Este capítulo originariamente estaba pensado para John, y curiosamente era el próximo que publicaría en el fic original (el num.12 creo que iba) xD pero bueno, las cosas han cambiado con la inclusión de Jack. Léanlo, disfrútenlo, y finalmente agradecería un review. ¡A leeer!

Capítulo VIII: Brookhaven Hospital.


Jack descendió, a gatas y algo aturdido, y una vez en el suelo se incorporó.

Como suponía, la furgoneta asombrosamente había subido por una escalera.

Cuando Jack se acercó a la cabina de la furgoneta, con el cuchillo en una mano, y la grapadora en la otra, sin importarle para nada el silencio de la radio, abrió la puerta derecha bruscamente, y una bolsa para cadáveres cayó del asiento del piloto.

Jack la pateó con odio hasta oír el crujido de huesos de su contenido, aunque fue innecesario.

Le llamaba la atención el uso de una furgoneta casera como ambulancia improvisada. "¿Acaso no hay ambulancias auténticas en este pueblo? Según el mapa, hay tanto un hospital en el sur, el Brookhaven, como otro en el norte, el Alchemilla. Incluso cerca del lago hay un tercer hospital, más pequeño…"

Miró encima de él, y vio un blanco y grande edificio, con un amplio cartel encima de las puertas que ponía "Brookhaven Hospital". Tras mirar el mapa, y lograr ubicarse, le sorprendió haber recorrido tanta distancia. ¿Cómo había llegado tan lejos? Miró hacia detrás, pero la furgoneta-ambulancia le impedía retroceder. Lo único que le quedaba por hacer era adentrarse en el hospital, lo cual, por un lado, era una buena idea. A pesar de que lo que Jack buscaba era una comisaría de policía, en un hospital seguro que encontraría a gente que le ayudase. Gente "normal".

Antes de entrar, echó un vistazo por alrededor, pero no había mucho que ver. Junto a unos arbustos, colocada a la vista, encontró algo parecido a una cajita, en cuyo interior había a su vez otra cajita, con 8 balas calibre .45. Perfectas para la pistola nueva de Jack. Introdujo una a una las balas en el cargador, luego tiró hacia detrás de la corredera del arma, y desde arriba colocó la octava bala, para así poder contar con una más. Cuando la corredera volvió a su lugar, el arma tenía una bala en la recámara, lista para ser disparada, y el cargador completamente lleno. Ósea, 7 balas más una. Agarrando la pistola, y con el seguro puesto, ascendió los escalones, sobre los cuales habían quedado las marcas de barro de la furgoneta, y se detuvo delante de las puertas dobles. Tras suspirar abrió las puertas dobles y se adentró en el hospital Brookhaven, esperando encontrar una maldita respuesta al dilema de qué hacía ahí.

Ambas puertas se cerraron solas a espaldas de Jack, gracias a un mecanismo automático de cierre de muelle, ideado para no hacer corriente, y él echó un vistazo en derredor. La luz eléctrica parecía haberse ido a medias, salvo alguna que otra lámpara que todavía parpadeaba, por lo que fue necesario encender la linterna para poder ver donde estaba. A la izquierda estaba el despacho del director, y una serie de puertas, además de un tablón verde de madera en el que se suponía que debería haber un mapa del hospital, pero no estaba. A la derecha, había una farmacia, en la que debían estar los farmacéuticos interno-residentes, iguales a los MIR (médicos interno-residentes). Los estudiantes de medicina debían aprobar un examen muy difícil y trabajar un tiempo como MIR, y después, ya podrían ser médicos en el hospital. Y justo enfrente, una puerta, que fue la primera en intentar abrir. Al entrar, descubrió que estaba en recepción, pero se preguntó cómo atenderían a la gente con una puerta cerrada, o dentro de un despacho.

A la izquierda había un par de taburetes junto a una mesa con forma de herradura sobre la cual había una libreta con un listado de gente (Jack ni se molestó en leerla), un casillero, y un micrófono, a pesar de que éste no encendía. Detrás de Jack había dos armarios, uno de color grisáceo que contenía todo tipo de productos químicos y gordos libros de medicina y otro de color marrón lleno de ficheros y nada interesante. Al otro lado de la estancia, detrás de la mesa de recepción, había otra puerta que llevaría a un anexo, pero estaba cerrada.

Jack salió del despacho de recepción, con las manos vacías, y fue hacia la izquierda, donde probó la primera puerta. El cerrojo estaba roto. Las cuatro siguientes puertas tampoco pudieron abrirse (dos puertas de los baños, una que estaba en medio, seguramente de un almacén de limpieza, y la puerta de la cafetería), y la de la cocina también chasqueó al intentar abrirla. Enfrente de los baños Jack probó otra puerta, pero también estaba cerrada.

Cuando Jack llegó hasta el ascensor, y lo probó, comprobó que había corriente. Pero por alguna razón, el botón no respondía. Se iluminaba cada vez que era pulsado, pero esa era toda la reacción que obtenía.

Al lado del ascensor vio, tras un cristal, un mapa del primer piso del hospital. Jack golpeó el cristal, pero éste era resistente. Empuñó la pistola y utilizando la empuñadura de ésta, golpeó con ella el cristal varias veces, pero seguía sin ceder.

"¿Un cristal blindado para proteger un mapa? ¡Qué absurdo!"

De todas formas, era importante conseguir el mapa, para poder orientarse. Y lo único que se le ocurría que pudiese cortar el cristal era diamante.

Siguió de largo, probando otra puerta, que tampoco se abría, y luego se dirigió hacia el sur, probando otra puerta al lado de la de la cocina, que también estaba cerrada. Otra puerta enfrente tampoco se pudo abrir, al igual que otra a la izquierda que decía "Day Room". Regresó por el corto pasillo, y giró a la izquierda. Probó todas las puertas de esa zona, hasta la farmacia de antes, pero la única que se abrió fue una que le llevaba a las escaleras, otra que llevaba a un pasillo a la cual Jack no entró de momento, y, más arriba, otra que llevaba a un despacho para examinar, a donde Jack si que entró, desconfiado. Dentro encontró una sala de consulta, con una estantería llena de libros y archivadores, una cama de armazón sin colchón ni sábanas, aunque sí con almohada, y una mesa con lámpara, teléfono y lapicero, llena de registros médicos y con unos cartuchos de pistola sobre ella que se añadieron a su riñonera, además de un panel iluminado con tres radiografías de un torso y un brazo. También había un lavabo, tres diplomas en la pared, y un biombo, pero nada más que fuera útil o que Jack pudiera recoger, además de que las gabetas de la mesa estaban cerradas a cal y canto. Tras intentarlo y dejarlo por la mano, vio otra puerta, semioculta detrás del biombo, y la abrió, accediendo a una especie de sala de reunión, con un corcho en el que había multitud de anotaciones, otra mesa con varios diplomas, y títulos, y otros dos armarios metálicos. Uno de ellos era un archivador, y el otro no se supo porque tenía la cerradura rota y no se podía abrir. Fue hasta una nevera, que tenía una anotación que decía "¡Sólo comida! ¡No guardar drogas!" y justo debajo alguien había escrito "Fuck You". Cuando Jack abrió la nevera, encontró dos botellitas como las que ya se había encontrado en la calle, bebidas isotónicas ponía en la etiqueta, con la misma cruz roja. Jack se las guardó, pues siempre eran bienvenidas, y vio que al lado había también un bocadillo mohoso. Después de eso, Jack no encontró nada más digno de interés. Salió de ahí, y antes de probar a subir de piso, o a bajar, Jack fue hacia la otra puerta abierta que daba a un pasillo que antes no había revisado, viendo que daba a una serie de habitaciones, con una sala de descanso al principio de todo, que estaba cerrada. La puerta no tenía ni siquiera pomo. La puerta de enfrente, a su izquierda, dentro del pasillo y en la que ponía Sala de exámenes, estaba cerrada.

