No tengo perdón. He tardado años, lo sé y no espero que me perdoneis...solo que intenteis poneros en mi situación. El día solo tiene 24 horas y yo solo tengo un par de neuronas, que se reparten entre el colegio y el trabajo es decir que el tema esta complicado. Lo siento muy mucho.

Como hace tiempecillo que no actualizo os recordaré como acabó el ultimo capitulo que subí.

-Harry había recibido el primer castigo de sus padres: Prohibido hacer magia, cosa que no llevó muy bien. A raíz de su enfado por el castigo se enfrenta con Sirius y con Remus, sobretodo con el primero que acaban diciéndole que si le prohíben hacer magia es por su propia culpa. Su cuerpo quedó tan dañado al desgastarse de energía con el enfrentamiento que tuvo con Malfoy que un simple hechizo podía borrar cualquier abismo de magia y quedarse como un muggle.

Más o menos ese era el resumen. Aquí tenéis un nuevo capitulo.


Capitulo 29: Little secret

Cuando Harry entró en la sala común con la cabeza baja y la mente en un lugar mucho más lejano que esas paredes rojas, se encontró con una grata sorpresa: Ron y Hermione estaban sentados junto al fuego acompañados por una Yael que al oír ruido en la entrada había girado la cabeza hacia él y ahora lo miraba fojamente.

Sorprendido por la presencia de la chica, el Gryffindor se acercó hasta allí y aunque no tenía mucha ganas para sonreír, forzó en sus labios una mueca de diversión.

-Te estoy pegando eso de asediar salas comunes por lo que veo – le dijo a su novia.

-¿Qué ha pasado? – preguntó ella inmediatamente. En su tono de voz se podía distinguir intranquilidad. Cuando había aparecido en la sala común de Gryffindor para asegurarse de que estaba bien y que no había hecho ninguna tontería después de la distupa que había tenido con Sirius, se había encontrado a Ron y Hermione solos y sin rastro de su pareja.

-Nada, Remus quería que hiciera las paces con Siruis – mintió rápidamente Harry. Aunque estaba perdiendo el mal vicio de mentir a sus amigos, en esta ocasión prefería guardarse la verdad. Tenía la total certeza que si Hermione o Yael sabían que al más mínimo rastro de magia que su cuerpo realizara podía perder la magia para siempre le tendría las 24 horas del día vigilado y realmente, no le apetecía nada.

-¿Y las has hecho? – preguntó Yael.

-Más o menos – volvió a mentir. La verdad es que ni las había hecho ni las había dejado de hacer, no habían hablado del tema.

Sintiéndose analizado profundamente por tres pares de ojos, Harry decidió que era el momento de cambiar de tema o si más no, buscarse una buena excusa para salir de ese juicio.

-Voy a...cambiarme de ropa . dijo y sin esperar ni un segundo, se apresuró a subir por las escaleras.

-Me juego cien galeones a que no nos ha dicho la verdad – comentó Ron a lo que tanto Hermione como Yael asintieron.

´´´´´

Las sospechas de sus amigos iban tomando peso a medida que los días pasaban. Harry no parecía haber hecho las paces con Sirius, ya que se les notaba distantes en clase, y Harry estaba más callado de lo normal, tan callado que ni siquiera se quejaba de no poder hacer magia.

-Seguro que Sirius y Remus le dijeron algo ese día – comentó Ron mientras Harry hablaba con Yael en el gran comedor – no es normal que de la noche a la mañana acepte el castigo que tanto le molestaba...

-¿A ti no te ha dicho nada? – le preguntó la chica, sabedora de que a pesar de ser su mejor amiga, la confianza entre los dos chicos era mayor.

-Nada...últimamente no habla, solo se queda pensativo y a veces me lo encuentro en la sala común, solo y...

-¿Escribiendo? – acabó Hermione la frase por él – yo también lo he visto. No sé, quizá escribe un diario para desahogarse y...

-Chicos os veo en clase, voy a acompañar a Yael a la suya – dijo Harry apareciendo por detrás de ellos. Hermione y Ron se apresuraron a contestarle.

-No nos ha oído¿verdad?

