Los personajes de esta historia no me pertenecen. Son propiedad de TSR o/y R.A Salvatore.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic es YAOI (y slash)y este se da entre los personajes de Drizzt, Artemis y Jarlaxle si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas, comprendo perfectamente esa postura.

Capítulo 19. Sangre y lágrimas.

Los dos guerreros se separaron tras el único asalto.

Fausto agilmente, tocando el suelo y avanzando despues hacia Entreri, que había caido al suelo y se volvía con la sorpresa pintada en la cara.

Fausto tenía Garra de Charon firmemente clavada en el torso. Empalado de lado a lado en pleno corazón.

Artemis había ganado el duelo... pero Fausto no caía.

- Con un susurro, el sol muere y la luna se vuelve negra. Adios, pequeño.

Y Fausto se desplomó.

El suspiro colectivo se oyó claramente.

Jarlaxle reanudó sus esfuerzos con desesperación mientras Artemis hacía un apaño de torniquete en el hombro de Drizzt.

Garra de Charon empezó a parlotear de repente.

¿Qué ha pasado¿Anularon la magia¿Qué...¿Me he cargado a Fausto¡Maese Entreri, me lo he cargado¡Soy la mejor!

Entreri se hizo un apunte mental de descubrir quien había creado a Garra de Charon y saber que demente le había dado semejante inteligencia.

Por otro lado esto indicaba que la magia volvía a funcionar, probablemente había sido obra de Fausto y se había anulado a morir este.

Jarlaxle logró entrar en la sala y corrió junto a ellos con su orbe de curación. En unos instantes Artemis y Drizzt estaban en forma y el vigilante se precipitó a la trampilla, al abrirla encontró a los dos pequeños. La niña le reconoció con un alegre " Tio Drizzt!" y se le colgó del cuello. Drizzt sonrió y recogió el fardo que era el pequeño bebe. Este lloraba desconsoladamente y probablemente tenía mucha hambre, igual que la pequeña.

- Oh, cielos.- Drizzt sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.- Tiene tanta hambre.

Jarlaxle sonrió y sacó un biberón lleno de leche para asombro de los presentes.

- Es que soy el único con previsión de futuro?.- Preguntó burlonamente.

- Salgamos de aquí.- Espetó Entreri.

Drizzt y Jarlaxle fueron saliendo y Entreri se acercó al cuerpo inerte de Fausto, arrancó su espada del cuerpo y la envainó.

Entonces oyó un quejido. Entreri volvió a desenvainar mientras veía como Fausto se estremecía y un hilo de sangre negra caía por la comisura de su boca.

- Artemis...

¿Qué tengo que hacer para matarte?.- Gruñó Entreri.

- Mi yelmo... por favor... quítamelo... no puedo ver...

Se moría. Entreri lo comprendió al momento. No supo porque exactamente, pero se arrodilló junto a su antiguo maestro y retiró el casco.

Los ojos de Fausto se abrieron, pero no tuvieron efecto alguno sobre él, habían perdido su poder. Cielos... era tan horrendo. Entreri no apartó la vista, mirándo aquella cabeza deformada y aquellos ojos hundidos en el craneo.

Y vió que Fausto estaba... llorando.

- Pequeño dragón durmiente... despierta. Tu maestro de nuevo, tu cara ha de tomar... en sus manos, viejas y retorcidas... para ver tus pupilas brillar... renacidas.

Entreri miró aquellos ojos anegados en lágrimas, sin comprender que extraños horrores debían estar anidados allí dentro para hacer a aquella bestia, un monstruo que ahora estaba llorando mientras la vida le abandonaba.

- Sabe esto, pequeño... lo siento mucho.

Entreri sintió que le faltaba el aliento ante aquello¿sentirlo¿sentirlo?

- Tu.. tu... ¡Monstruo!

Le agarró y le golpeó contra el suelo con rabia, derramando lágrimas.

¡Apenas tenía nada y tu me lo arrancaste todo!.- Gritó. - Me quitaste la esperanza, me quitaste el corazón, me quitaste la vida!

