Esto que hago está muy mal, bastante mal! Tengo tantos ficts pendientes, tantos proyectos que realizar, y ya me ando metiendo en otro más, pero no puedo evitarlo! Tengo que hacer algo mientras me viene la inspiración caprichosa que hay día que se las toma con unos ficts que ya tengo escrito pero la condenada se va luego, después me deja hacer historias de un capítulo y luego vuelve a desaparecer! Y me ha molestado esta madrugada con esta idea que ya no me da más!

Y bueno, luego de haberme quejado, pues aquí les doy la sinopsis del siguiente fict: Para quienes hayan visto Teen Titans verán cierta similitud entre este proyecto y el Capítulo Sexto de la serie transmitida por Cartoon Network, denominado Never More, en el cual uno de sus personajes (Mi predilecto, a decir verdad) por medio de un espejo especial, tiene un portal a su mente en donde tiene varias personalidades. Un concepto muy interesante y como siempre poco desarrollado ¬¬ según mi punto de vista. Pues no se crean que voy a transcribir el capítulo y cambiaré los nombres de los personajes de Teen Titans y les pondré los de Harry Potter, si así fuera pues mi víctima para este proyecto sería Hermione y quien está de intruso en la mente Harry (Mentalidad ciento por ciento shipper) y no existiría nadie más. Pero por ahí van las cosas sólo que con conceptos un poco más profundos.

¡Ah! Y antes de que me olvide, dedico este fict a dos personas muy especiales para mí, a mi querida gemela cibernética Alais–Gred y a mi querida amiga Eva, quien no es mi gemela, pero agradezco enormemente el que lea mis ficts y quiera ser la número uno con ganas.

Disfruten la lectura.


Desde lo profundo de mi mente


– ... dejarlo hervir por cinco minutos! – La mayoría de estudiantes no sobresaltó ante el grito que dio Snape, después de todo fue la decisión de cada uno de ellos de cumplir la maldición de siete años que significaba soportar su carácter a cambio de, aunque cueste admitirlo, una enseñanza excelente en Pociones.

Las clases de Pociones del último año, increíblemente, eran más desagradables que nunca antes en la vida. Snape no se conformaba con regañar al que considerara menos competente, sino que los gritos los lanzaba en los momentos menos inesperados.

Quizá sea, y esto todo mundo se lo cuestionaba en voz alta en su respectiva sala común, que Snape jamás tuvo tantos estudiantes empeñados en aprender Pociones, generalmente en los años anteriores muchos rehuían a sus clases, así sea que luego deban tomar cursos intensivos luego de Hogwarts o incluso viajar al extranjero a especializarse en la rama. Pero pocos eran lo suficientemente masoquistas como para aguantarlo, los que generalmente se quedaban eran los de Slytherin (con lo bien que obviamente eran tratados) y los de Gryffindor quienes más que nunca jactaban su valentía.

Pero eso de quien-tú-sabes posiblemente esté a la vuelta de la esquina verdaderamente espanta a cualquiera. Y prácticamente todos los alumnos de la generación del 97 que se iban a graduar de Hogwarts estaban presentes, poniendo en riesgo incluso el hecho de no pasar la materia y quedarse de año (con lo estricto que se ha vuelto Snape) pero el pasar o no una materia realmente no les importaba, no antes cuando lo que estaba en juego era la vida del ser humano en general.

Y clara muestra de ello era en énfasis que le ponían la mayoría de estudiantes en aprender los antídotos contra envenenamientos, desgraciadamente existen más de 700 formas de envenenar a una persona y uno no puede confundirse al momento de aplicar el antídoto que obligadamente debe estar perfectamente preparado. La tensión en los estudiantes es intensa. Estudian quince o veinte tipos de pociones a diario y sólo tienen tiempo de practicar una.

¡Por ello benditas sean las vacaciones de Navidad! ¡Ya falta poco! Aunque hay que dolorosamente repasar incluso en ese tiempo. Snape advirtió que luego de las vacaciones tomará una prueba en la cual cada alumno recibirá un pergamino con el nombre de la poción a preparar.

