Prólogo: Pactos paternales

James Potter había sido miembro de la Orden del Fénix por más de un año. Decir que Lily no se puso contenta cuando él sugirió entrar era como decir que Snape tenía el pelo grasiento. Lo único que la aplacó cuando él entró fue que él había accedido a que ella entrara también. Claro, ella había estado embarazada con su hijo, Harry, en ese momento, y James sabía en el fondo de su mente que a ella nunca se le asignaría algo de alto riesgo, ya que ella estaba todo el tiempo ocupada con un chiquitín y, esperaba él, embarazada prontamente.

La reunión de la Orden era esa noche en la casa de ellos y Lily estaba en la planta alta meciendo a Harry para dormirlo. James levitó las sillas alrededor de la sala en forma de círculo para prepararse para la llegada de los miembros de la Orden. James ya había cerrado las cortinas, lo último que necesitaba era que la entrometida de la señora Pratchett viera las sillas flotando en la sala.

El Flú se activó y Sirius Black salió disparado del hogar, quitándose el polvo de su chaqueta de cuero con fuertes palmadas.

– Shh. – amonestó James. – Lily está durmiendo al bebé.

Sirius se detuvo inmediatamente. – Seguro. – luego con una sonrisa pícara añadió. – Estás todo ablandado.

– Tonterías. – replicó James de buena manera, mientras Remus siguió a su amigo por la chimenea. – Si te quedaras satisfecho con una sola mujer a la vez, a lo mejor descubrirías los beneficios del matrimonio.

– Jar, jar. – sonrió Sirius. – ¿Además, quien mantendría a Lunático en línea si me echara la soga al cuello? – dijo él con una palmada juguetona en el hombro de Remus.

– Resulta que tengo una damita para llenar esa necesidad en mi vida, muchas gracias. – respondió Remus.

– ¿Qué? – James y Sirius dijeron a la misma vez que Peter se deslizó dentro del lugar.

– ¿Qué, qué? – dijo Peter, sentándose nerviosamente en el sofá de Lily, detrás del círculo de sillas.

– Remus se consiguió una novia. – dijo riendo Sirius. – ¿Acaso es Isabella, la chica que estaba un año debajo de nosotros en Ravenclaw?

Remus vaciló y James supo, gracias a los nueve años de conocerlo, que a su amigo lo habían pescado. – A lo mejor. – dijo el hombre-lobo. – Quizás es Kathryn, la que trabaja en el púb del Callejón Diagon.

Sirius silbó suavemente. – ¿Cómo te la ganaste?

– No me la gané. – dijo Remus, dejando fuera el todavía implicado.

– Bueno, ustedes se ven sedientos ya que parecen una claque de muchachitas alborotadas. – una voz se escuchó desde las escaleras, la cual todavía hacía temblar a James. Lily Potter estaba bajando las escaleras con Harry, el cual estaba bien despierto. – Este los escuchó hablando y se rehusó a irse a dormir. – explicó ella a su esposo.

James tomó a su hijito y lo puso sobre el hombro, manejando la sábana hasta que cubrió el cuerpecito. – Vamos, se un buen niño, papi te pondrá a dormir.

Lily rodó los ojos y besó a Harry en la mejilla.

– ¿Y yo que? – protestó James. – ¿No hay beso para mí?

– Yo no beso a tontos. – dijo ella sacando la lengua antes de dirigirse al resto de los ocupantes en la sala de los Potter. – Muy bien. ¿Qué les gustaría tomar? ¿Cerveza de mantequilla? ¿Jugo de calabaza?

Peter hizo una mueca a lo primero y Sirius a lo segundo. – Muy bien. – dijo Lily y se dirigió a la cocina.

Varios miembros de la Orden empezaron a Aparecerse en el pasillo entre la entrada y la sala, el punto designado para Aparición. Muy pronto el sonido apagado envolvió la casa cuando más gente empezó a hablar entre sí sobre las varias misiones que habían hecho por la Orden. Todos tenían una bebida en las manos ya que Lily continuaba yendo de la cocina a la sala. El pequeño Harry observaba todo en silencio, contento de estar en los brazos de su padre.

Dumbledore fue el último en llegar, después de Minerva McGonagall.

Dumbledore habló después de toser. – Vamos a empezar la reunión, por favor.

Los murmullos se apagaron y el pequeño Harry fijó la mirada en el anciano hechicero. James pensó lo raro que era cómo Dumbledore comandaba respeto de todos, desde el bebé más pequeño hasta el mago más duro.