Probó una puerta doble, de color amarillo, en la que estaba escrito C-1. La puerta se abrió, y Jack entró. La estancia consistía en una serie de cinco armazones de camas junto a cinco raídos colchones esparcidos por toda la estancia formando barricadas, y algunas pequeñas mesillas de noche desperdigadas también. Tenía todo el aspecto de que los internados se hubieran puesto a jugar "a la guerra", o quizás fue un acto desafiante hacia los médicos. O quizás simplemente estaba así porque sí, y Jack no debía perder tiempo pensando en eso. Dio un vistazo rápido a la estancia, mirando debajo de los armazones de las dos camas que estaban en posición normal, pero no encontró nada, por lo que salió de la estancia.

La puerta de al lado, la C-2 estaba cerrada por un candado en la puerta, y justo enfrente había una puerta más pequeña y de color blancuzco que, por el letrero, daba sin duda a los baños, cerrada también. Siguió adelante, pero el C-3 tampoco abría. El candado estaba suelto, pero parecía ser sólido. Lo golpeó con la palanqueta, intentando que cediera, pero no logró nada. A continuación, encajó la pata de cabra entre uno de los enganches del candado y la puerta, e hizo presión, pero el candado no cedía. Jack decidió dejarlo por la mano, aunque cuando se alejó, alguien desde dentro intentó abrir también la puerta. Jack permaneció a la espera, pero tras cinco minutos con el dedo tensado en el gatillo, no pasó nada. Tan sólo oía ruidos extraños provenientes del interior.

La siguiente puerta era la C-4, que no tenía candado y abrió sin problemas, aunque estaba un poco desengrasada. Mientras el metal giraba sobre las bisagras, se oyó un crujido del interior y la estática de la radio se disparó, asustando a Jack que en ese momento tenía la pistola en los pantalones. Agarró la palanqueta con las dos manos, y entró a la habitación, golpeando de una patada las puertas para que se abrieran más rápido. Dentro halló a dos chicas vestidas de enfermera, con la cara desfigurada y el uniforme ensangrentado, ambas de espaldas y de frente a una camilla, como si la estuvieran examinando. Detrás pudo ver otras dos camas tumbadas en forma de barricada, y los colchones en el suelo. Las dos mujeres, rápidamente, se dieron media vuelta y se abalanzaron sobre Jack, sujetando cada una armas punzantes en la mano, y éste pudo verlas de frente. Su cara parecía que se la habían arrancado, y solo había una careta de piel ensangrentada. Ni rastro de nariz, boca u ojos. La otra enfermera tenía un bulto sobresaliente en la frente, con todo el aspecto de un horrendo tumor cancerígeno, justo debajo del gorro blanco de enfermera.

Jack, asustado, retrocedió unos pasos, pues no se le había pasado por la cabeza que las enfermeras del local hubiesen estado convertidas en esas "cosas". Dejó que se le acercara la primera, e intentó golpearla con la palanqueta, mientras su corazón latía a toda velocidad. Como caminaban encorvadas, le golpeó entre los omoplatos, pero la enfermera se irguió para atacar a Jack con el cuchillo, que movió la cabeza para evitar ser degollado, mientras la pata de cabra se le escapaba de las manos y rebotaba en el suelo.

Jack notó algo caliente manando de su cara, y las gafas se le cayeron al suelo, y desenfundó la pistola para realizar disparos a corta distancia, pues se trataba de eso o morir. Retrocedió al pasillo mientras la sacaba, y se le iban acercando las enfermeras, pues el gatillo se le trabó en el cinturón, y tuvo que meterla más y luego sacarla, con más calma, y poder sacarla bien. Una vez con el arma en la mano, apuntó con prisas a la primera enfermera, mientras retiraba el seguro con el dedo pulgar, tal y como había hecho tantas veces… en entrenamientos. Tras una pequeña presión al gatillo, la pistola saltó en sus manos, y un chorro de sangre manó del pecho de la enfermera, sin que eso la detuviera. Disparó otras dos veces, controlando el retroceso y los botes de la pistola, y el cuerpo de la enfermera se convulsionó adelante y hacia detrás, pero siguió caminando, seguido muy de cerca con la otra, que también sangraba por una bala que le había dado tras atravesar a su compañera.

Sin gafas, no conseguía ver demasiado, pero se las apañaba bien, y consiguió disparar otra vez más. La primera enfermera se tambaleó, y Jack le disparó otra vez. Al ver que no surtía efecto, apuntó a la cabeza, y le disparó una cuarta vez, hasta que por fin cayó al suelo. Mientras se convulsionaba, agonizante, la otra enfermera la sorteó y continuó avanzando, mientras Jack volvía a disparar otras tres veces. Intentando darle en la cabeza, dos de los proyectiles fallaron, uno de ellos se incrustó en la pared y otro en la puerta. No tenía ni idea de cuánto había disparado, pues se encontraba nervioso, pero recordó que sólo disponía de 8 proyectiles y había disparado… un buen par de veces.

Disparó una vez más, acertando en toda la cabeza de la enfermera, pero ésta agitó la cabeza, y tras manar sangre por el agujero de bala, que parecía estar en medio del globo gigante que tenía por testa, continuó su avance, mientras atacaba a diestro y siniestro con el bisturí de la mano.

Jack fue a disparar de nuevo, pero cuando apretó el gatillo, no salió ninguna bala. Sin podérselo creer, siguió apretando el percutor de la pistola de forma desesperada, pero únicamente se oía un "clic, clic" continuo y el arma no escupía balas.

Tras unos segundos de incapacidad, Jack finalmente reaccionó, y enfundó la pistola en su cinturón mientras avanzaba unos pasos y recogía la palanqueta sin inclinarse demasiado. Se lanzó contra la enfermera, golpeándola primero en la mano donde tenía el bisturí. A una persona normal la fuerza del impacto le habría echo soltarlo, pero quizás la enfermera lo tenía firmemente agarrado por el rigor mortis, a pesar de estar viva y no lo soltó, aunque sí bajó la mano. Después de golpearle la mano, le dio de abajo hacia arriba en toda la cabeza, y luego le empezó a golpear firmemente, en la cabeza y en el omoplato, aprovechando que la enfermera se movía encorvada. Tras un par de golpes en la zona afectada por la bala en la cabeza, la criatura pareció perder fuerzas, y cayó al suelo, donde Jack la siguió golpeando, furioso, mientras la sangre que manaba de cada golpe en la cabeza le manchaba los bajos de los pantalones. Por fin dejó de golpear, y respiró hondo. La radio permanecía en silencio, así que todo estaba tranquilo. Retrocedió unos pasos, y recogió las gafas, que estaban manchadas con gotitas de sangre. Mientras las limpiaba, se apoyó en la pared del pasillo, contraria a las puertas que acababa de abrir. Tras terminar de limpiar las lentes ayudándose con la camisa, se las colocó, y miró los dos cuerpos tendidos, ninguno de los cuales se movía.

Jack pasó por encima de ellas y entró a la habitación C-4. Todavía sonaba en su cabeza el eco de los disparos recientes, pero dentro del cuarto ya no se oía nada. Al usar un calibre potente, algunas balas habían atravesado a las enfermeras, y habían impactado en una tele que estaba en el suelo.

Colgando de una silla había un bolso, que aparentaba estar lleno de cosas. Jack se agachó y lo revisó, y de su interior recogió una bebida isotónica, igual a las otras cuatro que ya tenía, y un fragmento de diamante parcialmente tallado, que sostuvo en la mano. Era brillante, y muy hermoso, al igual que tremendamente caro, a pesar de estar bastante maltratado. Lo guardó en un bolsillo, y siguió mirando el bolso, donde también había una cajita con una muy buena cantidad de balas. Al abrir la caja de las balas, cargó su pistola de nuevo con 7 proyectiles, pues esta vez no se molestó en cargar la octava bala.

Con el arma cargada, miró en el resto del cuarto, ya no había nada más, ni siquiera en las mesitas individuales de madera.