Harry frunció el entrecejo mientras observaba, muy incrédulo aún, de que la poción que en esos instantes hervía estaba con un color azul marino, bajando cada vez de más intensidad hasta volverse cristalino y perfectamente espeso.

Claro está que tener a Hermione como compañera de pociones ayuda y mucho. Incluso Snape sabía de ello y bien arrepentido estaba por haber dado la orden de formen parejas como se les venga la gana. Había sido muy satisfactorio criticar la poción de Potter por centésima vez en ese año.

El humo plateado que salía de su caldero era simplemente encantador, Harry aún no podía creerlo.

– Harry – susurró Hermione posando una mano en su brazo y haciendo que él se vuelva hacia atrás – Ten cuidado, podrías quemarte con el vapor.

Snape tenía una amplia sonrisa, que parecía mueca, cuando se acercó a ambos magos.

– Estate quieto, Potter, y no huelas la poción... a no ser que quieras revivir la Legeremancia – con esto volvió una mirada hacia Hermione y su sonrisa disminuyó notablemente, luego se volvió a la mesa de Draco y Pansy, haciendo ondear su túnica al caminar. La poción de la pareja de Malfoy y Parkinson, para gusto de Harry, botaba un humo gris, y para insatisfacción de la clase, Snape le daba la fórmula para restablecer el brebaje en un dos por tres.

Hermione miró a su amigo, aprisionando más su mano en su brazo, como para hacerle notoria su presencia.

– Harry... ¿Vas a recibir otra vez clases de Oclumancia? – indagó extrañada. Harry no sabía interpretar el tono de su amiga, era como si estuviera dolida al hecho de que él le hubiese ocultado un acontecimiento importante de su existencia. No era que Hermione debía saber todo de su vida, pero sí era cierto que la mantenía al tanto de lo que le pasaba aunque esto ha cambiado bastante en los últimos tiempos, y esa era la forma en que Hermione discretamente sacaba a flote el tema por cuarta vez en todo ese año.

– Claro que no, Hermione – le respondió con sinceridad. Harry notó una sonrisa de satisfacción por parte de ella y maldijo por lo bajo. Hermione sabe cuando él miente y cuando le dice la verdad. Ahora mismo le demostraba estar satisfecha con su respuesta auténtica. Y él se sentía bien, demasiado bien, contándole la verdad, que tentado estaba a sacarla del salón y hablar de ciertos temas que quería exteriorizar.

Pero no podía. ¡No debía! Ya tenía bien en claro que cada quien carga con su propia cruz y sería egoísta e injusto de su parte el arrastrar a Hermione a sus conflictos.

Hermione deslizó su mano por el brazo de Harry hasta que encontró sus dedos y le dio un cálido apretón que lo ruborizó levemente. Aún no se acostumbraba, no del todo, a las inesperadas muestras de afecto que ella le prodigaba. Claro está que esto para nada le enfadaba. Le gustaba sentirse querido por alguien, que le importa a alguien quien no vea en él esa maldita cicatriz de 16 años y crea que quiere llamar la atención.

La joven volvió su atención a la poción, que ya estaba cristalina y espesa, y sacó su varita mágica para extrañeza de Harry. Pero su acción tuvo un claro significado cuando Snape volvió a romper el silencio del salón.

– ¡Saquen sus varitas! Y cuando diga 3 apagan el fuego que mantiene hirviendo su poción que se supone debe estar espesa y transparente. Uno... – Snape se ubicó al frente del todo el salón y soltó abruptamente – ¡TRES!

– Ya está – murmuró Hermione satisfecha de otro trabajo perfectamente realizado. Harry también estaba satisfecho de lo que habían logrado y estaba seguro que Snape tenía que ponerles como nota un Extraordinario, quisiera o no, esa era la poción perfecta del salón. Y con esa calificación Snape se puede meter el anterior Insatisfactorio de la clase pasada por el...

– Harry, lo hemos conseguido – susurró Hermione con una amplia sonrisa.

