Capítulo 09: El Mayor Milagro


Las pupilas se le dilataron ante tanta luz, por instinto Arnold levantó un brazo hacia el lado derecho de su cama e hizo caer la lamparita de su mesa de noche.

El cuarto se llenó de penumbras.

Arnold se sentó confundido y empapado de sudor. Un sabor agridulce le inundaba el paladar y el aire parecía más vital que nunca en esos instantes.

Se pasó una mano por la frente, para secar el sudor que emanaba su cuerpo. Intentó tranquilizarse para que los latidos de su propio corazón dejaran de hacerle daño. Sentía un extraño nudo en la garganta.

Entrecerró los ojos observando su habitación.

Por unos momentos, por unos breves momentos miró hacia la puerta cerrada deseando que por la misma traspasaran sus abuelos en sus formas espectrales.

Pero nada sucedió.

Arnold se sobó la nuca, aún sintiendo ese dolor aún no identificado en el pecho.

Intentó prender la luz de su lámpara de noche y descubrió los fragmentos regados por el piso. Se levantó entre las penumbras y abrió la ventana, dejando que la helada brisa de la madrugada ingresara con la luz plateada de la luna.

El rubio cerró los ojos dejándose envolver por el ambiente nocturno. Y casi al instante la imagen de una rubia de melena corta y ropa holgada, abrazándose a sí misma, le golpeó los pensamientos y se clavó en los mismos como una daga puntiaguda.

Arnold abrió al instante su guardarropa y obtuvo una chamarra limpia, con la misma que reemplazó a la que cargaba desde horas de la mañana.

Bajó por las escaleras que le dirigían a la salida, bajando los escalones de dos en dos, apenas tuvo tiempo de tomar las llaves del edificio, aunque no era algo que importaba. La puerta de Sunset Arms seguía tal como la dejaron los policías en la mañana. La única diferencia era que estaba arrimada para dar la apariencia de que nada había sucedido.

Arnold recorrió algunas cuadras diagonales a su departamento, pasando previamente por un parque y por un lago, encontrando a ambos completamente vacíos.

Pronto llegó a la casa de cierta rubia con la cual había discutido en la mañana. Al rubio le asombró encontrar las luces de la sala encendidas, como si toda la familia estuviese despierta.

Y no se equivocaba.

Cuando Arnold pasaba por la ventana principal, se veía por medio de las cortinas las sombras del inconfundible Bob Pataki dando vueltas de un lado a otro, como si con sus pasos sobre el piso deseara cavar un hueco. Su voz seguía siendo fuerte y firme, así intentara susurrar.

... iré a ver a ese muchacho con cabeza de balón! ¡Y le reclamaré!

Ten consideración con el pobrecito – le decía con su suave voz Olga, la mayor de sus hijas – Ha pasado por un golpe muy fuerte.

¡Eso no me importa! – se oyó el gruñido de Bob más alto que la voz de su hija – Nadie hace llorar a ninguna de mis hijas, sea cuales fueran los motivos.

Pero Helga ya nos dijo que ella está mal porque sus abuelos fallecieron – insistió Miriam notablemente exasperada – No es por Arnold, es por sus abuelos.

Igual... le preguntaré. – La voz del hombre Pataki de pronto cambió, como si se le hubiese ocurrido el formato de su nueva publicidad para los localizadores – ¡Sí, eso! Le preguntaré a él mismo. Y si su versión es de acuerdo a lo que dijo la muchacha, entonces no hago nada.

Eres un terco – replicó Miriam, entonces se oyeron los sonidos de porcelana golpeando suavemente entre sí.

Yo recojo y arreglo esto, mamá – Olga expresó con su suave voz melodiosa – Ve a dormir, ya es muy tarde.

¿Y la muchacha? ¿Aún sigue dormida? – de pronto preguntó Bob, notablemente no dándose cuenta de lo que acontecía en su entorno.

Sí, papá, aún duerme. Seguro que dormirá hasta mañana.

