Capítulo 04:
Utopía


Harry descendió por las escaleras que guiaban a su habitación, con Hermione aferrada a su brazo, sintiéndose un tanto incómodo porque ese tipo de acciones no era algo a lo cual estuviese acostumbrado.

En honor a la verdad, es cierto que en su mundo Harry a veces caminaba junto a ella y le ponía una mano en un hombro, pero era como una señal de protección, por si aparecía Draco Malfoy o cualquier otro imbécil a querer soltar unas frases en contra de Hermione; otra cosa muy distinta era ese apego muy público que ella tenía con él, y más que nada con su brazo rodeándole la cintura, en una clara señal no de protección, sino de posesión.

Parecía como si le dijera a toda la humanidad «Mírenla, admírenla pero jamás la tocarán».

Harry camina despacio entre los estudiantes que se abren paso ante él, apenas escuchando murmullos que no alcanzaba a entender. Para no prestarles atención a los estudiantes comenzó a buscar a los retratos mágicos, inconscientemente pensando que también le huían.

Interiormente el joven suspiró desganado, y se resignó a ver los escapes de los retratos, cuando de pronto se percató que no existía ninguna Dama Gorda para darle paso.

De hecho, no existía ningún retrato.

La sala era larga, con techos y muros de piedra basta. Y las lámparas que colgaban del techo, para Harry pasarían desapercibidas sino fuera por el tono de las mismas.

Eran verdosas.

Harry parpadeó unos instantes, por unos segundos sintiéndose completamente desorientado, pero instantes después en su mente comenzaron a dibujarse imágenes de él mismo, siendo el impostor de Goyle, pasando por medio de esa sala acompañado del impostor de Crabbe, guiados por un petulante Malfoy.

«Demonios» Harry masculló mentalmente, sintiéndose de pronto tenso al extraño presentimiento que le daban las circunstancias. Se detuvo unos segundos, sin querer, haciendo que Hermione se detuviera con brusquedad.

Harry no reparó en ello, sino que cerró los ojos.

Y pudo ver en su mente una escena con total claridad.

Harry abriéndose paso, fulminando con la mirada a aquel que osara a cruzarse en su camino. Muchos jovencitos corrían por ni siquiera rozarlo, dejando incluso caer sus cuadernos. Eso no le importaba al joven Potter, lo único que parecía preocuparle era la coordinación en caminar con un brazo alrededor de Hermione, quien debía casi ocultar su rostro entre el pecho del muchacho e intentar, como sea, llevar el acelerado ritmo de sus pasos.

Al llegar frente a la chimenea, existía un sillón lo suficientemente grande como para cinco personas y un sofá cama. En ese último se encontraba Malfoy observando una esfera blanca, quien no se inmutó al ver llegar a Potter y Granger. Es más, parecía que los esperaba.

– ¿Aún en ello? – indagó Harry sentándose en el sillón, echando brevemente una mirada a unos jovencitos presentes, quienes torpemente se salieron de la sala común, dejando al trío a solas.

– Siempre – dijo Draco con una semisonrisa, sin despegar su mirada de la esfera.

– Si te viera Sybill Trelawney, seguro te adopta como su alumno consentido – susurró Hermione casi imperceptible.

Draco dejó de sonreír y miró a Potter, luego a la joven castaña.

– Ya no hay nadie más que nosotros – observó Draco. Hermione suspiró cansadamente y se recostó en las piernas del joven de melena negra, quien atinó a deslizar sus manos entre sus cabellos ondulados. – Yo no lo dije para que comiencen. El cuarto de arriba está desocupado –

Hermione se sonrojó y estuvo por levantarse, pero Harry la sostuvo de los hombros.

– No tienes nada de qué avergonzarte – le recordó Harry.

Hermione volvió a su sitio y dejó descansar su cabeza en la pierna izquierda del joven mientras deslizaba sus dedos por la rodilla de Harry, dibujando figuras sin sentido alguno.

– Ahí está – dijo repentinamente Draco, acomodándose más en su sitio.

Por simple curiosidad, Harry se hizo más hacia delante, al tiempo que Hermione se incorporó y se sentó junto a él. Y entonces los dos lograron distinguir un montón de personas, todas con el cabello rojizo, aunque una dorada parecía verse entre todos ellos.

Draco tocó la esfera blanca y, como si fuese el zoom de una filmadora muggle, comenzó a hacer un acercamiento. Las personas de cabello rojizo iban saliendo de escena, hasta acercarse más a un par de personas, una jovencita de cabellos dorado y suelto, con la varita colocada detrás de la oreja, al estilo de un lápiz, y la otra, su incondicional amiga, envuelto el cabello rojizo en una trenza, riendo seguramente a alguna de las bromas de sus hermanos, quienes la custodiaban.

– No sé qué le ves – dijo Harry volviendo a su sitio y haciendo una mueca de profundo fastidio – Me parece tan infantil. Y eso que sus hermanos siempre estén encima de ella, como si fuese un preciado tesoro – Ante sus últimas palabras, los ojos de Harry se clavaron en Hermione, quizá inconscientemente intimidándola, porque ella bajó la mirada con las mejillas enrojecidas.

