A ver, varias cosas:

Los personajes no me pertenecen. Pertenecen a JK Rowling. Tema zanjado.

Advertencia: Este ff puede llegar a convertirse en una lectura no muy conveniente para lectores menores de edad (sobre todo por temas de lenguaje). Si llegamos a ese punto, avisaré.

Esta trama está ambientada en el quinto libro de la saga.

Este fic sólo pretende haceros pasar un buen rato. Predomina el humor, aunque también habrá ciertas pinceladas de romance. Es muy posible que los personajes, llegados a cierto punto, pierdan ciertas características de su personalidad (aunque esto todavía no lo tengo muy definido, pero podría llegar a ocurrir).

¡Gracias por leer!

Empezamos…

Por Booh-

Who ever loved that loved not at first sight? -Christopher Marlowe


Capítulo 1

-Reglas y Jugadores-

-¡¡RONALD WEASLEY!! ¿Qué diablos significa esto? -Hermione Granger, sofocada, congestionada, estaba agitando un pergamino en el aire. Apresurando el paso, se acercó hasta donde estaban sus dos amigos sentados en la sala común.

-Oh, oh… Creo que lo ha descubierto -le susurró Ron a Harry, mientras cambiaba repentinamente su gesto para poner carita de inocente.

-¿Puedes explicarme qué es todo esto? -el resto de los estudiantes que estaban en la sala común de Gryffindor se había girado, curiosos, para contemplar la escena que se estaba montando.

-Vamos, Hermione, baja la voz -le apremió Ron, que estaba empezando a ponerse nervioso.

-¿Qué es esto, Ron? -repitió Hermione, agitando de nuevo el trozo de pergamino.

-Tranquila, no es para tanto. Es sólo un juego…-defendió Harry a su amigo.

-¿Así que tú también estás involucrado? -prosiguió la morena, cada vez más sulfurada. –Harry, no esperaba esto de ti…

Harry, de repente, empezó a sentirse culpable. Se quedó callado y bajó los ojos para mirar al suelo. Entonces fue Ron el que salió al rescate de su amigo.

-¡No ha sido idea nuestra! Nosotros sólo…-el pelirrojo cortó su discurso, consciente de que nada de lo que fuera a decir iba a ser suficiente para una Hermione Granger en su labor de prefecta.

-¿Por qué ninguno de los dos me comentó esto antes? -preguntó la muchacha.

-¿Estáis hablando del juego? -Ginny, que había estado observándolos desde lo alto de las escaleras, ahora se había acercado para hablar con los tres amigos. La pequeña de los Weasley tomó asiento en otro de los sillones y había formulado la pregunta con una tranquilidad impasible.

-¿Es qué tú también lo sabías? -se desquició Hermione, a punto de derrumbarse.

-¡Sí, claro! Fred y George me invitaron el otro día -dijo inocentemente Ginny, ajena a la situación tan extraña que se estaba formando.

-Escucha, Hermione -intervino de nuevo Harry, -no te lo dijimos porque… porque…-vaciló.

-…porque si te enterabas lo ibas a echar todo a perder, como siempre -acabó la frase Ron, sin ningún tipo de delicadeza con su amiga.

-¡No estoy enfadada porque quiera prohibirlo! -gritó Hermione, captando de nuevo la atención de todos los Gryffindor de la sala. Sus amigos se quedaron helados ante aquella afirmación de la morena. Era lo último que esperaban en ella.

-¿Entonces por qué estás enfadada? -se atrevió a preguntar Harry, un poco confundido.

-Pues porque… -parecía que a Hermione le había asaltado un ataque de timidez, -porque yo también quiero participar…-confesó.

Harry, Ron y Ginny, desencajados, se miraron unos a otros, perplejos por la confesión que acababa de hacer su amiga ¿Aquello estaba ocurriendo de verdad? ¿Hermione Granger rompiendo las reglas?

-Y me ha molestado mucho que nadie me invitara -concluyó la morena de pelo despeinado, poniendo morritos.