Arnold dejó de escuchar todo lo que decían los integrantes de la familia Pataki para girar la esquina y observar la ventana en donde estaba la integrante de esa familia que deseaba ver, que necesitaba ver en esos instantes.

Respirando profundamente subió la escalera. Al llegar a la ventana observó la cortina corrida y las luces apagadas. Arnold se concentró en escuchar pero sólo oía ruidos propios de la noche.

Por unos instantes miró el hueco que abría la ventana y le permitía entrar a la habitación de Helga. Prácticamente ya lo había hecho con anterioridad, o al menos en ese extraño suceso que aconteció y al cual no sabe identificar como sueño, pesadilla o vivencia de una realidad paralela.

Aun sabiendo que su mano de adulto no iba a abrir esa ventana sin lastimarse en el proceso, Arnold ingresó la mano por la abertura, sintiendo claramente cómo la piel se le desgarraba y los cortes se profundizaban a cada movimiento.

Cuidadosa y silenciosamente comenzó a abrir la ventana, hallando a Helga dándole la espalda, recostada en la cama, con la sábana cubriéndole la mitad de su cuerpo y el rostro hundido en la almohada.

El cabello rubio, largo y suave caía por su cuerpo y parte de la cama. Se notaban unas pequeñas ondas en las puntas.

Arnold se recostó en el borde de la cama, sintiendo que el nudo de su garganta comenzaba a ceder. Sonrió levemente sintiéndose, a pesar de todo, afortunado de poder verla, aunque fuera unos instantes, aunque ella no se enterara de su presencia.

Observó cómo se movía entre las sábanas con lentitud y cómo una de sus manos haló más la sábana para cubrirse más en ella. Parecía inquieta y su sueño demasiado ligero.

Arnold bajó la mirada comenzando a sentir dentro de sí mismo dudas sobre su relación con ella, no porque no la amara, sino el cómo no saber controlar su propio enojo descontrolado. ¿Y si volvía a suceder? ¿Y si volvía a hacerle daño?

Quizá sería mejor que dejara las cosas como están. Que hayan terminado ese sueño de dos años de una forma abrupta, como cuando se despierta a la realidad y se descubre que se estuvo en la tierra de la fantasía.

A Helga no le hacía bien estar con un tipo como él, que puede hacerle tanto daño y que manda al demonio todo el amor que siente por unos instantes de furia.

Seguro que existirá otro mejor para ella, uno que sepa tratarla con la delicadeza que ella se merece, que dedique cada instante de su vida a dejarle esa sonrisa de felicidad perfecta en su rostro por siempre.

Dio dos pasos hacia ella, con la intención de acariciarle la mejilla por última vez, pero se retractó al instante, porque con ello la despertaría y sería provocar más lágrimas en ella por su partida.

Retrocedió lentamente, conteniendo hasta las ganas de respirar, y cuando sintió el borde de la ventana detrás de él, todo su cuerpo se inmovilizó al ver a Helga volviéndose hacia él.

Una de las cosas que inconscientemente temía Arnold era enfrentarla luego de esa fatal mañana.

Bastaron un par de segundos para descubrir que los párpados de Helga estaban hinchados, rojizos y aún brillosos por las lágrimas, y a pesar de aún verla hermosa, no podía dejar de auto insultarse por haber provocado ese estado en ella.

Helga lo examinó de arriba a abajo con la mirada. Arnold abrió la boca queriendo decir algo, pero las palabras se negaban a salir de él. Le esquivó varias veces la mirada, temiendo encontrar en ella más dolor o frialdad. Arnold sabía que la indiferencia de ella era lo peor que podía sucederle.

Apenas vio una ráfaga dorada nublarle la vista y sintió que casi caía de espaldas por un peso. Helga se abrazó a él con fuerza, enterrando su rostro en el pecho del joven, tartamudeando cosas que Arnold no comprendía.

Y cuando sus brazos la rodearon, Arnold sintió que sus propios ojos se humedecían. Supo entonces que el nudo de su garganta era el signo de que su alma se estaba asfixiando.