Harry asintió al instante pero no pudo entonar ni una sílaba, repentinamente le dio un ataque de tos y se cubrió la boca con una mano. Sus tosidos llamaron la atención de Snape.

– Vaya, vaya... será mejor que hayas realizado bien esa poción, Potter, porque por tus quejas físicas pareciera que te has envenenado con tu propio brebaje – Snape acercó dudoso su mirada a la poción, que de espesa estaba pasando a ser tan fluida como si fuese agua, tal como debe quedar el antídoto que repele el ataque de descontrol mental. – Parece que todo está bien – masculló lo más bajo que pudo.

Los tosidos de Harry no cesaban, aunque él hacía todo lo posible por apaciguarlos, sólo atinó a darle una asesina mirada a Snape, la misma que al profesor le recordó más aún al pedante de James Potter, cuando Evans se metía entre sus peleas y él, por no quedar mal delante de ella, se contenía enormemente las ganas de echarle las doscientas maldiciones aprendidas durante la estadía en Hogwarts.

– Deben dejar de reposar la poción dos minutos, – Snape volvió a dirigirse a los demás alumnos – Tiempo en el cual anotarán quién hizo qué en el trabajo que realizaron por parejas, ahí veré de quién fue la responsabilidad si la poción les resultó un patético intento de brebaje.

Hermione sacó un trozo de pergamino y su pluma, la que el año anterior Harry le había regalado por su cumpleaños junto a la suscripción por 3 años para que reciba en su casa, vía lechuza, cuanto libro viese en los catálogos mágicos. Harry, por supuesto, corría el gasto de envío y el precio de los libros. Hermione le había peleado por semanas para solamente aceptar la pluma (que de por sí era elegante) pero nada de lo que dijo logró convencerlo. Así que ella y Ron tuvieron que aceptar sus costosos regalos.

Con su esmerada caligrafía Hermione comenzó a poner el título de la Poción, y abajo el nombre de los integrantes. Por instinto ella volvió a posar su mano en la mano de Harry, la cual estaba apoyada en su propia pierna mientras la otra aún la mantenía ocupada cubriéndose la boca.

La tos de Harry lentamente iba cesando, mientras observaba como su amiga escribía con esmero sobre el pergamino, su letra uniforme y bien formada, como desde siempre ha sido.

«Siempre me ha encantado tu caligrafía» pensó Harry con una semi–sonrisa que se volvió perturbación cuando ella se volvió hacia él y le devolvió una clara sonrisa de agradecimiento.

Por impulso Harry soltó la mano de la cual Hermione lo tenía tomado y se pasó la mano por sus cabellos, si acaso intentando ordenarlos, pues falló nuevamente.

Seguro que fue algo casual que él pensara aquello y Hermione se volviera a él para sonreírle, seguro que esa ni siquiera fue sonrisa de agradecimiento, sino de esas tantas acostumbradas a mostrarle que lo aprecia enormemente. Harry se volvió a mirar al resto del salón notando como la mitad escribía sobre pergaminos y la otra mitad vigilaba la poción, unos parecían angustiados por no haber logrado que su poción siquiera se viera transparente. Seguro que ese gesto de Hermione fue uno más para que él no se fuese en contra de Snape en las clases, para pedirle que siguiera así de tranquilo.

Una punzada atravesó el pecho de Harry y él de lo que estaba plenamente seguro era que, con o sin poción, ese dolor no era a causa del brebaje. Sacudió la cabeza un par de veces, decidido a que debía de dejar de pensar en cosas que no tienen ya solución.

La campana sonó justo en el instante en el que los alumnos ponían una muestra de su trabajo sobre el escritorio de Snape. Cuando Harry colocó el suyo, accidentalmente Goyle fue empujado por Malfoy y el envase de cristal de Harry cayó al piso ante la mirada satisfacción de Snape.

Y la muestra de Harry rebotó.

Harry miró de reojo a Hermione, orgulloso como siempre de lo precavida que es su amiga. El hechizo no era ninguna novedad para Harry, Hermione lo había usado hace dos años atrás, cuando encerró a Rita Skeeter quien se había transformado en escarabajo.