- Artemis... Artemis...- Murmuró Fausto.

- Por qué¿Querías un sucesor¿Un juguete¿Por qué me hiciste todo eso!

Drizzt volvió a la sala dejando a Jarlaxle a cargo de los niños, se quedó de piedra al ver a Fausto vivo y sin su yelmo, pero aun mas aterido le dejó ver a Entreri llorando sobre él, gritando y preguntando a su cruel mentor.

- Respondeme¿Por qué me odiabas tanto¿Qué te hice para que desearas tanto hacerme daño!

Finalmente le soltó, y dejó que los sollozos le embargaran, las lágrimas que había ahogado toda su vida surgían ahora, desesperados y primarios.

- Mi pequeño dragón... jamas te he odiado.

¿Por qué?.- Preguntó de nuevo Artemis, en un murmullo cargado de dolor.

- Estaba... enfadado y quería... quería vengarme de ... todo ... te utilicé... quería hacerte tan horrible, tan... repugnante como yo...

Drizzt sintió compasión, compasión por la horrenda criatura que era Fausto, un ser tan oscuro y repulsivo... y consciente de serlo.

- Quería hacerte... tan sucio... como yo.- Continuó Fausto.- Quería que otra... otra persona... supiera exactamente... cómo era ser... yo.

Entreri sollozó con fuerza, y cuando Drizzt se acercó se colgó de él, desesperado, Drizzt le abrazó y le calmó, masajeando su espalda y besando su cabeza como si se tratase de un niño. Drizzt miró a Fausto, que les observaba con largos regueros de lágrimas resbalando por su curtida y maltratada piel.

- Mátame... por favor...

- Cómo?

- La cabeza... tienes que cortarme la cabeza.

Entreri detuvo la mano de Drizzt, que ya se dirigía a sus cintos.

- Yo lo haré.

Desenvainó a Garra de Charon y la descargó en un feroz arco.

Y Fausto murió con una sonrisa leve, horrenda.


Cuando salieron al exterior era de día, Jarlaxle estaba esperándoles con una sonrisa y los dos niños, despues de comer, se habían quedado dormidos sobre las mantas. Disfrutando de su primer descanso agradable en dos días de pesadilla.

Jarlaxle se llevó un dedo a los labios en la clásica petición de silencio.

- Ssssh, duermen como angelitos.

Vió las lágrimas en los ojos de Entreri y se apresuró a abrazarle. El humano rezongó que no era un niño pequeño y traté de zafarse, a lo que Jarlaxle se limitó a reir y abrazarle mas fuerte.

- Nosotros también nos merecemos un descanso.- Dijo Jarlaxle.

Dispusieron un campamento y antes de que hubiesen puesto el fuego Entreri ya se había quedado dormido.

Drizzt sonrió, el rostro de Artemis transmitía una total tranquilidad, como si se hubiese quitado de encima un gran peso con el que había cargado toda su vida. Le amaba, y también amaba a aquel maldito mercenario que sabía demasiado.

- No le mires así, hay que dejarle dormir.

Jarlaxle se limitó a sonreir mas ampliamente y se le acercó como un gato sobre su presa.

- Cuando devolvamos a estos niños vamos a ir a una cama grande.

- Una cama para tres personas?

- Por supuesto.- Aseguró Jarlaxle.- Y cuando os tenga a los dos allí...

Lo siguiente fue susurrado a su oido y Drizzt se puso rojo como la grana, de no haber estado tan exhausto se habría lanzado sobre Jarlaxle.

- Eres perverso.- Le acusó.

Finalmente ambos se acostaron, a ambos lados de Entreri, rodeándole con sus brazos uno a cada lado. Y Artemis sonrió en sueños.

No volvió a tener insomnio.

FIN

Nota de la autora: Y se acabó el fanfic. Uff... ha sido agotador, como estaba inspirada no dejaba de escribir y claro, agotada me quedaba. En fin, creo que me merezco un descanso. Gracias a los animos que me habeis dado, han sido el mejor combustible.

¡Y escribid, que me gusta leer!