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¡Feliz cumpleaños, SaraMeliss! Ahora que ya cumpliste 13 puedes leer legalmente (xD) fanfictions PG-13 (aunque todavía no verás mucho, jejeje), así que aparte de mi excusa para escribir mi primer D/G post Hogwarts con esa categoría, ¡espero que te guste!

¡Y a todos los que lean también!


Amor inalcanzable

Capítulo 1: Deseo que existe



Es temprano en la mañana, un día lunes como cualquier otro. Como cualquier otro en especial porque no era la primera vez que sucedía lo mismo, y ya se estaba acostumbrando. Pero no podía ser así.

Se resistía a abrir los ojos y ver que había caído de nuevo. Ver que no estaba soñando, que una vez más había tropezado con la misma piedra. Era como un masoquismo, porque al parecer le gustaba. Se sentó en la cama, aún arrollada por algunas sábanas, y miró a su alrededor. Era ese cuarto enorme, y ahora cubierto de ropa por doquier. Se corrió hasta la orilla y vio su ropa interior a pocos metros.

Se agachó para recogerla, pero a los segundos sintió cómo unos brazos cálidos la rodeaban por la cintura.

-¿Ya despertaste, mi princesa?

Ginny rodó los ojos, y volvió a su ropa. Ya tenía casi todo en los brazos cuando intentó parase pero esos brazos se resistían a soltarla.

-¿A dónde vas?

-Draco, suéltame.

Con cuidado se zafó de sus brazos y se puso de pie, tomó su última prenda -la que estaba más lejos- y se metió al baño, cerrando con llave desde adentro. Dejó su ropa sobre la tapa del retrete, echó hacia atrás su cortina de pelo rojo como fuego y abrió la puerta corrediza de la ducha. Una vez adentro, cerró la puerta, abrió la ducha y cerró los ojos.

Se cuestionaba si estaba bien la vida que está llevando. Si hubiera pensado en esto hace algo más de un año, hubiera escapado de la ciudad para siempre, para que él nunca la encontrase. Ahora no se podía echar atrás, ¿o sí?

Escuchó un clic, Draco había abierto la puerta, a pesar de todo. Igual tenía derecho a un poco de privacidad, pero qué le iba a hacer. Lo hecho, hecho está. Se lavó un poco pero sentía que con Draco allá afuera -seguro observándola- no podía seguir. Cerró la cañería, abrió la puerta, tomó una toalla con la que se envolvió rápidamente, agarró su ropa y pasó por delante de Draco, casi enfadada, hacia la habitación.

Malfoy salió tras ella y se cruzó de brazos sentándose en la cama. Sólo llevaba puestos los calzoncillos. Ginny se comenzó a vestir mientras Draco la interrogaba.

-¿No vas a decir ni una sola palabra?

-No.

-¿Estás enojada?

-No sé, ¿te parece a ti?

-Ja, ja -se rió falsamente-. ¿Tan mal estuve anoche?

-Cállate, ¿quieres?

-No, no quiero. Dime que te pasa.

-¡Nada, te digo!

Se terminó de vestir en ese momento y salió hecha un bólido por el pasillo. A paso apresurado fue hasta la sala, encendió la chimenea y -antes de que Draco pudiera hacer algo, porque la había seguido-, se fue a su departamento.

Una vez allí, apagó la chimenea, subió a su cuarto y buscó en el armario por algo de ropa limpia para ir a trabajar. Luego de unos minutos estuvo lista y fue de regreso a la chimenea, pero pasó a buscar un bollo de miel a la cocina y luego fue a su oficina, en Gringotts.

En ese lugar, se desempeña como transaccionista muggle. La chimenea a la que accedió está en el cuarto piso de la sucursal bancaria del Callejón Diagon. Se terminó el bollo, botó la servilleta en un basurero y fue por un pasillo a la derecha, saludando a unas cuantas personas con las que se iba cruzando. Sólo esperaba que Draco no hubiera llegado ya.

Entró a una gran sala -antes de llegar al final del pasillo que terminaba en escalera-, donde había varias personas trabajando. Habían cinco escritorios, uno puesto al lado de otro, con unos cuatro metros de diferencia entre sí. Detrás de cada escritorio había ya una persona trabajando. Ginny fue hasta el segundo de derecha a izquierda, se sentó y tomó unas cartas que habían sobre el escritorio para ojearlas.

-Basura, basura, basura y más basura... -murmuró mientras las iba pasando de mano a mano, luego las dejó sobre una pila de hojas-. ¡Nunca hay nada interesante!