Draco sonrió levemente y se encogió de hombros.

– ¿Quieres ver algo interesante? – dijo el rubio.

Harry mostró intriga y se volvió hacia adelante, Hermione se aferró al brazo del joven. Draco acercó el índice al rostro pecoso de la joven de trenzas, a quien se vio estremecer y buscar a alguien con la mirada. Se veía que la rubia movía los labios, seguramente preguntándole si algo le pasaba, porque la pelirroja le negó con la cabeza. Luego sus hermanos la rodearon.

– ¿Te das cuenta? Esos ineptos no la dejan ni un segundo – replicó Harry – Estás perdiendo tu tiempo.

Draco miró brevemente a Harry y le negó con la cabeza.

– Es cuestión de oportunidades. ¿Cómo crees que puedo verla?

– ¿Me esperaban? – indagó Draco, sacando a Harry de esa especie de visión que tuvo. El joven Potter no sabía si catalogar como un recuerdo o era acaso una explicación que esa dimensión quería brindarle.

– Como siempre – dijo Harry dudoso, mirando a Hermione, quien pareció comprender su duda y le asintió levemente para brindarle certeza – Como siempre – aseguró más confiado en las palabras de la castaña.

Sin embargo el temblor no se iba de su pecho. ¿Acaso el Sombrero Seleccionador ignoró su petición de no ir a Slytherin? A Harry nunca le gustó esa casa de Hogwarts aunque en esta aversión influían los estudiantes que pertenecen o pertenecieron a la casa de las serpientes. Realmente parecía que las peores alimañas del mundo mágico debían pasar por aquí, comenzando con Tom, pasando por Snape, Lucius... y terminado con Draco.

El rubio se recostó en uno de los sillones de la sala común, aparentemente cansado y sin haber logrado dormir. Al momento de echar la cabeza hacia atrás, sobre el carísimo cuero del sofá, apareció una mesa con unos platos y los más exquisitos platos ideales para un desayuno de la realeza.

–¿No iremos al Gran Comedor? – preguntó Harry, teniendo como respuesta la mirada extraña de Hermione.

La chica sacudió la cabeza en respuesta, antes de carraspear un poco.

–¿Te sientes mal? – indagó Hermione, mordiéndose el labio inferior y llevándose de manera inconsciente una mano al pecho.

Harry quiso asentir de manera automática, y casi podría jurar que Hermione esperaba a que lo hiciera, pero hasta que él no tenga plena certeza de qué demonios estaba sucediendo, no iba a sacar conclusiones precipitadas, por lo que atinó a hacer un gesto con la cabeza que realmente podría interpretarse de varias maneras.

–¿Qué tenemos a la primera hora? – Harry preguntó sentándose al otro extremo del rubio, quien parecía seguir dormitando.

Hermione se sentó junto a Harry, descansando su cabeza en el dorso de su mano mientras el codo lo apoyaba sobre su pierna.

Harry pasó una mano por la espalda de ella, haciéndole unas leves caricias, intentando borrarle esa expresión de preocupación. Hermione alzó el rostro de manera automática y rozó sus labios con los de Harry, luego ella sonrió.

–Defensas contra las Artes Oscuras– susurró Hermione, llevándose una mano del joven Potter hacia su mejilla.

Harry extrañamente sintió familiaridad en aquella acción, y el pánico que antes invadía su pecho iba llenándose lentamente de calidez y calma. Hermione cerró los ojos, disfrutando a plenitud de la sensación de la palma de Harry en su piel, su sonrisa formándose con naturalidad.

El joven exhaló una profunda cantidad de aire que no se había percatado que la tenía atrapada en sus pulmones, recordando cuando había visto a su Hermione sonreír de aquella manera tan despreocupada. Ocurrió hace un par de meses atrás, en la Sala Común de Gryffindor cuando Hermione, queriendo descansar por unos segundos, se había quedado dormida con un libro abierto apoyado en su brazo, mientras el otro caía por el respaldar del sillón.

Harry la había visto, y la simple acción de querer acomodarle su mal posicionado brazo, lo llevó a quitarle un bucle castaño que se cruzaba por su rostro, casi rozando su nariz. La palma de él había rozado con el rostro de ella.

Fue entonces cuando Hermione sonrió entre sueños, y Harry estuvo a punto de saborear aquella cautivadora sonrisa... si no fuese porque a milímetros de sus labios se recordó que ella era su mejor amiga, la única fémina que había llegado tan profundo de su ser, y que era altamente arriesgado echar a perder tan valiosa compañía por un amor probablemente no correspondido.

Siendo al final de cuentas un ser humano enamorado de su mejor amiga, Harry pecó al ceder a la tentación, y con cautela fue acercándose a los labios de Hermione.

A pesar que sus labios anteriormente se habían encontrado en esta realidad, para Harry significó más aún por ser justamente él quien iniciara el beso. Lo sentía un poco más real que las anteriores ocasiones, no tan efímero, más duradero, pero aún así como si fuese un sueño muy vívido, siendo consciente que es una ilusión y aún así disfrutándola al máximo.