Lo siento tanto – finalmente Arnold rompió el silencio en que ambos se habían dejado envolver.

Helga apartó su rostro del pecho de él y lo miró fijamente, su rostro tenía algunas hebras doradas cruzándole la mejilla, cabellos que Arnold quitó suavemente con su mano herida. Helga sobresaltó al ver algo rojizo en la mano de Arnold y la tomó con ambas manos, examinando en lo que dejaba la luz de la noche.

De inmediato abrió el primer cajón de su cómoda y rebuscó apresuradamente en el mismo una venda, algodón y un par de botellas plásticas transparentes que al rubio no le dio un buen presentimiento, en especial por el líquido rojizo que tenía una de ellas.

Helga lo obligó a sentarse en el borde de la cama e inundó una mota de algodón con agua oxigenada, deslizándola por las heridas de la mano, provocando que Arnold apretara los dientes para no gritar. Aunque lo peor vendría cuando Helga tomó otro poco de algodón y lo empapó de mertiolate, un líquido que así como curaba con efectividad también hacía sentir, al momento del contacto con la herida, como si la piel ardiera y ese fuego llegara al alma.

Poco después, y para alivio físico de Arnold, la mano estaba vendada. Helga le aprisionaba la venda con un pequeño imperdible dorado. Arnold, apenas sintió que su venda estaba segura, tomó la muñeca de Helga entre sus dedos y la examinó, sintiendo un extraño placer al verificar que esa zona de su piel estaba solamente con las marcas naturales y no había el mínimo signo de heridas provocadas por cualquier causa.

Helga le miraba extrañada. No comprendía del todo la actitud de Arnold. Él nunca antes fue a su habitación en plena madrugada aunque tampoco antes habían discutido de esa forma tan extraña y se habían alejado tan horriblemente desde que formalizaron su relación.

Helga se levantó y se dirigió a la puerta de su habitación, presionando el seguro de la perilla. Luego se volvió al rubio y esta vez, tumbándolo cuando se abalanzó sobre él, le besó desesperadamente los labios.

Arnold le tomó ambas mejillas y, muy a su pesar, interrumpió el beso.

Helga le miró extrañada y notablemente avergonzada de su actitud.

Básicamente no había una reconciliación oficial, pero Helga lo había asimilado tácitamente. Y es posible que ello fuera un error.

– Helga... – murmuró Arnold sosteniendo el rostro de ella aunque la rubia evitaba a toda costa mirarlo – ... yo siento que... debemos alejarnos.

Helga sintió frío, y no era a causa de la ventana abierta de su habitación.

– ¿Por qué? – gimió débilmente.

Arnold pensaba también en los motivos, y no hallaba otro culpable en la relación de ambos.

– Por mi culpa... porque yo no supe...

– Yo tampoco supe cómo actuar – Helga le interrumpió hablando aun así lo más bajo posible, por si alguien de su familia llegara a escucharlos – Debí... yo debí... sacudirte en esos instantes, o abofetearte para que reaccionaras. No quedarme parada y callada.

– No existen motivos para haberte gritado – replicó Arnold también en voz baja, pidiéndole silenciosamente que lo mirara, pero Helga no lo hacía – Por más enfadado que estuviera, por más motivos que tuviera para sentirme mal...

– Arnold... – le dijo Helga apretando los ojos, conteniendo las lágrimas – No quiero que me dejes... ¿Quieres que te lo pida? ¿Que te lo suplique?

– No lo hagas – casi le ordenó Arnold soltándola en ese instante – No lo merezco... ¡Yo no te merezco!

– ¿Y quién te crees para decidir por mí lo que merezco o no?

– Porque te amo – susurró Arnold levemente – sé que mereces alguien mejor... alguien que no te trate mal, que nunca actúe como un imbécil... que te respete y te dé toda la felicidad que mereces...

Helga no pudo evitar soltar una risita, quizá de miedo, o quizá de nervios.

