Capítulo Doce - Revoloteo y Reyerta

11 de agosto

Ginny corrió tan rápido como pudo, maldiciendo sus cortas piernas. Con todo y que le hubiesen dado una licencia de Aparición, esta no la llevaría mas rápido dentro de los terrenos de Hogwarts. Harry, probablemente todavía con el recuerdo del manotazo anterior, estaba asegurándose de que ella no se quedara atrás. Cuando por fin llegaron a las puertas del castillo, los dos llamaron a Dumbledore a gritos.

Harry lanzó un hechizo para abrir la puerta del hall de la entrada. Después de un momento de duda, las bisagras de metal se abrieron,

– ¡Profesor! – gritó Ginny, capaz de solo decir una palabra de tanto respirar. – ¡Dumbledore! – jadeó por fin.

Los dos viraron en una esquina y volaron escaleras arriba. Finalmente llegaron a la estatua de la gárgola fuera de la oficina del director y se sorprendieron de ver a Dumbledore esperando por ellos.

– ¿Hay algún problema? – preguntó.

– ¡Sí! – exclamó Ginny.

– ¡El maleficio! – jadeó Harry, agarrándose el costado. – No se ha… levantado.

La cara alegre de Dumbledore se desvaneció de la preocupación. – ¿Están seguros?

– ¡Sí! – confirmó Ginny. – No pudimos… no pudimos…

Con un ademán de la mano, el director la interrumpió para decir. – Les creo. Tenemos poco tiempo. Tenemos que encontrar al reverendo Firth inmediatamente. – él sacó un dulce de limón del bolsillo y movió la varita sobre este. - Portus. – entonó. El dulce se sacudió sobre la mano por un momento. – Un dedo de cada uno, por favor.

Los dos obedecieron y se encontraron de vuelta en la oficina oscura del reverendo. Las luces se encendieron con un movimiento de la varita de Dumbledore. La respiración de Ginny estaba de vuelta a la normalidad y todos empezaron a buscar al reverendo Firth.

Solo les bastó un segundo encontrarlo. – Me temo que lo atacaron. – observó Dumbledore.

El desafortunado ministro estaba noqueado, amarrado y metido sin zapatos dentro de un armario pequeño. Con sorprendente fortaleza, Dumbledore agarró al hombre y lo sentó en el suelo. Las sogas se desvanecieron y un Enervate despertó al hombre.

– ¡Dumbledore! – exclamó. – Lucius Malfoy estaba aquí. Tenemos que advertirle a Ha – este dejó de hablar cuando sus ojos se posaron en Harry y en Ginny.

– El tiempo es esencial, querido reverendo. – urgió Dumbledore, ofreciendo una mano para que el hombre se pusiera de pie. – Es casi la medianoche y el maleficio todavía está en efecto.

Ginny le echaba miradas nerviosas al reloj, el cual leía ahora las once con cincuenta y ocho y dijo. – ¡No hay tiempo¡Y tampoco estamos propiamente casados!

El reverendo Firth se alisó la camisa y respondió. – Tonterías. ¿Ustedes participaron en la ceremonia como discutimos?

Ginny asintió. – Pues… sí.

El reverendo apuntó a Harry pero mantuvo sus ojos sobre Ginny. – ¿Y hablaste en serio cuando estuviste de acuerdo en casarte con él?

De nuevo, Ginny asintió. – Claro que sí.

– ¿Y tu Harry, lo dijiste en serio también?

Harry se paró derecho y el reloj dio las once con cincuenta y nueve. – Absolutamente.

– Entonces, están casados. – declaró el reverendo Firth. – No importa que no fuera yo el que los casara; yo simplemente soy testigo de los hechos. Lo que interesa ahora es el maleficio. – él encontró su maletín y sacó un expediente. – Vean por ustedes mismos.

Ginny extendió una mano temblorosa y sacó la licencia de matrimonio mágica. Ahí, en un simple cuadrito encima de los nombres de ellos, estaban los dos patronus animados. El unicornio rojo estaba acurrucado de forma amorosa al ciervo colorado, mientras este mantenía la guardia. Hasta los nombres habían cambiado. El de ella ya no era 'Ginevra Molly Weasley,' ahora leía 'Ginevra Molly Potter.'

