Los personajes de esta historia no me pertenecen. Son propiedad de TSR o/y R.A Salvatore.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic es YAOI (y slash)y este se da entre los personajes de Drizzt, Artemis y Jarlaxle si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas, comprendo perfectamente esa postura.

Capítulo1. Fiestas de sangre

La fiesta era magnífica.

La catedral de Espíritu Elevado se alzaba en toda su majestuosidad, coronando los amplios jardines que la rodeaban. Era verano y la naturaleza adornaba el paraje con todos sus colores, Pikel, el enano druida había puesto todo su poder sobre la naturaleza para ensalzarla aún mas con hermosos árboles y matas de flores.

Diversas mesas con alimentos variados se habían dispuesto para atender a los invitados. No todos los días se celebraba el aniversario del inicio de la construcción de la catedral.

Se notaba que Caderly, el clérigo dirigente de tan magnifica obra, era un hombre amistoso, a juzgar por la cantidad de gente que había acudido a la celebración.

Drizzt sonrió disfrutando de la fiesta. Había recibido la invitación por pura casualidad, dado lo dificil que era para él permanecer sedentario, y acudido lo más rápido que había podido. Resultaba realmente reconfortarte pasar desapercibido sin intentarlo siquiera, allí había tanta gente de tantas partes que él solo era un elemento exótico mas. Gentes de las cuatro esquinas del mundo se reunían en la campiña, elfos, enanos, medianos, gnomos y humanos de todos los rasgos y nacionalidades. Aunque la mayoría de los presentes eran clerigos no faltaban amigos no seglares.

Desde luego que era mirado con curiosidad, pero Drizzt percibía una aceptación inmediata que le llenaba de tranquilidad. Era un día perfecto.

Se acercó a una de las mesas y se aproximó al ponche, cuando iba a servirse un poco encontró una mano que iba a hacer lo mismo y alzó la vista con una disculpa.

Hasta que vió que la mano era tan negra como la suya... y vió que el sujeto en cuestión era un drow de sonrisa burlona, parche falso el ojo, sombrero de ala ancha con pluma colorida, chaleco multicolor y capa igualmente llamativa. Nada mas y nada menos que Jarlaxle.

Y si Jarlaxle estaba allí...

De acuerdo, que no cunda el pánico.

- ¡Drizzt, que agradable sorpresa! ¡Artemis, mira quien está aquí!

Oh no... Drizzt estaba completamente enmudecido, practicamente paralizado, Jarlaxle no solo tenía el descaro de saludarle alegremente sino que encima llamaba a su socio, el enemigo mas encarnizado que Drizzt hubiese tenido en su vida.

Allí estaba, Artemis Entreri no había cambiado casi nada desde la última vez que se habían visto, cuando se habían batido en un duelo a muerte en la Torre de Cristal y Drizzt a punto estuvo de perder la vida pese a haber ganado el duelo.

El rostro no mostraba cambios, rasgos angulosos y recortada perilla, el cabello negro, no obstante, había crecido bastante y Entreri llevaba una melena corta con mechones mas cortos cayendo rebeldes sobre los penetrantes ojos grises.

- Drizzt.

Pronunció su nombre con una sola palabra cargada de veneno, y Drizzt sabía que alguién menos recio que él se habría estremecido ante la fulminante mirada.

Si las miradas matasen el vigilante ya habría dejado de respirar.

- Entreri.

La tensión en el aire hubiese podido cortarse. Jarlaxle no obstante actuó como si nada anormal pasase, como si Artemis Entreri no fuera el asesino humano que había perseguido a Drizzt durante años con el fin de acabar con su vida y sus ideales.

- ¿No es una magnífica fiesta?

Drizzt decidió mirar a Jarlaxle, pues lo último que quería era reavivar la llama del odio de Entreri, el asesino y él habían separado sus caminos tras un último duelo, Drizzt había ganado el duelo, pero este había terminado con el asesino creyendole muerto.

- Si, lo es... no sabía que estuvieseis invitados.

- ¿Cómo? ¿No te ha contado Caderly de la gesta de Jarlaxle y Entreri, los destructores de la terrible Crenshinibon?

Entreri alzó la vista al cielo con resignación y Drizzt sonrió levemente, desde luego que el clerigo le había contado todo el episodio de la destrucción de Crenchinibon, e incluso había sorprendido al drow contándole que Entreri había salvado la vida de Nicada, su esposa.

- Si, algo así.- Concedió.

- Entonces está claro que somos invitados, probablemente ya sepas que somos honrados cazarrecompensas.

Que eran cazarrecompensas lo sabía, que fueran honrados era otro tema a tratar. Drizzt debía admitir que de camino a la catedral había oido hablar del temible duo de cazadores de recompensas. Se habían labrado toda una reputación.

- Supongo que así es.

- Supones bien.- Jarlaxle se sirvió ponche y bebió con la tranquilidad de quien trata con viejos amigos.- ¿Dónde estan tus amigos? No veo a la bella Catti-Brie.

- No han venido conmigo, era un viaje muy largo para un bebe.

- ¡Mis felicitaciones! Ya era hora, de verdad.- Exclamó el mercenario.

Drizzt sonrió y meneó la cabeza.

- No es hijo mio.

Jarlaxle suspiró y dio una súbita palmada a Entreri, que dejó de fulminar a Drizzt para dirigir una mirada asesina a su socio, que no le prestó atención.

