Epilogo.

Tres semanas después de que Raphael obligara a su hermano a regresar a casa, se encontró a sí mismo persiguiéndolo nuevamente, saltando sobre las azoteas y, ocasionalmente corriendo por las calles, valiéndose de la luz de la luna para encontrar su camino. La lluvia finalmente se había detenido, dejando las brillantes estrellas en un cielo sin nubes, pero también dejó las azoteas resbaladizas. Tomó el aparato de rastreo y miró el punto titilante. Aún no se había movido.

Le tomó cinco minutos llegar al centro de la ciudad. Le tomó una hora y media escalar el enorme edificio sin ser visto. Para cuando alcanzó el techo, jadeaba apoyándose contra la cornisa, pero ahí, sentado contra una unidad de aire acondicionado con una gran croquera, estaba su hermano, mirando hacia el cielo sin su máscara.

Raphael caminó hasta él y se sentó a su lado con las piernas cruzadas.

Leo no alzó la mirada ni dejó de dibujar.

.- ¿Cómo es que sigues encontrándome?

.- ¿Te parece que te lo diría?

.- Se está volviendo molesto.

.- ¿Si te lo digo, prometes que no me impedirás buscarte?

Leo dejó su lápiz y alzó la mirada.

.- Si

.- Tu comunicador. Don les puso dispositivos rastreadores a todos ellos.- sostuvo en alto el rastreador y le mostró a su hermano la pantalla.- Sólo sigo el punto titilante.

.- Eso es imposible.- Dijo Leo frunciendo el ceño.- Mi comunicador fue destruido en el juego.

.- eh, hola?.- Raphael le señaló el comunicador en el cinturón de Leo, a su derecha.- Tienes uno desde que regresaste.

.- Pero...- Leo frunció el ceño. Honestamente no recordaba haberlo tomado o siquiera haberlo usado alguna vez, pensando que Donatello estaba demasiado ocupado con sus nuevos aparatos para hacer nuevos comunicadores. Pero aparentemente, lo había tenido por semanas y ni siquiera se había dado cuenta. Era lo suficientemente pequeño como para pasar inadvertido, era resistente y probablemente nunca le había prestado atención.

.- Creo que sé cuando fue. Cuando llegué a casa por primera vez, me desmayé por unas cuantas horas. No recuerdo nada de lo ocurrido durante ese tiempo. Debía haberlo tomado ahí.

.- ¿Y te olvidaste de ello?- Preguntó Raph escéptico.- Eso me suena un poco inverosímil.

Leo miró su dibujo, la mayor parte a oscuras, excepto por algunas líneas difusas.

.- No, para nada inverosímil.- dijo suavemente.- Tal vez quería ser encontrado.

Raphael consideró molestarlo por ser tan obstinado al respecto, pero después lo dejó ir. Habían sido unos meses difíciles para su hermano, podía darle un respiro. Fue hasta su cinturón y extrajo una pequeña tarjeta.

.- Postal. La envió a la tienda de April.

Leonardo tomó la tarjeta que le ofrecía y miró la fotografía de Las Vegas y luego la volteó. La caligrafía de Félix, tan desordenada como siempre, leyó: "Todavía estamos de vacaciones. Voy a amar los trabajos del gobierno. Chanta ya tiene su nuevo rostro, se ve como Marilyn Monroe ahora. Gané un Millón en el Blackjack, tuve que darle la mitad al Tio Sam. Malditos impuestos. Hasta pronto. Posdata: acabo de ser llamado. Tengo que volver al trabajo."

.- ¿Qué están haciendo?

.- Asesinan blancos predeterminados.- Dijo Leo, tan fácil como si trabajaran de contadores. Se percató de la mirada de Raphael y suspiró.- Sólo van tras tipos malos.

.- Oh-oh¿Es sangre eso que huelo?.

.- Si. Me topé con una banda de chicas asaltando una botillería en mi camino para acá.- Miró a su hermano y descubrió que su mirada se había oscurecido.- Les dejé vivir.- Insistió.- Sólo les dejé unos cortes superficiales.

La mirada de Raphael no mejoró.

.- Mira, se fueron cojeando¿esta bien?.- Respondió Leo de golpe.- En unos cuantos días estarán como nuevas y la próxima vez cargaran armas. ¿mejor?

Raphael alzó sus manos para apaciguarlo y Leo volvió a dibujar. Raphael suspiró. Su hermano aún estaba prueba por la forma en que peleaba. Hacerle prometer que no mataría a menos que fuese absolutamente necesario había sido suficientemente fácil; hacerle prometer no destrozar a sus enemigos de forma que nunca más pudiesen pelear otra vez, no era tan fácil y su idea de unos cuantos cortes superficiales incluía dejarlos sangrar hasta morir o incluso dejarlos arrastrarse gritando de dolor.