– ¡Oh, gracias a Merlín! – lloró ella cuando regresó el documento.

– Muy bien, entonces… - el reverendo sonrió, y le dio una palmadita en el hombro. – No tenemos más tiempo que perder. – este encontró su varita detrás del armario y la apuntó hacia los dos jóvenes. Dumbledore tomó un paso para atrás mientras Harry tomaba la mano de Ginny.

Cuando el rayo de luz azul tocó a Ginny esta vez, ella sintió como si miles de hebras se levantaran de miles de sitios dentro de ella. Cuando el hechizo se desvaneció, el reloj empezó a tocar las doce campanadas, y el corazón de Ginny empezó a latir de nuevo.

– ¿Funcionó? – preguntó Harry y Ginny apenas podía soportar escuchar la respuesta.

El reverendo Firth simplemente sonrió. – Bueno, me temo que solo hay una forma fiable de saber si sí o no…

Una enorme sonrisa apareció en la cara de Ginny a pesar se las circunstancias desesperadas en la que habían estado los dos, y ella dejó salir un resoplido. – Le dejaremos saber. Vamos Harry, tenemos algo que hacer.

Pero Harry no estaba mirándola. – ¿Dónde está? – le preguntó a los otros dos magos. – ¿Dónde está Malfoy?

Dumbledore suspiró. – Tenemos reportes de que se le ha visto en Hogsmeade, pero ha evadido captura por dos semanas.

– Reverendo Firth¿estas son sus botas? – Harry preguntó, señalando a un par debajo de la mesa.

– ¿Esas? No, deben de ser de Malfoy. – dijo el reverendo, levantándolas para examinarlas bajo la luz de la lámpara.

Harry recorrió las manos sobre el tacón de las botas, agarrando un pedazo de barro en sus dedos. Había manchas negras alrededor que sugerían algo que no era orgánico.

– Ya se donde está. Me voy tras él. – declaró, sacando su varita.

Ginny agarró el brazo de Harry. – Oh no, no que no, Harry Potter. Tú y yo tenemos cosas que necesitamos terminar. Te dije que no me gusta esperar, y no me vas a hacer esperar un minuto más. Dumbledore y la Orden se pueden encargar de Malfoy. Es hora de empezar nuestra luna de miel.

La cara de Harry nunca perdió su dureza mientras la miraba. – No, Ginny. No puedo permitirle que lo haga de nuevo. Se donde está y me voy a encargar de él ahora mismo.

Lágrimas empezaron a bajar por las mejillas de ella. – Por favor… no…

Una expresión de determinación pasó por la cara de Harry mientras movía la cabeza. – Tengo que hacerlo. – y entonces con un crack se desapareció.

Ginny se giró hacia Dumbledore, furiosa. – ¿Cómo permitió que hiciera eso¿Por qué no intentó detenerlo?

Dumbledore respiró hondo ante las acusaciones de ella. – Su esposo es un adulto ahora, Sra. Potter. No podría detenerlo de la misma que no pude detenerla a usted convertirse en su esposa. Si puedo, sin embargo, escoltarla de vuelta a la cabaña y asegurarme de la seguridad de Harry.

Ginny se sentía herida, asustada y desolada. Ella no quería irse a ninguna parte excepto a donde estaba Harry para decirle dos o tres cosas. Pero ella sabía que sus emociones estaban todas revolcadas y decidió que mejor era calmarse un poco. – Muy bien. – gruñó ella. – Pero quiero que se asegure que Malfoy no lo mate. Ese privilegio me pertenece.

12 de agosto

Harry se Apareció a un bloque de un complejo de apartamentos en Hogsmeade, un área donde él había arruinado un par de pantalones después de caerse en un bache de cal cuando había visitado esta parte durante su sexto año. Los apartamentos los habían construido de un viejo edificio industrial, quizás unas fábricas, y Harry sabía que era raro que estuvieran todos rentados. Sería el lugar perfecto para Malfoy usar como escondite.

