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Amor inalcanzable

Capítulo 7: Para mí, esto es amor



"Ginny, tú..."

"No me hables. De verdad pensé que algo bueno ibas a decir, no sé por qué lo hice. Me arrepiento completamente de haberlo hecho..."

Sí. Draco había perdido su última oportunidad. Pero eso no era lo único que Ginny tenía que decir. No se iba a ir hasta decirle la última palabra.

"Sabes? Ya estoy aburrida. Estoy harta de que siempre te salgas con la tuya, de que hagas lo que quieras conmigo. Te he soportado tanto, tanto! Pero nunca pasa nada nuevo, siempre es lo mismo; juegas conmigo, me haces sufrir, me dejas y luego vuelves, y yo como soy de tonta, lo acepto. Por qué, dirás tú? Tengo mis motivos... porque siempre he pensado que debajo de ese montón de mierda que eres tú hay algo bueno. No hay nada, Draco. Nada. No necesito más pruebas que ésta para darme cuenta. Me parece... tan increíble que quieras que mate a tu propio hijo¿por qué, si ni siquiera tienes que encargarte de él? Acaso crees que va a sufrir conmigo? No, fíjate. Va a ser mucho más feliz de lo que sería si tú estuvieras presente"

"Y por qué tú, Ginny? Que no te das cuenta que estás sufriendo porque no puedes evitarme, ni lo harás nunca. Con ese hijo te vas a acordar a cada momento que es mío también. Tú estás tomando una decisión para siempre por él, por qué no puedo tomar yo esa decisión?" Draco se puso de pie.

"Fácil. Porque todo lo que haces lo haces mal. Cada vez que tratas de hacer algo no te resulta, porque a los imbéciles como tú nunca les resulta nada"

"Ah, no? Y por qué crees que tengo el trabajo que tengo? Por qué crees que he llegado donde he llegado? No fue precisamente por suerte, ni por el prestigio de mi apellido ni por nada de eso. Crees que ha sido fácil salir adelante con un padre muerto a manos de los Aurors y una madre apresada en Azkaban hasta el día de su muerte? No sabes nada, ni un poco de lo que he sufrido. Crees que mi vida es llegar y abrazarse, pues pon los pies en la tierra y date cuenta de eso"

"Eso no justifica nada. No porque hayas tenido una cruel juventud significa que tienes que venir y desquitarte conmigo, ni con nadie. Haces que la vida parezca fácil aunque no lo sea ni para ti. Las personas tenemos sentimientos"

"Y piensas que no lo sé?"

"Sí, lo sabes, pero te bloqueas. Por qué no puedes ser feliz sin herir a otras personas?"

"Pero..."

"Todo lo que tú haces está bien, no? Estaba bien cuando me ignorabas en el banco, estaba bien que salieras con otras chicas cuando estabas en sociedad, incluso estaba bien que te acostaras con ellas. Nunca entendí por qué te aguanté tanto, Draco. Nunca"

"Todo eso... eran estupideces!"

"Ni siquiera tomas el peso de lo que es tener un hijo. Es un ser humano, Draco. Y si aún no piensa por si solo ya lo hará, cuando nazca y crezca, y sólo, sin la ayuda de nadie, va a aprender que hay que superar obstáculos en la vida. No le quieres dar la oportunidad de equivocarse y cometer sus propios errores"

"Por qué tiene que pagar por los errores de otros?"

"Para mí esto no fue un error Draco. Lo que pasó, pasó. Y eso bien lo sabes. Y te repito hasta el cansancio; yo no te pido nada"

"...sólo que me dejes en paz para siempre" repitió de memoria Draco. "Cómo se supone te deba dejar en paz sabiendo que vas a ser madre de una criatura mía?"

"Y cómo se supone que debo olvidarte? No puedo Draco. No puedo olvidarte, pero sí superarte, y no volver a cometer los mismos errores que cometí en el pasado. Un hijo nunca es un error, es un hecho. Ya nada puedes hacer para que vuelva a confiar en ti"

"Ah, no? Y qué tal si te dijera que todo lo que he hecho hasta el momento, lo he hecho por ti? Me parto la cabeza pensando en buscar una solución a todo esto y tú me agradeces de esta manera!"