Pero, aparentemente, Leo estaba mejorando. Miró por encima del brazo de Leo hacia su dibujo, frunciendo el ceño, incapaz de distinguir los trazos.

.- ¿Qué estás haciendo?

.- Re- aprendiendo cómo dibujar luz.- los dos se volvieron a mirar a las fantasmales pilares blancos en medio de Manhattan, tratando de alcanzar el cielo desde el suelo, desvaneciéndose entre las nubes.- Nunca volveré a ver de la forma en que solía hacerlo. Pero eso, eso sí puedo verlo.

Raphael miró desde la luz hasta el dibujo y esta vez sí pudo distinguir los contornos e incluso pudo distinguir la técnica que Leo estaba usando tanto para difuminar las líneas como para hacerlas rectas y bien definidas.

.- Haces la luz casi tan bien como el agua.- Eso provocó una sonrisa en su hermano.

.- ¿Te gustó? fue mi segundo intento. Pienso que capturé tu chapoteó bastante bien.

.- Algún día, cuando no lo esperes, yo te empujaré a ti dentro de ese arroyo.- Dijo Raphael.- Claro que podría sólo agarrarte y lanzarte. No podrías hacer mucho para detenerme.- Leo se volvió a mirarlo.

.- No comiences con eso otra vez.

.- Has estado corriéndote del entrenamiento.-dijo Raphael, Leo volvió a su dibujo.- Lo sé, lo sé, practicas con tus espadas, pero eso sólo sirve para mantener tu velocidad. Necesitas trabajar en recuperar al menos algo de tu fuerza.

Leo ni se molestó en discutir. Ambos sabían que era verdad, pero si él no era capaz de ver como ellos nunca más, no sabía porqué Raphael no se podía imaginar que nunca volvería a ser tan poderoso como ellos otra vez.

Todos sus músculos habían sido ahora modificados para hacerlo más rápido y en eso, ninguno de ellos podía igualarlo. Pero en cuanto a la fuerza... se las había visto difíciles tratando de mover las armas más pesadas. Incluso Miguel podía mover las hileras de lanzas sin mucho esfuerzo.

.- No importa que tan duro entrene, mucho de ello nunca regresará.

.- Lo sé, pero aún así todavía necesitas intentarlo.- sonrió Raphael.- O regresas a entrenar o te enviaré con Don en sus rondas a buscar equipo.

Reprimiendo un estremecimiento, Leo trató de no imaginarse el infierno de cargar con caja tras caja hasta la guarida, y algunas de ellas eran tan pesadas, que Don tenía que arrastrarlas.

.- Está bien, está bien... como sea.

Raphael sonrió. Esa debía ser la única ventaja de ese trabajo.

.- ¿Regresarás a casa pronto? Me estoy cansando de correr tras de ti cada vez que te mandas cambiar. Y preocupando. No te ofendas, pero todavía no estás en tu cien por ciento.

.- Bienvenido al Club de la Paranoia del Valeroso Líder.- Dijo Leo sin ninguna simpatía.- Puedes ser el vicepresidente.

.- Leo...

.- Sólo unos minutos más.- dijo.- Tengo que terminar esto. Necesitaré esta técnica para después.

Raphael lo consideró por un minuto y luego asintió.

.- Vi el mural.- Leo hizo una pausa y luego continuó dibujando.

.- ¿Si?.

.- Si... para ser tu primera vez con la pintura, está bastante bueno.

.- No es mi primera vez,.- Admitió Leo.- Nunca les he contado acerca del graffiti que he puesto por toda la ciudad.

.- ¿Qué?.- Raph se sentó erguido, con los ojos de par en par y la mandíbula caída.

.- Probablemente todavía puedan verlos, los propietarios y residentes nunca los quitaron.- Dijo Leo, inconsciente de la reacción de su hermano.- Los primeros no eran tan buenos, pero todavía me gusta mi primer dragón, más que los otros.

.- ¿Dragón?

.- Si. Ahora que recuerdo, no era tan fácil entonces trabajar en la oscuridad. Ahora es más fácil.

Raphael se echó para atrás contra el aire acondicionado que zumbaba a sus espaldas. ¿Leo habría tenido que enfrentar ese dilema también?. Contarle a Splinter o no contarle a Splinter, esa era la cuestión. Decidió no hacerlo. Si Leo estaba en lo correcto y nadie se había molestado¿cuál era el daño, Y hacer el mural para la fachada de April lo mantenía alejado de los problemas, creía.

