Parte 23

Los sueños de Irmo habían llegado tarde a él esa noche.

Su mente estaba llena de recuerdos de abrasadores besos y furtivas caricias, ardorosas palabras y ojos oscurecidos con deseo. Una y otra vez las imágenes se repetían, finas facciones, esculpidos pómulos, una sonrosada boca brillante por besos compartidos, dorado cabello cayendo como seda entre sus ansiosos dedos, y una seductora voz susurrando apresuradamente en su oído, mientras ojos azules lo miraban con mal encubierta lujuria.

Haldir se movió inquietamente en su cama. Su bien formado cuerpo, desnudo como siempre acostumbraba dormir, retorciéndose levemente entre las sábanas, su blanca piel sonrosada en súbita excitación, sus avellanos ojos nublados en sueño, revoloteando inquietamente en sus órbitas y el formidable miembro entre sus fuertes piernas ahora erecto y orgullo obedeciendo las sensaciones recorriendo su cuerpo, ordenadas por su mente totalmente atrapada en ensueños de jubilosos placeres.

En sus sueños vio el rostro del bello príncipe del Bosque Negro sonreírle tentadoramente, sus largos dedos acariciando su sensitiva piel, su toque quemando rastros de deseo a su paso.

Atrapado en su fantasía, Haldir trató de levantar una mano para alcanzar al irreal joven elfo ante él, más el estado de profundo sueño en el que se encontraba hacía sus miembros pesados y sus pensamientos descoordinados, yaciéndolo sumiso y vulnerable.

Desde que había llegado al reino de Thranduil, Haldir, capitán de Lothlorien, no había tomado ni un amante. Toda una entera semana había pasado sin que el altivo guardián del Bosque de Oro tomara su placer de otro. Oportunidades no le faltaron, siempre habían voluntarios elfos y doncellas dispuestos a rendirse ante tan sensual y hermoso elfo, sólo bastaba una particular mirada de sus ojos marrón dorado, y ellon o elleth a quien iba dirigida esa mirada inmediatamente caía a sus pies.

Cuando Haldir primero se enteró de que él guiaría el grupo que acompañaría a su Señor al Reino del Bosque, el cual nunca había conocido, su primer pensamiento fue de irritación al tener que conducir a su Señor Celeborn a un lugar que decían era oscuro y peligroso. Más Galadriel, la Dama de la Luz, sintiendo los interiores pensamientos de su fiel guardia, le había aconsejado no juzgar ni dejarse llevar por rumores, y le había contado que su esposo estaba entusiasmado de ir al encuentro de un pariente largo tiempo no visto.

Así Haldir había pensado para sí mismo que no sería adverso conocer ese misterioso reino élfico, donde reinaba un orgulloso y temido rey, a quien él había visto en persona cuando se reunió el Concilio Blanco hace ya varios años atrás.

Rumores habían llegado a Lorien también de la belleza de la Dorada Reina de Thranduil, sobre su magnifica hermosura y etérea apariencia, pocos atreviéndose a emprender el arriesgado viaje hacia el Bosque Negro después de finalizada la Paz Vigilante, para conocer a la renombrada reina, y aún más pocos retornando para contarlo. Y cuando llegó la funesta noticia de su muerte, Lorien lloró también por su extinguida luz.

Palabra decía que el más joven hijo de Thranduil había heredado la etérea belleza de su madre, y así con un corazón curioso la gente que acompañaba al Señor de Lorien había partido, dejando atrás los plateados mellyrn, y así atender a las festividades para celebrar la Mayoría del menor de los príncipes.

Y cuando los avellanos ojos del capitán de Lorien se habían posado sobre el joven elfo, Haldir decidió que tenía que tenerlo, a pesar de las advertencias de su Señor sobre el protectivo carácter del Rey Thranduil. Y así llegó a ser que Haldir, renombrado amante en su tierra, habiendo adquirido una vasta reputación en Imladris también, no tomó amante en el Bosque Oscuro, ya que estaba dispuesto a ganar los favores del joven príncipe silvano.

Hecho que no pasó de furtivos encuentros, que no habían hecho nada sino dejarlo altamente reprimido con sexual frustración.

Más esta noche que alguna otra en su visita al Bosque, su frustración elevada por el desaire del joven príncipe que ahora acaparaba sus sueños.

Un delicioso cuerpo presentado a él, desnudo y subyugante a la luz de las pocas velas que no se habían consumido aún. Su propio afiebrado cuerpo lleno de deseo sintió una ligera brisa mientras la suave manta era alejada de su cuerpo, solo para ser cubierto de inmediato por ese deseado cuerpo mientras desnuda carne hacía contacto con su ardorosa piel.