"Por que ni siquiera fuiste capaz de encontrar la solución correcta! Para eso te enrollas tanto? Por qué no te dedicas a arruinar tu vida propia sin molestar al resto?"

Ginny no se pudo contener más. Sus ojos, una vez más rojos y brillantes, dejaron escapar sin piedad alguna las conocidas gotitas de agua, que salían y corrían hasta perderse en algún lugar de su cuello. Mientras tanto, seguía gritando.

"...lo único que puedo esperar para ti, es que cambies. Aunque sé que no lo vas a hacer, uno siempre tiene la esperanza, no? Quizás soy yo la que te hace mal. No, soy yo la que te agrava las cosas. Quizás, sólo quizás, si no me vuelves a ver, vas a poder cambiar un poco tu idea de la vida, vas a poder aprender que trasmitir el sufrimiento no tiene más que consecuencias negativas. Mientras yo, espero poder dejar este lugar, irme a vivir lejos, no sé. Y allá, voy a conocer a alguien que sí va a querer ser el padre de mi hijo y que no lo va a hacer sufrir por ningún motivo. Sobretodo, alguien que me va a dar todo el cariño que he estado esperando todo el tiempo de ti y que nunca me diste. Adiós, Malfoy. De verdad, de todo corazón, espero que aprendas algo, y que saques algo bueno de esto. Hasta nunca"

Y se fue. Draco, bien no se sentía. Cayó hacia atrás hasta quedar sentado en el sillón, respirando agitadamente y con una mano en el corazón.

Tenía que reconocerlo, ella tenía razón. Siempre la tuvo. Y si él no se dio cuenta antes de esto, fue por una razón. Interpuso lo físico a lo del corazón. No se daba cuenta, estaba segado por el poder, por la ambición, por el rencor que profesó desde niño hacia todo el mundo, sólo por el hecho de sentirse débil. La máscara que interpuso entre él y el mundo tomó posesión de Draco en algún momento de su vida sin que este se diera cuenta. Y ahora si era cierto, no volvería a ver a Ginny, menos a su hijo. Nunca. Se lo merecía.

Draco no pudo dormir esa noche. Daba vueltas en su cama una y otra vez imaginándose su vida a futuro, sin Ginny, con Ginny y otra vez sin ella. Y muchas veces, con ese niño que anteriormente se había imaginado. Rato después, se imaginaba la vida de Ginny, y por un extraño motivo con una ciudad al sur de Europa de fondo. Ginny tomada de la mano de un tipo al que no conocía, y de su otra mano el niño; y dentro del mismo sueño -o alucinación-, Ginny besando a ese hombre. No podía hacerse la idea de saber que otra persona iba a reemplazarlo. Menos, que Ginny lo iba a olvidar. Eso le dolía, no saben ustedes cuanto.

A las tres de la mañana, más o menos, se levantó de la cama, tomó su varita, se puso una bata de seda y fue hasta la cocina. Allí, tomó una fina taza de porcelana china vacía y con un hechizo la llenó de café. Y con la taza en mano, fue hasta su escritorio, en medio de la penumbra. Sin encender ninguna luz, se sentó en su silla de cuero rotatoria. Se acercó a la ventana. Allí, en lo alto del cielo, había una estrella. La más brillante de todas, y no, no era venus. Y recordó.

Cuando era aún un niño pequeño, de tan sólo unos 4 años, lo dejaron solo en casa. Sus padres habían ido a una cena y Dobby, el elfo doméstico, seguro estaba en las cocinas o durmiendo por allí. Draco estaba en su habitación, y no podía dormir. Se levantó y abrió la puerta. El pasillo estaba muy oscuro, pero él no tenía miedo. Era un niño valiente. Salió y entró a la pieza de enfrente, que era donde estaban todos sus juguetes. Allí también, había una estantería con muchos libros infantiles. Pero él aún no sabía leer. Aún así, tomó uno de lomo azul y lo sacó. Se sentó en una butaquita de madera y bajo un rayo de luna que se colaba entre las cortinas empezó a ojear el libro.