Caminado por detrás de la oficina de correos, Harry se echó encima un Hechizo Desilucionador. Su varita estaba resbalosa del sudor, y este la agarró con fuerza mientras la apuntaba al edificio de seis pisos. Un brillo suave color naranja salió de su varita, el Hechizo Revelador haciendo exactamente lo que Ojo Loco Moody le dijo que haría. Harry miró dentro de cada apartamento, buscando por pistas de donde estaba Malfoy.

De repente, el Hechizo Desilucionador se le rompió y una voz se escuchó detrás de él.

– ¿Buscas algo?

Harry se giró para encontrarse frente a frente con un par de ojos grises fríos.

– Esperaba que encontraras mi… intervención con tus planes de boda. – Lucius Malfoy continuó. – Fue terriblemente tedioso el recitar toda esa tontería durante la boda, pero al menos fue con un propósito.

Lo que una vez había sido el pelo suave y limpio de Malfoy, estaba ahora sucio y alborotado, y había un vacío en su cara que hablaba de poco sueño. – ¿Azkaban no le favorece, eh Malfoy? – se mofó Harry.

El otro hombre hizo una mueca desdeñosa y tosió. – No, Sr. Potter. Aunque me alegra decir que pronto me uniré a mis hermanos sirviendo bajo el Señor Tenebroso.

– ¿Oh, sí? – dijo Harry, calculando posibles situaciones de duelo en su mente. Malfoy no era alguien para tomar a la ligera, aun con todo enfermo y solo. – ¿Y como lo hará?

La mueca se amplió a una sonrisa desagradable mientras miraba a su reloj de oro y luego le cerraba para guardarlo en su bolsillo de nuevo. – Porque es pasada la medianoche y se que el maleficio no se ha levantado. Yo fui el que lo casó a usted y a esa traidora de sangre en primer lugar. El Señor Tenebroso me recibirá de nuevo a su servicio cuando sepa que el linaje de los Potter desaparecerá por fin.

Como no quería revelar su movida, Harry cambió el tema. – Y como escapó de Azkaban? Con todo y que los dementores se fueron, los Aurores no le dejaron salir por una bolsa de oro.

– No. - replicó Malfoy, modificando su postura y moviéndose de forma tal que le hizo saber a Harry que la conversación estaba a punto de terminar. – No fue el oro lo que compró mi libertad, pero la lealtad tonta de Gilbert Goyle. Como no hay dementores allí, todo lo que él tiene que hacer es recordar tomar la Poción Multijugos y desde entonces yo estoy libre.

Harry agarró su varita con fuerza mientras un plan se formaba en su mente. – Su libertad está a punto de terminar, Malfoy. Esta fue la última vez que me fastidia a mí y a mi familia.

Sin ninguna advertencia, Malfoy le lanzó un hechizo a Harry, el cual este esquivó pero le hizo un corte en la pierna izquierda. Mas hechizos le pasaron cerca, pero Harry pudo rodarse y esquivarlos, mientras estos le pegaban a un árbol cercano.

Los instintos de Harry entraron en juego, y con precisión de robot, el joven empezó a cansar al otro hombre. A diferencia de la última vez que se enfrentaron, Harry estaba en forma y preparado, mientras que Malfoy estaba cansado y demacrado. Malfoy lanzó un hechizo para desarmar a Harry, el cual puso un escudo sólido. La luz roja rebotó y le dio de lleno en el pecho a Malfoy. Este dio un grito de sorpresa y su varita salió volando de sus manos, mientras él se estrellaba contra un árbol.

Con pasos cautelosos, Harry se le acercó a su oponente. Estaba a punto de lanzarle un Aturdidor cuando otra voz se escuchó en la noche.

– Eso es suficiente, Harry.

Dumbledore caminó bajo la luz de la luna débil y hacia el mortífago caído. – Me aseguraré que se lo lleven.

La respiración de Harry se agitó, mientras la adrenalina del duelo se desvanecía. – Él dijo que Goyle estaba tomando su lugar en Azkaban.