La reunión cubrió una gama de tópicos, todos cubriendo los diferentes esfuerzos para contrarrestar las tácticas de Voldemort. Había varios equipos de marido y mujer en la reunión y James los contó mentalmente. Craig y Angela Dervish, rompe maldiciones que fueron reclutados a la misma vez que James y Lily. Frank y Alice Longbottom, dos de los mejores Aurores trabajando para la Orden, y claro está él y Lily.

Había otros miembros que no pertenecían a un equipo ya hecho. Ojo Loco Moody era el más notable, pero había un nuevo individuo que James conocía de pasada. Arthur Weasley estaba sentado opuesto a los Longbottoms, jugando con uno de los enchufes de una de las lámparas que estaban usando. Por lo que James sabía los Weasley eran buenas personas, y si la esposa de Arthur no estuviese embarazada al momento, ella de seguro estaría en la reunión también.

– Moviéndonos a otro tema. – dijo Dumbledore. – Necesitamos un equipo para investigar una conglomeración sospechosa en Surrey. Parece que hay un movimiento de reclutamiento ahí pero necesitamos un reporte sólido con testigos de primera mano si es que vamos a usar recursos oficiales para detenerlos. – Dumbledore le guiñó un ojo a Ojo Loco y a los Longbottoms.

– Sirius, Peter y yo estamos ocupados con la misión que nos asignó la semana pasada. – dijo Remus. James sabía de qué se trataba, aunque había otros en la reunión que no sabían. Remus era la carnada para otro reclutamiento en Escocia. Había rumores de que Voldemort estaba tratando de atraer más criaturas oscuras a su causa y los hombros lobos estaban al tope de esa lista.

– Yo iré. – dijo Arthur Weasley. – No he sido asignado a una misión aún y estoy ansioso de participar en una. El único problema es que no tengo compañero.

– Lily está ocupada con Harry, y yo tampoco tengo compañero. – James dijo, mirando a su esposa. Ella asintió su aprobación y James miró a Arthur el cual hizo lo mismo.

– Excelente. – dijo Dumbledore. – Cubriremos los particulares después de la reunión. Ahora, moviéndonos al asunto que tenemos en el ministerio…


Seguir a Rodolphus Lestrange era la parte fácil, pensó Arthur. Con su enorme capa negra y botas de camuflaje sería un esfuerzo no fijarse en él. El truco era mantenerse fuera de la vista del individuo para que este no notara que dos hombres, uno con pelo rojo vivo y el otro con pelo negro y lentes, lo estaban siguiendo.

Arthur resolvió el dilema del pelo poniéndose una gorra marrón, mientras que James transformó el suyo en un color marrón liviano y más corto. – Es un don natural. – explicó Potter.

Ahora que se estaban acercando al lugar de la reunión, Arthur estaba seguro que el hombre sospechaba al menos que lo estaban siguiendo. Después de todo, sería fatal no sospecharlo.

Un búho cantó en un callejón, haciendo brincar a los tres hombres. Rodolphus movió la cabeza como para escuchar por más ruidos, causando a Arthur enviarle a James una mirada de agradecimiento por el hechizo silenciador que había puesto en los zapatos.

El hombre que estaba más al frente continuó tratando de escuchar, y luego se movió a una velocidad más alta que la que llevaba anteriormente. James siguió, igualando el paso del mortífago, justo en el momento que Rodolphus dobló en una esquina.

Había desaparecido.

– Él no se Apareció. – James dijo cuando Arthur se le unió. – Lo hubiese escuchado.

– Vamos a tomar cada quien un lado del callejón y buscar por pistas. – sugirió Arthur.

Había basura apilada contra las paredes de los edificios que hacía los límites del callejón. Una neblina ligera caía desde el cielo, iluminada por una simple bombilla al final del callejón, y llevaba el olor putrefacto directo a sus narices. Algunas ratas se escabulleron debajo de un agujero cuando los dos se acercaron.

– Aquí. – dijo Arthur, sus ojos captando una puerta semiabierta. Usando la varita para investigar por embrujos, James la empujó hasta que lograron ver adentro. La puerta empezó a craquear así que Arthur le murmuró un hechizo silenciador, indicando a James que tomara la delantera.

Los dos entraron al edificio y lo primero que vieron fue una escalera raquítica. Después de otro silenciador los dos subieron.