Harry levantó su muestra irrompible y la volvió a colocar en el escritorio de Snape ante el desconcierto y enojo de los integrantes de Slytherin quienes se quedaron con todas las ganas de reírse.

Ron se acercó a su amigo y le dio una palmada en el hombro.

– ¡Eso fue espectacular! – dijo cuando se encontraban rumbo a la Sala Común – ¿Viste la cara de imbécil que tenía Goyle? Aunque siempre la ha tenido y eso no es novedad.

– Fue Hermione quien realizó el hechizo – comentó Harry pasándose el dorso de la mano por la frente, repentinamente se sintió tan cansado y creía que las piernas no iban a soportar siquiera su propio cuerpo.

– Sí, como siempre – Ron agregó de manera automática. Hermione era la que en la mayoría de las veces salvaba la situación con uno de sus encantamientos preventivos sin siquiera avisarle a sus amigos. Lo mismo fue el año pasado cuando hechizó la lista de miembros del ED, aunque esto último se los dijo ya cuando existían las sospechas de que alguien hubiese soltado información importante.

Justo en esos instantes aparecía Hermione con una bandeja llena de unos bocaditos que el estómago de Harry declaró que sería lo más delicioso que ha probado en su existencia.

Hermione le pasó un panecillo con relleno de manjar y Harry, pensando solamente cuán hambriento se hallaba, se lo mete de golpe a la boca, masticando con dificultad.

– Exagerado – le reprochó ella con una sonrisa juguetona mientras extendía la bandeja al pelirrojo del grupo.

Harry volteó su rostro tratando de masticar el pedazo de pan que se había introducido, aunque no le preocupaba pasar el pan por su garganta sin asfixiarse, sino que desde hace unos instantes pareciera que Hermione le leyera la mente, de una forma más profunda a la que habitualmente estaba acostumbrado... O seguro fue la forma brusca en que se metió el pan en la boca lo que provocó el comentario de ella.

Se encogió de hombros mientras tomaba de la bandeja que Hermione tenía un jugo de calabaza bien helado, ella sabía perfectamente que era su bebida predilecta. Harry no pensó (o trató de no pensar) en nada especial, por si acaso su amiga haya aprendido repentinamente a leer la mente.

Transcurrieron cerca de veinte minutos hablando de las vacaciones. La familia Weasley se iba de viaje a Rumania durante el descanso. Ron al principio se negaba en ir, pero cuando Ginny declaró que allá se probaría los vestidos escotados que las mujeres muggles usan, entonces el pelirrojo actuó a la defensiva diciendo que unas vacaciones lejos de Snape no le quedarían nada mal.

Hermione estuvo con el ceño fruncido al escuchar que Ron se iría de vacaciones con su familia, y ella dijo que por su lado iba a aprovechar que la biblioteca del colegio estaría vacía para adelantar clases de Aritmancia y Pociones, que son entre las más fuertes que tiene, y que le pediría permiso a la profesora McGonagall para utilizar el aula de Encantamientos y así practicar los hechizos de transformación–desvanecimiento que se le estaban complicando un poco, aunque según el concepto de Harry, Hermione supo sobre la materia con tres semanas de anticipación y fue la primera de la clase en que logró que su mano adoptara el color del escritorio.

– Apenas duro tres minutos y cuarenta segundos – dijo Hermione en tono de auto reproche – Y la profesora McGonagall dice que tenemos que llegar a los cinco minutos.

– Hermione – replicó Ron exasperado – La mayoría ni siquiera logramos hacer aún el encantamiento, y los pocos que lo logran, después de ti, no duran ni un minuto.

– No me comparo con los demás, veo mis propios méritos – Hermione mordisqueó un trozo de pan y un poco de manjar quedó en el labio inferior de ella.

Repentinamente a Harry se le antojo volver a probar solamente un poco de manjar. Harry sacudió la cabeza y se frotó los ojos, cansadamente.

– Pasa unas buenas vacaciones, Ron – dijo Harry a manera de despedida – Iré a dormir un rato y seguro que cuando despierte ya te has ido.