Al salir, intentó abrir otras dos puertas que le quedaban, una grande y doble y otra normal, pero tampoco pudo, aunque una de ellas estaba cerrada desde dentro. También había otra puerta de otro ascensor, pero el botón tampoco respondía. Regresó sobre sus pasos, pero al pasar frente a la C-3, de la cual se había olvidado por completo, una de las dos puertas saltó abriéndose hacia un lado y emergieron otras dos enfermeras, furiosas por trinchar a Jack con sus armas blancas. La primera llevaba un picahielos y la segunda un trozo de cristal unido a un mango de plástico, como el típico "pincho" que se usa en las cárceles, pero demasiado complicado como para que lo hubiera echo una de esas criaturas.

Jack retrocedió, y de nuevo echó mano de la pistola, disparando esta vez con más precisión. Volver a gastar tantas balas era un desperdicio.

Para tumbar a la primera enfermera hicieron falta 5 balas del .45, ósea que sólo le quedaban dos proyectiles en la recámara, y Jack respiró hondo, mientras echaba a correr, dejando atrás a la segunda enfermera, que afortunadamente no era demasiado rápida a la carrera, aunque sí de movimientos.

Cuando estuvo lejos de su alcance, extrajo el cargador y lo miró. Le quedaban exactamente dos balas, más unas cuantas sueltas que le habían sobrado, que introdujo en el cargador y volvió a meter en el arma. Pensó en regresar y tumbar a la enfermera que quedaba aún viva, pero finalmente, se lo pensó mejor, y decidió no desperdiciar balas. Y tampoco quería arriesgarse tontamente.

Continuó hacia la sala del centro, donde estaba la salida, y donde recordaba que se encontraba el mapa protegido por el cristal, que quizás con el diamante si pudiera cortar sin problemas.

Llegó al lado del ascensor, y probó su idea. El diamante cortó limpiamente el cristal, y éste se desprendió al suelo, crujiendo al romperse. Jack introdujo la mano, y cogió las dos partes del plano, el sótano y primer piso, y del segundo y tercer piso.

Las ojeó, marcando con su rotulador rojo las zonas por donde había pasado, y también marcó la puerta que había encontrado cerrada desde el otro lado, que llevaba a una escalera. Al llegar por ellas, quizás pudiera desbloquearla. Lo bueno del mapa es que le indicaba el nombre de cada habitación. Una vez usado, miró el diamante, que brillaba en su mano.

"¿Qué podría hacer yo ahora con esto…?"

Ante la duda de si tirarlo o guardarlo, optó por guardarlo, pues nunca sabía para qué otra cosa podría servir el diamante. Tras eso, fue hasta la puerta con la escalera que había dejado para después, y dudó entre subir o bajar. Optó por descender hacia el sótano.

Tras descender por una escalera de metal notando el repiqueteo de sus zapatos, llegó a un negro pasillo con una puerta justo enfrente. La estancia estaba escasamente iluminada, y la radio comenzó su estática. Jack Ryan amartilló su Socom y apuntó su linterna, pero no lograba ver nada, mientras se desgañitaba intentando ver alguna silueta en la oscuridad. De repente, notó movimiento a ras de suelo, bajó el haz del foco, y vio a varias enormes cucarachas avanzando hasta él. En principio las dejó ir, pero la radio iba subiendo el volumen conforme las cucarachas se iban acercando cada vez más. Le extrañó, y decidió que ante la duda, lo mejor era eliminarlas, y se preparó con la palanqueta, listo para atacar. Golpeó el suelo matando a varios de los bichos, y retrocedió unos pasos, para recuperar tiempo y volver a golpear, pues tras el estampido en el suelo, las cucarachas supervivientes se habían detenido. Jack volvió a golpear el suelo con fuerza, pero entonces notó una fría sensación en los riñones, y emitió un gemido de dolor. Notaba como un pincho clavado, aunque no con mucha fuerza. Se alejó de la fuente de dolor, se dio media vuelta, y descubrió a otra enfermera enfermiza sin cara. Le acababa de clavar algo por la espalda.

Tras tantear la herida y notar algo no muy grande clavado, Jack desenfundó la pistola de los pantalones, y se tomó su tiempo para apuntar bien. Disparó tres balas en rápida sucesión, tres impactos directamente en la cabeza. La enfermera se derrumbó, sangrando abundantemente. Sus zapatillas de enfermera martilleaban el suelo de cemento cada vez que ésta movía sus piernas, entre espasmos, pero Jack se acercó a ella y le descargó la palanqueta entre la barbilla de su bulbosa cabeza y el cuello, quebrándole las vértebras. La criatura dejó de moverse, y Jack aprovechó para averiguar lo que sea que le hubiera clavado. Al extraerlo con fuerza, notó que la herida no era muy profunda tampoco, y que el objeto era un sacacorchos que la bizarra criatura había intentado girar en su carne para desgarrarle. Jack tiró el instrumento, y ni se molestó en vendarse. No dolía tanto, y no era nada grave tampoco. Lo único era que su chaqueta había quedado agujereada, y la camisa de debajo también. Pero por lo menos, ya no sangraba mucho.

Miró donde estaba el cuerpo tendido de la enfermera, justo delante de un almacén. Intentó abrir la puerta, pero la cerradura estaba rota y no abriría. Siguió hacia la siguiente puerta, en la que ponía "Electrical Room", y había una cerradura especial. Intentó forzarla con la palanqueta, e hizo presión para reventarla, pero parecía estar muy duro. Y mientras hacía fuerzas, la radio le advirtió de presencia hostil, y otra enfermera hizo acto de presencia, cuando al girarse Jack, el haz de luz le dio de lleno. Al parecer, reaccionaban al recibir luz, y se volvían más agresivas.

Los disparos de Jack producieron estampidos sordos, pero la criatura cayó tendida justo cuando un clic le indicó que se había quedado sin balas en el cargador. Y no disponía ya de más balas. Al menos, la última bala había acabado con ella.

– ¡Mierda! –maldijo Jack para sí mismo, mientras miraba su arma descargada. Se había convertido en un peso inútil, hasta que encontrase balas de nuevo. Respiró hondo, y abrió la puerta de otro almacén. Ésta si abrió sin problemas. Una vez dentro, inspeccionó las cajas, que estaban llenas de material sanitario, y algunas otras cajas llenas de latas de comida. También había un colchón, medio roído. Desechó todo lo que no le servía, que era la mayoría. Sin embargo, detrás de una caja grande de cartón con Jack-no-sabía-qué en su interior, halló una cajita pequeña con algunas cosas plateadas en su interior. Al mirarlo bien, resultaron ser balas. Se trataba de bastantes balas ideales para su pistola, calibre .45, por lo que llenó el cargador, y aun le sobraron bastantes. Estaba de enhorabuena. Tras recogerlo y registrarlo en busca de algún objeto más de utilidad y no hallarlo, salió del almacén. A su derecha se encontraba la sala de calderas, otra sala llamada en el mapa "Pump Room" y la puerta del ascensor, que al probarla, tampoco funcionaba. Probó a entrar en la sala de calderas, y enseguida suspiró aliviado y bajó el arma. Tan solo había cinco enormes calentadores que funcionaban por gas, algunos ardiendo y otros apagados, y ninguna criatura.

Se acercó a las calderas del medio, y miró las tuberías que salían de cada una de las calderas, ascendían por la pared y se internaban en el techo. En la pared de al lado, había una válvula unida a otra gruesa tubería, que estaba agujereada, y escapaba vapor de agua con un silbido agudo. Seguramente esa tubería controlaría el caudal de agua. Jack miró las cinco calderas, cada una de ellas tenía una ruedecita para regular la temperatura, y en todas estaba al máximo. Hacía un calor infernal, y le empezaba a sudar la chaqueta. Se fijó mejor, y vio que cada caldera estaba numerada. Al elevar la vista, vio que en el punto de unión con la cañería alguien había dejado un papel arrancado de un block de notas.

