Disclaimer: Nada de lo que puedas reconocer me pertenece. Rowling creo casi todo y es rica. Yo no. Así que nada de demandas, que todo aquí es por el amor al arte.


A un Paso del Vacío

XI

¿Huyamos?

Los chicos de Gryffindor de cuarto curso en adelante se aburrían mortalmente en la Sala Común. Veían de vez en cuando como un grupito de chicas pasaba, apresuradas, emocionadas. Los cursos más bajos miraban a los mayores sin entender realmente lo que ocurría.

Y así eran las tardes (y noches) en el día de la dichosita junta de chicas. Los chicos no hacían esa clase de cosas. Eran hombres y de otro modo, cayendo en ese tipo de chorradas, serían considerados menos que eso.

—...quizás esté en la habitación ya.- le dijo Donna Blake a otra chica.

Y James Potter consideró que a pesar de no ser aún la hora, era el momento idóneo para bajar a cenar.

Se encontró con los chicos. Cenaban cabreados: las gryffies pasaban de ellos y eso, en definitiva, no era algo bueno para sus egos. James dejó la comida a medias, su tenedor produjo un sonoro ruido al caer sobre el plato. Pero a nadie le importó. Chicos ofuscados por una manada de chicas chillonas era aún peor que la ya dicha manada. Se levantó. Mientras cruzaba las puestas del comedor, sin destino claro, lo único que se le antojó, a lo menos, interesante a James, era molestar a Lily Evans. O empujarla, o sacarle una sonrisa sincera. Cualquier cosa que la involucrara. A ella.

Pero no se podía. Al menos no en ese momento.

Pasear por el castillo siempre es una aventura. La cantidad de secretos que esconde es inimaginable. Pasadizos, atajos, armaduras trovadoras. Baja las escaleras, salta el peldaño falso, por el pasillo de la tercera planta, a la derecha, por detrás del tapiz, unos pasos y luego por el pasillo, hasta el final, por detrás de la armadura, saluda al viejo del cuadro, y cruza una serie de puertas, baja la trampilla y sube. Quinto piso, Boris el Desconcertado le observa mientras vira a la izquierda, primera puerta, segunda, tercera, y cuarta puerta. James decide entrar, pero requiere contraseña. No sabe por que ha llegado allí, pero igualmente recuerda que una vez Remus se la dijo.

— Frescura de Pino.

Y no la han cambiado por que la puerta se abre, chirriante, y el puede ver el enorme ventanal de vitrales que forman la suave figura de una sirena.

Sus pasos resuenan en la vasta estancia. Y percibe un alboroto detrás de uno de los pilares del fondo.

Es Lily

Ella lo ve, pero le ha vuelto la espalda. Recoge algo apresuradamente y James es incapaz de especificar se que se trata por que está tan desconcertado con la presencia de la chica que no atinó a reaccionar. Parece como si viera un fantasma. Ella volteó un segundo, y le miró directo a los ojos, mientras que con sus brazos intentan abarcar la mayor cantidad de ¿paquetes de colores? que James no consiguió distinguir.

— ¿Qué haces tú aquí?- balbuceó el chico, sin querer sonar estúpido, pero teniendo escaso éxito.

Lily no contestó. En cambio, tomó las cosas en sus brazos y se aproximó rápidamente a la salida, sin siquiera dirigirle una mirada. James, aun con estupefacción, avanzó hacia un lado, para impedirle el paso, porque en su inconsciente sólo está ese objetivo: retenerla allí. Lily intentó seguir su camino hacia la salida, pero James se lo impidió. Finalmente, lo empujó hacia un lado y avanzó.

— ¿No seré otro de tus intentos de suicidio?- apuntó brusco.

Le agarró del brazo y todas las cosas que llevaba ella, cayeron al suelo. Irrelevantes. Ella trató de zafarse del agarre del moreno, mas todos sus esfuerzos estaban en no cruzarse con su mirada. James buscó sus ojos verdes esmeralda, pero ella sólo miró sus zapatos.

— Déjame quieres...

No es por lo que dice, es por la forma en que lo hace. Ha sido suave y sin determinación. James no sabe si es una estrategia nueva para librarse de él, o si simplemente la ha pillado en un momento bajo. Pero Potter tiene la certeza absoluta de que Lily Evans no es así y algo se inquieta dentro de él.

— No es otro de tus intentos de suicidio- repitió James.- ¿Verdad?

Lily volvió a callar. James no supo como interpretar ese silencio y por eso no se permitió soltarla. No hasta que sepa que no está en peligro.

— Responde

— Potter...

— Responde ¿Quieres?¿- Lily se mordió el labio inferior.- ¡RESPONDE!

— ¡NO!

De alguna manera que James no se pudo explicar, Lily se zafó de su agarre. Corrió dejando atrás todos los objetos caídos y a James. El chico vio como la pelirroja comenzó a abrir la casi centena de grifos que dan en la piscina, propiedad del baño de prefectos. Chorros de agua de todos colores se funden, originando vapores de los más variados aromas que James, ni en un millón de años, pudiera imaginar. Lily siguió abriendo grifos, como si la vida se le fuera en ello.