– Y pensar que creía que yo era la fantasiosa del amor en esta relación – Arnold la miró, arrepintiéndose en ese instante de hacerlo al descubrir las dos gruesas lágrimas que recorrían las mejillas de Helga – Lo que me estás diciendo es que me busque a alguien que no existe.

– Claro que...

– ¡No! ¡No existe! – replicó Helga, tan analítica como era necesario serlo y aun así mostrando una voz temblorosa – No existe el hombre perfecto. Tarde o temprano ese hombre que me ofreces me hará sentir mal, me gritará un día que llegue tenso de su trabajo, me reclamará alguna falta que haya cometido... me dirá en un momento de rabia que mejor se hubiese quedado con su anterior novia, que ella le comprendía mejor.

Helga le tomó las manos al rubio, quien sintió que la piel de ella estaba helada.

– Ese hombre que me ofreces no existe, Arnold, porque todos son seres humanos imperfectos, con sus defectos y virtudes... – Helga aprisionó más entre sus manos las de Arnold –... pero ninguno de ellos me ofreció lo que tú me diste desde hace muchos años atrás, incluso antes de que comenzaras a amarme. Me diste la fuerza para seguir viviendo cada día, me diste la semilla para creer en mí misma, para sentirme valorada como persona.

Arnold cerró los ojos y recordó brevemente a una Helga carente de amor, incrédula de sentirse valiosa como persona. Las piezas comenzaban a caer en su sitio, formando automáticamente un rompecabezas.

– Me enseñaste a aceptar a las personas que no puedo cambiar, me enseñaste a cambiar mis defectos y transformarlos en virtudes. No quiero que otro se lleve lo que tú has estado trabajando desde hace mucho tiempo.

– ¿A pesar de que yo también deba trabajar en mis defectos? – indagó Arnold con voz roncosa – ¿A pesar de que puedo volver a hacerte daño?

– El día en que me aparte de tu vida será cuando descubra que has dejado de amarme – respondió Helga – Sólo entonces me apartaré de tu lado, porque prefiero que vuelvas a reencontrar el amor en otra mujer a que sigas sufriendo por mi culpa.

Todo encajaba perfectamente ahora. No había más vueltas al asunto. Lo que sucedió en la mañana sólo fue una prueba más de cuánto resistía la relación que llevaban, una de la tantas que deberán afrontar para fortalecer el amor que sienten.

– No lo encontraré, porque el milagro se da una vez en la vida – aseguró Arnold posando su frente en la de ella – y el milagro de mi vida eres tú.

Y de un sólo movimiento acortó la distancia entre sus labios, acción que fue cortada cuando Helga se volvió hacia otro lado, dejando al rubio con una extraña sensación.

Al instante ella le mira, con esa sonrisa de traviesa, la misma que solía tener cuando de niña alguna de sus artimañas secretas para proteger a su amado resultaba un éxito total.

– Sólo para que sepas cómo se siente y nunca más en la vida se te ocurra volver a rechazar un beso mío.

– Lo tendré en cuenta – murmuró, sonriendo levemente acercándose a sus labios y volviéndose a adueñar de ellos.


EPÍLOGO ~ 8 AÑOS DESPUÉS

¡Debes ser firme! – le reprochó el hombre con algunas entradas sobre su frente y unas canas asomándose en su melena castaña.

– «Eztá» bien – dijo la voz de un muchacho de aproximadamente 5 años mientras sostenía con firmeza un pequeño aparato negro.

El infante se acercó con paso decidido hacia una distinguida mujer que se hallaba sentada en una banca del parque, concentrada plenamente en la lectura de su fino libro.

– «Zeñorita» – dijo el niño al cual la mujer apenas miró por encima del libro – Le traigo a «conozer» al último modelo de «minicompagto» digital: envía, «rezibe menzajez» por correo «elegtrónico»

La dama no le prestaba mucha atención, volvió sin pensarlo mucho, a concentrarse en su libro.

