El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como todos los símbolos y elementos relacionados, son propiedad de Warner Bros., 2000

Este fanfic está muy meloso, baba, más baba, mucha miel, y eso que lo escribí en el colegio xD Ron-Herms nuevamente amigas y amigos (no se me decepcionen las seguidoras de Draco-Ginny! Sean pacientes, no puedo complacer a todo el mundo xD). No es tan al pie de la letra a como lo había hecho al principio, originalmente era un songfic aunque al final decidí que no sería así. Ojalá les guste y espero sus reviews, ¡como siempre!

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Te encontré colada en mi corazón

1. Como un ángel

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Miró hacia todos lados, al parecer absolutamente nadie se había dado cuenta. Bajó los escalones que le quedaban por llegar a la sala común y caminó con cuidado hacia las mesas de estudio. Allí, entre torres de libros, yacía dormida sobre un pergamino Hermione. Volvió a mirar a su alrededor.

¡Qué tan inconscientes podían ser el resto de los Gryffindor para no acercarse alguno a despertarla!

Siguió caminando.

Aunque no necesariamente inconscientes. Parecía un ángel, ¿quién en su sano juicio se iba a atrever a despertar a un ángel?

Se acercó más, y con mucho cuidado de intentar no hacer ruido, descorrió la silla que estaba junto a ella y se sentó. Reposó su cabeza sobre una de sus manos y la miró. Cada parte, cada detalle, todo era perfecto para él. Su cabello, su piel, sus ojos en ese momento cerrados, sus pestañas, su nariz, y su boca... la boca que siempre había deseado besar.

No sabía como, pero con cada pensamiento se había acercado más a ella.

Ron ya no sabía que hacer, estaba demasiado cerca, ¡casi podía sentir su respirar! Ojalá le hubiese dado honor a su casa, teniendo un poco de valor, y habérsele acercado para besarla, porque su propia timidez se lo impedía. ¿Que tal si se despertase y armara un desastre épico por despertarla de aquella manera, y además por haberla besado? No, no podía hacerlo, simplemente no podía. Él mismo se recostó sobre sus brazos sobre la mesa, volteó su cara hacia ella, y la siguió mirando. Al menos así podía evitar seguir acercándosele.

Podían haber pasado minutos así, hasta que pasó algo que no veía venir.

Ella se despertó.

Él se quedó completamente quieto y con los ojos notoriamente sorprendidos.

Ella abrió los ojos lentamente, como de haber estado durmiendo por muchas horas, y apenas lo hizo, sus ojos se quedaron prendidos en Ron, con susto. Inmediatamente, Ron levantó la cabeza y se arregló, o desarregló, el pelo. Ella se enderezó también, se llevó una mano a la boca reprimiendo un bostezo e ignoró al pelirrojo que la miraba embelesado.

-¿Qué hora es? -dijo ella de repente, mirando a su alrededor pero aún evitando a Ron.

Concentró todas sus fuerzas en descifrar las palabras que ella acababa de decir, tratando de salir de lo que pensaba. ¿Por qué no se había sonrojado siquiera? ¿Es que no le importó que la estuviese mirando, menos de esa manera? Luego lo reconoció, la hora... eso era lo que ella estaba preguntando. Rápidamente miró el reloj en su muñeca.

-Nueve y treinta.

-¡Nueve y treinta! ¿Por qué no me despertaste? Tenía que devolver este libro antes de las ocho, ¿qué va a pensar la señora Pince de mi? Nunca le había sido irresponsable con una entrega -comenzaba a hablar desesperadamente-. ¡Además tenía que salir a hacer la ronda nocturna hace una hora!

Luego, finalmente, se decidió a mirar a Ron, pero como un gesto de enojo.

-¿Hace cuánto estás aquí?

Estaba nervioso. No le podía contestar que la había estado observando durante los diez minutos anteriores. Pensó una excusa. Ella parecía querer pegarle si él no contestaba lo que ella esperaba oír.

-Un rato... es que te vi y... me dio sueño a mi también...

-Ah -musitó Hermione, sin mucho convencimiento.

Vio como se ponía de pie, se alisaba un poco la falda, cogía un lotecito de pergaminos, algunos libros y su mochila y se los llevaba a su habitación. Él se quedó allí, boquiabierto, mirando hacia la puerta del dormitorio de chicas, esperando el momento en que saliera. Y cuando salió, la siguió con la mirada hasta que desapareció por el agujero para salir de la sala común. Pronto, una mano se movía delante de su cara, haciéndolo salir de su ensimismamiento.

-¿Ron? Cierra la boca... -le dijo una pelirroja con una sonrisita.

-¿Ginny? -se sobresaltó.

-No me vas a decir que estabas estudiando.

Miró dónde estaba, junto a la mesa, y luego a su hermana, que lo miraba reprimiendo la risa. Ginny se sentó en el puesto antes ocupado por Hermione y miró hacia el resto de la sala común con nostalgia.

