PARTE CINCO

R U N A W A Y

Runaway with my heart,

Runaway with my hope

Runaway with my love

La vara de Merlín es una maravilla. Con ella mi magia se ha duplicado diez veces, y no sólo he podido curar alguna de las peores heridas infligidas por los mortífagos- para empezar, he podido recuperar los campos de siembra quemados-, sino que parece darme diez veces la energía que he tenido antes. Estoy despierta, ansiosa de trabajar: y con ese dinero ya he firmado por cargamentos de alimentos, medicinas, ayuda. Estamos en plena reconstrucción, y Londres empieza a revivir, lentamente. Hoy vi una tienda abierta, vendiendo vegetales: hay puestos callejeros, alineados en Diagon Alley, y ya he contado dos panaderías y más importante, media docena de dispensarios.

Aún se notan las cicatrices. Aún hay gente desaparecida, que me temo no se encontrará jamás. Aún hay hambre, heridos, edificios en ruinas por todas partes. Pero tengo esperanza. Y con el Sombrero Seleccionador en mi cinturón, jeans, un sweater y mi toga azul del Ministerio en los hombros, trabajo, y la gente me saluda por las calles. Ayer un tendero se negó a cobrarme una lechuga.

Por primera vez, tengo esperanza. Tengo fuerza.

Y Harry está reconstruyendo Hogwarths a pasos agigantados: ya le envié con Ron, que creo será Head of Gryffindor House, y Denys Finch- Fletchey, que sin duda lo será de Hufflepuff, treinta pequeños huérfanos entre once y quince años que lo están ayudando, y por lo que cuenta Ron, lo idolatran.

Y Harry a ellos. Sé que ellos serán su cordura, como este trabajo ha sido la mía.

Tengo en vista a Mandy, una antigua Ravenclaw amiga de Ginny que está sacando adelante el New Prophet como Head de Ravenclaw. Y sin sonar como Dolores Umbridge, sé exactamente a quién quiero como jefe de Slytherin House. Podría ser otro?

- Me dijeron que querías verme urgente. Necesitas otro corte de pelo?-

- Hola, Draco.-

- Linda sonrisa, no te la veía de… mm, nunca. Qué hiciste con tus dientes delanteros?-

- Qué esperabas que siguiera con los colmillos que me pusiste?-

- Están más bonitos.-

- Y te das cuenta ahora?-

- Qué puedo decir? Nunca me sonreías. Me voy a poner paranoico. Qué se te ofrece, Bossy?-

Cierro la puerta y le sirvo un poco de mi pésimo café de hoja.

- Necesito tu ayuda.-

- No tengo problemas con ser tu guardaespaldas. Me ayudará a limpiar mi record cuando convoques Nuremberg.-

- No es mi guardaespaldas lo que tengo en mente.-

- Ooooh.-

- Tengo dos cargos para ti.-

- Qué, alfombrita uno y alfombrita dos?-

- Quiero que seas…- tomo aire.- Quiero que seas el Head of Slytherin, y mi jefe de inteligencia.-

Draco se queda mirándome por un momento, y cuando miro a las profundidades de sus ojos claros, tengo la impresión de haberlo ofendido.

- Draco?-

Se recuesta en la silla, y me mira directo a los ojos.

- No hay nadie más, eh?- dice, con voz extrañamente acariciadora.- Está Pansy, pero claro…-

- Draco.- digo, con tanta convicción como puedo.- Aunque hubiera otros, te quiero a tí en esos puestos.-

- Y seguro que Potter bailará de gusto.-

- Harry confía en mi criterio.-

- O se queda sin sexo?-

- No seas tarado. Harry y yo no…- cierro la boca.- No es tu asunto, Malfoy.-

- Me estás diciendo que confías tanto en mí?- me susurra.- Y si yo te traicionara? Si te hubiera ocultado cosas, o…?-

- Draco.- acabo, secamente.- Lo harás?-

Él guarda silencio. Y de pronto se levanta, y parece exasperado.

- Porqué me haces esto? Sabes que no puedo negarme.-

- Porque soy la Ministra de Magia, y jueza suprema interina, no?- digo, sonriendo. Y la sonrisa se me congela cuando de pronto Draco está apoyado en los brazos de mi silla, inclinado sobre mí, ojos en llamas pálidas.

- No.-

Su beso es como fuego frío. Me ha besado antes, bromeando, y me ha asustado cómo he reaccionado: pero esta vez no hay una duda o un solo pensamiento en mi cerebro mientras me rodea con sus brazos, y muerde mis labios, volviéndome las piernas de gelatina. No tengo idea qué es esto, aparte de lujuria, pura lujuria. Pero de pronto, y con tanta fuerza que estoy mareada, lo deseo, deseo a este hombre dentro de mí como nunca he deseado a nadie ni a nada. Deseo a Draco, albino tigre nocturno del que tengo la traílla, por ahora.

Me aparto sin aliento, y lo veo sonreír, aunque sus ojos arden aún. Pero su rostro se cierra como un postigo cuando bajo la vista.

Oh Harry, Dios, qué tienes, Draco, qué tienes, que es lo que me hace poner tus manos en mi cuerpo y besarte de nuevo?

- No deberíamos hacer esto…- susurro, sin aliento.

- Oh, venga, Hermy. Te ha encantado.-

- Eres muy creído, Malfoy. Me están dando ganas de aforrarte...-

-... como en segundo año?- Draco es frotó la cara sonriendo.- Éramos tan ingenuos en esa época. Un año después, lo hubieras hecho y yo lo hubiera encontrado erótico.-

- Malfoy, tu encontrabas erótico ver a Crabbe y Goyle comer.-

- No, no. Tengo mis límites.- susurra. Y se Desaparece, arrastrándome, y no es hasta que caigo en algo blando con él encima, entre mis muslos, que no reconozco mi propia cama.

- Cómo?- parpadeo,

- Crees que no me aprendí dónde corno vives?- me dice, sonriendo. Y me besa, y un segundo después estoy en mi cama con sólo el sostén sobre mis pechos, y él los masajea mientras besa mi cuello, que creo que es la parte más sensible de mi cuerpo…

Le sujeto las manos. Él sólo sonríe, y me voltea de bruces. Estoy esperando la invasión, cuando siento su lengua en mi espalda. Me lame y me masajea como una madre gata a sus gatitos, y un momento después estoy embriagada de lasitud y deseo.

Me quita los jeans, y ardo. Ardo allí, cuando él apoya su mano y firmemente aferra mi deseo, sus dedos cálidos, fuertes, quietos como si se limitase a marcarme como suya. Intento ahogar mis gemidos, pero no puedo.

Y está en mí. Es suave y fuerte, y ansío más, más que ese leve balanceo que imprime a sus caderas, más que su boca en mi cuello. Es lo que quiero, pero no cómo lo quiero. Y mis jadeos se vuelven desesperados, aferrada a la cama, tratando de controlarme…

- Dime lo que quieres.- me susurra, su boca en mi oído, sus ojos en los míos.- Muéstrame.-

- No…- susurro, mi rostro sonrojado.- Draco…-

- Muéstrame.- me ordena, apretando sus caderas contra las mías, su calor dentro de mí apretado, tan apretado, tan adentro, su oscura magia confundida en la mía, y algo dentro mío exigiendo, gritando…

Muevo las caderas, intentando alcanzar lo que deseo. Su mano se desliza entre nuestra unión, y me acaricia, tan lento…

- Venga, Bossy. Siempre han sido mandona. No vengas a fingir que eres una tímida doncella.- se burla de mí, ondulando sus caderas. Está… casí ahí, justo donde lo quiero, pero… -Vamos!-

Y no puedo más. Me giro, lo derribo en el lecho, y me enderezo sobre él como si fuera un potro de raza. Sí, ahí, justo ahí!! Está todo lo adentro que lo quería, todo lo ardiente que ansiaba, y el placer es electrizante cuando me muevo, me muevo adelante y atrás, sin importar cómo me vea, sin importar cómo me sienta…

Lo miro cuando lo siento jadear y emitir una especie de ronco gruñido. Draco se acomoda, las

manos tras la cabeza, una sonrisa de gato satisfecho en su cara, aunque está sudando, y clava los talones en la cama, entregándose por completo a mi placer.

