O.o Kaoru-chan o.O


- Disclaimer-

Rurouni Kenshin no me pertenece, esta historia es por mero entretenimiento.

-Summary-

UA K/K M/S y A/M -. Como la lluvia que nunca cambia su recorrido… Como el tiempo que nunca retrocede…Como los sentimientos intranscendentes que continúan vigentes a pesar del tiempo…Como fuimos una vez ayer…

-Author's notes-

Finalmente pude terminar este capitulo! Hace mil que lo tenía acá y no podía avanzar. Terminaba trabada y no sabía como seguir. Además estuve de un lado a otro con el tema de la facultad, exámenes, e inglés... T-T Bueno, pero acá esta. Tuve ayuda de varias personillas divinas -

Ahora sí, los dejo con el fic.

Nos leemos abajo.

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Like we were yesterday…

14. Afrontando la realidad

Generalmente ocurre que cuando uno esta extremadamente feliz el tiempo pasa volando. Ese fue el caso de nuestros amigos, la semana había pasado como una ráfaga de verano y finalmente había llegado el último día de vacaciones. Tanto Kaoru como Misao empezarían sus clases. Misao cursaría el último año de la secundaria y Kaoru empezaría finalmente las tan deseadas clases en la universidad de Tokyo.

Lamentablemente, el entusiasmo de las clases parecía haberse perdido durante esas semanas, ya que la idea de regresar a sumergirse en el mundo del estudio no parecía alegrar a Kaoru.

La semana que probablemente pasaría a la carpeta metal de "inolvidable" en Kaoru estaba llegando a su fin. Pero aún así ella se aferraba a las últimas horas de "libertad" que tenía.

Había hecho los arreglos para seguir ayudando a Tae pero el tiempo era limitado, por lo cual Kaoru tomaría el turno de la tarde y Misao el de la mañana. Las dos amigas no se verían hasta la noche pero suponían que de esa forma ambas podían convivir. Siempre quedaba la cena¿no?

En fin, el horario era el tema que menos le interesaba a Kaoru. Su material de estudio todavía no estaba preparado lo cual Misao lo denominaba todo un milagro. Al parecer todo lo que Kaoru hacía últimamente era un milagro. Estaba más desorganizada, más despistada y mucho más lenta. Varias veces se perdía en las conversaciones por no prestar atención y todo ello se debía a un simple petizo pelirrojo de ojos lavandas.

Todo aquello preocupaba a Misao.

Estaba contenta con que su mejor amiga estuviera enamorada. A leguas lo sabía cada uno de los integrantes de ese grupo. "Solo aquel idiota de Himura no se da cuenta" se repetía constantemente Misao. Pero el cambio en Kaoru era beneficioso. Ya no parecía agobiada con el tema de "ser perfecta", ahora se comportaba de una manera mucho más libre, sin ataduras. Y eso le encantaba.

Su sonrisa se incrementaba día a día. Su ánimo era mejor día a día. Y todo había comenzado desde el día en que Kaoru y Kenshin estuvieron solos en la parte de atrás del Akabeko. Esos minutos habían cambiado a los susodichos. Aunque Kaoru negará que algo hubiera ocurrido a Misao no se le escapaban las miradas de reojo de Kenshin y los suspiros de Kaoru.

Y eso era lo que más le preocupaba a Misao. Un hombre dentro de los parámetros de lo normal, cortejaría a Kaoru debidamente, y más después de tantas muestras de atención que iban más allá de una simple y recta amistad ¿o no?

Ella era la mejor amiga de Kaoru. La que conocía todos los secretos de la misma. La que había vivido toda su vida con ella. Misao era perfectamente aludida de los sentimientos de Kaoru. Varios hombres habían sido rechazados por Kaoru, siempre alegando que no podía desconcentrarse de sus estudios, pero más allá de aquella excusa Kaoru no pensaba involucrarse con nadie a menos que fuese 100 seguro.

El tema era que Kaoru, en ese momento, parecía más perdida que un barco a la deriva. Y temía por ello ya que era la primera vez que sucedía algo así. ¿Acaso ello no interferiría con sus estudios¿No fue por eso que ella no tuvo nada con nadie durante toda su vida secundaria¿No era ello lo que evitaba?

Misao suspiró cansada. Hacía tiempo que venía pensando en eso, pero todavía no llegaba a nada. Lo mejor sería hablar con Kaoru, ella podría contestar todas sus dudas. Pero... era la primera vez que le pasaba eso a su amiga... tal vez no estaría mal dejarla disfrutar aquel sentimiento por un poco más¿no?

- Buenos días – saludó una voz a su espalda. Misao dio un saltito de susto y al instante otro de sorpresa al ver a Aoshi Shinomori parada delante de ella.