-Que aburrido ser los únicos Weasley... Me pregunto cómo les estará yendo a los gemelos con su tienda.

-¿No recuerdas el último viaje a Hogsmeade para San Valentín? Su tienda es todo un éxito, en especial entre los estudiantes...

-Ya, dime Ronnie, ¿qué hacías? Estoy aburrida...

-¿Por qué no te vas a jugar por allí con uno de tus noviecitos?

Ginny lo miró enojada.

-No me molestes con eso, no tengo "noviecito" como les dices tú... no aún.

-¡Qué hipócrita! ¿No aún?

-Esa necesidad de pelear con alguien siempre está presente en ti, ¿verdad hermanito? -dijo para sacarse el tema de encima.

¿De qué estaba hablando? Ah, claro... Desde que se había dado cuenta claramente de sus nuevos sentimientos hacia Hermione, había decidido no responderle cada vez que no estuviera de acuerdo con ella (lo que era casi todo el tiempo), pero, ¿cómo Ginny sabía eso? ¿De verdad él tenía una necesidad de estar peleando? La miró extrañado. No, seguro eran tonteras de su "hermanita".

-¿De qué estas hablando?

-Hay que ser imbécil para no darse cuenta... -murmuró ella con picardía.

-Para con las indirectas, ¿sí? -dijo Ron, girándose hacia ella y tomándola por los hombros.

-¿Qué indirectas? Sólo digo la verdad... -ahora la acompañaba una sonrisa malvada.

Ron bajó la voz.

-Vamos Ginny... dime.

Ella se puso de pie e invitó a Ron a hacer lo mismo.

-Vamos a dar una vuelta y te digo.

Ron se paró desconfiado y siguió a su hermana hacia la salida de la sala común. Atravesaron el cuadro y caminaron por el pasillo. Ginny levantó un retrato que daba a una pequeña y estrecha escalera.

-Atajo para el primer piso -dijo ella.

Los dos pelirrojos pasaron sin dificultad por el agujero en la pared y unos minutos después de estar bajando llegaron a la primera planta del castillo. Salieron de atrás de otro retrato y se encontraron en el vestíbulo del colegio. Ginny se fijó que no anduviera ningún profesor cerca y al ser positiva para ellos la respuesta, salieron fuera.

Abrieron las puertas de roble. Ya casi acababa el invierno y no se recordaba en la comunidad mágica un invierno más caluroso que ese, donde apenas nevó dos días. Ahora hacían al menos 20 C, temperatura demasiado alta para ser de noche y además mitad de marzo. Caminaron hasta el borde del bosque prohibido y Ginny se sentó junto a un arbusto de flores color índigo y perfumado aroma. Ron la imitó.

-No hace frío...

-A lo que vinimos Ginevra, por favor...

Ginny apretó los puños.

-¡¿Es necesario que te diga que no me llames así, Ronald Bilius?! -dijo con rabia.

-Sí, ¡pero dime de una vez!

-No desesperes...

Sacó una cajita del bolsillo y de ésta un chicle sabor menta y chocolate de Honeydukes. Le ofreció a Ron, pero él no quiso, así que se metió el chicle a la boca y comenzó a hablar mientras mascaba.

-¿Te gusta Hermione, verdad? -preguntó como si fuera lo más natural del mundo.

Ron se sonrojó al máximo y abrió exageradamente los ojos. Ginny, sin esperar respuesta, siguió hablando.

-Sí, quizás fue un poco estúpido de mi parte no haberme dado cuenta antes, pero tengo cosas más interesantes que hacer en el día que estarme fijando en tu actitud con ella todo el santo rato, ¿cierto? Aunque no fue hace tan poco tampoco... mira, digamos que desde que estabas en... ¿cuarto?

-Ginny... có... de qué...

Ni siquiera él se había dado cuenta en el momento en que empezó a sentir algo por la castaña. Pero, ¿lo había hecho, desde cuarto? ¿Que no se había tomado el tiempo para pensar en eso?

-Pero desde el año pasado que se ve que es algo más... -lo miró-. Inconscientemente, lo que hacías para llamar su atención... wow, ni a mi se me hubiera ocurrido algunas de las cosas que hiciste...

-Cállate, ¿quieres? -la interrumpió.

-Ah, entonces lo reconoces -sonrió mirándolo atentamente.

-¿Reconocer qué?

-Que te gusta.

-Yo no dije eso -dijo cruzándose de brazos a la vez que apretaba los labios, y se sonrojaba más todavía.

-Ronnie, Ronnie, yo lo entiendo mejor que tú...

-¿Qué vas a entender mejor que yo? Apenas eres una tonta quinceañera demasiado desinhibida que ha andado con la mitad de Hogwarts y que no sabe realmente lo que uno puede llegar a...

-¿Sentir por su mejor amiga? -lo interrumpió descaradamente-. No, quizás no lo entiendo tan bien como tú. Lo que si entiendo, es que no te puedes quedar de brazos cruzados toda la vida.