Dumbledore asintió. – La decepción de Goyle se decubrió y él está bajo custodia en otra parte. – sogas salieron de la varita del director, amarrando a Malfoy apretadamente. Otro hechizo salió y Malfoy cayó inconsciente. Dumbledore se volteó hacia Harry y dijo. – Ahora mismo, tú tienes otros asuntos más importantes que atender, Harry. El más importante es una novia iracunda que te está esperando en los terrenos de Hogwarts.

Harry gruñó cuando se dio cuenta de lo precipitado que sus acciones seguramente le habrían parecido a Ginny y asintió. – ¿Estoy en un lío gordo, verdad? – preguntó.

– Me temo que sí. Mientras más pronto se resuelva, mejor. – Dumbledore sacó un dulce de limón y se lo pasó a Harry. – Es el mismo trasladador de hace un rato. Solo tócalo con la varita y di 'A salvo'. Te ahorrará una larga caminata desde la aldea.

Tomando el dulce, Harry contempló Aparecerse a las Malvinas, o a cualquier otro lugar igualmente lejos de Ginny. Al final, sin embargo, él supo que no podía irse así como así, y le dio el toquecito con la varita al dulce. – A Salvo.

Un preocupado Harry caminó desde el castillo hasta la cabaña donde estaba su esposa. Estaba exhausto de su duelo con Malfoy y por haber estado en pie desde las siete del día anterior. Hasta el prospecto de consumar el matrimonio con Ginny parecía tan distante como el sol que intentaba asomarse por las montañas, pero todavía no lo hacía.

A pesar de la lentitud impuesta por su pierna sangrante, el joven llegó a su destino y abrió la puerta. Estaba oscuro adentro, excepto por la simple antorcha prendida sobre la chimenea. Aún en la oscuridad no era difícil el no notar la cara de furia que tenía Ginny. Esta estaba sentaba en una silla que tenía hacia la puerta. Sus brazos los tenía cruzados sobre el pecho y una pierna estaba cruzada y moviéndose con ritmo en el aire.

El joven cerró la puerta y entró de lleno en la sala.

– Oh, que bien. – dijo ella con dulzura forzada. – Me alegro que no estés muerto, porque ahora yo voy a matarte. – ella se paró y se dirigió hacia Harry, pero se detuvo en seco cuando vio la sangre. – ¿Q-qué le pasó a tu pierna?

Ella se inclinó abajo para examinarla y sacó la varita. – Malfoy. – dijo él entre dientes. La técnica que estaba usando Ginny no era nada de gentil. – Me agarró con un maleficio cortante cuando no me lo esperaba.

Ginny terminó su trabajo sanador improvisado y se puso de pie. Con los puños cerrados hacia el lado y sus ojos brillando, su furia regresó con fuerza. Su camisón de algodón se pegaba a su cuerpo y su pelo estaba hecho un enredo que distraía a Harry. – Ya que eres un tonto estúpido, y no sabes el porqué estoy enojada, permíteme decirte el porqué, Harry Potter. Prometí obedecerte hoy, mientras tú prometiste amarme y cuidarme. – ella había forzado a Harry a estar contra la pared de la chimenea y le estaba espetando el dedo en el pecho. – ¡Y aún así, la primera vez que necesitaba que honraras esas promesas, te fuiste detrás de Malfoy!

– P-pero tenía que hacerlo. – pidió él. El enojo estaba empezando a subirle por el pecho y él respiró hondo. – Si no me hubiese ido…

– ¡NO! – interrumpió Ginny. – Yo se cual es tu destino, Harry, pero yo tengo que venir primero a veces. Hay suficientes hombres malos en este mundo, pero solo una mujer que se unió a ti. Si vamos a hacer que esto funcione, tienes que dejar de actuar como si fueras el único en esta relación.

Las palabras de Ginny tuvieron el impacto de cómo si algo le hubiese pegado en pleno vuelo en el medio de la cara. Harry abandonó el comentario que iba a hacer sobre lo agradecida que debía estar ella por la protección que él le proveía cuando se dio cuenta que ella tenía razón. El joven sintió su propio enojo desvanecerse y dejó caer la cabeza y los hombros. – Tienes… razón. No debí haberte dejado sola, Ginny. Yo…

En ese momento, Ginny empezó a llorar. Harry tomó un paso al frente, extendiendo los brazos para abrazarla, pero ella se echó para atrás. – N-no, Harry. Ahora no. – dijo ella antes de girar sobre sus talones y dar un portazo con la puerta de la habitación.