Eso explicaba porqué el dragón chino que se enroscaba alrededor de las ventanas de April estaba quedando tan bien.

.- ¿April ya te contó la ultima?

.- No.- dijo Leo, mirando alternadamente al cielo y a su dibujo.- ¿Qué es?

.- A uno de sus vecinos le encantó tu dragón. Quiere encargar una serpiente para su tienda de tatuajes.

Leo hizo una pausa, pero no dijo nada.

.- Y,.- continuó Raphael.- Si funciona, este tipo tiene un amigo hispano que quiere una Virgen gigante y un tributo a los soldados en la parte de atrás de su iglesia.- Advirtió la mirada dubitativa en la cara de su hermano.- April dice que puede hacerte gancho por una comisión.

Repentinamente, Leo sonrió.

.- Entonces¿estaré demasiado ocupado para entrenar? Dile que trato hecho.

.- ¿Eh? Espera, nunca dije que...

.- Me reservaré el derecho a rechazar los encargos,- continuó Leo.- y ella tendrá que mantenerme aprovisionado. Y sólo pinto de noche y el cliente no podr�, en forma alguna, estar presente mientras estoy trabajando.

.- Espera un minuto, todavía tienes que entrenar...

.- Lo siento Raph, estoy demasiado ocupado para hablar. Pero, pensándolo bien, finalmente seremos capaces de pagar por nuestras propias cosas en lugar de vivir de April.

Raphael tenía que concederle ese punto.

.- A Splinter no va a gustarle.

.- Tu eres el valeroso líder numero dos, tu puedes decirle.- Dijo Leo.

.- ¡Ey, tu eres el valeroso líder numero uno, díselo tu mismo.

.- No-no. Sólo soy el líder durante las peleas y cuando necesites ayuda.

.- Esta bien, entonces, te ordeno que continúes con tu entrenamiento no importa lo ocupado que estés.

.- ¿Sabes, no eres ni la mitad de bueno que yo en esto. De verdad, necesitas practicar tu estilo.

.- Voy a practicar lanzándote de este edificio en este instante.

Leo deslizó su lápiz por el espiral en la parte de arriba de su croquera y la guardó en la parte de atrás de su cinturón.

.- Listo. Terminé.

Con una carcajada, Raphael fingió escribir una nota.

.- Nota personal: Amenazar a Leo con arrojarlo de las cosas, funciona.

.- Eso podría ir justo junto a mis notas,- Dijo Leo.- Burlarse de Raphael hace que trabaje.

Ambos se pusieron de pie, Leo con un quejido al estirarse de su posición, y se pararon junto a la cornisa. Por un momento, simplemente observaron los automóviles y personas pasando docenas de pisos bajo ellos. Por fortuna para ellos, Nueva York brillaba, relucía y resplandecía, tanto en el día como en la noche.

Raphael podía verla fácilmente, pero Leo hizo una leve mueca.

.- ¿Te enviaron a buscarme?

.- Nah. Me preocupé.- Raphael se preparó para saltar y deslizarse por el costado, alzando la vista hacia su hermano.- ¿Vienes?.

.- En un minuto.

Se volvió a mirar hacia la bahía, a la antorcha de la Estatua de la Libertad, brillante y llameante, una lámpara en la oscuridad brillando con más fuerza que ninguna estrella y, tras de ella, un océano de oscuridad extendiéndose en el horizonte.

Sin su máscara, la luz de la estatua era una de las pocas luces que podía soportar y con un suspiro, volvió a ponérsela. La luz de Nueva York se opacó, pasando del blanco al dorado, pero vivir en un perpetuo ocaso era mucho más confortable que estar cambiando constantemente del día a la noche.

En su espalda, podía sentir sus dibujos más de lo que sentía sus espadas. Sus lápices y pinturas se habían vuelto tan importantes como su armamento, una segunda forma de definirse a sí mismo.

El autorretrato numero dos podría ser él mismo trabajando en una gran pintura como podía mostrarlo a él entrenando en la guarida.

Lentamente se convertía en el artista, ganándole terreno al asesino irreflexivo que siempre dormiría en su interior. El resultado no era cierto, no todavía, pero tenía amigos, tenía una familia, y con su apoyo, creía que no podría fallar.

FIN

Este es el final de la primera parte.

Las cosas parecían mejorar.

Pero antes de poder hacerlo, todavía debían empeorar aún más...

No olviden dejar sus comentarios, en un tiempo más voy a publicar los primeros capítulos de las segunda parte.