- Finally. Rode me hard, Bossy.-

- Shut up, evil ferret.-

Draco se echa a reír, pero lo hago transformar su risa en un grito cuando lo domino. Separo las piernas todo lo posible, me inclino, y me agito con violencia, aferrada a él, furiosa, intensamente, obligándolo a aferrarse al lecho. Le lamo los oídos y lo siento gritar, sus ojos volviéndose blancos mientras me aferra los muslos con todas sus fuerzas, gimiendo mientras trata desesperadamente retener el orgasmo, su rostro sudoroso y despeinado…

- Maldita sea... Granger...!- jadea, cerrando los ojos, sus piernas temblando espasmódicamente.

- Sí?-

- Aún... no… terminas? Oh, shit, Hermione, no voy a... no puedo... no puedo... aguantar...-

- Dime Hermione y te dejaré venirte, Malfoy.-

- Mudblood hija de...-

- Dilo, Malfoy.- susurro, mis piernas apretándolo como a un semental, montándolo como a un potro salvaje, firme y segura.

- Te mataré por esto... oh, Hermione!- me grita Draco, ojos feroces, pero su aliento desesperado. Yo me arqueo, oprimiendo mi clítoris inflamado contra la firme pelvis de Draco y es suficiente, más que suficiente. Nunca había estallado así en mi vida, ni sola: es como si me sumergiera en algo blanco, blanco que muerde y quema y convierte mis músculos en gelatina…

En medio de mi salvaje, salvaje placer, siento a Draco gritando, lo siento revolviéndose como una fiera herida dentro de mi vagina insensibilizada mientras nos atrapa el orgasmo juntos, hasta que la blancura del orgasmo se hizo la negrura del desmayo.

Cuando vuelvo, estamos tendidos de costado, la mejilla de Draco cálida contra mi espalda, los dos tibios y adormilados.

- Apuesto que nunca fuiste así con Potty y Weasel.- me susurra Draco, sonriendo de nuevo.

Tengo… tanta… vergüenza…

Creo que he violado a un hombre.

Como sea. Nunca una dominatrix fue tan brutal como lo he sido, estoy segura.

Estoy roja. Y me aparto un poco, llevándome las sábanas a la barbilla.

- Venga, Bossy. No te pongas tímida ahora, es ridículo.-

- Yo...- Oh Dios, pienso al verle moretones con la forma de mis manos en los muslos. - Perdona si fui muy... brutal. No sé qué estaba pensando...- Oh Dios, mi pelo… debo parecer una loca…

Draco me toma las manos.

- Deja.- dice, tironeándome de vuelta a sus brazos, voz serena.- No seas tonta. Me gusta así.-

- Así ...cómo?-

- Así, libre. Estoy harto de esos jodidos rodetes, te pareces a la McGonagall. Me gustas así, más... Raquel Welch. O Julie Christie. Como se llamen esas muggles ochenteras...- Draco me acomoda encima suyo.- Tenía fantasías con esto hace tiempo.-

- Fantasías con qué? Y por cuánto tiempo?-

- Digamos que solía involucrarte a ti, a la Ms. Pince y a la biblioteca, pero en boca cerrada no entran moscas. Es tan refrescante que una mujer tome de mí lo que quiere y me haga disfrutarlo encima. Estoy tan harto de chicas que fingen ser tímidas palomitas y me echan todo el trabajo, sin contar con mi línea de work... está en el job descripcion.-

- Eres un espía, no un gigoló, la última vez que chequeé?-

- Es lo mismo. La mayor parte de las amantes de Voldemort eran mujeres con debilidad por los deliciosos adolescentes: that would be me. Así que me gané mi paga con el sudor de mis espalda...-

- Draco!-

- Es cierto!- Draco finge sniffs.- la cantidad de pequeños Drakitos que dejé regados por ahí para traerte tus jodidos informes...-

Me echo a reír. Libre, intensamente. Me río hasta casi caerme la cama.

No está enojado. No me desprecia.

Aún es mi amigo. Mi Draco, que es testigo de las cosas que asquearían a Harry y que aún me quiere, así.

Draco me pone un brazo alrededor, y ríe conmigo, nuestros cuerpos desnudos cálidos bajo las mantas.

- Vamos por la segunda?-

- Segunda qué?-

- Segunda serie de groundbreaking orgasm for you, obviamente.-

Oh Dios, estoy excitada otra vez.

Le aferro los hombros y lo empujo de bruces. Me subo sobre su espalda, y le beso la nuca, bajo ese pelo como hilos de trigo.

- Te haré pagar eso, roedor...-

Lo hago casi estallar mientras lo lamo entre las piernas. Nunca había hecho esto, nunca siquiera lo había considerado, pero sólo quiero hacerlo gritar, no me importa cómo. Cuando me suplica, con ese sonido ansioso y casi desesperado en su voz, el deseo casi me atonta. Y acabamos conmigo encima otra vez, pero con él controlando la penetración, sentado en los talones, elevándose cada vez más, conmigo aferrándolo a cada momento con más frenesí, hasta que con puro espíritu vengativo Slytherin, estoy segura, Draco me hace venirme tres intensas veces, una vez con una penetración rectal tan súbita que fue una obra de arte, antes de echarse atrás y estallar conmigo, sus brazos apretadamente sosteniéndome mientras gritamos juntos.

Sé que dijo algo mientras nos envolvía a ambos en las mantas y se duerme hecho un

panqueque contra mi espalda, pero no oigo nada, creo que estoy sorda, ciega y muerta. Me echo atrás torpemente, intentando buscar más calor, hasta que siento su piel y me duermo abrazada a él como un cachorro exhausto, el brazo de Draco alrededor de mi cintura, mi cuerpo amoldado al suyo.

- Quién lo hubiera dicho. El todopoderoso Lord Malfoy babea la almohada.-

- Y qué? La Su Excelencia la Ministra moja mucho más con...-

Me visto y me baño rápidamente, antes de que Draco abra un ojo. En el espejo, una sonrisa me traiciona, una sonrisa que no dejaría que nadie menor de 12 años me viera: creo que tengo escrito HE TENIDO BUEN SEXO en la cara.

Draco, en cambio, me sonríe desnudo, tendido con los brazos tras la cabeza, despeinado como un salvaje, una sonrisa que no le iba nada mal a la imagen, y algo que saltaba a la vista apenas cubierto por la sábana.

- Draco!-

- Qué?- él elevó la ceja, inocentemente.- Es cierto!-

Le doy la espalda para acabar de abrocharme la complicada capa. Por el espejo, lo veo levantarse sin ninguna vergüenza, y no puedo despegarle los ojos: no tiene de qué avergonzarse: es como el David, todo estrechas caderas y piernas fuertes, brazos que son esbeltos pero poderosos…

… y que se sienten como cadenas cuando me abraza por detrás contra su cuerpo desnudo,

aspirando mi pelo, su enfurecedora risa sonando en mi oído mientras me abre la capa.

- De veras tienes que estar allí a las ocho?-

- Sí, y ya son las siete cuarenta. Déjame irme.-

- Mmm.-

- Draco, déjame irme.- susurro, pero no puedo evitar sonreír cuando me acaricia un seno aún a través de la pesada capa. Oh God, Hermy, you evil sex symbol you!- No alcanzamos a hacer nada, acéptalo. Después...-

- No alcanzas a vestirte y desvestirte, pero eso no es problema.- me dice Draco con voz aterciopelada. Y de pronto me empuja, casi de bruces, y me agarro del tocador para no caer, para sentir cómo me levanta la capa y la pesada túnica, brisa en mis muslos desnudos, me aparta la ropa interior… y se empuja dentro con un largo y delicioso tirón, aferrándome las caderas hasta que siento que… oh, Dios, está… está en el mismo fondo de mí.

- Dra... draco!- le grito, no sé si enfurecida o fascinada, el placer haciéndome temblar

las piernas.

- Quédate quietita, Bossy.- me dice Draco, con una sonrisa feral.