"…Lo he metido dentro de una caldera…"

No había nada más escrito, ni por delante ni por detrás, pero resultaba suficiente para darle a entender a Jack que dentro de alguna de las calderas habría algún objeto interesante.

Se colocó delante de la primera caldera, y la vio apagada. Sin embargo, el cristal de la ventanilla estaba demasiado oscuro y no le permitía ver nada. Intentó abrirla tirando con fuerza, pero sonó un chasquido. No abría. Jack miró la caldera de lado, y descubrió en un cartel que, por cuestión de seguridad, una caldera no abriría hasta que todas las demás no estuviesen apagadas.

– Pues a apagarlas todas… –dijo Jack, y siguió "jugando" con las ruedecitas de temperatura. Sin embargo, con la segunda caldera, la rueda no respondía. Estaba media suelta, y no funcionaba. Jack la miró, ésta seguía ardiendo, y como la rueda no funcionaba, no había forma de apagarla. Probó a manipular la siguiente ruedecita, que tampoco se movió. Jack la golpeó, pero siguió sin funcionar, con lo que la caldera número 3 siguió ardiendo. Jack retrocedió, y probó en la primera caldera, donde la rueda se movió sin problemas. La giró hacia la izquierda, intentando enfriarla, a ver si conseguía algo, y cuando la llevó al medio, sonó un chasquido y pudo ver que la tercera caldera se apagaba. De todas formas, la primera manija no podía llegar al todo para enfriarse, por lo que decide probar con la siguiente rueda, la de la caldera número cuatro, que se encontraba en el frío, y la caldera estaba también apagada. Pero la rueda no podía girar. Estaba atascada. Al ir a probar la 5º caldera, la ruedecita correspondiente tampoco dio señales de poder moverse, estaba desencajada y no se podría mover. Otra caldera bloqueada que seguía ardiendo.

A Jack se le ocurrió volver a la primera caldera y dejarlo tal y como estaba, con lo que la número tres se volvió a encender. Cerró los ojos, suspiró hondo, y volvió a situarse ante la cuarta caldera, que ésta vez si se movió la rueda. La siguió moviendo hasta llegar al máximo de calor, y notó que la segunda caldera se apagaba con un chasquido. A esas alturas Jack se había dado cuenta de que las calderas 1 y 4 influían en las otras. Volvió ante la primera caldera, y la giró de nuevo hacia el frío, y ésta vez logró apagar la caldera número cuatro y número cinco, pero la segunda se encendió de repente y la ruedecita de la cuatro crujió. Jack regresó a la cuarta caldera, y vio que la ruedecita de la caldera número cuatro había vuelto sola al principio. La intentó mover, estaba dura, pero Jack hizo fuerzas, llegando a forzarla. Sin embargo, logró que la segunda caldera se apagase, pero en ésta ocasión fue la ruedecita de la primera caldera la que se movió sola, con otro crujido, volviendo a su posición original, y la caldera número 3 y 5 se encendieron. De nuevo como antes.

Jack golpeó la caldera con la cabeza, y se llevó los dedos a las sienes, intentando pensar. Con los ojos cerrados aún se frotó la frente, justo donde se había golpeado en el arrebato de furia. Abrió los ojos y miró la rueda de la cuarta caldera, y pensó que la rueda era algo extraña, tenía una marquita en el medio que no alteraba ninguna caldera, así que alguna función tendría que tener. Dejó la rueda en esa marca del medio, y fue hacia la primera caldera, poniéndolo al tope. De esa forma, apagó las calderas número tres y cinco. Luego volvió a la caldera 4, la giró hasta el tope también, y apagó la caldera número dos. En ese momento, por fin estaban todas apagadas.

Pero antes de poder abrirlas, las ruedas cambiaron de tono de color, volviéndose rojas. En cada una de ellas había un termómetro que brillaba, indicando una alta temperatura interior. Tal y como estaban, imposible abrirlas.

Frustrado, Jack no supo qué hacer. Cuando retrocedió unos pasos, contempló una pequeña llave en la tubería que antes le había pasado inadvertida, y la giró, para abrir el caudal de agua. En seguida, las cinco calderas se inundaron de agua fría, que emitió un siseo al entrar en calor. Lo que fuera que hubiera dentro tendría que soportar grandes cambios rápidos, de calor a frío, y no contraerse ni expandirse demasiado, pues podía romperse. Por fin, la temperatura interior bajó, y las puertas de las cinco calderas se abrieron automáticamente. Jack esperó unos segundos a que el vapor de agua se disipara, y distinguió un bulto en el interior de la caldera número tres. Con precaución, metió la mano, y lo tocó. Estaba caliente, pero no tan caliente como para no ser cogido, gracias a que también estaba mojado.

Jack lo sacó, brillando a la luz de las bombillas. Se trataba de una pieza de oro, de extrañas formas, pero que no pesaba mucho. No tenía el peso que se le atribuía a un lingote de oro, por lo que quizás sólo estuviera bañado en oro para resistir el calor, y dentro fuera de otro material.

Con el lingote recién obtenido a salvo en su bolsillo, Jack abandonó la sala de calderas del hospital. Al avanzar por el sótano, notó que la estática de la radio aumentaba, y vio varias cucarachas moviéndose por el suelo. Jack pasó de ellas y echó a correr hacia la escalera, a donde esperaba no pudieran seguirle. Y no le siguieron.

Siguió ascendiendo la escalera, pasando el primer piso, hasta llegar a una puerta metálica en la que ponía 2º piso. De todas formas, continuó ascendiendo, pero una serie de colchones de hospital de nuevo en forma de barricada le impedían el camino al tercer piso. Intentó moverlos, pero era imposible, por lo que retrocedió y entró al 2º piso. Miró el mapa, a su izquierda había algunas dependencias de enfermeras, y a su derecha, otra puerta que llevaba a más salas de pacientes, éstas marcadas con la letra M en vez de la C del piso anterior. Antes de entrar ahí, primero fue a revisar las dependencias, aunque antes de poder girar el pasillo, vio a dos enfermeras, más una tercera que no podía ver pero oía sus pasos.

Jack les disparó a las dos primeras, las cuales llevaban un cacho de tubería oxidado en las manos. Tumbó a la primera enfermera tras cinco balas, pero vació la recámara y la segunda aún seguía en pie, aparte de la tercera que cada vez se acercaba más.

Retiró el cargador vacío y retrocedió unos pasos, mientras con la mano que sujetaba el arma sacaba algunas balas sueltas de su riñonera y forcejeaba para introducirlas en el cargador. La primera entró fácil, luego a la segunda le costó más, por lo que Jack tuvo que guardarse el arma en el cinturón un momento y bajar el resorte del cargador, para permitirle introducir la segunda, tercera y cuarta bala. Afortunadamente, el arma estaba lubricada y bien cuidada, por lo que no tuvo muchos problemas. Tropezó con la pared, y se dio cuenta de que ya no podía retroceder más. Dejó de cargar, e introdujo el cargador con las balas que le había metido hasta ese momento, y tiró hacia atrás de la corredera para cargar el arma. Esta vez, con más calma a pesar de que estaba atrapado con la pared a sus espaldas, apuntó con cuidado y con tres certeros disparos en el cráneo logró tumbarla. Luego apuntó con las balas restantes del cargador a la siguiente enfermera, pero se lo pensó mejor. Eran duras de matar, y las balas eran escasas. Puso el seguro a la pistola y se alejó corriendo, en dirección norte (según el mapa).