Harry, dejando escapar una sonrisilla entre dientes, la invitó entonces:

-¡Pues no se hable más! ¡Hermione también participa!

-¿Y cómo es que a ti te han invitado? -Ron se giró para encarar a su hermana menor, horrorizado con la idea de que ella también fuera a asistir.

-Tengo más hermanos, ¿recuerdas? Y he de decir que ellos son mucho más comprensivos que tú muchas veces -le espetó la pelirroja, levantándose y dejando a los tres amigos allí colgados.


En ese preciso momento, en uno de los corredores de Hogwarts, una entusiasmada Cho Chang entraba en la sala común de Ravenclaw pegando estúpidos saltitos. En sus manos llevaba un pequeño trozo de pergamino. Marietta, su amiga, se acercó a ella tan pronto la vio entrar:

-¿Lo has conseguido? -le preguntó a la buscadora de Quidditch.

-¡Síííííííííííííííiíí! -dijo ésta, todavía pegando brinquitos y abrazando a su amiga. -¡Me acaba de llegar el pergamino! ¡Estamos las dos invitadas! -Marietta había cambiado de repente su cara.

-¡Ah, no! Yo no…

-Oh, vamos, Marietta. Será sólo esta vez ¡Por fa, por fa, por fa! -le suplicó Cho a la chica de Ravenclaw. Ésta que sabía muy bien cuáles eran las intenciones de Cho y no le hacían demasiada gracia, todavía se resistió un poco.

Aunque la buscadora de Ravenclaw insistió:

-Eres mi mejor amiga. Y Harry seguro que va a estar allí… Y ya sabes lo triste que estoy por lo de…

-¡Vale, vale! No sigas… Lo haré -se resignó Marietta. Cho, a la cual casi se le había revuelto todo el cuerpo al haber estado a punto de recordar la muerte de su ex novio, Cedric Diggory, se lanzó contra su amiga y la estrujó de nuevo en un abrazo.


-Oye, Justin, ¿tú también has recibido uno de éstos?

-¿Qué es, Hannah?

-Este pergamino… ¿Tienes idea de lo que es?

Justin Finch Fletchey examinó un pergamino que parecía de lo más común.

-Es un simple pergamino. No es un incunable. Data de hace más o menos cuatro meses y está impreso… -teorizó el estudioso Hufflepuff.

-¡Que no… el mensaje, lo que dice! ¿Has recibido uno de éstos?

Finch Fletchey, que ya estaba a estar cansado de la interrupción en su estudio hecha por Hannah Abbot volvió a echar otro vistazo al pergamino, esta vez leyendo con desdén el mensaje que contenía.

-Sí, efectivamente. Lo he recibido -contestó el chico, repeinándose el pelo y devolviendo la mirada a su libro.

-¿Y piensas ir? -quiso saber, intrigada, Hannah.

-Creo que sí. Aunque todavía no lo he decidido. Puede ser una buena manera de relacionarse con las… otras casas -sentenció, carraspeando.

-Sí, quizá tengas razón -comentó la insegura Hannah, guardando de nuevo el pergamino en uno de los bolsillos de su túnica.


Lechuza para Parvati Patil:

¡Oye, gemelita! Fred y George ya me han dicho que estás invitada (han hecho una excepción por eso de que somos hermanas) ¡Qué bien! ¡Me he puesto muy contenta al saberlo!

Creo que Cho Chang, Marietta y Lunática Lovegood también irán. Lo sé porque he visto cómo sobresalían los pergaminos de sus túnicas. Sólo espero que nadie haya invitado a ese idiota de Roger Davies. Después de haber salido con él a escondidas, ahora no quiero verlo ni en pintura.

Bueno, ya sé que se supone que no podemos hablar de ello… pero… espero que te decidas a venir ¡Y también Lavender! ¡Estoy muy emocionada! ¡No puedo esperar a que llegue el día!