Creo que por primera vez llego al trabajo tarde, con el pelo suelto, y riendo…

That Evil... boinking ferret...

- Tendrás que perdonarme que me haya metido a tu cocina, pero todo lo que había era un puré que ya hablaba, y tenía hambre.-

El olor de la comida me asalta la nariz y se me hace la boca agua. Sin embargo, no puedo menos que sentirme mitad sorprendida al encontrarlo aún instalado en mi casa, mitad culpable al recordar que efectivamente, no había más que agua y suciedad en mi cocina, la cual ahora está fregada e inundada con el apetitoso olor de un guiso de verduras y tomates estofados.

- Perdona.- dijo, quitándome la capa.- Me hubieras esperado, hubiera cocinado yo.- agrego torpemente.

- No. Apuesto que cocinas horrible, y encima, no como cualquier porquería. Es mejor que cocine yo, soy maestro de pociones.- Draco lamió la cuchara y asintió.- Además, me gusta cocinar.-

Es jodidamente sexy, me doy cuenta de pronto al verlo poner la mesa, descalzo con esa camisa de diseñador, el pantalón de pijama a medio desabrochar y un delantal de cocina, su pelo en un desorden erótico.

- Dormiste todo el día?-

- Estoy sin trabajo, te acuerdas? A no ser que me aceptes de elfo doméstico con usos sexuales...- se zampa una especie de croqueta y añade con la boca llena.- ... soy un mendigo.-

- Fuiste a comprar alimentos... así?-

- Sip.-

Oh God, qué dirán mis vecinas.

Un momento después, ya no me interesa. Cocina como los dioses, y antes de darme cuenta me he comido dos platos y estoy asaltando los pegados de la olla. Tasty, caliente, lechoso. Perfumado a especias, húmedo, crujiente y suave como seda en la lengua, con un dejo a vino. Me comería una olla entera...

- Te comiste la olla entera.- Draco mira lo que quedó con una ceja alzada.- Te tenían encerrada, a ti? Hace cuánto que no te alimentaban en tu jaula?-

Me limpio la boca, avergonzada. Pero a él parece divertirle.

- No te rías. Es que no cocino muy bien...-

- Me gusta ver a una mujer disfrutar de su comida. De todos sus apetitos.- añade, con una sonrisa de tiburón. Pero para mi decepción, se levanta y empieza a vestirse, con esa fácil elegancia que tras años de vivir en la Torre Gryffindor con hombres que usaban los mismos calcetines hasta que se quedaban pegados al zapato no puedo menos que apreciar.

Quiero preguntar si se a va a ir sin... pero me callo. Me ha esperado todo el día? Nah, seguro que estaba durmiendo, jodido gato regalón de familia rica. Aunque reconozco que se ganó una siesta...

- Nos vemos.- dice, echándose la larga casaca de cuero al hombro como un modelo.- Bye, Bossy.-

- Bye, Draco.- es todo lo que puedo decir, sentada junto a la olla vacía.

Se va, y súbitamente, me aferro la cabeza con ambas manos y sé que oficialmente, me he vuelto loca.

Qué he hecho?!

PARTE SEIS

G O O N

I know now, just quite how my life and love might still go on

In your heart and your mind I'll stay with you for all of time

Es la primera semana pseudo-libre que me tomo desde que puse a trabajar el tesoro de Voldemort. Me siento muy rara sin el manto en los hombros, casi demasiado pequeña cuando con jeans y sweater y zapatillas me bajo del tren muggle en Edimburgo y me preparo a abordar un bus, que me dejará a un par de kilómetros de Hogsmeade. Sí, podría haber tomado una chimenea, pero la Red Floo aún no es segura para transporte humano: y por supuesto, aún no hemos reparado la estación 9 y ¾ tras el atentado en septiembre. Además, me sirve para pensar.

No, no quiero pensar. Sólo quiero ver a Harry.

La gente no me reconoce sin el manto y con el pelo suelto: es sorpresivo, y por unos momentos me descoloca volver a ser un particular. No, no me he vuelto un power-egomaniac: es sólo que he perdido la costumbre de no ser nadie, algo me gustaría recuperar. Me siento bien.

Mis hombros se sienten solitarios sin el manto.

Es ridículo. Me he pasado los últimos cuatro años dándome de cabezasos contra paredes de piedra, ansiando que alguien me quitara la aplastante cruz de encima, y ahora que todo empieza a encarrilarse, de repente lo echo de menos? Es la costumbre, eso es todo.

Me echo mi bolsito al hombro cuando me bajo del bus, y empiezo el camino mientras la mañana campestre inunda todo de sol alrededor mío.

Observo la naturaleza, y casi me dan ganas de llorar. No porque Voldemort no la haya podido tocar, lo que me hace feliz, sino porque todo, hasta el cielo, parece diferente. Qué me pasa? Extraño acaso la tensión, el dolor, la angustia? Porqué todos parecen tan ansiosos de olvidar esos años, porque como una lluvia y un chaparrón secos en cuanto el sol sale todo ha terminado, y sin embargo yo sigo cargando cicatrices? Porqué no puedo simplemente dejarlo pasar, olvidarlo?

Tengo que superarlo.

Soy Hermione Granger, Head Girl, la niña que quería ser algún día profesora de Transfiguración, y esos años no existieron. Y esa noche con Draco, tampoco.

Me seco los ojos, un poco perdida. El paisaje sí ha cambiado un poco. Pero entonces siento el familiar tirón de la magia de Hogwarths, y lo veo…

Lo veo…

El castillo en reconstrucción se refleja en el lago purísimo. Está a medias, aún vigas descubiertas, pero los tejados relucen, brillantes. Veo grupos de gente afanándose alrededor, a niños… a los niños asustados, catatónicos y heridos que le mandé a Harry, vestidos con viejas ropas muggles, riendo y acarreando baldes, sacos, alzando la argamasa. Veo a Ron, un pañuelo en la cabeza, dirigiendo a los más pequeños que mezclan la arena para hacer cemento. Y veo a Harry, con jeans y camiseta muy sucias, su pelo brillando al sol, trepando al techo con un niño en su espalda, para asegurar una polea, sonriendo.

Es realmente, mi volver a casa, a los brazos de Harry?

El me ve, y una enorme sonrisa le aparece en el rostro, agitando su mano para mí. Ron echa a correr, y me lanzo a sus brazos, feliz. Estoy en Hogwarths, una vez más. Y es a este Harry, el Harry reconstructor, el Harry maestro, al que ansiaba tanto ver.

Es tarde cuando al fin Harry queda libre: puedo ver que tiene cada minuto del día ocupado, cada hora cronometrada para poder atender a todos y cada uno de los niños, cada momento dedicado a Hogwarths. Y siento que ha reconstruido no sólo el edificio, sino el espíritu de Hogwarths; sobre sus ropas viejas pero planchadas y limpias los niños llevan distintivos de tela recortada que cuidan cariñosamente, y los estandartes de Hogwarths, reparados hilo a hilo cuelgan en la sala que usan a guisa de Gran Comedor. Ron ha hecho maravillas con el exiguo estipendio que les pude asignar: la cena es casera y apetitosa, con frutas frescas, y el escaso cuerpo docente – Ron, Mandy Blockherhurst, Harry, Justin Finch-Fletchley y Terry Boot- comen exactamente lo mismo, cuidando de los niños con un amor paternal que me conmueve.

- De dónde sacaron…?-

- Encontramos semillas entre las ruinas de la cabaña de Hagrid: las plantamos, y eran coles, tomates, papa, calabazas y trigo. Los niños nos ayudan, y ya tenemos un gallinero, aunque con sólo tres ocupantes por ahora.- Ron me sonríe.- Y los árboles, bien cuidados, han vuelto a dar frutos. Los tenemos todos dentro del invernadero, los niños han aprendido herbología práctica con esto.-

- Y los distintivos…?-

El rostro de Mandy se ensombrece.- Encontramos muchos cadáveres de alumnos. Cortamos los distintivos de sus ropas.- dice, con los ojos tristes. Dejo el tema y me concentro en mi sopa. Debe de haber sido horrible hacer esa… limpieza. Ron encuentra mis ojos y me aprieta la mano.