James corrió y comenzó a cerrarlos, uno a uno. Sea lo que sea que pretende la pelirroja, él tiene que impedirlo. Lily lo miró, pero no le dice nada. No importa ya, la piscina ya casi se ha llenado y cuando James terminase de bloquear todos los grifos, todo estaría listo.

James siguió encorvado en toda su gran altura, poniendo todo su empeño en cerrar los grifos, es por eso que no percibió lo que hizo Lily, sólo hasta sentir un chapoteo. Lily está en el agua, con ropa, con zapatos, con todo. Sacó la varita y con un movimiento complicado y unas palabras que James no comprendió bien, del fondo marmolado de la piscina, nacieron una especie de brazos que poco a poco se tornearon en eslabones que terminaron enroscándose en las muñecas de la chica, encadenándola y arrastrándola hasta el fondo.

James no lo pensó un segundo y se tiró. Las cadenas de mármol se han retraído tanto, casi pegando el cuerpo de Lily al fondo, que el chico se teme que aun que ella quisiera sacar la cabeza fuera del agua (cosa difícil, ya que la misma pelirroja se ha puesto en aquella situación), no podrá ni estirando el cogote mágicamente.

Y Lily se abandonó. Dejó toda voluntad. Sólo miró al chico, frente a ella, que miraba las cadenas, con un aire a desesperación, sin saber que hacer.

James miró a la chica, lo observaba, pero es como si realmente no lo viera. Prueba todos los contra-hechizos que se le ocurren, pero sabe perfectamente que es vano: sin saber el tipo de hechizo utilizó ella, es prácticamente imposible que el pueda deshacerlo. Al menos de la manera correcta. Piensa en explotar las cadenas, tal como lo hizo con la puerta del baño, hace ya semanas, pero lo descartó. Lily está demasiado cerca y podría herirla.

Entonces, James vio con horror como Lily dejó escapar la última bocanada de aire, que se va como un grupo de burbujillas efervescentes, que mueren al chocar con la superficie. James tomó lo brazos de Lily y tiró. Tiró y tiró, pero las manos no consiguieron colarse por la cadena. Debe dolerle, por que ha puesto una mueca, pero no dijo nada y eso, precisamente, lo inquietó más. Volvió a tirar, con angustia. La cadena se incrustó en la parte ancha de la mano, pero no aflojó. No aflojó y Lily sólo lo miraba.

Para ella es como una película. Ella no está realmente allí. Ve al chico, al héroe, deshacerse en artimañas para salvarla. Sintió un dolor punzante alrededor de sus muñecas, más cerca de la mano. Pero ella sólo tiene ojos para él. Ya no es ella. Ya no es Lily Evans. Y ya no es James Potter. Ella sabe que el héroe, al final, haría algo increíble y saldría victorioso. Y salvaría a la chica.

Lily sintió como el último aliento de vida escapó por su boca. Y es que no pudo retenerlo más. Algo presionó su garganta, su pecho. Sus pulmones imploran. Quiso gritar, quiso desgarrar su garganta, pero tiene claro que si abre la boca, no hallará más que agua. Y es oxigeno. El puto oxigeno. Pero no. Su cuerpo reaccionó por ella, por que Lily ha abandonado. No. Ya no puede. No más. Se abrió su boca, sus pulmones inmediatamente se inundaron. En un reflejo inconsciente su quijada se cierra. Pero tose, y esto solo logra que sus pulmones marchitos se llenen de agua y más agua.

Cerró los ojos, pero los abrió, justo en el momento en que el chico hace lo mismo que ella, ha abandonado. El chico emerge. Y ella vuelve a cerrar los ojos.

James sintió como el aire oxigenó sus pulmones, su cuerpo. Tomó una gran bocanada y se sumergió. No sabe que va a hacer, ni como. Pero ese no es el punto para él. James Potter reacciona así, en el momento y de la única forma que sabe. Por que es lo correcto. Y es lo que tiene que hacer. No hay otra.

Sus parpados cayeron, y ella no pudo hacer nada por eso. Su peche duele, pero el cuerpo ya no tiene energía. Y ella cayó, también, sin poder evitarlo. Abandonó, se entregó.

Una señal. La sensibilidad envía una señal inútil ya. Algo, no sabe qué, ha tomado su cara, por la quijada y la nuca. Y está sobre ella.

Entre abre los ojos en un esfuerzo final.

James tomó el rostro de Lily, y se le acerca. Sin saber como hacerlo, juntó sus labios con los de ella. Por entre las bocas escapan burbujas, pero no importa. Lily abrió los ojos de golpe, un nuevo aliento de vida la trajo a la vida, y James, una vez visto eso, pudo salir a la superficie.

Sabe que no puede seguir haciéndolo. No eternamente. Sabe que no servirá de nada. Sólo alarga la tortura. James repitió un par de veces el mismo procedimiento. Y se decidió. Sacó su varita, aún sin saber que hechizo utilizar exactamente.