Un besito vía lechuza

Tu gemelita,

Padma


Mensaje para Padma Patil:

Querida hermanita:

Sigo diciendo que Roger Davies está como un queso. Fuiste un poco tonta al dejarlo escapar. Bueno… pero cambiando de tema ¡Sííííííí! ¡Lavender y yo estamos invitadas! Sospecho que los Weasley y compañía también, aunque no lo puedo asegurar, pero ya sabes… por los lazos familiares y todo eso.

Bueno, nos vemos pronto ¡Yo tampoco puedo esperar!

La otra gemela,

Parvati


-¡Pist, pist! ¡Eh! ¡Neville, aquí!

Neville Longbottom, despistado por naturaleza, iba cargado con todos sus libros cuando dos cabezas pelirrojas lo llamaron desde detrás de una estatua de los pasillos de Hogwarts. Asustado, Neville giró la cabeza y se encontró cómo los dos gemelos Weasley le apremiaban con gestos para que se acercara a ellos:

-¿Qué pasa? -preguntó Neville, bajando la voz, pensando que se trataba de algo muy importante.

-¿Quieres participar en el mejor juego de tu vida? -preguntó Fred, con una sonrisilla maligna.

-Vamos, Neville, anímate. Nos falta sólo un jugador -le incitó George.

-Yo no… No sé… -dudó Neville.

-Ven aquí. Te lo vamos a explicar rápidamente. Te haremos una oferta que no podrás rechazar -le dijo George, rodeándole con uno de sus brazos por encima del hombro.

-Pero recuerda… tanto si aceptas como si no… esto no lo puede saber nadie…-le advirtió Fred.

-… especialmente Hermione -detalló George, rodando los ojos hasta las cuencas.

A la mañana siguiente, una atmósfera de inquietud dominaba las cuatro mesas del Gran Comedor. Los profesores, ajenos a lo que se estaba cociendo en las mentes de algunos de sus alumnos, comían pacíficamente, sin sospechar lo que dentro de pocos días iba a tener lugar en los salones de Hogwarts. Puntualmente, el correo matutino hizo su entrada en el comedor del castillo y, como siempre algunas lechuzas, en su desequilibrado aterrizaje, volcaron varios boles de comida, así como algunas jarras. Ginny, que estaba sentada al lado de Ron, fue la primera en recibir su lechuza. Pidgeon había derrapado, llevándose por delante la tostada de su hermano. En su pico tenía apresado un trozo de pergamino. La pelirroja se dio prisa en agarrar a la lechuza y abrió rápidamente el mensaje, en el cual se podía leer:

Ginny Weasley:

Como miembro de la casa Gryffindor, has sido invitada a la participación de Beso, Verdad, Consecuencia. Reúnete con el resto de los jugadores anónimos este sábado, a las nueve, en la puerta que hay enfrente de la estatua de Ignatia Wildsmith. ¡Buena suerte y que la Magia te acompañe!

Atentamente,

El C.O.J.E.M (Comité Organizador de Juegos (no)Exclusivamente Muggles)

Advertencia: esta carta es personal. Sólo su destinatario será capaz de leerla

-¡Ha llegado! -comentó Ginny eufórica, en voz alta.

-¡Déjamela ver! -se exaltó Ron, arrebatando a su hermana el pergamino de sus manos. Pero cuando Ron tocó el mensaje, éste automáticamente empezó a desprender una humareda de color morado y acto seguido cayó sobre la mesa, envuelto en llamas, hasta que no quedó nada de él.

-¡Ya lo has conseguido! -se quejó Ginny, agarrando con sus dedos las cenizas en las que se había convertido el pergamino.

-Oye, Ron… Estás… estás -comenzó a decir Harry, señalando la cara de Ron.

-¿Qué? ¿Qué me pasa? -preguntó el pelirrojo, asustado, palpándose la cara.

-Nada, que ahora tienes un femenino color morado -le dijo Ginny, impasible, pensando que se lo tenía merecido.

