Disclaimer: Yo no poseo los derechos de Hey Arnold, estos pertenecen a Nick y a Craig Bartlett, esta historia es sin fines de lucro.

Nota del autor: Esta historia sucede justo al final de la serie, pero para entenderla plenamente, deben haberse visto los capítulos: "Helga en el psicoanalista", "Especial de Hallowen", "Hey Arnold la película", "Sid el cazavampiros", "El Jornal" y "Día de los Inocentes"

I: Invasores de otros mundos.

Los hijos empiezan amando a sus padres. Cuando crecen, los juzgan. Y algunas veces, los perdonan. – Oscar Wilde.

Las horas pasaban lentas para los niños de cuarto grado del salón del maestro Simmons, porque era viernes y el fin de semana comenzaría oficialmente justo al sonar el timbre. Simmons explicaba a unos chicos desinteresados en que consistía el proyecto de Geografía para la siguiente semana, el cual sería repartido por equipos de dos y de tres personas.

De todo el salón, solo Phoebe prestaba atención a las palabras del maestro Simmons. Brainy pensaba en Helga, Helga pensaba en Arnold, y Arnold pensaba en sus padres. Curly pensaba en Rhonda y en planes para dominar el mundo. Rhonda pensaba en Harold y en lo apuesto que se vería si adelgazara unos kilos y se vistiera mejor. Harold pensaba en Patty Smith, en comida y en lo mismo que todos los demás niños: que el reloj no avanzaba lo suficientemente rápido.

En tal ambiente de calma, ninguno de los niños hubiera podido concebir siquiera que el torpe vicio de la superstición mostraría su feo rostro en la siguiente semana, ni que fuerzas oscuras y fuera de su comprensión operarían cambios en ellos, ni que las criaturas de la noche se alzarían de su letargo para reclamar su lugar a la luz del día, llevando el terror y el sufrimiento a los corazones de varios de ellos.

Helga tomó su cuaderno rosa y se puso a escribir en él.

"Oh Arnold, amado mío, ¿Qué harás ahora que ya sabes mi secreto? ¿Me dejarás languidecer en la duda mientras mi corazón se desangra lentamente…"

El ruido del timbre indicó el fin de la clase e interrumpió la escritura de Helga. Todos los niños se dirigieron rápidamente hacia la puerta, mientras Simmons se despedía de ellos. Helga cerró su libro rosa y también hizo lo mismo.

- ¿Oye Pheebs, hacemos juntas el proyecto de Geografía?

- Claro Helga, cuento en mi casa con una gran cantidad de material bibliográfico para esta asignatura en especial.

- Bien, ¿Qué te parece si voy a tu casa ahora, me prestas el libro y lo leo para mañana?

- Aceptando, nos reuniremos el sábado para terminar el proyecto encomendado.

- Bueno Pheebs, detén el autobús mientras termino…unas cosas pendientes.

- Deteniendo…

Phoebe sale del salón mientras Helga recoge sus libros, el de geografía (donde tiene su mini altar de Arnold) y su libro rosa. Se dirige rápidamente a la puerta, solo para tropezar con…

- ¡Arnold! … es decir, fíjate por donde caminas, estúpido camarón con pelos.

- Oh si, lo siento Helga, te ayudo con tus li…

- ¡No te emociones Arnoldo!, yo puedo con ellos.

- Lo que tú digas Helga – dice Arnold con una sonrisa.

Helga no le contesta nada y se dirige muy rápido hacia la parada del autobús, mientras Arnold parte en la dirección contraria. Ninguno de los dos nota que el libro de geografía de Helga se ha quedado tirado en el suelo.

Alguien llega y ve el libro, lo toma del suelo y va hacia Arnold.

- Arnold, Arnold, ¿no es tuyo este libro?

- No, no lo es, yo tengo el mío.

- Entonces debe ser de Helga, voy a ver si la alcanzo.

El niño corre a la parada del autobús y ve a Brainy, quien se levanta todo golpeado.

- ¿Brainy, no has visto a Helga?

