¡Hola chicos/as! Soy nueva en esto, aunque he escrito muchas veces, así que no seáis muy duros conmigo. Espero que os guste esta historia y me dejéis vuestra opinión, para los interesados, mi e-mail es Añadir únicamente que los personajes, la mayoría, son de Rowling y que la admiro lo suficiente como para que se sepa que no es un plagio y que me disculpéis si hay coincidencias con algún otro fict, pero que eso, son solo coincidencias Y ahora, os dejo con la historia.

CAPÍTULO 1: EL RECUERDO DEL AYER.

Volvía a ser uno de ésos veranos calurosos en Privet Drive. Los habitantes, exasperados por el calor, se habían refugiado en el interior de sus hogares, donde el aire acondicionado, los ventiladores y los abanicos, pudieran menguar las altas temperaturas que asolaban el país. Pocos, muy pocos habitantes caminaban por las largas calles en las horas del mediodía, y el ambiente que se reflejaba era de una ciudad fantasma.

El señor Dursley, un hombre corpulento y de un enorme bigote, sin embargo, caminaba por el jardín de su parcela, buscando a su sobrino. Se secaba el sudor con la manga de su camisa, mientras maldecía por lo bajo, su suerte. Hacía poco más de una semana que Harry Potter había vuelto de su "colegio" y tras las amenazas de unos individuos de la misma calaña que su sobrino, Vernon no tenía más remedio que cuidar que nada malo le sucediese al muchacho.

Y no es que Harry Potter fuera alguien muy especial, de hecho, para él y para su mujer, el chico no era más que un estorbo, un completo inútil, igual que tiempo atrás lo habían sido sus padres, muertos en aquella...explosión. Poco sabía Vernon que su sobrino, tiempo atrás, la misma noche que habían muerto sus padres, había logrado desbancar al mago más poderoso de todos los tiempos, Lord Voldemort, sin más secuelas que una pequeña cicatriz en forma de rayo( era lo que lo convertía en especial); mago, que actualmente, había regresado.

Esa era la terrible verdad que los Dursley trataban de ocultar al resto del vecindario, comúnmente llamados muggles (gente no mágica), afirmando que su sobrino acudía durante el año al Centro de Seguridad San Bruto para Delincuentes Incurables.

Pero si Harry Potter era o no famoso, eso no les importaba a los tres Dursley, que lo trataban como si fuera un estorbo, un peligroso insecto que había que exterminar. Pero desde que esos tipejos, como los llamaba Vernon, lo habían amenazado, el hombre no tenía más remedio que procurar que su sobrino estuviera a salvo. Por lo poco que su mujer le había contado, el chico corría un terrible peligro ahora que Voldemort había regresado, peligro que a Vernon no le importaba.

-¿Dónde estás chico? murmuró mientras recorría los arbustos. No quería que los vecinos se enterasen de que lo estaba buscando. El motivo por el que estaba buscando por ahí, era porque su sobrino había cogido la mala costumbre de escuchar las noticias a escondidas. Tras recorrer la parte trasera, encontró a Harry tumbado bajo la sombra de uno de los árboles. Estaba despierto, mirando al vacío y con la cabeza en otra parte. ¿Se puede saber por qué estás ahí pasmado? Te he estado buscando, entra dentro de casa. Si te pasa algo ese hombre del ojo raro vendrá a rendirnos pleito.

Harry levantó la mirada del suelo y observó las arrugas del rostro de su tío. Le era indiferente si Moody se presentaba lanzando maldiciones a diestra y siniestra contra los Dursley, en lo único que Harry tenía la cabeza era en la imagen de su padrino, Sirius Black, cayendo a través del velo. Sin embargo, para no escuchar más las protestas de su tío, se levantó en silencio y se dirigió hacia la casa.

-Qué extraño... murmuró Vernon cuando lo vio alejarse. ¿Qué le habrá pasado en ese dichoso colegio? Está rarísimo últimamente. y sin más preámbulos, se encaminó hacia la casa.