- ¡Aoshi-sama! Wooh que silencioso que es – al instante Misao se sonrojo - ¡Muy buenos días Aoshi-sama! – Saludó alegremente - ¿le sirvo lo de siempre?

Aoshi asintió con la cabeza y se fue a sentar en la mesa más cercana. No sabía porque tenía ahora esa costumbre de acercarse a ella cada vez que entrara al local. Pero esa última semana la había visto diferente. Su sonrisa no era la misma y en menores cantidades que las acostumbradas, además se había sorprendido de haberla vista con el ceño fruncido mirando un punto fijo. Generalmente el punto fijo era Kenshin.

Sintió de nuevo aquel retortijón en el estomago, y pensó que era porque todavía no había desayunado. Pero la idea de que a Misao le pudieses... gustar Kenshin le asustaba. No porque Kenshin fuese un mal tipo, al contrario no podía encontrar alguien mejor para cuidar de Misao. Kenshin tenía estabilidad económica por lo cual no pasaría ninguna necesidad. Un aspecto que ambos tenían en común. Además Kenshin era muy educado y sabe como tratar a las mujeres, Kenshin nunca haría nada si Misao no quisiera. Como él. Si, Kenshin era el tipo perfecto para Misao, igualito a él. Aoshi abrió los ojos de sorpresa, y justo cuando se proponía a analizar sus pensamientos, Misao apareció con una bandeja de plata en sus manos.

- Un té verde. – dijo Misao sonriente, depositando el té delante de Aoshi – sabe Aoshi-sama, tal vez tendría que desayunar algo más... no se, Soujiro hace unas excelentes galletas de chocolates, o también la torta de limón que hace es muy rica... bueno, todo lo que cocina Soujiro es rico – sonrió ampliamente Misao. Sin embargo, interiormente, lo que menos sentía Aoshi era alegría al saber que Soujiro cocinaba bien. – Bueno, viviendo con Kaoru, creo que todo es rico – Misao ahogó una sonrisa y alzo la vista mirando el techo sonriente – Aunque últimamente esta cocinando más – añadió pensativa – supongo que esta bien... pero nunca antes lo había hecho, alegando que tenía que estudiar... – Misao cerró los ojos fuertemente y se cruzo de brazos con aspecto abrumado.

- Pareces preocupada – comentó Aoshi casualmente.

- Me preocupa mucho Kaoru – sonrió Misao como excusándose. – esta... diferente –

- Lo sé. – admitió Aoshi – Kenshin también.

Misao le miró sorprendida. ¿Aoshi le estaba contando sus preocupaciones? Se quedó callada esperando a que continuara.

Aoshi observó las facciones de Misao, sorpresa e incertidumbre. Su preocupación por Kamiya-san la habían hecho más despistada de lo usual, y menos alegre. Alentándose a sí mismo, suspiró de resignación. No podía dejar las cosas a medias.

- Últimamente Kenshin también ha comenzado a actuar de forma extraña. Como si estuviese perdido y no supiera que hacer.

- ¡Como Kaoru! – saltó sin poder contenerse Misao.

- No. – contestó Aoshi mirando a Misao por un instante para luego desviar la vista hacia un punto distante, como si emergiera en una profunda meditación. – No como Kamiya. La aparición de Kamiya-san ha sido una sorpresa para el. Lo ha cambiado. Para bien – añadió al ver la mirada de Misao – Creo que es la primera vez que veo a Kenshin tan... relajado.

- Pero si es así¿Por qué no se queda con Kaoru? – la exasperación comenzaba a filtrarse en la voz de Misao. – no entiendo como una persona no puede tomar decisiones. Solamente hay que saber cuales son sus verdaderos sentimientos y no temer de ellos. Arriesgarse a ellos, solo así se sale adelante – las palabras de Misao sorprendieron a Aoshi. Nunca se había imaginado tanta madurez en la niña. Sonrió internamente contento.

- Kenshin es mucho más complicado de lo que piensas, o de lo que Kamiya-san cree. Kenshin tiene asuntos delicados. – se limito a decir Aoshi, eligiendo la palabra adecuada.

- ¿Nada puede ser más complicado que todo esto¿Es que no ve a Kaoru¿No la nota?

- Si la nota. Él la ve, por eso es complicado. – el tono serio de Aoshi asustó un poco a Misao. Era la primera vez que veía su expresión endurecerse. Algo en el interior de Misao se removió.

Ese misterio le estaba produciendo dolor de cabeza y no podía hacer nada para evitarlo. Tarde o temprano habría complicaciones. Solo esperaba que Kaoru pudiera ser feliz.

O o o O

- Será mejor terminar por hoy –

- Arigato Kenshin – sonrió la joven de cabellos oscuros.