Nunca Haldir había tenido un tan vívido sueño.

Su cuerpo sintió el ligero peso del cuerpo del otro sobre el suyo, y manos y boca empezaron a recorrer su piel incrementando la pasión en su sangre.

De nuevo ese bello rostro sonrió ante él. Una sonrisa traviesa, llena de picardía y oscurecidos ojos azul cielo rebosantes con deseo, mientras ininteligibles susurros llegaban a sus oídos sin que su mente pudiera descifrar su significado.

Una dulce boca se posó sobre la suya, besándolo con ternura no carente de abandono, Haldir forzando a sus labios a responder tan delicioso beso, solo logrando entreabrir su boca que inmediatamente fue invadida por una húmeda lengua, haciéndolo gemir débilmente en necesidad.

La boca se desprendió de la suya, mientras el cuerpo del joven elfo se movía pausada y suavemente. Una delgada mano bajó hasta una de sus piernas empujándola lentamente a un lado para crear espacio y así acomodarse entre sus piernas, donde nunca un elfo había estado antes, haciendo que sus duros miembros se froten en pasión con la lasciva fricción que proveían bien proporcionas caderas. Haldir se estremeció en la sensación, sintiendo al otro temblar por el mismo motivo, mientras una musical voz seguía murmurando palabras que su mente, nublada de sueño y pasión, no alcanzaba a entender.

Los sonrosados labios del joven príncipe besaron su camino hasta uno de sus oídos, apoderándose de una puntiaguda punta succionado fervorosamente y arrancando un gemido de sus entreabiertos labios, y esta vez el capitán alcanzó a distinguir algunas de las susurradas palabras. "Eres hermoso en tu pasión Haldir." La lírica voz dijo.

Los seductores labios continuaron con sus deliciosas caricias, esta vez bajando por su largo cuello, no dejando ansiosa piel sin atención, siguiendo el camino de su fuerte pecho hasta llegar a una de sus sensitivas tetillas, lavándola con ansiosas lamidas y apasionados besos, luego pasando hacía la otra tetilla para ofrecerle el mismo trato. Más fuertes gemidos fueron arrancados de sus labios, Haldir sintiendo rayos de placer recorriendo su cuerpo entero.

Las telarañas de deseo y sueño rodeando su deslumbrada cabeza, y el dorado ser determinadamente brindándole tanto placer que todo parecía un elaborado hechizo, hizo que el plateado capitán rindiera su voluntad a tan intensa fantasía. Nunca uno para rendirse ante ningún otro, Haldir se sometió al joven príncipe que había perseguido sus sueños desde que llegara al Reino del Bosque.

Los suaves labios bajaron por los duros planos de su abdomen, hundiendo una traviesa lengua en la depresión de su ombligo arrancando un débil jadeo de sus labios, mientras largas y finas manos acariciaban lánguidamente sus caderas y muslos. Los finos labios bajaron aún más, llegando hasta su duro deseo y soplando delicadamente sobre la hinchada cabeza ahí haciéndolo estremecer en placer. A través de una espesa bruma Haldir vio dos pares de chispeantes ojos azules mirándolo voluptuosamente mientras una rosada lengua lamía impúdicamente delicados labios, antes de que con una decadente sonrisa esos labios descendieran hacía su meta, lamiendo su duro miembro con entusiasmo y una mano estrechando y acariciándolo deliciosamente.

Con su cuerpo retorciéndose en sumo deleite, Haldir sintió su pináculo acercándose deprisa, no habiendo traído alivio a su deseo desde que empezara su permanencia en el bosque, su pasión reprimida por demasiado tiempo.

Sus manos apretaron débilmente las sábanas a sus lados, su cabeza moviéndose lánguidamente de un lado a otro mientras sus labios expresaban su aprobación con suaves gemidos de gozo. La bruma de deseo elevándose mientras la húmeda boca en su miembro lo rodeaba hasta la mitad y empezaba a succionar en serio.

Perdido en un mar de dicha, de pronto todos sus pensamientos se dispararon alborotadamente mientras sentía algo que nunca había sentido antes. Ni en la realidad, ni en sus sueños. Algo estaba haciendo presión contra la baja entrada a su cuerpo mientras la succión se incrementaba en su excitado miembro. La atormentante boca engolfando tanto de su túrgida columna de carne como podía, moviéndose pausadamente de arriba abajo.

Sin saber que pensar y sin poder para moverse, Haldir sintió claramente que ese algo invadía su cuerpo, abriéndose paso y contoneándose hacia su interior. La sensación no desagradable, pero sumamente extraña y ajena a su voluntad, más no a su deseo.