Harry entró por la puerta trasera de la casa, corrió escaleras arriba hacia su habitación y se encerró en ella. Deseaba apartar los pensamientos que recorrían su cerebro, pero no podía. El sentimiento de culpa era mayor. Durante su último curso, Voldemort le había engañado enviándole una visión falsa, gracias a la conexión que había entre él y la cicatriz de Harry. Harry, ignorando por completo los consejos de Hermione, se había marchado corriendo al Departamento de Misterios, donde un grupo de Mortífagos lo esperaba a él y a sus amigos, con tal de conseguir la Profecía. En aquel incidente, Sirius había caído a través del velo de un viejo arco estacionado en la Cámara de la Muerte, y había muerto. La Profecía se había roto y Voldemort no había logrado enterarse de su contenido y aunque eso había frustrado sus planes, el precio que Harry había pagado era mucho mayor. Pero Dumbledore había sido la persona que había oído la Profecía en persona y le había revelado a Harry su contenido. Si hoy él, estaba ahí, estaba en peligro y estaba vivo, era porque era el blanco de esa estúpida profecía, la razón por la que sus padres habían muerto. Él era el único que tenía el poder de derrotar a Voldemort definitivamente y el hecho de que se fuera a convertir en víctima o en asesino, no le animaba demasiado.

Durante esos días que llevaba en Privet Drive no se había preocupado por hacer nada. A pesar de que sus tíos habían accedido a que conservara consigo su varita y sus libros de hechizos, el muchacho no los había sacado ni del baúl. No le importaba si Snape le quitaba cincuenta puntos a Gryffindor por no llevar hecha la redacción sobre los siete usos de la sangre de unicornio, el peligro de la realización de ésa poción, su función y sus derivados. De hecho, hacía bastante tiempo que a Harry no le importaba nada más que estar mirando al vacío y revivir en su memoria una y otra vez como su padrino caía a través del velo, recordando cada pequeño detalle que pudiera convencerle de que, simplemente Sirius solo estaba al otro lado del velo, como esa parte del interior de su cerebro trataba de hacerle creer.

Había enviado cada tres días una carta dirigida al número doce de Grimmauld Place(cuartel de la Orden del Fénix) siempre con las mismas palabras; "Me encuentro bien, no os preocupéis, recuerdos a todos, Harry"; únicamente para salvaguardar las distancias de los magos con sus tíos. Y pese a que Harry conocía al fin la razón por la que debía permanecer en aquella casa, no podía evitar sentir un profundo vacío al sentirse cada día, más solo. Había meditado mucho sobre ello y estaba seguro que aunque se hubiese encontrado en cualquier otro lugar y rodeado de sus amigos, el sentimiento de vacío, donde anteriormente había ocupado la presencia de Sirius, no habría desaparecido.

Mientras veía a Hedwig llegar por la ventana con un pequeño roedor muerto, no podía dejar de presentir el sentimiento que le había acompañado durante toda su estancia en Privet Drive: si siendo un mago no había podido evitar la muerte de las personas que más quería, entonces la magia no le valía para nada. Ya no deseaba regresar a Mundo Mágico, ya no deseaba ser fuerte nunca más, no deseaba volver a Hogwarts donde miles de miradas se clavarían en él y le felicitarían por haber informado al mundo del regreso de su peor enemigo, no quería ver esas estúpidas caras que meses atrás lo habían insultado y cuestionado, lo habían humillado y castigado con su desprecio. Le importaba un comino que el idiota del ministro de magia estuviese arrepentido, que deseara enmendar el daño que había causado, que anunciara públicamente que Dumbledore y él siempre habían tenido razón, ahora ya era demasiado tarde.

Sabía que algún día los miembros de la Orden se presentarían en el número cuatro para recogerlo y llevarlo a Hogwarts, pero él estaba decido a no regresar.

Estaba atemorizado con la idea de que Voldemort lograra engañarlo otra vez, de que encontrara la manera de hacer daño a Ron y a Hermione, a la Orden..., no, no podía dejar que eso ocurriera, no podía volver a su lado, no quería, no quería ser un mago.

Habían pasado los días y Harry presentaba un aspecto lamentable, tanto que su tía hasta había empezado a preocuparse y su tío a temer que los lunáticos del mundo mágico se presentaran en su casa. Harry había dejado de comer desde el momento en que había llegado a Privet Drive, y pese a las abundantes raciones de comida que Petunia le suministraba, el muchacho no probaba casi nada. Los dos paquetes que Ron y Hermione le habían mandado de dulces estaban guardados bajo la tabla suelta de debajo de su cama.