Y no, Harry No les había escuchado, porque su estado de animo no cambió ni ese día ni ninguno de los que siguieron. Febrero, un mes frío y gris fue pasando lentamente exento de noticias de ningún tipo.

Nuevamente Voldemort y sus secuaces habían dejado de atacar, pero eso no tranquilizaba a nadie, porque ya habían vivido esa misma situación en anteriores ocasiones: un tiempo de relax, seguido de un gran cataclismo que escandalizaba a la comunidad mágica.

De todas maneras y a pesar de los antecedentes, la orden del fénix no había convocado ninguna reunión, algo que Harry no echaba en falta. El seguia con su silencio roto con cuentagotas esperando con intranquilidad esa tranquilidad se quebrantara. Y eso sucedió el 18 de febrero.

Como venía siendo normal en los últimos tiempos, Harry había bajado a desayunar temprano y sin esperar a Ron ni a Hermione, que para cuando llegaron, Harry ya estaba sentado en la punta de la mesa removiendo con desgana su café.

-Buenos días Harry, le saludó Hermione dándole un beso en la mejilla.

-Buenos días – saludó con suavidad Harry sonriéndole también a Ron, que tomaba asiento enfrente de ellos dos.

-¿Has dormido bien? – le preguntó Hermione. Últimamente, a la chica se le había subido el instinto maternal y lo exteriorizaba haciendo todo tipo de preguntas cariñosas y arrumacos impensables unos años atrás.

Pero Harry no llegó a contestar, ya que justo en ese momento llegaron las lechuzas con el correo matutino. Una par de lechuzas marrones dejaron un periódico a Hermione que lo cogió con velocidad, y otro a de Harry, que ni siquiera se molestó en desenrollarlo y lo dejó al lado de su croissant, olvidado también.

-Tío, había pensado que esta noche podríamos... –pero lo que tenía pensado Ron hacer esa noche quedó ahogado por un grito de Hermione, que ya había empezado a devorar el periódico.

-¡No me lo puedo creer! – exclamó con los ojos abiertos como platos mientras le ponía el periódico delante mismo de las narices de Harry. Después de un par de ademanes de la chica, Harry empezó a leer en voz alta:

"Donación espectacular: un anónimo dona más de 250.000 galeones para la reconstrucción del Valle de Godric.

Todo el mundo recuerda todavía el ataque que sufrió la población del Valle de Godric. Esa bonita población del norte de Inglaterra, conocida mundialmente por ser el lugar donde el innombrable fue vencido por primera vez por Harry Potter, fue devastada por los mortifagos hace un mes.

La gran mayoría de los propietarios y vecinos de la zona perdieron, en el mejor de los casos, la casa o el negocio familiar de generaciones. El ministerio prometió ayudar en lo máximo posible a todos los damnificados para ayudarles a empezar de nuevo en el negocio y también a ayudarles a reconstruir las viviendas, pero por lo visto el ministerio no esta pasando por su mejor momento económico y la ayuda prometida no acaba de llegar, pero ayer noche, el ministerio hizo publico que había llegado una generosa ayuda de dinero, anónima y con claras indicaciones de que destinación tenía ese dinero.

El rastro del donante y del lugar de donde proviene es un misterio y..."

-¿Harry? – cortó Hermione a su amigo, dando por hecho que ese anónimo tenía nombre, apellidos, gafas y una cicatriz en forma de rayo en la frente.

-No me lo puedo creer –dijo a su vez Harry repitiendo la misma frase que había dicho su amiga, bajando el periodico para ver la cara de Ron y Hermione, que le miraban intensamente.

-¿No lo has hecho tu, la donación? – le preguntó con un hilo de voz la chica.

-¿Cómo la voy a hacer yo? – le contestó mientras levantaba la vista hacia Sirius y Remus que intercambiaban miradas entre ellos para luego posarlas en el chico.

-¿Quién puede haber sido? – Yael acababa de llegar, portando el periódico en la mano.

-Alguien con mucha pasta, sin duda – aportó Ron por primera vez.