La primera puerta de la izquierda parecía ser como de rejilla metálica, prácticamente imposible de abrir. La siguiente se trataba del vestuario de mujeres, que abrió sin problemas. Dentro encontró el cuerpo de una enfermera, pero ya estaba muerta, porque la radio no pitó. Jack se acercó a él, estaba tendida en un banco junto a un taburete, con una sábana anteriormente blanca por encima, tapándole la cara y el pecho, aunque los pies con cómodas zapatillas de enfermera le asomaban. El cadáver olía francamente mal, por lo que Jack no quiso entretenerse demasiado. La mayor parte de los taquilleros no abría, salvo uno de ellos que sí estaba abierto y en el interior había dos bolsas de una conocida tienda de ropa cara. Al revisarlas, encontró un par de calcetines blancos, y una cuerda de nilon, que decidió guardar. Salió del vestuario, y justo enfrente, entró al vestuario de los hombres. Más o menos era igual, con los viejos taquilleros metálicos, aunque había algunos posters de actrices en bikini y una chica bastante ligera de ropa de un local llamado Heaven's Night. Además, había otro armario con medicinas al cual Jack no pudo acceder porque dos taburetes metálicos impedían el acceso. Sobre la mesa, había un microscopio roto y, colgando de un perchero, dos batas de doctor.

En un taquillero Jack recogió algunas balas más de pistola que había por ahí sueltas, justo encima de una conocida revista de mantenimiento de armas de fuego.

Salió del vestuario, y probó la siguiente puerta, pero no abría por tener el cerrojo roto. La siguiente habitación, un pequeño cuarto conectado con el que acababa de probar, tampoco abrió.

Jack probó la cerradura con una mano sujetando la pistola, pues sabía que la enfermera que quedaba andaba por esa zona, pero había girado la esquina y ahora Jack no podía verla. Decidiendo no matarla, Jack fue hacia la zona en la que se encontraba ésta, en una de las esquinas del piso. Tras girar, se encontró a la enfermera justo al lado de un enorme tablón de anuncios, y ésta levantó su cacho de tubería para golpear a Jack. Él, rápido como una bala, pasó de largo junto a un banco de madera, y echó a correr, mientras probaba las dos puertas a ver si se podían abrir. Sin embargo, ninguna de las que llevaba al comedor logró abrirse, y el ascensor tampoco respondía. Jack pasó de largo ante las extrañas ventanas de rejilla tapiadas con maderas, volvió a esquivar a la criatura, y la dejó atrás, mientras corría desesperado hacia la puerta doble de metal por la que no había entrado aún, la que según el mapa llevaba a otro pasillo con puertas.

Tras cerrarla a sus espaldas, aún no pudo respirar tranquilo, porque la radio le advertía que en ese pasillo había más criaturas, aunque debido a la oscuridad, Jack no lograba verlas. Y no le apetecía encender su linterna, pues las criaturas quizás vendrían atraídas por la luz.

Justo delante de él, había un montón de taburetes de madera, y una mesita de noche abierta con los cajones vacíos. Detrás de los taburetes había una puerta, pero Jack no podía llegar hasta ella. A su izquierda estaba otra puerta doble que llevaba al Day Room del segundo piso, pero estaba cerrada también. Jack fue hasta la primera puerta doble, en la que ponía M-1, pero un candado le impedía abrirla. Justo enfrente había otra puerta doble de color rojizo que al intentar abrirla emitió un crujido, otra cerradura inutilizada. La siguiente habitación con camas fue la M2, a la cual si pudo entrar al estar abierto el candado. Dentro se encontró de nuevo con colchones y armazones de cama formando una barricada, varias mesitas de noche (una por cama) desperdigadas y unos cuantos cables colgando del techo, junto a lámparas destrozadas. Y ningún objeto útil por recoger, se dijo Jack tras comprobar los diferentes gabeteros.

Salió de la habitación, y siguió por el pasillo, hasta la siguiente habitación, pasando de largo por otra puerta que tampoco pudo abrir. La habitación M3 tampoco tenía el candado, y Jack pudo abrirla. Se apresuró a entrar, porque comenzaba a vislumbrar la silueta de una enfermera.

Tras cerrar la puerta, echó un vistazo a la habitación. En una esquina había un televisor junto a dos mesitas de noche y todas las camas estaban desperdigadas formando barricadas. La pared, el suelo y el techo era de ladrillo blanco deteriorado, exactamente igual que todas las otras habitaciones de pacientes por las que había estado.

Revisó los gabeteros, y halló una bebida tónica de éstas, de las que aún no había probado, además de cuatro balas para pistolas. No encontró nada más, por lo que se largó. De vuelta en el pasillo, avanzó un poco, y descubrió un ascensor, pero tampoco funcionaba. Parecía necesitar una llave, de todas formas. Y al lado había otra puerta lateral, que sí abrió, y llevaba a unas escaleras. Jack no quiso perder excesivo tiempo, porque la enfermera que deambulaba por el pasillo empezaba a estar ya cerca de Jack, primero acabaría con ella, y luego inspeccionaría las escaleras, que aún le quedaba un piso por revisar.

Al darse media vuelta, la vio, y le sorprendió que estuviese ya tan cerca, aún a pesar de que haber estado oyendo todo el rato el pesado andar de la criatura.

Le disparó a ésta cuatro veces con la pistola, y la enfermera pareció tambalearse, mientras sacudía la cabeza arriba y abajo. Ninguno de los impactos parecía haberle dado en la cabeza, pero la criatura parecía estar débil, por lo que mejor era ahorrar munición. Jack guardó la pistola y con la palanqueta, golpeó a la enfermera, empotrándola contra la pared. Ésta dejó un chorretón de sangre en la pared contra la que se había golpeado, y luego fue deslizándose poco a poco hasta llegar al suelo, mientras movía la cabeza en espasmos. Las piernas se movieron sin parar, dándole una patada a Jack en pleno abdomen, pero éste descargó la pata de cabra metálica dos veces contra la articulación de la rodilla de cada pierna, y dejaron de moverse. Finalmente, Jack le golpeó con furia el cráneo con el bate, y respiró, sudoroso. La radio descendió la frecuencia de los parásitos.

Con más calma, fue hacia la puerta M-4, y vio que tenía un grueso candado, imposible de forzar. Y la puerta de la M-5 también tenía otro, y ambos habían sido rellenos de pegamento o algo parecido, por lo que eran imposibles de abrir. Sin embargo, la puerta de la M6 estaba bien, aunque crujieron un poco al abrirse. Una vez dentro, su linterna se apagó inmediatamente, sin dejarle ver que había dentro.

– ¡Me cago en Dios y en la Virgen Puta! –blasfemó Jack, sacando la linterna de su bolsillo y golpeando la parte que iluminaba. Tras dos flashes, ésta volvió a funcionar sin problemas. Y Jack la utilizó para alumbrar la habitación, teniéndola en la mano. En esta ocasión, le sorprendió encontrar las cuatro camas perfectamente alineadas, dos en cada lado, con su mesita de noche correspondiente, y un televisor en la esquina de la habitación. Lo que no fue tan agradable a los ojos de Jack fueron los cinco pequeños cuerpos que yacían en el centro de la estancia. Jack fue hasta ellos y los examinó. Los dos más difíciles de contemplar era un niño y una niña con la cabeza reventada de dos disparos, pero Jack se obligó a sí mismo a mirar. Alguien les había disparado, y por el aspecto de los agujeros, había utilizado una pistola.

