Cenizas de una Ciudad Muerta

Saludos. Antes de que comiencen a leer, quisiera decirles una cosa a los lectores fieles. Si ésta es la primera vez que lees esta historia, NO PIERDAS TIEMPO LEYENDO ESTO, Y PONTE A LEER. Pero si no es la primera vez que lees esto y has entrado buscando modificaciones, te habrás llevado una sorpresa al ver a un nuevo personaje. Comprobarás que el relato ha sido modificado desde el principio ¿El motivo? Algunas partes se hacían insufriblemente monótonas, tanto como para escribirlas como para leerlas. Esto era así porque se trataba de una representación del videojuego, pero a la hora de plasmar en un relato la parte del registro habitación a habitación, matar criatura a criatura, pues causa monotonía. A pesar de ello, no tengo intención de cambiar mi forma de narrar, pues quiero plantear esto como un videojuego, como un Silent Hill X para la consola XX de última generación. Sin embargo, me he permitido el introducir a un nuevo personaje principal, con el propósito de que haya más diálogo, y no se reduzca todo a pensamientos de un pobre diablo vagando sólo por la ciudad. Espero de corazón que este nuevo enfoque, con más diálogos, aunque sin cambiar para nada el planteamiento principal, se haga más ameno. Y también espero que disfruten leyendo, así como yo disfruto escribiendo para todos ustedes, no sin antes recordarles que absolutamente cualquier cosa que deseen comunicar, pueden plasmarla en un Review! Atentamente, Dani.


Capítulo I: Who are you?

La rueda emitió un suave ronquido al rodar sobre la grava, y detenerse al fin. Tras apagar el motor, y retirar la llave del contacto, un hombre abrió la puerta del coche y se bajó del vehículo, a la vez que mientras pasaba al lado de la carrocería, abría el depósito del gasóleo. Fue hacia el surtidor de gasolina más cercano, e introdujo el manguito en el depósito, mientras sus ojos giraban entre mirar la cantidad de gasolina (no quería pasarse de la cantidad de 20 litros) y recorrer la zona con la mirada.

Una pequeña gasolinera de las afueras de South Ashfield era el término de la parada, y luego por fin llegaría a casa de su ex-mujer, a recoger a su pequeño hijo de pocos años, que permanecería con él durante 2 meses. Respiró hondo, y cuando el contador de gasolina llegó a la cantidad deseada, pulsó el botón de detener el flujo de combustible, y sacó la manguera del depósito. Cerró el tanque de gasolina, así como la puerta del coche, y caminó hacia el bar, cuya puerta se encontraba abierta, invitándole a entrar.

El hombre entró al local, y se vio la imagen de un hombre con una chaqueta ¾ color verde oliva tumbado en la barra, con un vaso vacío y una botella vacía también. El camarero limpiaba unos platos con un paño mientras miraba al nuevo cliente.

– Buenas, acabo de llenar el depósito y para… –dijo el recién llegado, mientras mostraba en la mano la cartera, refiriéndose al pago.

El camarero, con un gruñido, le señaló hacia la izquierda, donde a un lado había otro mostrador, con otro empleado bastante más joven, que supervisaba la cantidad de gasolina expedida. Le dijo el importe, y una vez cumplida la transacción, el hombre se acercó a donde se encontraba el durmiente, y se sentó en uno de los taburetes de la barra.

– Duerme bien, ¿no? –dijo señalando al borracho.

– Ya ves, bebe como si fuera agua… sólo lleva tres cuartos de hora aquí y se me ha ventilado la botella entera. –contestó el camarero.– Sólo sé que se llama John H.C, y sólo comentó que iba a Silent Hill, un destino bastante curioso. Son realmente pocos los que van allá.

– Vaya… rumbo a Silent Hill… ¿Pero y cómo ha llegado? No he visto ningún otro coche ahí fuera…

– ¿Cómo que no? –respondió el camarero.– Imposible, tengo buen oído y siempre oigo a la gente llegar… y oí claramente un coche, diría que un todo-terreno, y luego entró éste elemento…

El recién llegado frunció el ceño. ¿Dónde estaba el vehículo de ese tal John?

– A propósito –inquirió el camarero.– ¿Cuál es su nombre?

– Jack Ryan.

El camarero extendió la mano.

– Pues encantado, Jack. A propósito, ¿A dónde se dirige?

– Me dirijo de Ashfield, a Brahms, a casa de mi ex mujer. –contestó Ryan.

– ¿Y le costaría mucha molestia llevar a este elemento destino Silent Hill? Le pilla de camino…

Jack meditó la propuesta.

– Hmm… bueno, realmente sólo sería desviarme algunos kilómetros. ¿Pero porqué no se puede quedar aquí? Que duerma la mona aquí y se le pase la borrachera.

– Es que, verá, el problema está en que solemos cerrar esto completamente, esta gasolinera no abre por las noches. Y no vamos a dejar a nadie aquí a solas. Mi hijo y yo siempre hacemos eso.

Jack miró al empleado que le había cobrado la gasolina, dándose cuenta de que el asombroso parecido familiar entre él y el camarero no eran fruto de la casualidad.

Meditó unos instantes. La verdad es que no le suponía tampoco tanta molestia llevar al borracho a Silent Hill, y dejarle en algún banco. O quizás hablase, y podría llevarle al sitio exacto donde quisiera ir. Quizás viviese en Silent Hill.

– De acuerdo, me lo llevaré. Me viene de camino, asi que no hay problema. De todos modos… ¿son ciertas esas leyendas que cuentan sobre Silent Hill? Lo del pueblo maldito, y toda esa historia.

El camarero rió con fuerza, pero se trataba de una risa forzada.

– ¡Claro que no, hombre! Sólo son habladurías… De todos modos, ¿sabe llegar?

Pocos minutos después, Jack estaba en su coche, rumbo a Silent Hill. El amable camarero, contento de su ayuda para librarse del tal John, le había ayudado con indicaciones sobre la mejor ruta de llegar al pueblo.

Llevaba aproximadamente diez minutos en carretera, y tras haber virado en la intersección desde Pleasant River (condado 73), buscaba acceder a la parte baja de Silent Hill, poco poblada, pero la mejor forma de llegar. De otro modo, tendría que dejar el coche en un mirador y tener que ir un tramo por los caminos de tierra, arrastrando a John. Dicha idea no le agradaba demasiado.

Tras pasar el desvío, observaba la triste y solitaria carretera. Se encontraba pésimamente cuidada, y eso que antaño fue un agradable destino turístico, bastante visitado por todo tipo de gente. Pero el pasar de los años habían convertido el hermoso pueblo a orillas del lago en un lugar solitario y alejado, en el que la gente se encerraba en sí misma y eran muy pocos los que iban. Todavía menos los que volvían, y casualmente nadie de los que se quedaban en Silent Hill dejaba atrás parentesco o pareja. Eran personas en busca de algo nuevo. Unas tranquilas vacaciones, quizás. O algo nuevo y mucho más extraño que solo podría ser encontrado en este poblado...