- Si – jadeo

- ¿Ya se fue en el autobús?

- Si – jadeo

- Bueno, no importa, voy a pasar por su casa mas tarde, a propósito, ¿Qué te paso?

- Algo – jadeo.

Dos horas después, Helga llegaba a su casa con el libro que le había prestado Phoebe para hacer el trabajo. Abrió la puerta y se encontró con Big Bob viendo en la televisión su último comercial de localizadores.

- Ya llegue. – dice a nadie en particular

- ¿Dónde estabas Olga? – pregunta Big Bob.

- Soy Helga Bob – dice Helga con voz cansada – fui a casa de Phoebe. Me prestó un libro para un trabajo de la escuela.- responde Helga con un tono más agresivo mientras entra a la cocina, donde Miriam esta durmiendo dejando un rastro de saliva en la mesa.

- Ah bueno, vino tu amiguito a verte.

- ¿Amiguito?, ¿Qué amiguito? – dice Helga sorprendida, porque aparte de Phoebe, nadie la visita.

- Mmmm, uno de tus amiguitos – Dice Bob distraídamente.

- ¿Y este amiguito no tenía nombre? – Dice Helga poniéndose justo entre el televisor y Bob.

- Eh, no le pregunté. Es uno de los chicos con los que juegas. – dice Bob, moviéndose en el sillón tratando de ver su comercial – el que se viste siempre con la misma ropa.

- Bob, por si no lo has notado, todos nos vestimos siempre igual. – dijo Helga dándose por vencida y dejando a Bob en paz frente a la tele.

- El tipo que siempre usa la misma gorra – dijo Bob aún con la mirada en su comercial.

- ¿Gorra? – dice Helga con los ojos encendidos de esperanza.

- Si, ese, dijo que iba a venir más tarde para verte… Big Bob se digna voltearse para ver a Helga, pero ya no hay nadie detrás de él. Sin más distracciones, le cambia a "La Rueda".

Mientras tanto, Helga ha recorrido todo el trayecto a la casa de Huéspedes Sunset Arms en la mitad del tiempo que se hace caminando. Antes de llegar ahí, se mira en el escaparate de Green's Meat y se arregla lo mejor posible, después camina hacia la puerta de la casa de Huéspedes y toca.

"Oh Arnold mi amor, ¿para que habrás ido a mi casa? ¿Será que al fin te has dado cuenta de tu pasión por mí?"

Abre la puerta el abuelo y a Helga la asustan la cantidad de mascotas que salen a la calle.

- Ah, pero si eres tú, ¿Buscas a Arnold?

"No, busco a Santa Claus, ciruela pasa"

- Si señor, ¿se encuentra en casa? – dice Helga con su voz más dulce.

- Claro, claro, por favor pasa, él esta en su cuarto…

Helga pasa rápidamente a un sonriente Phil y sube las escaleras hasta llegar al ático. Se detiene un momento para respirar tranquilamente y calmarse. Una vez que lo hace, toca la puerta.

"Oh Arnold, Dios del amor, ¿será que esta es al fin, la hora en que me declararás tus sentimientos? Oh, al fin la verdad será revelada y terminará esta indigna comedia y podré demostrarte todo el amor y la dulzura que te mereces, amado mío".

- ¿Helga? – exclama Arnold sorprendido al abrir la puerta.

- Claro zopenco, ¿quién más? ¿Qué quieres?

- ¿Quién yo? – dijo Arnold confundido

- Arnold, ¿es Helga? - se oye la voz de Gerald adentro del cuarto.

- Si tú, bobo, ¿no me fuiste a buscar a mi casa hace rato? – pregunta Helga, escondiendo la desilusión detrás de su tono agresivo.

- No, yo no fui. Espera, creo que Sid te estaba buscando. – responde Arnold

- Ah bueno, ¿Qué esta haciendo Gerald aquí? – pregunta Helga, quien sigue pretendiendo estar enojada frente a él.

- Estamos haciendo el trabajo escolar.

- ¿Y no sabes para qué me buscaba Sid?

- Creo que para devolverte un libro de geografía.