Ron salió corriendo hacia los servicios en medio de las risitas de algunos de sus compañeros de Gryffindor. Poco después, otra bandada de lechuzas aterrizó en la mesa de Ravenclaw. Un chico bastante guapo abrió el mensaje que traía una lechuza parda:

Michael Corner:

Como miembro de la casa Ravenclaw, has sido invitado a la participación de Beso, Verdad, Consecuencia. Reúnete con el resto de los jugadores anónimos este sábado, a las nueve, en la puerta que hay enfrente de la estatua de Ignatia Wildsmith. ¡Buena suerte y que la Magia te acompañe!

Atentamente,

El C.O.J.E.M (Comité Organizador de Juegos (no)Exclusivamente Muggles)

Advertencia: esta carta es personal. Sólo su destinatario será capaz de leerla

El mismo mensaje fue cayendo en varios puntos de las distintas mesas de las casas de Hogwarts. Una expresión de excitación se dibujó en algunos de los estudiantes, aunque la mayoría intentaba borrarla rápidamente para que el resto no se diera cuenta. Parvati y Lavender se abrazaron entre risitas. Marietta estuvo a punto de escupir su desayuno cuando leyó la carta, aunque no pudo porque Cho Chang casi la ahoga con un abrazo. Padma Patil le guiñó un ojo a su hermana cuando recibió su lechuza y Luna Lovegood simplemente bostezó y regresó su mirada hacia un nuevo número de El Quisquilloso, que había llegado junto con el mensaje.

Algunos de los que habían sido invitados, pasaban la vista por las diferentes casas, intentando localizar a aquellos que habían recibido alguna lechuza especial del C.O.J.E.M.

-¿Y por qué yo no he recibido ninguna? -se quejó Hermione cuando a ella lo único que le trajo el correo matutino fue su eterna y aburrida copia de El Profeta.

-Fred y George todavía no saben que vienes -le dijo Harry en susurros.

-¿Qué es lo que todavía no sabemos? -preguntó Fred, que estaba sentado muy cerca del grupo de amigos.

-Hemos invitado a Hermione -le informó Ginny.

-¡Hey! ¿Podéis ser todos vosotros un poco más discretos? No queremos que todo el mundo se entere, ¿recordáis? –les llamó al orden George, estirando su cabeza y haciendo un corro con las de los demás, como si así consiguieran ser mucho más discretos.

-¿Tú qué dices George? ¿La aceptamos? -le preguntó su otra mitad, mirando directamente a Hermione.

-¡Eh! -se quejó ésta. –Voy a ser una buena participante.

Los dos gemelos se miraron, buscando en los ojos del otro la aprobación. Entonces fue Fred quien tomó la palabra:

–Por nosotros no hay pega. Pero, pase lo que pase allí, tú no sabías nada… Ni siquiera como prefecta…

Hermione captó la advertencia y ofendida por la falta de confianza que los dos gemelos demostraron en ella, se limitó a asentir, poner cara de enfado y a abrir el periódico para esconderse detrás de sus páginas y comenzar a leer.

Sábado. Ocho y media de la tarde. Los cuatro amigos estaban en la sala común, esperando a que llegara la hora. Todos ellos hacían que estudiaban, pero en realidad sabían que era imposible concentrarse en aquellos momentos.

-¿Por qué no dejamos de fingir y hablamos de ello? -propuso Ginny.

-Sí… ¿y quién demonios se ha echado un frasco entero de colonia? ¡Esto apesta! -protestó Hermione, molesta por el fuerte olor que le había estado atacando todo el rato.

Ron se puso muy colorado al oír estas palabras. El resto de la pandilla lo miró, pero nadie dijo nada.

-¿Quién creéis que está invitado? -preguntó Harry.

-Tranquilo, seguro que Fred y George habrán pensado en ti y habrán invitado a Cho -contestó Hermione despreocupada, sin importarle demasiado que Ginny estuviera presente.

-Sí, seguro que sí -contestó la pelirroja, a la cual parecía tenerle sin cuidado el comentario. –No te preocupes, Harry…

-Yo creo que estarán los de siempre, ¿no? -propuso Ron. –Es decir… Ningún Slytherin y algunos de otras casas. De Ravenclaw seguramente Davis, Cho…

-….Michael Corner -le cortó Ginny.

