de la escalera: sus padres hablaban en la cocina... y parecía que estaban hablando sobre ella.

-¡Sigues actuando como un adolescente, Demian! ¡Sabías que era obvio que esto iba a suceder algún día!... Fue un riesgo que tomaste cuando decidiste casarte conmigo- su madre sonaba realmente alterada. –Sabías que nuestros hijos estarían condenados a tener la misma suerte que nosotros... Sabes que no podrá controlarlo si no recibe la ayuda que necesita. -¡Tiene cinco años, Alana! -Era otro de los riesgos: la mutación se presenta más temprano en cada generación y... el riesgo que correrá será más grande si... -Ya lo sé- la interrumpió él, bajando un poco el tono de su voz para calmarla un poco. –Pero... ¿crees que estará más segura si...? -El profesor Xavier sabrá cómo controlarla- dijo su madre, un poco más tranquila. –Confío plenamente en que lo hará. No podríamos dejarla en mejores manos... Especialmente porque es el único que conoce el secreto de nuestra familia. -Tal vez tengas razón. Si Charles nos ayudó a nosotros, puede hacer lo mismo con ella... Pero aún sigo pensando que es muy pequeña...

-Fin del Flash Back-

-Bienvenida al Instituto Xavier, Faith. Aquí fue donde tus padres aprendieron a controlar sus dones. Ahora, pienso cumplir la promesa que le hice a tu madre e intentaré ayudarte con los nuevos poderes que empiezan a desarrollarse dentro de ti- salió de la habitación. –Especialmente ahora que... -Mi sangre está marcada- finalizó la frase sin inmutarse. Una vez que fue dejada sola en la habitación, Faith volvió a recostarse en la cama de la que se había levantado. "El único que conoce el secreto de nuestra familia" se dijo. "El único... ¡Maldita sea!"