- ¿QUÉ? – Preguntó Helga muy asustada - ¿Mi libro?

- Si, creo que cuando chocamos al salir de clases no lo recogiste y…

- Bueno Arnoldo, ya me voy. – dijo Helga sin prestarle atención.

- Oye hermano, ¿Te dejó con la palabra en la boca? Esa Helga Pataki no tiene educación.

- No creo que sea eso Gerald – dijo Arnold – realmente parecía tener prisa.

Helga bajo los peldaños de las escaleras de dos en dos, se lanzó hacia la puerta, abrió, evitó ser derribada por todas las mascotas que entraron y de nuevo recorrió la distancia entre la casa de huéspedes en la mitad del tiempo, llevada ahora por otra de sus emociones primarias: el miedo.

"¡Criminal! No puedo creer que yo sea tan descuidada, mi libro rosa, mi relicario y ahora mi mini altar de Arnold en el libro de Geografía, ¿en que estoy pensando? Ay, en lo que siempre pienso, en el cabeza de balón, ¿Cómo demonios me iba a acordar que los tontos de Sid y de Harold también usan gorras todo el tiempo? Mi mente solo piensa en Arnold"

Helga llegó a su casa y esta vez no se detuvo a tomar aire, de inmediato toco a su puerta esperando quitarle a Sid el libro antes de que pudiera ver su contenido.

Big Bob tardó un poco en abrir, lo que le dio tiempo a Helga para reponerse.

- ¡Cielos niña! ¿Dónde te habías metido? Creí que habías subido a tu cuarto y Sidney te esta esperando…

- Oh cielos papá si tu al menos le hubieras preguntado su nombre a… ¿Sidney? – preguntó Helga, levantando su uniceja en un gesto sorprendido.

- Bueno no importa, pasa Sidney te esta esperando en la sala de trofeos.

Bob cierra la puerta cuando Helga pasa y se dirige a la sala de trofeos de Olga. Helga esta muy sorprendida. Bob jamás se ha aprendido el nombre de ningún amigo suyo. Phoebe es "tu amiga de lentes" y Arnold es "Alfred, o Albert, o el huérfano". Bueno, Bob incluso tiene problemas con el nombre de Helga. Pero ahora resulta que si se sabe el nombre de uno de sus amigos.

- Oye Sydney, ya llego Helga. – dice Bob.

Hola Helga, he venido a entregarte tu libro de geografía, creo que se te cayo en la escuela. – dijo Sydney tomando un libro de una pila que hay en la mesa.

- Eh, gracias Sid. – dice Helga tomando el libro y viendo a Bob.

En ese momento Helga noto que era lo que estaba mal. Bob seguía ahí. La rueda de la fortuna se oía en el televisor de la habitación contigua, y Bob no estaba frente al televisor. Bob jamás se quedó con Helga cuando la visitaba Phoebe, pero ahora no solo no abandonó la habitación, sino que parecía interesado en estar ahí.

- Bueno Sid, pues muchas gracias. – dijo Helga de una forma muy extraña, como una actriz en una obra de teatro a la que se le han olvidado las líneas por diez segundos.

De nada Helga.

Luego Sid se volteó hacia Gran Bob y preguntó

- ¿Entonces me estaba usted platicando Señor Pataki?

- Ah si – respondió Bob – bueno, entonces las luces se apagaron, y yo me quedé solo en medio del estacionamiento en Dakota del Sur. ¿Tú que opinas?

- Definitivamente fue un encuentro extraterrestre del segundo tipo Señor Pataki.

- ¿De verdad lo crees? ¿Cómo diferencian los tipos?

- Eh, disculpen, ¿de que hablan? – preguntó Helga con una sonrisa fingida.

- Tu papá me esta contando del encuentro extraterrestre que tuvo – dijo Sid con verdadero interés.

El encuentro extraterrestre de su papa era una historia que Helga conocía tan bien, que era capaz de mover los labios igual que Bob cada vez que la contaba, siempre igual. Para resumir, a Bob le pasó algo que jamás entendió y le gustó llamarlo un encuentro extraterrestre.