Kenshin le devolvió la sonrisa y entró a la cocina a preparar té, mientras Kaoru se refrescaba. Salió ya vestida con ropa normal. Una pollera tableada azul y una remera de mangas hasta el codo blanca con dos líneas negras que bajaban desde los hombros hasta el fin de la tela. Además llevaba unos zapatos negros sin taco de aspecto cómodo.

Caminó hasta la sala, esta vez deteniéndose a ver su alrededor. Debido al trabajo de Kenshin y al de Kaoru, solamente se podían encontrar un día en la semana. Los domingos a la mañana. Aquella había sido la tercera lección y debía admitir que Kenshin era muy diestro en el manejo de las espadas. Además de ser muy bueno, era muy estricto, muchas veces Kaoru tenía dificultades con seguirle el paso pero Kenshin volvía en sus pasos y se lo volvía a explicar. Kaoru sonrojada siempre le decía que tenía la misma paciencia de Buda.

Como en otras oportunidades, Kaoru terminaba de cambiarse y lo esperaba sentada en el cómodo sillón de cuero, y jugaba con Hachiko, pero esa vez, miraría alrededor.

El gusto de Kenshin era muy refinado. Tenía muebles de madera que llegaban hasta el techo, enormes bibliotecas llenas de toda clase de libros desde cocina, economía hasta de actuación. El piso era de madera lustrado, tenía un televisor enorme y un gigantesco equipo de música aunque ambos no parecían ser usados. Tenía como una pequeña bodega llena de vinos de muchos años y varias copas. De las paredes colgaban varios cuadros pintorescos y de arriba de la chimenea, colgaban, desde dos repisas, dos viejas espadas japonesas. Las vainas tenían ilustraciones pero tal vez por lo antigua que era, su estado no dejaba apreciarlas.

- ¿Te gustan? – preguntó una voz a su espalda. Kaoru se sobresaltó y se volvió con una mano en su pecho. Su corazón amenazaba con salir.

- ¡Mou Kenshin¡No me asustes así! – reprochó Kaoru frunciendo el ceño, y colocando ambas manos sobre sus caderas. Su aspecto era menos que intimadamente. Kenshin ahogó una risa.

- lo siento mucho señorita Kaoru, no era mi intención. – se excusó Kenshin dejando la bandeja en la mesa más cercana y tomando las dos tazas de té. Se acercó hacia Kaoru y le alcanzó una. Ella acepto gustosa, sonriéndole. – Es una reliquia de mi familia. – comentó mientras tomaba un sorbo del té mirando las espadas.

- ¿Por qué? – preguntó Kaoru levemente curiosa.

Kenshin se encogió de hombros como toda respuesta – Ha pasado de generación en generación, según mi padre son de la era Tokugawa, pero yo mucho no me fío de su palabra. – sonrió Kenshin

- Son hermosas – dijo Kaoru alcanzó una mano y tocando la vaina. – Debe haber toda una maravillosa historia detrás de ellas.

Con un brillo especial en sus ojos, Kaoru sonrió, sin siquiera percatarse que unos ojos lavandas la observaban. Kenshin sonrió y sintió un dolor en el pecho. Cerró los ojos y desvió la vista hacia las espadas. Sacó una de las repisas y desenfundó.

- Aunque a simple vista no lo parezcan, son espadas muy diferentes. La más larga es una katana. En cambio la segunda es una-

- una sakabatou – respondió Kaoru en su lugar. Kenshin la miró sorprendido. – Te olvidas que soy instructora del Kamiya Kasshin Ryu, Kenshin – sonrió Kaoru – Mi padre me explicó sobre las espadas, katanas y las sakabatou. La espada, es arma compuesta por una hoja larga, afilada y que puede tener punta. La sakabatou es de filo invertido, a diferencia de la mayoría que cree que no tiene filo. Su curva es lo que la distingue de las espadas. La espada siempre ha sido un arma personal, efectiva sólo en los combates cuerpo a cuerpo. Por tanto, siempre ha estado asociada a la distinción individual. De esta manera, las espadas de los dirigentes políticos o militares, de los nobles y guerreros excepcionales, por lo general han tenido adornos, empuñaduras decoradas con elegancia (incluso con joyas) y hojas con incrustaciones de oro y plata, o forjadas de tal modo que produzcan un efecto de aguas a la manera damasquina. Mi padre estuvo muy desilusionado con ello, alegando siempre que las espadas no eran un adorno para mostrar o para elevarte el status sino que eran un elemento de los antiguos tiempos, donde muchos samuráis peleaban por sus ideales y que teníamos que valorarlos por ello y no por ser un arma 'bonita'. Es por eso que decidió enseñarme el arte del manejo de la espada. Pero lo hizo demasiado tarde, porque al día siguiente

Kenshin notó el cambio en su voz, pero su sonrisa se mantenía, aunque sus ojos ahora parecían dos pozos de recuerdos. - Tu padre debe haber sido un hombre idealista. – dijo mirando la espada en su mano.