-Hola, Ginny -saludó una chica que pasó a dejarle dos cartas más, que prontamente se sentó delante de su escritorio-. ¿Cómo has estado?

-Ufff... si yo te dijera, Amanda... -dijo afirmando su cabeza sobre la mesa.

Amanda Branch era la mejor amiga de Ginny. Tenía un año menos que ella -21- y trabajaba como secretaria múltiple en el banco de los magos. Físicamente tenía el pelo corto hasta los hombros, liso y de un tono negro azulado. Era delgada, de ojos anaranjados y -comparada con Ginny- bajita.

-Vamos, ¿qué tienes que ocultar?

-Nada... ¿qué es? -tomó las cartas que le dejó la chica-. No parecen cuentas...

-No sé, me las pasaron abajo. Estás un poco pálida. Más pálida que siempre... -agregó riendo.

-Mmm... Bueno, no me siento muy bien.

-¿Por?

-Me duele la cabeza...

-¿Pasaste la noche en la cama de Malfoy otra vez? -preguntó, pícara.

Ginny le echó una mirada casi echando rayos por los ojos y se acercó a ella, para susurrar:

-¿Cuántas veces te he dicho que no digas eso en voz alta? -miró hacia los lados-. Sí alguien se llega a enterar... ya sabes cómo son. No tengo ningún interés en que me despidan.

-Y no lo van a hacer, amiga. Y si lo hacen se van a arrepentir, porque no van a encontrar a nadie que pueda reemplazarte -sonrió.

-Eso espero... oh, ¡no!

-¿Qué...?

Ginny se había quedado mirando por encima del hombro de Amanda, cosa que hizo que ella volteara a ver y notara que Malfoy estaba en la puerta de la sala, con los brazos cruzados y mirando hacia fuera del pasillo, vestido ya de traje, pero sin corbata y la camisa blanca con líneas celestes desabrochada en los dos primeros botones.

-Espérame... -susurró, parándose.

-¿Por qué vas? -la detuvo por el brazo-. Siéntate, si él quiere hablar contigo va a tener que entrar hasta acá.

Ginny se quedó callada y comenzó a mirarse las uñas, regresando a sentarse. De hecho, justo segundos después miró hacia arriba y se mordió el labio inferior.

Draco Malfoy estaba entrando a la sala. Eso no era normal. Por lo general los "jefes" como se les llamaba allí, no solían bajar al cuarto piso ni por casualidad, incluso para cualquier cosa usaban los mismos avioncitos voladores del Ministerio de Magia o en casos más extremos enviaban a alguien, pero nunca, nunca, bajaban. Por eso las siete u ocho personas presentes en la sala se le quedaron mirando, completamente intrigados. Malfoy caminó lentamente hacia el escritorio. Algo le dijo a Ginny que lo hacía a propósito, o estaba muy desesperado.

-Ginevra Weasley... -dijo con voz fuerte e imperturbable, apoyando ambas manos sobre el escritorio.

-Señor Malfoy, ¿algo anda mal? -contestó con una voz muy chillona y sonriendo cínicamente.

-Señorita Branch, ¿le molestaría...? -le dijo a Amanda, la cual se puso de pie de inmediato y salió de allí. En seguida se agachó hacia Ginny, bajando la voz hasta ser casi inaudible y cambiando el tono completamente-. ¿Por qué te fuiste de esa manera?

-Eso no es de tu incumbencia, además tengo mucho trabajo ahora así que te rogaría que regresaras a tu "nivel" -contestó de mala manera abandonando toda formalidad, y tomó una de las cartas comenzando a abrirla. Algunas personas que los miraban comenzaron a susurrar.

-Por supuesto que sí es de mi incumbencia, Ginny. Y no me hables de esa manera. -Se irguió completamente y le dijo con esa voz alta nuevamente:- La espero en mi oficina en dos horas, señorita Weasley, y no se arriesgue a faltar. -Se dio media vuelta y fue hasta la salida. -Que tengan un buen día.

Amanda estaba del otro lado de la puerta, así que cuando pasó Malfoy ignorándola completamente regresó hacia el escritorio de Ginny, que apretaba el sobre en una mano que tiritaba mucho. Ahora toda la oficina las miraba, así que la chica les espetó un "¿Qué ven? Aquí no hay nada, regresen a sus trabajos" que todos obedecieron al instante.

Se sentó otra vez frente a la pelirroja.

-Ginny, no puedes trabajar así -le dijo observando el sobre, y se lo quitó-. ¡Lo vas a arrugar!