Las escaleras de madera daban a un pasillo largo, el cual siguieron. Había puertas a ambos lados lo que indicaba que a lo mejor el sitio había sido un complejo de apartamentos. Había enseres muggles quemados y más basura apilada en los apartamentos abiertos. Mientras se aproximaban al final del pasillo, los dos escucharon voces detrás de una de las puertas a la derecha.

–… Tenebroso te recompensará por tus servicios, si encuentra que eres digno. – dijo un hombre con voz grave.

Alguien más habló en lo que se podía definir un quejido. – ¿Pero y los Aurores que? No quiero ir a Azkaban.

– ¡Silencio! – dijo el primer hombre. Hubo un período de silencio donde Arthur estaba seguro pudo escuchar murmullos, pero luego no hubo nada.

De repente un enorme boom acompañado de un flash de luz derrumbó a Arthur y a James al suelo.

James jadeó suavemente al lado suyo y Arthur apenas podía ver a las tres figuras amenazantes que se acercaban.

– Mira lo que tenemos aquí. – una mujer dijo hacia la derecha de Arthur.

– Parece un par de tontos entrometidos. – alguien dijo a la izquierda. – Un pequeño Cruciatus les enseñará a no meterse donde no les importa.

James estaba coherente ahora y tenía la varita flojamente en la mano, mientras usaba la derecha para enderezarse. Arthur se tensó mientras su visión se aclaraba lentamente.

Uno de los mortífagos le dio un puntapié a James en el hombro, forzándolo hacia abajo otra vez, pero al parecer James esperaba eso porque usó la fuerza de la patada para empujarse más hacia el pasillo. En un flash, su varita estaba apuntando. – ¡Concussus! – gritó.

Un ruidoso sonido noqueó a los otros tres hacia el suelo, pero más cabezas aparecieron en el umbral. Arthur se enderezó y corrió directo por el pasillo y hacia las escaleras. Podía escuchar a James pisándoles los talones y varios rayos de luz pasaron a pelo, chispeando y golpeando las paredes.

Varios hombres aparecieron en las escaleras, todos vestidos de negro, con máscaras blancas. James agarró a Arthur y lo empujó hacia la puerta más cercana, usando el hombro para forzar la puerta.

Tan pronto se tambalearon adentro, Arthur cerró y trancó la puerta mágicamente con el hechizo más avanzado que conocía. James añadió un encanto irrompible y escucharon las pisadas fuertes por el pasillo.

– ¡Aparece de vuelta a mi casa! – gritó James, transformando basura y muebles rotos en grandes piezas de piedra para bloquear la puerta. - ¡Vete! ¡Ahora!

Arthur se enfocó en el pasillo principal y movió su varita. Nada pasó.

– Embrujo Anti-Aparición. – dijo Arthur con una nota de pánico. – Vamos a tener que luchar.

– Eso significa que ellos al menos no pueden entrar aquí. – dijo James, su cara una máscara de concentración y sudando. - ¿Puedes hacer un trasladador?

– No, lo siento. – dijo Arthur. – Es restringido a oficiales del ministerio de más alto rango.

– Bien. – James dijo en el momento que la puerta era destruida con Reductor. Otra masa de granizo fue levitada hacia la puerta. – Si logramos salir de esta, caso a mi hijo con tu hija.

Arthur soltó una risotada, sonido extraño considerando las circunstancias desesperadas en que estaban los dos. – Muy bien, Potter. Pero debo decirte que no tengo una hija y no ha habido una fémina Weasley en seis generaciones.

James puso la última de las piedras contra la puerta y miró a Arthur con una expresión medio rara. – Trato hecho. – dijo alargando la mano.

Arthur la tomó y sintió una oleada de poder. Le iba a preguntar a James si él también lo sintió cuando las piedras que los mantenían a salvo explotaron con la fuerza de una pequeña bomba.

El polvo oscureció la visión de Arthur pero podía escuchar a alguien luchando a su derecha. – ¡Desmaius! – era la voz de James seguida de un tump.

Un rayo de luz azul iluminó el lugar y envió a Arthur rodando hacia la izquierda. Arthur lanzó un aturdidor de forma ciega y alguien gritó. Pensando en su hijo por nacer, Arthur lanzó un hechizo remolino y el polvo se aclaró, llevándose consigo a dos mortífagos golpeándolos contra la pared. Usando esta confusión, Arthur apuntó a una maquina muggle en la esquina, la cual se avivó con un sonido irritante mientras se movía de lado a lado. Varios de los mortífagos trataron de embrujar a la pobre maquina, dándole a Arthur la oportunidad de incapacitar a algunos con varios aturdidores.