- Es verdad. Siempre me hablaba de la igualdad y de proteger al débil – Kaoru sonrió al recordar aquellos tiempos. Kenshin suspiró tranquilo.

- Seguramente debe estar tan orgullosos de ellos como ellos de usted – Dándole la espalda, Kenshin envainó las espadas y las dejo en su lugar.

Kaoru se le quedo observando. Digiriendo sus palabras. En verdad estaba contenta con los padres que había tenido. Siempre atentos, y cuidadosos, comprensivos y amorosos. Nunca le maltrataron o le hicieron pasar malos ratos, siempre la entendieron y la quisieron pese cualquier circunstancia.

- Si, - dijo Kaoru sonriendo cerrando los ojos – estoy orgullosa de ellos.

Al abrirlos, creyó caer. Kenshin se había vuelto sonriéndole ampliamente, acercándose a ella, tanto que le temblaron las piernas, pero logró mantenerse de pie. La espalda de Kenshin era ancha y su pecho fuerte, podía notar sus músculos de su remera negra y la colonia que le fascinaba: Chester Ice. Su cabello, tan rojo como la misma lava, lo llevaba atado en una coleta baja, y varios mechones caían por su espalda, tocando sus hombros y su cara. Kaoru sintió desfallecer, y creyó pensar que nunca había visto un hombre tan apuesto como él. ¿Eso era amor¿Eso era estar enamorada? Si era así. No quería dejar de sentirlo.

Pensó en todo lo que sus padres le habían enseñado, pensó en que se caracterizaba, pensó en su personalidad fuerte e independiente. Sin embargo, cuando estaba delante de aquel hombre, creía que su mundo se caía a pedazos. Ya no era independiente y mucho menos valiente. ¿Cuánto tiempo llevaba¿Una semana intentando decirle que le quería como algo más que un amigo¿Y que pasaba? Siempre se acobardaba a último momento, inventando excusas como: había mucha gente, o estaban solos, o el día estaba feo, hasta "estoy mal vestida". Ni siquiera hablar de independencia. Ella se volvía co-dependiente de él, dejando a parte sus labores y sus obligaciones ¡Kamisama¡¡Ya no sabía que era un libro! Pero no podía evitarlo, sentirse así. Flotando por los aires, viendo su sonrisa y sus ojos chispear, sentirlo tan cerca y a la vez tan lejos, con esa voz grave que le hacía recorrer un escalofrío placentero por todo su cuerpo. Esos sentimientos hacia que todo valga la pena.

Si tan solo fuese un poco más valiente...

-

-

No podía mirarla así. No debía. No era justo. Sanosuke se lo había reprochado. Aoshi se lo había dicho claramente. Y su anillo de compromiso le apretaba fuertemente en el dedo cada vez que se lo ponía. Sentía un apego hacia esa chica. Aquella que casi le llevaba diez años. Aquella chica que desconocía absolutamente todo sobre él. Tendría que haberle dicho la verdad desde el comienzo. Haberle hecho saber todo sobre él y comenzar una amistad sin ninguna mentira. ¿Pero solamente una amistad? No podía ser más que eso. Él tenía a Tomoe, y le quería, aunque solamente se vieran horas durante la semana.

No sabía como, pero ya ni siquiera se llamaban durante sus recesos o ambos estaban muy ocupados o directamente no se atrevían. A decir verdad, todo era muy extraño. Ya casi no recordaba la manera en la que hablaban. Las ansias que sentía de hablarle, habían desaparecido y su lugar de alguna manera lo había tomado Kaoru. Pero no se podía fiar en ello. Conocía los sentimientos de la misma, y aunque pudiesen ser reales no podía creer en ser querido, Kaoru podría estar confundida, podría no darse cuenta de lo que en verdad siente, todo podía ser un amor pasajero. Y él no quería averiguar eso. Prefería mil veces tenerla como amiga con tal vez tenga un amor platónico hacia él, que perderla mientras la tenga entre sus brazos.

Pero aunque eso no llegase a pasar, él no podría. Ni siquiera debería pensar en esas cosas. Estaba casado. Hasta que la muerte los separe. Tal vez, era el momento de decírselo.

- Kaoru..- comenzó diciendo en un susurró apenas audible. Por supuesto Kaoru no lo escuchó.

- Rico té, Kenshin – dijo sin saber que le había interrumpido.

- Arigatou – agradeció Kenshin, no sabía si aliviado o defraudado de dejar pasar aquella oportunidad – Mañana es el gran día ¿No?

