Disclaimer: TMNT no son mias y bla bla bla... Este Fic pertenece a Goblin Cat KC, el titulo original es "Bad Places", y ha sido traducido por mi. Estos son los cinco primeros capítulos. El original se encuentra en la sección en ingles de TMNT. (KC, I hope you like it)

Un mal lugar.

(Bad places)

Parte 1

La lluvia y el pavimento. Todo su mundo se vio reducido a sólo dos sensaciones: el duro concreto bajo su rostro y la lluvia golpeando su piel, lavando la sangre. Permaneció tendido por largo tiempo, con los ojos cerrados. Las luces de un auto al pasar resplandecieron bajo sus párpados.

Finalmente el exterior otra vez. Abrió los ojos y encontró sus espadas frente a él, las hojas, húmedas, resplandecían. Nunca antes estuvieron tan afiladas. Las había afilado cada instante libre, a menudo dependiendo sólo de ellas para salvarse.

Con un gruñido, se impulsó a sí mismo sobre sus rodillas, ladeando la cabeza hacía atrás, dejando que el agua corriera por su rostro. Sus brazos colgaban sin vida a los lados. Apenas si podía creer que estaba afuera, realmente afuera, en un sucio callejón, todo empapado, vivo. Prácticamente ileso. Bajó la cabeza y vio la sangre lavándose de sus manos, amontonándose en charcos a su alrededor. Vivo. Lanzó una carcajada de alivio, pero no pudo detenerse, su risa se volvió histérica e hirió su garganta al convertirse en un prolongado grito.

Se detuvo, respirando a bocanadas, sin saber porqué estaba gritando. No por haber salido victorioso, ni por desesperación o rabia. Puso sus brazos alrededor de su cuerpo, sólo para asegurarse de que seguía ahí. Un débil grito, a kilómetros de distancia le respondió. Su primera y verdadera sonrisa apareció al llegar el grito hasta él, lleno de frustración y horror. Rápidamente volvió a extinguirse..

"Lo logró", susurró. "Los dos lo logramos".

Se preguntó si en ese momento Félix se encaminaría rumbo a su casa, pero pronto abandonó ese pensamiento.

El tipo podía cuidar de sí mismo. Probablemente pensaría lo mismo de él.

Sólo cuando su cuerpo comenzó a temblar, se dio cuenta de que estaba congelado. Tomó sus espadas y las envainó en las fundas empapadas, luego se puso de pie y comenzó el camino a casa, apenas conciente de sus movimientos.

Después de estar extremadamente alerta durante tanto tiempo, la inconsciente rutina de regresar era un alivio.

No había pensado en su maestro ni en sus hermanos más allá del hecho de que probablemente ellos tendrían preguntas que él no podría responder. No todavía.

La guarida estaba vacía. Suavemente cerró la puerta y encendió las luces, dirigiéndose primero a la ducha, tirando las espadas en el camino. Aunque pasó frente al espejo, no se miró en él. Ya sabía que seguía cubierto en sangre.

Con el agua de la ducha tan caliente como podía soportarlo, se paró bajo ella, con la vista fija en el piso, mirando los remolinos rojos corriendo hacía el desagüe. Se preguntó porqué no se detenían. Entonces recordó que aún estaba usando la bandana y las muñequeras. Las arrojó al piso. Estaban arruinadas de todas formas. Tendría que conseguir nuevas fundas para sus espadas también. Las viejas estaban rígidas por culpa de la sangre seca.

Finalmente salió y se miró en el espejo. Parpadeó y miró más de cerca. Aparte de unos cuantos moretones y una quemadura ya cicatrizada, no había una sola señal de que hubiera estado peleando y matando.

Se veía tan fuerte como siempre. Incluso sus ojos se veían más brillantes.

Su apariencia le recordaba a sus espadas: resistentes y afiladas por el uso.

Sus pasos hicieron eco en la guarida. Era extraño que todos estuvieran fuera, especialmente cuando uno de ellos estaba desaparecido. Pensó en tratar de contactarlos, entonces recordó que su comunicador se había destruido hacía tiempo. Frunció el ceño. ¿cuánto tiempo ya? Donde había estado, el tiempo no tenía ningún significado.

Fue hasta la cocina y encontró el calendario abierto en Julio.

"¿Tres meses ya?"- murmuró.

Los recuadros del calendario estaban llenos de garabatos con la letra de cada uno de sus hermanos. La cuidadosa letra de Donatello indicando las partes del drenaje y las calles en las que había buscado. Los garabatos alargados de Raphael, sobre callejones y puertas traseras de corporaciones, y las redondas burbujas de Miguelangel, informando sobre los muelles y la playa. Numerosas notas mencionaban a April y Casey y estaba seguro de que Splinter había hecho su parte en la búsqueda.