- ¿Qué, en serio? – dijo Helga, con su tono sarcástico de siempre

- Si, le explicaba a tu papá que su experiencia concuerda con varios casos reportados.

- Bueno, pues que bien. – dijo Helga, sin saber que decir realmente.

- Como te decia Sydney, después de eso, me encontré muy desorientado. No sabia que hacer…

Lo que siguió fue una completa descripción del incidente de Bob en Dakota del Norte, el cual Helga ya conocía en su totalidad. El incidente fue discutido una y otra vez por Bob y Sid, al grado de que Helga subió a su habitación sin pedir permiso a nadie. De hecho, nadie la extrañó.

Helga estaba acostada en su cama, escuchando las voces de su padre y de Sid que llegaban hasta ella. Incluso podía escuchar la risa de Sid y de Bob. Al principio quiso aparentar indiferencia. Empezó a leer varias revistas y trató de pensar en Arnold, pero no pudo hacerlo. De pronto notó que las voces callaron inesperadamente. Se acerco a la puerta con la esperanza de que Sid hubiera salido.

Helga apoyó la oreja contra su puerta para escuchar mejor. Escucho unos pasos que subían la escalera, que llegaban a su cuarto. Luego recibió un ligero golpe: Era Bob quien tocaba a la puerta.

- Niña, ¿Estas ahí?

- Si, ¿Qué quieres Bob? – respondió Helga de muy mal humor abriendo la puerta.

- Helga, ¿podrías prestarnos tu computadora un momento? Me gustaría mostrarle a tu papa un sitio en Internet.

"Criminal, ¡que ganas de perder el tiempo!"

- Claro, aquí esta.

- Gracias, - Sid borró de la computadora el login Helgoth y lo cambio al suyo, Atraparranas, - como le decía Señor Pataki, este chico llamado Dib tiene un sitio donde ha registrado varios casos extraterrestres. El y yo formamos parte de una organización secreta llamada "los ojos hinchados"…

Helga bajó las escaleras y no pudo escuchar más de la interesantísima conversación de Sid. De hecho, no sabía por que razón estaba muy aburrida. Y algo molesta, la verdad. Se enfiló a la cocina para ver a su madre, quien preparaba la cena en el microondas.

- Hola Helga – dijo Miriam con voz soñolienta.

- ¿Qué hay mamá? – respondió Helga.

Bob y Sid siguieron hablando arriba. Helga vio a su madre preparar la cena en silencio. Una media hora después, entraban Sid y Bob a la cocina, muy sonrientes.

- Me despido Helga, mi mamá ya debe estar preocupada.

Ah que bien Sid, nos veremos en la escuela – dijo Helga, aliviada al fin de que Sid se iba.

- Oye, ¿porque no te quedas a cenar? – dijo Bob.

Esto si fue una sorpresa tanto para Helga como para Miriam. Regularmente Bob no era la persona más hospitalaria. De hecho, solo invitaban a gente cuando Olga estaba presente.

Sid llamó por teléfono a su casa para avisar y se quedó a cenar con ellos. Aunque fue una de esas cenas que se descongelaban en el microondas, Sid parecía disfrutarla mucho, al igual que Bob. De hecho, ambos platicaron durante toda la cena, sobre el incidente de Dakota del Norte, el cual tanto Helga como Miriam podrían recitar de memoria y que hacía varios años dejó de despertar en ellas el más mínimo interés. Mientras Helga y Miriam tenían la expresión de quien desea que se lo trague la tierra, Bob y Sid terminaron de cenar muy animados.

- Les agradezco mucho su invitación.

- No hay problema Sid, cualquier amigo de mi hija es bien recibido aquí.

Helga enarcó su uniceja ante este comentario. Era la primera vez en su vida que oía a Bob expresarse así.

- Bueno, nos veremos en la escuela Helga – se despidió Sid.

- Hasta luego Sid – respondió Helga con una sonrisa congelada en su rostro.