— ¡Reducto!- gritó. Se decidió sin meditarlo apropiadamente. Entró agua en su boca, y un rayo salió de su varita, dando de lleno en las cadenas que mantienen a Lily en el fondo.

Los bloques de mármol saltaron y él, en otro de esos, sus reflejos, salta también. Protegiéndola. Las rocas impactan en su cuerpo, en su espalda, en sus brazos, en sus piernas, en su rostro. Pero no le importa. A penas las explosión amaina, el se incorpora, toma a Lily de los costados y la sube a la superficie.

Lily emergió y reaccionó en una gran bocanada de aire. El pelo se le pega a la cara, al igual que las ropas al cuerpo. Pero ella vuelve a sentir su cuerpo. La sensación de estrangulamiento que ha sentido desaparece. James está frente a ella, sosteniéndola. Al mirarlo se da cuenta de muchas cosas y se hace hacia atrás, separándose del chico.

James respira agitado. El agua al rededor se mueve con violencia, y en el fondo, los trozos de piscina forman una perspectiva poco estética. Ve a Lily mirarse las manos. Tiene las muñecas enrojecidas, con marcas. Lily levanta la mirada, hasta la de él y él entonces ve algo que lo deja sin palabra. La expresión de Lily Evans es algo que no sabría calificar, pero así mismo sabe que ella ha llegado al límite. Y que lo ha traspasado. James no sabe exactamente que significa esta revelación, pero también sabe que para ella, ahora, algo tiene sentido.

Lily se volteó, no puede mirarlo. Lleva sus manos doloridas a la cabeza, y las aprieta contra ella, derrotada.

James deslizó sus manos entre los bolsillos empapados. Está confundido. Generalmente está involucrado en situaciones que involucran acción, de algún modo u otro. Pero siempre estas situaciones finalizan, con algún gesto de triunfo, de victoria, alguna felicitación. Una expresión de alegría, una sonrisa. No con esa sensación de vacío en su estómago. No con el corazón exprimido.

Lily Evans se va encogiendo poco a poco, hasta deshacerse en un sollozo.

James Potter se desarma. Lily llora, dándole la espalda y el no tiene idea de que mierda hacer. Se siente inútil y no es para menos. Con torpeza y vacilación pone las manos sobre los hombros de la chica. Al contacto, le sorprende lo frágil que se siente. La da vuelta y, con un poco de brusquedad, la atrae hacia él. Lily no reacciona, sigue encogida en ella misma, pero con los ojos muy abiertos.

Muy cerquita de ella, a sus oídos llega un ruido de garganta bastante curioso. James tragó saliva y la envolvió con sus brazos, violento. Lily sigue quieta y cuando James ya está decidido a soltarla, ella desliza sus bracitos delgados por el torso de él y le corresponde el abrazo. Aguanta la respiración.

Y finalmente se abandonó a llorar amargamente en el pecho de él. James, como siempre no sabe que hacer, pero igualmente se da cuenta que no tiene que hacer mucho. La acunó en sus brazos y se tomó la licencia de acariciarle la cabeza, y masajearle la espalda.

— Ya no quiero seguir- musita ella con mucha vergüenza, por lo que apoya la frente en el hombro de él, escondiendo sus ojos, de donde brotan abundantes lagrimas. James no está seguro de que ha dicho ella, pero decide preguntar y confiar en lo que creyó oír.

— ¿Con qué?- su voz suena tambaleante y extremadamente ronca. James, además, se sorprendió peinando con suavidad los mechones de pelo rojo, intentando acomodarlos sin que estos de escapasen, sedosos, entre sus dedos.

— Con la apuesta. Ya no quiero- murmuró ella. Y un nuevo acopio de llanto la sucumbe y ella se aferra a él llorando, cada vez más fuerte, más desesperante. Pero a la vez más liberador. Vomitando todas las amarguras de las que se ha hecho amiga. Soltando, por fin, las angustia que la mantenían presa dentro de ella misma. James la sostuvo con fuerza, pero sin dejar de ser suave, meciéndola un poco, intentando hacerla sentir mejor. Y al parecer funciona, por que los sollozos comenzaron a hacerse cada vez más pequeños y espaciados.

— Lo siento

James bajó su mirada, sin entender que quería decir Lily. Vio sus mejillas teñidas suavemente, y súbitamente un sensación cálida lo embargó. Agradeció también, ser bastante más alto, para que ella no pudiese ver que sus mejillas también se habían ruborizado.

— Tranquila, todo estará bien

No es por lo simple o elaborado de las palabras, es por seguridad con que se las dice. Y, sobretodo, por que es él, el que se las dice. Lily se aferró más a él, queriendo alargar lo más posible este momento. Cierra los ojos, de los cuales aún fluyen lágrimas, capturando para siempre ese momento. Quiere reprocharse muchas cosas, pero las ignora. Que importa que sea James Potter. El gryffindor más arrogante que ella haya conocido ha demostrado ser más persona que cualquiera que se precie de ello. Y ha estado ahí para ella. Que importa que sea James Potter, que importa que tenga un cabello del demonio y unas gafas redondas, que importa que haga trastadas y ponga cara de traviesillo, de ciervito a medio morir. Él está ahí con ella, y Lily Evans no permitirá que algún rincón prejuicioso en su mente perturbada se lo recrimine y arruine el momento.