Sacudiendo su cabeza en un esfuerzo por despertar, el plateado capitán sintió el delicioso calor rodeando su duro deseo incrementar sus movimientos acrecentando el placer en su cuerpo, y el invasor dentro de él empezando a retirarse solo para volver a entrar una y otra vez con más prisa.

Las nieblas de su sueño empezaban a retirarse de su mente, más el placer inundando su cuerpo parecía acrecentarse en vez de receder. De pronto Haldir jadeo fuertemente mientras sentía que otro invasor abría su cuerpo, uniéndose al primero, y no puedo evitar gemir fuertemente en placer mientras se movían frenéticamente en su interior, hundiéndose, separándose, retorciéndose, saliendo y entrando de su cuerpo, más profundo cada vez.

De súbito una luz pareció centellear ante sus ojos, mientras los intrusos dentro de él rozaban algo que nunca había sido tocado antes, sus caderas empujando involuntariamente hacia abajo para obligar a repetir la sensación, ambos intrusos en su cuerpo pareciendo entender, redoblaron sus esfuerzos acariciando ese lugar una y otra vez con mayor frenesí.

Los continuos movimientos sobre su túrgida columna de deseo y las exquisitas caricias en su interior lo trajeron rápidamente al pináculo de su placer, y con un gutural grito el completo cuerpo de Haldir tembló en la cama, mientras estallaba liberando su esencia dentro del húmedo calor que lo envolvía.

Exquisito sueño. pensó Haldir deslumbradamente, mientras disfrutaba las agradables sensaciones de tan intenso clímax teniéndolo relajado y plácido en su lecho. Su mente despertando al fin.

Sintiéndose completamente satisfecho y desorientado, el bello guardián sintió movimiento sobre él, y con gran sorpresa vio al dulce y bello joven príncipe del Bosque Negro subir su grácil cuerpo para posarlo sobre el suyo y otorgarle un tierno beso en sus entreabiertos y asombrados labios. "¿Te complací bien Haldir?" Preguntó cuando hubo llegado a la altura del jadeante capitán, mirándolo con ojos llenos de deseo.

Los ojos de Haldir parpadearon varias veces tratando de difuminar toda traza de sueño de su mente, y así comprobar que el joven elfo ante él era real y no un producto de su fantasía. El principito bajando sus rosados labios para otro beso, más apasionado que el anterior, como para afirmar al elfo mayor que su presencia no se debía a los sueños de Irmo.

"Legolas" susurró el capitán al fin, tras responder lánguidamente al beso y confirmar por sí mismo que esto ya no era más un sueño.

"¿Esperabas a alguien más?" Preguntó juguetonamente el príncipe, una de sus finas manos acariciando una de las sensitivas tetillas del galadhel, mientras sus ojos azul cielo miraban fijamente los avellanos ojos del elfo debajo de él.

Un delicioso estremecimiento recorrió su saciado cuerpo ante la caricia, mientras Haldir sacudía su cabeza negativamente contestando la pregunta, sin salir aún de su asombro ante la osada presencia del joven elfo en su habitación y su cama.

"Bien" Contestó Legolas, una sonrisa satisfecha en sus labios. "Ya que intento pasar aquí lo que queda de la noche, y aún no he satisfecho mi deseo por ti."

Otro beso fue otorgado sobre deseosos labios, esta vez más ardiente y vehemente, mientras Haldir sentía al joven príncipe levantar una de sus piernas para situarla alrededor de sus flexibles caderas. Entendiendo rápidamente la intención del joven príncipe, el capitán de los Galadhrim interrumpió el apasionado beso. "Legolas... yo..."

Más fue demasiado tarde. Haldir sintió que con un seguro empuje el joven príncipe se encontraba profundamente incrustado dentro de su no tratado cuerpo. La entrada a su cuerpo expandiéndose como nunca antes, su íntimo pasaje separado abruptamente mientras dura carne se abría paso firmemente hacia su interior. La inesperada penetración haciéndolo sisear en súbita incomodidad ante la quemante sensación de siendo traspasado por primera vez. Aunque aún joven, la medida de la espada del principito no era despreciable.

Hundiéndose hasta la empuñadura en el apretado calor de la exquisita vaina del cuerpo del galadhel, Legolas se detuvo al escuchar el sonido de dolor que hizo el elfo debajo de él. Con total fuerza de su voluntad manteniéndose completamente inmóvil, cuando todo lo que él quería era empujar una y otra vez dentro de la deliciosa estrechez apretándolo. "¿Te he lastimado Haldir?" Preguntó con voz preocupada, si bien cargada de elevada sensual necesidad, mirando directamente a ojos de color avellana.