El muchachito frunció el entrecejo y se cruzó de brazos. Brevemente miró hacia sus espaldas en donde su abuelo seguía pendiente de cada uno de sus movimientos, y a metros más allá estaba su madre con una mano hecha puño llevada al pecho y con la otra sosteniendo la mano a su padre, quien le observaba notablemente curioso.

El niño se aclaró la garganta antes de seguir hablando – Y «máz» que nada le quedaría «ezpegtacular zu prezioza» foto como fondo en pantalla.

Esto fue lo necesario para que la mujer arqueara una ceja en completo interés y cerrara su libro.

– ¿Y en dónde puedo conseguir un beeper digital? – indagó la mujer con una sonrisa que deseaba ocultar.

– En «laz tiendaz» de «localizadorez» Pataki – replicó con orgullo entregándole el artefacto que su abuelo, Bob Pataki, le había dado con anterioridad (luego de estarle repitiendo por más de dos horas lo que debía decir) para que la potencial cliente lo analizara.

– ¡Ese es mi muchacho! – observó Bob mirando orgulloso al niño corriendo hacia él – ¡Ven aquí, Alfred! ¡Hoy tendrás todo el helado que quieras!

Helga puso los ojos en blanco, mientras Arnold la envolvía en un abrazo.

– Si Phil no come la merienda le armaré tal problema a Bob que le hará recordar esa vez en que se negó a comprarme un pony – objetó Helga cruzándose de brazos – Además ni que se haga ilusiones, que nuestro hijo no está para vender localizadores.

Arnold atinó a obligarla a que recueste la cabeza en su pecho, para acariciarle los cabellos largos que caían en su hombro.

– Y además su primer nombre es Phil, no me gusta que le llame Alfred... No sé por qué accediste a ese tonto capricho de mi padre.

– Porque al menos así lo llamaría por su nombre ¿No crees?

– Mi padre siempre tuvo un horrible gusto para los segundos nombres – bufó Helga.

– Lo sé, mi querida Ge...

– Ni se te ocurra mencionarlo, Arnold, si es que no quieres dormir en el sofá por todo un mes.

– Me extrañarías a los 5 segundos – afirmó Arnold sonriendo ampliamente, logrando que Helga murmurara un apenas perceptible 'Tienes razón'

– Deja a tu padre ser feliz con el niño que siempre quiso tener en familia – dijo Arnold besando su frente – Deberías estar orgullosa de que eres la primera de sus hijas que le entrega un varón.

Helga sonrió levemente. Por más que Bob abrazara y llenara de regalos a las trillizas de Olga (Helen, Helga y Miriam) Phil era motivo de orgullo para el hombre Pataki, a pesar del mentón sobresalido, el mismo que le daba verdaderamente un gran parecido a su abuelo Miles, en especial por la forma en que el cabello (también rubio, por supuesto) le caía de manera casi automática de la misma manera que al padre de Arnold.

– Sí, bueno... casi me doy por satisfecha – dijo Helga haciendo que los brazos de su esposo bajaran hasta el vientre.

– ¿Por qué casi? – indagó Arnold extrañado – ¿Qué es lo que te falta para sentirte plenamente satisfecha?

Helga sonrió suavemente.

– Pues... estaré satisfecha cuando termines de remodelar la habitación 5 de Sunset Arms para nuestro nuevo huésped.

Arnold estuvo a punto de decirle que ni siquiera había comenzado a remodelarla (para que ella le esté insinuando el que él ya acabe) cuando se percató en dónde tenía los brazos, y la sonrisa de 'me has descubierto' que tenía su esposa en esos instantes.

– ¿Cuánto tiempo? – indagó Arnold con la voz roncosa.

– Siete semanas – dijo Helga mordiéndose el labio inferior, para contener las ganas de gritar.

Arnold hizo más firme el abrazo en su esposa, poniendo también todo el cuidado de no presionarla más de lo debido.