-Ya lo hice -susurró con voz sombría.

-Ven, vamos al casino. Después regresas y terminas de... digo, comienzas a trabajar...

Salieron de la sala y fueron por el pasillo en dirección contraria a la que había ido Malfoy -que era la que llevaba a las escaleras-. Después de pasar unas puertas llegaron a una doble con vidrios que dejaba ver el interior, que abajo tenía un cartelito que rezaba "comedor". Entraron y fueron a una mesa un poco alejada de las demás. Apenas se sentaron llegó un mesero.

-¿Lo mismo de siempre? -les dijo sonriente.

-No, gracias -contestaron a la vez, lo que hizo que el mesero regresara ofendido a la barra.

-¿Qué te dijo? No alcancé a escuchar nada, menos lo del final...

-Quería explicaciones.

-¿Qué tipo de explicaciones? Aún no me has contado que pasó...

Ginny suspiró.

-Es que... ya estoy hartándome de Draco...

-¿Por, qué pasó?

-¡Nada! -bajo los hombros-. Siento que no está bien lo que pasa... Yo... lo quiero... pero él me ignora en cualquier instancia que no sea cuando... ya sabes.

-Desde un principio estuviste de acuerdo en hacer eso.

-Sí, pero después... me fui dando cuenta que estar con él era más fuerte que una simple diversión... porque si fuera por eso ya lo hubiera dejado hace rato... ahora ya no puedo escapar de él porque creo que para él igual se ha convertido en un vicio que no se puede dejar...

Amanda entrelazó sus dedos y apoyó allí su cabeza, mirando atentamente a Ginny.

-¿Desde cuando dejaste de acostarte con Malfoy sólo por placer?

-No lo digas así, ¡que suena muy feo!

-Ya, pero... responde.

Ginny empezó a enrollarse un mechón de pelo nerviosamente.

-A partir del momento en que me di cuenta que lo quería que más que para eso...

-Ay, Ginny... ¿y por qué no le dices?

-¡¿Cómo crees que le voy a decir?! No lo aceptaría nunca... y se alejaría de mí... yo no estoy a su altura, ¿entiendes? -sus ojos comenzaron a humedecerse. Amanda apretó los labios y aguardó en silencio a que Ginny siguiera hablando-. Sé... que sólo soy una aventura para él... tal como él lo fue para mí en un principio...

-Si fuera una aventura... ¿no crees que ya te hubiera dejado?

-Amanda, cada vez que lo ves, está con una mujer diferente, ¿no es así? Siempre que va a esos eventos o... en las mismas fiestas del banco, está con alguna espectacular modelo, hija de algún millonario seguramente... y yo...

-Pero que tú sepas eres la única con quién se acuesta.

-Eso no lo sé... -Ginny se avergonzaba de mirar a su amiga a los ojos. -Soy una p...

-¡Weasley! Eso sí que no lo quiero escuchar, menos de tu propia boca -la interrumpió abriendo mucho los ojos y soltando sus manos.

-El caso es que esta mañana me di cuenta... de que o lo tengo completamente, o lo dejo para siempre... aunque me duela...

-¿Y?

-Salí rápidamente de su casa sin darle ninguna explicación. Por eso creo que quiere verme, y tengo miedo. Él no deja que nadie le hable de esa manera... ni que le haga ese tipo de cosas...

-Entonces...

-Me tengo que olvidar de él, Amanda. Eso es todo... no sé qué le inventaré... pero ya se me ocurrirá...

Se levantaron y salieron del casino para regresar a la oficina. Al llegar, Amanda se despidió y Ginny regresó a su escritorio, ahora sí a leer atentamente las cartas que tenía sobre la mesa.

Aplastó un poco la que había arrugado, la abrió completamente y comenzó a leer, pero después de las dos primeras líneas sus ojos iban más allá de las palabras y comenzaba a pensar en lo difícil que sería dejar de acudir por las noches a la casa de Malfoy. Más si ella creía estar enamorada de él... Y siguió leyendo.

Cuando llegaron las doce, y algunos de los empleados se comenzaban a ir para almorzar en sus casas, Ginny salió de su oficina y fue al sector derecho del pasillo, directo a las escaleras que llevaban al mítico piso cinco.

Subió. Si alguna vez los empleados llegaban a conocer ese lugar, era el día que los contrataban o cuando los despedían del trabajo. Ginny, a pesar de que eran años que llevaba trabajando allí, lo recordaba perfectamente.