-En el Valle viven viejecitos con mucho dinero – añadió Harry haciendo sitio para que Yael se sentara a su lado – quizá alguno de ellos no se encontraba allí el día del ataque y quería ayudar a sus vecinos.

-Pues o bien tiene tanto dinero que no podrá gastárselo en su vida y no le importa darlo a una buena obra.. – reflexiono Ron

-O quizá el Valle significa mucho para él – acabó Hermione.

-O quizá las dos... – susurró Harry, cosa que Yael asintió, pensativa.

´´´´´

El día trascurrió entre cuchicheos, hipótesis, rumores y todo lo que una noticia bomba como la de la mañana comportaba. Incluso Ron y Hermione no pararon en todo el día de hablar del tema e intentaron hacer participe a Harry de la conversación. Pero el Gryffindor no parecía muy por la labor.

-¿No estas contento de que alguien ayude a tu pueblo? – le preguntó Hermione cuando, ya pasadas las 11 de la noche, ellos tres eran los únicos que quedaban en la sala común.

-Hablar del pueblo, ahora mismo, lo único que me provoca es dolor - le contestó mirándola fijamente a los ojos – la última vez que estuve allí me destrozó, por lo que siento no estar tan alegre como vosotros, pero las imágenes siguen en mis cabeza.

-Lo siento, Harry, nosotros no...

-Ni importa, Herms, pero déjalo – pidió y sin percatarse de la mirada que sus amigos se intercambiaron cogió el libro de pociones y centró en el la atención, pero no logró concentrarse tal y como había estado ocurriendo durante toda la noche.

Era consciente que había sido un poco cruel con Hermione, pero prefería no profundizar mucho en el tema, porque sino la Gryffindor lograría entrar en su mente y no quería dar demasiadas explicaciones.

-Mejor me voy a dormir – dijo al notar el ambiente cargado que flotaba a su alrededor después de sus ultimas palabras. Dejó el libro de pociones en la mesa y se levantó, pero cuando aún no había dado ni tres pasos un fogonazo de luz apareció delante de él.

-No, por favor – se quejó, sabiendo qué significaba esa llama. La orden del fénix querría comentar las novedades del día y ni siquiera abrió la carta. La cogió, la lanzó directamente a la chimenea y colocándose la capa de forma cansada salió por el retrato sin ni siquiera despedirse.

Anduvo sin mucha prisa, sin ningunas ganas de llegar al despacho del director, porque sabía, tenía la total certeza que tal y como había hecho Hermione, le acusarían de ser él el anónimo donante del Valle y cuando él negase ser tal persona entrarían en una ronda sin fin de posibles candidatos.

Tras un largo rato, llegó por fin a la gárgola que daba paso al despacho del director. Sé dispuso a pasar la mano por delante de la gárgola para que ésta le dejara paso cuando una voz interior le advirtió que eso era hacer magia y que lo tenía prohibido.

-Que pena, no puedo entrar – se dijo a si mismo sin mucha convicción. No sabía la contraseña (ya no se preocupaba por enterarse). No le sabía para nada mal, si alguien le echaba encara el no haberse presentado tenía una muy buena excusa, por lo que un poco más animado que antes, dio la vuelta sobre sus talones y empezó a andar en dirección contraria a la que había venido, pero siendo Harry Potter, nunca puedes esperar que algo te salga bien.

Por lo visto, Severus Snape, llegaba a la reunión con retraso, tal retraso que se encontró a Harry de cara cuando ya estaba apunto de desaparecer de ese pasillo

-¿Intentando escabullirse de la reunión, Potter? – dijo Snape, suavemente, pero con una fría sonrisa.

-No sé la contraseña – se defendió con el mismo tono de voz que estaba usando Snape.

-No sé la contraseña, señor – le replicó el jefe de la casa Slytherin y sin decir nada más siguió su camino.

Harry se vio en la obligación de seguirlo y aunque le apetecía más hechizarlo que entrar con el al despacho, pensó que lanzarle una maldición por la espalda era poco honrado, por lo que encogiéndose de hombros, siguió los pasos de su profesor más odiado

-Fresas con nata – dijo Snape a la gárgola y está se echó hacia un lado permitiendo la entrada. Harry tuvo que apresurarse a colarse, ya que Snape, aunque sabía que Harry iba tras de él, no había hecho ningún gesto para esperarlo y que la gárgola no lo aplastara contra la pared.