- Hai! Misao esta rogando que me toque Shinomori-san como profesor. – Respondió Kaoru sonriendo.

En ese momento, al verla sonreír y brillar de inocencia Kenshin decidió esperar un poco más, por lo menos quería disfrutar hasta el último segundo.

- ya veo... la señorita Misao es muy persistente ¿no es así?

Y así poco a poco, el ambiente incomodo se fue disipando. Dejándolos a los dos en una agradable charla entre amigos.

O o o O

Sanosuke avanzó por las calles alborotadas de personas. El parque estaba repleto de chiquilines malcriados. Gruñó molesto¿es que acaso tenían que hacer tanto ruido? Eran como una manada de Yahikos. Molestos por naturaleza.

Siguió caminando sin prestarle mucha atención a los ruidosos a su alrededor. La puerta del hospital se podía entrever entre toda esa gente. ¿Por qué el hospital tenía que estar tan cerca del parque, donde estaban todos los niños ruidosos¿Y porque tenía que pasar por el hospital un domingo? Resopló molesto. Finalmente alcanzó las puertas, que se abrieron automáticamente.

Entró con el mismo paso de vago de siempre, varias personas se dieron vuelta para saludarlo. Tantas veces lo habían visto. El muchacho solo se limitó a inclinar la cabeza a cada uno y avanzó directamente hacia donde estaba la última oficina del pasillo. Sin siquiera golpear la puerta, la abrió.

- oi¿estas lista? – preguntó el muchacho, sin siquiera saludar.

Megumi Takani, levantó la vista de sus papeles y se quedó mirando la cabeza de Sanosuke. Tenía el mismo aspecto de vago desinteresado que el día que lo había visto por primera vez. Sus ropas holgadas y su pelo despeinado lo hacían verse aún más joven de lo que era. Además era maleducado, impertinente, insistente, y poco caballero. Entrar a su oficina como si nada era un gran ejemplo de su comportamiento. Megumi le siguió observando, almendras versus castaños.

- Si, vamos – Megumi apartó los papeles y carpetas que veía y se levantó de su asiento. Tomó su cartera y salió junto a Sanosuke.

El resto del personal se quedó mirando a la peculiar pareja salir. ¿Desde cuando se habían acercado tanto? Ya no discutían como siempre. Es más, hasta la presencia del castaño se había hecho más cotidiana, sin siquiera el acompañamiento de la otra castaña y paciente, Amakusa Sayo. Extraño. Antes, aquellos dos, parecían odiarse a muerte, capaces de sacarse los ojos y despellejarse, y ahora, andaban los dos juntos de lo más bien.

Jóvenes.

Sanosuke y Megumi comenzaron a alejarse del hospital. Ninguno de los dos habló. Se quedaron en silencio durante todo el trayecto. Pasaron de largo el parque, que por alguna razón en particular, Megumi caminó de prisa.

Cuando ya la muchedumbre era imposible de ver, y solo dos o tres personas estaban junto a ellos. Megumi se detuvo.

Se paró delante de una lapida. Era cuadrada, y estaba llena de ramas e hierbas que habían comenzado a tapar su inscripción.

Taro Mitsume

Adorable hijo y amigo.

Megumi se agachó hasta quedar a la misma altura, junto sus palmas de las manos y cerró los ojos, rezando internamente. Sanosuke se quedó atrás de ella, en silencio.

Megumi continuaba agachada, cerraba sus ojos fuertemente, intentando no dejar salir ninguna lágrima. Intentaba controlar su respiración, y su expresión era sombría.

No contó los segundos, ni siquiera los minutos que estuvo así. Ambos en silencio. Lentamente, se reincorporó.

Lamentaba todo lo sucedido. Lamentaba no haber podido ayudar más. Lamentaba haber sido tan ciega, tan confiada, tan estúpida! Era doctora y no se había dado cuenta! Era un idiota, estúpida, buena para nada, inútil.

Su cuerpo comenzó a temblar, y su mirada se aflojo al ver de nuevo la lápida. Ya no podía detenerlo, le ardían los ojos, necesitaba... necesitaba...

Una mano la tomó por los hombros y la atrajo hasta un cuerpo caliente. Unos fuertes brazos se cerraron sobre ella, protegiéndola, cubriéndola...

Sanosuke...

Se dejo llevar, sintió su cuerpo relajarse completamente, se sintió libre, como una pluma, suspendida dentro de un campo de aire. Flotando en una corriente de calidez.

- Yo... de ver...dad... lo siento... – ahogó un llanto. Megumi comenzó a llorar. Sintió desmoronarse y tonta. Vulnerable y débil.

Ella necesitaba unos fuertes brazos que la abrazaran...