— Todo estará bien- repite Lily.

Y se arrima a él, mientras un calorcillo agradable los invade.

— ¿Sabes qué estamos en un baño de uso restringido semi destrozado?- preguntó retóricamente James, sintiendo realmente haber roto el silencio.

Hundió su boca y nariz en el cabello de Lily, dejándose envolver por el adictivo aroma que parecían envolverla siempre.

— Sí ¿Y que tiene?- preguntó ella, amodorrada en sus brazos.

— ¿Qué tiene? Mira, tenemos dos opciones. Una, arreglamos este destrozo. O dos, Huimos.

Lily se alejó de él, lentamente. Ambos quedaron sintiendo un leve frío al separarse.

— Vale, huyamos- decidió Lily tomándolo de la mano y tirando de él hacia la salida.

— ¿Qué?- se sorprendió James.- ¡¿No vas a siquiera proponer arreglarlo?!

— ¿Arreglarlo?- se extrañó Lily.-¿Pretendes que intente con un reparo? Sabes que eso no funcionará.

— Lo sé. Pero-.

— Huyamos- pidió Lily. Aún estaban tomados de la mano, y él no pudo resistirse.

— Huyamos.- concedió. Y Lily lo recompensó con una sonrisita sincera.

□□□

La puerta se abrió derrepente, produciendo un gran estruendo al golpearse con la pared. Uniéndose a este alboroto, al instante siguiente, un montón de cosas se desparramaron desde el umbral de la habitación y un chico vestido con un uniforme de quidditch pasó por sobre todo el desorden.

— ¿Siempre tienes que hacer una barricada en la puerta cuando vuelves del entrenamiento?- preguntó Remus desde su cama, donde leía apaciblemente hasta hace unos instantes.

— Si ya lo despejo Moony- alegó James mientras se sacaba una zapatilla. Remus no respondió, sabía que era mentira. El desorden quedaría ahí allí hasta que él de hartase y lo limpiara. James siempre mentía respecto al desorden y ambos lo sabían.

Al cabo de unos minutos llegó Sirius Black con un uniforme como el de James. Al ver en esparramo se quedó parado con expresión descolocada.

— ¿Y que mierda es esto?- espetó mientras se adentraba haciendo equilibrio para no pisar nada.

— Son los materiales que necesito para mi maqueta- explicó James.

— ¿Tú... Maqueta¿Qué¿Se te dio por las manualidades ahora?

— No, es mi maqueta para-.

— ¡Ah¡Ya sé!- interrumpió Sirius.- ¡Es la casita donde tú y la pelirroja vivirán cuando se casen!

— No seas idiota.- gruñó James.

— Sí, Sirius, no seas idiota. James y Lily vivirán en la casa de sus padres, en el valle de Godric.- apuntó Remus, despegándose de su libro por un segundo.

— Pero mira que amigos más graciosos tengo.- masculló James lanzándole un muñequito sobre una escoba a Remus en la cabeza, mientras Sirius se partía en carcajadas- ¡Eh¡No¡Ése soy yo!

Remus no le prestó atención. Miró un momento el muñequito, despectivamente, y se volvió a concentrar en su ligera lectura de 'Encuentros encantados' de Fifi LaFolle.

— Uy, que miedo, Moony- dijo James habiendo ya recuperado su muñeco homónimo.

Pasó un rato en que James se concentró, increíblemente, en armar una aparatosa maqueta que representaba el campo de quidditch, los jugadores, las pelotas y los demás implementos. James se dedicaba a hacer volar los elementos, aun que realmente parecía un niño con juguete nuevo. Sirius salió de la ducha ya vestido y le dio aviso de que el baño estaba desocupado. El buscador y capitán hizo caso omiso.

— Ya párale, Prongs. Has estado mucho rato en eso y además: apestas

— Ya, claro...- murmuró James sin prestarle demasiada atención. Después de un momento se volvió hacia su mejor amigo.- ¿Sabes, Pad? Hay algo que quiero hablar contigo. Pero no te vayas a reír, es algo serio.

Sirius Black no le respondió, en cambio lo miró con curiosidad.

— Se trata de Lily Evans.- comenzó. Dudó pero con un suspiro, se decidió. - Cresta, yo creo que me-.

— ¡No!- interrumpió Sirius, incorporándose de pronto. Le palmoteó la espalda- ¡Yo me iba¡Iba saliendo¡Lo siento, hermano, pero tengo que irme! Nos vemos

— ¡Pero que le pasa a este imbécil!- gritó James cuando su amigo hubo desaparecido por la puerta. Lo llamó- ¡Padfoot¡Pulgas!

— Ya se fue.- confirmó Remus.

— Lo sé, Maldita sea.- dijo a la vez que pateaba al aire, pero pasó a llevar a la maqueta, que se estrelló contra la pared.- ¡Uh¡Mierda!

James se agachó y recolectó las piezas de su maltrecha maqueta. La examinó.

— ¿No crees que Sirius está raro?