Más incrédulo que nunca en su vida, Haldir miró fijamente al elfo sobre él. Los expresivos azules ojos reflejando sincera preocupación, las finas y delicadas facciones hablando de genuino cuidado, a la vez que un leve ceño en una sosegada frente expresaba la apenas reprimida continencia de su deseo. Y a pesar de todo, la sensación de siendo tomado así, sin esperarlo, y por el joven elfo a quien había deseado desde el primer momento que había puesto ojos sobre él, mandó olas de placer y pasión a través de su cuerpo, haciendo que su ya saciado miembro, comience a estremecerse de nuevo, hinchándose e irguiéndose expresando su total aceptación. Y con todo no pudo dejar de hablar su asombro. "Estás dentro de mí." Dijo Haldir incrédulamente, replicando lo obvio.

Al borde de su control, pero no queriendo continuar sin saber si su amante se encontraba bien, Legolas dijo lo primero que se le vino a la cabeza a través de apretados dientes. "Eso parecería..."

Observando al principito sudar del esfuerzo que le costaba mantenerse inmóvil, sus dorados cabellos sueltos cayendo en sedosa cascada sobre sus rostros como un velo para mantenerlos ocultos de ojos curioso, y escuchando las descuidadas palabras, el plateado elfo irónicamente halló el humor en la situación, y estalló en alegre risa, el súbito movimiento de su cuerpo haciéndolo cejar al mover la carne atiborrada en su interior.

Los ojos del principito se abrieron de par en par al escuchar risa, sintiendo también la relajación del pasaje, que lo rodeaba su duro miembro como un guante, al disiparse la tensión del elfo debajo de él, y sin poder contenerse más, con todo angulando sus caderas en una segura y aprendida dirección, dio un tentativo empuje con sus impacientes caderas, escuchando esta vez un jadeo de deleite en recompensa a sus esfuerzos.

Su miembro otra vez erecto e hinchado lleno de deseo, y un nuevo placer, desconocido hasta ahora para él, inundando su acalorado cuerpo rápidamente, Haldir, sin dudarlo más, levantó su otra pierna y la colocó al igual que la otra alrededor de las caderas del joven elfo, y con ambos brazos rodeando el cuello del otro atrajo suaves labios hacía los suyos urgiendo un quemante beso, para luego susurrar roncamente en una puntiaguda oreja. "Esta bien, malthernil. Muéstrame lo que sabes hacer."

Teniendo ahora la confianza y el completo permiso de su compañero, Legolas acomodó más su posición para dar certeras embestidas sobre el más sensitivo punto dentro de su amante. "Mi placer." Dijo con una levemente jadeante voz, mientras empezaba en serio con sus estocadas en el sensitivo centro del interior placer del galadhel.

Retorciéndose bajo el Dorado príncipe, Haldir no pudo suprimir sus gemidos de completo deleite, instintivamente urgiendo con sus largas piernas los movimientos del joven elfo poseyéndolo como ningún otro ser antes; el joven príncipe sintiendo su placer intensificarse en la sensación de las poderosas piernas sujetándolo y alentándolo.

Mirando la cara de su amante mientras toma posesión de su cuerpo con vigor, Legolas observó, a través de una sensual cortina, las expresiones pintándose en el bello rostro de Haldir. Los gemidos, los jadeos, los retorcimientos de su cuerpo y el leve sudor brillando de su pálida piel, todo amplificado por el comprimente calor apretándolo como un acurrucado y angosto capullo en una helada noche de invierno. Solo una vez antes había sentido tan apretada sensación y eso fue cuando... una repentina claridad penetra la cortina de deseo rodeando su mente, entonces mientras Legolas mira los ojos llenos de deleite de Haldir, ve el exquisito placer que tan intensa penetración en su cuerpo provocaba, pero también ve la maravilla de algo nuevo en sus profundos pozos color avellana.

Desacelerando los enérgicos movimientos de sus ansiosas caderas, más sin parar las deliciosas embestidas que traen sumo placer a ambos, el Dorado Príncipe bajó sus labios para dar una acalorada lamida a una puntiaguda oreja y a la vez susurrar con aprehensión en un sensitivo oído. "Haldir... esta es tu..."

"Sí." Interrumpió Haldir con un jadeo en una particularmente bien colocada y vigorosa embestida, respondiendo la pregunta antes de que esta fuera completamente formulada, sabiendo intuitivamente a que se refería su amante.