-¿Quién es ése? -preguntó Ron, el cual todavía no sabía que Ginny había empezado a flirtear con el miembro de Ravenclaw.

Hermione, que ya estaba enterada de la situación, le lanzó una mirada a Ginny para que se callara y cambió rápidamente de tema:

-¿Sabéis qué? Creo que deberíamos ir yendo. Hay un buen trecho hasta allí y no pasa nada si tenemos que esperar un rato -propuso la morena.

En ese momento, cuando los cuatro amigos ya se estaban levantando para ponerse en marcha, se abrieron al mismo tiempo la puerta del dormitorio de las chicas y la de los chicos. De una de ellas salieron Parvati y Lavender, riéndose tontamente entre dientes, muy excitadas por la aventura. De la otra salió un tímido Neville, que se había echado algún tipo de potingue en el pelo porque daba la sensación de que estaba peinado hacia atrás y muy mojado. Neville se sonrojó al ver a sus amigos. Parvati y Lavender se congelaron al pie de las escaleras e inmediatamente recobraron la compostura, suponiendo que todos estaban allí para lo mismo.

Hermione, intentando romper el hielo que se había formado entre los compañeros de casa, comentó:

-Bueno, ¿nos vamos?

Los siete Gryffindor se pusieron en camino por los pasillos de Hogwarts. El castillo estaba en silencio por lo que todos caminaban intentando no armar demasiado ruido. Harry, que había tomado el mapa del merodeador antes de salir de la torre de Gryffindor, iba delante, abriendo paso al resto de sus compañeros y dando órdenes para esquivar a Filch, el celador, o a cualquier profesor que todavía estuviera despierto.

Por fin llegaron al corredor donde estaba la estatua de Ignatia Wildsmith. Tal y como ponía en el pergamino, enfrente había una puerta. Los siete chicos de Gryffindor se quedaron mirándola, intentando decidir quién sería el primero en entrar por ella.

-¿Quién quiere ir primero? -preguntó Ginny, que había tomado el mando de la situación.

-Yo lo haré -dijo Parvati, echando un pie al frente.

La muchacha de Gryffindor se acercó hasta la puerta, tomó el pomo y comprobó cómo se encendía un mensaje que apareció grabado con letras doradas en la madera:

Bienvenida, Parvati. Recuerda que al cruzar esta puerta aceptas todas las consecuencias por voluntad propia.

Parvati respiró hondo y giró el pomo. Rápidamente cruzó el umbral. Los demás, comprobando que no había ningún peligro, fueron pasando uno a uno. Cuando ya sólo quedaban Ron, Harry y Hermione, el chico que sobrevivió miró de nuevo el mapa del merodeador y vio cómo dos puntos negros, etiquetados como Cho Chang y Marietta, se estaban aproximando. Al buscador del equipo de Gryffindor le dio un vuelco al corazón cuando leyó aquel nombre.

En el interior de la sala, ya había bastante gente congregada. La mayoría se había sentado en círculo, sobre unos cojines que había en el suelo. Aparte de los siete Gryffindor que ya habían llegado, estaban Hannah Abbot y Justin Finch Flitchey, dos estudiantes de Hufflepuff que a ninguno de los tres amigos les extrañó descubrir. Es más, su presencia les resultó bastante agradable.

También Padma Patil, la gemela de Parvati, la cual intentaba sentarse lo más lejos posible de otro Ravenclaw, Roger Davis, capitán del equipo de Quidditch de la casa.

Pronto hicieron su aparición en la sala Cho Chang y su inseparable amiga Marietta, la cual exhibía su inconfundible cara de pocos amigos.

Los estudiantes iban cotilleando unos con otros al ver entrar a la gente. Por fin se estaba desvelando la identidad de los jugadores, tras varias semanas de incertidumbre.

-Aquí está esa presumida -le susurró Parvati a su hermana Padma cuando hizo su entrada Cho Chang.

-Parece tonta, pero es una chica muy maja -le contestó su gemela, la cual estaba en la misma casa que la buscadora.