— ¿Qué? Hum- preguntó distraído mirando su muñequito. Se le había partido la cabeza. Con un movimiento de varita lo reparó, sin embargo, quedó con un curiosa cicatriz en la frente.- ¿Raro? Pues... Más o menos. ¿Por qué?

— No lo sé. Nada supongo. Pero no puedo dejar de notar que ya no sale con chicas. Muchas le piden cita, pero el les dice que está ocupado y que otro día. Es raro ¿No?

— Ya no sale con...? No. No, por favor, Moony, no me lo digas.- exclamó con dramatismo.- ¡No me digas que Padfoot...¡Que Padftoot...!

— ¿Qué Padfoot qué...?- preguntó Remus perplejo.

— Que Padfoot... Que Padfoot batea del otro lado.- musitó James, como si el sólo hecho de decirlo fuera a hacerlo realidad. Las carcajadas de Remus se oyeron en toda la torre.

— Ya lo comprendí gracias. Sólo era una posibilidad...- admitió James su error.

— Mira Prongs, el día en que Sirius Black se declare gay, yo también lo haré.

Eso, lejos de tranquilizar a James, lo hizo abrir los ojos desmesuradamente y dejar caer la mandíbula hasta el suelo. Sólo reaccionó cuando 'Encuentros encantados' de Fifi LaFolle se le estrelló en el rostro.

□□□

— ¡...Si al menos admitieses que estabas con James me quedaría más tranquila!

— ¿Y por que te tranquiliza el hecho de que estuviera con James Potter?- preguntó Lily fastidiada.- En el hipotético caso de que fuera así.

— Tu y yo sabemos por que eso me tranquiliza- confirmó Donna, recibiendo la peor mirada de odio que pudiera alguien concebir.

Donna Blake hizo caso omiso de los instintos homicidas de su amiga y se concentró en su redacción de Herbología. Lily, después de un segundo de estar fulminando a la morena a su lado, la imitó y volvió a los deberes. Historia de la magia la desquiciaba, tantos datos, tantas fechas. Por las ventanas se veía como las primeras nevadas del año cubrían con su manto blanco los vastos terrenos del castillo.

Mila llegó al poco rato, con una pila de libros que apoyó en la mesa que compartía con las chicas. Se sentó en silencio. Miró extrañada como ambas se ignoraban.

— ¿No me digan que se pelearon?

— ¡Es que Donna tiene complejo de madre!- explotó Lily.- ¡Y de madre regañona además!

— Bueno, sí. Donna sí es un poquito madre, pero siempre ha sido así. No veo el problema.

— ¡Es que por que tiene que ser tan...!- se detuvo sopesando un buen adjetivo.- Madura. Por que siempre tiene que ser tan responsable y preocupada de los demás. Siempre supervisándome, "indicándome el camino correcto"

Señaló Lily gesticulando con las manos. Donna observaba a sus amigas hablar de ella, como si tal cosa.

— Donna no es tan así. Estás exagerando.

— Yo no soy madura.- habló esta vez la aludida.- Bueno, si lo soy. Pero todo lo madura que se puede ser a los diecisiete. Que... soy normal, es todo. No se por que arman tanto escándalo de algo que no tiene ninguna importancia.

— Es que si la tiene Donna. Deja de preocuparte de mí y vive tu vida, mujer.- arguyó Lily. Y enumeró, mientras pasaba las hojas de un libro rápidamente.- Encuéntrate un chico, cómetelo con papas, roba un auto y huye del país. Eso de tener un hijo, plantar un libro y escribir un árbol ya pasó de moda.

— Es plantar un árbol y escribir un libro. Y creo que James te está influenciando demasiado.- dijo Donna.

— ¿Por que todo lo que yo haga tiene que ver, de algún modo que yo no me explico, con James Potter?

— Por que te pasas pegadita a su espalda- dijo Mila esta vez.

— Mila¿tú de verdad crees que soy tan madre qué me olvidé de mí?- pidió Donna con la esperanza de convencer a Lily y que la dejaran en paz de una vez con ese tema.

— Pues... Yo creo que- comenzó Mila un tanto incómoda.- un poco madre si que eres. Te preocupas demasiado, y se agradece. Pero... Quizás si... sólo, te relajaras...

— Oh, está bien. Ya lo comprendí.- Dijo Donna cerrando su libro y guardando sus cosas en la mochila.

— ¿Te vas?- se extraño Lily.- ¿No estarás enojada?

— No, claro que no. Ya terminé mi redacción, es eso.- mintió la chica levantándose. Donna caminó todo lo rápido que le dieron sus piernas, hacia la salida de la biblioteca.

— ¿Te das cuenta de que acaba de actuar con una niñita que se va por que no quiere escuchar?- dijo Lily mirando fijamente el lugar donde había desaparecido la castaña.

— Pues sí...

— Lo peor es que no se si eso es malo...o bueno.