- Hicimos un cementerio allá donde estaba el bosque prohibido. Ya descansan casi todos, supongo.-

- Sí.-

- Hermione.- Harry interrumpe, y hay una arruguita junto a sus ojos que me hace recuperar la sonrisa.- Querrías darles una clase de Transfiguración? Sólo introducción. Les hemos dado Charms hasta ahora, pero me encantaría ver sus caritas cuando transformes el escritorio en cerdo como lo hacía la McGonagall.-

Yo, profesora?

Soñé tanto tiempo con serlo!

- Claro!- respondo, con entusiasmo- Me encantaría…-

Mandy, que les enseña Historia, y Ron, que les da Charms, me ayudan señalándome a los niños y contándome sus nombres, así como mencionando cuándo alguno parece hijo mío y cuando de Fred y George. Justin, que da Herbología y CCM, y Terry, que da Astronomía, se quedan en silencio, pero siento que me dan la bienvenida, y a pesar de que son sólo cincuenta niños y que Hogwarths ha sido reducida a una escuela campestre me siento súbitamente llena de emoción. Voy a ser profesora en Hogwarths: es lo que siempre quise ser. Todo lo que soñaba. Voy a ser parte de su plantel, si puedo, y volveré a ese calmado, dulce y polvoriento mundo académico que amo tanto. Se ha acabado la lucha, esta es la paz…

Se me humedecen los ojos, y escondo la cabeza en el hombro de Harry. Y cuando los niños se han acostado, y él me enseña mis habitaciones, no estoy sorprendida cuando me da un beso tímido. Esta vez, cuando se lo respondo, soy feliz.

Mi Harry, Ron y Hogwarths. Estoy en casa!

Mi primera clase me pone más nerviosa de lo que esperaba, y parto muy muy por lo básico: los niños están fascinados con las más pueriles muestras de magia, y se turnan para usar las pocas varitas que Harry recogió para ellos. Tengo que mandarles más.

Algunos de los niños son brillantes: otros son casi squibs. Me sorprende la fuerza del instinto maternal en mí, mis deseos de tomar a los más pequeños y besarlos y apretarlos contra mi cuerpo. Nunca me había preguntado a mí misma por la posibilidades de tener hijos: pero de pronto me doy cuenta que algo en mí, la niña en mí que tuvo que esconderse tan dentro de mi carne en estos años sí, desea tener hijos, sí desea ser mamá.

Y estoy casi segura que es ser la mujer de Harry lo que deseo. Hogwarths se está levantando, y cuando entre los dos hechizamos el techo del Gran Salón, y Harry, con su deseo, su voluntad y su magia vuelve a levantar la Torre de Astronomía, pienso que es esto lo que soñaba. No un país que cuidar, sino un jardín, y niños, y el escenario de mi infancia. Los seres y animales del bosque vuelven a reunirse, y el bosque brota bajo el poder de los druidas.

Soy tan feliz, como creo que no lo era desde que era niña y no tenía consciencia de ello. Pero he sido tan desgraciada que ahora soy consciente de cada minuto en que soy feliz.

Y soy feliz de noche también, mientras Harry duerme abrazándome, soy feliz en sus brazos y bajo sus besos. Harry es comprensivo y dulce, y sus caricias se hacen poco a poco más satisfactorias, siempre tiernas, siempre suaves. Tras el amor, por las mañanas, nos levantamos para continuar con el trabajo del que los estamos enamorados: envejecer a su lado ya no me asusta. Ron y Mandy siempre están esperándonos para continuar, y los días pasan como las hojas de un libro, siempre suaves y doradas.

No es hasta un mes después que Harry me hace la pregunta que he estado esperando. Los dos nos habíamos amado tiernamente en su lecho, nuestros cuerpos lado a lado, tibios y serenos en el verano, y acuno su cabeza en mis senos, sus brazos rodeándome la cintura mientras me besa los pezones. Miro por la ventana, para ver la noche despejada y tibia, y la sensación de paz me invade. En ese amable silencio, lo que añade es como un complemento de este tibio secreto.

- Hermione.-

- Dime, Harry.-

- Quieres casarte conmigo?-

Tengo la respuesta en la punta de los labios viendo sus ojos verdes e intensos, a los que ha vuelto tanta paz. Pero le beso la frente, y susurro:

- Si lo que quieres es que me quede a hacer clases de Transfiguración, no es necesario esa letra chiquita.-

Harry suelta la risa, y me besa el vientre.

- No. O sea, sí. Quiero que seas Headmistress, que seas la jefa de Gryffindor House y que sean la profesora de Transfiguración y Teoría. Los cargos de la McGonagall.-

- Y que me transforme en gato?-

- No. Un gansito lindo está bien.-

Me enderezo.- Harry…-

- Te amo, Hermione. Quiero que tengamos toda esta vida, juntos.-

Mi garganta se anuda. Quiero responderle, pero siento dos lágrimas en mis ojos, en mis mejillas, y de pronto tengo miedo.

Es demasiado perfecto. Es mi sueño de infancia. Es lo que deseo?

Quiero decirle que lo amo: no sólo a él, sino a todo, todo lo que me ofrece, todo lo que se encierra en su beso y su abrazo. Quiero decirle que no lo merezco, que no soy digna de eso, que eso mismo me da miedo.

- Hermione.-

Y es entonces que oigo, en el silencio esa noche de verano, que alguien golpea las puertas de Hogwarths, con fuerza.

Luego silencio, y de súbito, una voz que conozco bien.

- Hola, Weasley. Qué bien que te queda la toga: casi pasas por gente. Está la Ministra acá?-

- Qué haces aquí a esta hora, Malfoy?-

- Juego tenis. Ah, e incidentalmente, vengo por el puesto de jefe de la casa Slytherin y profesor de Pociones. No tienen uno, verdad?-

- No.- oigo leve cólera, y también un leve humor en la voz de Ron.- No, no tenemos.-

- Discriminando a los Slyths, como siempre. Dime, Weasley, tanto les molesta que haya gente más astuta que ustedes?-

- Los inteligentes son los Ravvies, no ustedes, Slyths.- hay sonrisa en la voz de Ron, y aunque oigo sus voces de adultos, me parece verlos de nuevo en tercer año, literalmente hissing uno al otro…

- Esas ideas demuestran que tú no eres ni uno, ni el otro, no?- oigo que la puerta se cierra, y las voces se ahogan. Draco está aquí, y cuando me siento, la cama ya no me parece tan cálida, porque todo mi cuerpo arde al recordar lo que le hice… y lo que me hizo sentir.

Harry me está mirando. Y no soy capaz de devolverle la mirada cuando me visto velozmente y bajo, porque tengo que verlo, tengo que verlo…

Draco y Ron discuten en el vestíbulo, Ron en bata, Draco vestido a la última moda con pantalones grises, sweater de cuello alto y capa de cuero. Se ve burlón y elegante y de pronto autoconsciente me intento alisar el pelo, que debe ser una maraña tras el amor con Harry. Luego me enfurezco con él, porque quién lo manda venir a la hora en que todo el mundo está en la cama?!

Draco se gira y me mira, y de alguna forma su smirk me molesta mucho, aún cuando hace una verdadera reverencia.

- Su Excelencia la Ministra. Hola.-

Y entonces me paro en seco, porque me pregunto si al aceptar esta tarea, la tarea que yo le encomendé, está dispuesto a aceptar la otra: ser mi jefe encubierto de inteligencia.

Esos planes me parecen tan antiguos. Eso era, claro está, si yo no venía a Hogwarths, si seguía siendo la Ministra, pero ahora, si acepto a Harry, estaría viviendo con los dos bajo el mismo techo…

Casi me mareo.

- Ya no seré Ministra, Draco.- dijo con suavidad.- Voy a renunciar al cargo en diciembre, cuando convoque a elecciones.-

- De regreso a la república. Me gustaba cuando eras dictadora.-

- Eso era sólo durante el período de guerra, tu sabías que era interino.- digo con un gesto de cansancio. Draco me levanta una ceja.