Era un libro con mucho texto y pocos dibujos, pero los dibujos eran lindos. Y llegó a una página que realmente le llamó la atención. En esa página, unos niños y un perro miraban el cielo, sonrientes; en ese cielo habían estrellas, pero uno de los niños -el mayor- apuntaba hacia la que parecía ser la más brillante. El pequeño Draco cerró el libro, lo dejó en el piso y saltó hasta las cortinas, que apartó con premura y miró hacia el enorme y negro cielo. Habían muchas estrellas. Draco miró de un lado a otro, buscando, buscando, hasta que la encontró. En lo alto del cielo, la estrella más brillante. Y sonrió. Desde ese momento, para él, la estrella más brillante del cielo se llamaría la 'estrella de la felicidad', porque te hacía sonreír.

Aunque Draco nunca más sintió la necesidad de buscarla. Hasta ahora. Pero no pudo sonreír.

Cómo había caído tan bajo. Por qué no podía ser un niño pequeño de nuevo, un niño inocente y sin rencor hacia nadie. Porque más o menos hacia sus ocho años, que dejó de ver las cosas como siempre las había visto. El mundo era horroroso fuera de los grandes portones de la mansión Malfoy, lugar que se vio obligado a abandonar cuando llegaron a quemarla, tiempo antes de que capturaran a su madre. Él salió y se buscó otro lugar, oculto y chico, hasta que pudo salir de allí y comprarse su actual mansión, donde se le fue toda la herencia. Suspiró. Todo siempre le salía mal. Su vida por fuera parecía perfecta, pero por dentro era un desastre emocional, él lo sabía. La estrella de la felicidad estaba lejos, a millones de kilómetros de la tierra, en el universo o más allá. Nunca iba a ser capaz de alcanzarla. O tal vez sí, pero había que empezar por algo... no sabía qué. Ya se le ocurriría.

Regresó a su dormitorio, se acostó boca arriba, miró el techo unos minutos, y luego se quedó profundamente dormido.

Ginny se levantó muy temprano esa mañana. Haría exactamente lo que le había dicho a Draco. Se iría de allí. Quedarse en Londres sólo implicaba sufrimiento, y no sólo para ella, para el pequeño que llevaba en su vientre también. Tomó pluma, tinta y papel y redactó una carta, la que luego multiplicó en varias, las separó, enrolló y las colgó del pie de su lechuza, la qué a los minutos se fue atravesando el cielo que acababa de amanecer.

Con ayuda de la varita, empezó a guardar todas sus cosas en distintos baúles. Pensando, pensando, haciendo un rápido flashback a todo lo que había vivido en el último mes. Era demasiado. Ella no quería una vida así de extrema, ella quería calma, paz, quietud. Quería que su hijo, o hija, naciera en un ambiente propicio, lejos de ese pedazo de basura que era su padre biológico.

Una vez que hubo terminado, se recostó sobre el único sillón que aún quedaba. Estaba extenuada¿quién imaginaría que tenía tantas cosas que guardar? Y sería muy difícil dejarlo todo, perder toda costumbre, que ya no podría ver a su familia seguido y a sus amigos menos. ¿Todo el sacrificio sólo por Draco valía realmente la pena? Imaginaba que sí. Que sí la valía, por su felicidad y por la de su bebé. Y por la de todos los otros. Se sentó con las manos a los costados, apretó los labios y observó el cuasi-hogar que había tenido durante los últimos años... todas las cosas que allí habían sucedido, incluyendo los novios que había traído a casa, por supuesto antes de que Malfoy se metiera abruptamente en su vida. Desde allí las cosas nunca fueron iguales y aunque ella tratase de mirar hacia el lado, nunca pudo. Ahora tendría que hacerlo forzadamente. Pero, y si no encontraba a nadie? Tendría que salir sola adelante, no existía otra salida. Y qué mas daba.

Se paró una vez más, y terminó de guardar todo, y luego con otro hechizo más, todo desapareció convirtiéndose en un pequeño pedazo de pergamino con forma de cupón, que le serviría para llevarse todo a otro lado sin mayores problemas. Agarró su bolso y se apareció en la casa de su madre.