-Vaya con cuidado, Potter – le dijo, ya que al entrar con prisas, le había pisado los bajos de la túnica.

-Lo siento – pidió muy bajito, más dirigido al cuello de su camisa que no a los oídos de Snape.

Antes de que Severus dijera algo más, llegaron a la puerta de roble del despacho, y Snape entró directamente, sin llamar.

-Ah, ya estáis aquí – dijo Dumbledore viendo entrar a Snape, que como siempre prefirió dirigirse hacia un rincón de la sala y a Harry que se dirigió al lado de Sirius y Remus, sentándose al lado de este último – pensaba que ya no vendrías Harry...

-No iba a hacerlo – dijo Snape, como de pasada. Tanto Sirius como Remus miraron hacía donde estaba su compañero y a la vez enemigo. Si no hubiese sido porque habían escuchado su voz más veces de las deseadas, hubiesen pensado que no había sido el quien lo había dicho. Seguía de pie, imperturbable como siempre.

-No sabía la contraseña y por circunstancias ajenas a mi sigo sin poder hacer magia – contestó a la defensiva Harry antes que nadie más dijera nada.

-Un poco por su culpa si que no puede hacer nagia – volvió a interrumpir Snape.

-Lo siento, Harry, ha sido fallo mío – intervino Dumbledore antes que Sirius o a Harry les diera tiempo a contestar– debí haberte mandado la contraseña...De todas maneras – añadió – ya estamos todos – dirigió una mirada a todos y cada uno de los integrantes de la orden del fénix – y como ya es bastante tarde, iremos por faena. Harry¿que sabes sobre la donación del Valle de Godric? – le preguntó Dumbledore, sin rodeos, centrando su vibrante mirada azul en los ojos de Harry.

Como el Gryffindor ya estaba preparado para la pregunta (ya eran muchos años conociendo al director), tenía su mente cerrada para los posibles embistes a sus pensamientos, tanto de parte del director como de Snape, y mientras sentía una acometida por parte del profesor de pociones, contestó, sin apartar su mirada de los ojos de Dumbledore, para darle más credibilidad a su respuesta.

-Solo sé lo que dice el periódico – dijo escuetamente

-No tienes ninguna idea sobre quien pudiera ser...

-Yo estoy 24 horas al día encerrado en este colegio, si usted, o alguno de los integrantes de la orden, que se pasan el día en la calle investigando, no tiene ni idea como voy a saberlo yo...

-Eres el heredero de Gryffindor, quieres mucho a tu pueblo... – dijo Dumbledore.

-Y por eso, el principal sospechoso, soy yo¿no? – le interrumpió Harry – soy heredero de Gryffindor, el pueblo es un hogar para mi, y soy rico...vamos, la oportunidad perfecta para que Harry Potter haga un gesto heroico de nuevo...

-No queria decir eso, solo pensamos que... – intercedió Remus esta vez.

-Dejemonos de tonterias – Snape volvió a hablar, por lo visto tenía prisa por irse de allí – ¿ha dado usted el maldito dinero o no? – preguntó.

-No – contestó con rotundidad Harry.

-No me mienta...

-No miento, profesor – dijo remarcando la ultima palabra.

-Muy bien, Harry, si tu dices que no has sido tu, seguiremos buscando – volvió a tomar Dumbledore la palabra. Aunque su tono de voz fuera tranquilo y suave, la mirada azul seguía fija en la figura del chico.

-Muy bien, si eso es todo, yo debería irme, tengo unos deberes que hacer – dijo Harry levantándose de la silla, esquivando la mirada reprobatoria de Sirius y Remus.

-Por una vez en su vida, estoy de acuerdo con usted, Potter – dijo Snape – Albus tengo una poción que requiere mi presencia – se excusó ante el director y sin esperar ni el permiso, ni la negación, salió del despacho haciendo ondear su larga capa negra.

Harry, no esperó mucho más, aunque si se despidió de Remus y Sirius.