- No es que esté a favor de la dictadura, pero… los dictadores son Eww, las dictadoras son sexys, testigo Indira Gandhi y el Ayatollah Komeini.-

- El Ayatollah era hombre.-

- En serio? No parecía…-

No puedo evitarlo, me echo a reír.- Estás muy enfermo, sabías?-

- No te vas a presentar a elecciones para primer ministro? –

- No. ya tuve suficiente.- digo, y sin embargo sé que sueno indecisa.- Me quedaré acá, en Hogwarths.-

- Con Potter de Director?- Draco me clava los ojos, y Ron lo mira con brusquedad, porque su tono tiene algo ofensivo. Cierro los ojos, y luego enfrento su mirada.

- Sí.-

Draco me mira de arriba abajo, observando mis pies desnudos, el ruedo de mi bata vieja. Luego se gira a Ron, y quitándose la capa con un floreo, se la echa al hombro.

- Muy bien.- y su tono es amenazante, cortante.- Dónde duermo, Weasley?-

- Te vas a quedar?- pregunto, sin comprender porqué mi voz no suena dudosa, suena casi esperanzada.

- Necesito trabajo, no? Sin ti en el Ministerio, si me acerco a diez metros del Ministro me encierran antes de decir ryddlista. Me imagino que tú como mudblood y tú, como bueno, Weasley, estarán acostumbrados al hambre_y_miseria lifestyle, pero yo, como Malfoy, no. Dónde duermo?-

Harry lo recibe… sorprendentemente bien, la verdad, considerando que la última vez que los vi estaban a punto de darse de puñetazos. Pero mientras estoy con ellos… me distraigo. Es como si Draco, como si su sola presencia le hablara a mi mente, y aunque no comprendo, lo que dice, me distrae: aún cuando estamos hablando en una sala llena de niños, de alguna forma extraña sigo sintiendo su presencia, como algo ruidoso, algo que ni siquiera me deja concentrarme en lo que intento decir.

Es increíble cómo se compenetra con su tarea. Los niños… la mayoría de los niños le tienen miedo, pero los niños difíciles se compenetran con él: la verdad, lo adoran. Y lo obedecen, incluso pequeñas bestiecitas a las que yo estaba lista para ahogar.

Pero no puedo concentrarme. Y cuando al fin me volteo un tintero en las manos en plena clase, sólo porque sé que está dando clase en el aula del lado, sé que tengo que hablar con él, tengo que hacer que deje de hablarme con su silencio.

- Draco.-

- Hola, Bossy.-

- No era necesario que te quedaras. Yo… ya olvidé esos planes, y tu no querías quedarte en Hogwarths.

Estamos solos. Los niños de su aula se han ido, y estamos solos en la que era la antigua aula de Flitwick, con sus altas ventanas, y el sol en las motas de polvo. Es agradable, y suave. Todo el ambiente es… amable, como si algo de la dulce personalidad de Flitwick se hubiera quedado, aquí, en su aula.

Pero cuando Draco se gira y me mira a los ojos, por un segundo, tengo miedo.

- Te has vuelto una cobarde.- me dice, con un gesto áspero. – No vine a ser profesor, excepto porque tú querías, porque pensé que serviría. Te traje información, pero si ya no eres la ministra, supongo que ya no vale la pena.-

- Qué?-

- Rabastan Lestrangue está vivo. Y está reuniendo a los mortífagos.-

Me quedo boquiabierta, y de súbito todos los colores dejan de ser suaves para entrar en foco, rápida, cruelmente. Me enderezo, y siento el familiar látigo volver a mi voz, una tensión que bien conozco en mi espina dorsal.

- Era la mano derecha de Voldemort!- exclamo, empuñando las manos.- Oh, ya me parecía que MIA era demasiada buena suerte… dónde se había metido?-

- Estuvo en América, pero regresó. Con reclutas. Me avisaron en cuanto llegaron, y por supuesto, me infiltré.-

- Es peligroso.- me siento y me froto los ojos.- Oooh, maldita sea.-

- Si no te interesa, me salgo… o me quedo adentro, no sé bien.- Draco se encoge de hombros como si la elección de bandos no le preocupara en lo más mínimo.- Pero pensé que debías saberlo.-

- Te estabas tomando el cargo de jefe de inteligencia a pecho, no?-

- No pensé que porque hubiéramos tenido sexo después quedaba invalidado.- su voz es seca y cortante.- Vas a dejar Inglaterra al borde del abismo para venir a darte con Harry?-

- No es así. Inglaterra ya está en recuperación y yo…- bajo la voz.- Estoy cansada, Draco. Tendremos elecciones en dos meses, ya hay hasta candidatos… voy a reinstaurar la república, y me largo: me quedaré acá, haciendo clases. Es lo que siempre quise de niña.-

- Y después de eso, no creciste más, no?- me suelta. Lo miro, porque su tono es francamente agresivo, y siento el familiar rush que Draco me provoca, de decir exactamente lo que se me pasa por la cabeza, un leve mareo al desnudar todos mis cuchillos sin temor.

- Tú no tienes idea de por lo que he pasado, Malfoy.-

- No seas tarada. Mientras Potter y Weasley se divertían en los campos de batalla, yo era el que te veía desmoronarte martes tras martes tras martes. Si alguien sabe por lo que has pasado y lo que has hecho, soy yo.-

Me deja sin palabras.- Draco…-

- Y por eso no puedo creer que quieras venir a enterrarte a Hogwarths cuando está claro que si alguien tiene que ser el Primer Ministro de Inglaterra, eres tú, Hermione.-

- Hay… otros candidatos.- digo suavemente.- Por los mageistas está tu amiga Pansy, y por los unionistas Denys Creevey, y por los apartacionistas Stebbins, y… quiero convencer a Ron que se presente por los paralelistas…-

- Bullshit. Inglaterra te apoyaría a ti como un solo hombre si te presentaras. Tu crees que la gente no sabe quién eres? Lo que has hecho? Lo que has pasado con ellos?-

Porqué cuando Draco habla así quiero llorar? Porqué me hace llorar? Me sentía tan bien, tan segura, aquí. No quiero salir. No quiero…

- Cállate.-

- Vas a dejar que Rabastan mate al pobre gil que salga electo?-

- Qué?-

- Lo están planeando. En el momento de la elección, lo matarán: van a atacar a la antigua, como kamikazes.-

- Están locos!-

- Era job description para Voldie, te acuerdas?-

Me apoyo en la mesa, y no puedo evitarlo, me deshago en lágrimas.

- Hermione…- su voz es suave, pero aún inflexible.- Si lo que quieres es volver acá cuando termines, está bien… yo no soy nadie para darte órdenes, menos para hablar de deber y causas… no soy un héroe. Pero tu trabajo está sin terminar. Yo no estaré a salvo hasta que Rabastan esté encerrado…-

- He ahí la madre del cordero, no?- lo miro, enojada entre mis lágrimas.- como siempre, salvar tu propia piel.-

- Como quieras.- se mete las manos en los bolsillos.- Nadie estará a salvo con ese loco psicópata suelto. Présentate a los candidatos, diles lo que pasa, que a mí no me escuchará nadie, y…-

- No.- digo, secándome los ojos.- No, si lo que dijiste es verdad, hay una forma mejor.-

- Qué?-

- Me presentaré a elecciones. Y si tengo el apoyo popular que sugieres, yo seré su blanco.-

Draco me mira, y su sonrisa se amplía.- Estaré más pegado a usted que sus calzones, entonces, Su Excelencia.-

- No sabemos si voy a ganar, pero estaremos allí esa noche, y… alertaré a Ginny y a los Aurores. No nos pescarán desayunados.-

- Qué lenguaje, Primera Ministra.-

- Cállate, Malfoy.- suspiro, y miro los amados muros de Hogwarths, que voy a tener que dejar otra vez. Y es entonces que me echo a llorar en serio, porque yo quería, yo sólo quería…

- Shhh.- Draco me abraza, y reposa mi cabeza en su hombro.- Shhh. Ya rompiste el cascarón, pollita. No te queda otra que aprender a volar, no puedes volver a meterte por muy calentito que esté…-

- Los pollos no vuelan.- gimo entre sollozos.