Ron le dio unos golpes toscos en la espalda, propios del saludo masculino.

– Cuídate mucho, y no dejes que Hermione te encierre en la biblioteca.

Harry se percató que Hermione iba a comenzar a reñirle, por lo que se apresuró a dirigirse a su dormitorio. No se sentía de ánimos para verlos discutir por tonterías sin sentido.

Sólo quería acostarse... cerrar los ojos... y nunca más abrirlos.


Harry se dio media vuelta en la cama sintiendo que en la habitación Ron alistaba su baúl y lo halaba hacia la puerta, por menos ruido que hubiese querido hacer su amigo, simplemente no logró evitar despertarlo. Harry seguía fingiendo dormir aunque no era algo tan difícil. Se sentía tan cansado y pesado que parecía no haber dormido bien durante toda una semana. Y Harry sabe bien qué es pasar noches desveladas. Sino hubiese sido por la poción de Dumbledore que lo había obligado a dormir sin soñar, seguro que no volvía a recuperar la paz.

Pero ahora nuevamente se sentía inquieto, todos los pensamientos y sentimientos en su interior se revolvían comenzando desde el primer instante en que se enteró que era un mago hasta que se enfrentó con los mortífagos el año pasado y uno de ellos murió delante de sus propios ojos en su intento por matarlo.

En cuarto año fue Cedric, en Quinto Sirius, en Sexto Macnair, y no era de que realmente le importara el destino que corrió ese desgraciado que hace 4 años atrás quiso decapitar a Buckbeak, sino era el hecho de que Harry estaba simplemente cansado de ver morir a las personas. Una más no creía soportarlo, mucho menos alguien que le importara tanto como lo que significó Sirius en su vida, una persona como Ron, o más aún, una persona como Hermione, de quien sólo ha recibido lealtad incondicional, apoyo moral y también una mentalidad fría para pensar las cosas de la forma más subjetiva posible.

Harry se revolvió en su cama, más cansado y con unas terribles ganas que el techo de su habitación se desplomara y le cayera en ese preciso instante. Quiso pasar una mano por sus cabellos negros cuando unos dedos se le adelantaron.

– Hermione – murmuró apenas audible entrecerrando los ojos para distinguir mejor su silueta. El que la habitación esté a media luz y el que él no portaba sus gafas no le ayudaba mucho.

Ella le calló suavemente con un gesto, mientras seguía acariciando su cabello de esa forma tan delicada y especial... de esa manera tan... Hermione.

– ¿Cómo te sientes? – indagó Hermione con una mirada de preocupación que no era la primera vez que Harry veía, es más, en la mayoría de las veces que ella tenía ese semblante era por su culpa.

Harry abrió los labios, queriendo decirle todo, sus preocupaciones, sus miedos, sus angustias... pero no podía decir siquiera una sílaba.

Sin embargo Harry sentía que su mente y su alma eran un gran libro abierto para Hermione, y a ella siempre le encantó leer lo que le interesa. Y más de una ocasión ella le ha demostrado que él le interesa.

Harry cerró los párpados, sintiendo plenamente el significado de dejar que otra persona entre en tu alma.


Hermione miró a su alrededor intrigada. No recordaba exactamente cómo había llegado a ese sitio, mucho menos en dónde se encontraba. Todo estaba lleno de colores vivos, y la habitación parecía propia de una persona sin problemas, de alguien del mundo mágico sin problemas.

Existían carteles de jugadores de Quidditch pegados en las paredes, a manera de papel tapiz, incluso en uno de ellos, que estaba inclinado, se veía forcejear a todos los integrantes del equipo con el marco para enderezarse, porque si seguía en esa posición iban a caerse. En el lado derecho estaban los integrantes de un equipo que Hermione se enteró que eran los Appleby Arrows y no específicamente porque haya visto sus túnicas de color azul pálido ni el adorno de la flecha plateada. El nombre del equipo se deslizaba brillantemente con el año 1932 en aquel cartel para luego agregar que ese fue el año en que vencieron a los Vratsa Vultures.