Se agachó junto al cuerpo de una niña, con dos impactos en el pecho. No llevaba camiseta, y entre la sangre reseca, vio un agujero con forma de agujero de estrella. Él no tenía ni idea de medicina forense, pero recordaba haber visto películas y series en la tele, por lo que recordó que ésa era la marca de un disparo de pistola con el cañón pegado al cuerpo. Y supondría que habría sido de pistola, porque los disparos de Jack con su .45, habían dejado marcas muy similares en las decenas de criaturas abatidas hasta el momento. Le tomó el pulso al cuerpo sin vida, aunque consideró que era inútil pues obviamente estaba muerta, pero aun así, el cuerpo parecía muy reciente. Incluso las heridas todavía sangraban, aún a pesar de que el cuerpo estaba frío… ¿quién o qué había asesinado de forma tan brutal a los niños? Inspeccionó la habitación, sin importarle dejar pisadas de sangre por todas partes, pero no había nada útil. Los ojos se le nublaban, pues al contemplar tal matanza involuntariamente le salían lágrimas. Fue hasta un armario situado en el fondo, con algunas tablas rotas, y dentro del armario encontró un par de sábanas, que usó para colocar encima de los niños que yacían en el suelo. No tuvo suficiente para taparlos a todos, y tampoco estaba dispuesto a arrastrar los cuerpos para juntarlos, por lo que lo dejó así. Lo más duro fue uno de los cuerpos, que tras dos agujeros de bala, tenía parte del cerebro por fuera. Y a pesar de ello, uno de sus ojos seguía reluciendo con un brillo infantil, tan propio de su edad, aunque ligeramente apagado. Ya nunca volvería a pestañear. ¿Qué demonios había pasado ahí? ¿Qué quería decirle el pueblo mostrándole tal cantidad de cadáveres?

Abandonó la habitación, completamente destrozado. No sabía qué hacer, pero lo único que podía era avanzar hacia delante. Se dirigió hacia la puerta de las escaleras laterales, sorteando el cuerpo sin vida de la enfermera. Y tras adentrarse en la escalera, enfiló sus pasos hacia arriba.

Tras ascender un rato, llegó a otra puerta metálica, que al abrirla, Jack estuvo por fin en el tercer piso.

Delante de él vio otras puertas, esta vez muchas más de ellas, cada una de ellas con la letra S y un número. La radio estaba silenciosa, por lo que Jack no sabía si habría criaturas en ciernes.

Avanzó primero hacia la derecha, que según el mapa era sin salida, para luego continuar recto. La primera puerta situada delante de él (S-8) era metálica, y tenía el cerrojo roto. Al lado estaba la S-9, que tampoco pudo abrirse. La S-10 tampoco abrió, aunque la S-11 sí que logró abrirse. Una vez dentro Jack vio en una pequeña habitación individual una cama monoplaza con las sábanas arregladas, una silla metálica bastante simple, al lado de una pequeña mesa con una lámpara y llena de objetos médicos, incluida una bandeja de comida, y pocas cosas más que llamaran la atención. El personal que cuidaba la estancia era muy meticuloso, porque todo estaba perfectamente ordenado, y hasta la comida a medias tenía aspecto ordenado, con los guisantes apilados a un lado de la bandeja y perfectamente amontonados, un cacho de pan con mordiscos uniformes, las cáscaras de una pieza de fruta pelada con cuchillo y tenedor, una parte vacía con restos de sopa y los restos de un envase de yogur consumido también, con la cucharilla limpia.

Jack se dio cuenta de que se moría de hambre, por como miraba lo que quedaba de la comida, que era lo único que le había llamado la atención. Pero no podía detenerse a comer nada, y tampoco se llevaría nada al estómago que hubiera en ese pueblo, pues todavía recordaba el incidente con el dulce en la gasolinera.

Salió del cuarto, y la estática inesperada le sobresaltó, y casi se choca contra una enfermera. Al mirar, vio por el rabillo del ojo que tres criaturas se habían unificado justo en la zona, una por la izquierda, y dos por la derecha. Y una de ellas a punto de entrar en la sala. Jack, intentando retroceder más arriba de lo que sus piernas podían, tropezó consigo mismo y se cayó de espaldas, acabando con el culo en el suelo, una postura bastante poco adecuada para luchar por su vida. A pesar de ello, estando en el mismo suelo, forcejeó para desenfundar su pistola, pero se le había trabado el cinturón con el punto de mira metálico integrado en el arma. Por mucho que tiraba, el cinturón hacia presión, y no dejaba salir al arma. Jack tuvo que golpear con una sola mano la palanqueta, pero de esa forma no hacía mucha fuerza, a pesar de que logró hacer retroceder a dos enfermeras que estaban demasiado cerca. Pero poco después llegó la tercera, y aunque con movimientos circulares lograba hacerlas retroceder un poco, notó un intenso dolor en el brazo izquierdo (con el que manejaba la palanqueta) cuando una de las enfermeras lo golpeó con un cacho de tubería. Exclamó un par de palabrotas, y siguió forcejeando, pero pronto le llovieron más golpes, y la palanqueta se le cayó de su mano. Empezaba a perder fuerzas, y las enfermeras le sacudían más y más, con palos y tuberías.

Jack se colocó en posición fetal, acurrucado, llevándose ambas manos para intentar cubrirse la cara, y de esa forma su pistola quedó liberada, pues al dejar de hacer presión, cayó hacia abajo por su propio peso. Pero Jack, desesperado por intentar rehuir los golpes, gritando de dolor bajo cada punzada que atravesaba sus nervios y amorataba su piel, no se movía.

Finalmente, tras unos cortos segundos donde las enfermeras le sacudieron a placer, su cerebro reaccionó y se puso en funcionamiento, y arrastrándose como un perro apaleado se puso en marcha. Dos enfermeras le siguieron arrastrando por el suelo sus tuberías, pero lanzándoles una coz de caballo con las dos piernas, logró hacerlas retroceder. Y tras ponerse a salvo, intentó levantarse, pero entonces notó que su pistola seguía ahí. Logró cogerla, con manos temblorosas, y tras apuntar con prisas, y retirar el seguro, apretó el gatillo. Pero al estar tan nervioso, el proyectil se incrustó en el techo. El segundo disparo, en cambio, se incrustó en el suelo. Jack dejó de disparar, e intentó desesperadamente serenarse, pero le dolía todo el cuero y temblaba sin parar. Temblaba casi tanto como las enfermeras que se le acercaban. Lentamente, logró serenarse y el flujo de adrenalina, junto a la radio que incrementaba la tensión, consiguió regular su pulso y disparó. Disparó sin parar hasta que el percutor golpeó sobre vacío, hasta que no salió ninguna bala más. Pero a pesar de ello Jack siguió disparando. Disparó con el arma vacía, apretando desesperadamente el gatillo. La radio estaba silenciosa y lo único que se oía en el pasillo era la respiración apresurada de Jack y el continuo golpear del gatillo y del percutor. Tras unos instantes, dejó paralizado el dedo, y dejó de apretar el gatillo, y se detuvo a contemplar la escena que había organizado, con la mente en blanco. Por pura chiripa había bastado para eliminar la amenaza. No sabía cómo lo había conseguido, pero las tres criaturas eran tres cuerpos sin vida que yacían en el suelo. Y con sólo 5 balas, pues dos de los disparos habían fallado.

El charco de sangre aumentaba, y se deslizaba por entre las baldosas del suelo, mientras que Jack no se movía y permanecía estático, con el brazo derecho estirado sujetando el arma. Finalmente recuperó la conciencia, recordó donde estaba, y retrocedió unos pasos. Tras la paliza recibida, le dolía todo. Se alejó un poco, y vio que estaba casi al final del pasillo, que terminaba con una camilla volcada apoyada en la pared.

Probó la puerta S-14, y la cerradura crujió, pero no se abrió. Tras forcejear un poco con la puerta, Jack desistió y probó la siguiente, la 13. Ésta sí se abrió, y al entrar, Jack vio que la estancia tenía la luz apagada. Justo cuando fue a encender su linterna, gracias a la luz que provenía del pasillo vio la silueta de una enfermera justo delante de la cama, aparentemente, paralizada. Pero Jack sabía que sí hacía algo, la enfermera reaccionaría. Dudó entre cerrar la puerta y seguir a la siguiente habitación, como si nada, pero quizás hubiera algo útil en ese cuarto, Jack no tenía forma de saberlo. Y la única manera era entrar y averiguarlo. Encendió la luz de la linterna de pronto, y de improviso y toda la enfermera se vio iluminada de espaldas. Ésta inmediatamente reaccionó, pero Jack ya se había lanzado contra ella. La golpeó con furia en la cabeza, mientras la criatura intentaba levantar la tubería del suelo para usarla para golpear, cosa que finalmente consiguió y golpeó a Jack en el abdomen. La fuerza del impulso bastó para tumbarle contra la mesita de noche, y mientras la enfermera levantaba de nuevo la tubería, y agitaba su cabeza, excitada por la luz que la iluminaba, Jack lo vio venir en el último momento y se movió a la izquierda, mientras la pesada tubería rompía la mesa de noche y convertía los cajones en astillas.