- Es una metáfora, por amor de Dios…- me acaricia el pelo.- Dios mío, tú te peinas alguna vez?!-

CAPÍTULO SIETE

W H E R E V E R

If I could turn back time

I'll go wherever you will go

If I could make you mine

I'll go wherever you will go…

No le digo adiós a Harry.

No, volveré, me lo he prometido, volveré a sus brazos y a la paz de Hogwarths, a ese mundo sencillo que amo. No me importa lo que diga Draco. Detendré a Rabastan Lestrangue y volveré, como se vuelve a casa, allí donde mis sueños anidaron una vez. No le digo adiós, sólo lo beso y le prometo que volveré, antes de irme con Draco de regreso a Londres. Dejo el sol campestre y las montañas escocesas por la piedra y el cemento – tengo que hacer cementar esas calles de una vez, el macadán se está saliendo y de todas formas tengo que modernizarlo!- del Londres Mágico, en donde regreso a mi oficina, que está intocada, y observo mi manto con tan poco amor como observaría unas cadenas de presidiario.

- Miren quien volvió. Era una semana y te tomaste un mes!-

- Llévame a la cárcel, entonces.- me dejo caer en mi sillón y observo a Ginny, que sentada en mi escritorio de una forma que sería muy inapropiada si yo fuera hombre hamaca sus largas piernas de modelo mientras mastica algo.

- Qué comes? Dame.-

- Goma de mascar. Ahorro para ir a comprar al mundo muggle.- hace un globo, lo revienta y luego procede a sacarse la goma de la nariz.- Así que después de tanto quejarte, te vas a presentar a elecciones, no? Qué pasó con el balido de dónde hay un hombre fuerte que me saque este peso de encimaaa!-

- Nunca dije eso!- me estoy poniendo roja.

- Hermy, yo no envidiaba tu posición, pero de que balabas, balabas.-

- Tanto así?-

- Oh, sólo para mí, tu amiga. Y dime, le has balado últimamente a Draco Malfoy? Tú y el hurón botador parecen muy amigos…-

- Es mi guardaespaldas, por ahora.-

- Y ahora eso redondito al final de tu columna se llama espalda? Mira tú…-

- Weasley, ya te estás yendo…-

*otro globo de chicle * - Me llamaste para presumir de tu poder o para hablar? Porque tengo un alto de papeleo que hacer, a no ser, claro, que mientras me gritas me des un trago.-

- Ginny…-

- Sí?-

- Sácate el chicle de la boca y escúchame.- digo, poniéndome de pie.- Rabastan Lestrangue está vivo y planean matar al candidato ganador en las elecciones.-

- Está Pansy metida?-

- Probablemente.-

- Es por eso que te has presentado a elecciones? Para suicidarte?-

- Para atraparlos.-

Ginny me mira dudosa, y luego se encoge de hombros.

- Tu trasero, tu pellejo. Yo haré lo que pueda, estaremos alertas. –

- Gracias. Qué decías de un trago?-

- Sólo si me cuentas qué tal es el hurón botador en la cama.-

- QUÉ?-

* globo de chicle*

* POP *

- GINNY, ME LO HAS PEGADO EN EL PEEELO!-

Los dos meses siguientes son una locura. Nunca pensé, o siquiera consideré presentarme a elecciones: pero el hacerlo me inunda de nervios. Me repito que mi interés no es ganar, sólo estar allí la noche del atentado, pero… no puedo evitar vigilar las encuestas ansiosamente, observar los porcentajes, responder a todas las preguntas de la gente que me acosa con peticiones.

Y de pronto…me siento sucia. Cínica. Cuando la gente toma mis manos, y me pide que por favor haga la educación gratuita porque la mayoría de los brujitos y brujitas del mañana no tienen padres, ni siquiera familia... les prometo que lo haré, de corazón. Cuando les hago promesas, y respondo a sus inquietudes, me da frío pensar que no podré cumplirlas, que no estaré aquí cuando otro levante de nuevo la Constitución Mágica, cree de nuevo un servicio médico, inaugure de nuevo Diagon Alley. Me dan celos. Ese que venga trabajará sobre bases que yo me deslomé creando, será llamado el primer ministro tras Voldemort, el reconstructor de Inglaterra, y todo mi trabajo ya no valdrá nada.

Él necesitará secretarias para que le digan en qué estado está Inglaterra. Yo lo sé. Tengo esas cifras de mortalidad, morbilidad e indigencia grabadas a fuego en mi corazón…

Y Hogwarths y Harry me siguen llamando con su canto de sirena. No, no entregaré mi vida, no entregaré mi futuro! Quiero tener un futuro, ser libre al fin, quiero dormir tranquila por las noches, sin este peso sobre mí! Quiero volver allí, y dejar todo esto. Y lo dejaré. Soy suficientemente fuerte para dejarlo.

Lo haré. No me importa. Lo haré…

- Bossy, vete a dormir. Mañana es el plesbicito, y no puedes aparecer tan fea como estás ahora. Ve, a que doce horas de sueño, un baño y comida hagan lo que puedan por ti. Aunque yo diría que para empezar a arreglarlo tendría que ser como un mes…-

- Gracias, Draco. Alguna noticia de Rabastan?-

- Nope. Ni la nariz. Pero alcancé a enterarme de que el golpe será en el balcón del Ministerio, cuando salgan a saludar los candidatos con el ganador.-

- Estaremos listos…- bostezo. Aparte de la campaña, he tenido que regresar a mi trabajo diario. Han sido días largos, pero los trenes ya corren, y la red floo ya es segura… puedo tachar transportes. Si pudiera tachar servicios médicos, sería feliz…

- Estás rendida, no?- mi elegante jefe de inteligencia se apoya en la puerta. Sé que desea volver a ser Head de Slytherin, pero renunció para venir conmigo. Cuando todo se estabilice, volverá y se limitará a venir a verme una vez a la semana…

… que estoy diciendo? la que vuelve a Hogwarths seré yo!

- Sí.- miro mi reloj, es medianoche.- Me voy a mi cama…-

- Comiste algo?-

- No, no he cenado, me compraré algo en la calle antes de llegar.-

- Justo lo que nos hace falta: que mañana estés con diarrea.- Draco toma mi brazo, y me tironea para Aparecerse.- Vamos. Te haré algo comestible… estoy seguro que eres capaz de comerte unos fideos crudos con tal de no cocinar…-

Debería colgar el traje de espía y dedicarse a chef. Cuando acabo mi segundo plato de ravioles, todo lo que quiero es dormir. Y me estoy quedando dormida en el sillón mientras él me habla, burlándose de que mi departamento sería las delicias de un arqueólogo, por la capa de polvo…

…me duermo al sonido de su voz. Me siento segura, completamente segura, aunque sé que hay un psicópata allá afuera, y que mañana podría morir. No tengo miedo, no aquí, con él a pocos pasos. No sé cuánto rato duermo, pero de pronto estoy en mi cama, me han quitado zapatos y pantalones, y un cuerpo cálido me envuelve, tiiiibio y calentito…

Aunque estoy dormida, sé que es Draco, no Harry. Sé que es su cuerpo, su piel suave y seca envolviéndome en tibieza, y sé que son sus labios en mi pelo húmedo por el baño, sus manos cubriendo mis senos, sus muslos bajo mis muslos cuando me acoge en sus brazos. Estoy cómoda y tibia, y aunque algo en mí siente que debe recordar algo, no sé qué es. Sólo sé que estoy a salvo, que estoy donde deseo estar.