Estremeciéndose en deseo y ansiedad, Legolas enterró su rostro entre los abundantes cabellos del plateado guardián, aspirando el natural perfume del otro, no logrando calmar su inquietud ante la súbita revelación. "Por Elbereth..." dijo el joven elfo, con un leve temblor en su voz, no debido esta vez al placer cruzando su cuerpo. "Yo no lo sabía... lo siento..."

Sintiendo los cada vez más lentos empujes dentro de su cuerpo, Haldir, con ambos manos, levantó la cara del joven príncipe de su refugio entre sus cabellos, y miró a los profundos y expresivos ojos azules con sus propios ojos, con una deliciosa sonrisa en su bello rostro. "Pues yo no, melethron." Respondió firmemente, otorgando un ardoroso beso sobre los tentadores labios. Acariciando con una mano una bellamente esculpida mejilla, el plateado guardián agregó. "Pero lo vas a lamentar si no terminas algo que tu mismo empezaste." Corcoveando sus caderas por buena medida y mayor significación.

Esta vez fue la lírica risa del príncipe que hizo su aparición en el penumbroso cuarto, sus bellos ojos chispeando una vez más con humor y líquido deseo. "Como tu desees, mi guardián." Profirió con júbilo, con una mano alzando nuevamente una de las piernas del galadhel, que había caído a la cama, acomodándola más seguramente en su cadera, antes de renovar sus empujes con entusiasmo, arrancando un deleitado grito de Haldir.

Sintiendo la renovada fortaleza de su amante horadando su camino potentemente dentro de su cuerpo, el capitán de los galadhrim solo atinó a sujetarse con ambas manos a la cabecera de la cama para resistir la desbocada cabalgata que arrancaba gemido tras gemido de su ronca garganta. Nunca había sentido algo así, la exquisita sensación de un duro miembro empalándolo una y otra vez con fuerza, abriéndose paso con poder, traspasando y ensanchando su íntimo pasaje tomando completa posesión de él, penetrándolo y alcanzando el mismo centro de su ser. No era maravilla que no había dejado a ningún otro tomarlo así, el sentimiento de vulnerabilidad y desvalidez era atemorizante, y no era asombroso que pensara no dejar a otro elfo poseerlo de nuevo.

Los vigorosos empujes continuaban, arrancando fuertes gemidos y inarticulados gritos de Haldir, quien sintió su pináculo acercándose rápidamente. Legolas sintiendo que su amante estaba al borde de su placer, lo montó con más ímpetu, poniendo todo de sí para traer a su amante el máximo de placer posible, trayendo una mano entre sus casi fusionados cuerpos para agarrar el miembro del galadhel, que se encontraba duro y lloroso atrapado entre sus vientres, para acariciarlo al tiempo con sus empujes.

Fue el final empujón sobre el filo, la ruda caricia de la mano del joven elfo sobre su dura columna de carne, y una ruda penetración hábilmente colocada estrellándose con su sensitivo punto, lo mandaron hacia el pináculo del éxtasis. Su clímax exigiéndolo con fuerza, cegándolo momentáneamente mientras destellantes luces aparecían detrás de sus ojos, su espalda arqueándose fuera de la cama mientras un fuerte grito de un ansiado nombre dejaba sus labios.

Cayendo pesadamente sobre la cama sin energías, después de este segundo e intenso clímax, Haldir sintió otra vigorosa embestida en su interior que lo hizo cejar, antes de que liquido calor inundara su sensible pasaje y un pesado cuerpo cayera sobre el suyo con un gruñido de satisfacción.

Solo fuerte respiración y ásperos jadeos podían ser escuchados en la habitación, mientras ambos elfos disfrutaban las sensaciones dejadas por el exquisito placer en sus bien saciados cuerpos.

Legolas cuidadosamente salió del cuerpo del capitán, sintiendo un casi imperceptible cejo del otro elfo. "Haldir... yo..." dijo dudosamente antes de que un largo dedo colocado sobre sus labios lo silenciara.

"Me usaste bien, mi príncipe. Ahora temo la cabalgata de mañana rumbo a mi hogar." Dijo Haldir con una sincera sonrisa en sus labios, y pícaro humor en sus ojos, acariciando una suave mejilla en un tierno gesto muy distinto de él, antes de que un sorpresivo bostezo hiciera su aparición.

Una baja risita escapó de entre los sonrosados labios del principito. "Falta poco para que anor reaparezca en el cielo. Descansa un poco, mi plateado capitán, y recupera tus fuerzas. Yo me quedaré a tu lado hasta que el alba asome en el cielo."