Cuando salió de la escalera y se encontró en medio del pasillo, miró a lado y lado, asegurándose que no hubiera nadie, y permitió relajarse. Una gran sonrisa cruzó su cara: se estaba convirtiendo en un gran mentiroso.

´´´´´´

Al día siguiente Harry se mostró más abierto de lo que solía estar los últimos días. Se levantó temprano, pero no se acercó solo al gran comedor, sino que se dirigió a la entrada de la sala común de Ravenclaw a esperar a Yael que se llevó una muy grata sorpresa cuando se encontró de cara con él.

Desayunó en la mesa de las águilas regalando mimos a una Yael cada vez más extrañada pero encantada de la vida.

-¿Y esa alegría? – le preguntó, después de tragarse una magdalena que el chico le había metido en la boca - ¿te encuentras bien?

-¿Que pasa¿Que no puedo ser cariñoso con mi novia¿Por qué haga bromas tengo que encontrarme mal? – dijo Harry simulando enfadarse.

-No, solo que...

-...es raro en mi – acabó el chico la frase por ella – he dormido bien, y eso repercute en mi humor, solo eso.

-De hecho, me gustas más así – dijo Yael haciendo un gesto divertido con la boca.

-Vaya y yo que pensaba que te gustaba de todas las maneras...

-Pues no te creas, vaquero – le siguió la broma. Yael, miró su reloj y se apresuro en apurar su taza de chocolate – ahora tengo encantamientos y transfiguraciones – dijo – pero esta tarde tengo historia de la magia y no pasaría nada si por un día una Ravenclaw responsable se saltara una clase...

-A una Ravenclaw responsable que se salte una clase de historia no le pasaría nada, pero a un Gryffindor irresponsable e irreflexivo se le podría caer el pelo si se saltara defensa contra las artes oscura.

-Vaya – dijo la chica con desilusión mientras se levantaba – podría haber estado bien.

-La vida es dura pequeña – Harry también se levantó de la mesa de Ravenclaw tomando prestada una magdalena – eso si, ahora te puedo acompañar y hacerte el viaje más agradable.

-Acepto el trato – dijo Yael y los dos se marcharon del gran comedor ajenos de que en la mesa presidencial alguien los estaba observando detenidamente.

Remus, que no había perdido detalle del buen humor de su hijo intentó llamar la atención de Sirius, que si no estaba tumbado encima de la mesa era por respeto y porque negarlo, por miedo a la reprimenda de la profesora McGonagall.

-Padfoot – decía Remus dando golpecitos en el brazo de Sirius – Padfoot, escúchame.

-Siiii – dijo vagamente el animago. No había pasado la noche en su habitación. Habia quedado con cierta auror y no había dormido mucho que digamos.

-¿Has visto a Harry? – le preguntó

-¿Ese hijo impertinente que tenemos a medias? -

-El mismo – ratificó Remus, no sin hacer un mohín con la cara – estaba contento.

-¡Que novedad! Deberíamos celebrarlo – dijo con sarcasmo.

-Madura Sirius – le recriminó a lo que Padfoot no respondió – tengo que descubrir el porque de tanta felicidad repentina.

-Pues mucha suerte, lobito, porque para sacarle algo a ese niño, la vas a necesitar – ratificó Sirius con pesimismo, pero Remus no se dejaría vencer por la pasividad de su amigo. Hablaría con Harry; de hecho ya tenía una sospecha bastante cimentada sobre el porque de su buen humor.

´´´´´´´´

-Coge la varita con más fuerza, Lavander.

-Ya lo intento, profesor Black – contectó Lavander jadeando, agarrando la varita con ambas manos mientras intentaba repeler un hechizo de Seammus.

Tal y como Harry le había dicho a Yael en el desayuno, los chicos de sexto de Gryffindor estaban en clase de defensa contra las artes oscuras. Harry estaba mirando como Sirius le daba instrucciones a sus compañeros mientras estos intentaban desarmar y hechizarse unos a otros. Para esa imitación de batalla, habían cambiado la decoración de la clase y la habían convertido en una especie de cueva humeda y oscura.