Existen varios milagros que llegan a nuestras vidas, muchos de ellos no sabemos apreciarlos, otros apenas nos percatamos que existen. Yo aprendí a descubrir lo que es un milagro una madrugada fría hace 8 años, y he identificado los restantes. El milagro del nacimiento de mi hijo, el de mi siguiente bebé que aún no sé su sexo, pero desde ya siento amarle con intensidad. El milagro de conservar mis amistades, de ver cómo ellos también se expanden en este mundo. El milagro de descubrir en la mañana que poseo otro día más de vida para hacer que la existencia de quienes me rodean sea sólo un momento magnífico en medio del eterno tiempo. El milagro de seguir adelante a pesar de todo, a pesar de que la muerte nos visita y se lleva a un ser amado.

Pero el milagro más importante de mi existencia es el mantener el amor de mi esposa y de avivar el que siento por ella a pesar de los problemas e inconvenientes.

El mayor milagro es el amor.

F I N


Notas finales de Hikari: Agradezco enormemente a todos los lectores que dedicaron un momento de su valiosa existencia para este escrito, a todos los que me dejaron mensajes aquí, a los que inundaron mi correo electrónico (y no me molesta, por el contrario, me dan una sensación de alegría indescriptible) a quienes no dejaron mensajes pero les llegó esta historia, a quienes se sintieron identificados en fragmentos, a quienes les haya gustado un detalle en especial.

Lamento, y me disculpo de corazón, por la enorme demora en el capítulo final. Cuestiones familiares, laborales y estudiantiles (que los aburriría enormemente si se los cuento) me impidieron colgar antes este archivo.

serenity–princess: Espero que este capítulo final haya sido de tu agrado ;) soy miel y azúcar, siempre lo he dicho, pero vaya que me encanta hacerlos sufrir.

Fab–sanz:::Hikari roja hasta la médula:: Muchas gracias por tu tiempo en leerlo.

Sarahi: No he leído tu fict, lo siento (Hikari anota mentalmente: Leer ficts de Hey, Arnold) pero apuesto a que está espectacular. Y bueno, sabía que tenía que explicar el detalle de Helga ayudando a la abuela de Arnold. Tenía planeado una explicación de parte de Helga sobre este asunto, pero me pareció que si ella explicaba todo entonces me iba a quedar algo incoherente, porque Helga, la de esa visión que tuvo Arnold, es una persona incapaz de explicar el porqué de sus acciones. Ahora sí lo aclaro: Esa ayuda que Helga proporcionó a Pookie, es debido a un ataque de rebeldía que le dio a la rubia en ese entonces. Su padre iba a formar un imperio monetario (nadie sabía de la estafa) y Helga se enteró de que una anciana buscaba defender su vecindario a como dé lugar. Helga se enteró de la existencia de un documento y guio a la anciana hacia el mismo, pero fue por eso: simple rebeldía. Hikari piensa unos instantes ¿Está creíble esta percepción? Si no, dame tiempo a ver qué me invento. Cuídate mucho y gracias por haber seguido a esta historia.

Arlet: Sí, ya quisiera yo dejar botado todo en mi vida con tal de sentarme a escribir y escribir más historias, pero bueno... Sobre el fict, pues sep, malvado de mi parte, pero Arnold actuó demasiado tarde, Helga ya eligió su camino (erróneo, pero fue su decisión) y sobre lo que comprendió Arnold, pues fíjate que Phil hizo bien su trabajo XD Y la escena final la tenía en la mente desde que comencé a digitar las primeras partes del fict.

Nancy–Hiwatari17: Aw, ¡Muchas gracias por tus bellas palabras! Y sé qué es perder un review (Y yo que poco los dejo XD) sep, Helga estaba esperando la consecuencia de su decisión, aunque insisto en ello: fue errónea su elección. Y no, no hay qué preocuparse, Helga no se iba a encontrar con su contraparte tan deprimente... aunque sería una idea interesante para un fict, sin embargo yo agarraría a golpes a un Arnold que nunca tuvo un gesto amable con una necesitada Helga, es que esa es la esencia de la historia (en mi criterio quizá erróneo) Helga sin Arnold simplemente no es nadie, y Arnold necesita a Helga aunque él no se haya dado cuenta. Se complementan tan bellamente que me dan ganas de casarlos por siempre y para siempre en cada fict.