Acomodándose entre los brazos del joven príncipe tratando de no poner presión sobre la parte inferior de su cuerpo, ahora sensitiva y adolorida, Haldir reclinó su plateada cabeza en el pecho del otro elfo. No acostumbrado a ser mantenido, decidió esta vez disfrutar la sensación, más un asunto molestaba su descanso. "Dijiste que ibas a pasar la noche con una doncella, Legolas. ¿Acaso cambiaste de parecer y la dejaste esperando como me dejaste a mí en los pasillos?" Dijo con un ceño arrugando su sosegada frente.

"Dije que mi Dama deseaba pasar la velada en mi compañía y eso hicimos." Sintiendo la leve tensión en el cuerpo entre sus brazos ante sus palabras, añadió rápidamente. "Bailamos y reímos, y paseamos bajo la luz de Ithil. Luego la acompañé a su hogar dándole un casto beso en la frente como despedida."

"Pero ayer noche tú..." Confundido, Haldir levantó un poco su rostro para mirar al joven príncipe en la escasa luz de la habitación.

Dedicándole una deliciosa sonrisa, Legolas respondió anticipándose. "Ayer noche estuve con mi dama como hoy estoy contigo, más esta noche había decidido pasarla en tu lecho y en tus brazos."

El ceño nublando su frente incrementándose mientras la contrariedad en su cabeza crecía, Haldir levantó su cuerpo superior con sus codos a uno y otro lado de la cabeza del principito, sus piernas aún entrelazadas íntimamente con las del joven elfo, para así mirar al otro con un destello de agravación en sus avellanos ojos. "Si tenías pensado pasar la noche conmigo, ruego que me cuentes entonces ¿Por qué me dejaste estimulado y descartado en los pasillos de tu hogar?"

Comprensivamente sintiendo la irritación del galadhel, mientras sus propios altos pómulos quemaban levemente con un leve rubor traído a la superficie por culposo embarazo, el Dorado Príncipe decidió hablar con la verdad por miedo de ofender a su nuevo amante. "Heriste mi orgullo Haldir de Lorien, con tu desaire a mí ofrecida ayuda en nuestro primer encuentro frente a las rosas de mi madre."

"¿Desaire?" Parpadeando varias veces, Haldir miró fijamente al otro elfo, recordando la noche de la que hablaba el jovencito. "Lo único que hice ese día fue darte placer. ¿En que forma te he desairado?"

Esta vez fue la frente del joven príncipe que fue desfigurada por un profundo ceño. "Rehusaste mi ayuda cuando te la ofrecí. Decidiste que no era algo importante."

Imágenes de esa noche centellearon vívidamente en la mente del plateado capitán, sus apresuradas palabras de ese momento sonando en su cabeza.

"Estoy bien, no tienes porque preocuparte por mí. Mis necesidades no son tan urgentes que no las pueda controlar."

Recordó el cambio en el elfito después de las palabras, como lo esquivó tras eso; y se dio cuenta de que el orgullo del joven elfo no era cosa de juego, después de todo estaba en su cama con un príncipe de los elfos, por más joven que este sea, y no pudo evitar sonreír al ver la expresión del joven elfo mientras sus ojos marrón dorado lo contemplaban, sus sonrosados labios apretados en una fina línea en su molestia. "No fue un desaire, melethron. Si tú me tocabas ese día, no iba a parar hasta que tú y yo nos encontráramos haciendo lo que acabamos de hacer." De pronto pensativo, Haldir añadió. "Claro, con nuestras posiciones invertidas."

Viendo sinceridad en los brillantes ojos de su plateado amante, Legolas dejó escapar una alegre risa ante su final comentario. Jalando la cabeza de Haldir hacia su rostro con sus finas manos enredadas en abundantes y plateados cabellos, otorgó un dulce y calmado beso a los labios del otro. "Pido tu perdón melethron nin. Me deje llevar por mi tonto orgullo y fui injusto a ti." Habló sinceramente el joven elfo, sin saber que no sería la última vez que se dejaría llevar por la altivez innata a la Casa de Oropher, y que su propio abuelo había pagado por eso con su vida.

Queriendo más de los dulces besos, Haldir solo murmuró su asentimiento antes de exigir otra adictiva suave caricia de los labios del otro.

Al cabo de un rato de exquisita ternura, extraña para ambos, Legolas acariciando los cabellos del otro, habló con estima. "Descansa ahora mientras puedas, mi plateado guardián. Arien ya está cerca con la barca del sol, y pronto el cielo se iluminará en un nuevo día. Duerme un poco y yo te despertaré a tiempo para tu partida."