-Esta conversación no está llegando a ninguna parte -dijo Ron, poniéndose de pie bruscamente y caminando hacia el castillo. Ginny se apresuró a alcanzarle el paso.

-Claro que sí tratábamos de llegar a alguna parte, estábamos tratando de averiguar qué es exactamente lo que te pasa con Herms y qué puedo hacer yo para ayudarte -Hizo un globo con el chicle.

-¿Ayudarme? Yo no necesito ayuda...

El globo se reventó.

-Ya lo creo que la necesitas... calcula tus pisadas cuando caminas.

-¿Qué quieres decir con eso?

-Primero, que hay que tratar de nunca meter la pata, lo que tú constantemente haces con ella, segundo, cuidado con los escalones.

Ciertamente Ron se pasó a tropezar con el primer peldaño de la corta escalinata de piedra para entrar al castillo.

-¿Ves? Te lo dije... -sonrió Ginny, y volvió a hacer otro globo.

Volvieron a abrir las puertas de roble para entrar y subieron por la escalera de mármol.

-Yo no soy quien mete las patas con ella, ella es la que me busca pelea... -Ginny negó con la cabeza y Ron agregó defendiéndose: -¡En serio! Es cosa de que puro te fijes...

Y justamente Hermione cruzó frente a las escaleras con la clara intención de pasar de largo, ya que Ginny y Ron se detuvieron, pero pareció pensarlo mejor y los enfrentó.

-Siento tener que ser yo quien haga esto, y aunque sea mi propia casa y todo... pero 20 puntos menos para Gryffindor, no pueden andar por el castillo después de la hora establecida...

-¡Hermione, yo también soy Prefecto! -reclamó Ron.

-Eso no te excusa para andar rompiendo las reglas -lo miró con odio-. Yo estoy de turno, no tú. -Y siguió su camino.

Pasados unos segundos, Ginny miró incrédula a Ron.

-¿Ves? Te dije que me odia -dijo apenado y apretando los puños, fijando su vista por donde había desaparecido su ¿amiga?

-Eso fue raro, sí... pero tranquilo. -Posó su mano en el hombro de su hermano como señal de apoyo moral. -Voy a intentar hablar con ella, después ya sabes...

Ron la miró asustado.

-Pero no se te va a ocurrir decirle nada...

-No, ¿cómo crees, tanto desconfías de mi?

Subieron los tres pisos que les faltaban para llegar a su sala común y entraron dando la contraseña a la Señora Gorda. Ginny se despidió subiendo a su habitación, mientras él iba por su mochila a la habitación de chicos de sexto para terminar unos deberes de Encantamientos avanzados. Arriba se encontró con Harry y después bajaron juntos.

-¿Dónde estuviste?

-Salí un rato con Ginny.

-¿Con Ginny? ¿A entrenar?

Ginny se había unido ese año como cazadora al equipo de Quidditch de Gryffindor.

-No, ¿qué íbamos a entrenar a estas horas?

-Nada más son las diez, ¿entonces a qué?

Se sentaron el la misma mesa donde había estado durmiendo Hermione. Ron ignoró la pregunta y sacó dos pergaminos, la pluma, un frasco de tinta y un libro. Harry hizo lo mismo, pero insistió:

-Vamos, dime, ¿a qué?

-Nada importante, Harry.

Por algún motivo, no tenía ganas de contarle a Harry lo que estaba sintiendo en ese momento. Una mezcla entre furia, desconcierto y impotencia se arremolinaban en su interior, y eso definitivamente no lo podía explicar con palabras. Abrió el tomo en la página 230 y se puso a leer, aunque le costaba concentrarse en lo que leía.

Harry pareció desistir de preguntarle y comenzó a trabar también. De hecho, era el mismo trabajo, pero Harry ya iba mucho más adelantado y estaba revisando las pifias que podía tener el suyo.

-¿No necesitas ayuda? -le preguntó levantando la vista por sobre el pergamino al ver como Ron, frustrado, cerraba el libro de una, haciendo que la mesa temblara levemente.

-Para ya, Harry, tan incompetente no soy, ¿o si? -exclamó con furia, tomando uno de sus pergaminos que ya llevaba bastante escrito.

Harry se extrañó de la molestia de su amigo, pero no comentó nada. Volvió a su pergamino y Ron ya abría el libro otra vez, ya más calmado, para comenzar de nuevo con el capítulo que debía terminar de resumir.

Trabajaron por lo menos unas tres horas, porque para cuando ya habían terminado, no quedaban más alumnos en la sala común. Guardaron sus cosas en las mochilas y Harry subió por la escalera hacia las habitaciones. Ron iba a hacer lo mismo pero sintió un ruidito a sus espaldas y vio que le cuadro de la Señora Gorda le hacía el paso a alguien. En seguida vio Hermione, quien levantó la vista hacia él y al parecer se dirigía hacia dónde estaba, pero él no se quedó a averiguar y subió por las escaleras, cerrando la puerta tras de sí.

Continuará...

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