'Feliz para siempre' nunca dura.

- Había una vez, - dijo Remus, sonriendo de esa tonta, feliz y babosa forma que tienen las personas cuando están cerca de bebés mientras Lily hacía soniditos hacia un muy dormido Harry. James se quejó en un gruñido, tomando una almohada y aventándosela a Remus, fallando a propósito.

- ¡Oh, no otra vez! – se quejó, viendo con el ceño exagerad y falsamente fruncido a su amigo. – Vas a traumatizar a mi hijo de por vida si le sigues contando esos cuentos de hada tan extraños.

Lily vio mitad molesta hacia su esposo, quien estaba de momento apoyado contra un muy dormido Padfoot (Sirius había aclamado que el llanto de un bebé no podía interrumpir el sueño de un perro. Peter había dicho que incluso una pequeña guerra no podría despertar su sueño) y un Pettigrew que estaba demasiado quieto. Ella acarició el cabello revuelto de su hijo.

- Pues a mi me gustan esos cuentos de hada.

- Yo te gusto y aún así no nos dejas a Padfoot y a mi llevar a Harry en una escoba.

- ¡Tiene tres meses de edad, estamos a la mitad del invierno y he visto la forma en que ustedes dos vuelan!

- ¡Lily¿Crees que dejaría que mi hijo se cayera¿Crees que Padfoot dejaría que Harry se lastimara?

- No. Pero sí creo que estarían tentados a lanzárselo el uno al otro como si fuera una quaffle y ese es un gran no. – la voz de Lily volvió a suavizarse mientras giraba a Remus, quien a pesar de casi estar quedándose dormido seguía viendo a Harry. – Está bien, Remus. Es casi seguro que tú vas a ser la única buena influencia que va a tener mi hijo de cualquier manera.

- ¿Así que quieres que le cuente a nuestro hijo sobre Caperucita Roja siendo comida por el lobo? – ahora fue Lily quien le aventó una almohada a James. Si él no hubiese sido tan bueno en quidditch, le habría pegado directo en la cara pero solo lo esquivó, sonriendo con malicia. – Los cuentos de hada muggle son tan pervertidos.

- No lo son.

- Si lo son.

- ¿Por qué de repente me siento como un maestro? – preguntó Remus suavemente, entregándole el bebé a Lily y estirándose. – Bien. La próxima vez pensaré en una historia para niños que no empiece con 'Había una vez'. ¿Te gustaría eso, James?

- Gracias, Moony.

- 'Había una vez' es tonto de cualquier manera. – Peter había estado tan callado y tan quieto que se sintieron avergonzados de admitir que casi se habían olvidado que estaba ahí. Últimamente siempre estaba así. Callado y deprimido y ausente. La guerra tenía ese efecto en muchos pero siempre trataban de no hablar de peleas y muertes en esos breves minutos que tenían para sí.

- ¿Por qué dices eso, Pete? – preguntó Remus. Peter se encogió de hombros.

- Porque 'Había una vez' sólo es válido si vas a tener un 'feliz para siempre' pero el feliz para siempre es sólo relativo… en los cuentos nunca dicen que Cenicienta no tenía los modales adecuados o que Blanca Nieves y el Príncipe Azul se aburrían el uno al otro hasta casi llorar.

Lily abrazó a su hijo cerca de su pecho como si no fuera sólo un bebé de meses, cómo si las palabras de Peter pudieran lastimarlo de alguna manera.

- Pete, solo son cuentos. – dijo James. Los ojos quietos de Remus estaban en Peter, viéndolo doblar una servilleta tantas veces que ya se estaba rompiendo. – Son para inspirar… no se supone que sean reales.

- ¿Entonces qué caso tiene el 'Había una vez', si no vas a tener 'Feliz para siempre'? – preguntó Peter mientras se ponía de pie, abriendo la puerta del cuarto del bebé. - ¿Qué caso tiene cualquier cosa si tu final feliz siempre termina antes de que lo disfrutes?

Los quejidos de Padfoot en sueños fue la única respuesta a los pies que se marchaban.