□□□

Era un día sábado especialmente frío. Pero es no impidió que el castillo entero saliera al campo de quidditch a gritar por su equipo favorito. La temporada del deporte de los magos se abría aquel día con el emocionante partido de Gryffindor contra Ravenclaw. Y en las graderías un mar rojo se enfrentaba a un azul, un poco más denso, debido al apoyo de las serpientes, que jamás apoyarían a los leones, por su puesto. Por otro lado, Hufflepuff era lo suficientemente autónomo como para hallarse divido entre las dos casas combatientes.

— ¡... Dagworth se acerca a las porterías, atención Ravenclaw¡UN TANTO PARA RAVENCLAW¡Y los marcadores van 190 contra 130, a favor de Ravenclaw!- anunciaba el comentarista a través de un altavoz mágico.

Lily Evans estaba sentada en el borde de la silla, inclinada hacia adelante, con los uñas en los dientes, y la vista pegada en el juego. A su lado, Remus Lupin, sobre un tambor gigante marcaba el ritmo de la barra de Gryffindor. Dos de sus mejores amigos jugaban en el equipo, el no podía hacer más que animarlos y esa era la mejor forma. Allí mismo Donna saltaba entonando alegremente las canciones que James y Sirius habían inventado para la hinchada.

— ¡..Wilson hace un rodeo, y lleva la quaffle directo a las porterías de Ravenclaw! La pasa a Cresswell. A ver si la para Chambers ¡Y ES UN TANTO PARA GRYFFINDOR¡La diferencia es de 40 a favor de Ravenclaw¡Pero se acorta para los leones!

El partido se alargaba ya casi más de dos horas, pero las barras cantaban enardecidas a todo pulmón como si se tratara del primer minuto. Donna y Lily estaban trepadas en sus asientos, abrazadas la una a la otra y con una bandera de Gryffindor en la espalda, cubriéndolas. Y por supuesto, ambas con la vista fija en sus jugadores.

— ¡La diferencia es de solo veinte puntos¡Gryffindor está alcanzando a las águilas¡Pero O'Nollan parece no permitirlo, por que se dirige como un rayo con la quaffle hacia los aros de Gryffindor¡Se la pasa a Forrester y...¡Eh¡Es la snitch!

Toda la multitud contuvo el aliento. Jack Cornfoot y James Potter, buscadores de ambos equipos, se lanzaron en picada persiguiendo un destello dorado, que sólo para ellos tenía sentido, ya que escapaba de la vista de la gran mayoría de los espectadores. Iban pegados, el uno al otro, aproximándose vertiginosamente hacia el suelo. De pronto, a cinco metros de altura, Cornfoot le pegó una patada intencionada en la parte posterior de la escoba de James. El gryffindor perdió el equilibrio y cayó de su escoba. La multitud ahogó un grito.

Las protestas de los leones ya se estaban oyendo, cuando todos pudieron ver como el buscador de gryffindor se levantó del suelo, tomó su escoba y pegó una patada al suelo. Se elevó como un cohete, pero el ravenclaw ya llevaba mucha ventaja. Sería su escoba, sería su coraje gryffindor, o sería simplemente por que se trataba de James Potter. Pero el moreno se elevó como un rayo e igualó la altura de su oponente. Y la superó.

— ¡LA HA ATRAPADO¡Después de ser derribado de la escoba, James Potter se ha recuperado e increíblemente ha atrapado LA SNITCH¡LA VICTORIA ES PARA GRYFFINDOR¡La diferencia es de 110 puntos que el equipo de..!

Pero ya nadie oía al comentarista. El rugido de la hinchada de Gryffindor era imparable y no dejó de serlo durante toda la tarde.

□□□

Más de una semana había pasado desde la victoria de Gryffindor por sobre Ravenclaw, pero los ánimos seguían igual de caldeados que esa misma tarde. Los leones, con la moral muy en alto, paseaban por el castillo, como los reyes del mundo. Y es que el triunfo había estado tan reñido, y en un momento, tan lejano que a los chicos de dorado y escarlata les había costado sangre, sudor y lágrimas.

— ¡Buena Black¡Aún no puedes sacarte la pintura!

Ni el coro de carcajadas avergonzó en una mínima cantidad a Sirius Black. Todo lo contrario, caminaba como dueño y señor de Hogwarts hacia su clase de Cuidado de criaturas mágicas.

Las clases se hacían en los lindes del bosque Negro con los terrenos del colegio. Eran un grupito muy pequeño de alumnos, de las cuatro casas, que tomaban esa materia. La verdad es que como EXTASIS, CCM, contaba con muy poca popularidad.

— ¡Eh, Donna! Que bueno que me encuentro contigo- exclamó el moreno.

La castaña estaba sentada un poco retirada, esperando que la clase comenzara, haciendo el tiempo enfrascada en su tomo 'Animales fantásticos y dónde encontrarlos' de Newt Scamander. Llevaba el cabello cortito, amarrado apenas en una cola.

— Sirius, siempre compartimos clase de cuidado de criaturas, no se por que te dio ahora por hablar conmigo.

Un porcentaje importante de los chicos que tomaban esa clase lo miraba con curiosidad y algunos con descaro.

— ¿Qué pasa¿No quieres hablar conmigo?

