Sueños. Una palabra tan simple que parece poco pero que dice mucho. Una refleja que encierra sentimientos e ilusiones o a veces incluso miedos. A veces incluso puede cambiar la vida de uno... CAPITULO UNO: DESPERTAR EN LA ENFERMERIA Sueños. Imágenes que en un primer momento carecen de sentido van tomando forma en mi mente. Una chica, de cabellos largos y morena, vistiendo un sencillo vestido azul, que parece esperar a alguien en un campo verde cubierto también de flores. Y esa imagen dan paso a un violento y rápido combate cuerpo a cuerpo. Y por último sólo veo sangre Podría decir que estaba soñando con una batalla pero el dolor de cabeza me recordó que era más real de lo que quisiera. Abrí los ojos y tuve que cerrarlos de nuevo, deslumbrado por la fuerte luz de unos focos sobre mi cabeza -Al fin has despertado-una voz amable sonó a mi lado. La reconocí y me di cuenta de que estaba postrado en una de las camas de la enfermería y que la voz pertenecía a la doctora Kadowaki. Me incorporé

-¿Cómo estás?-me hace una buena pregunta a la cual no respondí de inmediato. Estaba confundido y tenía un terrible dolor de cabeza. Me miré a mi mismo y me sentí aún más confundido. Llevaba una ropa poco habitual, unos vaqueros azules y una camisa de tirantas ceñida. Y para más añadidura estaban hechas polvo

-Me duele la frente-me palpé el lugar mencionado (cubierto con una venda) lo que provocó que comenzase a ver con más nitidez las imágenes que se sucedían en mi mente. Aunque en ese instante sólo se me quedó una: el rostro perverso y de satisfacción de mi eterno rival, Seifer Almasy

-Te va a doler unos días...-a doctora se acercó más a mi. Cogió mi rostro por la barbilla para examinarme mejor y mientras lo hacía añadió-...no es grave pero te va a quedar una buena cicatriz- más imágenes, estocadas una y otra vez, apenas nos habíamos rozado un milímetro, los rasguños que llevábamos era de caer al suelo un instante pero no de haber sido heridos por el otro-mmm...pupilas normales...y algún que otro rasguño...creo que podrás irte en breve. Y deberías entrenar con más cuidado la próxima vez-

-Eso dígaselo a Seifer-

-Siempre estáis igual y un día de estos vais a acabar peor. Esta vez has tenido mucha suerte-

-Ya, pero no puedo pasarme la vida huyendo-

-Muy bien tú sabrás lo que haces, Squall-no estaba enfadada, simplemente resignada. Aquella buena mujer jamás la había visto enfadarse con nadie-tu instructora es Quistis Trepe ¿no?-

Asentí y me eché de nuevo. Estaba muy mareado y me dolía la cabeza horrores. En cierto modo, la doctora tenía razón, pues en aquella ocasión Seifer se había pasado. Recordé un poco mejor el combate...o mejor dicho como había acabado. Estaba igualado, y cuando estaba dispuesto a zanjar por las malas aquello él se adelantó usando magia negra...

-Volvemos a vernos Squall-giré mi cabeza buscando la procedencia de aquella voz. Tras el cristal que había a mi lado había una chica, inclinada. Sólo tuve tiempo de ver que llevaba el pelo corto y un vestido muy bonito, la verdad. Me pregunté quién diablos era aquella chica, que sólo trajo a mi mente el sueño de esa chica que esperaba a alguien. Además de ver claramente como Seifer me cruzaba la cara con su sable pistola, notar un dolor intenso en la frente y ver como chorreaba la sangre por la cara hasta caer al suelo. Décimas de segundos después me levanto del suelo (oyendo su risa malévola) y le devuelvo el golpe. Pero ¿y después? Debió ser el momento en que me desmayé, pero ¿quién me llevo hasta la enfermería?

-Quién me ha traído hasta aquí?-me había incorporado de nuevo y me dirigí a la doctora que había dejado de hablar por teléfono

-Shu os trajo a ti y a Seifer, tras veros en las afueras del jardín. Ella había salido hacia la ciudad y vio a Seifer sangrando y mirándote a ti, que estabas inconsciente en el suelo, sobre un charco de sangre-me extrañaba que Seifer fuera tan "amable" para llevarme allí

-¿Y entonces donde está Seifer?-las palabras salieron de mi boca inevitablemente

-Se fue tan pronto lo curé

La doctora Kadowaki salió de la habitación a la par de que entraba una chica uniformada de instructora. Era rubia, su pelo estaba recogido en un moño y su ojos azules se veían más grandes a través de sus gafas. Era Quistis Trepe, mi instructora

-¡Sabía que se trataba de ti o de Seifer!-lo que sabía yo es que iba a decir aquello. Aunque ¿qué esperaba? Seifer y yo éramos famosos en el jardín, no por ser buenos guerreros, ni porque éramos los estudiantes más rebeldes, que nunca llevábamos los uniformes y a veces nos saltábamos las normas, sino por nuestras eternas disputas y peleas.

Todavía no había salido de la enfermería y ya intuía que la pelea de horas antes ya la debía de conocer todo el mundo

-Anda vamos, la clase empieza dentro de poco-Me levante de la cama, ya menos mareado pero sintiendo aún punzadas en la frente, me calcé las botas y salí tras ella