James estaba a duelo con el hombre que ellos habían seguido, su varita moviéndose de la forma más rápida que Arthur había visto. Pero el agujero en la pared donde había estado la puerta era lo suficientemente grande para permitir que más mortífagos entraran.

Con una oleada de determinación, Arthur lanzó una ráfaga de luz blanca pura de su varita. Tres mortífagos cayeron noqueados por este hechizo.

James se apareció al lado de Arthur, su oponente tirado en el suelo con un corte feo en la cabeza. Los dos trabajaron en equipo, cubriéndose las espaldas mientras los cuatro restantes mortífagos los rodeaban. Dos habían caído cuando James gritó, seguido de un crujido espantoso.

Avada – alguien gritó detrás de Arthur, pero él no podía permitirse a sí mismo distraerse. El mortífago al frente de él era bien mañoso con sus tácticas y Arthur tenía problemas manteniéndose a la par con el hombre.

Otro fuerte tump sonó detrás de Arthur y estaba seguro que James había caído. Desesperado, se tiró hacia la derecha semi-rodando y terminando detrás de una pequeña pared en lo que había sido una cocina. Un hechizo voló la pared, dejando atrás el olor a pintura quemada.

En desventaja, Arthur decidió arriesgarse, enviándoles un objeto pesado a sus atacantes. El objeto pesado voló directo hacia uno de los hombres y usando esta distracción, Arthur brincó y lanzó una serie de aturdidores y petrificadores.

El mortífago que quedaba bloqueó los hechizos pero estuvo forzado a moverse de la figura postrada de James. El compañero de Arthur estaba en el suelo, su pierna en un ángulo extraño, pero todavía tenía la varita firmemente en la mano y estaba cantando algo en baja voz.

El mortífago le lanzó un hechizo cortante a Arthur, el cual apenas logró erigir un escudo a tiempo para detenerlo. Otra serie de hechizos y Arthur estaba en la defensiva, alejándose de James y hacia la puerta.

Una mano gigante apareció de la nada y Arthur escuchó como James dejaba salir un gruñido. La mano agarró al mortífago por la espalda y lo lanzó contra la pared.

Respirando profundo, Arthur se quedó parado ahí sin poder creer que la lucha había terminado. Cuando no escuchó más maldiciones, él caminó hacia James y conjuró una tablilla para la pierna de James.

– Gracias. – dijo James entre dientes.

– Gracias a ti. – respondió Arthur. – No creo que hubiese aguantado más.

– Tonterías. – dijo James forzando una sonrisa. – Lo tenías al dedillo. No quería que pensaras que no te iba a ayudar.

Arthur lanzó un contra hechizo para el embrujo Anti-Aparición y le ofreció una mano a James. - ¿Crees que puedas Desaparecer?

– ¿Tengo otra opción?

Arthur hizo una mueca mientras rodaba los hombros. – Siempre puedo ir a buscar a Lily para que traiga ayuda. – dijo con una risita.

– No, gracias. – dijo James inmediatamente. – Prefiero arriesgar partirme en dos.

– Tú primero, entonces. – ofreció Arthur.

– Te veo en San Mungo. – con un crack modesto, James desapareció.

Arthur se aseguró que no hubiera partes de James en el destrozado apartamento y decidió luego ir donde Molly primero. No había nada peor que su esposa cuando a él se le olvidaba informarle que todo estaba bien. Arthur se concentró en llegar a la sala de La Madriguera y se desapareció.


Lejos de ahí, en una pequeña oficina en desuso en el segundo nivel del Ministerio de Magia, una pluma se sumergió en un tarro sellado mágicamente y empezó a garabatear unas líneas. Lo peculiar de este evento no eran las palabras que escribía, sino el mero hecho de que nada se había escrito con esta pluma en más de cien años. Porque esta pluma estaba encantada para registrar todos los matrimonios arreglados en toda la Gran Bretaña Mágica desde que el mismito Merlín arregló la pluma para esa función miles de años atrás. La pluma escribió tres líneas:

Harry Potter – FDN 7/31/80
Criatura Weasley – FDN –desconocido- estimado para el 8/14/81
Vinculante

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N/A: Esta historia ha sido traída a ustedes por la combinación de varias personas: como siempre, tengo la ayuda incondicional de mi esposa Rachel, mis prebetas Kokopelli y Art y mi beta Sherry. Traducción al español de parte de Arios y Brios. Gracias, muchachas.