Enterró su cara en lo profundo del pecho de Sanosuke, sus manos agarraban las ropas de Sanosuke, arrugándolas, pero poco le importaba a ambos. Megumi lloró largamente, y lo único que podía hacer Sanosuke era abrazarla.

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El cambio que había manifestado Megumi había sorprendido mucho a Sanosuke. Creyéndola una mujer fuerte, llena de vitalidad y fuerza para seguir adelante. Pero esa tarde se había encontrado con una Megumi diferente.

Una Megumi débil, y sentimental. Una Megumi que se preocupaba de verdad por sus pacientes.

Él lamentaba haber tenido una mala opinión de ella. No la conocía en verdad. Creía que era una arrogante que se creía una sabelotodo. Una mujer fría sin sentimientos.

Pero Megumi era humana.

Y por ende, tenía sentimientos, más fuertes que el resto. Capaz de adentrarse a la enfermedad, de pasar día y noche sin dormir. De vivir atormentándose por lo que hizo.

Ella era humana.

Kamisama no permita que sufra más por situaciones así. Él no lo permitiría, si era necesario tenerla protegida, abrigada, encerrada en sus brazos para alejarse o cuidarla del dolor. Él lo haría.

"Lo juro"

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Misao se encontraba limpiando las mesas vacías, pasaba el trapo enérgicamente, mientras que acomodaba los floreros y jugaba con las flores. Su Aoshi-sama no podía hablar, estaba concentrado en su trabajo.

Había entrado al Akabeko por su almuerzo diario, Misao le sonrió y hablaron sobre el día... bah, Misao habló sobre el hermoso día que era, el cielo azul, las nubes blancas, el sol fuerte y brilloso, los chicos jugando en el parque. Si, sin duda era un lindo día y Aoshi había coincidido con ella con un movimiento de cabeza.

Cuando Misao volvió con el pedido, Aoshi ya había abierto su notebook y se enterraba en el trabajo. Misao le sonrió y ahogó el suspiro interno.

Y ahí estaba ella, muriéndose de aburrimiento. Aoshi-sama no podía ser un gran conversador pero era un excelente oyente. Siempre le daba buenos consejos, y ella podía decir lo que pensaba sobre cualquier cosa que él no traicionaría su confianza.

¿Qué hacía?

No podía molestar a Aoshi, y no había muchas personas. Suspiró, hablaría con Soujiro.

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Aoshi miraba por el rabillo de sus ojos como Misao se movía de un lugar a otro. Evidentemente aburrida. La vio dar vueltas, limpiar más de diez veces la misma mesa, arreglar las flores, después vio como sus ojos miraban hacia arriba, siempre lo hacia cuando pensaba. Suspiró y caminó hasta las cocinas.

Aoshi volvió la mirada a su computador. Cuantos gráficos, y reportes aburridos. Suspiró casando. No hacia trabajo fuera de la oficina. Pero tampoco soportaba estar en la oficina, y sin darse cuenta sus pasos lo llevaron al akabeko y bueno... tenía que almorzar ¿no?

Cuando estaba llevando la comida en la boca, se quedo estático. Misao Salía de las cocinas riéndose con ganas de algo que al parecer Soujiro decía. Aoshi dejo la comida en el plato, olvidándose llevarla a la boca.

Inconcientemente, se refugio en su computador, pero lo que menos hacia era su trabajo. Escuchaba atento cada una de las palabras que Misao y Soujiro tenían.

- ...te paso a buscar a la noche, le parece bien?

- Oh, muchas gracias Soujiro! – Misao estaba tan contenta que saltó sobre Soujiro abrazándolo, casi tirándolo al piso.

Aoshi sintió un escalofrío correr por su espalda, cuando ambos, Misao y Soujiro se reincorporaron, y se reían. Esa no era forma de tratar a una mujer. Si Soujiro estaba cortejándola, lo estaba haciendo mal. Además Soujiro no era para ella. Era demasiado grande, además no sabían nada de él. Podría ser un asesino, narcotraficante, violador, ladrón, o quien sabe que. No, no era para Misao.

Además siempre estaba sonriendo, eso no era normal. En su mente vino la imagen de Kenshin, él siempre sonreía cuando Kaoru estaba cerca. Y no es necesario aclarar el porque... Pero Soujiro no puede sentir nada por Misao¿no?

Quiero decir, Misao es encantadora, energética, simpática, y muy alegre. Cualquier hombre le gustaría eso. Seguramente a Misao no le faltarían pretendientes. Y dudaba mucho que alguien la odiara, siempre le sonreía a todo el mundo.

El hombre de Misao, tenía que cuidarla de toda la maldad que había en el mundo. Ella era demasiado inocente, no podía verlo con sus ojos. Era una mujer muy sensible en ese aspecto. El hombre de Misao, debía de cuidarla, protegerla de todo, y mantenerla intacta, con su pureza. Toda su esencia le gritaba ser querida.