Draco llegó a la oficina y, apenas pudo, cruzó por el pasillo hasta la oficina del fondo. La oficina del señor Whitt. Estaba furioso, tanto, que primero ni notó que Amanda no había llegado a trabajar. Y dos, ignoró completamente a la señora Spencer, su secretaria, que se paró de su puesto y lo siguió hasta entrar en la oficina del hombre.

"Señor Whitt! Él no..." alcanzó a decir la señora Spencer.

"No importa Johanna, regrese a su oficina por favor" le respondió calmadamente el señor Whitt. La mujer se marchó algo ofendida. "¿En qué te puedo ayudar, Malfoy? Toma asiento por favor"

Malfoy se sentó abruptamente en la delante del escritorio.

"¿Qué..."

"Maldito sea, señor Whitt, cómo puede ser así?"

"¿De qué hablas?"

"Hablo de las estúpidas políticas de este estúpido banco..."

"¿Perdón?"

"Lo que escucha, caballero. Creo que merecen una reformación¿no le parece idiota tener que despedir a alguien por ser pareja de alguien de nuestro piso?"

"¡Señor Malfoy!"

"Por favor, escúcheme. Ya basta, esas reglas se crearon en 1830 bajo la supervisión de quién sabe que idiota clasista y aún no se han modificado? Qué hay de malo en tener una relación de alguien del piso de abajo?"

"A ver, Malfoy, no te pases, estás hablando con un superior" Draco se cruzó de brazos mientras el señor Whitt engravecía la voz y fruncía el entrecejo. "Yo ya te dije que te estaba haciendo un favor manteniéndote en esta empresa"

"¿Y usted cree que eso a mi me importa?" le espetó con furia. Sí, ya no le importaba nada. "¿Quién va a querer trabajar en un trabajo con unas políticas de mierda?"

"Mira..."

"Nada de nada, señor" lo cortó. "Me importa un comino lo que piense. Si yo decido irme, no sabe usted todo lo que se va a arrepentir. Asimismo como dijo¿dónde va a encontrar alguien tan bueno como yo? Y además que le acepte su cretina reglamentación de trabajo... No lo creo. No creo tampoco que usted alguna vez no haya roto las reglas. Podría estar perfectamente seguro de que más de alguna vez entre usted y la señora Spencer hubo algo, incluso que todavía lo hay..."

"¡No seas inoportuno Malfoy, qué te has creído?" golpeó la mesa con el puño.

"Lo que soy solamente, señor Whitt. Como uno de los directivos de este banco deseo que se haga un cambio inmediatamente de las normas, que sean revisadas y actualizadas, y a favor de todos. Si no lo hace, no sólo no me importará que me despida, sino además, espero que tampoco le importe que se sepan todos los 'secretitos y arreglitos' algo truculentos de Gringotts, eh? Usted cree que si se supiera la cantidad de cosas que pasan en estas oficinas y nadie se entera, alguien más va a confiar su dinero con nosotros?"

Malfoy se paró, barrió las manos y cruzó los brazos por la espalda, mirando fijamente al señor Whitt, que estaba rojo como una centolla.

"Malfoy, tú no te atreverías..."

"¿Usted cree que no?"

"Pero..."

"Hagamos un trato. Si hace lo que le dijo con respecto a las reglas no lo molesto más, y tomo el traslado inmediatamente a Moscú, tal como usted quería, le parece?"

Aguardó pacientemente de pie. El señor Whitt balbuceó algo que Malfoy no escuchó, tomó su pluma y anotó unas cosas con la mano temblorosa en un papel mientras el color se su cara se iba apaciguando. A continuación lo miró y asintió.

"Toma el traslado a Moscú entonces, Malfoy" masculló bajito, con un tono nervioso. "Las leyes van a ser revisadas, pero no prometo nada"

"¿Cómo me cercioro que va a ser así?"

"Puedes venir a ver cuando te plazca" explicó rendido.

"Bien, perfecto. Entonces voy a tomar mis cosas y me iré" en eso iba caminando hacia la puerta y cuando la abrió descubrió a la señora Spencer con la oreja pegada a ella y se rió, diciéndole: "Por favor, usted ya esta grande para esos jueguitos. Si a Amanda se le ocurre aparecer desígnele un nuevo puesto, yo ya no la voy a necesitar" Y salió de allí.