La mañana del treinta y uno de Julio, su cumpleaños, Harry se levantó con el pelo revuelto y bastante agotado. Gracias a su inanición, las fuerzas cada día le menguaban más. Se miró en el espejo y su reflejo le devolvió la mirada de un chico de dieciséis años recién cumplidos, con el pelo negro azabache y bien revuelto, con grandes bolsas de ojeras en sus ojos de un verde esmeralda y delgado y paliducho. Automáticamente después, una serie de lechuzas se presentaron en su habitación, pero Harry hizo caso omiso de ellas. Se lavó la cara deprisa y corriendo, se vistió con una vieja camiseta de Dudley, cinco tallas más grande que la suya y unos vaqueros remendados y bajó a la cocina a desayunar.

Los tres Dudleys tenían el televisor encendido y miraban interesados la tele. Harry dijo un "Buenos días" siendo ignorado completamente y se dispuso a beber un poco de leche, hasta que el locutor captó su atención.

Miró la pantalla del televisor y observó un incendio en lo que parecía un gran centro comercial, mientras muchas personas corrían despavoridas.

-"...y nuestras fuentes informan que todavía, repetimos, todavía por motivos desconocidos, se ha producido una gran explosión en la zona y varias personas han muerto. La cifra se eleva ya a unas cincuenta, pero la policía y los bomberos siguen rescatando cadáveres de las ruinas. No sabemos lo que ha podido ocurrir, pero nos han informado que según los testigos, unos individuos con máscaras cubriéndoles el rostro, han podido ser los que provocaran este disturbio. Se cree que iban armados, aunque ninguno de los testigos ha podido describir qué tipo de arma portaban, algunos afirman que llevaban unos trozos de madera en las manos. La policía cree que se trataba de algún tipo de explosivo camuflado. Lo único de lo que podemos informarles con total seguridad es que los extraños encapuchados decían frases incoherentes como "sangre sucia"o "venimos a por el traidor". Parece ser que después desaparecieron milagrosamente y se llevaron secuestrado a un hombre que vestía unas túnicas muy raras y que parecía hablar búlgaro. La policía ha acordonado la zona y por seguridad se está desalojando a la gente de los alrededores. Les mantendremos informados..."

Tío Vernon apagó el televisor con el mando a distancia y se quedó observando unos minutos a Harry, totalmente desconcertado.

-Esos...esos personajes, parecen gente de tu...mundo, chico. dijo al fin mostrándose frío.

-No sé de que me estás hablando dijo Harry removiendo sin que hiciera falta la poca leche que se había puesto en el vaso.

-¿Son...Mortífagos? preguntó Petunia con temor. Harry volvió a mirarla sorprendido. Su tía había vuelto a recordar información del mundo mágico.

-¿Qué sabes tú de eso?

-¡Respóndeme y punto! gritó su tía enfadada.

-Sí, lo son confirmó Harry de mala gana. Estaba hablando más que todos los días de verano que llevaba en la casa, y no le apetecía en absoluto recordar nada del mundo mágico.

-¿Qué está pasando en tú mundo, chico? escupió tío Vernon entre enfadado y asustado. ¿Por qué no nos dejáis en paz? Ese centro comercial...está en Bristol, ¿sabes? Muy cerca de donde solemos ir a comprar...

-Ya os lo dije el año pasado contestó Harry de mala gana. Sabía que si no les aclaraba sus dudas a los Dursley no iban a dejarlo en paz. Voldemort ha regresado, y ahora que ha vuelto ni siquiera los mugg...la gente normal como vosotros, está a salvo. Él odia a los humanos corrientes, matará a todos los que pueda...

-¿Qué nos matará? titubeó Dudley atemorizado y se escondió tras su madre a lloriquear. Harry refunfuñó.

-Pero tranquilos, éste posiblemente es el lugar más seguro que existe, así que...no tenéis que preocuparos. dijo Harry y se levantó para irse a su cuarto.

-Un momento lo detuvo su tía. Solo le has dado dos sorbos a la leche...¿Es qué no vas a comer nada más?

-No tengo hambre dijo Harry de mala gana.

-Vas a ponerte enfermo contestó tía Petunia de mal genio.

-Ya no me importa Harry subió corriendo las escaleras y se echó en su cama. Ya no podía escapar del mundo mágico ni siquiera en Privet Drive, ahora es cuando comenzaba la guerra de verdad, cuando Voldemort comenzaba a mostrar su verdadero rostro. Ningún muggle si quiera estaba a salvo y él creía saber quién era el hombre al que habían secuestrado. Y sabía de sobras que, estuviesen donde estuviesen los Mortífagos, Igor Karkarov corría un grave peligro.