Harry dejó salir el aliento y se dejó caer en la silla donde había estado Ginny… ¿Por qué no le dejó siquiera disculparse?

Harry se quedó ahí sentado por lo que pareció el resto de la noche, tratando de adivinar como salir de este enredo. Una luz débil salió por el horizonte que le dijo que el sol iba a salir en mas o menos una hora.

Finalmente, Harry se puso de pie y se dirigió por el pasillo hacia el cuarto de baño. Harry trabajó rápidamente y silenciosamente para quitarse el sudor y mugre que tenía de la noche pasada. ¿Apenas habían pasado veinticuatro horas desde que se puso sus túnicas de boda en La Madriguera? Finalmente, él se paró nervioso frente a la puerta de la habitación, todavía sin saber como acercarse a Ginny o como esta lo recibiría. El joven le dio vuelta la perilla suavemente. Los zapatos los había dejado en la sala, así que Harry caminó sin hacer ruido al lado de la cama que estaba vacío. Todavía no habían decidido quien dormiría en cual lado de la cama. Harry se quitó la bata, y lentamente levantó las cobijas y se metió debajo de estas.

Mientras su respiración se calmaba, Harry se dio cuenta que la luz de afuera estaba creciendo. Muy pronto, un simple rayo de sol se coló entre las cortinas de la ventana, tocando la puerta del baño mientras se movía por el suelo. Era hora ya de que Harry pidiera disculpas.

El espacio entre los dos estaba frío. La respiración de Ginny era regular, pero Harry se dio cuenta que estaba despierta. Sintiéndose bravo, el joven movió una pierna sobre la cama hasta que encontró un pie de ella. Cuando ella no se movió, Harry respiró hondo de alivio. Evidentemente ella no estaba tan enojada como para lanzarle una maldición.

Manteniendo contacto con el pie de Ginny, Harry se rodó sobre las mantas frías hacia ella. – Lo lamento mucho. – le murmuró a la espalda de ella. – Todo lo que dijiste es cierto. Fui estúpido y orgulloso y peor aún, jugué con tus sentimientos.

Ginny no se movió y Harry sintió un arranque de pánico.

– Sí que lo fuiste. – contestó ella después de un momento, para alivio del joven. Ginny se rodó hacia Harry hasta que sus caras estaban cerca. Él sintió el otro pie de ella sobre el suyo, creando un sándwich de pies debajo de las mantas. La expresión de ella ya no era dura, pero tampoco era gentil. – Me heriste, Harry.

En esa fracción de segundo, Ginny hizo una mueca y lágrimas empezaron a acumularse en sus ojos. – Yo trato fuerte de entender como es vivir con tus cargas, pero como sea a veces… – ella pausó y cerró los ojos con fuerza, enviando lágrimas a su nariz y almohada. – Duele mucho, Harry.

Harry se encontró a sí mismo asintiendo y un flash de entendimiento apareció en su mente. Era una simple impresión, pero el sentimiento era profundo y despertó emociones hartamente ignoradas. – Siento mucho no haberte puesto primero, Ginny. No soy el único mago que pudo irse detrás de Malfoy, y te fallé en mi primera prueba como marido de forma miserable. Ginny, yo…

Un dedo de ella salió de debajo de las mantas para presionarlo contra los labios de él, callándolo. – Espera, Harry. Tengo que decirte algo primero. – la mente de Harry protestó esta acción de ella, ya que quería sacarse de encima todo lo que sentía. Las emociones que sentía querían salir y apenas él podía mantenerlas y él sabía que tenía que decirle como se sentía antes de que pasara.

Harry asintió y ella empezó. – Los dos hemos pasado muchas cosas estas últimas semanas y no ha sido fácil. – dijo ella, secándose los ojos con los dedos. – Pero creo que ahora… ahora puedo decir con honestidad que nuestro amor será capaz de sobrecoger cualquier problema que se nos eche encima. – una sonrisita apareció en sus labios y ella desvió la mirada levemente, sus pestañas mojadas causando que el estómago de Harry diera vueltas. – Se que tampoco no te he tratado bien. – continuó Ginny. – Al principio… aunque tienes que admitir que te comportaste como un tonto.