Fue a su oficina, y usando la famosa varita en un dos por tres la vació, dejando sólo los muebles y la decoración tal como estaba antes de que él hubiera llegado a ocupar la sala. Luego salió y fue a despedirse a la oficina de el otro dirigente. Al final regresó a su mansión mediante polvos flú y llamó a todo un grupo de personas para que se encargaran de hacer los trámites para el traslado a la capita rusa.

Más tarde, como a las once de la mañana, habían terminado. Draco le echó un vistazo a todas las habitaciones. Se detuvo en dos partes, el dormitorio y la oficina, sus lugares favoritos de toda la mansión. De hecho, al estar en su habitación, sintió un pequeño dolor de estómago. Porque ese lugar, dondequiera que mirara, le recordaba a Ginny, y todas las noches que allí habían compartido. Y pensó, qué sería de ella ahora? Y tendría el valor para ir a despedirse de ella, aunque ella no lo quisiese ver ni en pintura? Sí, el valor lo tenía. Allí estaba, listo para ser usado. Fue a la sala y ocupó su chimenea por última vez.

Llegó al departamento de Ginny, pero pensó que se había equivocado. Estaba vacío. No había indicio alguno de vida, las paredes habían perdido el color, no habían muebles, no habían cosas, no había alfombra ni cuadros ni candelabros. Nada. En menos de un minuto revisó la casa completa y no halló más que vacío. Ginny, tal como le había dicho, se había ido. Y él no alcanzó a despedirse... ¿o aún podía?

Miró su reloj. ¿Hace cuánto se habría ido? Tal vez aún estaría en el aeropuerto, o en la central de transladores, o en la casa de su madre, cómo saberlo? Probó con el segundo, era el que más le convencía. Se desapareció para llegar a ese lugar. Y segundos después allí estaba, en un lugar perfectamente comparable a un aeropuerto, salvo que en vez de afuera tener una pista de aterrizaje, no había nada, sólo pilas y pilas de los objetos muggles más curiosos del mundo.

Observó a su alrededor y vio varios letreros negros con letras doradas detrás de unos mostradores con largas filas de personas. Y no se preocupó de lo que decían, más se preocupó de la gente que allí estaba, y que de a una iban pasando hacia atrás del mostrador y metiéndose en una salita. Personalmente, él estaba parado en medio de la nada, al frente tenía a las filas de gente y atrás muchos puestos con comida y souvenirs de Londres y sus alrededores. Volvió a la gente. Miró las cabezas, el cabello y las caras. Su Ginny no estaba por ningún lado. Pero cabello pelirrojo si vio, y no era precisamente el que esperaba. Era el hermano mayor de ella, Ron, conversando con la mejor amiga de Ginny e inasistente ex-secretaria, Amanda. Entonces, Ginny no debía estar lejos.

Se acercó a ellos. Amanda fue la primera en verlos, ya que estaba de espaldas al mostrador y al posar sus ojos en los de su jefe palideció.

"Ups..."

"¿Qué?" preguntó Ron, dándose vuelta, y viendo al que se dirigía hacia ellos. "¿Malfoy?" escupió, desconcertado.

"Branch, Weasley, buenos días" saludó Draco, tratando de mantener la compostura.

"Señor Malfoy, yo..." iba a decir Amanda, pero Draco la interrumpió.

"No importa Branch, no te busco a ti. Y da lo mismo, mas ya no trabajas para mí"

"¿Cómo, estoy...?"

"¿Despedida? No. Reasignada, supongo"

Draco se veía muy calmado, con las manos en los bolsillos del traje, que le sentaba muy bien.

"¿Por qué, si se puede saber?"

"Pedí el traslado, a Moscú, recuerdas?"

Ron lo miraba con el seño fruncido.

"¿Qué buscas, Malfoy?"

"No precisamente a ti, comadreja. Quizás sí a tu hermana, te suena?"

"¿Cómo te atreves...?"

"Ron, tranquilo" dijo Amanda con una señal de manos, asustada. "Malfoy, Ginny..."

"Ya no está, se fue" respondió Ron por ella, mirando amenazadoramente a Draco.

"¿Cómo que se fue, a dónde se fue?" preguntó Draco, asustándose.