Un hombre como Soujiro no podría cuidarla. Alguien más bien, fuerte, con determinación, impotente, y tal vez algo reservado.

Aoshi fijo su vista nuevamente en Misao. Tenía que aconsejarla. Ella era muy chica para saber ciertas cosas.

Con una mano cerró su notebook. Misao se percató de ella y se excusó con Soujiro para avanzar hacia Aoshi.

- ¿Ya terminó su trabajo, Aoshi-sama? – preguntó Misao sonriente.

– No, todavía no. –

Misao creyó percibir una nota de cansancio en su voz – Aoshi-sama¿quiere tomar algo?

Aoshi negó con la cabeza. No quería tomar nada. Pero tampoco sabía como abordar el tema sin ser entrometido, imprudente, indiscreto...curioso.

- ¿Qué vas a hacer esta noche Misao? – fue lo que su boca dijo.

Misao lo miró con los ojos abiertos de sorpresa. ¿Aoshi le estaba hablando? Mejor aún¿le estaba preguntando sobre sus salidas¿¿La quería invitar a salir?

- mmmh... no... nada – logró articular.

- ¿Segura? – presionó Aoshi. - ¿nadie te va a esperar a la salida?

- mmmh... – Misao lo pensó un poco, y un flash back de lo que había hablado antes con Soujiro le hizo eco en la mente. – Oh, no. ¿Lo dice por Soujiro? – preguntó Misao sin esperar respuesta y sin siquiera pensar en como se había enterado Aoshi sobre eso. - Soujiro me va a acompañar para ir a casa.

Aoshi sufrió calores.

- ¿Como?

- Lo que pasa que como Kaoru empieza la facultad, hoy se toma el día libre, y yo la cubro, entonces hoy salgo tarde. Soujiro dice que es peligroso que una chica viaje sola. Por eso se ofreció a acompañarme.

Por un instante Aoshi sintió respeto por Soujiro, pero por un instante. – Soujiro tiene razón, pero no creo que debas importunarlo. ¿Quieres que te acompañe?

Las palabras habían salido solas, ni si quiera las había pensado, y claro, Misao estaba hecha una idiota 'Aoshi-samaaa'

- ¡Siiii! – aceptó Misao igual de feliz como si se hubiera ganado la lotería.

Aoshi, relajo sus músculos y suspiró. De alguna manera, después de ver la sonrisa de Misao y verla correr hasta las cocinas, seguro para hablar con Soujiro, se sentía mucho mejor.

- Te pasaré a buscar a la noche.

O o o O

- ¡Muy bien¡¡Con esto terminamos! Lo hicieron bien, no creo que tengan problemas el día de la actuación. Ahora¡a dormir¡Yukishiro¡Kyosato! quédense. – el director saludó al resto del grupo de actores.

Tomoe Y Akira, eran los personajes principales de la obra. Ambos debían quedarse ensayando hasta bastante tarde. El director no sabía porque, pero la interacción entre ellos no salía natural.

Tomoe estaba sentada, derecha, en una silla tomando agua natural. Akira estaba al lado de ella, sonriente como siempre. Espiando por el rabillo de su ojo, lo vio sentado tranquilamente, bastante relajado a comparación de-

- Tomoe-san, se ve muy estresada¿Quiere que le de unos masajes? Se me da muy bien – Akira se levantó de su asiento y antes de que Tomoe pudiese decirle algo, Akira ya había comenzado a masajearle.

Cualquier signo de protesta desapareció de la mente de Tomoe. Sentía las manos de Akira, grandes y fuertes, presionarla. Sus músculos se relajaron considerablemente, y cerró los ojos en busca de algo de paz interior. Y lo encontró.

Abrió los ojos de golpe, para mirar delante ella.

El escenario. Ella pertenecía allí. Pero, últimamente, su trabajo le incomodaba. Las frases salían atropelladas, se sentía torpe a la hora de moverse.

Tomoe era una mujer inteligente, y sabía muy bien lo que pasaba. Ya le había ocurrido una vez pero no con tanta fuerza, antes no sentía sus rodillas doblarse...

- Muy bien Yukishiro, Kyosato, vuelvan al escenario. – el director apareció y Akira quitó sus manos de los hombros de Tomoe y se dirigió hasta el escenario. Tomoe lo imitó y notó que Akira se paraba delante de ella y le sonreía.

Tomoe apartó la mirada mirando al director.

- Ahora, practiquemos la escena del acto III

Tomoe se volvió al sillón y se recostó. Posó una mano sobre su frente y cerró sus ojos.

- Por favor, perdóname... – la voz de Akira había cambiado totalmente.