Jack se arrastró por el suelo, y revolvió rápidamente los fragmentos de gabeta, en busca de algo útil, pero por el rabillo del ojo vio que la enfermera volvía a golpear. Agarrando la palanqueta con ambas manos y dándose la vuelta rápidamente paró la embestida de la tubería, al golpear ésta en el cuerpo de la palanqueta. Jack hizo fuerzas, y de una patada en el abdomen, tumbó a la criatura al suelo, bloqueando por otro lado el camino hacia la salida.

Ryan saltó a la cama, para intentar sortear avanzando por ella, pero el somier de resorte estaba demasiado viejo, y cedió bajo el peso de Jack, al igual que el colchón. Trabado en los resortes, y lleno de plumas que volaban del colchón abierto, Jack intentó salir del atolladero, mientras la enfermera demoníaca lentamente se lograba poner de nuevo en pie. Golpeó a Jack, en un hombro, pero en ese momento no le dolió. Volvió a golpearle en el lateral del abdomen y Jack notó el regusto a náuseas, mezclado con sangre. Notó que sangraba por la nariz y por la boca.

No quería morir, pero tampoco se podía mover, hasta que, desesperado, propinó otro golpe a la enfermera, y aprovechó el mínimo respiro para apoyarse en la pared, hacer fuerzas para conseguir salir y, una vez lo consiguió, volvió a poner sus pies al suelo y salió corriendo de la habitación, cerrando la puerta a sus espaldas. Miró el manillar, y dudando de si las criaturas esas sabrían abrir puertas, ató el manillar a la puerta de la derecha con la cuerda de nylon. Tras terminar de hacerlo, empezó un repiqueteo, pues la enfermera intentaba salir. Pero no podía.

– ¡Jódete, puta! –exclamó Jack, que en ese momento respiró hondo. Fue hasta la puerta de al lado, y la probó, pero tampoco se abría.

Aliviado, se derrumbó en el suelo, quedándose sentado, junto a los cuerpos sin vida de las tres enfermeras de antes. Se tocó la cara, y volvió a darse cuenta de que un leve hilillo de sangre brotaba de su nariz y de su boca. Además, tenía contusiones leves y cortes pequeños por la cara. Sin embargo, y gracias a Dios, sus gafas estaban intactas, de momento. Se planteó quitarse la chaqueta, para palparse mejor, pero finalmente decidió dejarlo. Abrió su riñonera, y sacó uno de esas botellitas que en teoría contenían líquido medicinal, y la miró. Le dolía todo, y quizás con una cosa de esas mejorara en parte su estado. La abrió, y la olió, con desconfianza. Tenía un olor curioso, que invitaba a bebérselo todo. Jack no se hizo de rogar, y se lo bebió todo de un sorbo. Curiosamente, tenía un sabor a manzana. Le dejó en el paladar un regusto sabroso, como una nota de buen gusto en medio de la pesadilla de ese pueblo. Además, quizás tuviera taurina, o guanina, entre sus ingredientes, pues le recordaba al Red Bull. Se trataba, sin duda, de una bebida estimulante, con alto contenido energético.

Lo sorprendente fue que se empezó a sentir mejor, y parte de los dolores desaparecieron. Jack abrió su riñonera, y sacó otra botella, que se la mandó al gaznate también, abriendo el tapón con los dedos ensangrentados. El dolor disminuyó, pero aún no cesó. Intentó levantarse, pero tenía una rodilla hinchada, y le costaba mucho caminar. Al ir a agacharse para examinársela, le crujió la columna vertebral. Estaba claro que necesitaba unas vacaciones… irse de ese pueblo, y luego disfrutar de unas laaaaargas y tranquilas vacaciones. Para infundirse fuerzas de flaqueza, se bebió de un sorbo una tercera bebida isotónica, y se puso en marcha, atravesando las puertas que ya había probado, en dirección a la número 7.

Tras un par de puntapiés, tampoco abrió, al igual que la número 6. Justo al otro lado se encontraba una puerta con un cartel que decía "Sala de duchas (Shower Room)". A Jack no le apetecía lo más mínimo entrar a las duchas, y se sintió aliviado cuando no pudo acceder a ellas. Mientras caminaba, desenfundó su pistola. Por esa zona, había escasa iluminación eléctrica, y Jack encendió su linterna. El mayor problema era que tenía el arma descargada y no contaba con más municiones. Avanzó precavido, hasta la puerta siguiente, número 5, pero tampoco abrió. A la espalda, había una puerta que llevaba a los baños, pero estaba tan oscuro que Jack ni la vio, y pasó de ella. Continuó probando las celdas individuales S-4 y S-3, y aunque ninguna abrió, la que venía después sí abrió. Jack encontró, por fortuna, la habitación vacía de criaturas, pero sobre la cama había una cajita, que al acercarse, resultaron ser balas .45 .ACP, perfectas para la pistola de Jack.

Se las guardó en la riñonera, tras rellenar el cargador con los 7 proyectiles reglamentarios. Salió afuera, y miró a ambos lados, antes de aventurarse a la siguiente puerta, la número uno, justo después de la anterior, y que sorprendentemente también abrió a la primera. Nada más abrir la puerta, dentro encontró a dos enfermeras, que en un espacio tan reducido planteaban un desafío. En la estancia había luz, por lo que ambas criaturas estaban atentas, y avanzaron hacia Jack. Una de ella empuñaba una palanqueta parecida a la de Jack, sólo que más oxidada, pero la otra llevaba un cuchillo jamonero.

Jack suspiró hondo y dio gracias a tener balas en ese momento. Apuntó, y disparó a corta distancia. No disparó mucho por temor a gastarse las balas en pocos segundos, pero lo bastante para tumbar al suelo a la primera enfermera, la del cuchillo. Para la segunda, dudó unos instantes, mientras ella se acercaba, colgando de su mano la palanqueta oxidada. Finalmente, recogió de los fríos dedos de la enfermera el cuchillo, y guardó la pistola en sus pantalones. El sudor perlaba su cara, pero Jack no estaba dispuesto a morir esa ocasión. Ni esa, ni ninguna de las tantas otras que había peleado a muerte. Y había que ahorrar munición para situaciones más desesperadas. La criatura levantó la palanqueta, moviéndose lentamente como todas las otras enfermeras, y Jack realizó un tajo directamente al cuello de la criatura. Salió poca sangre, pero a chorros, que manchó otra vez sobre la sangre seca de la chaqueta de Jack. La criatura, por su parte, agitó su cabeza, que cada vez que la movía saltaba más sangre, por lo que Jack intentaba mantenerse alejado, a la vez que lanzó el cuchillo recto, que justo se incrustó en el pecho de la enfermera, justo donde debería estar el esternón. La idea de su portador era luego deslizarlo hacia arriba, pero con las sacudidas de la criatura se le hizo imposible. De todas formas, se desplomó, boca abajo, con lo que Jack perdió la oportunidad de recoger el cuchillo, pues bajo ningún concepto tocaría un cuerpo de esos más de lo estrictamente necesario.

Sorteó los dos cuerpos, y echó una ojeada a la habitación. Una simple habitación sin nada destacable, aunque encima de la mesita de noche había una llave junto a una caja de pañuelos. Cogió la llave, que tenía un llavero de plástico con una etiqueta que ponía simplemente "Electrical Room". Seguramente abriría la cerradura que había allá, y por supuesto, Jack la recogió.