Una amplia alfombra roja con bordes de hilados dorados cubría el piso del único pasillo, llamado pasillo principal, de la planta. Habían tan sólo tres oficinas allí, todas con sus respectivas antesalas, baños y máquinas (mágicas, por supuesto) expendedoras de comida y bebida. Ginny conocía la oficina del jefe que la había contratado a ella, así que sólo quedaban dos aparte de esa, y una tenía que ser la de Malfoy. Se aventuró a la puerta que tenía más cerca, y golpeó dos veces.

-¿Sí?

Alguien del otro lado abrió, pero no era Malfoy. Era un tipo como de su edad, pero que vestía de traje, muy formal.

-Oh, disculpe, creo que me equivoqué... -dijo ella avergonzada.

-Espere, espere, ¿busca al señor Malfoy?

-Eh, sí, ¿por?

-Por que no sé equivocó, entre, por favor.

Ginny siguió al hombre hacia adentro. La antesala era muy parecida a la de la otra oficina que ella conocía. El joven la hizo esperar y entró a la sala principal, dejándola allí. Sospechó que ese tipo debía ser el ayudante o algo así de Malfoy. Después de unos minutos la hizo entrar y pasó detrás de ella.

-Aquí está la señorita Weasley, señor.

-Sí. Puede retirarse, Bryan, y asegúrate que nadie venga a molestar por lo menos en media hora.

-Claro, con su permiso, señor -hizo una inclinación y salió de allí.

Recién en ese momento Ginny se fijó en la oficina. Notó una importante presencia de los colores de la ex casa de Hogwarts del rubio. Todo muy verde y plateado. Malfoy no había volteado en todo ese rato, y miraba por una ventana.

-Ahora sí podemos hablar bien, Ginny -le dijo tranquilamente, sin moverse ese lugar ni voltear a verla.

Ginny se cruzó de brazos y fue a sentarse a un sillón -verde- al otro lado de la amplia sala, que estaba junto a una puerta que ella supuso sería el baño.

-Mira que tenerme que hacer bajar al piso de esa gentuza... -siguió hablando.

-Bajaste porque quisiste, no creo que nadie te haya obligado -lo interrumpió.

-Tú me obligaste, princesa -al mencionar esa palabra a Ginny se le revolvió un poco el estómago. Generalmente le decía así cuando estaba muy, muy meloso con ella.

Se volteó sin moverse de allí, y la miró de arriba a abajo. Ginny estaba con el seño fruncido.

-¿Qué te hice para que te fueras así?

-Draco, que... -tomó aire-, creo que ya... Basta.

-¿Cómo?

-Que ya es suficiente, Malfoy. Es hora de que te busques a otra ingenua que quiera acostarse contigo -dijo secamente.

Ginny no notó una vacilación en los ojos grises del chico, porque más se fijo en la manera que sonreía.

-¿Por qué? ¿Acaso ya no te satisfago, Weasley?

-Sí, es exactamente eso -sí tenía que usar una excusa...-. Ya... ya no siento lo mismo que las primeras veces que tuvimos sexo. Y creo que debemos encontrar oportunidades en otras partes... ¿entiendes?

-A ver, Ginny. ¿Estás segura? No parecías opinar lo mismo anoche, cuando estaba a punto de... -comenzó a caminar hacia ella.

-Bueno Draco, quizás a ti no te pareció. Para mí, está claro que no quiero eso...

Ginny empezó a echarse hacia atrás en el sillón, pensando equívocamente que así podía evitarlo de alguna manera.

-¿Estás tratando de evadirme?

Draco apoyó una rodilla en el sillón, tomó a Ginny por el mentón y se acercó a ella.

-Por que sabes que no vas a poder... ¿verdad?

Ginny cerró los ojos e inmediatamente sintió sus húmedos labios chocando contra su cuello, a la vez que ella con ambas manos intentaba detenerlo, ¡pero no podía! Al contrario, su cuerpo parecía no querer reaccionar a las órdenes de su cerebro y hacía exactamente lo contrario: tomó a Draco por el cuello de la camisa, lo acercó más a sí y comenzó a desabotonar su camisa, actitud a la que estaba muy acostumbrada. Ninguno se percató de un golpeteo en la puerta, menos del sonido que esta hizo al abrirse.

-Señor Malfoy, tiene...

Ginny y Draco pararon al instante y miraron hacia el lugar de origen de la voz. Allí, junto a la puerta, estaba el asistente con unas hojas en la mano y con la boca completamente abierta.

Continuará...


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