Los últimos en entrar fueron Terry Boot y Michael Corner, ambos de la casa Ravenclaw. Misteriosamente, Ginny se puso muy contenta con la entrada de éste último. Ron, que había estado observando a su hermana durante todo ese tiempo, alzó una ceja y le pegó un codazo a Harry, intentando que éste le diera alguna pista de su comportamiento. Pero Harry, que no tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo, encogió los hombros y siguió pendiente de la puerta, para ver si alguien más la abría.

Lo único que se podía oír en la sala eran murmullos.

Todos estaban atentos al movimiento de los demás, como si hablar con integrantes de otras casas estuviera prohibido. A los cinco minutos de que la atmósfera se tiñera de este extraño sentimiento, la puerta se volvió a abrir y los estudiantes contuvieron la respiración. Pero quien entró allí fue Luna Lovegood, con su característica cara soñolienta y actitud de que nada de aquello podía levantar en ella la más mínima emoción.

Luna buscó un hueco en los cojines y vio un espacio libre al lado de Ginny. Antes de que ocupara ese asiento, Ron, que se había llevado las manos a la cara le comentó a Harry:

-Perfecto. Han invitado a la Lunática…

-No te quejes, Ron, al menos alguien va a estar loquita por besarte -bromeó Hermione, con ojos brillantes y llenos de maldad.

El pelirrojo estuvo a punto de contestar, pero tuvo que quedarse callado porque en ese momento los dos gemelos Weasley abrieron la puerta y pasaron a la habitación.

El silencio se apoderó de la sala. El único que habló, en voz baja, fue Ron, que se acercó hasta Harry para susurrarle:

-¿Ves? Ningún Slytherin.

Fred y George se colocaron en el centro, con los demás rodeándolos. Los dos gemelos extrajeron entonces un pergamino y se aclararon la garganta para leerlo. Pero cuando estaban a punto de empezar, se oyó un golpe en la puerta y ésta se abrió.

-Deberíais aprender a hacer fermaportas mucho más resistentes, Weasley.

Draco Malfoy se encontraba en el umbral de la puerta, que ahora estaba abierta. Detrás de él Pansy, Crabbe y Goyle, sonreían maliciosamente entre dientes.

-¿Quién te ha llamado a este entierro, Malfoy? -se encrespó Fred, agarrando con furia su varita.

-Digamos que hay gente que no puede soportar la presión y confiesa fácilmente- contestó el integrante de Slytherin.

Terry Boot, sentado en uno de los cojines, se puso muy colorado al oír estas palabras.

-¿Qué es lo que quieres, Malfoyrmado? -se encaró con él George.

-¿No se nota? Queremos participar…-comentó Malfoy, haciendo oídos sordos a aquel insulto y señalando a sus esbirros.

-¿Y qué pasa si no aceptamos? -preguntó Fred, todavía asiendo la varita en su mano derecha.

-Pues… Creo que a cierto miembro del profesorado le interesará mucho saber lo que estáis tramando- chantajeó el rubio de Slytherin.

Fred y George, al oír esto, se fueron aparte para deliberar la cuestión. Malfoy echó una sonrisita falsa hacia la zona donde estaban los tres amigos de Gryffindor. Ron, irritado, tenía apretado el puño. Los tres estaban bastante enfadados, pero el resto de los asistentes también parecían molestos por aquella intromisión de los Slytherin.

-¡De acuerdo! -gritó George desde el otro lado. –Pero si te quedas, aceptas todas las consecuencias -le amenazó.

-Hecho -aceptó Malfoy.

Fred, entonces, lanzó otro hechizo hacia la puerta y allí se materializaron cuatro candados de seguridad que impedirían la entrada hasta al más brillante de los magos. Los cuatro estudiantes de Slytherin ocuparon sus asientos en el círculo, aunque la gente les estaba haciendo el vacío. Nadie quería que se quedaran allí, aunque sabían que ahora no quedaba más remedio.