Harry estaba sentado al marge de todo eso, apoyando su espalda en la pared fría, un poco ajeno a todo. Miraba pero no veía, escuchaba pero no oia los gritos...estaba de cuerpo presente pero como si no lo estuviese.

Tenía la mente en un sitio mucho más iluminado y calido que esa cueva. Exactamente tenía la mente en el Valle de Godric, penando que estarian haciendo sus vecino con el dinero que habían recibido, deseando que les fuera de ayuda y que pudieran empezar de nuevo su vida en ese sitio, tal y como lo había hecho él.

-¿Qué piensas?

Había estado tan metido en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que Remus se había acercado a él y se había sentado con dificultad a su lado (la luna ya estaba a punto de dejar ver su cara completa).

-Miraba como se hechizaban... – mintió Harry, simulando mostrar interés a Dean y Parvati.

-¿Has visto como McMillan ha dejado KO a Parvati?

-Ha sido un hechizo inesperado.

-Sí, no me lo esperaba de él, y menos pensando que McMillan esta en el sexto piso dando transfiguraciones con el resto de sus compañeros Hufflepuff– dijo Remus sonriendo, mirando con picardía a Harry, mientras este bajaba la mirada como hace un niño pequeño cuando sus padres descubren que ha hecho una travesura- ¿en que pensabas?

-En...en nada.

-No se como lo has hecho Harry, y menos como has logrado que nadie publique tu nombre...pero sé que esa donación la has hecho tu – le soltó Remus de forma inesperada. Había tanta seguridad en la voz del hombre lobo que Harry no se molestó en corregirlo – amas al Valle, es un lugar que significa mucho para ti. Yo diría que el Valle es el único lugar donde, has sido completamente feliz. Un lugar donde cada centímetro cuadrado te recuerda a James y tu complicidad con él el lugar donde te une a él y a tus raíces. Y si además le sumas que eres rico y que no le das ningún tipo de importancia a la fortuna que posees... – acabó Remus. Se podía decir más alto, pero no más claro.

-Como... – intentó decir Harry sorprendido de que Remus hubiera leído tan bien sus sentimientos. Sentimientos que ni el mismo había interpretado de esa forma.

-No te juzgo, ni te estoy riñendo, ni te voy a delatar – le cortó Remus antes de que Harry intentara negar cualquiera de sus acertadas afirmaciones – me parece precioso lo que haces por tu pueblo, pero me hubiera gustado que hubieses confiado en mi y me lo hubieses contado.

-Pensé que si nadie lo sabía, mi nombre no saldría de nuevo en la prensa – se defendió Harry sintiéndose culpable consciente de que esa no era una buena excusa

-Ya te he dicho que no te juzgo – dijo Remus mirando con ojos cansados al chico – solo espero que la confianza que me tenías aún siga ahí o que como mínimo regrese de alguna manera.

-¿Sirius también lo sabe? – preguntó sintiéndose cada vez más incomodo.

-Supongo que lo sospecha, pero no acaba de creérselo. Supongo que es tan ingenuo como yo y piensa que una cosa como esta nos la hubieses dicho – dijo con simpleza, como si en realidad no le importara.

-Remus... no es que...

-No tiene importancia – dijo el hombre lobo, mientras que se levantaba apoyándose en el hombro de Harry – nos vemos luego. ¡Hermione dale más duro!

Yendo con una rapidez poco previsible para alguien con ese aspecto demacrado se acercó a Hermione que por lo que parecía tenía problemas para noquear a Ron.

Harry vio como el hombre lobo corregía a su amiga mientras pensaba en lo que le había dicho y en la forma en que lo había hecho. Remus sabía tocarle le vena sensible de una forma impresionante.

´´´´´´

-No te quejes Ron, es un golpecillo de nada.

-¿Un golpecillo de nada? Pero si me has partido la ceja! Si hasta Sirius se ha puesto blanco al ver la herida!

-Jajaja

-¡No te rías Harry¡Auch!