— No es eso Sirius

— Ah, ya lo sé. Es que temes que Lily te eche la bronca por estar hablando aquí conmigo. Claro, claro. Por su puesto que es eso- se convenció Sirius, a la vez que se sentaba al lado de Donna.- Si ya puedo oírla "¡Como se te ocurre juntarte con ese delincuente de Black¡Encima es un pervertido¡Te está mal influenciando!"

Ante la imitación de Lily Evans, muchos se volvieron a Sirius y se unieron a las carcajadas de Donna. Realmente el chico tenía un don para la imitación.

— No sabía que pensaras así de Lily- dijo Donna aún riéndose.- pero no. Ella no puede reclamarme nada si se pasea todos los días pegadita de James ¿No?

— Oh, por supuesto. Eso dejaría a la pelirroja en evidencia. ¿Entonces qué¿No será por que llevo escrito GRY en la frente con rojo, no?

— Oh, no. Eso es problema tuyo.- Donna volteó a verlo. En su frente brillaban alegremente las tres letras, himno de los leones.- Por cierto¿Por qué llevas aún puesto eso en la frente?

— Pues… Temí que lo preguntaras.-admitió el chico.- Resulta que a algún gracioso se le ocurrió cambiar la pintura para piel, por pintura permanente. Todos los del equipo estamos pintados en algún lugar, pero resulta que yo soy el más visible. Y ni te digo lo que tiene escrito James en sus partes nobles.

El libro de la chica cayó cuando ella se echó hacia atrás de las carcajadas.

— ¡Eh¡No te rías del pobre Jaime¡No tiene la culpa de ser tan inocente y aceptar de la pintura que te ofrece un desconocido!

— Tú también aceptaste la pintura y no eres precisamente inocente. ¿No?

— Oh- murmuró decepcionado.- Creo que realmente soy una mala influencia.

— ¿Quién dijo que no ser inocente era malo?- lo retuvo Donna.

— ¡Hey! Me gusta tu actitud. ¿Tú te consideras inocente?

— Depende.

— ¿Sí¿Y de qué?

— Por ejemplo, un chico me invita un hidromiel en un bar y yo sé inmediatamente que es lo que quiere. Aun que eso principalmente se sabe por que parte del cuerpo te mira.

— ¿Si te mira la cara o el culo?

— Si te mira las tetas o el culo. Si te mira las tetas es un salido y te invitará a ti como a la ebria de la esquina. Si te mira el culo, es algo más difícil, por que de partida cuanto te invitan un trago esta, por lo general, de frente. A menos que alguien haya inventado otra forma, cosa que yo no me he enterado.

— Eh, extraña filosofía esa. Pero tiene mucho de cierto. Yo mismo lo he comprobado.

— ¿A sí¿Qué miras tú?- inquirió Donna con curiosidad.

— ¿Qué¡No¡A mi me miran el culo!- exclamó Sirius, mientras la chica reía.

— No se vale, no entendiste nada de lo que te dije.

— No, si lo entendí. Solo te estaba tomando el pelo.

— Oh ¿hoy es el día de Tomémosle el pelo a Donna y nadie me ha avisado?

— La gracia está, precisamente, en que tú no te enteres. Pero no, hoy es el día de Donna y Sirius conversan como buenos amigos.

— ¿Sí? Lo dicho, nadie me avisó.

— Bueno y que importa.- dijo Sirius.- ¿Y cómo llegaste a esa teoría tan profunda de las tetas y los culos¿Estoy hablando con una chica experimentada?

— Experiencia… Pues, más bien, digamos que tengo un montón de hermanos mayores que se han dedicado media vida a corromperme la mente.

— Oh. ¿Y qué quieres decir con corromperte la mente¿Es corromperte la mente en verdad¿O sea, lo que yo estoy pensando?

— No se que estarás pensado tú.-admitió Donna risueña.- Pero yo estoy pensando ahora que no es bueno hablar contigo, por que sólo tengo diecisiete años y mucha vida por delante.

— A ver, me perdí. ¿Esto que tiene que ver?

— Que como me vea una chica aquí, hablando contigo, puedo considerarme ingrediente de pociones. Me harán picadillo.- dijo la chica mirando a sus demás compañeros observadoramente.

— No, que va. Son muy simpáticas. No creo que lleguen a hacerte nada

— Contigo son simpáticas, por supuesto. Pero no las has oído en el baño, comentando tu último ligue.

— ¿Qué, esas maniacas siguen mis citas? – Preguntó Sirius asombrado.- Mejor nos vamos de aquí, no me gusta como nos están mirando esas chicas de allí. ¡Eh, un momento¡Ellos también nos miran!

Se incorporó y de un brazo tiró a Donna hasta levantarla.

— Esto no me gusta nada. Nada, nada. Vamos-apresuró.

— ¿Qué¡No, estamos en clase, Sirius! No podemos irnos así.-le impidió Donna, recogiendo sus cosas, muy a su pesar.

— ¿Has visto al profesor?- ella negó.- No ha llegado, y es nuestra oportunidad más que perfecta para salir.