- De verdad, lo siento mucho... – Akira continuaba. Miraba avergonzado a Tomoe que estaba recostada, aun con los ojos cerrados y estática. Él estaba detrás del sillón y veía que la actuación de Tomoe era forzada...

Akira alzó la mano para tocarla, pero Tomoe abrió los ojos y corrió su mano, para levantarse rápidamente.

- No me toques – siseó

- Yukari-chan... – suplicó Akira.

- No me llames así. No quiero verte. No me toques. ¡NO QUIERO ESCUCHAR MI NOMBRE EN TU BOCA! – Tomoe gritó y el director se quedo pasmado... Yukishiro estaba actuando raro... no es la misma... Y Akira lo notó... su actuación era diferente. Demasiado real.

- Yukari – volvió a llamar Akira.

- No me llames así, Satoshi... nunca más digas mi nombre...

Kenshin y yo nos conocimos hace un par de años atrás...

- Espera, quiero que lo entiendas...

- No es necesario que me expliques nada. Lo vi todo con mis propios ojos. YA NO QUIERO QUE ME MIENTAS.

Fue una atracción común entre los dos. Tal vez en ese momento estábamos confundidos, y nos sentíamos solos. Necesitábamos compartir...

- Yuk- ... por favor, entiende... yo no quería. Yo solo te quiero a ti.

- ¡NO ME MIENTAS MAS¡VI COMO LA BESABAS¡VI COMO LA MIRABAS¡¡NO SOY ESTÚPIDA!. –

El director abrió los ojos enormemente... era la primera vez que veía una actuación así.

- Ya no quiero que me mientas... ya no quiero verte... – Tomoe se había caído y lágrimas caían por sus mejillas. Todo parecía tan real... – ya no quiero sentir esto – Tomoe se apretó con fuerza el corazón – Ya no quiero más...

Nuestra relación llenó cada rincón de las revistas. ¿Fue amor todo eso¿Sobrevivió el amor después de tanto tiempo...?

- Yukari... yo te amo – Akira estaba agachado a la misma altura que Tomoe, su mano sobre su hombro y su mirada clavada en la Tomoe, su aspecto serio y concentrado le daban un aire de madurez que dejo a Tomoe sin habla. Solamente podía mirarlo.

¿Todavía existe el amor?

- ¡Muy bien¡Eso estuvo perfecto! – el director subió al escenario y Akira se reincorporó sonriendo tontamente. Miró a Tomoe que todavía seguía en el piso y le extendió la mano.

Tomoe le observó. Su mano extendida delante de ella. Cerró los ojos y suspiró. Lentamente, tomó su mano y se reincorporó.

Si, todavía existe...

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- Por fin hemos llegado a Tokyo, anata – dijo una mujer regordeta de entrada edad.

- Ha sido un viaje muy largo – respondió el marido sonriente. Juntó sus cosas y bajaron del avión.

Un hombre alto, de cabellos parados y anteojos negros, también salía del avión. Sonrió maliciosamente – Si ha sido un viaje largo... he tardado años en volver a Tokyo...

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Notas de la autora: Bueno, creo que este cap, no es taaan largo como los anteriores, pero ta lendo.

Uy, no saben el frío que hace por acá... tengo los dedos helados!

Ya estamos en invierno creo y bueno... estoy congelándome )

Ahora, después de escribir este capitulo, me voy a concentrar en I hate you love, que me falta un par de hojillas más para terminarlo. Después creo que voy a seguir con alguno que haya dejado colgado :P

Tengo muchos fics! Perdón! )

Reviews:

gabyhyatt: Si, la de Taro es muy linda. Acá también hay un poco más. Ojala te guste:) Y si, gira, gira rueda del destino.

Kaoru-luna: Un problemon de aquellos! tengo todas las parejas mezcladas, asíque va aser un completo lio :)

Aiko1504: Sayo esconde algo siii! pero creo que recien para el proximo cap se descubre :P estoy alargando mucho este fic. Acá hay más, Sano/Meg y Aoshi/Misao, no tanto comoKenshin-Kaoru, y tampoco es excesicamente largo, pero bueno... :P ojala te guste.

Ane Himura: Kenshin es un amoooor! Acá hay más avances! y más de todo:)

Monika-dono: Más M/A para los fanaticos, y más K/K y M/S:P Gracias por el review:)

Alexandra Shinomori: Avanzo más M/A? espero que este cap te guste, porque la verdad es que me estoy esforzando con esa pareja ) Este cap creo que es más corto que el anterior. Bai

Me retiro! Ojala que lean Masoquismo que subí el segundo capitulo. Y esta maaaaaaaaaas HOT!


Please review so you'll update soon and makes me happy :)

Por favor review de esa manera actualizaré más rápido y me hace feliz :)

O.o Kaoru-chan o.O