Tras sentarse cómodamente en la cama, cuyo armazón metálico estaba algo oxidado y crujió un poco bajo su peso, se quitó la pistola de los pantalones y revisó el cargador. Todavía quedaban dos cartuchos, más una caja de balas a medio llenar en la riñonera. Llenó el cargador hasta el tope y luego lo introdujo en el arma. Cuando retiró la corredera hacia detrás, para ir a introducirle otra bala, Jack recordó que haciendo eso el arma se podía llegar a encasquillar. No era muy frecuente, pero podía llegar a ocurrir. Por lo tanto, no le introdujo ninguna bala, y dejó el arma amartillada simplemente. Tras volver la corredera a su lugar inicial, lo que hizo fue expulsar el cargador, y meterle otra bala a él, y volver a meterlo en el arma. De esa manera, también tenía una octava bala en el arma. Y hecho esto, guardó los proyectiles sobrantes.

Se levantó, y miró por encima en la estancia, pero no había nada de utilidad. Salió de nuevo al pasillo, según el mapa la puerta doble de enfrente llevaba al Day Room, una especie de sala para descanso de los pacientes, que seguramente sería como en la de todos los hospitales mentales de ese tipo, una estancia donde los enfermos se relajarían en mesas, quizás viendo la tele o jugando al dominó, o haciendo algo de eso.

Y la puerta siguiente, una Rest Room según el mapa, tampoco abría, por lo que la única opción que le quedaba era regresar a las escaleras. Pero al intentar abrir la puerta lateral que las abría, tampoco pudo, así que no le quedó mas remedio que volver a atravesar el pasillo. Le sorprendió descubrir que, antes de llegar a la zona del ascensor y de las otras escaleras, había las siluetas de dos enfermeras que avanzaban lentamente hacia Jack. Ni se le ocurrió pensar que de dónde habían aparecido, pues tampoco importaba. Él, antes que enfrentarse a ellas, miró hacia la puerta que había detrás de ellas, y echó a correr. Avanzó pegado al muro, por la izquierda, y en el último momento sorteó a la primera enfermera por la derecha, y luego a la otra por la izquierda, embistiéndola con el hombro. Al dejarlas atrás, oyó un estampido metálico, quizás alguna de las dos criaturas llevaba algo que golpeó la pared en vez de golpearle a él. Pero Jack se preocupó en abrir la puerta que daba a las escaleras, y cerrarla a sus espaldas. A salvo, de momento. Descendió hasta el primer piso, y una vez ahí, desatrancó la puerta que por el otro lado había estado cerrada, por lo que pudo volver a salir. De pronto, recordó que había dejado una enfermera viva por esa zona, y se le refrescó la memoria al ver los tres cuerpos junto a las habitaciones C-4 y C-3. Y ahí estaba la enfermera superviviente, que se lanzó a por Jack, sujetando aún en sus manos el picahielos que le había visto antes. En vez de dejar que se acercara, Jack se limitó a dispararle, pues en los enfrentamientos cuerpo a cuerpo casi siempre acababa recibiendo. Él nunca había sido muy buen luchador. Y puntería con la pistola, adquiría con bastante velocidad.

Tras cuatro disparos, el enemigo cayó al suelo, donde se reunió con sus congéneres. Jack pasó de largo por entre los cuerpos y siguió en dirección al Day Room de ese puso, el cual había probado ya que tampoco se podía abrir. Salió por la puerta que daba al hall principal, donde estaban la mayor parte de las dependencias de la sala del director, o las salas de análisis y exámenes, así como las oficinas, pero lo que Jack buscaba eran las otras escaleras que llevaban al sótano. Una vez sorteó la puerta, se encontró con otra enfermera justo al lado. Ella se lanzó sobre él, con un martillo en la mano, pero él se las ingenió para esquivarla, y luego correr, tras lo cual abrió la puerta y se abalanzó a la carrera en dirección al sótano.

Una vez en él, tras encender de nuevo la linterna, la luz enfocó un cuerpo tendido, y el otro que seguiría al doblar la esquina. El problema era que había más cucarachas, aunque Jack pasó de ellas. Fue directamente a la puerta que antes no había podido abrir, y en ella insertó la llave. Ésta se abrió, deslizándose sobre las bisagras como si nunca hubiese estado cerrada, y Jack la cerró tras de él. Una vez dentro, descubrió un panel de corriente, cables por todos lados, una serie de baterías que mejor no tocar, y un panel auxiliar que suministraba energía al elevador. Dicho panel estaba apagado, por lo que Jack lo conectó. El problema era que aparentemente sólo podía dar energía a uno de los dos ascensores, pero aun así era mejor que nada. Tenía uno de los ascensores justo al lado, en el mismo sótano, por lo que ese mismo servía. Tras activarlo, miró alrededor, pero en esa estancia ya no había nada más de utilidad, salvo que quisiera desconectar todo el tendido eléctrico del hospital, algo que para nada le convenía. Salió de la estancia, y se encontró de patas con una enorme cantidad de cucarachas. El suelo se había infestado, y había tantas que casi costaba ver donde pisar. Jack vio que se habían subido al cuerpo de la primera enfermera, y que muchas de ellas trepaban por la pared. Empezó a caminar más rápido, con miedo de perder el pie y caerse, pues notaba a algunas intentar subirse a su zapato, y eso le daba repelús. A cada paso, parecía que aumentaba el número de cucarachas, pues salían de todos lados. Jack empezaba a dudar de si con la situación así, lograría llegar hasta el ascensor, pues cada vez había más, y parecían muy alborotadas con la luz. De pronto le vino una inspiración, y apagó el interruptor de la linterna. Dejó de oírse el corretear de multitud de patas y vino el silencio, aunque la radio continuaba emitiendo gran cantidad de estática. Jack se quedó paralizado, aunque lentamente comenzó a caminar. Notaba un chasquido cada vez que pisaba a alguna de las pequeñas criaturas, pero de resto, no parecía haber reacción. Tropezó con el cuerpo de la segunda enfermera, y también se tropezó con la pared, pero logró orientarse en la completa oscuridad del lugar, y la lucecita del interruptor del ascensor le guió. Al pulsarlo, y abrirse las puertas, la luz del interior del ascensor alborotó un poco a las cucarachas, por lo que Jack se abalanzó hacia dentro de un rato, golpeándose con la pared metálica, y pulsó desesperado los botones para cerrar la puerta. Afortunadamente, ninguna cucaracha logró entrar, aunque varias fueron aplastadas al cerrarse la puerta. Una vez con las puertas cerradas, Jack meditó a donde ir, y finalmente decidió visitar la azotea, el único sitio donde hasta ahora no había estado. Desde ahí arriba, además, divisaría lo alto de la ciudad y eso le permitiría mejor tomar su próxima decisión.

Por lo tanto, pulsó el botón, y con un sonido automático, el aparato se puso en marcha.

No tardó mucho, pero cuando parecía estar a punto de llegar, el ascensor entero comenzó a vibrar. Y a moverse mucho. Jack comenzó a asustarse de verdad cuando ante sus ojos el techo se empezó a mover tanto que saltaban tornillos hacia abajo, de la trepidación. Y el suelo también vibraba, aunque de momento parecía firme. El ascensor se detuvo, y nada más abrirse las puertas, Jack se echó fuera de un salto, aterrizando sobre el cemento, pues temía que el ascensor se desplomara de un momento a otro. Sin embargo, se percató de que ahora estaba vibrando todo el edificio, quizás hubiera un terremoto, y empezó a sonar una sirena muy aguda.

La sirena taladró sus oídos, y le impidió sentir nada más, mientras lentamente el temblor de tierra se detenía. Jack, incapaz de incorporarse, se retorcía en el suelo, con las manos intentando taparse los oídos, pues la sirena no paraba. Un cacho de verja se cayó sobre él, sin hacerle ningún daño pues era ligera. Sin embargo, Jack perdió la conciencia… y cuando la luz de la luna desapareció en la noche, y la noche se volvió aun más oscura, Jack seguía inconsciente.