Sintiendo una súbita punzada de tristeza, Haldir exigió un beso más aún, y con un débil suspiro, reposó su bella cabeza en el hombro del principito, enterrando su nariz entre los dorados y sedosos cabellos. Sentía pesar al pensar en su partida de los Salones de Thranduil, tan intensamente como había sentido su renuencia en emprender el viaje en primer lugar, y se dio cuenta que se debía al elfo ahora en sus brazos. Sin contestar a las palabras del príncipe, Haldir dejó que los ensueños se apoderaran de su agotado cuerpo, y sus ojos se nublaran en los sueños de Irmo, mientras sentía las delicadas manos de Legolas continuamente acariciando con afecto sus largos cabellos de sedosas hebras de plata.

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Epílogo

Mañana del 4 de Coire del año 2500

Abundantes y bulliciosos elfos estaban reunidos a las puertas del palacio subterráneo del rey elfo del bosque, y parecía que cada habitante del reino del bosque había salido para observar y despedir a los elfos visitantes de Lothlorien e Imladris.

Caballos relinchaban y órdenes de último momento eran suministradas mientras manos se ocupaban de llevarlas a cabo. Caras alegres y rostros tristes en el frío aire matutino que era llenado con bajos murmullos y expresivas despedidas. Elegantes y finas manos ondeando efusivamente en el aire mientras los elfos de tierras distantes montaban sus audaces corceles, a la vez que levantaban sus manos en respetuoso saludo y partida.

La tristeza dominaba el ambiente. Los moradores de tierras extrañas encontrando en los Salones del Rey Elfo, amistad y respeto, entre los reservados y misteriosos elfos silvanos del Bosque Negro. Amor y Pasión florecieron en algunos, y otros hallaron más de los que buscaron y algunos menos de lo que quisieron, pero todos partían con esperanzados corazones y altos espíritus. La reunión de los tres principales reinos élficos había comenzado.

Thranduil, hermoso y noble, parado antes las puertas de piedra de su imponente fortaleza, con su hijo mayor, Tathrenlas, a su derecha y su más joven hijo, Legolas, a su izquierda, observaba como las delegaciones del Bosque de Oro y el Valle Oculto empezaban a cabalgar sobre el puente de piedra, rumbo a sus muy ansiadas tierras.

Todas las despedidas ya dichas y recibidas.

Su aguda mirada se posó sobre Celeborn, su primo y viejo amigo, quien iba a la cabeza de ambos grupos flanqueado por los hijos gemelos de su única hija Celebrian, la plateada cabeza del señor elfo alta y majestuosa; y por un momento los ojos del Rey Elfo se desenfocaron, recordando fugazmente una escena similar cuando Celeborn siguió a Galadriel fuera de la seguridad de su antiguo hogar en Menegroth; más ahora era una feliz partida, y con esperanza un pronto buen encuentro.

Plateadas cabeza se mezclaron con oscuras, los elfos de Lorien e Imladris largo tiempo amigos y aliados gracias al parentesco de sangre de sus regidores, con todo varias cabezas volteaban hacia atrás, atrapando una última mirada de los enigmáticos moradores del Bosque Negro.

Thranduil observó como Glorfindel giraba su hermosa cabeza, levantando su blanca mano agitándola sin cesar; y sintió que Legolas, a su lado, volvió a alzar su fina mano, respondiendo al último saludo del capitán de Imladris. Los gemelos hijos de Elrond siguieron el ejemplo del dorado señor elfo y agitaron sus fuertes, con todo elegantes, manos de guerrero en un final saludo, siendo respondidos por muchos, entre ellos sus propios hijos y Miredhel, la hija de su capitán, rebotando en sobre sus pequeños y delicados pies en entusiasmo, Thranduil advirtió.

Ahora eran varios los elfos de la fusionada comitiva que se despedían por última vez con manos en el aire, y varios elfos silvanos correspondían a esa última amistosa despedida. Más el Rey de los elfos del Bosque vio a uno, que cabalgaba detrás de Celeborn, no se tomaba el tiempo para tales gestos, solo levemente girando su orgullosa cabeza, y acomodándose sobre su caballo de cuando en cuando, Thranduil vio que la mirada de Haldir, el plateado capitán de Celeborn, caía cortamente sobre su más joven hijo, una casi imperceptible sonrisa tocando sus labios, solo para rápidamente encarar adelante nuevamente

Después de muchos años, una traviesa sonrisa jaló los labios del Rey Elfo.

Los elfos viajeros desaparecieron debajo de los árboles y entre los troncos, y la gente silvana reunida comenzaba a esparcirse para continuar con sus quehaceres, Tathrenlas, quien se hallaba a su derecha de su padre, giró y empezó a hacer su camino dentro del palacio, un leve ceño arrugando su sosegada y bella frente, Thranduil solo exhaló un suspiro al ver el extraño humor de su hijo mayor.