Hermione ni idea de quiénes hubiesen sido estos últimos sino fuera porque a escasos centímetros estaban los mencionados, furiosos, lanzando injurias en contra de los Appleby Arrows, y siendo apoyados en sus ataques por las Avispas de Wimbourne, quienes obviamente no creían que los Vrastsa Vultures sean los mejores en el Quidditch, sino simplemente se aliaban con un equipo con el cual tenían un contendiente en común.

Hermione hizo una mueca de desagrado, por ello detestaba el Quidditch, por esa constante enemistad que creaba entre las personas, aunque en su interior admitía que ver a Harry jugar era otro tema. Harry se entregaba al deporte, parecía feliz cuando volaba por los aires en busca de la pequeña esfera dorada con alas, y sólo por ello merecía la pena estar en medio de la multitud para apoyarlo como siempre lo ha hecho y como siempre lo hará.

A diferencia del tonto de Ron... ¿Cómo se le ocurrió irse de vacaciones cuando Harry está pasando por un momento delicado? Hermione suspiró resignada. Es muy probable que Ron no se haya dado cuenta de lo que pasa con Harry, no sería la primera vez que sucediera y eso no significa que menospreciaba a su amigo pelirrojo. Hermione quería mucho a Ron, pero ese sentimiento era el mismo que hubiera sentido por un hermano con el que siempre discutía por tonterías. Y ella estaba plenamente segura de que Ron sentía lo mismo, veía en ella reflejada a su hermana Ginny y por ello la excesiva protección y discusiones por cualquier cosa. Algo que no le sucede a Ron cuando se haya cerca de Luna, con la rubia él se cohíbe, no puede pensar con claridad y aún no se cree que haga lo que haga Luna siempre lo va a admirar.

La joven siguió analizando la habitación minuciosamente y, a pesar de que era la primera vez que se hallaba en ese sitio, no sentía miedo, sino una absoluta paz que no lograban ni perturbar las constantes quejas de los jugadores, incluyendo los de Chudley Cannons que parecían haberse olvidado de tratar de enderezar el póster del cual estaban por caer, para meterse en la contienda.

– Este lugar es simplemente espectacular ¿Verdad? – dijo una masculina voz haciendo sobresaltar el corazón de Hermione quien se volvió de inmediato hacia él.

Le había costado un poco identificarlo.

Con una camisa púrpura remangada y ajustada, pantalones de tela color azul oscuro y una amplia sonrisa de satisfacción total, se encontraba Harry Potter.

Continuará...


Harry Potter y Hermione Granger pertenecen a la escritora Jo Rowling, la causante de que pase parte de mi existencia escribiendo ficts (principalmente sobre estos dos), todo lo escrito y utilizado es hecho sin fines económicos, sólo quiero entretener (y de unir más partidarios al ya saben qué n_n) Y el siguiente fragmento, está tomado de la versión Salamandra, sólo con un detalle que (esperemos) sea un error al traducirlo y que esto haya sido ocasionado sin mala intención.

Por cierto, y sobre temas más agradables (para fans locos por el shipper Hr–H como yo) este sueño de Harry es muy interesante. Una joven grita, chilla y berrea (como diríamos en mi país) la transformada contesta calmada y tranquilamente. Un perfecto contraste. ¿Y a quién preferiría Harry?


Harry soñó que estaba otra vez en la sala del ED. Cho lo acusaba de haberla obligado a ir allí mediante engaños; decía que había prometido regalarle ciento cincuenta cromos de ranas de chocolate si se presentaba. Harry protestaba... Cho gritaba: «¡Mira, Cedric me dio cientos de cromos de ranas de chocolate!» Y sacaba puñados de cromos de la túnica y los lanzaba al aire. Entonces Cho se convirtió en Hermione, que decía: «Es verdad, Harry, se lo prometiste... Creo que será mejor que le regales otra cosa a cambio ¿Qué te parece si le obsequias tu Saeta de Fuego»

Harry Potter y La Orden del Fénix, Capítulo 21 El ojo de la serpiente. Páginas 481 – 482