Number6: ¡Al fin! ¡Finalizada esta historia! Y sí, la práctica hace al maestro, y como aún no soy maestra sigo practicando XD eso sí, mis primeros escritos son feos, horribles, y por no decir incoherentes. No les borro porque me hacen sentir que he desarrollado mi capacidad de escribir historias, meterlos a ese mundo que yo imagino en mi mente, hacerles sentir la emoción de cada personaje e incluso abrir la mente a nuevas perspectivas, las que yo pienso. Y sobre Harry Potter, si Jo Rowling quiere hacer Ron/Hermione pues no me interesa. La respeto como escritora pero yo siempre creeré en Harry/Hermione como complementos del amor, así como creo en Danny/Sam, Arnold/Helga, Phoebe/Gerald. ¡Gracias por seguir esta historia!

Bkpet's: ¡Hola! Gracias por lo de mente extraordinaria (Ojalá que mi familia pensara así para que me dejaran más tiempo para escribir ficts XD) Y te digo, lo de morir junto al ser amado debe ser simplemente espectacular. No sé, idea mía. Y el título del fict, espero haberte aclarado la duda (¡Soy una melosa romántica!) aunque voy a comenzar a cambiar mi forma de nombrar ficts para que sean más interesantes –guiño–

Natty: ¡Aw! ¡Yo soy la principal compradora de pañuelos! ¡Pero para secarme el sudor del rostro enrojecido que lo tengo! ¡Muchas gracias, de corazón, por tus bellas palabras! Y me tientas mucho con eso de dejar mi vida real. Si manejara bien el inglés me iba a EEUU para proponerme como libretista en Nickelodeon XD

Quiclla ampi: J¡e! Sé que es eso de estar guardando ficts para leerlos con calma. Yo lo hago todo el tiempo, y a veces tengo bajado los capítulos y no puedo leerlos ;_; Y Dios mediante, este es el último capítulo pero ya acecharé aquí en este fandom. Cuídate, Angie.

Andrea Sumeragi: Ahora dime que ves Danny Phantom y que te encanta la pareja Danny/Sam y creeré que: o eres mi alma gemela shipperiana, o eres una gemela perdida de la cual me separaron al nacer o se están distorsionando las realidades y tú eres mi yo paralelo o ya no sé qué más! Pero que da gusto hallar a alguien que tenga tus mismos gustos en prácticamente todo es algo no sólo reconfortada, sino que es una sensación rica y que llena de felicidad. He conocido a muchos en Internet y de todos unos comparten una parte de mis gustos, pero nadie como tú, ¡Sin duda alguna! ¡Y si así es la contaminación, pues bienvenida sea siempre y para siempre!

Darkauranight: Gracias por tu mensaje y tendré en cuenta tu petición ;)

Para mi siguiente proyecto les dejo el mini–resumen

Arnold decide ir por la ruta del mapa que encontró en el diario de sus padres y encontrarlos a como dé lugar.

No sé si exista ya un fict aquí en este fandom. Si lo hay, pues mis disculpas, pero la idea la tengo desde hace mucho tiempo y la tengo plenamente desarrollada mentalmente Incluso el final! (:::Hikari brinca de felicidad:::) y no creo que mi fict se parezca al que tengan aquí (en el caso de que exista) porque tengo unos detalles que...::Hikari decide que mejor se queda callada:::

¡Ah! ¡Sí! Los comentarios de este capítulo final los responderé en el próximo fict (Así los hago leer mi otra historia XD), y también, lo que tengan que decir sobre los que encuentren en la búsqueda me lo dicen por review.

Cuídense mucho, y como dirían los mexicanos, ¡Los quiero un chorro!