-Ups...perdón

La clase de defensa se había terminado y ahora Ron y Hermione estaban en medio de una disputa. Durante la clase y siguiendo las ordenes de Remus, Hermione había conseguido dar de lleno a Ron y le había abierto la ceja. Nada muy grave pero si bastante escandaloso y Ron, quejita como hadie mientras recibía los cuidados de su novia se quejaba como un herido de guerra.

Mientras, Harry los observaba a los dos, tumbado en el sofá, muerto de risa, al ver a esos dos así. Sabía cómo acabaría esa escena: los dos saliendo cogidos de la mano dirección desconocida, pero era divertido ver como Ron se hacía el mártir para recibir cariños y Hermione le pasaba el algodón impregnado de un potingue repugnante con cara de enfado por todo el teatro del chico.

-Herms ve con cuidado no vaya a ser que con la fuerza que tienes le metas el algodón hasta el cerebro y le dejes más tonto de lo que es – opinó Harry con sorna

-Con cuidado chaval si no quieres que te parta a ti una ceja...

-Que agresividad, por Merlín – Harry hizo una mueca cómica de terror que incluso hizo sonreír a Hermione.

-Te he visto Hermione – murmuró enfadado Ron, girando la cabeza con fuerza, ocasionando que Hermione le clavara sin querer las uñas en la herida – ¿tu quieres matarme, verdad? – gritó llamando la atención de toda la sala.

Ginny que estaba a unos metros de distancia tumbada de cualquier manera, se acercó.

-Deja de quejarte - dijo a modo de saludo a su hermano que le enseñó los dientes.

-¿Por qué no te vas a dar una vuelta y te pierdes, hermanita? – le gruño, mientras Harry giraba la cabeza para que su amigo no viera la sonrisa.

-He recibido carta de mamá – le comentó Ginny pasándole la un pergamino viejo por delante de los ojos.

-Perfecto, lo que me faltaba para mejorar mi gran día...

-Quiere que vayamos todos a casa para pascua

-¿Ya es pascua? – intervino Harry en la conversación. La verdad era que aunque solo estaban a finales de febrero, los días se la habían pasado volando desde que habían vuelto de las vacaciones de navidad.

-Falta todavía un mes – le contestó Hermione – pero la profesora McGonagall quiere hacer un recuento de los que volverán a casa.

-No entiendo porque quiere que salgamos de aquí estando el panorama como está – refunfuñó Ron siguiendo con su mal humor.

-Querrá teneros a todos juntos – Hermione giró con suavidad la cara de su novio hacia ella y siguió con su tarea de currarlo – todas las madres piensan que los hijos están más seguros en casa.

-El instinto de protección... – susurró con su mente en un lugar y un sitio muy concreto, un 31 de octubre de hacía 15 años.

-¿Tienes alguna idea de lo que harás tu, Harry? – le preguntó Ginny sacando al Gryffindor de sus pensamientos.

-No he hablado ni con Sirius ni con Remus de eso...de hecho no he hablado mucho con ellos últimamente. – pensó en voz alta – de igual manera no creo que podamos volver al valle con todo el alboroto que hay así que supongo que nos quedaremos aquí.

-Podías venirte a la madriguera – ofreció Ron.

-¿Y daros más problemas? No gracias. Además, Yael se quedará a estudiar, por lo que no me quedaré solo

-Mi madre se enfadará como se entere que te quedas en el castillo – dijo Ginny, levantándose. Había entrado Dean y le había hecho un gesto para que fuera hacia allí.

-Bah, total, un padre más que se enfade conmigo... – dijo Harry en tono de broma, pero por su interior sintió un pinchazo. Aún recordaba las palabras de Remus. Quizá había llegado el momento de ir a la habitación de los merodeadores y ver como estaba el ambiente.

´´´´´´

No puedo prometer cuando podré volver a actualizar. El mes de abril es un mes muy liado para mi, pero por suerte o por desgracia, las clases se acaban dentro de un par de meses y aunque tendré exámenes, tendré más tiempo libre para escribir. Eso sí, antes actualizaremos cuando a Crisy y Eva nuestro fic conjunto, Herencia de merodeador, que si se esta demorando es también por mi culpa, de nuevo, lo siento.

Un beso a todos y espero que paséis unas buenas vacaciones.