En algún momento de la noche su cuerpo se mueve bajo el mío, y medio dormida me le abrazo hasta que el abrazo se vuelve otra cosa. Me besa, respondo sus besos, y en la frontera entre el sueño y el amanecer su cuerpo se funde al mío, y hacemos el amor lenta, lánguidamente, mi cerebro apagado por completo mientras me muevo aferrada a él. No hay dudas, no hay nada en mi mente: sólo el sol naciente, y Draco, que me aferra con firmeza, pero no como una cadena. Y soy libre cuando gimo mi liberación, en un estallido tan claro como el sol que inunda mi habitación, feroz, y bello…

-… te amo, Hermione… te amo… así…-

- Draco…- jadeo, y me convulsiono bajo su cuerpo, envuelta en orgasmos color mantequilla y soleado. Siento sus besos, y lo aferro, lo aferro aunque los ojos se me cierran…

… tiene que haber sido un sueño, verdad? Porque cuando despierto, estoy sola en la cama, Draco se ve perfectamente normal mientras prepara un café de grano con leche y aguarda que me vista.

- Muévete, Bossy. Tenemos que ir a votar: y espero que te guardes tu falsa modestia, porque yo sí votaré por ti.-

Lo miro. Se ve tan tranquilo… estaba soñando. Estaba soñando, verdad?

… si sueño así por culpa de los ravioles, me comeré una olla diaria…

A las nueve de la noche dan los cómputos oficiales, y sentada allí en el Ministerio como anfitriona de la insoportable Pansy, el engreído Stebbins y el oportunista de Denys, no puedo soportar la idea de que uno de ellos vaya a cuidar de mi trabajo. No puedo. No puedo confiar en que ellos pongan las manos en lo que me ha costado tanto… porqué no convencía a Ron? A él podría haberlo ayudado, vigilado…

Momento.

Cierro los ojos y me da risa. Ay, Hermy. Lo que tú querías era seguir siendo Ministra, pero sin las responsabilidades, verdad?

- Tengo el cómputo final.- Draco, como supuesto miembro del grupo de Rabastan, le sonríe a Pansy, y que trucó los votos, pero tengo a Seamus haciendo el cómputo oficial.- Cuarto lugar, Denys Finch Fletchey: tercero, Roger Stebbins: segundo, Pansy Parkinson. La han elegido Primera Ministra, señorita Hermione Granger.-

Me levanto, y aunque sé que es falso, no puedo evitar sonreír. Después, sólo por curiosidad y por engreimiento, le pediré los cómputos reales a Seamus.

Salimos al balcón. Ron y Harry están allí, y aunque Ron destapa una champaña y la agita salpicando al mundo cuando me ve, y Mandy a su lado me hace señas, pero el rostro de Harry es triste. Sé que sabe lo que esto significaría para mí, si fuera real…

Oh, Harry…

Draco está pegado a mi lado, y veo la punta de su varita en la manga. Ginny está justo fuera del alcance de vista de la gente, y sé que tiene su espada, aunque no la muestra, vestida de gala azul claro, representando al Auror's Guild, preciosa en su belleza lechosa. Yo salgo al balcón, y saludo, peinada por Draco, mi manto azul viejo reemplazado por el púrpura y verde lima de Primer Ministro. Le sonrío a la gente, como si fuera verdad…

… y se me hace un nudo en la garganta.

Tienen afiches con mi nombre, y me saludan, a gritos. Están celebrando. Están celebrándome…

… a mí.

No a Harry, no a Dumbledore, no a Inglaterra…

… a mí.

Se me inundan los ojos. Y justo en ese momento, siento frío, y la vara de Merlín en mi mano destella.

- ABAJO!- grita Draco, y veo, entre los fuegos artificiales, cómo se eleva la Marca Tenebrosa. Y de la nada, nos caen encima… siete, ocho, doce mortífagos, sus varitas brillantes de Avadas. Uno le pega a Stebbins: lo veo caer. Y del cielo empiezan a llover destellos verdes, que primero pienso que son restos de fuegos artificiales, y de pronto comprendo: Avadas. Sobre la gente. Al azar.

Locos homicidas!

Me enderezo, aunque Draco intenta mantenerme abajo, y levanto la vara de Merlín. Cierro los ojos, y sólo ruego porque mi poder alcance…

… un domo: un domo sobre la gente, traslúcido y blanco, que frene esos Avadas que caen del Morsmordre en el cielo. Tengo que protegerlos!

- Hermione, agáchate!-

- No!- grito, de pie en el balcón, mis manos estiradas.- Agarra a Rabastan, Draco!-

Harry y Ron se unen a la pelea: los veo bajar mortífagos. Con horror me doy cuenta que hay más de doce en el piso, y eso sólo puede significar que siguen apareciendo más. Y yo no puedo moverme, mientras sostengo el domo, sobre la gente aterrorizada que huye…

Draco combate furiosamente, su espalda contra la mía, protegiéndome como una fiera. Los mortífagos gritan cuando Harry les cae encima, y él y Draco se arrojan sobre uno que adivino debe ser Rabastan. Algo me roza, y duele, pero aguanto: pero entonces oiga a Ginny gritarme, y me vuelvo…

Un segundo demasiado tarde. Un mago con túnica de mortífago me apunta la varita al pecho, y la el domo se desvanece aunque, gracias a Dios, la mayor parte de la gente ya ha huido. Y la pelea en el balcón se detiene, en un tableau, mientras el mortífago me quita la vara de Merlín, me aferra la cintura y me pone la vara en la sien.

- Un movimiento y ella muere.- sisea. Voy a morir así? Qué espectacular, frente a los ojos de Inglaterra. El balcón está plagado de muertos y heridos: quedamos en status quo, aproximadamente menos mortífagos que los Aurores de Ginny más Draco, Harry y Ron, así como Denys, que se aferra el brazo herido. Rabastan avanza hasta mí, y se pone a mi otro costado, los dos sujetándome de los brazos.

No tengo varitas.

No tengo magia, y voy a morir, y será ante los ojos de todos lo que me observan.

Mi mirada se posa en Draco, y si entiende o no, no lo sé, pero hay una luz en sus ojos. Me has leído la mente tantas veces…

… adiós.

No me dejaré matar, al menos no me iré sola!

Y aferrando las manos de los dos mortífagos tiro de ellos hacia mí, mientras me dejo caer de espaldas al vacío.

El tiro me atraviesa, lo sé, y duele… y los oídos se me llenan de un rugido ensordecedor. Oigo a la gente gritar, oigo a Harry gritar, y lo único que me parece raro es no escuchar a Draco gritar.

Veo estallidos de magia, rápidos y brutales, como una ola en el balcón: y ruego porque los que caen no sean los míos. El suelo se acerca, y de pronto, siento como si me arrancaran los brazos y todas mis entrañas siguieran cayendo…

Veo a Rabastan y al otro mortífago – Dios, mío, era Teddy Nott- reventar contra la escalinata del Ministerio y siento alegría, porque allí donde ahora corre su sangre corrió la de Lupin y la de mis compañeros…

Y algo me baja despacio. Miro arriba, y veo a Draco que me sonríe, aunque está transpirando, una mano agarrada de su varita, de la que sale una larga, larga cuerda plateada, y me sujeta mientras nos balanceamos como el badajo de una campana.

- Loca… estúpida…- me susurra.

- Cómo supiste lo que yo…-

- Lo tenías escrito en la cara, tarada.- bufa mientras nos baja, despacio, y para mi sorpresa la gente se agolpa a recibirnos en brazos y Oh Dios, creo que mi pueblo me está viendo los calzones.- No te cocino más... pesas como una elefante...-

Lloraría, pero en vez de eso, me echo a reír. – Gracias…-

Retirar los muertos es doloroso, excepto por Rabastan y los mortífagos, los que mi gente cuelga coloridamente como piñatas de los faroles, y yo se los permito: ya están muertos, y así como mi gente necesita realmente liberar su ira, los mortífagos siempre odiaron el ridículo, y un poco más de horror ya no espanta a nadie. A Pansy se la acaban de llevar Ginny y Ron a Azkaban para interrogarla por sus implicancias, y yo me dejo caer en un sillón, observando a Denys Creevey, al que le entablillan un brazo y una pierna. yo tengo las articulaciones inflamadas, y me duele la cabeza por la magia: pero aparte de un tiro afortunado de proyectil mágico que ya me han curado, no tengo nada serio.