"Eso no te incumbe, no tenemos por qué responderte..."

"Por supuesto que sí¿no sabes que soy el padre del bebé que está esperando, imbécil?"

"Paren, por favor" habló Amanda, claro y fuerte.

"Tú me dirás, verdad?" le preguntó Draco a Amanda.

"No sé, Malfoy. Después de lo que le hiciste... de lo que le dijiste quiero decir. Yo... dije que ella no iba a prestar una segunda oportunidad..."

"Sí, lo sé, pero eso en el pasado está. Yo quiero despedirme de ella"

"Pero ella ya no está, se fue"

"¿Pero a dónde?"

"¿Qué parte de 'eso no te incumbe' no entiendes?" le espetó Ron, enojado.

"¿Qué haces aquí?" dijo una reconocida voz a sus espaldas. Draco se volteó. Y allí estaba Ginny, radiante como nunca, metiendo unos papeles en su bolso y mirando a Draco con perspicacia.

"¿Qué no te habías ido ya?"

"Estaba en el baño..." Ginny miró sobre el hombro de Draco a Ron que negaba con la cabeza, enfurecido y a Amanda que tenía los ojos algo llorosos. Volvió a Draco. "¿Qué haces aquí, me vas a responder o no?"

"Vine a..." miró hacia atrás y se alejó de la fila con Ginny. "Quería despedirme. Y como no te encontré en tu departamento... pensé que estarías aquí. Acerté"

"¿Y cómo sabías que me iba?"

"Lo intuí, por lo que dijiste anoche... Pero venía a despedirme no porque te fueras tú, sino porque me voy yo..."

"¿Qué?"

"A Moscú"

"A Moscú..." repitió ella, inconscientemente. Quizás no hubiera sido necesario irse. Pero no, lo necesitaba, necesitaba dejar ese maldito lugar que tantos recuerdos le traía, estuviera Malfoy allí o no.

"Pero tú, a dónde vas?"

"Italia. Aún no tengo clara la ciudad, pero en todo caso mandé las cosas a Roma"

"¡Ginny!" la llamó Amanda. Ya estaban en su turno de la fila.

"Bueno... adiós... Malfoy" dijo Ginny, y se dio media vuelta para ir a donde su hermano y su amiga la llamaban.

Draco quedó allí, parado, viendo como el amor de su vida se iba para siempre. Pero aún no se iba, a pesar de que ya estaba entrando tras el mostrador hacia la puerta que daba a la sala donde seguro estaba el translador.

"¡GINNY!" gritó, y corrió hacia allá, pero cuando intentó pasar Ron lo agarró por el cuello de la chaqueta y no lo dejó pasar.

"¿A dónde crees que vas?"

Ginny ya había desaparecido tras la puerta.

"¡Déjame, maldito idiota!"

"¡Tú no te acerques a mi hermana más, ella ya no te quiere!"

Pero Amanda sabía que eso era mentira.

"¡Ron, déjalo!"

"¿De qué parte estás, Amanda?"

Draco forcejeaba con Ron, y los guardias de la entrada del recinto ya se acercaban. Draco se fijó en el panel negro del fondo del mostrador, y mostraba unos número que iban en revesa. '10... 9... 8...'

"¡Sólo la has hecho sufrir!"

"¡Y qué sabes tú!"

'7... 6... 5...'

Los guardias sacaban las varitas.

"¡Ron, para, ahora!" dijo Amanda, metiéndose entre ellos y haciendo que Ron soltara a Draco, quien en el segundo que el panel marcaba '2... 1...' entró corriendo en la puerta.


ooooo



Nevaba, pero en lo alto se veía el cielo azul oscuro bañado de estrellas. Pequeñas estrellas amarillas y tintineantes. Y abajo, en la calle, miles de autos yendo de un lado a otro por una atestada avenida en el centro de Moscú. Y hacía frío, pero él no sentía frío en lo absoluto. Miró hacia delante, el taxista muggle seguía avanzando lentamente para no resbalar, y luego sintió cómo entre sus dedos de la mano izquierda otra mano se movía. Miró a su lado. Ginny dormía plácidamente, recostada en su pecho, hasta que decidió acomodarse un poco. Su barriga estaba enorme, y eso que apenas cinco meses habían pasado desde el incidente en la central de transladores de Londres. Trillizos, eso habían dicho en el hospital. Wow, y eso que él había sido hijo único, y la mayoría de sus amigos también, iba a ser tan raro eso de tener tres hijos ¡y a la vez!