«Harry» susurraba Hermione en su mente «Por favor, Harry, no me dejes»

La sala de Slytherin desapareció para el joven Potter, solamente existía aquella joven de cabellos castaños, bucles suaves y labios adictivos. Harry quería decir «No lo haré» pero su cerebro pareció olvidar cómo enviar la orden a sus cuerdas vocales, apenas y lograba respirar a través de Hermione.

«Quédate conmigo» Harry sintió los movimientos de los labios de ella sobre los suyos.

Fue como despertar lentamente, siendo consciente de que volvía a aquel extraño mundo en donde él es un estudiante de la casa de las serpientes en Hogwarts.

Harry no respondió a lo último que Hermione le dijo, sólo atinó a deslizar el índice por la nariz de ella. Luego pareció recordar que tenían un desayuno pendiente, aunque para el concepto de Harry han transcurrido horas y seguramente las clases estaban por finalizar.

Volviéndose hacia el desayuno que aún se mantenía caliente y apetitoso, Harry descubrió que además Malfoy se había ido sabrá-Merlín-desde-cuando. Quizá el rubio se llevó algo para desayunar porque los alimentos seguían intactos.

–Será mejor que nos apresuremos – dijo Harry acomodándose en el reconfortable sillón, Hermione se colocó frente a él y sirvió jugo de calabaza en un par de alargados vasos de cristal. –No me quiero perder la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras por nada del mundo.

Extrañamente Harry tenía la sensación de que no es el único que espera con ansias el momento. James Potter también debe estar impaciente por impartir las clases totalmente prácticas.

Continuará...


Notas finales:.Lamento enormemente la tardanza en seguirle a este fict, y de paso boletín informativo: Esta historia será la siguiente en terminar.

Harry Potter pertenece completamente a Hermione Granger y por supuesto que ella le pertenece a Harry Potter. Ambos personajes obtenidos de la escritora Jo Rowling, causante de que pase parte de mi existencia escribiendo ficts (principalmente sobre estos dos), todo lo escrito y utilizado es hecho sin fines económicos, sólo quiero entretener (y de unir más partidarios al ya saben qué nn)


— ¿Puedo preguntar tu nombre querida?— dijo Slughorn ignorando la vergüenza de Hermione.

— Hermione Granger, señor.

—¿Granger? ¿Granger? ¿Podrías estar emparentada con Hector Dagworth—Granger, quien fundó la más extraordinaria sociedad de fabricantes de pociones?

—No. Creo que no, señor. Soy hija de Muggles.

Harry vio a Malfoy acercarse a Nott y susurrarle algo, ambos rieron disimuladamente, pero Slughorn no se mostró desilusionado al contrario, él resplandeció y miró de Hermione a Harry, quien estaba sentado al lado de ella.

— ¡Oh! «¡Una de mis mejores amigas es hija de Muggles y ella es lo mejor de nuestro año!» ¿Asumo que ella es la amiga de quien me hablaste, Harry?

—Sí, señor — dijo Harry.

—Pues bien, pues bien, veinte puntos bien ganados para Gryffindor, Señorita Granger, — dijo Slughorn con entusiasmo.

La cara de Malfoy parecía como la que había puesto cuando Hermione le pegó en la cara.

Hermione se volvió a Harry con una expresión radiante y susurró, — realmente le dijiste que soy la mejor del año? ¡Oh, Harry!

Harry Potter y el Príncipe Mestizo.— Capítulo 09: El Príncipe Mestizo


—Odio no poder hablar con Hagrid,— dijo Hermione disgustada.

—Iremos después de Quidditch,— le aseguró Harry. Él también echaba de menos a Hagrid, aunque como Ron pensaba que estaban mejor sin Grawp dentro de sus vidas. —Aunque las pruebas pueden durar toda la mañana, se ha presentado mucha gente.— Se sentía ligeramente nervioso al enfrentarse con el primer obstáculo de su capitanía. —No sé por qué el equipo se hizo tan popular de repente.—

—Oh, vamos, Harry,— dijo Hermione, repentinamente ansiosa. —No es el Quidditch lo que es popular, ¡Eres tú! Nunca has sido tan interesante y francamente, nunca has sido más fascinante.

Ron se atragantó con un gran pedazo de arenque ahumado. Hermione le dirigió una mirada de desprecio antes de voltearse nuevamente hacia Harry.

—Todos saben ahora que has estado diciendo la verdad, ¿O no? Todo el mundo mágico ha tenido que admitir que tenías razón acerca de la vuelta de Voldemort y que realmente has luchado con él dos veces en los dos últimos años y que en las dos ocasiones escapaste. Y ahora te llaman «El Elegido». Bueno, vamos, ¿no puedes ver por qué la gente está fascinada contigo?

Harry sentía que en el Gran Comedor hacía de repente mucho calor, a pesar de que el techo se veía frío y lluvioso.

Harry Potter y el Príncipe Mestizo.— Capítulo 11: La mano colaboradora de Hermione