Draco, por su parte, se luxó el hombro, pero también está curado, y con el brazo en cabestrillo está arreando a la gente fuera de mi oficina. Sólo queda Harry y Denys, y entonces veo a Seamus, que muy campante está recogiendo sus cosas para irse.

- Seamus!- llamo, muy molesta.- Quedaste de traerme los cómputos de las votaciones!!-

Seamus me mira como si fuera a pisar una culebra.- Pero si ya te los envié!-

- No me los han entregado!-

- Te los mandé con Draco!-

- Sí, pero él…- guardo silencio. Y tengo que sentarme cuando Seamus saca un papel y me lo entrega, Draco y Harry mirándolo por encima de mi hombro.

Denys Finch Fletchey, tres mil quinientos veintiseís votos Roger Stebbins, tres mil novecientos diez votos, Pansy Parkinson, cuatro mil ochenta votos, Hermione Granger, dieciocho mil setecientos dieciseís votos.

Parpadeo.

Draco me leyó el cómputo real.

He ganado.

He ganado, soy la Primera Ministra de la Inglaterra mágica, porque me han elegido. Soy la responsable de sus vidas, porque ellos lo quieren así.

Miro a Harry, que, entre todos los que me felicitan, es el único quieto y silencioso. No, no es el único: Draco abre la puerta y se va a mi espalda, tan pronto como me ve acercarme a Harry.

- Puedes renunciar.- me dice Harry, tomando mis manos, atrayéndome a él para un abrazo.- Puedes renunciar, e irte a Hogwarths.-

Cierro los ojos, y veo claramente, al calor de su voz mágica, mis sueños, dorados y serenos, entre libros y niños, año tras año, como un río inmutable.

Abro los ojos, y afuera llueve sobre la Inglaterra que se levanta nueva de entre sus cenizas tras la guerra, aún indefinida, aún llena de variables, aún impredecible y temblorosa.

Como yo.

- Quería renunciar.- le susurro.- Cada momento que fui Ministra interina quise renunciar, quise irme, quise ser libre de esta carga.-

Denys, a mi lado, se arregla el pelo, y sé que espera que ponga sobre sus hombros flacuchentos mi manto. Y lo miro a los ojos.

- Pero ahora que puedo elegir, Harry… no lo rechazaré. Será mi carga, porque yo la elijo.-

Harry me mira, y creo que por primera vez me comprende. Sus brazos me aprietan, y lo miro a los ojos, que son verdes y suaves e inocentes como los de mi Harry niño, pero sabios, sabios como los de Dumbledore.

Lo beso.

Y lo estrecho con fuerza, su amado aroma, su tacto, mi amigo.

- Perdóname.- susurro en su oído.- Te quiero… Te veré pronto.-

- Yo también te quiero.- me susurra, y sus ojos son alegres, alegres y dulces.

Y me desligo de todos ellos a la carrera, para bajar la escalinata y salir afuera, a la lluvia, corriendo, mis manos empuñados porque no soy una niña, soy una mujer, y voy tras el hombre que amo, y la vida que deseo.

Porque ya conocí la vida al lado de Harry, porque ya la he vivido, en mis sueños. Pero con Draco no he soñado nunca: Draco es lo inesperado, lo que nunca esperé, lo que ningún poso de té o espejo mágico me hubiera mostrado. Nunca soñé ser quien soy: Nunca soñé con él a mi lado. Pero ahora sé que es lo que quiero, y es vivir, vivir de sorpresas, porque si me quedo repitiendo los pasos de mis sueños estaré ya muerta.

If I could, then I would I'll go wherever you will go

Way up high or down low I'll go wherever you will go

Algo más allá de mis sueños, algo único e irrepetible: Draco. Con quien no tengo moldes que mantener, sino que me empuja- me presiona- a romper mis propios esquemas, para ser algo que nunca me hubiera imaginado.

Soy la Ministra de la Magia Hermione Granger. Y mi guerra personal, ha terminado.

I know now, just not quite how my life and love might still go on

In your heart and your mind I'll stay with you for all of time

- DRACO!- grito, en la lluvia. No es una petición, es una orden, con toda la autoridad que puedo comandar en mi voz.

Y lo veo de pie en una esquina, como si me esperara. Se gira lentamente, bajo la lluvia, para mirarme, con esos ojos grises suyos que son tan ilegibles y remotos como una nube. Pero ahora brillan cuando me acerco a él, aunque no hace ni un movimiento: se limita a mirarme, allí de pie, manchado de sangre, su pelo empapado oscurecido por el agua, su rostro sin expresión, desafiándome a hacer el primer movimiento.

Le echo los brazos al cuello, y presiono mi cuerpo contra el suyo, buscando su boca. Está helada, húmeda por la lluvia, tan amoratada por el frío como la mía: pero al tocarnos es como si una llama se expandieran por mi cuerpo, el frío desprendiéndose de mi cuerpo como se desprende mi pesada capa de Ministra. Nos besamos, por un momento interminable, con hambre y ansiedad, hasta que sé que intenta hablar aunque yo apenas y lo dejo.

- Te amo.- susurro, y soy la primera en decirlo sin miedo.- Te amo, Draco.-

Por que a tu lado no tengo miedo de ser lo mejor y lo peor que soy…

- Te quedarás?-

- Me quedaré.- susurro.

- No Harry, ni Hogwarths?-

- No Harry, ni Hogwarths.-

- Soy todo tuyo, entonces. Tú… ya sabías… te amo, Bossy, y te quiero para mí sólo.- me responde ese malcriado, egoísta mocoso Malfoy.- Y quiero hacer el amor ahora mismo, excelencia…-

- No aquí. A casa.- jadeo.- Y no te dejaré que te vuelvas a ir, Malfoy!-

- Cuando me fui… sólo esperaba una palabra para quedarme. Te esperé todo el día para verte y saber si habías sentido lo que yo. Pero... me dejaste ir. Yo quería quedarme y hacerte el amor hasta que nos muriésemos por falta de alimento. Pero... no dijiste nada.-

Cierro los ojos. No quiero llorar, pero tras tanto llanto parece hacérseme muy fácil. Apoyo mi frente en su pecho, y lo siento respirar hondo.

Él también está llorando.

Lo empujo contra la pared y me le voy encima, besándolo y devorándolo con tanta fuerza como tengo, mientras él es suave y firme en mis brazos, algo asible, asequible y real que abrazar, que besar y tocar. Me rodea con sus brazos y espera a que se me pase la locura, hasta que puedo mirarlo a los ojos, esos ojos grises tan seguros, tan capaces.

- Llévame a la cama, Bossy.- me susurra de pronto, en algo mitad súplica, mitad jadeo.

- Hecho.-

If I could, then I would I'll go wherever you will go

Way up high or down low I'll go wherever you will go

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( Extracto de la Magical Encyclopedia Britannica)

Granger's War: Período histórico de la Gran Guerra entre la Segunda Caída de Voldemort(Ver Harry Potter) y la República Mágica III, en que la (entonces interina) ministra Hermione Granger reconstruyó Inglaterra. La hérculea tarea le valió los más altos honores nacionales e internacionales, así como el afecto del pueblo inglés, lo que se demostró en los primeros plesbicitos en que fue elegida Ministra por mayoría aplastante, siendo reelecta en los seis plesbicitos sucesivos como Primera Ministra y jefa del Wizengamot. Fue secretaria y luego vicepresidenta de la Confederación de Hechiceros Europeos durante treinta años. Dio clases de política, historia contemporánea y teoría de la Magia en Hogwarths durante todo su ministerio. Su más famoso decreto fue la Libertad de la Magia, que pacificó la Guerra contra las Artes Oscuras que llevaba gestándose cien años. Se retiró a los cincuenta y tres años, para convertirse en Ministra de Asuntos Exteriores durante la crisis en Arabia Saudita. A los sesenta años, goza de buena salud, está por completo retirada y vive con su esposo, el Head de Slytherin House Draco Malfoy, en Hogsmeade, y aún da clases y apoyo a tesistas en ciencias políticas.

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If I could turn back time I'll go wherever you will go!

If I could make you mine I'll go wherever you will go!

FIN de

THE WAR OF HERMIONE GRANGER.