El tráfico avanzaba un poco más, y así el taxista, que no se atrevía a manejar demasiado rápido.

La vida en Rusia era de maravillas. Las primeras semanas, habían contratado un traductor, la verdad ninguno de los dos entendía nada de ruso pero poco a poco fueron sabiendo lo básico y ya a los dos meses podían manejarse perfectamente, aunque entre ellos prefiriesen seguir hablando en inglés, lo que molestaba cuando se encontraban en grupos de gente, pero a ellos les daba risa, risa y nada más.

En esos cinco meses ya habían viajado dos veces a Inglaterra; una para ir a la Madriguera y otra que fue bastante difícil; una visita a Azkaban a ver a la madre de Draco. Y la verdad es que la cárcel ya no era ni parecida a cuando la manejaban los Dementores, ahora todo era más humano, ya que los guardias eran Aurors (carrera que se hizo particularmente popular) entrenados por el Ministerio y se podría decir que la cárcel ahora era más un reformatorio.

Ginny vio muy bien a Narcisa Malfoy, la que al principio le costó aceptar a la nueva pareja de Draco, pero horas después ya no cabía duda de que le caía muy bien. Y paso casi lo mismo en la Madriguera, casi, porque Ron no era capaz de moverse un centímetro respecto a su postura con Malfoy y de hecho se enojó porque todos parecieron aceptarlo muy bien. Más tarde no le quedó otra que resignarse a que los dos estaban muy enamorados y que Draco no se atrevería a hacerle daño a su hermanita, o él mismo lo mataría de la manera más cruel posible.

A los tres meses en Rusia, habían contraído matrimonio en una ceremonia privada, incluidos todos los amigos que habían viajado de Inglaterra sólo para la fiesta. Draco era el jefe único de la filial de Gringotts y Ginny no trabajaba, por los bebés, pero ya tenía asegurado el puesto de segunda jefa y relacionadora muggle para cuando quisiera tomarlo. Vivían en el hermoso y espacioso último piso del mismo edificio del Banco, en medio de una céntrica calle muggle. Era un banco donde la gente común no se atrevía a entrar, porque se había hecho correr el rumor hace muchos años, de que era un banco de la mafia y que sólo delincuentes tenían allí sus dineros. Ya habían hecho muchas amistades ruso parlantes y otras no tanto, y que igual hablaban inglés. Se puede decir que los dos habían cambiado completamente, pero dentro de todo, seguían en su más puro estado.

Volvamos al presente. Ginny se volvió a acomodar y Draco sonrió. La amaba, con el amor más grande y profundo que cualquier humano pueda sentir por otra persona. Y ella también lo amaba a él de la misma manera. Pero aún tenían mucho camino por delante.

Malfoy volvió a mirar por la ventanilla del taxi. Había dejado de nevar y ahora el cielo se veía claramente. Draco miró de un lado a otro, buscando, buscando, hasta que la encontró.

En lo alto del cielo, la estrella más brillante. Y sonrió. Al final, la estrella de la felicidad estaba menos lejos de lo que toda su vida había pensado.



FIN


Nota de la autora: Ahhhhhhh! (llorando) Otra vez no! Me atacan estos sentimientos de, oh no, debo despedirme de otra historia, por qué siempre me pasa esto! Vaya... ;.; Gracias, gracias por sus reviews, muchas gracias a todos por haber leído esta historia y haberla disfrutado conmigo. Gracias en especial a las personas que me ayudaron a seguir adelante con la historia, que son bastantes y no las podría nombrar a todas aquí. Pero gracias. Y si no pude publicar antes, fue porque el colegio me tiene tapada de cosas, ya no puedo usar el PC tanto como antes... y ya basta de excusas. Espero que le haya gustado, de corazón, y espero que, por última vez, me dejen un review para saber qué tal. Besitos y gracias por última vez.