"Lo siento", murmuró a la nada. "No habrían podido encontrarme, no importa cuánto buscasen. Estaba en el juego.", río. "Y estoy bien. No necesitan preocuparse más"

Se apartó del calendario. Aunque no tenía hambre, pensó que tal vez debería comer algo y abrió el refrigerador. La primera cosa que vio fue una caja abierta de pizza.

"... el olor a piel quemada cuando el láser golpeó el brazo de la chica, cortándolo hacía abajo, salpicando sangre y tejidos, mientras ella gritaba y gritaba y gritaba.... "

Casi no logró llegar al baño a tiempo.

Algo frío tocó su rostro. Incluso antes de que sus ojos se hubieran abierto, su mano se cerró alrededor de la muñeca de alguien, tirando de ella al tiempo que se incorporaba. Frunció el ceño: la habitación pareció dar vueltas a su alrededor y, a diferencia de unas horas atrás, todo su cuerpo estaba adolorido.

- Owowow, hey Leo, ¿te importaría soltarme?

Le tomó un momento reconocer la voz de su hermano menor. Abrió su mano y lo miró. Miguel frotó su muñeca con una mueca de dolor, pero la expresión en sus ojos era de todo menos de alivio. Incluso con la máscara, Leo pudo ver ojeras bajo sus ojos.

- Ustedes nunca dejaron de buscarme... – dijo.

Miguel negó con la cabeza.

- Ni una sola vez. La primera noche que no regresaste, pensamos que no habías podido volver antes del amanecer y que no podías regresar sin ser visto. Salimos a buscarte la segunda noche, por las rutas que sueles tomar. Después de eso, buscamos en todas partes, y me refiero a todas partes.

- Si. Vi el calendario. – Dijo Leo.

- Ajá. Esa fue idea de Raph. Creo que debimos irrumpir en cada corporación y laboratorio de la ciudad, sólo por si alguien te había capturado. Splinter ha estado con April todo este tiempo, no quisimos dejarlo solo aquí.- Miguel miró a su hermano.- Por el segundo mes, comenzó a creer que habías muerto. No pudo encontrarte mediante la meditación. Y no habían señales de ti en ninguna parte.

- No estaba. – dijo Leo- No habrían podido encontrarme, no importa lo mucho que me buscasen.

- ¿qué pasó? ¿dónde estabas?

- En un muy mal lugar.- dijo.- No podía salir. No tenía idea de cuanto tiempo había pasado hasta que regresé.

- ¿Y no estas herido?- preguntó Miguel.

Una carcajada amarga salió de Leo, pero se las arregló para detenerla antes de que se convirtiera en otro ataque de risa.

- No porque no lo hayan intentado.- Miró a su alrededor. La habitación estaba a oscuras, pero podía ver el marco de la puerta y los contornos de la cama. Estaba en su habitación. Eso explicaba la frazada que lo cubría. Curioso. No recordaba haber llegado hasta ahí.

Miguel notó su mirada y asintió.

- Te ayudé a llegar hasta aquí. Llegué a casa hace unas horas atrás y te encontré desmayado en el sofá. Despertaste un poco y me dejaste llevarte a tu cama. Parece que lo necesitabas.

- No recuerdo nada de eso.

- ¿qué recuerdas?

- Regresar a casa en la lluvia. Tomar una ducha. Estaba por comer algo, pero...

"... el disparo de un arma cerca de él, mientras presionaba la herida, pero ella no dejaba de sangrar. Comenzaba a ponerse pálida y Félix gritaba "ya no puedo contenerlos"..."

- ... no creo que pueda comer por un tiempo.- Miguel miró a algo más allá de la puerta.

- Las fundas... son más sangre que cuero.

- No por mi culpa. Apenas si las usé.

- Don fue el primero en ver tu bandana. Tuve que tranquilizarlo, pensó que te habías desangrado.

- ¿Están todos en casa?.

- No todavía. Don sólo estaba más cerca. Rapha viene en camino, tuvo que pasar por casa de April a recoger a Splinter.- Miguel notó como los ojos de Leo se cerraban de nuevo y suspiró. - ¿Por qué no duermes un poco más?, regresaré más tarde.

Leo asintió una vez y se recostó sin decir palabra, volteándose débilmente. Oyó a Miguel poniéndose de pie y dejando la habitación, cerrando la puerta tras de sí y luego la voz de Donatello, mientras los dos hablaban en susurros. Y por debajo de eso, el eco de unas fuertes pisadas y el rasguido de unas garras contra la piedra. Sabía que era sólo agua moviéndose a través de las tuberías y la maquinaria, o lo que fuera en lo que estaba trabajando Donatello, pero para su mente, se oía como los familiares sonidos de los monstruos blancos al reptar... y esas demoníacas cosas cafés buscándolo, separados sólo por una puerta abierta.

Finalmente se quedó dormido y, afortunadamente, no tuvo sueños.