Sirius, ignorando las protestas de Donna, tomó su mochila (la de ella) y salió corriendo, esperando que ella lo siguiera. Ella quedó un momento viéndolo, atónita. Luego lo siguió, a un paso mucho más lento, vociferando "¡Mi mochila!".

En el castillo no había muchos alumnos circulando. Algunos de sexto y séptimo no tenían clases a esas horas por haber tomado pocas materias de EXTASIS, y aunque, debían permanecer en sus salas comunes, se los veía paseando por los pasillos de Hogwarts.

Donna alcanzó a Sirius en la escalera de hall. La chica intentó quitarle la mochila para llevarla ella, pero él hizo un gesto que pudo interpretar como que no le importaba llevarla. A su vez Sirius, llevaba su libro de la clase, un pluma y un pergamino, por si debía escribir algo importante. Más no, su mente lo apuntaba todo.

— ¡Voy llegando tarde, hermano!- gritó James, cuando cruzaron la entrada de la Dama Gorda.

— Vas muy tarde, Prongs.- confirmó Sirius cuando su amigo le palmoteó la espalda, al pasar a su lado.

— Eh, una pregunta.- se devolvió James, manteniendo el retrato abierto y haciendo caso omiso a las protestas de la dama de rosado.- ¿No eres gay, cierto?

— No, porq-

— ¡Gracias!- interrumpió y salió por el retrato.

Sirius quedó parado mirando el retrato, como si de pronto fuera a surgir de allí, su amigo, a darle una explicación.

— ¿A qué mierda vino eso?- preguntó a nadie en particular.

— Quizás- contestó Donna, después de permanecer en silencio.- Pettigrew también es gay y piensa que podrían hacer una buena pareja.

— ¡¿Peter y yo?!- ladró Sirius para luego lanzar una carcajada que inundó toda la sala común.- ¡Sería digno de verse! El pobre Pet tendría que subirse a una escalera para darme un besito.

— ¡Ay, por merlín, Sirius! Ni lo digas.- dijo Donna perturbada por al imagen, pero él siguió riendo a sus anchas- ¡Eh!

De pronto un fogonazo surgió de la cabeza de Black, pero él no parecía darse cuenta, por que seguía con sus carcajadas-ladridos. Donna se acercó a mirarlo si estaba bien, pero entonces vio como las ge, erre e i griega, que formaban las primeras tres letras de la casa de los leones, desaparecían emitiendo los últimos chispazos de su corta existencia.

— ¿Por qué me miras así¿Tengo escrito Amó a Quejicus en la frente?

— No, tenías escrito GRY en rojo, en la frente. Pero acaba de desaparecer.- explicó Donna, mientras lo veía perpleja.

— ¡Que guay! Sabes, tengo más de esa pintura en la habitación. Puedo ir a buscarla y nos pintamos Slytherin apesta en la frente.

— Mejor le escribes en la espalda Amo a Gryffindor a los sly.-propuso Donna en broma.- Eso sería más gracioso.

— ¡Tienes razón!- aprobó Sirius, tomándoselo enserio. Por que hablarle de una broma a los slytherins, es algo muy serio para los merodeadores.- ¡Vamos a buscar la pintura!

— ¡¿Qué¡No!- exclamó Donna mientras Sirius tironeaba de su túnica. La chica tenía, en el rostro, una expresión que parecía decir "Por que a mí".

□□□


Nota de la Autora:

Es todo por hoy. No estoy del todo conforme con el capítulo. Lo he intentado escribir durante semanas, pero no me salía. Al final, ayer me decidí a rescribirlo por completo y eso fue lo que resultó. He estado releyéndolo varias veces y espero haya quedado lo más bien. Igual me gusta, pero pienso que podría haber quedado mejor ¿qué me dicen ustedes?

Por cierto (y lo más importante xD) Hoy son 19 años de mi existencia (que rápido pasa el tiempo) y ojalá recibir muchos saludos de cumpleaños (vía review, se entiende). Es un chantaje emocional, lo sé, pero es válido, por que hoy es mi día. Sólo concédanme ese deseo :D

¡Y un muy Feliz Cumpleaños a Nalu¡Que como yo, hoy también está de cumple¡Por que le 21 de junio es el mejor día del año! (8) Lalala! xD!

¡Ah! Se aceptan todo tipo de regalos :D

Otra cosa, perdónenme si hay faltas de ortografía. Hoy me da una paja inmensa revisarlo a conciencia. Me he limitado a pasarle el corrector de word. Otro día me pongo a corregirlo como Merlín manda.

Y muchas gracias por los reviews del capi pasado. Estuvieron medios flojitos. Pero es vuestra culpa, m acostumbraron a recibir artos xD! No importa, un review siempre es un incentivo :D Ya ven, si mandan más, hasta actualizo en una semana. Y no se si lo hallan notado, pero actualizé en menos tiempo del que tenía propuesto, que eran dos semanas. Correspondía el viernes 23, pero hoy cumplo años y quise hacerme este regalo, y para ustedes también, por supuesto.

¿Te gusta¿No te gusta¡Reviews!

Un beso enorme a todos los que me leen.

Belén, la cumpleañera xD