- Quien lo iba a decir. Tendré que volver a contactar con mis informadores, tengo noticias desfasadas.

Tras un incómodo silencio, Jarlaxle parloteó algo acerca de saludar a unos gnomos de Lantan y abandonó la compañía de Drizzt, para alivio de este Entreri fue tras Jarlaxle, aunque no sin antes mirarle de reojo con rencor.

Drizzt sintió que podía desentumedecer los músculos, la tensión de la cercanía de Entreri había sido como la atmósfera que precede a una tormenta, electrizante y peligrosa.

Siguió al duo con la mirada un poco más, Jarlaxle hacía gala de su gran carisma saludando a todo el mundo y conversando con habilidad diplomática, sus galas multicolores acentuaban su exotismo y parecía disfrutar de la atención que despertaba en los invitados.

Entreri, por su parte, se movía como si fuese la sombra de su socio, vestido con sobría ropa negra y gris iba a la zaga de Jarlaxle en silencio y probablemente muchos pensarían que se trataba de su guardaespaldas.

Gracias a Caderly que las armas estaban prohibidas en la fiesta. Aunque Drizzt no dudaba de que tanto Jarlaxle como Entreri se las habrían arreglado para colar alguna.

Las luces del atardecer alargaron las sombras y los destellos anaranjados tiñeron la fiesta, que no mermaba. Drizzt paseó bajo una columnata, algo agotado por el vaiven de gente. De pronto vió ante él a Entreri, que se había acomodado apoyándose en una columna y bebía de un vaso de licor. Siguiendo su mirada vió que Jarlaxle se había unido a un corro de baile y danzaba con una preciosa elfa lunar que no parecía molesta porque su compañero fuese un drow, aunque algunos elfos fruncían el ceño.

- Entreri.

El humano no pareció sorprendido, probablemente ya le había visto acercarse, su postura parecía relajada pero solo quien no conociera a Entreri pensaría que no estaba alerta.

- Drizzt.- Correspondió en seco saludo.

El vigilante se permitió acercarse, aunque en relidad le parecía una necedad pretender tener una conversación civilizada con aquel ex –asesino.

- No quiero problemas Entreri.- Dijo, decidiendo ir al grano.

- Yo tampoco.

Era un pacto. No iban a luchar nuevamente. Drizzt asintió, sabiendo que Entreri no mentía, no tendría necesidad de hacerlo.

- ¿Por qué estais aquí?

En respuesta Entreri señaló a su muy alegre socio.

- Le gustan los eventos sociales, y quiere hacer publicidad.

- Creí que pensabas que estaba muerto.

Entreri le miró con una media sonrisa despectiva.

- Eres dificil de matar. No me sorprendí demasiado.

Era un medio cumplido, pero Drizzt lo aceptó.

- Los años han sido amables contigo, Drizzt.- No había sarcasmo en la voz de Entreri al hacer el comentario.

- Tambien contigo, Entreri.- Drizzt podía jurarlo, el humano estaba por los cuarenta pero estaba en plena forma, muy por encima del estandar humano.

- Claro que los drows no teneis ese problema.

Drizzt se encogió de hombros.

- Muchos de nosotros no vivimos para ver mas de una centuria.

Drizzt estaba sorprendido por la civilizada conversación que estaban manteniento, parecía un dialogo de lo mas inofensivo. Resultaba extraño.

- ¿Qué quieres? Te aseguro que no he secuestrado a ninguno de tus amigos.

La cruel referencia no afectó a Drizzt.

- Terminamos nuestro duelo hace mucho tiempo, Entreri.- Declaró.- No tengo deseos de volver a luchar contra ti.

- Perfecto, yo tampoco.

Entreri se apartó de su apoyo y comenzó a andar hacia los jardines, dejando atrás a Drizzt.

De pronto un grito femenino rasgó el aire. Ambos se volvieron en dirección al grito, Drizzt dirigió una acusadora mirada a Entreri, que le miró con odio.

- Estoy frente a ti, idiota.

Drizzt se calló una ácida réplica al insulto y ambos corrieron hacia el origen de aquel alarmante grito, finalmente llegaron hasta las orillas de un pequeño estanque, donde se había reunido una multitud, se abrieron paso hasta el centro de la agitación y encontraron a una mujer llorando amargamente junto al cadaver flotante de un hombre que había sido asesinado, algo obvio dada la espada que aparecía clavada en la espalda del pobre diablo.

Entreri solo tuvo que echar un vistazo al arma para reconocerla, una espada corta con un leve brillo dorado, una herida cauterizada y leve olor a carne quemada.

Aquella arma tenía nombre, y su dueño también.

- Fausto.- Susurró.

Drizzt le miró sorprendido y Entreri maldijo entre dientes, sin duda le habría oido.

Drizzt miró el cadaver y despues al humano, el rostro de Entreri era una máscara imperturbable, pero Drizzt había oido el susurro, que había traslucido confusión y sorpresa. Y el vigilante hubiese jurado que Entreri se había estremecido al nombrarlo.

Nota de la autora: Hola, holita, este fanfic se borró de fanfiction por una confusión mia, pero la idea original seguía en mi cabeza por lo que paso a reescribirlo y volver a ponerlo con algunas variaciones que espero superen a la versión original. Lamento las molestias.