Sid salió de la casa Pataki y se encaminó rápidamente a la suya propia. Helga lo observó caminar rápidamente hasta la esquina de su calle. De pronto Helga sintió algo familiar: ira, enojo, contra Sid. Aunque no podía, o tal vez no quería, precisar porque.

En ese momento, Helga sintió que debía hacer algo. Aún cuando no sabía que. De pronto vio uno de los libros en la mesa de la sala de trofeos. No era suyo, lo cual significaba que solo podía ser de Sid…

- Papá, Sid olvidó su libro, tal vez pueda alcanzarlo y dárselo.

- Bien Helga, pero apurate porque ya esta oscureciendo.

Helga salió corriendo tras Sid con los últimos rayos del sol. Era ya prácticamente de noche cerrada cuando lo alcanzó en medio del parque Tina, el cual Sid había tomado como un atajo a su casa. Helga llamó a Sid a gritos, hasta que este volteó y la espero en el sendero que atravesaba el parque.

- Sid, quiero preguntarte algo – dijo Helga duramente

- Dime Helga – pregunto Sid con una sonrisa inocente.

- ¿No abriste en mi libro de geografía?

- No, ¿metiste unos papeles y se te perdieron o algo?

- No, no te preocupes – respondió Helga aliviada. Luego endureció su expresión. - No quiero verte de nuevo cerca de mi casa.

- Eh, ¿pero porque? ¿Hice algo malo? – dijo Sid.

La pregunta era justa, y el hecho de que Helga no tuviera ninguna respuesta para esa pregunta la hizo sentirse aún más enojada.

"No, no lo hiciste. Solo te atreviste a llevarte bien con mi papa, fenómeno narigón, ese fue tu primer error."

- No existe un porque zopenco. Lo único que debes saber es que no quiero que vayas ahí. Y si lo haces, - le mostró el puño – responderás a la Vieja Betsy.

Helga tenía una mirada tan amenazadora que Sid retrocedió, saliéndose del sendero. Quiso el destino que justo ahí estuviera un animal descansando, al cual Sid pisó. El animal, como es lógico, volteó y mordió a Sid en la pierna. La tranquilidad del parque se interrumpió con un grito atronador, que espantó tanto a Helga como al pobre animal, que huyo asustado.

- Sid, ¿que te paso? – preguntó Helga espantada.

Sid no respondió inmediatamente, solo miro a su pierna, después a Helga, y luego hizo un gesto raro con sus labios y sus ojos se llenaron de lágrimas.

- Un animal me mordió, ¡ayyyyyy! – dijo Sid con un quejido aún más patético que los que acostumbraba, y salió disparado con rumbo a su casa, sin dejar de llorar.

Helga se le quedó mirando, y no pudo menos de pensar "que perdedor tan grande". Después volteó al sendero, donde el animal avanzaba hacia unos arbustos en dirección a la casa de Helga. Helga decidió seguirlo para averiguar que había mordido a Sid.

Sid corrió sin dejar de gemir ni un solo instante, llegó a su casa, les contó a sus padres lo sucedido con gran lujo de detalles, la mayoría de ellos imaginarios, influenciados por el programa "Cuando los animales atacan". Sid lloro y gimoteó tanto, que lo llevaron al Centro Médico de Hillwood. Pero cuando el doctor Steiglitz le preguntó, no pudo identificar al animal que lo mordió.

Sid jamás lo supo, pero ese fue su segundo error. Y lo pagaría caro en los siguientes días.

Bueno, este es mi primer fic, espero que les haya gustado. Planeó un poco de romance Helga – Arnold, aunque la relación principal sera Helga – Big Bob. Quisiera agradecer a Craig Bartlett, a Ipdar, Kagomeshashi, Sarahi hg, Ruripaki, CrazyArnold, Dark, Hookuy, Megawacky Max, Mr. Orange, Tronkan y toda la gente que Hey Arnold! me ha permitido conocer. Chicos, si cualquiera de ustedes lee esto, en cualquier lugar donde estén, quiero decirles: ¡Gracias! y ¡No se olviden dejar un review!