Los dos se rieron por esto, y Harry asintió, levantando una malo para empujar el pelo de ella de la frente. – Fui un tonto, y lamento eso. – después de escuchar a Ginny, y ver el alivio en sus ojos, él supo que eso era todo lo que necesitaba decir, y que cualquier otra cosa sería demasiado.

– Te perdono. Por todo. – dijo ella. – Pero Harry. Necesito decirte algo más. No importa lo que pase entre nosotros, porque se que serás un tonto de nuevo en algún momento, y de seguro que te gritaré por algo que ni siquiera sabrás el porque… – Ginny dejó de hablar, sus ojos tratando de comunicarle algo importante. Harry dio un respingo. – Lo que quiero decir es… que te amo. – ella colocó sus brazos alrededor de la cintura de Harry y puso su cabeza sobre el pecho del joven, dejando sus emociones afuera.

Cuando ella recobró la habilidad de hablar, ella lo miró de nuevo. – Te amo, Harry Potter, y aunque quisiera dejar de hacerlo, no podría dejar de amarte.

Y entonces ella lo besó.

Los labios cálidos de Ginny estaban sobre los él de una forma que él nunca había sentido. Harry, siendo oportunista, regresó el beso con toda la ternura que sentía él por ella. Ella se había entregado a él libremente, había sacrificado el resto de su niñez por él y ahora le estaba ofreciendo su corazón sin reservas. Los labios de ella se abrieron y la mente de Harry explotó.

– Ginny. – dijo él, jadeando cuando rompió el beso. – Ginny, no tengo palabras para describirte cuanto te amo. Te he amado por corto tiempo, pero es como si no pudiera amarte más de lo que te amo ahora. – él cerró los ojos y posó su frente contra la de ella, la respiración de los dos combinándose en una, el sabor de ella desapareciendo lentamente de sus labios.

Cuando Harry abrió los ojos, él vio algo primal en los ojos de Ginny. – Ya no tenemos que dejarlo solo en besos, Harry. – dijo ella. – ¿Lo sabes, no? – las manos de ella encontraron la piel del pecho desnudo de Harry. Ella pasó la mano hasta el hombro del joven y luego por la espalda. Ella parecía que estaba disfrutando el contacto tanto como él. Los ojos de ella encontraron los de él y el brillo en estos hizo que todo pensamiento racional saliera volando de la mente de Harry. – Todavía queda un deber que mi marido tiene que hacer…

– ¿Y eso que es? – preguntó Harry sin aliento.

Ginny lo empujó hasta que él estaba acostado boca arriba, y alargó la mano sobre su torso, apoyándose sobre este. A pesar de la severa falta de sueño, el contacto lo estaba volviendo loco. – Va a ser algo que vas a tener que practicar muchas veces hasta que lo aprendas bien.

– Okey. – dijo Harry, sin esta muy seguro de que otra palabra usar que no tuviera mas de dos sílabas.

– Cierra los ojos. – ordenó ella y Harry obedeció. Si Harry alguna vez dudó del parentesco de Ginny, esas dudas fueron olvidadas. Mágica era la única forma en que se podía describir lo que los dos hicieron esa mañana y Harry esperaba que él pudiera tener muchas oportunidades de trabajar duro y fuerte para cumplir con su deber.

Fin

Notas de Autor: Ha sido un privilegio trabajar con Kokopelli, AMulder, Sherry, Ara Kane, XiaoXiao, y otros escribiendo esta historia. Los reviews que he recibido han sido, mayormente, positivos y muy bien recibidos. Gracias a todos por leer.

He escrito algunos epílogos desconectados de la historia con Harry y Ginny en Hogwarts y los subiré en algún momento en el futuro. No esperen nada de trama, excepto que me llegue la musa de aquí a allá.

Arios: Por mi parte, les agradezco los comentarios positivos para con la traducción. Todavía no contemplo hacer la traducción de los epílogos. (Sorry!)