-Muy bien. Éstas son las normas. Todos vosotros acabáis de aceptar participar en el juego Beso, Verdad, Consecuencia -empezó a explicar Fred. –Los miembros del C.O.J.E.M, es decir, George y yo, no nos responsabilizamos de lo que aquí pueda ocurrir.

-Para nada -apuntilló George.

-Lo primero que tenéis que hacer es ingerir esta poción -continuó Fred. –Hermano, explícales de qué va.

-Encantado -siguió George. –Ésta es la conocida poción Unigrupus. Ella impedirá que todo lo que ocurra en esta sala sea divulgado. Es como un contrato para que mantengáis la boca cerrada. Por favor, Fred…-le cedió la palabra a su hermano.

-Pero además -continuó éste- otro efecto de esta poción es que os obliga a hacer lo que el grupo ha ordenado... Como ya os hemos explicado, todos tendréis que pasar por tres pruebas. Nosotros no podemos asegurarnos de que no abandonéis la aventura. Pero ésta poción si puede hacerlo.

Los dos gemelos Weasley hicieron una pausa para clavar la mirada en Malfoy, el cual había sido informado, pero no BIEN informado y ahora estaba pálido, atrapado en aquel juego al que realmente no quería jugar. Los Slytherin empezaban a estar muy inquietos.

Fred y George conjuraron un hechizo mediante el cual apareció una bandeja. En ella había unos tubos que contenían una poción verdosa.

-Cada uno tiene que ingerir la poción para participar. A partir de ahora ya no hay marcha atrás –les advirtió Fred, mientras George pasaba por el círculo repartiendo los tubos. –George y yo seremos los moderadores del juego. Tendréis que pasar tres pruebas, aunque podéis elegir el orden en el que queréis hacerlas. Las pruebas se desarrollarán en tres días. Ahora vamos a explicarlas. La primera es la prueba del beso. Tendréis que besar a alguien que se os ordene ¿A quién? Es un misterio. Lo sabréis con el tiempo.

-La segunda -siguió George explicando-, Verdad. Se os formulará una pregunta. Pero ya haremos que contestaréis con la verdad -dijo el gemelo con tono misterioso.

-Y la tercera -siguió Fred, ante las miradas expectantes de todos-, la Consecuencia. Nosotros os plantearemos un reto. Puede ser de muchos y diferentes tipos… pero tendréis que intentar completarlo.

-Y recordad -siguió el otro gemelo- todos estáis obligados a someteros a las tres pruebas. La particularidad de este juego es la siguiente: durante el primer y tercer día tenéis la opción de elegir entre la prueba del Beso o la de la Consecuencia. Pero al final pasaréis por las tres.

-La prueba de la Verdad se desarrollará durante el segundo día, en esta misma sala. Se os citará para ella -aclaró Fred.

-¿Cómo empieza este juego? Mañana, durante todo el día, nos informaréis por lechuza qué prueba escogéis cada uno para empezar, si la del Beso y la de la Consecuencia, -siguió explicando George.

-Mañana por la noche todos recibiréis instrucciones para completar el primer día -dijo Fred.

-Es decir, hoy es sábado, por lo que el juego comienza este lunes -aclaró George. –Todos los días, por la noche, os llegarán instrucciones para el día siguiente. Así, hasta que se acabe el juego.

-¿Y qué pasa si conseguimos resistirnos a la poción y no lo acabamos? -preguntó desafiante Malfoy.

-Eso es imposible. Pero si fuera así, la poción que acabas de tomarte hará que escribas una carta al Ministerio de Magia y a Dumbledore, confesando el mayor…

-….y el peor…-remató Fred las palabras de George.

-…de los secretos que guardas…

El grupo allí reunido estalló en murmullos. Algunos se arrepentían ahora de haber aceptado jugar y a otros aquello les parecía, simplemente, una idea apasionante.

-¿Alguno tiene más dudas? -preguntó George.

Al ver que nadie levantaba la mano, ni hacía ningún comentario, el gemelo se frotó las manos y comentó:

-Pues empecemos…