Decidiendo que era tiempo de entrar a su hogar, Thranduil empezó a girar solo para darse cuenta de que los ojos de su joven hijo seguían mirando el camino por donde habían partido los elfos visitantes, solo el ruido de los cascos de los caballos aún oyéndose a la distancia, con una contenta sonrisa en su joven rostro. El Rey Elfo depositó una firme mano en el hombro de su hijo, haciendo que los brillantes ojos azul cielo del principito dejen al fin su fijo examen del camino para levantarse al rostro de su muy amado padre.

"¿Contento, lass tithen nin?

"Mucho, Ada." La sonrisa que alumbró el rostro del joven príncipe podía competir con el brillo de anor en los días de verano, tan grande era.

"¿Te divertiste mucho?"

"Sí."

La sonrisa en su rostro desapareciendo, Thranduil giró serios ojos hacia su joven hijo. "¿Ya estás mejor?"

Confundido, Legolas frunció levemente el ceño en desconcierto. "¿A que te refieres, ada?"

Suspirando, Thranduil abrazó a su hijo con un brazo alrededor de sus hombros, y los giró para atravesar las puertas del palacio subterráneo. "El día de la Gran Cacería. Tu enfrentamiento contra esa araña."

Abriendo grandemente sus ojos, Legolas miró sorprendido a su padre. "Tu... ¿Tu sabías?"

Apretando su brazo alrededor de los más ligeros hombros, Thranduil miró con afecto y preocupación a su hijo. "La vi antes de su ataque sobre ti, Hojita. Como vi tu distracción y la defensa de tus tres guardianes caninos. Sabía que ibas a estar seguro, ninguna de esas bestias puede contra Scella, Spenna y Garma, menos aún si están juntos. Fue una dura lección para ti, ion nin, pero una que tenías que aprender no obstante el temor que provocaría en ti."

Indignación reemplazó al asombro, y luego se tornó a leve resentimiento. "Pensé que nadie iba a ayudarme, pensé que estaba solo"

"Mientras esté a tu lado vas a estar seguro Lass tithen nin, pero yo no siempre voy a estar ahí, acompañándote en tus rondas. Las patrullas varían y rotan, nuestro hogar se ha vuelto peligroso, y así todo guerrero debe ser cauteloso porque su propia vida está en riesgo. La concentración es primordial en la supervivencia, apena a mi corazón que lo hayas tenido que aprender de una manera tan ruda."

Viendo sabiduría en las palabras de su padre, Legolas dejó ir de su leve disgusto con un profundo suspiro, deteniendo a su padre para otorgarle un afectuoso beso en una alta mejilla. "Lo sé, adar nin. Llegué a ser distraído por un momento, ahora me doy cuenta que la falta de concentración es un peligro para mi y mis compañeros. No volverá a suceder."

"Eso espero, Legolas." Dijo Thranduil seriamente, para luego añadir más suavemente. "Confió en que sea así."

"Me alegro que lo supieras, ada. No sabía como contártelo."

"Poco escapa a mis oídos y mis ojos, Hojita." Contestó el Rey Elfo echando a andar de nuevo. Deteniéndose cortamente para mirar sobre su hombro a su hijo que se había quedado parado donde estaba, Thranduil añadió con un guiño. "Aún los recuerdos que recibieron de ti Lothlorien e Imladris no escaparon a mi atención."

Dejando a un sorprendido Legolas detrás, con los ojos muy amplios y la sonrosada boca levemente entreabierta, preguntándose a que recuerdos exactamente se refería su padre, y si esos eran los mismos que le hacían estremecer cada vez que los recordaba; Thranduil soltó una alegre risa al aire, que pocos raramente escuchaban en esos tiempos, e hizo su camino a sus habitaciones pensando en que dentro de ese poco que escapaba a su atención estaba el porque del extraño humor de su hijo mayor, tan dedicado había estado el noble rey a velar por su pequeño elfito.

EL FIN

Continúa en: La Hoja del Gran Bosque Verde II: Interludio - Dulces Consecuencias: Reflexiones y resultados de la visita de los elfos de Imladris y Lothlorien sobre los habitantes del Bosque Negro.

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Notas

4 de Coire – 4 de febrero
Ellon – Elfo
Elleth – Doncella élfica
Malthernil – Dorado Príncipe.
Melethron – Amante
Melethron nin – mi amante.
Lass tithen nin – Mi pequeña hoja
Scella – Sombra (en Nandorin, lengua silvana)
Spenna – Nube (en Nandorin, lengua silvana)
Garma – Lobo (en Nandorin, lengua silvana)